Capítulo 10
La brisa se apoderaba de los árboles, generando que las ramas se mecieran sigilosamente, dándole sombra a un chico de cabello negro y su gato que jugaba con las hojas. Jamás hubiera imaginado que el causante de que estuviera a punto de perder el caballo, fuera nada menos que su propio gato. Karupin se había acercado a él, ronroneando en medio de la oscuridad y Ryoma se vio obligado a detener su caballo para tomarlo entre sus brazos y ahora se encontraban ambos tomando un descanso en un árbol cercano.
Había conocido a Karupin cuando era pequeño, era lo único bueno que rescataba de sus años viviendo en el castillo, había sido un obsequio de una de las sirvientas, al principio su padre no estaba de acuerdo con que se quedara con él, pero después había aceptado hacerlo si él cumplía sus deberes. Karupin había sido el objeto de manipulación de su padre contra él, incluso lo amenazaba con que si no hacía lo que le pedía, su gato pagaría las consecuencias. Suspiró, recordando esos días de agonía y desesperación. Sin embargo, llegó un día en que las travesuras de Karupín lograron enfurecer de tal manera a Nanjiro que obligó a su hijo que se deshiciera de él y no volviera a traerlo a casa jamás, si no quería que él mismo se hiciera cargo de eso. Por ésta razón, Ryoma muy apenado se vio en la obligación de buscarle un nuevo hogar a Karupín fuera del castillo. Y entonces, eligió a Dan, sabía que si alguien podría hacerse cargo de Karupin tan bien como él, era Dan Taichi. Por ello, solía visitarlos con frecuencia. "Te extrañaba, Karupin" Le susurró el ambarino, mientras él maullaba.
Mientras el ambarino entraba en la pequeña casa una vez más, un chico de cabello marrón plata lo observaba a la distancia. Como sabía que no podría entrar a dicho lugar a vigilarlo, decidió detenerse en una cantina cercana para buscar algo que beber y comer. Estaba cansado y necesitaba disfrutar un momento de su estadía ahí, si quería seguir investigando. Por ello, se sentó junto a la ventana más cercana que había a la choza en la que había entrado el Rey de Tenipuri y decidió comer mientras aguardaba por él, "La comida es deliciosa" pensó mientras bebía un jugo de uvas y comía el mejor plato de Ponta. Entonces sus pensamientos fueron interrumpidos por las voces de unos aldeanos que se encontraban en la cantina hablando precisamente de ese chico que seguía.
— ¿Vieron quién regresó? —Comentó un hombre de barba que atendía el lugar.
—Sí, nada menos que el príncipe de Ponta ¿O ahora debo decir Rey de Tenipuri? —Rió otro hombre.
—Oh es verdad, había olvidado por completo que se había comprometido con la Princesa de Tenipuri. —Sonrió un joven. —Dicen que es muy hermosa.
—Debe ser muy afortunado. —Comentó el hombre de barba. —Sin embargo, si su esposa es tan hermosa cómo dice ¿Porqué no está con ella ahora? O más bien ¿Porqué ha regresado a ver a la familia Takeuchi, teniendo tanta riqueza en Tenipuri?
—Siempre se han llevado bien. —Susurró una mujer. —Es más, hay rumores que dicen que Ryo-Sama es el hijo perdido de Rinko-Sama.
— ¿Qué? ¡Eso es imposible! El hijo que tenía Rinko falleció hace algunos años, se perdió en el bosque y lo encontraron muerto. Incluso hay testigos que dicen que lo vieron tirado.
—Es verdad, había un chico muerto en el valle aquella noche, pero dicen que no era el hijo de Rinko. —Comentó un hombre de larga cabellera rubia que limpiaba la mesa con un trapo viejo. —Puede que sean sólo rumores, pero hay algo que no entiendo de todo esto ¿Cómo es que Ryo-Sama cambió tan drásticamente su comportamiento de un momento a otro? En un comienzo era igual de tirano que su padre, incluso había amenazado con destruir nuestras tierras porque sólo ocupaban espacio innecesario en Ponta. Pero de repente, todo cambió y decidió no hacerlo.
—Había olvidado ese gran detalle, ahora parece una persona totalmente distinta. Incluso lucha a escondidas por mantener esta pequeña localidad. —Susurró una mujer esta vez, nada menos que la camarera del lugar. —Tal vez recapacitó, quien sabe. La gente cambia.
—No lo creo, más que haber cambiado parece ser otra persona realmente. Siempre he creído lo que dicen los rumores, que efectivamente es un impostor y no es el hijo real del Rey de Ponta.
— ¡No digas ese tipo de cosas tan abiertamente! Si alguien llega a oírlo, estarás en graves problemas. Podrían cerrar hasta tú taberna, Issai-San. —Habló una mujer de cabello dorado preocupada por las palabras incorrectas qué había mencionado su marido. —No deberías hablar así de Ryo-Sama, ha hecho tantas cosas por nosotros, deberíamos estar agradecidos.
—Tranquila, mujer. Nada me pasará. —Suspiró Issai. —Estoy agradecido, es sólo que me sorprende que haya cambiado tanto, eso es todo. Y lo más curioso es que el chico que conocíamos que llevaba el apellido Takeuchi era similar al hijo de Nanjiro-Sama, lo que me da mucho que pensar. Considerando que todos en el pueblo saben que nuestro Rey tuvo un romance con Rinko Takeuchi, muchos lo vieron enamorado de ella, aunque todos fingen no saberlo porque los amenazó con destruir sus casas si esparcían rumores sobre ello.
—Pero... si ella y Nanjiro-Sama tuvieron un romance ¿No es normal que saliera un chico de ahí? Quizás eso se relacionaría con el extraño parentesco entre el hijo de Rinko y él de Nanjiro. —Fundamentó su esposa.
—Es probable, pero yo vi a ambos…aun si la mirada era similar y los diferenciaba sólo los estatus sociales, había algo más, su esencia no era la misma. —Opinó Issai.
—Sé a qué te refieres. —Suspiró su esposa, entendiendo sus palabras, pero no podía sospechar de que fuera un impostor. —Pero los chicos cambian, quizás eso sucedió con él.
El chico de cabello marrón plata tomó un último sorbo de su vaso, para pagar la cuenta con unas monedas de oros y seguir su camino. Tenía curiosidad sobre lo que ellos decían, pero para eso debía investigar más antes de sacar conclusiones precipitadas. Tal vez las sospechas del pelirrojo eran reales, y realmente el ambarino no era quien decía ser. Pero si no era el hijo de Nanjiro-Sama ¿Entonces quién era? En un comienzo creía que hablaban del pequeño hijo de la mujer que visitaba, llamado Dan. Pero cuando escuchó un poco más la historia, entendió que no era así, Rinko había tenido otro hijo mayor al parecer, mucho antes que Dan, pero había muerto producto de un accidente. Es más, se había perdido en el bosque y lo habían encontrado muerto. Sin embargo, habían cosas que no coincidían con lo que había escuchado en la taberna, por lo que debía investigar bien antes de enviarle información falsa al pelirrojo.
Era un grandioso día en Tenipuri, las nubes recorrían el cielo azul lentamente, mientras el sol se apoderaba de él para mostrar sus bellos rayos que contaminaban a todos de alegría. Sakuno se encontraba en su habitación, mirando como las aves volaban en el cielo cantando de felicidad, tenía envidia de ellas porque podían sentirse así. Era su segundo día sin el ambarino, se preguntaba qué sería de él ¿Estaría bien? ¿Se estaría alimentando? ¿Cómo estaría su madre y su hermano adoptivo? Tenía miles de interrogantes en su cabeza, pero ninguna podía ser respondida. Había escuchado por los sirvientes que ya se encontraba hospedado en una posada, pero aún así deseaba hablar con él de alguna forma. Quería escribirle una carta, pero temía que si lo hacía podría meterse en problemas si se lo mandaba a un mensajero, ya que podría enterarse Nanjiro de ello y se enteraría de su visita. Suspiró, lo que menos deseaba era meterlo en problemas. Así que dejó a un lado sus libros, para abrir la puerta de su habitación y salir a recorrer el jardín, el día estaba perfecto para salir a pasear. Esperaba ver a Tomo-Chan y Ann-Chan en el salón principal, pero no las encontró, y en reemplazo de ellas estaba nada menos que el pelirrojo apoyado sobre la pared mirando quien sabe a dónde. Sin embargo, apenas se percató de su presencia, dejó sus pensamientos de lado e hizo una reverencia para saludarla.
—Buenos días, Hime-Sama. —Esbozó una gran sonrisa. — ¿Cómo durmió?
—Bien, aunque es extraño hacerlo sin Ryoma-Kun. —Fingió una sonrisa.
—Ya veo… ¿Lo extraña?—Preguntó, reprimiendo sus celos.
—Sí, mucho. Pensé que no podría extrañarlo, ya que no somos tan cercanos. No obstante, debo admitir que ya anhelo su llegada. —Susurró, sin percibir que Kintaro la observaba triste. —Debes creer que estoy loca ¿no? Dos días y ya quiero que regrese. —Rió nerviosa.
—No es lo que pensaba, Hime-Sama. —Susurró, reprimiendo lo que sentía. —Más bien, siento envidia de él. Me gustaría que alguien me extrañara en mi ausencia y me amara de la misma forma que usted.
—No me trates con respeto, ya te lo he mencionado antes. —Se sonrojó ante esas palabras. —Pero con respecto a eso, no sé si sea tan grandioso como lo mencionas. Quizás no debería extrañarlo tanto, sabiendo que tan sólo han pasado dos días. Además estoy segura que debe haber alguna chica en este momento esperando tu regreso en el pueblo. Ahora que estás viviendo aquí.
—No lo creo, no hay ni una sola persona con la que me lleve bien en ese lugar. Por lo mismo no los extraño para nada.
— ¿Y-Y sientes atracción por alguien?
—De mi hogar nadie. Aún así, creo que me estoy enamorando de una persona este último tiempo.
— ¿Sí? ¿De quién se trata? ¿La conozco? —Sonrió emocionada, quizás era una de las empleadas.
—P-Pues sí, la conoces. El problema es que…ella no siente lo mismo por mí, ama a alguien que no es merecedor de sus sentimientos y no puedo hacer nada para que cambie de opinión.
—Ya veo… ¿Y ella sabe lo que sientes por ella?
—No me he atrevido a decírselo. Pero ¿Qué caso tendría hacerlo? Sí jamás me corresponderá.
—Aún así, deberías intentarlo.
— ¿Eso crees?
—Por supuesto.
—Está bien, lo intentaré. Gracias, Sakuno-Chan. —Sonrió el pelirrojo, pensaba hacerlo pronto. — ¿Ibas a algún lugar ahora?
—Buscaba a Ann-Chan y Tomo-Chan, pero al parecer no están cerca.
— Sí quieres puedo ayudarte, en lo que desees.
—No necesitaba nada, es sólo que quería hablar con ellas un momento. Pero de seguro están ocupadas, estos días no sé qué hacer en el castillo, es demasiado aburrido no tener qué hacer.
—Ahora que lo mencionas, mañana por la noche habrá una feria en el pueblo de Tenipuri. —Comentó Kintaro, viendo como la castaña abría sus ojos de par en par en forma de sorpresa. —Habrán presentaciones, comida, entretención y todo ese tipo de cosas.
—Oh hace mucho tiempo que no asisto a ese tipo de cosas. —Susurró emocionada.
— ¿De verdad? Yo asisto cada año, pero es aburrido cuando no tengo con quien disfrutarlo ¿Te gustaría ir?
— ¿Eh? P-Pues…no sé si es buena idea que alguien de la realeza esté ahí con los demás, podría incomodarlos y causar un alboroto. Además la última vez que salí sola, ya sabes lo que pasó…
—Lo recuerdo perfectamente, aunque me alegro que haya sucedido.
— ¿Porqué lo dices?
—Porqué si no hubiese sucedido, no nos habríamos conocido Hime-Sama.
—Es verdad…había olvidado ese pequeño detalle. Tienes razón. —Sonrió, agradecía que Kintaro hubiese estado ahí en ese momento.
—Por lo mismo, no tienes que preocuparte por tu seguridad, ya que yo me haré cargo de todo. No permitiré que nadie se acerque a ti, te protegeré con mi vida Sakuno-Hime.
—Confío en ti, Kintaro. Es sólo que…temo causarte problemas por esto y arruinarte el paseo.
—Al contrario, creo que estando contigo podré divertirme como nunca. Sería un placer recorrer la feria contigo esta noche. —Esbozó una gran sonrisa.
—Agradezco la franqueza de tus palabras, pero…
—No te preocupes por mí bienestar, estaré bien. Mi entrenamiento ha comenzado a dar frutos desde aquella vez, así que estaremos a salvo.
—Está bien…acepto tu invitación. —Confiaba en el pelirrojo, así que esperaba que nada malo pasara durante su ausencia. —Pero hay un problema.
— ¿Cuál es?
—No sé si podré salir al exterior sin los sirvientes. Como Reina de Tenipuri, no puedo salir como sin protección, aunque tú estés ahí. Lo que será un alboroto porque nadie podrá disfrutar al notar mi presencia ahí.
—No digas eso, de seguro la gente adorará tu presencia ahí. Eres una chica muy buena y amable, he oído cuando he salido que tienen una buena impresión de ti. A diferencia de lo que piensan del rey.
— ¿Eh? ¿Por qué? ¿Es por la relación con su padre?
—No lo sé, pero nadie habla bien del príncipe de ponta.
—Me duele que sea de ese modo…deberían querer a Ryoma-Kun también. Ya que después de todo, él trabaja duro por Tenipuri esperando ser aceptado. —Suspiró.
—Quizás hizo algo en el pasado que obligó a todos a pensar de ese modo. —Musitó, no quería seguir hablando de ese tema, no le importaba hablar de él en esos momentos.
—No lo creo, Ryoma-Kun no sería capaz de hacer algo malo. No es como creen que es, a veces puede ser frío, pero en verdad tiene un corazón.
—Puede que tengas razón. —Susurró, sabiendo que él no creía eso. —Retomando el tema principal, si no deseas causar tanto alboroto con la presencia de los sirvientes, podríamos salir sin ellos.
— ¿Eh? Pero…no sé se pueda.
— ¿Confías en mí?
— ¿A qué viene esa pregunta?
—Respóndeme.
—P-Pues…sí.
—Bien, entonces saldremos mañana por la noche.
—Pero…si lo hacemos, estaremos en problemas.
—Más bien yo estaré en problemas, pero no me importa. Estoy dispuesto a correr riesgos por salir contigo.
—Sí Ryoma-Kun se entera, podría desterrarte.
—No lo descubrirá, no te preocupes. Pero eso no es lo importante ahora. —La miró fijamente comprobando si creía en sus palabras. — ¿Estarías dispuesta a correr los mismos riesgos por mí?—Extendió su mano hacia ella.
—Yo…
— ¡Hime-Sama! —Gritó Momo corriendo hacia ella.
—Oh Momo-Sempai. —Suspiró Sakuno, aliviada de que se trata de él.
—Al fin la encuentro, la necesitan en el castillo.
—Ya veo, iré enseguida.
— ¿He interrumpido algo? —Preguntó, viendo como el pelirrojo ocultaba su mano para desviar la mirada de ambos.
—No, para nada. Sólo estaba platicando con Kintaro-Kun, pero podemos discutirlo más tarde ¿Verdad?
—Sí, es verdad. —Se apresuró a decir el pelirrojo.
—Entonces…nos vemos más tarde. —Sonrió nerviosa, despidiéndose de ambos.
Kintaro la contempló en silencio, viendo como su cabello castaño se volvía color cobre con los rayos de sol que se proyectaban en él. Era tan hermosa y delicada como una muñeca de porcelana, deseaba no tener que despedirse jamás de ella y poder estar a su lado siempre. Besar esos dulces labios y acariciar ese suave cabello. O mejor aún, tocar sus finas mejillas y apreciarla de cerca. Pero no podía, porque era un mísero plebeyo que habitaba en ese lugar y no tenía derecho a estar con ella.
—Sé lo que tramas y no lo conseguirás.
— ¿De qué hablas? Sempai.
—Sabes de lo qué estoy hablando, intentas conquistar a Hime-Sama ¿Verdad?
—No es cierto, sólo somos amigos.
—Te recuerdo que él volverá dentro de unos días, así que no deberías aprovecharte de la situación.
—Estoy al tanto de ello. —Gruñó.
—Me alegro que lo estés. —Le dio la espalda para seguir caminando. —No debes olvidar cuál es tu lugar, nuestro lugar como samurai.
—Sé perfectamente cuál es mi lugar, Sempai. No debes recordármelo. —Presionó su puño tratando de contener sus palabras, pero no podía. —Pero aunque lo conozca, no puedo negar lo que siento por ella…ni mucho menos permitir que ese sujeto juegue con sus sentimientos y la engañe.
—Te recuerdo que "ese sujeto" es el rey de Tenipuri. —Suspiró, sabía que estaba enamorado de Sakuno, pero no por eso iba a tolerar que hablara mal del chico que comenzaba a ser su mejor amigo. —Por lo que deberías controlar el odio que sientes por él y tratarlo con más respeto.
—Da igual, si él no está aquí ahora y…tú no serías capaz de decirle.
— ¿Eso crees?—Sonrió— No tienes idea de lo que soy capaz de hacer por ellos. Además tienes ideas erróneas sobre él, puede verse frío y engreído, pero en el fondo es un buen tipo que siempre va a querer lo mejor para ella. No juega con sus sentimientos, más bien no sabe cómo expresarlos.
—Seguro. —Respondió sarcástico—Hablas de él como si lo conocieras, cuando en verdad no sabes nada acerca de él, igual que Sakuno-Hime no tienen idea. Es un farsante, que está engañándonos a todos. Se los probaré a todos.
— ¿Por qué estás tan seguro de eso?
—Porque…Atobe-Sama lo dijo.
—No es un buen argumento, ya que suele equivocarse ¿Cómo piensas probarlo?
—P-Pues…
—En fin, sólo te pido que no te interpongas entre esos dos. Comienzan a llevarse bien ahora y no quiero que alguien como tú los separe. Entiendo tu preocupación por ella, pero debo dejarte claro que si ella en verdad estuviera sufriendo por su causa, yo mismo me haría cargo de él. Pero como no es el caso, no debemos intervenir ¿Lo has entendido?
Asintió, viendo como el chico de ojos violeta se alejaba de él. No podía culparlo por confiar ciegamente en él, porque en el fondo no sabía nada sobre koshimae. Al igual que la castaña. Pero pronto les demostraría a todos que estaban equivocados.
A la mañana siguiente, Sakuno despertó alrededor de las once de la mañana, hace cuatro días que el ambarino se había marchado, comenzaba a extrañar su voz. Dejó a un lado las sabanas para levantarse, el cielo raso la invitaba a salir a buscar aventuras, pero no sabía específicamente que haría aquel día. No había recibido ni una sola carta del ambarino, ni siquiera ella podía hacerlo, porque podría meterlo en problemas si lo hacía, así que esperaba que se encontrara bien. Según lo que había mencionado Momo, Ryoma estaría de regreso al quinto día, esperaba que fuera así, porque anhelaba su presencia más que nada.
Entonces recordó que sí tenía planes para ese día, ya que cierto pelirrojo la había invitado a salir. Suspiró, había aceptado su invitación después de todo, por lo que no podría retractarse en esos momentos, sin embargo temía meterse en problemas por salir sin los sirvientes. "¿A quién quiero engañar? Quiero ir" Pensó la castaña, sabiendo que extrañaba ir a ese tipo de cosas. Caminó hacia su armario para deslizar su mano por las finas telas que había en él, tratando de encontrar ropa adecuada para lucir como una plebeya.
Kintaro se encontraba entrenando en solitario, cuando Kachiro apareció a su lado, "Tienes correspondencia, no sale remitente" le anunció. Al tomar la carta entre sus manos, supo de inmediato de quien era, sólo alguien podría enviar cartas así. Luego de agradecerle por la carta, caminó hacia lo más oscuro del bosque para poder leerla sin que nadie lo descubriera, ya que infería que eran buenas noticias de Ponta.
Mientras tanto en Ponta, el chico de cabello negro y ojos ámbar se preparaba para hacer su última visita antes de regresar a Tenipuri a la mañana siguiente. Por ello, luego de recibir la bandeja de comida de la posada, se arregló para salir alrededor del medio día. Luego de encontrarse con su caballo en el establo, se subió a él y se puso en marcha.
Cuando iba cruzando los valles de Ponta, se detuvo al sentir unos pasos tras de él, lo que lo obligó a ir con más cautela, sabía que no estaba solo, se había percatado de ello hace días, pero no podía descubrir de quien se trataba, por más que intentara descubrirlo. Imaginaba que tenía relación con su padre, pero si hubiera sido él ya habría actuado antes de lo previsto, en cambio ese sujeto que lo seguía parecía no tener prisa. No sabía quién era ni cuáles eran sus intenciones, pero sea quien fuese, tenía que detenerlo cuanto antes o no lo dejaría en paz. Por ello, decidió dirigir su caballo hacia otro lugar, un callejón sin salida que conocía muy bien, y si ese chico conocía Ponta tan bien como él lo hacía, se percataría que no tendría escapatoria.
El chico de cabello marrón lo siguió sigiloso ¿Acaso se había percatado de su presencia? No, eso era imposible. Aún así, temía que fuera el caso, porque no recordaba haber recorrido ese lugar antes. Tan sólo unos minutos bastaron de distracción, para que el objetivo desapareciera en medio de la oscuridad. Tocó la pared que había frente a él para analizarla y ver si había sido capaz de desaparecer o simplemente la había saltado, pero no había nada que pudiera llamar su atención que explicara lo que había sucedido. "¿Quién eres?" Preguntó una voz súbitamente tras de él. Shiraishi intentó escapar, pero Ryoma fue tan veloz que logró hacerlo caer de su caballo, generando que éste último escapara de la escena, mientras Shiraishi era intimidado por la Katana del ambarino que se encontraba a centímetros de su rostro.
—N-No me lastime….no he venido a matarlo. —Susurró con cautela, nervioso al ver el tamaño de la katana.
— ¿Quién te ha mandado?—Interrogó con el ceño fruncido. — ¿Acaso ha sido mi padre?
—No puedo responder a esa pregunta.
—Más te vale que lo hagas, porque si no lo haces… no tendré piedad de ti. —Lo miró con frialdad.
—Sólo puedo decirle que no me ha enviado su padre, ni pertenezco a Ponta.
—Lo imaginé, si hubieras conocido Ponta te habrías percatado que era un callejón sin salida. Sólo un tonto, se dejaría atrapar con éste tipo de trucos. —Se burló. —En fin, sino es de Ponta ¿De dónde?
—Pues…de Tenipuri.
—Entiendo. —Su rostro palideció, se preguntaba quién habría sido ¿Podría haber sido la castaña? No, eso era imposible, ella no haría algo así. —Dime quién ha sido y te dejaré ir.
—No puedo decirle…
— Entonces ¿Con qué fin te han enviado? ¿Cuál era el propósito de que me siguieras?
—Esa persona planeaba destruirlo, no matarlo, sino más bien quería que encontrara un secreto oscuro que consiguiera acabar con su reputación y acabar con su Reina.
—Deja adivinar, esa persona cree que no soy el hijo legitimo de mi padre ¿verdad?
—Así es, piensa que es un farsante que le ha mentido a todos…
—En ese sentido, no tengo ninguna pista. Tengo muchos enemigos, muchas personas que puedan llegar a desconfiar de mí. Por ello, si no me dices algo concreto…—Dirigió su katana hacia su cuello, amenazándolo con matarlo.
— ¡E-Él se ha enamorado de su esposa!—Gritó nervioso. —Es por eso que ha planeado todo esto…
—Se trata de Toyama ¿Verdad?—Suspiró, podría haber sido Atobe también, pero sospechaba de él más que cualquier otro. Al verlo asentir, apartó la katana de su cuello, viendo como sudor de su frente y respiraba profundamente —Debí imaginarlo.
—Soy un cazarecompensas, me dedico a encontrar delincuentes y asesinarlos. Pero ésta es la primera vez que me contratan para hacer algo así. Si no me hubiera ofrecido tanto dinero, no lo habría hecho.
—Ya veo… ¿Y has encontrado algo en estos días?
— ¿Eh? P-Pues…
—Sobre mí ¿Has encontrado algún secreto que pueda destruirme?
—S-Sí, he oído rumores sobre eso.
—Imagino que Kintaro ya debe estar enterado de todo.
—No del todo, como eran sólo teorías, no puede ser comprobado. Sin embargo, encontré otras cosas que no le notifiqué.
— ¿Y por qué no lo has hecho?
—Porque…viví algo similar.
—Ya veo, puedes irte. —Se alejó de él.
— ¿Eh? ¿De verdad? Creí que me metería al calabozo.
—No lo haré, te perdono la vida. Ahora vete.
—Sabía que lo que él me había dicho no era verdad, usted es una buena persona, he podido comprobarlo estos días. —Sonrió. — Gracias por perdonarme la vida, me encargaré de devolverle el favor.
Ryoma lo observó en silencio, viendo como el chico de Shiraishi se perdía en las sombras del callejón. Si bien tenía sospechas del pelirrojo, jamás hubiera imaginado que llegaría tan lejos para estar con su esposa. Si era cierto lo que había dicho cierto samurái sobre los reportes que le había enviado a Kintaro sobre teorías de su vida, entonces tenía que volver Tenipuri cuanto antes para impedir que Sakuno se enterara. Si alguien tenía que hablar de su pasado con ella, era él.
Iban a ser cerca de las nueve de la noche, cuando la castaña tras haber anunciado que se iría a dormir temprano, se preparaba para salir. Había hablado con el pelirrojo durante el almuerzo, por medio de cartas secretas para acordar su encuentro, escaparían esa misma noche para disfrutar de la feria. Su corazón latía a mil de sólo pensar en ello, sabía que era contra las reglas, pero tenía que faltar a ellas por una vez. Por ello, luego de soltarse el cabello y lucir su vestido más viejo, esperó que Kintaro fuera por ella.
Treinta minutos más tarde, el pelirrojo apareció en su ventana llevando una capa "¿Estás preparada para la aventura? Sakuno-Hime" Le había preguntado en un susurro con una enorme sonrisa. "S-Sí, lo estoy" logró decir nerviosa. Fue entonces, cuando inesperadamente el pelirrojo extendió su mano hacia ella. Confusa lo observó, sin saber qué hacer, el frío viento que entraba por la ventana le hizo sentir escalofríos, esperaba no arrepentirse más tarde de la decisión que había tomado. "¿Vamos?" Le sonrió, animándola a hacerlo. Intentó mover su mano con cautela, estaba tan nerviosa que era incapaz de llegar hacia ella. Hasta que finalmente, Kintaro cortó la distancia que había entre ellos para tomar su cálida mano, provocando que la castaña sintiera un cosquilleo por el contacto que tenía con su piel.
Dejando atrás su habitación, bajaron por el balcón, como la castaña no era buena saltando, el pelirrojo la tomó entre sus brazos para brincar con ella hacia el césped. Sabía que el sonido de sus pies haría ruido, por lo que ya tenía preparado un caballo a la salida del castillo. Horio que había tomado copas de más, les abrió la puerta sin percatarse de quien se trataba realmente y los dejó partir.
Sin embargo, no todo el plan era perfecto, porque Kintaro había olvidado por completo que el chico de ojos violeta solía caminar por el bosque a esas horas. Momo caminaba como de costumbre bajo la sombra de los árboles, cuando percibió a lo lejos como un caballo se alejaba con dos personas en él. "No será que Hime-Sama…." Susurró aterrado ante esa idea, por ello sin pensarlo corrió a toda velocidad a su habitación para verificar su teoría y no estuvo equivocado, ella no estaba. Sí Ryoma se enteraba de ello o sus superiores… estarían en graves problemas. De seguro había sido Kintaro, quien se la había llevado. Tenía que ir por ellos, pero no sabía cómo. Entonces pensó en Ann, quizás ella podría ayudarlo en esos momentos.
Ann caminaba por los alrededores del castillo, esperando buscar algo en que entretenerse antes de irse a dormir. Quería descansar de sus entrenamientos y ocuparse de otro tipo de cosas, pero no sabía precisamente en qué distraerse. Suspiró, se preguntaba si Tomoka estaría haciendo algo divertido, de seguro se estaba divirtiendo en la fiesta del pueblo, teniendo en cuenta que era su día libre. Siempre había querido asistir a ese tipo de cosas, pero su hermano se lo impedía, diciéndole que no tenía tiempo para divertirse en tonterías y debía preocuparse en entrenar. Aunque admiraba su valentía y poder en el castillo, al mismo tiempo lo odiaba con todo su ser por no dejarla ser libre por una vez. No entendía que no quería ser como él, ella tenía otros sueños que él parecía no comprender.
Iba a seguir caminando por el pasillo, cuando una sombra apareció repentinamente en el mismo lugar se preguntaba quién era. No obstante, la voz de dicho sujeto dio por terminado el suspenso. "¡Ann-Chan!" Escuchó decir a Kamio que se acercaba sonriente en su camino, lo que le faltaba…no tenía deseos de verlo a él. El chico de cabello rojo apareció frente a ella, luciendo ropa casual para su sorpresa.
— ¿Irás a la feria ésta noche?—Le preguntó sorprendida Ann.
—Sí, planeaba hacerlo ya que es mi día libre.
—Ya veo, que te diviertas. —Sonrió la castaña, alejándose de él.
—Espera, Ann-Chan. —Susurró tímidamente. — ¿Q-Quieres ir conmigo?
— ¿Eh?—Preguntó desconcertada, temía que preguntara algo así. —No puedo hoy, tengo cosas qué hacer.
—Si quieres puedo hablar con tu hermano para que te deje salir hoy.
—No es por él, pero gracias por la invitación—Sonrió. —Será para otro día.
—Oh…esto es. —Le dio la espalda para tomar algo que estaba en el suyo. — ¿Te pertenece?—Preguntó volteando a entregarle un pequeño pañuelo rosa que estaba en el suelo, pero al mirar hacia su dirección ella ya no estaba. — ¿Eh? ¿Ann-Chan?
Ann observó cómo Kamio se marchaba desconcertado, no esperaba desaparecer de esa forma. Momo la había obligado a apartarse de él, tomando su muñeca y atrayéndola hacia el otro pasillo. El chico de ojos violeta la miraba nervioso, no sabía por qué había hecho eso, no estaba dentro de sus planes hacerlo de ese modo, pero apenas los vio no tuvo otra alternativa que separarlos así.
— ¿Qué sucede?
—Lo siento ¿Interrumpí algo?
—No, nada. De hecho, creo que me has salvado la vida. —Sonrió la castaña.
—Si es así ¿Podrías hacer algo por mí?
— ¿Dé qué se trata? —Preguntó confusa
—Vamos a la feria juntos.
— ¿Qué? Eso es…muy precipitado. —Sus mejillas se sonrojaron, no esperaba eso.
—Lo sé, es sólo que ha ocurrido un imprevisto y necesito que me acompañes.
— ¿Acaso le sucedió algo a Sakuno-Hime?—Preguntó asustada.
—Así es, ha huido con Kintaro.
—Ya veo, si ese es el caso…vamos juntos. —Susurró, caminando hacia la salida.
—Espera…—Tomó su brazo. —La razón por la que te he elegido a ti, no es sólo porque eres amiga de Sakuno-Hime, sino también porque eres la única persona en la que puedo confiar en estos momentos.
—Momo…
—No sé si me ves de la misma manera, pero…siento que eres una persona importante para mí.
—Tú también lo eres, Momo. —Sonrió sonrojada.
— ¿De verdad? —Al verla asentir, sonrió. —Creí que era el único que lo sentía de ese modo. —Sus mejillas se sonrojaron levemente.
—No es así, yo también lo siento…Pero lo mejor será que vayamos o los perderemos de vista. Ya tendremos tiempo para hablar de todo esto ¿no crees? —Le dedicó una sonrisa.
—Tienes razón.
La castaña de ojos carmesí miraba entusiasmada todo a su alrededor, recorrió el pueblo con Kintaro a su lado sonriéndole, explicándole en qué consistiría cada actividad. Estaba feliz por estar en ese lugar, flanqueada de bellas antorchas que iluminaban el camino, pero a la vez se sentía inquieta por la culpa de rondaba en su cabeza por haber huido del castillo nuevamente. Sí Ryoma se enteraba de eso, de seguro no se lo perdonaría. Tan sólo pensar en eso, se sentía incapaz de disfrutar lo que vivía.
"¿Sucede algo?" Le preguntó el pelirrojo, la castaña negó con la cabeza, diciéndole que no era nada, ignorando por completo que dicho chico que permanecía a su lado, era capaz de reconocer hasta las sonrisas fingidas que emitía, porque la amaba con todo su ser. Así que sin pensarlo, Kintaro enlazó su brazo con el suyo para recordarle que la protegería a toda costa y no debía preocuparse por lo demás, ya que habían ido a ese sitio a divertirse y no a languidecer. Decidido, la condujo por los lugares más hermosos de la feria, le enseñó los grandes bailes que se hacían en honor al festival, incluso le enseñó a bailar como ellos bajo la luna y las estrellas, incluso le enseñó los juegos tradicionales y disfrutar de ello. Es más, comieron todo tipo de delicias hasta no poder más. Pero la castaña parecía estar en un mundo muy distinto al que vivían, un mundo que giraba en torno a cierto chico de ojos ámbar que no se encontraba en esos momentos.
Ann y Momo los siguieron sigilosos, siguiendo cada itinerario que había organizado el pelirrojo, disfrutando de cada actividad, olvidando por completo cual era su verdadera misión aquel día.
—Te reto a ese juego. —Le había dicho Momo.
—No deberíamos distraernos, estamos aquí por otro motivo.
—Lo sé, pero un poco de diversión no nos hará mal.
—Tienes razón. Pero debes saber que soy buena en estas cosas. —Sonrió, tomando una flecha.
—Yo también. —Sonrió con malicia
Kintaro y Sakuno regresaron pasados las doce de la noche sin ningún rasguño, lo que fue un alivio para Momo y Ann, quienes también se habían divertido en la feria. Por ello, luego de que el pelirrojo acompañara a la castaña a su habitación, caminó hacia el balcón para despedirse, Sakuno estaba tan cansada que tenía la sospecha que esa noche dormiría profundamente.
— Lo he pasado de maravilla esta noche, muchas gracias por la invitación. —Sonrió la castaña, viendo como el pelirrojo dirigía su mirada hacia la luna pensativo. — ¿Sucede algo? Kintaro.
—No es nada. —Suspiró. —No tienes que decirme que lo pasaste de maravilla, cuando en verdad permaneciste ensimismada toda la noche.
— ¿Eh? ¿Por qué dices eso?
—No tienes que engañarme, lo vi con mis propios ojos. Estuviste pensando toda la noche en lo mismo ¿no?
— ¿En qué?
—En él ¿no es así?
—P-Pues…sí, no es que no me divirtiera con las actividades que preparaste para mí. Pero en cada una de ellas, pensaba en él.
—No importa lo que haga. —Gruñó. —Siempre pensarás en él ¿Verdad?
— ¿Eh? Por supuesto…es mi esposo.
—Pero no creo que él piense de la misma forma en ti.
— ¿Por qué dices eso?
— ¿Recuerdas que me mencionaste que debía decirle lo que sentía a la chica que quería? —Al verla asentir confusa, continuó —Creo que es hora de hacerlo…—Dejó a un lado la capa para mirarla fijamente. —Estoy enamorado de ti, Sakuno-Hime. Tú eres la luz de mi vida.
—Kintaro-Kun. —Su corazón latía a mil, no sabía qué decir en esos momentos. —Me halaga que sientas ese tipo de admiración por mí, pero…yo
—No me quieres, lo sé.
—No de la misma manera. Tú eres un gran amigo para mí y valoro mucho que siempre estés ahí para mí, pero no puedo corresponder tus sentimientos más allá de eso. —Susurró triste. —Lo siento, si hubiera sabido antes que era yo, no te habría insistido que me lo dijeras.
—No tienes que disculparte, sabía que no sentías nada por mí. —Bufó. —Pero tampoco deberías sentir algo por él.
— ¿Por qué dices eso?
—Porque ese tipo no te merece, Sakuno-Hime. Tú mereces mucho más que un tipo que sólo juegue con tus sentimientos y los trate como basura.
—No sé de qué hablas, Ryoma-kun no es así.
—Eso no puedes saberlo, porque tú tampoco sabes quién es él. Quizás si supieras la verdad, cambiarías de parecer.
— ¿Dé qué hablas? ¿Qué verdad?
—Quizás no soy el indicado para decirte ese tipo de cosas. Pero sólo puedo decirte que… tengas cuidado con él, porque no es quien aparenta ser —Se acercó a la baranda para darle la espalda. —Buenas noches, Sakuno-Hime. —Dijo desapareciendo frente a sus ojos.
Kintaro se perdió bajo el manto de la noche, dejando a la casa confundida ¿A qué se refería con esas cosas? ¿Acaso tenía relación con el pasado de Ryoma? No, parecía haber algo más que le intrigaba. Y tenía que averiguarlo.
En Ponta se encontraba un chico de cabello negro ordenando sus cosas, ya se había despedido de Rinko y Dan, ahora sólo debía descansar bien para salir a la mañana siguiente con destino a Tenipuri. No podía esperar más, tenía que ver a Sakuno.
Continuará…
