No me pertenece KHR


Sábado, perfecto para estar lejos de cierto cuervo de ojos fríos. Tsunayoshi sonrió caminando por unos de los pasillos del internado, en unas cuantas horas Enma vendría con su sushi bendito, solo imaginarlo Tsunayoshi babeaba y no era literal. Suspiro cuando recordó que tiene que ser chica hasta los fines de semana, tenía que recibir a su amigo pelirrojo como una chica. Que molestia era usar vestidos; Tsunayoshi se preguntó cómo su hermana no se enferma usando vestidos y faldas, el aire que entra por ahí es terrible, se estremeció recordando los fríos que acarician sus piernas desnudas todos los días.

Todo es perfecto… excepto el hombre de peinado de tubo que camina hacia la dirección de Tsunayoshi. El moreno se acomodó un flequillo detrás de la oreja, dándose la vuelta, pretendiendo no ver, el ignorante vive feliz en la ignorancia ¿cierto? Aplica el dicho aquí o no, a quien le importa solo necesita huir lo más rápido de ese hombre antes que lo lleve donde el rey del inframundo. Doblo la esquina y contuvo la respiración rezando que no lo vea Kusakabe.

— ¡Hime-sama! —Tsuna puso un dedo contra su labio, maldijo el mal momento que Gokudera quiso hacer acto de presencia.

— ¿Pasa algo Hime-sama?

Tsuna quiso palmearse la cara, por qué rayos Gokudera no entiende que solo tiene que tragarse la lengua.

—No pasa nada Gokudera-kun, solo estoy jugando al escondite ¡yay!

Gokudera miro a la chica confundido, rascándose la cabeza se encogió de hombros, si Tsunahime le gusta, también jugaría al escondite.

—Sawada-san tiene que acompañarme.

Tsuna gimió interiormente, adiós a su sábado tranquilo sin ver al señor demasiado serio.

—No puedo ir, estoy esperando a alguien. —Kusakabe entrecerró los ojos, agarrando a Tsuna del brazo lo arrastro a su destino, ignorando a Gokudera sus insultos y las amenazas de muerte siguió arrastrando a Tsuna —. ¡Gokudera-kun, cuida de mi sushi hasta que pueda regresar, cuídalo con tu vida!

—Por supuesto Hime-sama, lo cuidare con mi vida.

Kusakabe solo suspiro, se estaba poniendo demasiado viejo para estas situaciones.

Solo tiene que ir a ver qué es lo quiere Hibari, podrá regresar a esperar sus rollos de pescado crudo. Entro a la casa de su director, Kusakebe solo dijo que tenía que ir a la habitación de Hibari. Inhalo y exhaló, toco la puerta tres veces esperando escuchar la invitación para entrar, espero y espero, no hubo respuesta, armándose de valor abrió la puerta. En la cama se encontraba el cuervo dormido, Tsuna entro a la habitación, pensó si era bueno despertarlo o no.

Suspiro por enésima vez, decidió era mejor salir antes que Hibari despierte para amenazarle con una mordedura hasta la muerte. Lástima que no llego lejos cuando una tonfa se clavó en la puerta, sorprendido Tsuna se dio la vuelta para encontrarse los ojos afilados de Hibari mirando con tanto intensidad que casi abre huecos en sus ojos.

— ¡Waaa!... ¿Qué fue eso? casi me matas Hibari-san. —dijo Tsuna con su mano derecha contra su pecho.

—Herbívoro que echaste a mi comida.

Tsuna miro a Hibari sin entender de qué estaba hablando. El día anterior cocino su almuerzo, se comió todo lo que sirvió en su plato, ahora solo lo mira como si le echo a la comida algún brebaje extraño.

—Disculpe Kyo-san por interrumpir. —Kusakabe se inclinó entrando a la habitación —.Usted tomo mi laxante del refrigerador.

Hibari envió una mirada furiosa a Kusakabe, el hombre de peinado gracioso reprimió un escalofrió, ya estaba acostumbrado a los gestos de su jefe. Hibari no sabia nada del laxantes, ¿Por qué debería saber? Kusakabe era quien siempre cocina excepto el día anterior que lo dejo en manos de esa herbívora. Girando la cabeza hacia la dirección de Tsuna, entrecerró los ojos, como si estuviera pensando algo muy importante.

—Herbívora usaste la botella de laxante de Tetsuya.

No era una pregunta, Hibari ya resolvió el rompecabezas en su cabeza. Tsuna pensaba jugando con los vuelos de su vestido color verde, solo uso los ingredientes que vio en el refrigerador, no uso alguna botella sospechosa.

—Sawada-san, ¿uso la botella de vidrio color marrón que estaba en la puerta del refrigerador?

Kusakabe pregunto cuidadosamente, si Tsuna uso el laxante que guardaba ahí, ahora entiende porque su jefe paso toda la tarde dentro del baño el día anterior.

Tsuna dio un golpecito con su puño, sonrió ampliamente, sí que uso esa botella.

—Claro que sí, era una botella de salsa. La use para la sazón del curri. —asintió feliz de haber recordado —.Aunque olía un poco raro.

Kusakabe suspiro, con el rabillo del ojo miro a Hibari alistar otra tonfa, antes que su jefe perdiera la moral y la ética por golpear a una chica cabeza hueca se adelantó para detenerlo.

—Kyo-san no se mueva, todavía no está bien. Sawada-san se va quedar con Kyo-san hasta que regrese de la cuidad, la comida está hecha solo tiene que calentar.

— ¡Que! —ambos gritaron.

Kusakabe salió de la habitación antes que fuera detenido. Tenía una cita con una bella dama de la panadería. Se sonrojo recordando la sonrisa de la mujer cuando la invito a salir el fin de semana pasado. No desaprovecharía su oportunidad de tener un romance de película.


Cuando recibió la llamada de Tsunayoshi el día anterior a las diez de la noche, atormentando su sueño solo por piezas de sushi quiso tener cerca de Tsunayoshi y estrangularlo. Después de un interminable lloriqueo, acepto su petición, llevar algo de comida para su amigo de la infancia estaría bien. Pero no se esperaba encontrar en lugar de su amigo a un terrorista, pudo llegar a esa conclusión después de ver los múltiples cartuchos de dinamita que cubrían su cuerpo. Tsunayoshi es un imán para atraer bichos raros. Como el zorro espeluznante de Byakuran, o como Daemon amigo su primo Giotto. Admite que también es bicho raro, pero no tan espeluznante como ellos.

No tenía nada que hacer, sus hermanos, estaban ocupados así que matar el tiempo viendo al chico que se presentó como la mano de derecha de Hime-sama, no estaría mal. Lástima que no tiene algunas palomitas de maíz, para seguir entretenido y seguir escuchando los balbuceos incoherentes de cuidar el sushi hasta con su última gota de sangre. Un poco aterrador la declaración, pensó Enma bostezando mientras espera que Tsunayoshi regrese de las cuevas del demonio bastardo que describió Gokudera.


No tenía nada mejor que hacer que estar sentado en una silla, a unos cuantos metros lejos de la cama de Hibari. Ese hombre se encontraba mal de la cabeza, cuando se le ocurrió ordenar que se sentara, sin hacer ruido hasta que tuviera que servirle. Con la advertencia de ser mordido hasta la muerte si intentaba una vez más ser chistoso; como lo fue cuando fue atraer una botella de agua que pidió. En cuanto entro a la habitación de nuevo, se inclinó diciendo que su siervo estaba de regreso. Deseo tener el nuevo tomo de Shingeki no Kyojin que salió hace poco al mercado. Detuvo sus divagaciones cuando dejo de escuchar los susurros de las hojas del libro que lee Hibari al ser pasadas.

Profundos pozos lo miraban con tanta intensidad como si fueran agujas afiladas siendo clavadas en sus tiernas carnes.

—Hibari-san por favor no se enamore de mí. Sé que soy irresistible, pero por favor contrólese.

Aconsejo Tsunayoshi sin pensar en las consecuencias de sus palabras. Podía parecer un delincuente antes los ojos de los demás, pero no era nada más que un tonto, idiota e ingenuo que la mayoría de veces dices cosas sin pensarlas.

La vena palpitante apareció en la frente de Hibari. Nunca ha sido un hombre de paciencia, era casi un milagro que no haya perdido sus últimas gotas de paciencia con Tsunayoshi, que seguía mirándolo con ingenuidad absoluta.

—Pff, mírate a un espejo primero que todo. —replico, alejando la mirada —.No conozco a una chica tan poco femenina como tú, solo cierra las piernas puedo ver tus llanos boxers masculinos.

De un brinco se puso de pie, con los ojos abiertos y el dedo índice señalando en una clara forma acusadora al cuervo exclamo con horror.

— ¡Tu pervertido!... por eso me mirabas con tanta intensidad. Lo sabía eres un viejo pervertido que hace cosas raras en la noche. —trago una gran bola de saliva —.Usándome como material para tus actos perversos.

Literalmente se pudo escuchar como algo se quebró en la habitación. El sentido de supervivencia sonaron en la cabeza de Tsuna, sin pensarlo dos veces se precipitó hacia la puerta; necesitaba salir de esa habitación si quería mantenerse en una sola pieza.

La mano fuerte de Hibari atrapo con un fiero agarre su antebrazo, quiso soltarse solo para sentir el agarre profundizarse un poco más.

— ¡Déjame ir!

Hibari ignoro a Tsunayoshi, atrapando el cuerpo más pequeño con el suyo y la pared. Escucho gritar otra vez a Tsuna, pero no hizo caso, estaba furioso; estaba listo para desplegar su tonfa y romper el cráneo hueco de Tsuna. Un codazo lo dejo casi sin aire, la fuerza ejercida era suficiente para dejar a alguien retorciéndose de dolor, pero era Hibari Kyoya. Enfurecido lo tiro hacia la cama, el cuerpo del moreno revoto en el colchón, quiso incorporarse y correr del carnívoro furioso, ciego de ira. Una vez más fue atrapado por el cuerpo endurecido por el ejercicio y las peleas de Hibari. Si estuviera en otro momento admiraría el escultural cuerpo, pero ahora no era momento.

—Caos Hibari, escuche que estas enfermo; traje algunos granos… —el italiano cerro la boca a la singular escena que estaba ante sus ojos. La pierna de Hibari estaba entre las piernas de Tsuna, sus manos estaban siendo apresadas por la de Hibari, con sus respiraciones irregulares y, el profundo sonrojo de Tsuna, completaban una completa escena inadecuada.

—Oh mi error por no tocar. —se disculpó mostrando una sonrisa burlona —.Hibari si vas tener sexo con una de tus estudiantes tienes que ser más cuidadoso. Te dejo un regalo.

Reborn lanzo una caja hacia la cama, antes de cerrar la puerta, los dos ocupante la cama miraron la caja azul oscuro. Curioso como siempre Tsuna agarro la caja para leer:

"Durex RealFeel garantiza una sensación contacto natural Piel con Piel."

Soltando un chillido tiro la caja lejos, horrorizado por haber tomado entre su mano una caja de condones. Hibari miro la caja caer en un ruido sordo en el suelo, pensó ociosamente como el profesor de matemáticas anda por ahí, con una caja preservativos en su bolsillo, lo averiguaría después de quitarse de encima de Tsuna, que tenía un sonrojo hasta las puntas de las orejas.

—Herbívora, deja de actuar como una virgen… ¿acaso eres virgen? —dijo en tono sabiondo.

Tsuna que ya estaba abriendo la puerta se dio la vuelta para enfrentar a su director, rojo como una remolacha.

—Y… ¡Y que sí lo soy! —grito antes de cerrar la puerta tras su salida.

Hibari sonrió olvidándose completamente de su ira. Mientras Tsuna corría lejos de la casa de Hibari, con su cara en llamas. Que tiene de malo ser virgen ¡por Dios solo tiene dieseis años! Todavía no tenía edad para esas cosas, se consoló. Nunca admitiría ante Hibari que estaba avergonzado por ser virgen, tan virgen que nunca se ha masturbado.


¿Por qué rayos Kusakabe guarda su laxante en refrigerador?... quién sabe.

Feliz San Valentín a todos mis lectores. Si no tienen a nadie para este día (como yo) entonces lean y vean mucho porno gay como lo haré yo! Hablando de porno gay, me doy cuenta mi livejournal, facebook y sobre todo mi tumblr predomina cosas gays (mi madre se moriría si lo mira) ¿Debería buscar ayuda? ... Nah.

Terminando el bla, bla, bla, les informo que no podre actualizar rápido porque estoy estudiando para un examen, así que por favor espéreme un ratito hasta que pueda volver.

Gracias por leer, bye.