Gracias a Nai Jones por la portada para éste fic! Me hizo muy feliz tu sorpresa/regalo :)
La cita con Emma no fue nada de lo que había imaginado o esperado, fue mucho más. Por momentos había pensado que había fallado, que estaba haciendo algo mal o que Emma se había dado cuenta que no quería nada con él. Pero una vez que hablaron sinceramente, expresando sus miedos y preocupaciones, todo pareció quedar acomodado en su lugar.
Killian nunca había sido fanático de festejar su cumpleaños, pero este año tenía personas que querían festejarlo con él y no podía negarse. Los planes eran almorzar con su familia y a la tarde ir a navegar con sus amigos. A la mañana Liam y Elsa ya estaban en su casa y le prepararon un rico desayuno. Después de unas horas se sumaron Ana y Kristoff para ayudar a hacer el almuerzo. Killian agradeció profundamente que Emma haya aceptado unirse al almuerzo junto con Henry, porque sino no sabría como habría hecho para estar con las dos parejas a solas. Killian sonrió ante el hecho de que Emma y Henry encajen tan perfectamente con su familia, la naturalidad y aceptación con la que se trataban hacía parecer que ellos habían estado siempre presentes en sus vidas.
- Necesitamos hacerles una consulta. – Informó Liam agarrando la mano de Elsa.
- ¿Qué clase de consulta? – Preguntó Ana con curiosidad.
- Bueno, es sobre algo importante que estamos tratando de decidir y nos gustaría saber sus opiniones. – Respondió Elsa a modo de explicación, sintiéndose algo nerviosa.
- Como ustedes saben, nosotros no podemos tener hijos. – Continuó Liam la explicación de su esposa. – Así que estábamos pensando en la posibilidad de adoptar. ¿Qué opinan? – Pidió saber después de dar a conocer el motivo de la conversación.
Liam y Elsa se merecían ser feliz, ellos eran una de las parejas que tenían uno de los amores más fuertes de los que había podido ser testigo. Él sabía lo difícil que había sido para ellos el no poder tener hijos, lo mucho que habían sufrido por no poder formar la familia que habían soñado. Pero también sabía que eso era algo muy íntimo y especial, algo que debían solucionar y decidir entre ellos. Él creía que podrían ser grandes padres si llegaran a adoptar a un niño/a, pero prefería reservarse su opinión. Al parecer todos estaban teniendo la misma batalla que él, porque habían quedado sumergidos en un completo silencio. Killian estuvo a punto de abrir su boca para decirles que era algo que debían elegir ellos sin importar las opiniones de los demás, cuando Emma sorprendió a todos dando su opinión.
- Creo que deberían hacerlo, deberían adoptar. – Dijo Emma rompiendo el largo silencio incomodo que se había generado.
- ¿Eso crees? – Preguntó Elsa mirándola sorprendida ante el hecho de que haya sido quien decidió dar su opinión.
- Si, si quieren tener una familia deberían considerar la opción de adoptar. – Dijo Emma y vio que todos la miraban como pidiendo más explicaciones. – Yo crecí en el sistema de adopciones, fui de familia en familia, siempre me devolvieron al sistema… - Explicó emotivamente y se tomó una pausa par dar un suspiro. – Los niños todo lo que quieren es tener una familia que los ame y si ustedes pueden darle eso a un niño, entonces lo están salvando de la triste realidad que es el sistema de adopciones. – Concluyó centrando su atención en su comida, porque no quería ver las miradas de lastima de los demás.
Enterarse que Emma había crecido en el sistema de adopciones de esa manera hizo que su corazón latiera intensamente, sintiendo gran dolor por ella. Saber eso sobre su pasado, hizo que pueda entender parte de su forma de ser. Ella tenía miedo al amor porque ninguna familia la había querido, ninguna familia la había aceptado o la había hecho creer que era lo suficientemente para ser elegida como parte de ellos. ¿Qué habría pasado con sus padres? ¿La habrían abandonado? ¿Habrían muerto? Killian quería saber todo sobre ella, pero a su vez sabía que debía ir de a poco. Él quería darle el espacio y el tiempo que ella necesitaba, él quería darle la posibilidad de elegir. Esa valiente mujer estaba exponiendo su doloroso pasado y a él le habría gustado abrazarla en ese preciso instante, pero estando frente a ella con una mesa separándolos lo hacía algo complicado.
- Si, supongo que tenes razón. – Asistió Liam. – Nosotros solo lo estábamos viendo de nuestro lado, pero ahora verlo del otro hace que todo tenga otro sentido. – Dijo conmovido.
- ¿Crees que un niño a pesar de que no sea en verdad nuestro hijo puede aceptarnos como familia? – Preguntó Elsa exponiendo uno de sus miedos.
- Claro que si, al menos mientras ustedes lo quieran y lo hagan sentir parte. – Respondió Emma. – Y ustedes parecen ser de esas familias con mucho amor para dar, así que… - Dejo saber la sensación e impresión que la pareja habían causado en ella.
- Gracias. – Agradeció Liam, y todos se sumergieron en otro gran silencio después de la fuerte conversación.
- Mamá. – Llamó Henry a Emma.
- ¿Si? – Preguntó Emma volviendo su atención a su hijo.
- Si de algo sirve, ahora si tenes una familia. – Le recordó Henry con una sonrisa.
- Lo sé peque, por eso soy feliz. – Aseguró Emma despeinándole el cabello afectuosamente.
- ¿Alguien quiere helado? – Preguntó Killian y Emma le sonrió agradecidamente de que haya cambiado el tema de la conversación.
Por suerte los temas de la adopción y del pasado de Emma no volvieron a tocarse. Sirvieron el helado y mientras lo tomaban empezaron a llegar sus amigos. David y Mary Margaret, Robin y Regina, August y Mérida, Rose y Will. Una vez que llegaron todos, fueron a navegar en el Jolly Roger. Volver a estar todos en el barco, hizo que Killian se acordara del casamiento de August y Mérida. Está era una situación parecida, solo que el motivo era otro y la familia presente era la de él. Disfrutó de estar en el mar acompañado de las personas que más quería. Él amaba navegar y le gustaba poder compartir eso con los demás.
- Esto es para vos. – Dijo Emma entregándole un pequeño paquete.
- ¿Qué es? – Preguntó él con una mezcla de confusión y curiosidad.
- Tu regalo de cumpleaños. – Respondió ella como si fuera lo más simple del mundo.
- ¿Mi regalo? – Preguntó él sorprendido y ella asistió. – Emma, no tenías que comprarme nada… - Comenzó a protestar.
- Sé que no tenía. – Lo interrumpió ella. – Pero quise hacerlo. – Admitió con seguridad.
Tomó el paquete en sus manos y lo abrió. Cuando terminó de quitar el papel, se encontró con un colgante con una brújula antigua. La brújula era pequeña, era del tamaño de su dedo pulgar, era de bronce y tenía una "K" grabada. La agarró en sus manos y pudo sentir como su corazón se detenía, Emma acababa de hacerle el regalo perfecto. Nunca nadie había podido leerlo tan bien para hacerle un regalo, ni siquiera Millah… No le gustaban las comparaciones. Él siempre iba a amar a Millah, pero era hora de seguir adelante con su vida, era hora de superar su dolor y continuar. Y por primera vez se sentía listo para dejar entrar el amor nuevamente a su corazón, todo gracias a Emma.
- Sinceramente me costó mucho elegir un regalo, pero cuando encontré está brújula en un negocio de antigüedades me hizo acordar a vos y tuve la sensación que iba a gustarte. – Explicó ella nerviosa y ansiosa, con miedo de que a él no le guste el regalo.
- Me encanta, es perfecta. – Dijo él sonriendo y colocando el colgante con la brújula alrededor de su cuello.
- Déjame ayudarte. – Intervino ella al ver como él luchaba para abrocharse el colgante con una sola mano. – Listo. – Dijo una vez que le abrochó el colgante.
- Emma… - Dijo él rozando su nariz contra la de ella.
- ¿Estás teniendo un buen cumpleaños? – Preguntó ella desviando el rumbo de la conversación.
- El mejor que tuve en mucho tiempo. – Respondió él honestamente. – Gracias por haber venido y haber estado durante todo. – Agradeció acariciándole la mejilla.
- Me alegra haber estado y que hayas querido que este. – Confesó ella sonrojándose tímidamente.
- Siempre voy a querer que estés. – Se animó a decir él, a pesar de que sabía que probablemente la iba a asustar pensar a futuro. - ¿Puedo besarte? – Pidió saber mirando los labios de ella con intensidad.
- Si, podes. – Aceptó ella.
Eso fue todo lo que necesito para besarla. Sus labios se unieron en un beso cálido y tierno. Un beso que sabía más fantástico que el sol del atardecer. Besar a Emma siempre tenía algo de mágico, pero hacerlo en su barco y con la sensación del movimiento del agua fue más que mágico, fue maravilloso. Y si sumaba el hecho de que lo estaban haciendo frente a todos sus amigos, podía decir que ese beso había sido perfecto. Si, perfecto, porque besarse frente a todos ellos indicaba que Emma estaba empezando a aceptar lo que pasaba entre ellos como algo real y posible.
El cumpleaños de Killian resulto ser mucho mejor de lo que había esperado, de hecho lo disfruto mucho. La familia de Killian la hizo sentir cómoda y bienvenida, tanto que hasta sintió la necesidad de dejar a la luz parte de su pasado. Había preferido contarle eso a Killian de otra manera, pero la situación requería una explicación y ella fue lo suficiente valiente en darla. Porque cuando Emma era chica le habría gustado encontrarse con una familia como los Jones. Y aunque todavía no los conocía mucho, tenía la sensación de que cualquier niño/a sería afortunado en ser adoptado por Liam y Elsa. Después pasaron un gran rato navegando con sus amigos, el mar siempre le transmitía paz y hacerlo con ellos era fantástico. También fue fantástico que a Killian le haya gustado el regalo. Ella había estado muy nerviosa por eso y le había costado mucho elegirlo, pero cuando lo hizo creyó que era perfecto. Por suerte él el aseguró que lo fue. Aparte el regalo no era simplemente un regalo, era un rastreador. Ella siempre regalaba rastreadores a las personas que quería como una cierta manera de protección. Así si ellos eran atrapados/secuestrados por Rumpelstiltskin, ella tenía como encontrarlos.
- Así que vos y Killian. – Dijo Rose.
- Si, Killian y yo. – Asistió Emma.
- ¿Puedo preguntar cuáles son tus intenciones con él? – Preguntó Rose con cierta cautela.
- No creo que tenga que darte ningún tipo de explicaciones, lo que pasa entre nosotros es cosa nuestra. – Dijo Emma cruzándose de brazos defensivamente.
- Yo solo soy su amiga y me preocupo por él, lo he visto sufrir mucho y no quiero que eso vuelva a pasar. – Explicó Rose con calma, queriendo demostrarle que no la juzgaba ni tenía nada en contra de ella.
- Es complicado, yo también he sufrido mucho. – Admitió Emma dando un largo suspiro. – Si queres tener algo con él, dímelo antes de ilusionarme e intentar algo… - Comenzó a decir.
- No, para nada, como te dije somos solo amigos. – La interrumpió Rose. – Yo era la mejor amiga de Millah, ella fue lo que nos unió e hizo que formemos está amistad. – Agregó a modo de aclaración.
- Yo no sabía. – Dijo Emma algo avergonzada por sus reacciones, causadas por algo muy parecido a los celos. – Lo siento. – Se disculpó.
- No lo hagas, por lo menos me diste a entender que te importa. – Dijo Rose con una pequeña sonrisa.
- Me importa mucho y quiero algo con él, aunque no sé si estoy lista, ni tampoco sé si él va a poder esperarme. – Expresó Emma sus sentimientos lo mejor que pudo.
- Entiendo. – Asistió Rose. – No te preocupes, a él también le importas y si quiere algo con vos va a ser capaz de esperar. – Aseguró con convicción.
La conversación con Rose fue algo muy importante y significativo para Emma. Desde que había conocido a esa mujer sabía que era alguien importante para Killian, y tener en cierta forma su aprobación la hizo sentir calma. Porque si en verdad estaban dispuestos a intentar construir una relación, ella quería ser aceptada por su familia y sus amigos. Emma estaba empezando a aceptar la idea de que quería una relación con ese hombre, y que alguien tan cercano a él le diga que ella le importaba e iba a ser capaz de esperar a que este lista hizo que su corazón vuelva a latir en paz.
Por otro lado, sus amigos parecieron sorprendidos de que ella se muestre tan tranquila y cómoda con las pequeñas demostraciones de afecto que surgían espontáneamente entre ella y Killian. Pero hablando con ellos, todos se mostraron felices y coincidían en que ambos eran personas que podían funcionar perfectamente juntas por la conexión que había entre ellos. Escuchar que otras personas puedan sentir la conexión que había entre ellos le generó calma, le demostró que no era la única loca que lo sentía.
La semana continuó tranquila. Iban avanzando de a poco en su relación, tomándose el tiempo necesario para conocerse. Compartieron un par de patrullas y almuerzos. Por las noches intercambiaban mensajes, ya que ambos sufrían de problemas para dormir. Cuando Emma descubrió que Killian también sufría de insomnio no le sorprendió en lo más mínimo, al parecer solía pasar eso en personas que habían vivido situaciones trágicas, y ellos dos tenían mucha experiencia en ese asunto.
- Mamá. – Dijo Henry interrumpiendo sus pensamientos.
- ¿Si peque? – Preguntó Emma, mientras preparaba una salsa.
- ¿Puedo ir este fin de semana a lo de papá? – Pidió saber Henry sentándose en la mesada.
- Si, claro. – Asistió Emma algo sorprendida.
- ¿Pero? – Preguntó Henry sospechando que había algo más que su madre no había dicho.
- Nada. – Aseguró Emma. – Es solo que creí que tenías planes con tu madrina. – Explicó.
- Si, ya hablé con Regina al respecto y me dio su consentimiento. – Aseguró Henry.
- De acuerdo, entonces está perfecto para mí, sabes que podes pasar todo el tiempo que quieras con tu papá. – Aceptó Emma alcanzándole una cuchara a Henry para que pruebe la salsa.
- Gracias. – Agradeció Henry. – Está exquisita. – Halagó luego de probar la salsa.
- ¿Terminaste tu tarea? – Preguntó Emma cambiando el tema de conversación.
- No. – Respondió Henry con sinceridad.
- Ve a terminarla mientras yo termino la cena. – Indicó Emma.
- Bien. – Dijo Henry bufando mientras bajaba de la mesada.
Henry fue a pasar el fin de semana con Neal. Emma estaba aliviada de que su hijo quiera volver a pasar tiempo con su padre, pero a la vez se preocupaba y tenía miedo. Ella no quería que su hija sufra, y últimamente Neal lo estaba haciendo sufrir bastante. Ella no quería culparlo, ni acusarlo, ni juzgarlo… Pero cuando veía la cara de desilusión de Henry más de una vez, su corazón se partía en pedazos. Ella quería protegerlo. Pero, ¿Cómo se hacía para proteger a un hijo de un padre? ¿Era posible?
Queriendo sacar las preocupaciones de su cabeza de todo lo relativo a Neal, decidió trabajar y enfocarse en el caso de Rumpelstiltskin. Como Henry estaba con Neal, podía quedarse trabajando hasta tarde. Así que después de que terminó su horario oficial de trabajo, fue a su escritorio y desplegó toda la información del caso. Necesitaba encontrar a la madre de Ava y Nickolas, pero no tenía idea de cómo hacerlo, ni por dónde empezar. Agarró un papel y comenzó a escribir todo tipo de posibilidades de cosas para hacer y averiguar.
- ¿Te pensas quedar más tiempo? – Preguntó Killian interrumpiéndola.
- Si. – Asistió ella. – Quiero trabajar en el caso, y Henry está con Neal, así que… - Intentó explicar.
- ¿Qué te parece si pido algo para comer? – Propuso él quitándose su campera para dar a entender que se iba a quedar con ella.
- Me parece una gran idea. – Respondió ella con una sonrisa.
Pidieron comida china, como solían hacer cada vez que se quedaban trabajando hasta tarde en la comisaría. Emma se sintió feliz de que él se haya quedado a hacer compañía, su presencia lograba darle cierta calma y confianza en cuanto al caso que sola no lograba. Ella le informó sobre el reciente descubrimiento, de que Arthur (la víctima el Rey Arturo) era el padre de Ava y Nickolas (las víctimas Hansel y Gretel). Discutieron posibilidades sobre como la madre de los niños podría ser la relación con Rumpelstiltskin, y hablaron de los frustrados que estaban por no tener noticias sobre Jefferson.
- Killian. – Dijo ella su nombre para llamar su atención.
- ¿Si? – Preguntó él.
- Creo que estoy lista para hablar de mi relación con el caso. – Dijo ella mordiéndose el labio para liberar algo de la tensión que sentía.
- ¿Segura? – Pidió saber él. – Yo no quiero que te sientas presionada, yo voy a esperar a que estés lista. – Aseguró él, y ella comprendió que el comentario también iba referente a la relación que tenían.
- Segura. – Asistió ella.
Emma quería confiar en él. De hecho, sentía que ya confiaba en él. Todo ese tiempo se había ganado la confianza de ella, y lo único que había hecho para hacerlo era ser el mismo. Emma quería demostrarle que confiaba y quería dejar salir hacia fuera el dolor que el caso le causaba. Sabía que él la iba a entender, y tenía la esperanza de que una vez que sepa su situación pueda ayudarla mejor a resolverlo.
