Cap. 10
Visita
Bella ya iba a hablar pero se escucharon unos sonidos en la puerta, parecía que la abrían. Bella me miró con temor y pavor. Nos paramos de un brinco, mirando hacia la puerta, que en ella, se escuchaba que movían la llave dentro de la cerradura tratando de abrirla. Bella se apegó a mí y yo la recibí, posando mi brazo izquierdo en su espalda.
La puerta se abrió, entrando por aquella puerta, tres hombres muy grandes, todos vestidos de la misma manera, pensé que sería por la identidad o solo sería una clase de uniforme. Uno tenía el pelo mono y los dos otros eran rubios. No se le veía la cara porque estaban tapados por un pequeño manto color negro, que les tapaba media cara, de la nariz hacia abajo, pero lo único que se les veía era el color de sus ojos, todos cafés. Los tres hombres traían guantes y el hombre rubio traía con él una caja de madera en las manos. Me pregunté que sería eso, ya que cualquier cosa podía pasar. Todos los tres desconocidos tenían el ceño fruncido y tenían los ojos llenos de tristeza y rencor, todos pensativos pero sin distraerse de lo que hacían. El rubio depositó la caja de madera en el piso, en todo el centro de la habitación, y después, los tres hombres dirigieron su atención hacia nosotros. El más musculoso y grande dio dos pasos para adelante, dejando atrás los otros dos, y dio señas al tercer hombre, aquello de pelo negro que permanecía atrás. Este se dirigió a mí, Bella se separó de mí bruscamente y yo me alarmé, y el hombre me desató de manos. Me sentí aliviado de no tener esas cosas de metal envueltas en mis muñecas. Moví mis manos en forma circular, estirándolas después de un largo rato sin poder moverlas. El hombre prosiguió con Bella y ella se masajeo el lugar dañado por las esposas. Lo que no me había dado cuenta era que Bella tenía heridas en las muñecas, no muy severas pero sangraban levemente. Aquel hombre que nos quitó las esposas se dirigió hacia aquella pequeña caja que yacía en la mitad de la habitación, sacó una llave de oro de su bolsillo del pantalón y la abrió con mucha facilidad. La caja estaba vacía, por dentro era negra. El desconocido metió las esposas en la caja y la cerró con mucho cuidado, como si se fuera a romper en pedacitos. Cuando lo cerró, tomó la cajita en sus manos y se giró dándonos la espalda y los otros hicieron lo mismo y sin decir nada se dirigieron a la puerta. El rubio se giró para verme con ojos de resentimiento y tristeza, se notaba que trataba de esconderlo y parecer inflexible. Después, su vista se posó en Bella, este la recorrió toda con la mirada y esbozó una pequeña sonrisa picara, este acto que produjo un nudo en la garganta de pensar que es lo que este se imaginaba en su mente, luego retomó su cara seria y se volvió a girar y caminar hacia la puerta y eso me alivió.
-¡Espera!-le grité al desconocido que trataba de salir por la puerta y este paró secamente y se giró para taladrarme con la mirada.-La señorita no ah comido ni bebido nada hace mucho. Sería prudente que le dieran algo de beber.-dije con voz firme. El hombre que estaba en la puerta se echó a reír como si le hubieran contado el mejor chiste de su vida. ¿Qué tenía de chistoso que nos estuviéramos muriendo de sed y de hambre? Esto era muy serio. Puede que se estén divirtiéndose con nosotros a jugar a policías y ladrones pero esto ya se estaba pasando de la raya. ¿Y si de verdad querían que nos muriéramos de hambre? Y si es así, ¿Por qué? ¿Qué ganarán con eso?
El rubio salió por la puerta con una gran sonrisa y detrás de él, cerró la puerta de un azotazo, llegué a escuchar cómo le daba llave a la puerta y después de un momento se escuchaba las puertas de un carro cerrarse y partir hasta que el sonido desapareciera entre en sonido de los arboles contra el viento.
Bella y yo no dijimos nada, solo respirábamos muy rápido, mi corazón latía rápidamente. Hubiéramos podido morir y eso no me lo perdonaría jamás, le prometí a Bella que saldríamos de aquí vivos a retomar nuestras vidas como se debía.
Lo que si me preocupaba era si quería verme, si queríamos que mantuviéramos una relación de amigos. Bella me agradaba muchísimo, quería conocerla más de fondo, y sobre todo, el porqué de que James allá querido matarla, de eso no se escaparía.
Miré a Bella a ver como se encontraba y me sorprendió lo que vi. Tenía las mejillas empapadas de lágrimas pero en sus labios había una sonrisa. ¿Estaba llorando pero también estaba sonriendo? Estaría llorando de la felicidad pero… eso no era posible, yo la vi como estaba llena de miedo y pánico.
-Bella, ¿Por qué sonríes?-pregunté y ella me miró como si estuviera loco.
-¿Cómo que por qué sonrió? Estamos vivos Edward, vivos.-hiso una pausa y miro hacia la nada.-Por un momento creí que sería el fin, pero no estamos vivos, que mal que no pueda decir que estamos bien pero…vivos.-lo ultimo lo dijo susurrándolo.
-¿Y entonces por qué lloras?-volví a cuestionar y Bella borró la sonrisa que hacía y bajó la cabeza.
-Tú mismo viste como me miró ese bastardo, es que tenía miedo de que nos hicieran algo.-la callé con el dedo y con el mismo tomé su mentón, seguido, la tomé de los dos hombros con mis manos libres, la coloqué frente a mí y la obligué a mirarme.
-Escúchame bien Bella. Yo te prometí con toda mi alma que saldríamos de aquí vivos y así será.-le hable von voz baja y tranquila pero también con voz segura y firme. No todo estaba perdido, todavía habían unas personitas allá afuera buscándonos, de eso estaba más que seguro.- ¿Estás bien?-solté sus hombros y me senté en el piso.
-¿Ahora lo preguntas?-reclamó. Yo suspiré extenuado, esto no era gracioso. De verdad no estaba de humor.-Si, estoy bien.-contestó demostrando cierto artasmo de la pregunta y se sentó al lado mío.
-¿Te molesta que me preocupe por ti?
-Sí, bueno, no, pero es que no me gusta que pregunten bobadas. Sinceramente, ¿Cómo me vez que estoy? ¿Bien o mal?-replicó.
-No hablo de eso. Me refiero si estás bien moralmente.-expliqué. Bella cambió su gesto a enfado. No me iba a rendir y volví a insistir.-Bella.
-Ya te dije que si.-respondió frustrada.
El sueño me llegó de golpe, esta vez creo que no podré resistir. Tenía mucho sueño, los ojos me pesaban, es más, me dolía la cabeza de tanto sueño que tenía. Y la barriga me dolía y crujía silenciosamente.
