Title: ¡Nee, nee, México-kun!

Autor: D3aTh Th3 GirL

Serie: Axis Powers Hetalia

Summary: Serie de One shots/Drabbles sin secuencia sobre México-kun, sus costumbres, historia, puntos de vista, y relaciones con otros países. Algunos contienen yaoi.

Chapter: Hermandad rota II

Iniciado: 14 de Febrero de 2010

Finalizado: 22 de Febrero de 2010

Status: En progreso (10/ ¿?)

Warnings: Yaoi/Shonen-ai, EU x México x Texas, light EU x UK. Violencia. Angst.

Introducción de:

Arizona: Isabel González/Isabella Harrison

California: Emilia González/Emily White

Nevada: Sofía González/Sophia Jackson

Utah: Jaime González/James Harris

Nuevo México: David González

Nuevo León: Fernando González

North Ireland: Michael Kirkland

South Ireland: John Kirkland

Disclaimmer: Hetalia no me pertenece, de lo contrario, México aparecería =P

»•·.·´¯`·.·•¡NEE, NEE, MÉXICO-KUN! •·.·´¯`·.·•«

An Axis Powers Hetalia FanFic

Hermandad rota II

"… Aún no ganas, Texas"

─ ¿Ale nii-san? ¿Estás bien?

─ ¿Eh? ¡Ah, perdona Feliciano!─ se disculpó Alejandro al darse cuenta de que el italiano lo había estado llamando─ ¿Qué me decías?

─Veee~ Ale ¿pasa algo?─ preguntó el chico adicto a la pasta─. Te ves triste…

─Ah, estoy bien─ le restó importancia Alejandro, sacando la lengua─. Oye ¿qué pasa con esas lecciones de cocina? ¡Hagamos pasta para Antonio y Lovino!

─¡Pasta!

Italia Veneciano y México estaban muy entretenidos preparando una comida para Lovino y España, que ya vendría después para probar un poco de la comida de los chicos.

Claro que ellos no esperaban verlos regresar con el ceño fruncido.

─ ¿Y 'ora?─ preguntó Alejandro cuando vio llegar a Lovino gritando incoherencias y a Antonio tratando de calmarlo.

─Ale ¿qué tan bien te llevas aún con nuestro Guillermo?─ le preguntó España, mientras Feliciano se encargaba de calmar a su gemelo.

─Pues… ¿para qué me preguntas eso?─ la pregunta lo había pillado con la guardia baja─. Aún lo he frecuentado algunas veces, pero siempre acabamos discutiendo. ¡Pero si ya sabes que yo no lo reconozco como nación, no sé por qué me preguntas!

─Es que… escuchamos rumores sobre Alfred y William─ empezó España.

─Guillermo─ lo corrigió Alejandro.

─ ¡Como sea!─ espetó Lovino─. ¡Lo que importa es que al parecer el ya es parte de los hermanos de ese idiota rubio!

─ ¿QUÉ?

***

En su casa, Alfred estaba revisando que su unión con William estuviera correcta en los papeles, según sus jefes, no se les debía pasar ni un detalle, no fuera ser que los jefes de México encontraran algún hueco legal. Sólo esperaba que Alejandro no…

¡NO ME DIGAN QUE PUEDO O NO PUEDO HACER, PENDEJOS!

… se lo tomara tan mal.

─ ¡Alfred! ¡Sal de una maldita vez!

Alfred salió de su oficina a regañadientes, no quería discutir con Alejandro, no era que tuviera algo contra él, simplemente cumplía las órdenes de sus superiores, el trabajo que un héroe debía hacer.

En cuanto abrió la puerta, un furioso Alejandro se abalanzó contra él, tratando de golpearlo sin descanso. Afortunadamente para el estadounidense, Alejandro tropezó con sus propios pies antes de llegar a él.

─ ¡Wow! ¿Estás bien?─ preguntó tendiéndole una mano para que la tomara, pero México la rechazó con un manotazo.

─ ¡No te atrevas a tocarme!─ lo amenazó, poniéndose de pie─. ¿Cómo pudiste hacerme esto? ¡Creí que éramos amigos!

─Aún podemos serlo─ le aseguró Alfred, y Alejandro negó con la cabeza─. ¿Ya no quieres que seamos amigos?

─ ¿Después de lo que me hiciste?

─¡Awww! ¡Pero si aún quiero ser tu amigo! Además, todo esto fue decisión de William…

─No lo llames así, se llama Guillermo.

─No. Me llamo William.

Al escuchar la voz, Alfred y Alejandro miraron hacia la puerta, donde Texas estaba de pie, mirándolos con su rostro apacible.

─Memo, no…─ trató de comenzar a hablar Alejandro, pero fue interrumpido por William.

─Alejandro, creo que ya hemos hablado sobre eso muchas veces, pero eres demasiado necio─ le soltó William, mirándolo con frialdad─. Entiende de una buena vez que ya no soy tu hermano, ya no quiero estar contigo. Ya elegí a dónde pertenezco.

─Los dejo solos un momento… si quieres hablar conmigo estaré afuera, Alejandro─ le dijo Alfred mordiéndose los labios mientras salía, y sin atreverse a mirar a la cara a México. Ya era lo suficientemente angustiante escuchar el llanto de Alejandro tras las palabras del que alguna vez fue su hermano.

Cuando Alfred se marchó de la habitación, Texas cerró la puerta detrás de él, y miró a su ex hermano, llorando a pesar de sus esfuerzos y promesas por no hacerlo, logrando, sin proponérselo, ablandar el corazón de Texas.

─Por favor, Memo…

─Ya no me lo pongas más difícil, Ale…─ le pidió William, abrazándolo y besándolo antes de que el otro pudiera hacer algo al respecto─. Te daré un consejo: ocúpate de ti mismo, y deja de intentar que vuelva contigo, porque no lo haré.

─ ¿Cuándo dejaste de quererme?─ preguntó México, frunciendo el ceño, y mirándolo, tratando de secarse las lágrimas. William lo soltó y lanzó una carcajada.

─ ¡Vamos! ¿En serio creíste lo que te dije la última vez?─ se burló con un tono de voz no muy convincente, como si no estuviera seguro de sus palabras─. ¿Aún crees en lo que te dije después de mi independencia? ¿Sobre esas cursilerías de que aún te amaba?

─ ¡Cállate! ¿Entonces por qué acabas de besarme, imbécil?─ vociferó Alejandro, herido en su orgullo.

─Porque te tuve lástima.

Con tan sólo escuchar eso, Alejandro salió de la oficina hecho una furia, lanzando mil improperios contra William, e ignorando los intentos de Alfred por detenerlo para hablar con él.

Shit, lo hiciste enojar en serio…─ murmuró Alfred mirando por la ventana como Alejandro se alejaba corriendo─. ¿No fuiste muy duro con él? Escuche lo que le dijiste, y no había necesidad de tratarlo así.

─Tenía que hacerlo─ suspiró William dejándose caer en un sillón, y cubriendo su rostro con las manos─. Alejandro y yo no podemos tener más lazos que nos unan, sólo lo lastimarían más.

─Con lazos o no, igualmente va a salir lastimado─ sentenció Alfred, muy preocupado, recordando una reciente charla con sus jefes─. Dime ¿qué tan apegados están Nuevo México y Alta California a Ale?

─ ¿Por qué me preguntas eso?─ murmuró William, mirándolo con desconfianza. Alfred le sonrió y lo atrajo hacia su pecho, abrazándolo para tranquilizarlo un poco.

─No tengas miedo, ahora eres mi hermanito…

***

─ ¡Ese cabrón!─ gritó Alejandro cuando supo lo que estaba pasando por boca de su querido Nuevo México, David González, un rumor que ya había escuchado antes de boca de su hermana, Emilia González, la Alta California.

─ ¡Híjole hermano, yo no sé qué está pasando por la mente del güero y Memo!─ exclamó David, atribulado─. ¿Por qué quieren quedarse con nosotros?

─Porque son unos monstruos que siempre quieren más y más poder─ gruñó Alejandro, frunciendo el ceño─. ¡Pedirme que te regale a ti y a nuestra Emilia para pagar la deuda!

─Pero no lo harás, hermano ¿verdad?

─ ¡Por supuesto que no, David!─ le aseguró Alejandro, sacando la lengua, y sentándose en la banqueta junto a su hermano─. Ellos no podrán apartarlos de mí, te lo prometo escuincle.

Los dos se echaran a reír, aunque era más por nervios, definitivamente la situación no tenía nada de gracioso.

─Extraño mucho al Memo─ comentó David, suspirando y México asintió, sin querer decir nada al respecto, ya el dolor era demasiado grande como para ahondarlo aún más─. Ale, ¿ese que viene no es el Fernando?

Siguiendo con la vista la dirección que apuntaba su hermano, Alejandro divisó un caballo acercándose a todo galope, y montado en él iba Nuevo León, con su cabello negro alborotándose aún más por el viento, y su típica mirada fiera relampagueando y exponiendo su porte lleno de dignidad.

─ ¡Fernando!─ exclamó Alejandro acercándose a él y seguido por David─. ¿Y 'ora qué pasa?

─ ¡Deja de hacerte el mártir y ven conmigo!─ lo regañó Nuevo León, bajándose de su querido caballo y caminando con paso decidido al establo─. ¡Que las cosas se están poniendo muy gachas, y es mejor que tomen también un caballo y me acompañen!

─ ¿Y eso?─ quiso saber Nuevo México, alistando a su caballo.

─ ¿Conocen al general Ampudia?

***

─ ¿"Sangre estadounidense derramada en suelo estadounidense"? ¿Pero qué pinche chingadera es esa?─ gruñó Alejandro cruzado de brazos y recargado en la pared, apoyado por Nuevo León.

Ya en la frontera texana, México estaba al corriente de lo sucedido gracias a Nuevo León: Las tropas de Alfred y William habían cruzado sus fronteras y cerca de Carricitos habían construido su estúpido Fuerte Brown, además ignoraron las advertencias de Ampudia, que optó por pelear con ellos.

Y ahora mismo, Nuevo León, Arizona, Nevada, Utah, Nuevo México y Alta California estaban reunidos para discutir el tema.

─Caray, el señor Ampudia sí que es radical─ se estremeció Nuevo México─. Degollarlos y freír sus cabezas en aceite…

─No importa si las fríen aceite o en manteca, lo importante es que esos idiotas estadounidenses ya nos declararon la guerra─ suspiró Fernando, y luego se dirigió a México─. ¿Qué vas a hacer al respecto, Alejandro?

─No puedo aceptar esa declaración de guerra─ se lamentó Alejandro─. Estoy en la ruina, no puedo costearlo y…

─No tienes intenciones de pelear tampoco─ espetó Nuevo León─. ¡Acepta que también tiene que ver por tu estado de ánimo!

─Vamos chicos, debemos calmarnos y ver qué es lo que hay que hacer─ medió Isabel González, Arizona─. Si no hay suficientes soldados entonces deberíamos reclutarlos ¿no creen? No tendríamos otra opción.

─Pero con el dinero que tenemos no podemos mantener su estancia en el ejército ni garantizarles una recompensa ─ objetó Nevada, también llamada Sofía─ ¿Tú qué dices, Jaime?

─Que hagamos lo que hagamos vamos a acabar en desastre─ fue la respuesta de Utah─. Y que el daño lo recibiremos nosotros en el norte. Independientemente de si Alejandro decide pelear o no, nos atacarán, y bueno… supongo que en ese caso deberíamos darles un poco de batalla.

─Tal vez sea más conveniente aceptar que David y yo nos anexemos a la familia de Estados Unidos─ fue la propuesta de Emilia, la Alta California.

─ ¡Ni loco me voy con ellos, Emilia!─ protestó Nuevo México.

─ ¡Basta! ¡Nadie va a aceptar la propuesta de esos idiotas sin el consentimiento de Alejandro y sus jefes!─ bramó Nuevo León, interrumpiendo la discusión entre Emilia y David─. ¡Vamos, Alejandro! ¡Decídete ya! ¡No sólo atacaron Carricitos, sino también Palo Alto y Resaca de la Palma! ¿Esperaremos otra batalla sin hacer nada?

Sus hermanos miraron expectantes a Alejandro, esperando su respuesta, que tardó en llegar.

─Hablaré con mis jefes, debemos declararnos en guerra también, es mejor prepararnos lo más pronto posible y decretar la ley de leva.

Alejandro miró uno a uno a sus hermanos, pasando saliva. California lo miraba escéptica pero asintió, Arizona también lo hizo, resignada a lo previsto, la pobre Nevada también parecía aceptar la propuesta a pesar de su preocupación, Utah permaneció impasible, Nuevo México miraba a Alejandro con plena confianza y admiración por su hermano, y Nuevo León le dio unas palmaditas en la espalda y le sonrió orgulloso de su decisión. El cuadro de su familia le dio a Alejandro ánimos para aceptar sus propias palabras, aún si una imagen de Texas y Estados Unidos trataba de oponerse.

─Voy a protegerlos, chicos─ les prometió, agradecido por el apoyo.

Aunque en su corazón sabía que no podría aguantar mucho.

***

─ Te dije que si seguíamos atacando Alejandro no tendría más opción que unirse a la guerra─ musitó Texas, leyendo la declaración oficial de guerra que había llegado firmada por el mismísimo México, y Alfred asintió.

─Buen trabajo, Bill─ le sonrió alborotándole el cabello y Texas se sonrojó.

─Me voy a dormir. Hasta mañana, hermano.

Una vez Texas se hubo retirado de la sala, Alfred se sentó en un sillón, arrugando el papel en sus manos. Se sentía tan despreciable, provocando la pelea entre dos hermanos, y no conforme con eso, ahora iba tras más integrantes de la familia de Alejandro. Con lo bien que habían congeniado... no podía evitar recordar las palabras una vez dichas por Alejandro:

"¿E-en serio? ¿De verdad quieres ser mi amigo?"

Tan ingenuo, confiando ciegamente en él…

Fuck─ masculló por lo bajo.

─Y yo estoy seguro de no haberte enseñado esas palabrotas─ habló una voz divertida, imposible de olvidar para Alfred.

─ ¿Inglaterra? ¿Qué haces aquí?

─ Vine a hablar de un asunto contigo─ frunció el ceño Arthur, haciendo ver sus cejas aún más espesas─. Sobre tu relación con ese país vecino tuyo, México, Alejandro González. ¿Sabes? Antonio llegó como mamá gallina reclamando que hiciera que lo dejaras en paz. ¿No te cansas de buscarme problemas?

─No tiene por qué causarte problemas─ le sacó la lengua Alfred─. Sólo ignora a España y ya, que yo me las arreglaré con Alejandro.

─ ¡Eso no!

─ ¡Vamos, Arthur! Ya no soy tu colonia, no tengo por qué obedecerte.

─No, pero hay algo que me interesa─ rió Arthur, soltando una carcajada─. Un tal Alta California.

─Ah, la hermana de Alejandro, Emilia. ¿Qué con ella?

─ Escuché que tus jefes también la quieren de tu parte.

─ ¿Y?

─Pues que yo estoy muy interesado en hacerla mi nueva hermanita.

… ¿Qué?

─ ¿Tu hermana?

─Sí, mi hermana─ asintió Arthur maliciosamente─. Puesto que tú ya no quisiste seguir siendo mi hermano, debería buscarme a alguien más ¿No crees? Y si el resto de los hermanos de Alejandro y él mismo quieren ser mi familia, mejor. Ese México cayó en decadencia cuando se independizó de España, pero conmigo podría estar mucho mejor. Bajo el cuidado de Antonio era una joya, imagina en lo que lo podría convertir yo…

Alfred lo miró enfadado, sintiendo como los celos lo carcomían por dentro. ¡Arthur remplazándolo así como así por Alta California! ¡Y tratando de quitarle a Alejandro cuando ese chico era SUYO!

Decidido, Alfred se acercó con brusquedad a Arthur y le plantó un beso en la boca. El inglés sonrió entre el beso al notar la lengua de su antigua colonia exigiendo el paso a su boca, y ¿quién era él para denegarlo? Solamente la falta de aire podría separarlos inevitablemente.

─ ¡Ni los sueñes, Arthur! ─ jadeó Alfred, tratando de regular su respiración─. ¡Mañana mismo voy a hablar con California!

Arthur estaba satisfecho con la reacción del estadounidense, disfrutando de sus celos, importándole poco si los planes de sus superiores se iban al carajo.

Y William, oyendo detrás de la puerta, no sabía qué pensar.

***

Batalla de Monterrey, Nuevo León. 21 de Septiembre de 1846.

─ ¡Carajo, Ale, no bajes la guardia!─ le gritaba Nuevo León, luchando por evitar que llegaran hasta su cansado hermano. Y no era para menos, después de haber luchado las batallas de Olompali, donde California al final había decidido irse con Alfred y William, la batalla de Monterrey-California, la estúpida batalla de Cañoncito, donde no habían disparado ni una sola bala, pero desde ahí ahora ellos tenían preso a Nuevo México, la batalla de Santa Fe, y esta.

Alejandro puso todo su empeño en seguir dando batalla, pero no podía dejar de pensar en Emilia, volviéndose en su contra, y David, renuente a formar parte de Estados Unidos.

Vislumbrar a lo lejos a Texas no fue lo mejor para su estado de ánimo.

─ ¡Alejandro, no te alejes mucho de mí!─ ordenó Fernando, frunciendo el ceño cuando vio a Alejandro correr como poseído, destrozando a cualquier oponente─. ¡ALEJANDRO!

Una bala que le pasó rozando obligó a Nuevo León a poner atención en su oponente. Fernando rechinó los dientes al ver ante él a una persona rubia de ojos azules, mirándolo directamente y apuntándole con su pistola.

─ ¿Cómo te atreves a venir después de todo lo que le hiciste a mi hermano y mirarme de frente, hijo de puta?─ espetó Nuevo León apuntándole también─. Desaparece. Voy por Alejandro.

─Yo creo que tu hermano tiene cosas que arreglar con mi hermano.

─Guillermo no es tu hermano.

Mientras tanto, Texas estaba ocupado tratando de evitar a México, que lo perseguía, llamándolo furioso. El sonido ya muy lejano de la batalla le dio a William una idea de su alejada posición, pero no le importó, sólo estaba concentrado en escapar de Alejandro. Para su mala suerte, una piedra en su camino lo hizo tropezar y quedar a la merced de México.

─Así que al fin me alcanzaste─ murmuró Texas, sonriendo cínicamente al sentir el cañón de la pistola de su hermano en su nuca.

─Ahora tú vas a hablar conmigo─ murmuró México, pateando la mano de William, haciéndolo soltar la pistola.

─ ¿Por qué debería?

─ ¡Cállate! ¡Ahora yo tengo la ventaja!

William lanzó una carcajada burlona, y tal fue la rapidez de sus movimientos, que Alejandro nunca supo cómo fue que lo logró tumbar en el piso, inmovilizándolo en el suelo.

─ ¡Suéltame!─ protestó Alejandro, retorciéndose en vano en suelo, sintiendo como aumentaba la presión ejercida en su muñecas por William. ¡Maldición, cada día el texano se volvía más fuerte, y él más débil! ¡Qué coraje!

─Ahora yo tengo la ventaja ¿no, Ale?─ murmuró Texas, apuntando la pistola en la frente de Alejandro.

─Pues toma tu oportunidad, pendejo─ espetó Alejandro, mirándolo dolido─. ¡Anda! ¡Dispara y mátame de una buena vez! ¡Me estarías haciendo un favor grandísimo!

─No hables así, grandísimo inútil─ le dijo William, aflojando su agarre y tirando la pistola lejos─. ¿Dónde quedó el Ale siempre alegre?

─Tú lo mataste. Tú y Alfred.

Alejandro se levantó del suelo, quedándose sentado a un lado de William, escuchando los quedos sonidos de la batalla, amortiguados por la distancia, reajustándose los lentes resquebrajados.

─ ¿Cómo es?─ rompió México el silencio.

─ ¿Cómo es qué?

─Vivir con Alfred. Dime sobre eso.

William sonrió y miró al suelo.

─Bueno, es muy diferente a como vivía aquí, pero es muy agradable─ dijo William, recordando con cariño los buenos tratos que Alfred tenía para con él. Pero una imagen estaba muy viva en su cabeza: Inglaterra y Estados Unidos, besándose, tocándose, y él mirando y escuchando detrás de una puerta, muerto de celos.

─ ¿Y eso es todo? Te quedaste pensativo.

─Uhm… ¿qué más quieres que te diga? Lo mejor que me pudo haber pasado fue convertirme en su hermano.

─Ah, pero un hermano no puede competir con una esposa─ se rió Alejandro, y William lo miró extrañado.

─ ¿De qué hablas?

─ ¡Yo me convertiré en la esposa de Estados Unidos!

What? Are you kidding, you idiot? ─ exclamó William, molesto, y Alejandro se echó a reír.

─ ¡Es broma, baboso! ¿Casarse con alguien tan pendejo como él?

─Pues déjame recordarte que estabas enamorado de ese pendejo─ recriminó Texas, nada contento con la broma de su hermano, pero sin saber exactamente el motivo de su enojo. ¿Le molestaba que alguien quisiera también a Alfred? ¿O le molestaba que Alejandro se comprometiera con alguien?

─Cállate mejor…

Los dos volvieron a guardar silencio, disfrutando secretamente la cercanía entre los dos. ¿Volverían a estar así alguna otra vez?

─Cuando volvamos al campo de batalla volveremos a ser enemigos─ dijo Texas.

─Lo sé.

─ ¿Sigues empeñado en hacerme regresar contigo?

─Por supuesto─ asintió Alejandro─. Nunca reconocí tu independencia.

─Puedes llegar a ser un verdadero dolor de muelas, Alejandro─ bufó William, y México se encogió de hombros.

─Supongo que es herencia familiar. Y hablando de familia…─ dicho esto, se levantó, listo para retirarse─… ellos me necesitan, así que…

Pero la mano de Texas atrapando su muñeca lo detuvo.

Wait, Ale…

─ ¡No me hables en inglés! ¡Y suéltame!

William se echo a reír, acercando a su hermano a su cuerpo.

─ So… do you want to sleep with me, Ale?

─ ¿Qué dijiste?

─ ¿Quieres dormir conmigo?

─ ¿QUÉ?─ gritó el mexicano, totalmente rojo─. ¡Deja de decir cosas como esas, cabrón pervertido!

─ ¿Por qué no? Ya lo hemos hecho antes, y varias veces.

─Se te olvida un detallito muy importante: ¡Tú me violaste, hijo de puta!

─Y lo volvería a hacer─ admitió descaradamente William─. De hecho, lo haré si tú no aceptas dormir conmigo…

─Memo…

─Por esta vez, Ale, déjame ser "Guillermo" contigo─ le pidió Texas, besando su frente, y Alejandro se estremeció, dividido entre la rabia y la excitación.

¿Qué debería hacer?

***

─ ¿QUÉ TU QUÉ? ¡Voy a matarte, Alejandro González!

─Lo lamento mucho, Fernando…

Nuevo León gruñó y permitió que la enfermera siguiera atendiendo la herida de su hombro causada por Alfred en su enfrentamiento en la batalla de González. Aún podía sentir la humillación de la derrota hacerle producir ácido en el estómago de puro coraje, aún más porque no lo habían dejado luchar hasta el final, le habían obligado a retirarse.

─ ¡Te necesitábamos en la batalla!─le volvió a gritar cuando la enfermera se hubo retirado─. ¿Y qué estabas haciendo? ¡Dejando que Texas te cogiera como una vulgar prostituta! ¡Haciendo esas cosas con tu hermano!

─ ¡No te atrevas a hablarme de ese modo!─ le respondió Alejandro─. ¡No era mi intención que Alfred te lastimara! ¡Yo nunca… nunca…!

Las palabras se le quedaron atoradas en la garganta, y en su lugar se echó a llorar. No podía creer que había dejado otra vez que Texas lo hiciera suyo, esta vez sin oponer nada de resistencia. ¿Con qué cara iba a mirar a sus hermanos? No era de extrañarse que Yucatán se hubiera independizado una vez más.

─Uhm… mira Alejandro, lamento haberte hablado así─ se disculpó Nuevo León─. No tenía por qué haberte dicho esas cosas. Pero necesito que entiendas algo: esto es la guerra, y es contra Texas y Estados Unidos. ¿No quieres recuperar a nuestro David? ¡No hemos podido liberar a Nuevo México!

─Ya sé… yo también quiero que David vuelva. Me siento muy sólo, viendo como mi familia se está resquebrajando.

─Entiendo. No te preocupes Alejandro, no vamos a dejar que nos ganen esta.

─Muchas gracias, Nuevo León. En serio, no sé cómo pagarte esto.

─ ¡Bah! Somos familia ¿no?

Una familia resquebrajada, una familia que había que unir de nuevo antes de que se rompiera completamente.

─Uhm… aunque tal vez sea muy mal momento para decirte que Yucatán se volvió a independizar ¿no?

A los pocos días, Alejandro cayó enfermo. Ya no tenía ganas de levantarse, solamente quería quedarse así, tumbado en la cama y tapado con las mantas, esperando que todo pasara. Estúpida inestabilidad social que lo había enfermado a tal punto de dejarlo totalmente convaleciente con gripa, sintiendo aún más terrible el miedo, la humillación, el odio… la soledad, sobre todo.

Desde que había conocido a Alfred su familia se había comenzado a desmoronar. Texas se había ido, Yucatán se fue de nuevo, su querida Alta California también lo había abandonado, presa ahora junto a su pequeño hermanito, Nuevo México. Sus hermanos estaban sumidos en el caos total, su pueblo era más miserable que cuando los regían los jefes de Antonio…

¿Así se había sentido Antonio cuando sus hermanitos, a los que crío como hijos, habían volado del nido?

Y para acabarla de amolar, ese estúpido del Quince Uñas había regresado.

─Santa Anna perdió la Batalla de Angostura… y la Iglesia se rebela contra Gómez Farías...

¿Podría salir de ésta?

Los lentes resquebrajados aún reposaban en la mesilla de noche.

***

─ ¿Qué dices que le hiciste a Alejandro?

William miró por la ventana enfurruñado. Acababa de contarle lo sucedido entre su ex hermano y él mientras se sucedía la batalla de Monterrey, y claro, Alfred no estaba muy contento.

─ ¡Tienes que dejar de hacerle eso!─ lo regañó Estados Unidos─. ¡No quiero que algo así vuelva a pasar! ¡Es tu hermano!

─ ¿Por qué no puedo?─ protestó Texas, malhumorado─. Tú lo has hecho con Inglaterra ¿no?

─ ¿Nos viste?─ preguntó Alfred, helado por la acusación, pero enseguida recuperó su postura de indignación infantil─. ¡Pero ese no es el punto! ¡Sólo no vuelvas a hacer ese tipo de cosas con Alejandro!

─ ¿Qué es lo que te molesta? ¿Qué Alejandro lo haya hecho conmigo antes que tú me tocaras? O mejor dicho ¿Qué yo lo haya hecho con Alejandro antes que tú?─ le soltó Texas, sonriendo cínicamente─. No creas que no sé por qué me hiciste tu hermano, entiendo perfectamente mi posición.

─ ¿A qué te refieres? Mis jefes así lo desean y un héroe…

─Dejemos de jugar al héroe un rato─ espetó William─. Para tus jefes sólo soy un medio para permitir la esclavitud, y para ti… es aún peor porque sólo soy el medio para conseguir que Alejandro sea completamente tuyo.

Alfred frunció el ceño, pero antes de que pudiera contestarle a su nuevo y problemático hermano, tocaron la puerta.

─Adelante─ los invitó a pasar Alfred, adivinando quiénes podían ser.

─ ¡Ah, Alfred! ¡Cuánto has crecido!─ exclamó un alegre pelirrojo pecoso de ojos verdes, seguido por otro chico igual a él─. Es cierto lo que decía Arthur ¡Estás más alto que nosotros! ¡Quién lo diría!

─Buenas tardes─ saludó el otro pelirrojo a Texas, percatándose de que no sólo estaba Estados Unidos.

─Oh, miren, les presento a mi nuevo hermano, Texas─ los presentó Alfred, volviendo a su actitud despreocupada.

─Mucho gusto señores…

─John Kirkland─ dijo el más alegre

─Y Michael Kirkland─ dijo el otro.

─Verás, Texas─ le explicó Alfred─. Ellos son los hermanos de Inglaterra, Irlanda del Sur e Irlanda del Norte.

*Notas de la Autora*

¡Cuántos inmiscuidos en la Guerra de México vs Estados Unidos!

Esta es la segunda parte de "Hermandad Rota", la tercera será la última, y la más terrible, con la participación de los gemelos Irlanda (¿Les dice algo el Batallón de San Patricio y los Niños Héroes?) En el siguiente capítulo Alejandro sufrirá el fin de la guerra más desastrosa en su historia T.T

¡Y yo no sé ustedes, pero amo a Nuevo León!

En el próximo capítulo contestaré los reviews del capítulo nueve y de este ^^