LA BELLA Y EL SAQUEADOR
9
Los Wonderbolts
—Qué bueno que vaya a participar en el concurso, señor Reaver —dice Dinky Doo, saludando al saqueador.
"No puedo creer que de verdad haya un concurso de cine. Tal vez hay alguien en el cielo que quiere verme rico..."
—Soy un gran aficionado a la cinematografía —contesta Reaver, recibiendo la cámara con la que va a participar.
—Estas son las reglas —dice un poni gordo con un grueso bigote—: Deben grabar una cinta de no más de media hora de duración. Pueden ser ayudados por sus amigos, pero la película debe grabarse en este día —a continuación explica cómo usar las cámaras—: Se coloca el rollo en esta rueda de aquí, y luego se gira esta palanca con la pata para grabar.
—¡Oye Dinky! —oye la voz de una potrilla— ¡Podríamos ayudarte con tu película!
—Gracias, Cutie Mark Crusaders. Omar, el hijo del lobo, nos va a ayudar también.
—¿No nos morderá, verdad?
—¡Claro que no! Es de otro tipo de lobos.
Dinky eleva la cámara usando su magia, y las cuatro potrancas se van por el camino de la plaza. Reaver ve a un pequeño lobo salir corriendo del mercado y unirse a ellos.
"Seguramente será una gran película."
Reaver toma su cámara y vuela hacia la casa de Fluttershy. No hay nadie. Ella está en la plaza con sus amigos, y Squeeze y Angel están afuera, en el patio.
"No hay tiempo que perder."
Con toda la velocidad del mundo, sube al desván y se viste. El traje le queda algo grande, pero con unos cuantos alfileres y trozos de tela consigue ajustárselo a su medida. También con un cuchillo le hace unos agujeros para sacar las alas.
"Qué suerte que Fluttershy tiene agujas en su casa."
Con cuidado se coloca su antifaz y se ata su saco en la espalda.
"Bien, Reaver, si te atrapan lo arruinarás todo, Fluttershy te odiará y sus animales seguramente te darán una muerte lenta y dolorosa. Pero si sale bien tendrás muchísimo oro."
Encomendándose a la suerte, salta por la ventana y extiende sus alas.
"Crea una distracción..."
Reaver toma una piedra con la boca y vuela a un árbol. Con toda la ciudad viendo a los Wonderbolts, no se ha topado con nadie. Sin embargo, en el edificio donde se hospedan hay una buena provisión de gente.
"Bien, Reaver, lanza esta piedra a esa ventana. El que esté adentro armará un escándalo, todos huirán o se pondrán a discutir, y podrás escabullirte por la chimenea."
Arroja la piedra.
Pero su puntería es pésima. Un poni vestido muy elegantemente y con aires ejecutivos recibe la roca entre ceja y ceja. Cae pesadamente de espaldas.
"¡Maldición! ¡Soy un idiota!"
A su alrededor se reúnen los transeúntes, formando un gran anillos de ponis. Los pegasos parten a buscar a un médico. La calle donde está Reaver está prácticamente desierta.
"Bueno, no salió tan mal..."
Con celeridad, se impulsa de una patada al tronco y vuela hasta la chimenea.
¡Justo a tiempo! ¡Ditzy Doo, la cartera y madre de Dinky, choca contra las ramas del árbol por esquivar un letrero!
"¡Auch! ¡Ten más cuidado, Derpy, o te partirás la cabeza!"
Todos llaman "Derpy Hooves" a Ditzy de cariño, no por afán de burlarse de ella. A Reaver personalmente se le hace más fácil pronunciar "Derpy" que "Ditzy."
Envolviéndose con el saco, se cuela por la chimenea. Es una chimenea de ladrillo, bastante ancha pues calienta a varios ponis, y por eso Reaver tiene espacio suficiente para caer, e incluso extender el saco a modo de paracidas.
Cae sin hacer ningún sonido sobre la base. Aunque no tiene ceniza, el saqueador no quiere arriesgarse.
Muchos saqueadores se burlaban de él por ser un pegaso. De hecho, casi todos eran unicornios, dado de que la magia es muy útil para abrir puertas y cerraduras.
Pero Reaver es un pegaso y no podría estar más satisfecho. Perfeccionado su vuelo por los años de experiencia y su tiempo como audaz Shadowbolt, sus alas son la mejor herramienta para saquear.
Aletea y se posa cabeza abajo en el techo, con las rodillas dobladas, pegándose como una salamanquesa negra al tejado, usando sus alas para impulsarse adelante y mantenerse en el techo.
Sin tocar el suelo se desliza de cabeza, proyectando un aleteo tan suave que el que lo oyera lo confundiría con el suspiro de la brisa.
"Soy un saqueador profesional. He hecho esto cientos de veces. Soy un profesional..."
Sortea la escalera, sube piso a piso, dobla por los pasillos.
Un arrendatario abre sorpresivamente la puerta de su cuarto.
"¡Ay, no puedo fallar tan cerca!"
Por suerte, Reaver tiene varios trucos bajo la manga. De una unicornio que andaba por los pueblos haciendo trucos de magia, llamada Trixie, aprendió a fabricar bombas de humo. Y no se puede ser un saqueador sin conocer trucos de escapismo, que solía perfeccionar diariamente cuando estaba al servicio de un cruel Caudillo Diamond Dog.
"¡A ver si resulta!"
El poni que va saliendo de su cuarto mira sorprendido hacia arriba.
Reaver se deja caer, al tiempo que se envuelve con la capa y suelta una bomba. Sube un humo negro fantasmagórico, y al desvanecerse, el saqueador ya no está.
—¡Por Equestria! —el aterrado poni se lleva una pata al pecho— ¡UN FANTASMA!
Regresa chillando a su casa, cerrando su puerta con llave.
Reaver, oculto tras la escalera, deja salir un "Fiuuu" de alivio, pero luego tose. Ha aspirado parte del humo y le ha enronquecido la garganta. Cuando el humo hizo ignición, nada más voló en reversa hasta las escaleras. Agradece en silencio haber preparado las bombas de humo en la mañana. Lo único difícil de conseguir, el nitrato, colgaba en abundancia del subterráneo donde Fluttershy guarda la comida para los animales.
"Bien, ahora a saquear."
Los aposentos de los Wonderbolts están llenos de equipaje. Reaver cierra la puerta con cuidado, prepara el saco y va abriendo las maletas una por una.
"Veamos cuánto dinero traen consigo."
Pero se desilusiona cuando ve que traen principalmente uniformes. Aunque sí traen dinero, y Reaver ya lleva tantas monedas que podría llenar su boca, está lejos de ser la cantidad exorbitante que había planeado.
Si el saqueador no hubiera estado tan apurado, si hubiera rebuscado en los bolsillos más recónditos de las ropas y los equipajes, habría encontrado monederos llenos de monedas de altísimo valor. Pero Reaver no da sino un vistazo superficial, y lo que roba está lejos de ser un verdadero desastre financiero para cualquier Wonderbolt. Claro que esto no lo sabe.
"¡Qué fracaso! Aunque no me fue tan mal, pero es un fracaso rotundo."
Envuelve las monedas en una camisa que un Wonderbolt lleva en su maleta, para que no hagan ruido. Parece una pelota de trapo al fondo de su saco.
Está a punto de irse, cuando se fija en un sombrero negro de ala redonda, negro y de banda dorada.
"Se ve muy bonito... y caro. Me lo llevaré."
Para no dañarlo, se lo pone. Casualmente, cerca de ahí hay un espejo. Y cuando se mira, no puede menos que reírse.
"Con este sombrero pareciera que estoy disfrazado del 'Tornado'"
El Tornado era un héroe de un antiguo comic. Era un terrateniente pegaso llamado Diego De la Vega que se disfrazaba como El Tornado para luchar contra las injusticias en un pueblo cercano al desierto.
Se ríe el saqueador, al verse en ese accidental disfraz.
"Parece que 'El Tornado' ha dejado de luchar por la justicia y se ha puesto a robar."
Vislumbra, en una mesita de noche, una humeante y deliciosa tarta.
"Creo que un poco de pastel me subirá el ánimo."
Come tranquilamente la tarta de arándanos, mientras piensa. Tiene un botín muy inferior al que esperaba, pero es una gran cantidad de dinero. "¿Qué puedo hacer con él? Si lo gasto, me preguntarán de dónde lo obtuve. Creo que lo guardaré hasta que mejore del todo."
Traga el último trozo. Era una tarta deliciosa, que un Wonderbolt había dejado enfriando en su mesita y que el saqueador había devorado en su temperatura perfecta.
Si en vez de comerse la tarta hubiera desvalijado los cajones, habría encontrado algunas joyas de gran valor. Pero Reaver está algo fuera de práctica, y además está muy nervioso, ya que en cualquier momento un Guardia o un Wonderbolt puede entrar y descubrirlo.
Los ojos de Reaver se clavan en una cadena de oro en otra mesita de noche, al frente de la del pastel de arándano. No es una gran joya, sólo una simple cadena de oro, sin medalla ni nada. Sin embargo, Reaver la coge y la arroja al saco. Es la única joya que encontró en el equipaje y no la va a dejar. Amarra el saco con dos vueltas, y aún queda largo para atárselo a la espalda.
"Bien, la tarta estaba deliciosa... ¡A esfumarse!"
Escapa volando de cabeza, echándose esta vez el saco al estómago. Las monedas, firmemente apretadas por la camisa, no hacen ningún sonido.
Y así es saqueador sale de nuevo por la chimenea y desaparece.
—¡MI TARTA! ¡ALGÚN DESALMADO ROBÓ MI TARTAAA! —grita desesperado Soarin, aferrándose trágicamente al molde vacío.
—¿Cómo pudieron robarnos? ¡Esto es un insulto! —contesta indignado otro Wonderbolt.
—Vamos, muchachos, no es tan terrible —contesta Spitfire—. El ladrón no nos robó nada importante. Sólo revisó los bolsillos de arriba, ni se molestó en buscas entre nuestras cosas. Seguramente era un novato.
—¡PERO MI TARTA! —grita Soarin— ¡Un feo y sucio ladrón se comió mi tarta! ¡Cómo debe haber sufrido!
Spitfire se ríe y busca algo en su maleta. Una cadena de oro, sencilla y barata, pero que para ella tiene un gran valor. Se la había regalado su padre antes de ir a morir a la guerra, hace más de veinte años atrás...
Siente un nudo en el pecho cuando no la encuentra en los bolsillos.
"¿Dónde la dejé? Anoche la miré antes de quedarme dormida... ¡la mesita de noche!"
Frenéticamente busca su cadena. No está encima. Revisa abajo en el suelo, bajo la cama.
"¡No está! ¡No está! ¡No está!"
—¡MALDITO LADRÓN! —grita la yegua— ¡TE ASESINARÉ CUANDO TE ATRAPE!
Applejack está feliz vendiendo las manzanas. Gracias a Reaver, contaba con cinco canastos más de manzana de los que tenía en mente, y se están vendiendo bastante bien.
"No hay nada mejor que el olor de las manzanas por la tarde."
Cerca del final del mercado, Applejack divisa a los hipogrifos. Muy alegres ofrecen su sal..., aunque la grifo parece estar ausente del mundo real. Detrás de ella, donde el mercado se une a la plaza, retumba el acento de dieciséis gargantas de lobos ofreciendo de todo. Applejack cambió en la mañana un kilo de manzanas por un tarro de miel de caña procedente de Lemuria, un buen trato, tomando en cuenta que el continente lemuriense comienza tres naciones al sur de Equestria. Aquella miel sería una agradable sorpresa en la cena, y Applejack sonríe al imaginar la cara de Apple Bloom tras probar la miel del sur.
"Últimamente llegan muchos forasteros a Ponyville."
Piensa observando a los hipogrifos, y luego a tres atléticos ponis, casi del tamaño de su hermano mayor. Uno de ellos, un poni bayo, se acerca a ella.
—Buenas tardes, ¿Desea unas manzanas? —saluda alegremente Applejack.
—Cállate —contesta secamente, extrayendo un cuchillo de la bolsa donde se llevan las mercaderías. Antes de que Applejack pueda hacer algo, el poni pone su cuchillo en su cuello y aprieta hasta que sale una gota de sangre—. No grites, preciosa, si no quieres que te mate.
"No, no, no, no, no…"
Otro de los ponis saca una ballesta de repetición. Las ballestas poni están provistas de un cinturón que se pasa alrededor del cuello, y así evitar sujetarlas con los cascos; las ballestas de repetición, llevan un mecanismo con palanca acoplada, que conecta con el gatillo, de modo que para disparar y recargar basta con bajar la palanca.
El último poni saca una ballesta de acero. Estas se recargan muy lentamente, pero su disparo es mucho más potente que el de una ballesta de repetición. También tiene un cinturón para ceñírsela al pecho, y un mecanismo de palanca para disparar.
Los dos ballesteros amenazan a los ponis, mordiendo fuertemente las palancas que disparan las mortales flechas. Algunos gritan, pero el ballestero dispara tres flechas al aire y los equinos se arrojan al suelo. Un poni zaino, un cómplice de esos tres, arrastra una carreta hacia donde están ellos y comienza a llenarla con diversos productos. Los ponis sólo miran, demasiado aterrorizados para hacer algo.
—¡No intenten nada o va a correr sangre! —grita el poni bayo del cuchillo— ¡Nos vamos a llevar estas manzanas y otros suministros! ¡El que se mueva es potro muerto!
Applejack, con el cuchillo en su cuello, sólo puede respirar agitadamente y mirar con rabia a los ladrones. Aunque no quiera aceptarlo, está asustada. Su corazón late en su garganta y siente la boca seca.
Abre la boca para descargarse de su ira, pero el poni bayo la calla de un movimiento brusco.
—¡No hables, perra! —gruñe. Los ojos del poni recorren desvergonzadamente el cuerpo de Applejack.
"¡Cómo te atreves! ¡Si no tuvieras ese cuchillo, te daría una lección!"
El poni sonríe, sin soltar el cuchillo.
—¿Qué les parece, chicos? ¿Nos la llevamos al Bosque?
Los potros se ríen y asienten cruelmente. Ella los mira con una expresión fiera.
"¡NO! ¡No voy a ser el juguete de un grupo de ladrones!"
El jefe quita el cuchillo de su cuello y la arroja al poni zaino del carretón. Libre al fin del cuchillo, Applejack deja que el otro poni se acerque...
Entonces ataca.
Pegado a los tejados, sin atreverse a volar directamente por miedo a que lo vean, Reaver escucha unos gritos de terror. Se asoma a mirar.
Horrorizado, ve a dos ponis con potentes ballestas y a uno bayo con un cuchillo, y a Applejack al medio de ellos siendo conducida por un cuarto poni zaino.
"¡Un asalto armado a plena luz del día! ¡Qué incivilizados!"
Applejack se alza repentinamente sobre sus patas traseras y golpea con sus dos patas delanteras la cabeza del poni zaino. Este cae aturdido, y antes de que los otros puedan reaccionar, salta hacia atrás y da una poderosa patada trasera contra el poni bayo del cuchillo, enviándolo lejos contra el piso.
—¡Maldita perra! —grita un ballestero. Preparándose para disparar una flecha. Applejack no tiene donde escapar.
Reaver siente una ira correr por sus venas. Una ira como la que sentía cuando veía a Lightbacker y sus compinches azotar a sus amigos...
"Fluttershy sufrirá mucho si Applejack muere en un asalto..."
Mira sus patas cubiertas de tela negra.
"Sé que me voy a arrepentir de esto, pero ¡Hora de ser heroico!"
El poni dispara la flecha.
Applejack ve su reflejo en el acero de la punta. El miedo le pega los cascos al suelo. Sus orejas apuntan hacia atrás.
"¡No! ¡No quiero morir! ¡No puedo dejar a mis hermanos y mi Abuela aún necesita su cadera!"
Todavía, antes de que la flecha termine de salir de la ballesta, tiene tiempo Applejack de dejar salir un par de lágrimas.
"¡Lo siento, familia! ¡Lo siento mucho!"
Sólo alcanza a ver un cuervo huracanado abalanzarse con la fuerza de un terremoto sobre ella. Una onda del viento trémulo. Un rostro de la nada. Una fuerte pero suave arquitectura aplastando la suya contra el suelo. Un poni.
Applejack abre los ojos como dos manzanas, sorprendida. En el lugar donde estaba, hay una flecha ensartada en la pared.
"¿Pero qué...? ¿Se me cayó una manzana del árbol? ¿O estoy muerta y estoy soñando?"
Encima de ella, protegiéndola contra el piso, detrás de varios barriles de manzana, está un pegaso vestido de negro, con una capa negra y un sombrero igualmente oscuro. Ella siente su duro pecho apretado contra su propio pecho, y sólo dos centímetros separan sus narices y labios. Entones siente algo raro, un calor o un sentimiento extraño ardiendo dentro de ella al sentir aquel cuerpo encima del suyo.
"Debo de estar soñando..."
Ella lo reconoce como El Tornado. Cuando era una potrilla, ella y su hermano leían el comic y habían reunido una montaña de tebeos. Era su héroe favorito, siempre luchando por los derechos de los campesinos como ella y su familia.
Y al verlo, en el lapso de un segundo, recordó un cumpleaños, antes de que obtuviera su marca, y su Abuela le regalaba un comic de El Tornado, y para ella era más valioso que una cadena de oro...
—¿Estás bien? —pregunta una voz ronca.
"¡Es real! ¡Estoy viva y es real! ¿Es real? ¡Corrales, esto es tan extraño!"
—¿Estás bien, Applejack? —pregunta de nuevo, acercándose otro centímetro. Su aliento huele a pastel de manzana, y Applejack siente un agradable escalofrío cálido en todo el cuerpo.
—S-sí —tartamudea la poni, algo aturdida.
—Bien —contesta él, levantándose. Ella siente que falta algo allí donde el cuerpo del extraño hizo presión—. Lamento tener que ocupar un par de sus manzanas.
Con sorprendente agilidad, toma dos manzanas y las lanza a los ballesteros, golpeándolos entre los ojos. Aunque es un gran tiro, Applejack se da cuenta que él gruñe y musita algo parecido a "¡qué mal tiro!". Aprovechando la momentánea inutilidad de sus mentes, salta y aletea una vez en el aire, cayendo en medio de la calle. Ondea la capa, formando un ovillo en la punta, dirigiéndola contra las cabezas de los ballesteros. Estos caen aturdidos, como si la capa fuera un saco con una pelota de monedas.
El poni bayo del cuchillo se acerca, sorprendido. Applejack se levanta y contempla, tan hipnotizada como cada poni que está ahí.
—¿Quién rayos eres tú? —pregunta el poni malvado.
El pegaso de negro sonríe de forma burlona.
—Soy El Tornado, ¿No se nota?
Los ojos de Applejack brillan con una luz olvidada. Y en una confusión de proporciones oceánicas, no sabe si está cuerda, si está loca o si está alucinando.
"¡Cielos! ¡No sabía que podía hacer eso!"
Reaver agradece mentalmente el haber tragado humo para enronquecer su voz.
"Bien, hasta ahora lo he hecho bien, estos idiotas eran principiantes, o si no, no habría logrado aturdirlos con una pelota de monedas compactas."
—Ríndete y tal vez no te golpee —dice triunfante.
—¡Vete al infierno! —grita el poni bayo arrojándole el cuchillo.
"Se nota desde aquí que nunca has lanzado un cuchillo en tu vida. Cielos, ahora cualquier idiota es criminal. En mis tiempos nos entrenábamos durante meses."
Reaver esquiva fácilmente la navaja. Fue parte integral de su formación saqueadora el sagrado arte de esquivar proyectiles.
Aprovechando que el poni está desarmado, Reaver carga contra él.
"¡Que no me tiemble el casco!"
Pero el bandido es un gran luchador. Esquiva a Reaver y luego intenta molerlo a coces.
El saqueador oye el grito sofocado de Applejack.
Pero inexplicablemente consigue escabullirse de las coces. El poni zaino desarmado intenta saltar sobre él por la espalda, pero es atrapado por Applejack, quien lo inmoviliza rápidamente.
"¡Gracias, Dream Moon, por reparar mi cuerpo!"
Con una velocidad cegadora, Reaver ataca utilizando sus patas delanteras. Si bien los ponis tienen más fuerza en las patas traseras, si te atacan de frente más vale tener fuerza adelante. Por eso los que se dedican a hurgar en los cofres suelen tener patas delanteras fuertes y pechos musculosos.
El poni cae sangrando de la nariz y con moretones en toda la cara. Para asegurarse de que no se levantará, Reaver coge sus patas y la ata con la cola. Se oye un lastimero quejido.
"¡Larga vida a la sagrada Orden Ratera de los Buscadores Expertos de Tesoros!"
Recoge las ballestas y las arroja lejos. Está tentado de arrojarlos dentro de un barril, pero se le ocurre una mejor idea. Toma sus colas y las anuda firmemente.
—Supongo que esto sería todo —contesta Reaver, algo nervioso. Se le está pasando la ronquera.
—Pero ¿Quién eres tú? —dice Applejack, confundida y con una expresión de suprema extrañeza.
"Nunca imaginé verla así. Cielos, creo que yo hago cosas estúpidas."
Reaver toma el cuchillo, y con dos rápidos movimientos, marca una "T" en el muro.
"Bien, puedo decir la verdad, pero eso sería muy vergonzoso. ¿Qué chiflado se disfrazaría de Tornado? Creo que jugaré una broma..."
—¡El Tornado ha regresado! —grita el saqueador— ¡Que comience la leyenda!
Applejack y los demás ponis gritan en honor al Tornado. Pero éste se envuelve en su capa y un espeso humo negro llena el lugar donde está parado. Cuando el humo se disipa, El Tornado ya no está.
Desde un tejado, oculto mediante arcanas brisas y llevando puesta una capa azul marino, el Escritor observa al Tornado desaparecer volando en la lejanía. En todo momento el unicornio morado se cubre el rostro.
"Buen truco de escapismo."
Nadie debe verlo. Debe ser como una sombra en la noche.
Salta del tejado, y la capa azul marino que lleva se extiende como un abanico de tela y le permite volar. Intenta seguir al pegaso, pero mantenerse envuelto en nubes hechiceras lo agota y lo desconcentra.
Para en un tejado para recuperar el aliento. Y por espacio de un segundo, el vapor energético que conjuró para no ser visto se desvanece. Se ciñe más la capucha, hasta dejar tan sólo su cuerno quebrado y su horrendo hocico mutilado a la luz del día.
"¿Por qué ahora conjurar las Otras Magias me debilita tanto? ¿Tendrá que ver con que estoy muerto?"
Busca con la vista al pegaso, pero este ha desaparecido.
"Rayos."
Jadeando, se queda petrificado al ver un edificio que será familiar para él.
La biblioteca de Ponyville.
El Escritor recuerda cuándo será Lightdawn, llegando a Ponyville para ver a Twilight. Recuerda cuando le dirá que la ama y cuando le pedirá matrimonio. Su corazón se aprieta cuando piensa en Twilight, y dos gruesas lágrimas rojas caen de sus ojos.
"Twilight. Lo siento..."
Estira patéticamente su casco, mientras abre la boca para decir algo que olvida. Y así queda, con la pata extendida y la boca abierta, por especio de unos segundos.
"Twilight. Dueña de mi corazón."
Su boca se cierra precipitadamente cuando intenta ahogar un sollozo.
—Volveré contigo, Twilight —dice Lightdawn, el Escritor—. Aunque sufra lo indecible, aunque muera y resucite mil veces, juro que recuperaré mi aspecto original y volveré contigo. ¡Lo juro por nuestro amor!
Sus ojos espinosos brillan amarillos bajo la capucha con un fuego futuro, y sus pupilas con garras rezan una letanía que sólo tiene una palabra: "Twilight."
Ya libre de su traje de saqueador evolucionado a disfraz del Tornado, Reaver toma las monedas y las esconde en un tronco.
"¿Pero qué estoy haciendo? Alguien lo encontrará."
Piensa enterrarla, pero es una idea verdaderamente mala. "¿Qué debo hacer?"
Contempla la casa de Fluttershy. "A ella le debo la vida."
Luego sus ojos se clavan en las monedas. "Y ella utilizará este dinero mejor que yo."
Reaver suspira y piensa en el tesoro del Bosque. "Este puñado de dinero no se compara a aquel tesoro."
El saqueador maldice. "Ese tesoro nunca dejará de rondarme..."
Suspira con resignación.
"Ojalá fuera más fácil ser un saqueador."
—Bien, Derpy, asegúrate de entregar este paquete. Es muy importante que ella no se entere nunca quien envió ese paquete. ¿Crees que podrás guardar el secreto?
—¡Muffins! —grita alegre, tomando entre sus cascos el paquete. Lo guarda en su bolso del correo y hace un saludo militar con un casco, que se ve bastante cómico, y parte volando en un vuelo errático y zigzagueante. Choca contra un poni, se disculpa y sigue su trayectoria.
"¡Vuela como el viento, Derpy!"
Reaver se seca un poco de sudor de su frente. Lleva puesta su fedora marrón, debajo de la cual está la cadena de oro, para la cual tiene planeado un destino muy especial. También lleva puesto su collar Shadowbolt, pues desea verse bien en aquel día. Para no despertar sospechas y preguntas insoportables, se quitó su pata de acero y camina cojeando con el yeso.
Busca con la vista a Fluttershy. No la ve entre el torrente de gente. Busca por la plaza, divisa a los lobos, que tienen una gran cantidad de clientes. Y puede ver varias armaduras doradas y cascos de plumilla azul de los Guardias Reales.
Reaver se estremece.
"No te preocupes, ni siquiera pueden sospechar que tú robaste."
—¡Reaver! —saluda Fluttershy, acercándose a él. Su rostro es un espejo perfecto que refleja el nerviosismo y temor que está sintiendo.
—¡Hola Fluttershy! ¿Qué está pasando aquí?
—¡Algo horrible, Reaver! ¡Casi matan a Applejack!
—¿En serio? —contesta el saqueador, fingiendo horrorizarse— ¡Es terrible!
—¡Sí! ¡Tres ponis intentaron secuestrarla y casi la matan!
—Ya, calma, Fluttershy. Veo que Applejack está muy bien.
—Un pegaso la salvó y luego escapó.
—¡Qué bueno! —contesta Reaver, riendo por lo bajo.
Para no levantar sospechas, el saqueador se acerca y le pregunta a Applejack qué ocurrió. Y se esfuerza para no sonreír cuando ella cuenta la historia que él ya conoce.
—... y cuando disparó la flecha, un pegaso disfrazado me arrojó contra el suelo, detrás de los barriles de manzana.
—Debió ser un pegaso muy... intrépido —dice Reaver, ya sin poder contener su sonrisa.
—¡Sí! ¡Era muy fuerte y su aliento olía a pastel de manzana!
Reaver parpadea sorprendido.
"¿Pastel de manzana? ¡Claro, utilicé los restos de las manzanas para mis bombas de humo! Y además comí un trozo del pastel de anoche antes de salir de la casa de Fluttershy."
—Lo importante es que estás a salvo y a esos ponis se los llevan los Guardias.
—¿Irán a la cárcel?
—Eso espero...
—¡Por el cielo, Hawkguard! ¡No han dicho ni una palabra! —dice un joven Guardia Real, quitándose el casco, revelando una crin rubia cortada al estilo militar.
—Relájate, Whitespirit —contesta un Guardia grueso de vientre y de mediana edad, también sin casco, y su corta crin es negra; lleva un vaso de café en su boca— ¿Un café?
—Preferiría un tazón de caldo, pero bueno.
Whitespirit va a por su café, mientras Hawkguard se sienta. Están una cámara de interrogatorios. Por una ventana rectangular se pueden ver a los cuatro prisioneros, los cuatro bandidos que intentaron robar a Applejack, aunque ellos no pueden verlos a través del vidrio.
—Nosotros no hacemos que hablen —se ríe Hawkguard, bebiendo su café—. De eso se encargan los jefes.
—Aún tengo mucho que aprender —suspira Whitespirit, sorbiendo de mala gana su bebida.
—Pero estoy seguro de que cuando aprendas, serás un gran Guardia Real —dice Hawkguard, sonriendo para levantarle el ánimo.
En eso, tres figuras doblan la esquina.
Uno es un selenita ataviado con la armadura púrpura de la Guardia Real de Luna. Es completamente negro, sus alas membranosas recuerdan a las de los murciélagos, sus ojos felinos y amarillos son duros, y en el derecho tiene una cicatriz desde la ceja hasta la mitad de la mejilla. Sobre las orejas tiene mechones de pelo blanco, y lleva el casco bajo un ala.
Al medio va una pegaso de color gris, hermosos ojos dorados, y su crin rubia está perfectamente peinada y alisada. Lleva un elegante traje gris oscuro, y camina confiada y con una media sonrisa. Hay algo en ella que despide respeto y fuerza.
Al final, en la derecha, va un pegaso blanco con la armadura dorada de la Guardia Real de Celestia. Es un poco más grande que un pegaso normal, y de contextura física bastante atlética. Las plumas de su casco, que en Hawkguard y Whitespirit son azules, en él son blancas, demostrando su rango superior.
Los dos Guardias se ponen rápidamente sus cascos y fingen estar vigilando. El pegaso blanco abre la boca para preguntar algo, pero la pegasa gris se le adelanta.
—¿Han dicho algo los prisioneros?
Whitespirit titubea. Nadie se adelanta a un superior del ejército...
—No han dicho ni media palabra, señora —contesta Hawkguard con aire marcial.
—Bien —la pegaso piensa unos segundos—. Ambos pueden retirarse a descansar por unos minutos.
—¡Sí, señora! —contesta Hawkguard, y luego se retira arrastrando al atónito Whitespirit. Cuando están saliendo al pasillo, le susurra—. Oye, esa es la Agente Hooves del S.E.S.E., tiene tanta autoridad como el General o el Teniente General selenita.
—Agente Hooves, le ruego que no me interrumpa cuando hablo con mis subalternos.
—¿De qué estás hablando, Thunderbold? —dice el selenita, mirándola— ¡Eso fue genial!
La Agente Hooves sonríe.
—Gracias, Stormnight, pero tenemos cosas que hacer.
—¡Sí! —contesta el selenita, haciendo crujir sus cascos— ¡Yo me aseguraré de que delaten a sus compañeros! ¿Pero por qué los tenemos a los cuatro juntos?
—Por esto. Por favor silencio.
La Agente Hooves coge un vaso de café, y tras vaciar su contenido en basurero cercano, y tras asegurarse de que el vaso está bien limpio, lo coloca en el vidrio y escucha:
—...si hablamos, el jefe nos mata.
—Espero que nuestros compañeros de la guerrilla vengan pronto a recatarnos.
—¡Quién diría que un loco disfrazado nos iba a poder golpear a nosotros, orgullosos guerreros de Maneslovaquia...!
La Agente retira su oído y deshecha el vaso. Se voltea a los dos comandantes.
—Son guerrilleros nacionalistas, de la región que antes era el Reino Libre de Maneslovaquia y que ahora es nuestra frontera nororiental. Haz que te confiesen eso. Por su acento deben ser de la región montañosa. ¡Ah, se me olvidaba! Cuando confiesen, asegúrate de saber qué los trajo a la otra mitad del país. Después me dan el informe, tengo cosas que hacer.
Dicho esto, se retira. Stormnight y Thunderbold la miran, sorprendidos.
—¿Cómo hace eso? —pregunta atónito Thunderbold.
—¡Ella es genial! —se ríe Stormnight—. Ahora llama a tus soldados y que pongan a esos ponis en celdas separadas —sonríe sádicamente, al tiempo que echa boca a su alfanje— ¡Tengo ganas de interrogarlos a la selenita!
Dinky Doo, Apple Bloom, Sweetie Belle, Scootallo y Omar están caminando por la plaza. Dinky lleva levitando su cámara.
—¡Mamá! —grita ella al ver a Derpy saltando sobre una nube, con su cabello despeinado y sus ojos bizcos de siempre— ¿Dónde has estado toda la tarde?
—¡Trabajando y saltando sobre esto! —contesta riendo la pegaso gris, antes de romper la nube y caer a Ponyville; por suerte se acuerda de que tiene alas y aletea, impulsándose hacia adelante. Pero choca contra un poni en el proceso.
Reaver la contempla, y sonríe. En su espalda, en una alforja, lleva su propia cámara con su película para el concurso.
"¡Ya entregó mi paquete!"
—Oye, Fluttershy, te quería dar algo especial que conseguí por ahí —dice Reaver, galantemente.
—Oh, Reaver, no debiste molestarte —dice ella, comenzando a ruborizarse.
Se lleva la pata a su sombrero. Ahí dentro lleva la cadena robada a Spitfire...
Derpy lo choca a él, haciendo que su sombrero, su cadena robada y el rollo de su película caigan rodando por la plaza.
—¡Mi sombrero! —grita Reaver.
Cerca de ahí, Spitfire y Soarin caminan buscando pistas. Ella en particular va caminando con una expresión tan furiosa que todos retroceden un paso al verla.
—¡Sé que ese ratero intentará venderlo por aquí! ¡Debe ser un poni horrendo, marrón y de crin gris!
Entonces, el sombrero de Reaver choca contra una piedra, catapultando la cadena hacia una vasija llena de aceite del señor Ibrahim.
Hassan se percata de la cadena de oro y la recoge. Le limpia el aceite, la mira fijamente y busca con los ojos.
—¡¿Alguien perdió una cadena de oro forjada en Cloudsdale allá por el año 2910? —grita el lobo.
Al ver que nadie contesta, se acerca a uno de los Guardias que se quedaron en el mercado reuniendo pistas.
—Efendi, encontré esta joya tirada y no sé quién pudo perderla.
—Bien, señor, nosotros nos encargaremos.
Reaver recoge su cinta y lo coloca en su alforja. Mira angustiado cómo los Guardias van a hablar con Spitfire.
"Ay, santo cielo. Este no ha sido mi día, para nada."
—Eso especial que quería regalarte es mi película —dice Reaver, algo desanimado.
El sol se habrá ocultado hace quizá más de una hora, y todo Ponyville se encuentran viendo las cintas grabadas para el concurso.
En la plaza se han acomodado asientos, y en el ayuntamiento se ha colgado una lona y un proyector. Hasta ahora ya han puesto tres películas, de más o menos veinte minutos de duración. Las películas son mudas y en blanco y negro, pero Octavia y su grupo les ponen música.
Un poni terrestre de colores brillantes coloca el rollo de Reaver, el proyector comienza a reproducir y Octavia comienza suavemente a tocar.
Aparece la casa de Fluttershy, en blanco y negro, cercada por tres pájaros en el tejado y dos conejitos —Angel es uno— corren por el camino que lleva a la puerta principal. Pasa ahora a mostrar la sombría faz del Bosque, pero entre árboles de ramas guerreras y hojas con forma de espada surgen por aquí y allá las flores como penachos de plumas; y movidos por el viento, las semillas de diente de león caen en nevada sobre la fertilidad dormida. Y ahora es una cascada, donde un martín pescador cae en un destello plateado y se levanta en un huracán acuático con su trofeo en su pico; y un grupo de nutrias se sumergen en la profundidad del río, como guantes de seda espesa hundiéndose en un bolsillo cristalino. Es ahora una pareja de halcones obedeciendo la llamada del tiempo, volando en círculos nupciales, enamorándose mutuamente, sujetándose de las garras, ondeando como la brisa.
Reaver mira a Fluttershy.
—Te lo dedico.
Ella está tan emocionada que sólo puede balbucear un "Gracias."
Reaver sonríe.
Su película termina volviendo otra vez a la casa de Fluttershy, pero esta vez por el patio de atrás, mostrando toda su zoología: es una montaña viva de criaturas, un muro torrencial de pequeños y grandes corazones que agitan el ser del mundo, y un amor olvidado, un instinto ancestral late en cada mirada, cada ojo circular.
Termina la película con una suave nota larga del contrabajo de Octavia.
—¡Bravo! —grita, para sorpresa de todos, Fluttershy, secándose una lágrima.
Reaver se ríe por lo bajo.
Ahora es el turno de la película de Dinky. Omar, el pequeño lobo, toma un laúd y camina algo nervioso donde Octavia, y le susurra algo al oído. Y para impresión de todos, arranca unas notas tan dulces, certeras y etéreas, a la vez que la película comienza.
Aparece Apple Bloom, sosteniendo un atado de carteles, presentándolos a la cámara. Dice:
Dinky Doo presenta:
OTELO Y JULIETA
Basada en dos obras originales de Dinky Doo.
Cambia a otro cartel.
CON LA ACTUACIÓN ESPECIAL DE:
Apple Bloom
Omar Ibn Ibrahim
Scootaloo
Sweetie Belle
Entonces entra en escena Omar, con un turbante y una cimitarra de cartón.
La historia trata de un general lobo apoyando a los ponis en una guerra contra los toros (los cuales son interpretados por Apple Bloom y Scootaloo usando dos conos de helado). En medio del conflicto, se enamora de una aristócrata unicornio (interpretada por Sweetie Belle usando un vestido hecho con restos de género desechados por Rarity). Pero el esposo de aquella unicornio (interpretado por Scootaloo con un bigote hecho con los restos de un cepillo), lo desafía a un duelo, en donde es herido de muerte por el general lobo. Entonces, la unicornio finge su muerte con la ayuda de una cebra (que es Apple Bloom rayada con barro). Pero el lobo no se entera de eso, y en la tumba de su amada extrae su cimitarra...
—¡NO, POR FAVOR, ELLA NO ESTÁ MUERTA! —grita Reaver, poniéndose de pie, con lágrimas cayendo de sus ojos. Todos están tan concentrados viendo la obra de Dinky que se sobresaltan.
El lobo interpretado por Omar se clava su cimitarra de cartón, pasándola por debajo de su brazo.
—¡NOOOOOOOO! —chilla Reaver, llevándose los cascos a la cabeza.
Entonces la unicornio despierta, y al ver a su amado muerto, coge la cimitarra y se la hunde de la misma forma.
La película termina con Apple Bloom cubierta de barro y con un trozo de tela alrededor de la cabeza, simulando ser un lobo, y Scootaloo con una sartén a modo de casco, acercándose con gesto triste hacia los dos difuntos enamorados.
Un último toque a una cuerda de laúd cierra todo abruptamente.
Los actores miran el final, emocionados y sonrientes, en especial Dinky.
Pero todo el resto del pueblo llora, incluso los Guardias Reales, que a pesar de tener los párpados pesados de sal, se mantienen en un porte de marcialidad. Soarin lloriquea en el hombro de Spitfire, quien apenas sí se fija en él, acariciando su cadena de oro que lleva alrededor del cuello. Applejack y Rarity van a felicitar a sus hermanas, Rainbow Dash va a felicitar a Scootaloo; en tanto que Ibrahim y sus hijos, con las barbas húmedas por las lágrimas, van al sector de los músicos y llevan en hombros a Omar.
—¡Oh, Tanri sagrado! ¡Mi cachorro es un artista! —grita Ibrahim, su voz entrecortada como un cristal trizado por los sollozos.
Derpy cae y abraza a su hija.
—¡Mi muffin es una artista! —solloza mientras ríos salados caen de sus ojos bizcos.
Y Reaver llora junto a Fluttershy. Ella, si bien también tiene gruesos valles de lágrimas corriendo por sus mejillas, dista mucho de la desesperación de Reaver.
—¡No debían terminar así! ¡Se amaban! ¡Se amaban! —se ahoga unos segundos por el llanto— ¡Merecían un final feliz! ¡Oh, Fluttershy!
Todo Ponyville comienza a ovacionar a los pequeños. Derpy cargando a Dinky, Applejack cargando a Apple Bloom, Rainbow Dash cargando a Scootaloo, Rarity cargando a Sweetie Belle e Ibrahim cargando a Omar se reúnen en la plaza, y sobre los hombros de sus seres queridos los pequeños sonríen emocionados —Omar a punto de largarse a llorar— y se saludan.
Dinky alza en alto el trofeo, y se lo van pasando entre ellos cinco.
—Adoro este pueblo —gime Reaver ocultando su rostro en el hombro de Fluttershy.
Aquella noche, Applejack no puede dormir. Cierra los ojos, y ya cuando está a punto de entrar al reino de los sueños, recuerda a aquel pegaso misterioso y siente algo en su interior que la obligan a abrir los ojos.
"¡Corrales! ¡Por qué no puedo dormir!"
Cruza el pasillo iluminado azulosamente por la luz nocturna a beber un poco de agua.
—¿Problemas para dormir, mi manzanita?
Applejack se gira, sobresaltada. Pero sólo es su abuela, remojando en un vaso de agua una dentadura que luego se pone.
—¡Abuela Smith! ¿Qué haces levantada a esta hora?
—Estoy vieja y tengo cosas que hacer —contesta con una sonrisa—. Pero tú, mi manzanita, ¿Qué haces despierta a esta hora?
—Yo...
—¿Es por lo que pasó hoy en el mercado?
—Sí, Abuela Smith...
—No te preocupes, Applejack, a esos criminales se los llevaron y no te molestarán más.
—No es por eso, Abuela, es por el otro poni.
—¿El chiflado disfrazado?
—Sí, Abuela.
—¿Qué pasa con él?
—No sé, Abuela. Cuando estoy por dormirme, me aparece un recuerdo de él salvándome y siento algo como... —Applejack piensa un momento, intentando traducir en palabras lo que siente—... algo como mariposas en el estómago...
La Abuela Smith se sobresalta, y quiebra el vaso donde remoja su dentadura.
"¡Ay, Dios mío! —piensa la anciana— ¡Mi Applejack se enamoró de un lunático! Aunque como lo describió no se notaba tan feo..."
