!Hola mis niños! ¿Me extrañaban? más les vale que si ¬¬´ehhh !Finta!
No sé so esta vez me demore, procure ser lo más rápida posible al momento de escribir y les juro que lo intento pero algunas veces me peleo con mi inspiración y discutimos por horas y horas, a veces el pleito dura días, pero en esta ocasión se apiado de mi alma y vino a mis brazos. Me llegaron unas quejas de que el capítulo estuvo corto u.u pero aquí vengo a compensarlo todo mis niños hermosos. Vengo con un capítulo largo y del cual me esmere en exceso y con mucho cariño para que les llegue a su corazoncito, considero yo, que este va a hacer uno de los capítulos más emotivos de toda la historia y algunos secretitos se revelaran en este capítulo, porque yo sé que algunos se mueren de la curiosidad de saber cual es el secreto del rubio y quizás si corren con mucha suerte en este capítulo este descrito cual es el bendito secreto de él. En fin, sin más me despido no antes sin pedirles de todo corazón que me dejen un review, porfa, no se si lo sepan pero me encantan sus reviews y no se si lo sepan pero es lo único por lo que continúo escribiendo, así que no duden en escribirme, porque yo estoy a su completa disposición ;) los amo con todo mi corazón!
p.d: este será un extenso capítulo.
Capítulo 10: Solo por esta noche... olvida que me odias.
Soy tan estúpida, mis estúpidos actos no sé si pueden justificarse con el simple hecho de decir: ¡odio las injusticias! Yo había sentido que la sangre me hervía al escuchar las monstruosas palabras de ese hombre de ojos turbios. ¿Qué su corazón no guardaba un poco de mínimo respeto por la amistad que habían forjado de niños? ¿Qué ahora lo despreciaba de tal manera que se satisfacía de conferir las peores blasfemias en su nombre? ¡Qué despreciable persona! ¡Cuánto coraje sentí! ¡Y supongo que fue lo suficientemente factible como para notarse! ¡Pero que estúpida soy! ¡Tuve que exponer falsas blasfemias en mi nombre para intentar defenderlo tan solo por el simple hecho de que yo no soporto a la gente como ese chico azabache! ¡No sé si mis ideales con justificación exacta y suficiente sean lo suficientemente congruentes para aliviar mi error tan grande! ¿Amarlo? ¿Qué significa esa palabra? –Amor- ¿Amor de padre, de madre, de hermanos? Solo ese tipo de amor conozco y solo ese me ha bastado para sobrevivir, para llevar mi vida, no necesito esa otra clase de "amor" porque ese "amor" no sé si es falaz, pero si es engañoso y no quiero acogerlo en este corazón. Mi corazón decidió ser agnóstico en este cuestionamiento tan profundo: ¿existe el amor acaso? ¡No lo sé! Y sin tiempo de pensar… mejor continúo con mi vida.
¡No lo amo! ¡No sé qué significa eso! ¡Y no sé si es posible amar a alguien que abusa de mi libertad empeñada! ¿Es acaso posible? ¿Es posible amarlo? Y se preguntaran por qué fui tan estúpida como para seguirle el jueguito a ese chico de ojos oscuros. Simple, tengo que seguirle el jueguito al oxigenado, ¿Cómo? Haciéndole creer al azabache que entre nosotros existió "amor" aunque en mi diccionario el significado de esa palabra es: ¿Existe acaso? Sin embargo mis acciones se pueden malinterpretar erróneamente y con mucha certeza, si lo grite y expuse como si de verdad estuviera enamorada de él, pero no… este corazón solo palpita para bombear sangre a todo mi ser, no lo hace en nombre de alguna persona, así que por favor, no piensen bien de mí, que esta chica es en exceso muy escéptica, solo creo en el amor de mi familia, de mis amigos porque digo, obviamente, cupido no existe.
Sentía que le hervía el corazón entero al recordar aquella escena en el balcón -¡Ni miles de besos podrían reemplazar uno solo de él!- recordó con tanta facilidad mientras sus pensamientos se burlaban de ella –¡Estoy demente!- se reprochaba mientras azotaba la cabeza sobre su pupitre ¿de dónde le había surgido tal valor para expresar esas horrendas palabras? -¿amor?- balbuceo un poco mientras erguía la cabeza y lo observaba a él junto a su querida novia rosada, fortuitamente sonrió –como si fuera posible que yo pudiera enamorarme…- balbuceo con un volumen escaso mientras sonreía con resolución infinita.
Esperaba que las cosas transcurrieran de lo más normal posible…
-¿Qué harás en tus vacaciones de diciembre?- cuestionó Tenten cuando había llegado.
-¡trabajar!- se quejó la Hyuga mientras aporreaba la cabeza sobre su pupitre.
La castaña tan solo sonrió -¡Vamos tu trabajo te gusta!- le comento
-Si, pero no estaría mal tener un poco de tiempo libre de vez en cuando ¿No crees?- exclamo.
-¿Para qué quieres tanto tiempo libre? ¿Qué harías con él o mejor dicho con quién te gustaría salir?- cuestionó Kiba repentinamente. Tenía un semblante tan serio que causaba miedo. Kiba últimamente se comportaba extraño, estaba en una evidente etapa de celos.
La Hyuga dio un respingo ante esa declaración –bueno ps…- el rubio paro la oreja –me gustaría estar más tiempo con mi familia- contesto muy segura de su respuesta.
El castaño la observo de una extraña manera, como si sus ojos dijeran: ¡mientes! Sin embargo, decidió girar la mirada y alejarse.
-¿Qué le pasa a Kiba?- pregunto bajito la peliazul a su amiga al sentir la molestia de él en su cuestionamiento tan sorpresivo.
La castaña tan solo lo observo alejarse molesto –esta celoso- pensó en sus adentros. -¡Tranquila se le pasara rápido! ¡Quizás tuvo un mal día en el club de artes marciales!- lo justifico. Hinata tan solo se quedó pensativa ante esa resolución no tan convincente como para calmarla.
De resto, el día se había tornado relativamente normal, se notaba la presencia odiosa de la "chica rosada" porque no había ni la menor huella de la presencia del rubio odioso, así que ella había disfrutado de la mejor de las tranquilidades, suspiraba relativamente relajada sabiendo que él no estaba rozándole los talones para pedirle alguna tontería como orden.
-¿Qué harás en navidad?- interrogo Tenten.
-la pasare en casa con mi familia- sonrió satisfecha - ¿y tú?-
-creo que mis papas planean ir a casa de mis abuelos y pasaré ahí TODAS las vacaciones-
-¿Te irás? Que mal, ¿A quién fastidiare?- cuestionó melancólica.
-¡Tranquila no puedes deshacerte de mí tan fácilmente! ¡Volveré!- se rió la castaña la Hyuga le devolvió la sonrisa traviesa.
-¿Qué hay de ti, Kiba?- llamo la Hyuga con un poco de miedo.
-la pasare en casa- contesto indiferente. La Hyuga quedo congelada, jamás lo había visto así de enojado, lo peor es que sentía que era culpa suya de alguna manera. Ambas chicas quedaron en silencio al notar su malhumor.
El tiempo pasaba tan de prisa que la navidad comenzaba a aproximarse con tanta velocidad que no podía evitarlo…
Al despertar cada mañana podía sentir el viento de esa suave brisa, esa brisa que solo la visitaba una vez al año; era placentero dejarse invadir por esa dulce ventisca que revivía tantas cosas en su mente, era un colash de sensaciones, tanto dulces como amargas.
La ausencia de su difunta madre le provocaba una presencia de soledad, así que las navidades tenían su parte bella y su parte triste; en esos días era cuando se daba cuenta de que las herida no habían sanado, de lo muy humana que era; era cuando se percataba de que las llagas no se curan, que el dolor no se va, que el corazón tan solo se acostumbra al dolor, se le hace costumbre, tradición, parte de su vida, trozo de su alma, el dolor no se curaba… el dolor no sana lo que ocurre es que uno aprende a vivir de truculenta manera con él.
La ciudad se tornaba fría pero muy hermosa, sus pupilas eran invadidas por los colores de la navidad, de las luces alegres; su olfato sentía el tibio aroma de los pinos navideños, de los exquisitos manjares; le gente solo irradiaba felicidad y armonía; eso era lo mágico de la navidad; ella no pensaba en lo que la gente amargada decía: ¡Bah! ¡La navidad es igual a mercadotecnia! Hinata decía: ¡Y que si lo es! ¡Es una maravillosa mercadotecnia que despierta la parte humana de la gente; la mercadotecnia, decía ella: es el pretexto de la navidad. Quizás para algunas personas el pensamiento del significado de la navidad era ese: mercadotecnia, pero siempre existen dos caminos: uno, dejarse llevar por los pensamientos de la demás gente o dos, seguir tus ideales; para ella la navidad era armonía y paz, punto, nadie le iba a sacar eso de la cabeza.
Le gustaba perder una tarde fría armando el árbol con su papa y hermanita, le fascinada preparar chocolate caliente en las noches mientras convivía con su familia, le alegraba el alma ver la ilusión de su hermanita al escuchar los villancicos navideños, y le enloquecía de felicidad preparar la cena de navidad con su papa mientras su hermanita hacía pucheros porque no la dejaran meter el dedo en todo los trastes. La navidad era absolutamente bella.
Llegaba al trabajo con la más satisfactoria de las resignaciones, todo marchaba de maravilla, el no cruzarse con ese odioso semblante azul le regalaba un poco de vida a su alma. Sentía como si no lo conociera, se sentía en un sueño total, como si todo lo que había pasado con él no fuera más que la peor de las pesadillas que jamás desearía repetir.
-¡Nos vemos Hinata, que tengas una hermosa navidad!- se despidió Ayame y su padre mientras la veían salir del local debidamente abrigada por el frio.
-¡Gracias! ¡Igual ustedes!- les deseo con todo el corazón mientras salía de ahí con la sonrisa en la cara. Prontamente se acercó a su bicicleta después de que había cerrado la puerta.
-Veo que no me extrañas…- murmuro una voz detrás de sí, en ese instante ella sintió que su "sueño" se fue a la ruina, que toda su quimera disfrazada se marchito como una flor en diciembre.
-¿Qué haces aquí?- le cuestionó mientras retrocedía asustada.
- Que fría, yo solo estoy visitándote- le contesto ofendido.
-ahhh- se quejó ella mientras lo ignoraba -¿Qué quieres?- le pregunto directamente mientras lo encaraba.
-¿Qué quiero? Ahh claro yo soy el esclavizador… veamos qué te parece…- balbuceo él, ella solo suspiro resignada, justo cuando había pensado que no lo vería por dos o tres semanas se aparece ante ella. –Qué te parece si hoy olvidas que me odias y tenemos una plática como la gente normal- le pidió sonriente.
-El problema en tu petición es que… tú no eres nada normal- le confeso con una mirada llena de mofa.
-Mala- se rió él –¿Segura que no me extrañas?- le cuestionó –porque fastidiarme te hace feliz…- le sonrió.
-Extraño fastidiarte, lo admito, pero eso no quiere decir que te extrañe a ti, recuerda: soy buena persona, no te creas especial- le recalco con una inmensa sonrisa.
-bueno, entonces, se buena persona y vamos a pasear un rato- le pidió.
-Sakura no está en la ciudad ¿cierto?- le pregunto.
-¿soy bastante predecible?- alzó la ceja.
-bastante… pero niño bonito mejor ve a buscar otro juguete más divertido- le pidió mientras tomaba su mochila.
-¡oh vamos! Te lo estoy pidiendo como amigos- el rubio vio que hizo una mueca de desaprobación ante el empleo de esa palabra. –Finjamos que somos amigos…- le pidió.
-Supongo que no está a discusión- expuso en voz baja mientras cedía ante su loca petición. –Vamos- respondió mientras dejaba la bicicleta.
Él sonrió victorioso. Ambos subieron al auto de él. -¿A dónde quieres ir?- pregunto el blondo.
-No es bueno que me preguntes eso, porque yo quiero ir a casa-
-Entiendo- dijo él –decidiré yo- expuso.
-como siempre…- pensó ella internamente en silencio -¿A dónde iremos?- le pregunto después de un rato.
-No sé- le contesto mientras se encogía de hombros –perdámonos a ver qué pasa ¿qué piensas?- le cuestionó curioso de su respuesta.
-Me parece una idea muy propia de ti- lo miro seriamente –sin embargo, esta vez, me agrada- le sonrió en señal de aprobación –perdámonos entonces- sonrió cómplice.
Él le devolvió la sonrisa para luego guardar silencio mientras reflexionaba un poco –La otra vez le propuse lo mismo a Sakura pero ella dijo: ¡Estás loco, claro que no! Pero Hinata no… Hinata accedió gustosa ante mi locura y sé que la tengo bien chantajeada pero… algo en la sonrisa que puso me dice que por lo menos esta vez no lo está haciendo por coacción a mis amenazas si no… por gusto…- el rubio continúo manejando por un rato más mientras la observaba en silencio -¿Y bien, que harás en navidad?- cuestionó.
-¡La pasare en casa!- sonrió gustosa, el rubio le devolvió la sonrisa -¿Y tú?- pregunto ella al ver que se había quedado callado.
-yo…- comenzó a balbucear sin tener en claro sus pensamientos –ahhh… estaré solo en casa- sonrió melancólico.
-¿Y Sakura?- exclamo impresionada.
-se fue de viaje con su familia- expuso con un dejo triste.
-¿Y tu padre?- pregunto alarmada.
-se fue de viaje de negocios a Londres, me propuso ir con él pero… sé lo que significa eso…- sonrió tratando de fingir que no le importaba.
Ella con temor pregunto -¿Qué significa?- Él alzo la mirada y sonrió.
-Significa que estará cerrando negocios mientras que yo me quedaré solo en el hotel me lo ha hecho años anteriores así que es mejor quedarme en casa- trago saliva y cambio el tema. -¡Llegamos!- exclamo tratando de recuperar el brillo alegre de sus ojos azules.
Ella había quedado callada ante sus palabras pero al escuchar su cambio de voz giro l mirada para observar el mismo paisaje que sus ojos -¿un parque?- balbuceo mientras lo miraba a él bajarse corriendo del coche como si no supiera que había mucho frío afuera.
-¡Vamos Hinata!- grito mientras la incitaba a salir del cómodo y muy cálido coche.
-¡¿Estás demente?!- le grito al verlo corretear como niño chiquito.
-¡Vaya Hinata, eso pensé que lo tenías más claro que el agua!- le reclamo mientras le guiñaba el ojo. -¡Deja de lloriquear y ven a jugar un rato!- le incito. Ella lo miro sin estar convencida completamente. -¡Oh vamos! ¿o eres cobarde?- la reto con el semblante lleno de mofa. Sabía que eso lograba provocarla.
-¡Claro que no!- grito al salir del auto y demostrarle lo muy fuerte y valiente que ella era. -¡Ja! ¿Quién dices que es la cobar…- él rubio se mofo de ella y antes de que terminara de hablar le lanzo una bola de nieve. -¡oye!- grito indignada mientras se limpiaba la cara -¿! Quieres guerra?!- interrogo mientras se ponía de cuclillas y comenzaba a acumular nieve entre sus manos.
-¡Quiero guerra!- grito él mientras tomaba nieve también.
-¡La tendrás!- le afirmo ella mientras lo miraba retadoramente a los ojos, tan solo vio su sonrisa infantil emerger de sus labios necios.
Como niños pequeños comenzaron a correr alrededor de un bello parque cubierto delicadamente de una muy pálida nieve, gritaban y se a correteaban como niños de diez años.
-¡Te atrapare!- exclamaba él.
-¡Cómo si pudieras!- dijo ella socarronamente provocándolo.
Corría detrás de ella con un montón de nieve entre las manos, mientras ella trataba de correr aún más de prisa, mientras de entre sus labios se escapaba un vaho, su respiración estaba agitada, su corazón echaba la carrera precipitado, sentía su cuerpo helado pero su sangre caliente, sentía un frío sudor embargarle el cuerpo y lo único que deseaba era correr más de prisa antes de sentir la bola de hielo que él le iba a lanzar. -¡Ah!- grito al tropezar con la raíz de un viejo árbol y caer torpemente. El blondo solo se echó a reír neciamente mientras la miraba yacer en el suelo con nieve en la cara, ella inflo los cachetes enojada por su molesta risa, él de pronto le extendió la mano tratando de ayudarla a reincorporarse, ella echo una media sonrisa y la tomo, de pronto puso su venganza en marcha y lo jalo hacía ella, no lo pensó con claridad, no pensó que al jalarlo él iba a caer sobre ella, estúpida. Ambos quedaron uno cerca del otro, el rubio sobre ella y ella debajo de él.
El Namikaze trago saliva mientras la miraba debajo de él y ella solo se agito mientras él le clavaba la mirada añil, el tiempo se detuvo drásticamente mientras ambos tan solo se miraban. El rubio de pronto abrió un poco más la boca y poso su muñeca sobre la mejilla de la chica, delicadamente le limpio la nieve que deseaba competir con sus ojos claros, ella sintió sus frías manos sobre su pómulo y se estremeció ante el contacto. Él de pronto le clavo la miraba aún más profundamente cuando ella pensaba que eso no era ya posible; comenzó a acercarse sin estar consciente de sus acciones, ella comenzaba a alterarse al ver la cercanía de entre ellos reducirse. Sentía su tibio aliento salir de sus labios y su respiración agitarse a cada minúsculo instante...
-¡Tonto!- exclamo ella con una mirada llena de mofa mientras le clavaba la bola de nieve en la cara. Definitivamente lo había tomado por sorpresa, tanta que ni tiempo de reaccionar correctamente le dio. Tan solo sintió que súbitamente lo habían sacado del hechizo.
En lo que se limpiaba el rostro empapado en nieve ella aprovecho para escapar y levantarse fingiendo que todo estaba bien.
-¡Ya es tarde!- exclamo ella. El rubio aún se estaba reincorporando mientras sacudía su cabello repleto de nieve. -¡Ya debería irme!- exclamo desesperada la Hyuga.
-¡¿Tan pronto?!- pregunto extrañado.
-¡Es que… ya es tarde!- afirmo.
-¡Tranquila yo te llevare a casa!- le informo. El blondo se percató de que ella titiritaba de frío. -¡Hinata! ¡Estas heladísima!- dijo exasperado mientras drásticamente se acercaba a ella y le sujetaba las manos frías. -¡no debí exponerte tanto al frío!- se reprochó mientras se quitaba el suéter y lo ponía sobre sus hombros. -¡Vamos! Esto no es bueno para ti…- afirmó mientras la sostenía de la mano y la guiaba al auto. -¡Estas demasiado fría!- se reprochó mientras delicadamente después de meterla al coche sujetaba sus dos manos y las frotaba contra las suyas.
-¡Estoy bien!- exclamo ella al sentir la calidez del rubio sobre sus manos, con toda la velocidad de la que hacía gala retiro sus manos de entre las de él. El ojiazul la miro extrañado.
-Tranquila… no te hare nada malo- confeso mientras suavemente volvía a sujetar sus manos gélidas. –Solo quiero que entres en calor…- afirmo mientras deslizaba un delicado y muy perceptible vaho sobre sus gélidas muñecas de ella, su aliento estaba tan cerca que sintió que sus labios se posaron sobre sus dedos. Trago duro, mientras sentía que él la sujetaba fuerte, impidiendo con esto su muy seguro escape, después el rubio alzo un poco la mirada y noto que ella mirada hacía otra parte, hizo un ágil movimiento y tomo su rostro por su mentón, logrando con esto llamar la atención de ella –eres muy astuta…-fue lo único que le dijo mientras la soltaba delicadamente y arrancaba el auto para llevarla a casa…
El silencio era incómodo, la situación difícil de explicar, era mejor permanecer encerrados bajo su silencio…
El rubio se detuvo una vez llegado a su destino.
-¿Segura que estas bien?- le pregunto intrigado.
-¡Te preocupas por pequeñeces! – contesto con una sonrisa mientras tomada la manija del auto para jalar y abrirse la puerta.
-Entonces… Feliz navidad- exclamo con el tono de voz más falso que podía utilizar. Ella lo percibió ¿Y cómo no? Si la naturaleza de su alma era demasiado predecible a veces, ella quedo en silencio, mientras su mente cavilaba lo siguiente que sus labios iban a articular.
-me voy a arrepentir de esto- argumento enmudecida. Giro la mirada y lo encaro, él al notar que ella la clavaba la mirada hecho un respingo súbito –Naruto…- lo llamo como si hubiera alguien más dentro del auto. Él no respondió a su llamado con palabras sino más bien poso en ella una mirada llena de duda. –Veras…- comenzó a balbucear –mi casa es muy modesta, mi familia muy sencilla, pero mi navidad… es muy especial, yo no sé si tú quieras… si te apetezca y te parezca adecuado venir a la casa de esta chica humil…-
-¡Encantado!- exclamo con otro tono de voz, con el tono de voz que ella lo recordaba.
-puedes venir si gustas…- termino de decir al ver el entusiasmo entre sus añiles ojos.
-¡Si!- sonrió, ella le devolvió la sonrisa.
-¡Nos vemos mañana!- recalco segura al bajar del auto e intentar quitarse la chamarra que él le había prestado…
-¡Mejor mañana vengo por ella!- le dijo mientras la rechazaba.
-Bueno, está bien- respondió ella mientras cesaban sus intentos por despojarse de la prenda.
Le regalo una última sonrisa antes de partir de ahí y dejarla a ella con la cabeza y los pensamientos hechos una reverenda maraña de conjeturas.
-estúpida…- reprocho mientras lo veía partir.
Entro a casa sintiendo su dulce calidez, miro por hacía la muy modesta sala solo para encontrar a su padre leyéndole un libro a su hermanita mientras esta yacía durmiendo entre la calidez del regazo de su padre.
-Buenas noches…- llamo mientras rompía discretamente esa tierna magia.
-¡Ah Hinata, hija, que bueno que ya estás aquí!- sonrió mientras dejaba el libro de lado y le agitaba la muñeca en señal de que se acercara a él para darle su acostumbrado beso de llegada. -¿Y eso chaqueta?- cuestionó intrigado una vez cerca.
-¡Ah!- se maldijo por no habérsela quitado antes –un amigo me la presto- ¿Amigo?
-¿Ese tal Kiba?- cuestionó inquisidoramente.
-más bien es... ese tal Naruto-
-¿Naruto? ¿Y ese muchacho quién es?- interrogo con un tono de voz enojado.
-¡Mi amigo gay!- mintió para que su papa no se alebrestara más.
-¿Gay? Ahh bueno- el hombre respiro más tranquilo, ya que como todo padre, Hiashi Hyuga pensaba que ningún hombre era capaz de merecer a su hija.
-Por cierto papa, espero no te moleste, pero… lo invite a pasar la noche de navidad en casa, es que su padre está de viaje y no tiene a nadie más y…-
-¡Esta bien hija, tranquila, con gusto recibiremos a ese chico!- sonrió tratando de no mostrarse muy severo con ella. -¡Qué bien, así no estaremos tan solos mañana!- expuso el hombre.
Ella tímidamente sonrió ante su permiso. –tonta…- se repitió y es que no podía evitar el cuestionarse el simple hecho de que lo haya invitado a pasar la noche de navidad en su hogar ¿Qué estaba loca? ¿Estaba dañada de los sentidos? Pero sinceramente no podía evitar admitir que su triste historia le había conmocionado los sentimientos, los sentidos además… ¡Al diablo con todo! ¡Era navidad! Y vendría bien el hacer una tregua con él aunque sea por el simple hecho de que estaban en vísperas decembrinas. Decidió guardar su orgullo, pero solo por esta única ocasión especial, solo por la pesadumbre de la soledad de él y por el dolorcillo que se regocijaba en su alma cuando recordaba a su ya difunta madre tan dulcemente amada.
Subió a su habitación y se despojó de la prenda con suma suavidad, su chamarra era enorme, de un tono naranja que pedía a gritos una mirada suya. –maldición…- murmuro al sentir el delicioso perfume de él aferrarse con fuerza a su piel, era como si el mismo se hubiera encargado de dejar ese rastro suyo sobre ella.
El tiempo pasaba muy rápido, más de lo que ella hubiera imaginado. La dulce noche había caído y ella prácticamente se había encontrado toda la tarde incrustada en la cocina mientras su hermanita limpiaba aquí y allí. Muy de repente mente escucho el tibio y modesto timbre. Hecho un suspiro y con mucho cuidado recordó por qué que la orillaba a ser amable con él. Miro su reloj extrañada –aún era temprano- exclamo al pensar que tendría que soportarlo desde muy pronto. -¡Ya voy!- exclamo al limpiarse las manos con el primer paño que hayo en el camino. Tomo el picaporte de la puerta, cerró los ojos fuertemente y jalo de la puerta con fuerza.
Lo encontró ahí, con la sonrisa de estúpido que lo acompañaba a todas partes, con los ojos alegres y llenos de un inexplicable no sé qué… Bien vestido con la mejor cara de felicidad que había hallado en su closet.
-¡Hola!- exclamo muy jovial.
-hola- contesto ella con un tono más suave. Ambos se quedaron mirando por un breve y eterno instante.
-sabes…- llamo él –hay frío- exclamo tratando de sacarla de sus pensamientos.
-¡Ah sí, lo siento, pasa por favor!- contesto avergonzada.
El muchacho siguió cuidadosamente sus indicaciones incursionándose a la casa con mucha timidez y gusto. –Sabes…- llamo su atención mientras se detenía frente a ella tratando de robar su mirada. -¿qué te parece si esta noche hacemos una tregua?- le propuso al meter la mano en el pantalón y presumirle que por esta ocasión no llevaba su secreto con él, con esto trataba de decirle que no había manera de chantajearle. –¿Te parece si… esta noche… olvidas que me odias?- le propuso dulcemente mientras le clavaba la mirada con tanto fervor. Ella se sintió desfallecer, parpadeo innumerables veces reflejando con esta acción su nerviosismo e impresión. -¿aceptas?- le pregunto con un suave susurro.
-si…- exclamo haciendo un tremendo y sobrehumano esfuerzo para articular esa simple expresión.
Él le correspondió con una simpática sonrisa.
Hiashi Hyuga miro detalladamente al joven rubio que acababa de entrar a su casa.
-Mucho gusto soy Naruto- se presentó mientras le extendía la mano al hombre. Hiashi le correspondió.
-Mucho gusto joven, ¿así que usted es amigo de mi hija? ¿Por lo que ella me comento usted no tiene intenciones de enamorarla cierto?- dijo seriamente el hombre.
-¡Papa!- grito Hinata avergonzada el hombre rió mientras recordaba que su hija le había comentado que ese muchacho al parecer era gay…
-¿enamorar?- exclamo sonrojado el rubio –bueno yo…- comenzó a balbucear nerviosamente, el rubio giro la mirada hacía la Hyuga quien con la cabeza hacía ademanes para que dijera: ¡No! –No, yo no tengo esas intenciones- afirmo muy seguro de su respuesta –en realidad yo tengo nov…-
-¡ah Naruto hablas demasiado a veces!- rió nerviosa la Hyuga mientras le sellaba los labios abruptamente para que no pudiera concluir la frase. El rubio quedo impresionado ante el súbito acto de la Hyuga.
-¿Cómo dijo que se apellida?- pregunto Hiashi.
-bueno yo…- comenzó a balbucear –Namikaze, Namikaze Naruto- susurro.
-¡Namikaze! ¡¿Cómo industrias Namikaze!?- exclamo sorprendido el Hyuga.
-si- bajo la mirada el rubio.
-¿entonces usted es hijo de Minato Namikaze?- cuestionó.
-Sí, Minato Namikaze es mi padre- El Hyuga vio el semblante que el rubio puso y entendió todo. Entonces… mejor decidió cambiar el tema de la conversación y francamente el rubio agradeció eso, la peliazul no había entendido muy del todo aquella situación…
La velada fue imprescindiblemente maravillosa, la naturaleza infantil de su alma del chico de ojos azules cautivo a la pequeña Hanabi, jugaba con ella, le hacía reír y lo mejor es que sus intenciones eran sinceras, sus actitudes eran tan espontáneas. Por su parte Hiashi Hyuga estaba extrañado de tener al dueño de "Namikaze corporation" en su casa y lo más gracioso es que ese chico tan importante se hallaba en la sala de su casa correteando con su hija menor, mientras la mayor trataba de persuadirlo.
-¡Estuvo deliciosa la comida!- exclamo con ese ferviente tono de sinceridad del que hacía gala.
-¡todo fue obra de Hinata!- sonrió la menor.
-¡Hanabi!- repuso la ojiperla apenada.
-¡Vaya pues cocinas delicioso Hinata!- expreso el rubio mientras le regalaba una sonrisa.
-Lo heredo de su madre… ese especial gusto por la cocina…- exclamo sonriente el padre de las niñas.
Ante ese comentario la Hyuga bajo la mirada…
-Sabe joven Naruto…- llamo Hiashi –le traigo muy malas noticias…- El rubio dejo de jugar con la menor y alzo la mirada interrogante.
-Hay una tormenta de nieve…- expuso mientras alzaba tantito la cortina para mirar hacía la calle. –Creo que no podrá irse, tendrá que pasar la noche aquí…- aseguro.
-¡eso es mucho abusar de su hospitalidad!- expuso él un poco apenado.
-¡No se preocupe joven, no hay problema!- sonrió gustoso.
-pero… ¡Papa!- se quejó Hinata. –además… no hay donde pueda dormir…-
-Se quedara en tu habitación- expuso.
Ambos chicos se miraron a los ojos mientras entraban en pánico por aquella propuesta.
-Y obviamente tú dormirás con tu hermanita- exclamo mientras señalaba a la pálida peliazul. –yo me paso a retirar… no se duerman muy tarde, por favor y buenas noches a los tres- dijo mientras tomaba su acostumbrado y muy infalible bastón y salía de ahí.
-¡Buenas noches!- dijeron Naruto y Hanabi mientras se detenían un momento a descansar de tanto ajetreo. La Hyuga continuaba en un shock total.
-¡Hanabi tú y yo también debemos ir a dormir!- exigió autoritariamente la Hyuga.
-¡Nos vemos Naruto, buenas noches!- expuso la menor mientras corría a sus brazos y le propinaba un beso en la mejilla. El rubio se sonrojo ante ese súbito gesto por parte de la menor. Hinata tan solo se puso de mil colores, no le agradaba la idea de que él tuviera la atención de su hermanita.
-¡Adiós pequeña, descansa!- exclamo al despedirse de ella y ver como ambas Hyugas desaparecían, pero antes la mayor le dijo:
-¡Ya vuelvo, espera acá!- a lo que él había asintió con la cabeza. Al poco rato se asomó -¡Ven!- le llamo, el sorprendido la comenzó a seguir. –Dormirás aquí- le afirmó mientras le enseñaba su habitación.
-¿Es tu cuarto?- pregunto él.
-si- contesto con ella al prender la luz y entrar.
-Es muy diferente al tuyo, no es grande, la cama no es del todo cómoda y suave como la tuya, además no tiene su propio baño y la vista no es tan maravillos…-
-¡Esta bien!- exclamo con una sonrisa. -¡No tiene que ser lujosa para sentir la calidez que desprende!- afirmó mientras la miraba. Ella giro la mirada ante su comentario.
-¡Buenas noches!- exclamo mientras hábilmente intentaba salir de ahí.
-¡Espera!- llamo al tomarla del brazo y encararla.-¡Gracias por esta noche!- le sonrió de la manera más dulce y sincera que él podía hacerlo. Ella trago saliva y bajo la mirada, porque a veces sus ojos se le antojaban demasiado segadores como para mantenerle la mirada con tanta facilidad, inútilmente ella asintió con la cabeza y se fugó de ahí, mientras cerraba la puerta a su salida y lo dejaba ahí parado con el cegador fulgor de sus tibios ojos.
Entro al cuarto de su hermanita, recostada sobre el futón sintió un frío atormentarle los nervios con su temperatura, sin poder descansar se puso de pie para intentar buscar más cobijas que la protegieran; se acercó al closet de su hermanita solo para hallarse con la decepción de que ahí no había nada, suspiro mientras recordaba que en su habitación habían demasiadas cobijas como las que ella requería para regocijarse entre ellas. Miro el reloj sobre la pared rosa pálido. Claramente era muy tarde ya y conociendo al rubio, este seguramente ya se hallaba entre los brazos de Morfeo. Se mordió el labio mientras analizaba si su odiosea valdría la pena seriamente. En eso estaba cuando volvió a sentir una dulce ráfaga sacudirle los pensamientos mientras el frío le calaba hasta los huesos. Creyó planearlo todo correctamente, entonces… se incursionó en su peripecia.
Entro a su cuarto con tanta delicadeza, con toda la suavidad del mundo, tan imperceptible que ni el mejor ninja se hubiera percatado de tal acto, dulcemente se acercó a la puerta del closet de su propia habitación, lo abrió procurando no conferir ni el más sutil de los ruidos mientras lo encontraba a él en el más placiente de los sueños, tomo las sabanas requeridas y de la misma manera que había entrado se disponía a salir.
-¿Tampoco puedes dormir?- cuestionó él cuando la veía inútilmente intentar huir de ahí con el botín en las manos. Echo un respingo mientras se ponía pálida y su corazón le amenazaba con saltarle del pecho sin previo aviso ni permiso.
-ahhh…- exclamo impresionada.
-Te escuche entrar…- le presumió mientras le sonreía al notar su impresión. –Eres muy cuidadosa, lo admito, pero… tu corazón hace un ruido especial, muy diferente al del viento o al de mis pensamientos en silencio, por eso lo note…- profirió mientras se levantaba de la cama y se acercaba a ella.
¡Cierto! El ir por sábanas era el peor pretexto para su insomnio, ¿Cómo dormir sabiendo que el enemigo se encontraba en la habitación de alado mientras se regocijaba entre sus propias sábanas? ¿¡Cómo!?
-¡Me atrapaste!- expuso ella mientras soltaba las sabanas y alzaba las manos. Él sonrió ante su acto de comedia. -¡Me declaro culpable!- le dijo.
-¿Culpable de qué? ¿Cuáles son los cargos?- preguntó él.
-¿No lo ves? ¡Vine a despertarte!- le comentó con un irrefutable aire de sarcasmo entre los dientes.
Él se carcajeó -¡Te ha resultado!- afirmó con una sonrisa.
-¿Qué hacías despierto?- le pregunto al fin, sabiendo que él también padecía de insomnio.
La miro con una sonrisa cómplice, se acero a la ventana con una dulce suavidad, la miro y dijo: -Esperaba la llegada de santa…-
-Estas demente…- se rió ella. El bajo la mirada. –No llegara si no duermes- le contesto haciendo cómplice en su locura.
-En eso te equivocas…- afirmó –creo que esta frente a mí- expuso. Ella se alebresto ante esa súbita confesión –¿entonces Santa… que me he has traído?- pregunto siguiendo con su evidente disparate.
-¡No te has portado bien!- exclamo -¡Atormentando a una pobre chica! ¡No, no, no! ¡Te he borrado de mi lista pequeño Naruto!- se burló de él mientras lo tomaba de la mejilla y lo pellizcaba como a un niño chiquito. –Además… no me has dejado galletas ni leche como en años anteriores- le reprocho mientras lo miraba a los ojos. Él se escandalizo ante esa afirmación.
-Podría prepararte un chocolate si me lo permites… entonces Santa te perdonare solo si miras el amanecer conmigo, olvídate de los otros niños- le propuso mientras atinaba a robarle el aliento.
-¡No creo que sea buena idea!- expuso mientras tomaba las sábanas y salía de ahí rompiendo su infantil juego del que ya no quería formar parte.
-¿A qué le tienes miedo, ni que te quemaras con el sol?- la reto sabiendo que eso le funcionaria a la perfección. Ella podía sentir el reto juguetear entre los labios de él.
-Qué sea un buen chocolate pequeño Naruto, uno que valga la pena de recordar- le afirmo mientras lo miraba sonreír.
No sabía cómo había pasado pero ahora se hallaba en el balcón de su casa a hartas horas de la madrugada, arropada con muchas sábanas con un chocolate caliente entre las manos y con el peor de sus enemigos a lado de ella.
Esperaban a que amaneciera mientras compartían el más abrumador y ruidoso de los silencios más brevemente eternos.
-Tu papa…- llamo él la atención de ella –me agrada-afirmo espontáneamente. –Es del tipo de hombres que me agradan, el tipo de hombres que me llama por mi nombre y no por mi apellido- ella lo observo hablar y no sabía si era por las horas de la madrugada, por el mágico viento de la navidad, si era porque algo le había vertido él al chocolate o simplemente porque a su corazón se le antojo abrirse de par en par, fuera lo que fuera ella permaneció en el más atento de los silencios mientras escuchaba a sus labios conferir los más suaves susurros en la noche más fría. –sabes Hinata…- llamo él –muchas persona piensan de mí de maneras tan diferentes que a veces ellos mismos me confunden de quien soy…- probo su chocolate mientras su mirada miraba hacía un punto indefinido sobre el horizonte, entre abrió los labios hallando el valor necesario –Desde que tengo memoria, al decir mi nombre la gente se queda con el concepto de: ¡Hey ahí viene ese chico… ¿Cómo se llamaba? Ah el hijo de Minato Namikaze!, supongo que estoy demente como tú dices… porque por algún motivo me enojaba de sobremanera, me molestaba que dijeran: ¡¿tú eres el hijo de Minato Namikaze?!, sé que hasta tú tienes un concepto de mí y no pienso con esta plática modificarlo, tan solo estoy dopándome con este chocolate, con la situación, con este dulce paisaje. Lo que quiero decir es que muy estúpidamente me harte de estar bajo la sombra de mi padre ¡oh el gran Minato Namikaze! Amo a mi padre, más que a nada, pero… quería mi propio lugar en este mundo, no quería que la gente me recordara como: ¡El hijo de Minato Namikaze el cual ignoro su nombre!- callo un instante mientras continuaba -Mucha gente se sorprendía al escuchar mi apellido y su trato hacía mí cambiaba, a veces eran ásperos con mi persona, pero al escuchar mi apellido su crueldad se cambiaba a la más dulce y bien actuada de las amabilidades, era como si dijera las palabras mágicas, quiero que la gente diga: ¡Hey ahí viene Naruto!- expuso sonriente –o que cuando vean a mi padre digan: ¡mira ahí va el papa de Naruto! Por eso soy como soy Hinata, porque he tratado de encontrar mi lugar en este mundo por mis propias manos, sin la ayuda de mi padre, sin su dinero o reputación, porque quiero correr hasta rebasar su inmensa sombra. Por eso no estudio en la misma escuela de Sasuke, mi padre quería que ahí continuara con mis estudios pero me negué, me negué porque la gente ahí tiene máscaras, más de las que yo podría soportar, para ellos el mundo gira alrededor del dinero y no hay nada más importante que eso, en cambio en nuestra preparatoria no cualquiera pasa el examen, me tuve que poner a estudiar para pasarlo sin abusar de las influencias de mi padre. La gente piensa que es mucha mi pretensión, por eso no acostumbro a presentarme como: Naruto Namikaze, no es vanidad, la vanidad es lo que más odio, tan solo he tratado de conseguir las cosas por esfuerzo propio, no es algo que le cuente a todo el mundo, no es algo que todos sepan y en este momento puedo apostar mi vida a que estarás pensando: ¿!por qué rayos me está contando esto esté maldito oxigenado?!- sonrió mientras le clavaba la mirada y veía sus ojos palidecer al atinar que esa duda en verdad embargaba su mente. –Te lo diré…- confesó mientras se mordía el labio. –Eres la primera persona que me odia- afirmo con seguridad –yo… siempre había querido el cargo de Consejero estudiantil, quería luchar por él porque todo el mundo murmuraba que era difícil de obtenerlo, y ahí estaba yo, lo tenía en mis manos, sin sazón ni gloria alguna; era la más insulsa de las satisfacciones, todos pensaban que yo era lo demasiado popular como para ser mis rivales, como para que alguien me aventara la batalla, falsamente todos piensan que soy poderoso o inmortal, no se dan cuenta de que soy tan humano como ellos, no saben que me puedo equivocar, no imaginan que puedo perder; estaba decepcionado, su sumisión me hacía fácil el puesto, yo prácticamente lo tenía, tan solo faltaba que me den el cargo porque nadie pensaba postularse y si querías saber mi mayor secreto…. Pues aquí viene querida Hinata, escúchalo atentamente porque será la única vez que lo confesare- ella asintió con la cabeza mientras la curiosidad la carcomía poco a poco -¡ya tenía el maldito cargo entonces apareciste tú! Con tu odio y despreció hacía mí, retándome con mi reto, mofándote de que podrías vencerme y poco te importo mi maldita popularidad mi maldito apellido que es el peor de los tormentos tú eras la única que me veía como el maldito mortal que soy y me retaste porque sentías que mi existencia era tan igual como la de todos y que podías vencerme, yo dije: ¡esta chica esta poco o más demente que yo!, eras la única que podía darme batalla porque tu valentía era más grande que tu miedo, Hinata yo no te escogí como mi rival, en realidad… tú lo hiciste. Cuando quisiste huir de esto yo dije: ¡Maldición esta chica tiene potencial no puedo dejar escapar a la más diga de mis rivales! Decidí formularme todo este disparate y no importa lo mucho que te atormente con mi maldita existencia sin sentido de ser porque ahí estas tú… brillando por cuenta propia, siendo fuerte sin necesitar un maldito apellido, siendo silenciosamente poderosa, incluso más que yo… proteges a tu familia que es lo que más amas, tienes excelentes calificaciones y soportas al imbécil más grande, tu odio hacía mí no es correspondido… porque lo único que siento hacía ti es: Admiración, te has ganado la más grande de mis admiraciones y no importa lo mucho o lo poco que me odies o si algún día dejaras de hacerlo porque yo… siempre te admirare y tú serás la más digna de mis rivales por sobre todo el mundo, guarda el secreto por favor- le sonrió mientras lo último lo expresaba con un tono más silencioso mientras posaba un dedo sobre sus propios labios.
-¿Quieres escuchar la más triste historia de navidad?- pregunto tratando de sincerarse tanto como él. El silencio del rubio fue la mejor de las afirmaciones. Ella sonrió –Había una vez… una plebeya, dulce como cualquier niña pero no lo suficiente como para compararse con una princesa, igual y no lo necesitaba porque sus padres eran los más bellos seres humanos; la pequeña plebeya tenía una hermanita la cual si era una bella princesita, la familia era la más feliz sobre la tierra y las niñas eran tan tiernamente inocentes que no veían más allá del amor de sus padres. Navidad llego y paso la peor de las tragedias…- sus ojos se tornaron llorosos. –Su madre murió en un accidente- soltó la primera lágrima de la noche. –su padre quedo eternamente lesionado amarrado a usar un bastón por siempre, lo despidieron de su trabajo entonces… la mayor de las niñas tuvo que arrebatarse la venda de amor que la protegía del mundo exterior, tuvo que salir a trabajar para mantener a su familia y lo cierto es que es tan débil o más débil como cualquiera… usa una máscara de fuerza pero a veces se le antoja despojarse de ella y mandar muy al diablo todo…- calló un instante mientras se incursionaba en sus emociones.
-¿Cómo termina la historia?- pregunto el rubio.
Ella suspiro –no lo sé, aún no tiene un final, pero si algo te puedo asegurar es que no será un final como el de los cuentos de hadas… porque esta plebeya siempre será eso… una simple plebeya sin la menor suerte- se enjugo las lágrimas mientras esbozaba la más melancólica de las sonrisas-por cierto…- musito suavemente –le dije a mi padre que eres gay- sonrió con sorna mientras rompía el aura de suma tensión mientras esperaba que se enojara por la blasfemia que invento en su nombre. Él por su parte al escuchar esa fuerte declaración emerger de su boca tan solo provoco que se echara a reír. Ella sorprendida por esa actitud lo miro impresionada.
-¡Esta bien! ¡No te preocupes! Digo, no cualquier padre deja entrar así nada más aún chico solo así sabiendo que tiene una hija, es obvio que él podría malinterpretar nuestra relación, creo que tu decisión de decirle eso a tu padre fe la correcta- sonrió.
-¡Maldición! ¡¿Qué nada le enoja?!- pensó para sus adentros la Hyuga. –sabe…- llamo su atención –el hechizo ya va a terminar…- susurro refiriéndose a su tregua mientras con mucha delicadeza y atención dirigía la mirada a el horizonte observando como el sol nacía poco a poco dejando ver débilmente sus primeros rayos.
-Ya lo sé, sé que la tregua de esta noche va a vencer, así que sígueme odiando, por favor- le sonrió dulcemente mientras le clavaba la mirada. Ella esquivo su mirada penetrante y mejor miro al horizonte y los bellos colores que se difuminaban con el cielo.
-lo haré…- le afirmó con una sonrisa.
La luz se asomó y tan solo bebieron el último sorbo de su chocolate sin conferir nada más…
¿Les gusto? !Si me dicen que no! !Juro que me doy un tiro! y tendran que vivir con la conciencia de que morí por causa suya, ok no, soy muy dramática lo sé u.u espero que el capítulo les haya gustado, a mi me fascino! pero no se a ustedes, no sean crueles y déjenme un review con su más sincera opinión solo eso les pido mis niños hermosos y bueno.. yo me despido, nos vemos en el próximo capítulo, gracias por su apoyo.
Att: Sunako.
