Holaaa ^^ bueno aquí por fin el capitulo 10, ¡10 capítulos ya! cuando empecé este fic nunca pensé que iba a tener tantos capítulos, y aun queda xD

Este capitulo es muy corto en comparación con los otros por que en realidad está en dos partes o al menos eso es lo que pretendía, vamos que el siguiente capitulo iba a estar en este también pero al final he decidido separarlo porque sino iba a tardar años en actualizar además me gusta donde lo he dejado, algo de intriga no viene mal
¿no?

No estoy acostumbrada a agradecer aquí nunca y eso esta mal porque de verdad que os agradezco vuestro favs, follows y en especial reviews, los reviews me hacen más ilusión que a Tamaki una comida de plebeyos o a Honey un pastel xD así que agradecimientos a: 0-Luna Love-0, Denisse Marukura, lirio azul, resplandorrosa626, KaruGrey y Shc00; por seguir ahí y animarme siempre :3

Ahora aprovecho y me hago autopublicidad, he escrito un fic de teatro y parodia de Ouran ^^ se llama

Haruhicienta: cuando el teatro y el Host Club se unen. La verdad es que nunca había escrito un fic de teatro, ni leído ninguno y fue dificil hacerlo pero me divertí mucho escribiéndolo y pensando en las locuras de nuestro club favorito, si hay algo que me encanta de Ouran son lo extravagantes que son nuestros ricos bastardos y lo locos que están así que me encantó escribirlo, tanto que tengo pensado escribir más fics de teatro, y también al escribirlo me encantó poner a Chika-chan y a Satoshi-kun y he decidido escribir más de ellos que son personajes increíbles pero muy poco utilizados en el fandom, por ahora ya he escrito un one shot de Mori y Chika-chan que voy a publicar en cuanto actualice Mi Otaku.

Bueno fin de mi publicidad xDD no os entretengo más, los disclaimers y ya os dejo tranquilas :D

P.D: pues os he mentido, os molesto otra vez para deciros que he descubierto el nombre del padre de Renge en Internet, no parece relevante, pero yo ya estoy harta de hablar de ese pobre hombre sin nombrarlo propiamente xD

Disclaimer: Ouran High School Host Club y sus personajes pertenecen a la increíble Bisco-sensei y Naruto a Masashi Kishimoto.


Capitulo 10: Celos

Era lunes, y el siempre perfecto Kyouya Ootori caminaba por los pasillos de elegante Ouran High School con unos papeles en la mano, no era raro que siendo el delegado de su clase y el mejor alumno de segundo fuera él el elegido para llevar papeles a otro profesor o cualquier tipo de tarea parecida, desde luego al moreno poco le apetecía ser el chico de los recados, pero por supuesto ni su cara ni su falsa sonrisa decían eso cada vez que le decía con gusto que estaría encantado de realizar el encargo a aquel que se lo hubiera pedido.

Porque si, así era Kyouya Ootori, un chico con dos caras, cuya verdadera forma de ser pocos tenían el gusto o desgracia, según se mire, de conocer. Y precisamente allí donde se dirigían sus pasos, se encontraba una de esas afortunadas-desgraciadas personas. Sí, Kyouya Ootori se dirigía a 1ºA la clase de los gemelos, Haruhi y por supuesto Renge. No pudo evitar recordar de repente el concierto de Vocaloid, nunca pensó que Renge pudiera aumentar los decibelios de su voz aun más de lo que hacía cuando se emocionaba en el Host Club, pero si, en el concierto fue partícipe de ello, la garganta de Renge era simplemente prodigiosa y envidiable. Tras pensar eso, mientras recorría los extensos y elegantes pasillos del instituto no pudo evitar pensar que el día anterior domingo no había chateado, lo cual era raro pues ya era una costumbre para ambos.

De repente sus pensamientos fueron interrumpidos por la campana que indicaba el final de las clases y el inicio del deseado intercambio para los alumnos, aunque no se sorprendía, miró el reloj al salir del aula y ya sabía que sonaría de un momento a otro, si se apresuraba podría entregar los papeles al profesor que en breves minutos entraría en 1ºA antes de que empezara la clase y así no llegaría tarde a su próxima hora, aunque pensándolo bien, tenía matemáticas y pocas o ningunas ganas de ver al maestro mayor que le daba esa asignatura, no definitivamente podía entretenerse. Aunque luego volvió a pensar, si iba demasiado lento el maestro al que debía entregarle los papeles entraría en clase y el tendría que llamar y entrar en la clase de 1º para darle los papeles, y eso si que no le apetecía, pues los gemelos eran capaces de gritarle algo como "hey Kyouya-senpai" en mitad de la clase y eso desde luego no le agradaba, así que finalmente decidió que sería mejor acelerar el paso y entregarle los dichosos papeles antes de que el profesor ingresara en la clase.

Así, el vicepresidente del club más famoso y aclamado del Ouran siguió su camino ahora con un poco más de ímpetu hasta adentrarse en el pasillo donde se encontraban las clases de primero, y al ir acercándose a su destino percibió a lo lejos la silueta de dos personas que se encontraban justamente en la puerta de la clase a la que él debía ir, extrañamente solo esas dos personas estaban en el pasillo, algo sumamente extraño pues todos los alumnos usaban el intercambio para salir e ir al baño, visitar a amigos de otras clases, estirar las piernas o simplemente hacer el imbécil por los pasillos. En fin, tampoco le iba a dar muchas vueltas, no era algo que le importara ni le aportara algo así que; no perdería su tiempo pensándolo. Lo que no sabía era que esas dos personas si le iban a importar y bastante.

Al llegar pudo ver que esas dos personas se trataban ni más ni menos que Renge y un chico, la verdad es que él y Renge no hablaban mucho en el instituto, no al menos intencionalmente, lo cierto era que siempre que se encontraban entablaban una conversación, o si se encontraban en la escaleras las bajaban juntos conversando, o a veces Renge se unía a Tamaki y él en el comedor para almorzar, o hablaban en el Club… si lo pensaba sí que hablaban con bastante frecuencia en el instituto pero nunca era intencionado, aunque eso que importaba ahora, se estaba acercando a la chica y la saludaría y esperaría a que llegara el profesor fuera de clase, de ningún modo entraría para que los gemelos lo agobiaran con sus gritos y niñerías.

Pero al avanzar más a ambos individuos, pudo notar algo de lo cual no se había percatado, el chico sostenía en sus manos una carta, una carta que se suponía sería de amor, era de suponer por el sonrojo en la cara de ambos, y el temblor de las manos del chico. Kyouya no pudo evitar pensar que eso era cuanto menos, raro. Las chicas siempre estaban declarándose a chicos con cartas de amor, algunas anónimas, otras dejadas en el casillero por las más tímidas que no eran capaces de darlas en mano u otras así mismo, en el pasillo. Él mismo había recibido muchas, muchísimas cartas de amor así, claro que aunque las aceptara con una sonrisa siempre las rechazaba gentilmente para luego tirar las cartas sin tan siquiera leerlas. Pero definitivamente eso era algo que hacían las chicas, no los hombres, nunca había visto a ningún hombre declararse así, o los tiempos estaban cambiando y él no se había percatado aun o ese chico era muy raro y extremadamente tímido. Se paró a mirar al chico, y lo identificó en su infinita lista mental de nombres y relevancias: el hijo del propietario de una cadena de televisión.

Cuando le faltaban pocos metros para alcanzar a la pareja que se encontraba en mitad de una declaración – Kyouya había disminuido considerablemente la velocidad de sus pasos al ver la escenita que se desarrollaba ante sus ojos – se percató de algo más, Renge estaba colorada y nerviosa jugaba con sus manos sin saber muy bien donde ponerlas y sin poder dejar de moverlas, pero lo que más llamó la atención del Host fue eso, el incipiente rubor de sus mejillas y una oleada de odio le invadió de repente.

¿Renge estaba colorada por ese imbécil? ¿Le hacía ilusión que ese idiota se le declarara y encima de una forma tan poco varonil y patética?

La mente de Kyouya pensaba y maldecía sin que el chico tuviera control sobre esos pensamientos que lo asaltaban.

Claro, seguro que había estado hablando con ese idiota el fin de semana y por eso no había tenido tiempo de hablarle a él. Si tanto quería a ese idiota porque no iba a conciertos y hacía frikadas con él, en vez de hacerle perder el tiempo a él que era un chico ocupado.

Los pensamientos de ese tipo se arremolinaban uno tras otro en la mente de Kyouya sin que él pudiera pararlos, aunque tampoco tenía ganas de ello. Recapacitó por un momento nunca había hablado con ese tipo, solo sabía de quien era hijo y nada más, así que no sabía nada de él, ni podía juzgarlo pues no lo conocía pero algo en su interior le decía que era un imbécil, un total y completo idiota, que no tenía lo necesario para declararse como todo un hombre.

Con una gran rabia y rencor que no tenía idea de donde salían o por qué sentía, Kyouya redujo la distancia que le quedaba hasta llegar a los dos protagonistas de la patética confesión y no dudó antes de hablar.

— Siento interrumpir, tengo que esperar al profesor que dará clases ahora — en el fondo no se arrepentía lo más mínimo, no, al contrario deseaba interrumpir la patética confesión y mandar a ese imbécil a la mierda.

Renge se giró más rápido de lo que cualquiera persona pudiera hacer al escuchar la voz tras ella pues se había girado un poco más para observar al chico que se le declaraba dándole la espalda a su senpai sin notarlo, pero al escuchar su voz una parte de ella se tensó.

Durante todo el fin de semana había estado ocupada practicando sin parar la salsa ultrasecreta y no habló apenas con el chico, y el domingo cuando le había logrado no le habló pues sabía que no conseguiría reprimirse y le informaría de que la había logrado y ella quería decírselo en persona, pero al verle escuchar su voz no pudo evitar recordar lo que había estado pensando la noche anterior, todos esos pensamientos que había tratado de alejar de su mente, esos pensamientos que la habían deprimido y hecho dudar, esos pensamientos que la habían hecho sufrir, esos pensamientos que ahora y al ver la cara del chico habían dejado de ser importantes, pues al girarse y observar el rostro del causante de tantos pensamientos no pudo sino sentir un escalofrío recorrer su columna. Hacía mucho, mucho tiempo que no veía esa mirada tan fría tras esas impecables gafas, es más podía decir que esa mirada solo se la había dedicado a ella cuando quiso hacer la película del Host Club el rompió la cámara ante sus ojos, sí, hacía mucho tiempo que no sentía a Kyouya ya frio y distante como lo notaba en ese momento.

Después otro pensamiento cruzó la mente de la chica, no quería que Kyouya malinterpretara las cosas, es cierto que estaba colorada, pero era porque era la primera vez que un chico se le confesaba, todos los chicos al saber que era una otaku y fujoshi huían de ella, sin embargo ese chico estaba en su clase por lo que sabía cómo era y aun así se le había declarado y aunque muchos pensaran que el hecho de que un chico se declarara con una carta de amor era patético o poco varonil lo encontraba muy tierno. Así que si, era cierto que estaba colorada, pero solo por la emoción, le había emocionado y hecho mucha ilusión que ese chico se le confesara aunque ella no sentía nada por el e iba a rechazarlo con tacto y delicadeza. Pero sin saber muy bien por qué le asustó el hecho de que Kyouya pudiera interpretar su sonrojo como interés, no, si había alguien que la chica no quisiera que interpretara eso de forma errónea no era otro que su senpai. Pero antes de que la chica abriera la boca para decirle a Kyouya algo, este ya se había dado la vuelta, dándole la espalda a la chica y apoyándose en el marco de la puerta, con una actitud demasiado fría incluso para Kyouya Ootori.

—Ky- Kyouya… — llamó la chica con un hilo de voz, más el susodicho ni se giró a mirarla —… no interrumpes nada, yo…

— Yo creo que sí, pero no es de mi incumbencia, no me interesa — respondió el aludido de forma seca y cortante, tanto que incluso se podría decir arrogante y maleducada, sin tan si quiera girarse a ver a su interlocutora

Renge se quedó estática, si no fuera porque ella misma era testigo de que quien se hallaba enfrente de ella era Kyouya Ootori no lo hubiera creído, estaba completamente frío y distante. No era algo demasiado nuevo para alguien como Kyouya pero hacía mucho que Renge solo tenía buenos recuerdos con el chico, y el momento que acababa de vivir se derramó como una gran mancha encima de todos esos recuerdos empapándolos y eclipsándolos.

— ¿Te ocurre algo… Kyouya? — preguntó casi con miedo la chica mientras que el chico de la confesión se quedó mirando la escena pensando que ahora el que parecía sobrar era él.

—No.

Antes de que Renge pudiera responder el profesor al que esperaba el host de las gafas apareció al lado de ellos, con tanta impresión por el comportamiento del joven Ootori nadie se había percatado de que el hombre se acercaba, al llegar como era de esperar Kyouya cambió su expresión y su voz y quizás alguien que no lo conociera se hubiera tragado su fachada de cordialidad y amabilidad pero Renge no, es más podría decir a metros de distancia y con solo oír la voz, que su senpai estaba molesto. La pobre chica realmente no entendía nada, alcanzaba a comprender que Kyouya le había hablado de una forma muy fría y que estaba visiblemente molesto y enfadado, pero no alcanzaba a entender el porqué de su comportamiento y estado, por un momento una absurda posibilidad asaltó su cabeza ¿estaría celoso pensando que le gustaba ese chico que se le estaba confesando? Renge abrió sus ojos ante su propio pensamiento, desde luego su mente estaba una vez más ilusionándose y pretendiendo hacer de su vida un manga shojo, Kyouya no tenía interés ninguno en ella y esa opción era cuanto menos descabellada. Pero es que realmente si no era eso, no podía entender el comportamiento de su senpai que ahora hablaba cordialmente y educadamente con el profesor explicándole el porqué de los papeles de los que le había hecho entrega.

— Muchas gracias por traerme los papeles, Ootori — dijo el profesor mientras que el chico solo le respondía un "no es nada" y le dedicaba una pequeña reverencia — bien, puedes volver a tu aula seguro que tu clase ya ha empezado y vosotros dos —dijo mientras enfocaba su vista hacía sus dos alumnos — acabad lo que estéis haciendo y entrad en el aula.

Tras eso, el profesor entro en el aula y cerró a puerta tras sí, mientras que Renge volvía a dirigir sus ojos al chico con gafas, que simplemente empezó a andar para volver a su pasillo y a su clase y proseguir con su horario. Fue a hablarle sin siquiera saber muy bien que quería decirle, que no pensara cosas que no eran, que ella no quería nada con ese chico, que por favor no le hablara así nunca más… algo, pero nada pudo salir de su garganta antes de que un carraspeo a su espalda la hiciera girarse, era cierto, ni siquiera había terminado de escuchar al pobre chico que se le estaba confesando y se sintió un poco mal por él. Así que se giró instando con su mirada al chico a que volviera a hablar.

—Esto…verás, me gustas mucho Renge, pero soy muy tímido y no sé muy bien cómo expresarme así que te he escrito una carta, me complacería que la leyeras y…

— Muchas gracias por tus sentimientos — le interrumpió la chica antes de que pudiera terminar dedicándole una pequeña reverencia que la ayudó a esconder por un momento su rostro tras su castaño pelo mientras se intentaba calmar emocionalmente pues sus lágrimas amenazaban por salir, le había dolido mucho la forma en la que Kyouya se había dirigido hacía ella y sentía un miedo irracional al hecho de que éste pensara que ella tenía interés en ese chico — pero, no puedo corresponderte, de verdad que lo siento.

El chico solo asintió con decepción y volvió a entrar en su aula metiendo la carta en su bolsillo mientras la arrugaba. Pero Renge ni siquiera vio eso, la chica solo estaba mirando fijamente el suelo y no pudo retener una lágrima que cayó furtiva por su mejilla. No por ese chico, le daba pena rechazarlo pero no al extremo de llorar, pero el corazón le dolía al recordar la forma en la que Kyouya le había hablado y mirado.

Kyouya todavía estaba lo suficientemente cerca como para escuchar y se sintió extrañamente aliviado y tranquilo cuando Renge rechazó a ese chico aunque no pudo evitar escuchar que la voz de la chica se tornó triste, pero desde luego lo acababa de rechazar así que no sería porque quisiera a ese imbécil. En ese momento la culpa azotó el corazón de Kyouya, la verdad es que le había hablado muy mal a Renge y ni siquiera intentó evitarlo y remediarlo, no, necesitaba hablarle así, fue algo que no pudo controlar. No podía o no quería entender la rabia que sintió cuando vio a Renge sonrojada ante la confesión de ese idiota, realmente sabia su nombre pero que mas daba, lo acababa de bautizar y para siempre sería "el idiota". Una parte de él, una parte irracional, la misma que le advertía que sus encuentros con Renge eran citas le gritaba que era lo que había sentido, y esa sensación solo tenía cinco letras, pero la parte racional de su cabeza que siempre calmaba a la otra parte diciendo que sus encuentros con Renge eran encuentros normales entre amigos, le decía que simplemente le había molestado el pensar que Renge iba a salir con un idiota indigno de ella, o que iba a pasar más tiempo con ese idiota que con él. Este último pensamiento molestó a Kyouya, ¿por qué dejar de pasar tiempo con Renge debía molestarle? Es más… ¿por qué le importaba la vida amorosa de esa friki? ¿por qué la parte racional parecía traicionarlo e insinuar lo mismo que la parte irracional? Era cierto que era su amiga pero eso no le daba derecho a meterse en su vida amorosa y decidir con quién ha de salir y con quien no ha de salir, aunque preferiblemente elegía que se quedara soltera.

Se sintió mal, mal al escuchar lo triste que había sonado la voz de Renge pero bueno, tampoco le había hablado tan mal como para que la chica se pusiese así… ¿o sí? De cualquier modo no podía evitar sentirse culpable y más culpable a cada paso que daba avanzando en el silencioso pasillo, incluso una especie de sexto sentido le hizo pensar que Renge estaba llorando. Cerró los ojos e intentó disipar todos esos pensamientos, no, su orgullo no le permitía girarse y pedirle perdón por haber sido tan estúpido como para hablarle mal. No, su estúpido orgullo no le dejaba reconocer a la parte irracional de su cabeza que estaba en lo cierto, que eso que había sentido no era sino un sentimiento con cinco letras. Celos, celos y nada más que celos era lo que había sentido al ver a ese idiota confesándose a su… a su amiga Renge.

Pero no, su estúpido orgullo le impidió girarse y pedirle disculpas a Renge, a una chica la cual no había hecho nada más que recibir una confesión amorosa y que él había interpretado erróneamente. Pero no, su estúpido orgullo estaba ahí, y aunque ahora se estuviera arrepintiendo de ese estúpido orgullo no podía hacer nada para remediarlo. Él era Kyouya Ootori y dentro de la definición de su ser, de Kyouya Ootori, estaba ese orgullo por el cual ahora había hecho sufrir a alguien a quien quería.

Sintiéndose cada vez más culpable aceleró el paso deseando llegar a su clase, de repente mantener su cabeza ocupada en las explicaciones matemáticas parecía una idea muy atrayente.

Por otro lado la chica solo terminó de secar las escasas lágrimas que habían escapado a su esfuerzo por retenerlas y volvió a clase, más apagada que nunca haciendo que todos los que la conocían se preguntaran que le había pasado, como ciertos gemelos y una morena que no tardaron en preguntar. Aunque a la quinta vez que el par de pelirrojos no obtuvo respuesta dejó de insistir, pues ya les aburría ese tema, claro que Haruhi no se quedó tranquila, esa chica tenía la virtud de ver más allá en el rostro de las personas y sabía que su compañera no estaba bien claro que nada podía hacer.

Cuando el chico moreno regresó a su aula y se excusó por la tardanza, nadie notó en su perfecto y falso rostro de tranquilidad que estaba molesto e intranquilo, nadie excepto un rubio escandaloso que no tardó en interesarse.

—No tengas esa cara, es normal que te envíen a los recados eres el delegado… dijo para tantear el terreno y comprobar sus sospechas de que no se trataba de eso.

— No es eso — respondió fríamente el chico.

—Esto… Kyouya ¿Qué te ocurre? — preguntó tras esperar a que su amigo se sentara en el pupitre de este, que estaba detrás del tuyo.

—Nada, déjame en paz — respondió simplemente Kyouya mientras abría el libro de matemáticas con mal humor.

Por el cortante tono de su amigo, Tamaki supo inmediatamente que algo no andaba bien, pero por ese tono sabía también que no era el momento de seguir indagando o quizás no lo fuera nunca porque Kyouya seguía siendo muy reservado. Se giró para seguir atendiendo mientras pensaba que podía haberle pasado. Entonces recordó a donde había ido a llevar los papeles Kyouya, primero pensó que los gemelos lo habrían puesto de los nervios, pero luego lo descartó, aunque fueran escandalosos ni siquiera ellos se atrevían a molestar en demasía al Rey de las sombras, entonces como un rayo de luz la respuesta llegó a su mente en forma de nombre: Renge.

Si estaba en lo cierto, definitivamente no preguntaría, si de Renge se trataba la cosa le daba aun más miedo preguntar, porque la verdad no sabía cómo aconsejar a su amigo en el ámbito amoroso y de mujeres, el realmente nunca había estado verdaderamente enamorado. Luego pensó en cuanto se enfadaría Kyouya si supiera que él pensaba que tenía esos sentimientos hacia Renge y tragó saliva asustado, dejando de pensar en ese tema inmediatamente, a veces juraría que Kyouya podía leer la mente, y si así era estaba perdido así que focalizó en su mente no en los ejercicios y formulas matemáticas que estaban siendo explicadas en la pizarra sino en qué bonito cosplay podría realzar la belleza de su hija.

Mientras en el asiento de atrás el chico con gafas suspiró cansado, pensando que hoy tenía menos ganas que nunca de ir al club, no quería encontrarse con Renge y tener que pedirle perdón, lo haría porque habría obrado mal pero ni su orgullo ni la culpa le ponían fácil el camino a la disculpa.

Mas unas horas después pudo ver como no tendría que enfrentarse a ellos, pues Renge no apareció por el club, ni ese, ni los siguientes dos días, al igual que no le habló, ni por mensaje ni por chat, ni siquiera para comentar el nuevo capítulo de Naruto, definitivamente Renge había de estar o muy enfadada o muy triste.


Continuará...

¿Alguien quiere pegarle a Kyo-chan por orgulloso y mal pensado? Jajaja hombre un tortacito si que se merece xD

¡pobre chico que se declaraba! No se, no es relevante, pero me ha dado penita, parecía tan tierno... en fin no volverá a aparecer el pobre, ni siquiera tiene nombre... ¡Ah si! "El idiota" por cortesía del Rey de las sombras.

Nos vemos :3