Aquella reunión había estado condenada al fracaso desde el principio.
La noticia de la desaparición de la princesa, siguiendo la tradición iniciada por su madre –y, bien pensado, seguida después por toda princesa digna de tal nombre-, había caído como un bombazo entre los miembros de la corte. Pronto se habían agrupado en la sala del trono para discutir posibles planes. Debido al encefalograma plano de la mayoría sus integrantes, el término "plan" empezaba a ser, más que generoso, extremadamente inexacto.
En un rincón Hermione se retorcía las manos, angustiada. A su lado, la Princesa Margarita, recuperada la dignidad y las ropas después de que el incendio fuese controlado –por lo que algunos encantados caballeros comentaban, no sólo había cantado en ruso y bailado, sino que se había despojado de sus vestiduras en el proceso; algunos testigos ponderaban si valdría la pena repetir todo la situación-, se había sentado junto a ella y trataba de hacerle beber una infusión para los nervios que despedía un sospechoso olor a alcohol. La doncella estaba tan alterada que ni se había percatado de ello.
El Rey Albus estaba deshecho en el trono: era incapaz de reaccionar a la terrible nueva. A su lado, su rival de toda la vida permanecía de pie con gesto sombrío. Contemplaba a aquella banda de cretinos vociferar distintas maneras de rescatar a la pobre Harriet con tal entusiasmo y poco seso que, si la joven les hubiese oído, les habría ahorrado la molestia arrojándose ella misma a las fauces de la bestia. El propio brujo se empezaba a plantear si realmente sería tan mala idea: pensar que su nieta podía acabar casándose con uno de aquellos idiotas si por pura casualidad vencían al monstruo… Su descendencia podía degenerar en una serie de estúpidos mocosos obsesionados con las armas, completamente ignorantes de los caminos de la magia… Thomas se estremeció.
La princesa Margarita, que en aquel momento se dirigía hacia el fondo de la sala, se giró hacia él y le dedicó una sonrisa maliciosa.
-Ça va, mon chou? –preguntó la mujer en tono exageradamente dulce-. Il parait que, parfois, on reçoit ce qu'on mérite, n'este-ce pas?1
El monarca gruñó, sintiendo la proximidad de una migraña de inmensas proporciones.
-Taisez-vous, s'il vous plait –repuso con incisiva cortesía-. Et donnez-moi un peu de cette liqueur que vous servez si libéralement à la poucelle...2
Margarita rió entre dientes mientras se acercaba a él. De entre sus enaguas extrajo una botella de vodka. El Rey ni se molestó en esperar la llegada de una copa, si no que bebió directamente del gollete.
-Quel cochon! –comentó ella con admirada ternura. Su expresión había abandonado la estudiada malicia de momentos antes-. Ma foi, quelle manque de maniéres!3 –parecía encantada, como una niña con un juguete nuevo.
Thomas se limpió la boca con la manga de su túnica de terciopelo y parpadeó dos veces.
-Dites, c'est pas comme si je ne n'avais pas besoin…4
-Mais tout ça est de vôtre faute, quel droit vous avez à vous plaindre ?5 –repuso ella con tono lento y preciso.
El Rey Albus, que hasta entonces había parecido estar hundido a un tiempo en su trono y en la más profunda de las miserias, levantó repentinamente la cabeza.
-¿Cómo? ¿Qué quiere decir con eso, Princesa?
La aludida miró con fijeza al anciano.
-Mais, vous ne le savez pas? Le dragon qui assole le pais... C'est une malédiction, et c'est ce sorcier de Roi que vous avez à votre droite qui l'a conjuré...6
-¿¡Qué!? –Albus se incorporó de un salto-. ¡Tú! ¡Por tu culpa mi nieta está en peligro y yo te he recibido como a un huésped, como a un amigo…!
-Albus… -protestó quejumbrosamente el otro monarca.
-¿Qué haces aquí, alimaña traidora? ¿Disfrutas? ¿Te regodeas en mi desgracia? ¡Mi pobre Harriet va a ser devorada, y tú eres el responsable!
-¡Albus, yo no quería…!
-¿Por qué? ¿¡Por qué lanzaste esa maldición, maldita sea!? ¡¡Fuera de aquí, no tienes ningún derecho a permanecer en esta sala!!
-¡Tengo el mismo derecho que tú! –repuso el otro Rey, repentinamente furioso-. ¡¡Albus, maldita sea, Harriet también es mi nieta!!
Un silencio pesado se adueñó bruscamente de la sala. Avergonzada, una mosca se posó en el techo para evitar el estruendoso sonido de sus alitas.
-Vraiment? –exclamó Margarita encantada-. Vous ne faites pas votre age!7
1 ¿Todo bien, cielito? Parece que en ocasiones recibimos lo que merecemos, ¿no es cierto?
2 Por favor, callad… Y dadme un poco de esa bebida que escanciáis tan liberalmente a la doncella…
3 ¡Qué cerdo…! Cielo santo… ¡Qué falta de maneras!
4 No es como si no me hiciera falta, ¿sabe…?
5 Pero si todo es culpa vuestra, ¿con qué derecho os quejáis…?
6 Ah, ¿no lo sabéis? El dragón que asola el país es una maldición, y es este hechicero de mago que tenéis aquí a vuestra derecha quien la ha lanzado…
7 ¿De verdad? ¡No aparentáis vuestra edad!
Un poquito más de Margarita fastidiando… Y unas revelaciones que ya tocaban. Y es que nunca tienes que fastidiar a otro brujo. Las mujeres somos malas. ¡Yuhu! Ania: gracias por los ánimos. Kitty-chan: sí, ya viene lo bueno xD Layn: efectivamente, Harriet es Harry. La culpa es de Albus Dumbledore, que está algo más loco aquí que en las novelas originales. Todos mis niños están de psiquiátrico. Dad gracias a que no son míos –sólo prestados-, sino las novelas de Harry Potter podrían ser bastante más desquiciadas y los lectores saldrían un tanto extraños…
Lamento el retraso en subir más. Me reclamaron más de mis historias originales, que andaban un poquito colgadas. Intentaré equilibrar la producción para que nadie se quede con ganas. Muy prontito veréis a Popota soltándose el pelo… o algo xD
¡Besos y gracias por los comentarios! Me animan el día :D
