Navidad, navidad; Dulce navidad.
¡Si, claro!
La vida no tenía nada dulce sin él.
Y otra vez mis patéticos sentimientos me avergonzaban; agradecía mucho que nadie pudiese leer mi mente, aunque todos leyeran con facilidad mis ojos. Odiaba no poder dejar de amarlo, no poder parar la hemorragia que había dejado en mi corazón… todavía oía, si cerraba mis ojos, aquella frívola petulancia en su voz.
Nunca volvería a sentir lo mismo, aunque reiniciase mil veces en el amor, nada seria igual de nuevo.
Confié, al extremo de volverme ciega; lo amé hasta llegar a quedarme sin amor para nadie más… y él, simplemente me dejaba…
Una mano fría removió la lágrima que se revolcaba por mi mejilla, justo antes de taparme con sus brazos. Era tan dulce, tan merecedor de lo que esperaba de mí, y no podía darle…
-lo siento –susurré contra su pecho, buscando la comodidad que siempre encontraba.
-no tienes que pedirme disculpas, sabes que lo entiendo.
Y eso era lo peor.
-no deberías… tendrías que odiarme… por ser tan miserable y patética. –mi voz cargaba tanta tristeza como odio, pero nada iba dirigido a él, sino a mi misma.
Me odiaba, incluso más de lo que aborrecía a Sasuke, porque había sido yo la culpable de permitirme fantasías ilusas. Había tatuado en mi corazón un nombre, y ahora nunca lo podría borrar.
Mis brazos rodearon la espalda de Sai, buscando unirme más a su cuerpo, intentando olvidar en él todo lo que me atormentaba. Era egoísta, malvada, cruel y despiadada; y a Sai no le importaba. Me amaba, tanto a mí como a la sombra egoísta que llevaba dentro.
-ya suficiente te odias tú, ¿No te parece? –preguntó besándome tiernamente los labios. La culpa golpeó a mi puerta, como lo hacía siempre; nunca la atendí.
-estoy arruinando tú navidad, no me alcanzará la vida para odiarme lo suficiente –mis ojos lagrimearon sin permiso, y me alegre; por primera vez en los últimos dos meses transcurridos, lloraba por alguien más que Sasuke.
-oh, sí… creo que te odiare por privar mi navidad de los chistes de Naruto, y el eterno silencio de Hinata. –esperó a que me riera, y cuando oyó mi casi inexistente balbuceo, prosiguió. –En cambio, me arrastras hasta el lugar más desolado de la aldea contigo…
Iba a replicar en mi defensa; no le había pedido que viniese, él me había seguido. Su sonrisa burlona me calló.
-…me obligas a sentirte entre mis brazos, bajo el manto de estrellas mas bonito que halla visto jamás.
Miré hacia arriba, luego de que despertara mi curiosidad, y a parte de ver su rostro pegado al mió, pude notar que era una extraña estrellada.
Extraña, porque estábamos en invierno, y hacia mucho que no estaba tan despejado el cielo. A pesar de eso, el frió no había disminuido en nada, y la capa de nieve sobre el suelo… tampoco.
-gracias –Sai besó mi oreja y descendió rápidamente hasta mi cuello. –es una hermosa navidad…
-la primera de muchas –susurré; animando su tono, melancólico por alguna razón, mientras el cosquilleo que me producía comenzaba a ser más intenso.
Algo me decía que tenia que detenerlo, no era una buena idea dejarme envolver por ese sentimiento, que nunca había sentido, pero podía reconocer.
¿Qué tan ciega podría ser para no reconocer su deseo? Más difícil sería admitir el propio que ver el ajeno.
-Sai… -quise detenerlo, fue mi primera reacción, pero su boca sobre mis labios no me permitía más que disfrutar. Ese era su encanto, podía negarme mil veces… e igual me seguía gustando, porque me permitía olvidar.
Era extraño que no hubiera sentido su mano, comúnmente fría, subir por mi blusa hasta chocar con el sujetador; imaginar la idea de dar ese paso con él, no me aterraba tanto como creí. Después de todo…
Éramos novios.
Ese beso, ese salvavidas que me tiró aquella vez, cuando mis pulmones y mi corazón se vieron oprimidos por la indolencia de Sasuke para conmigo… no pude dejarlo luego de eso.
Amaba a Sasuke, esa era mi triste realidad… pero Sai era una droga para mí, tan necesaria como el alimento y tan natural como respirar… lo nuestro era más que una relación; éramos complementos el uno del otro.
Le pedí que nunca me dejara, se lo susurré entre besos y caricias que nunca parecían ser suficientes; la imagen de Sasuke no se borraba de mi cabeza… pero quería intentarlo de todos modos. Y cometí un error.
Sus labios presionaron los míos con más fuerza, antes de que se separara con el rostro compungido; por unos segundos creí que eso era dolor, pero luego vi la furia colorearle las mejillas.
-¿Sasuke? –me preguntó, o más bien repitió lo que yo había dicho inconcientemente; creía que solo lo estaba pensando, pero al parecer también lo había dicho en voz alta.
Mi rostro expresó todo de golpe, antes de que pudiera soltarlo en palabras. No quería dañarlo, eso era lo último que me pretendía… pero él lo ponía todo tan difícil. Si tan solo se hubiese alejado de mí en el momento correcto, pero ahora ya era tarde. No quería dejarlo, mucho menos que el me abandonara a mí.
Tomé su mano, entrelazando nuestros dedos, cuando intentó alejarse; no se soltó. Y mis lágrimas surcaron cataratas desde mis ojos hasta mi barbilla, raspándome con cada roce y salándome las mejillas.
-¿Crees que es fácil controlar lo que siento? –le reproche, aunque sabía que debería estarle entregando disculpas por montones.
-¡Controla al menos lo que dices! –su voz sonó más gélida de lo normal, aquel toque masculino me lo recordó a él, el día en que rompió mis ilusiones; el llanto fue más sonoro.
En seguida noté sus brazos envolviéndome como se le hace a un niño asustado, me sentí tonta, pero me dejé. Sus labios acariciaron mi frente, sin rastro alguno de la pasión que antes me había demostrado… sentí curiosidad, pero no la extrañé; sabía que aquella pasión volvería pronto.
Esperé a que liberara mis labios, para poder separarme pocos milímetros de él.
-Naruto se ofenderá si no volvemos… -susurré con media sonrisa, causada por la expresión que tenia Sai; dulce y distraída.
-realmente creo que ni siquiera notaría nuestra ausencia… pero deje tú regalo ahí… –miró su reloj. -…y va a ser media noche.
-¡Es cierto, los regalos! –di un respingo de emoción, saliendo así de entre sus brazos y adelantando con alegres zancadas varios tramos del camino; se rió burlón mientras me seguía.
Ya quería entregarle su nueva colección de novelas de Jane Austen, y las hermosas camisas que le había comprado. Además tenía que darle a Naruto su nuevo juego de video, y a Hinata el vestido que había comprado para regalarle.
-cálmate un poco… -alzó la voz, cuando yo comenzaba a alejarme demasiado de él. -¿Qué no tienes que darle tiempo a Santa de venir?
-No, si no se apresuró es su problema –me burle ajustando de nuevo mi paso al de él. -¿Cuánto falta? –inquirí ansiosa, notando que los estruendos comenzaban a ser mas ruidosos y seguidos.
-Cinco minutos –me respondió, acurrucándome entre sus brazos luego de alzarme en vilo. –Llegaremos a la casa de Naruto, y nos sobraran cuatro minutos –se jactó.
Quería contradecirlo, al menos burlarme de su poca modestia… pero era cierto, cuando comenzó a correr y saltar entre los árboles y las casas… creí que vomitaría hasta mi primera papilla. Suerte que aún no había ingerido suficiente comida o alcohol.
-veinticinco segundos…
-¿eh? –interrumpí, urgiéndome volver a pisar el suelo. Me soltó de inmediato, casi tirándome al suelo, seguramente él también creyó que iba a soltar todo lo que no había comido… pero, por suerte, no fue así. –Eso te enseñara a no hacerlo de nuevo –le dije, al notar su mirada alerta sobre mi, y mi posible malestar.
-no lo volveré a hacer. –me prometió, con voz tan dulce que no pude evitar tirarle una sonrisa.
-¡Sakura-Chan! –la fastidiosa y conocida voz me previno de Naruto, justo antes de que me abrazara. "Demasiado emocionado" –pensé.
-¡Naruto! –alcé la voz, dejando en mi garganta un tono más riguroso, antes de tomarle las orejas sin piedad. -Lo abriste, ¿No es cierto?
-Sí, es el mejor regalo del mundo… -su entusiasmo no disminuía por el dolor de su oreja, así que resignada, lo dejé.
-Idiota… -susurré mientras me abría paso hacia adentro.
Sai me siguió, con esa sonrisa imborrable en su rostro, me fastidiaba ese detalle cuando estaba de mal humor.
-bebe y se feliz –me dijo, llenándome una copa; reí ante su frase idiota.
-¿Me consideras una alcohólica? –interrogué con burla, mientras tomaba la una segunda copa. En casa de Naruto, sin supervisión de un adulto gruñón, ¿Quién podría decirme algo?
Nadie… y esa misma excusa utilizaba para permitirme tomar en casa de Sai; él tampoco tenía padres.
Cuando dieron las doce, sentía que los sucesos eran un poco más lentos que lo normal, pero era casi imperceptible; no merecía la pena parar por ello.
Brindamos; una buena excusa para tomar dos copas más, y luego convertimos la sala en un basurero de papeles de regalo y cajas ya vacías. Naruto se sorprendió con el regalo de Hinata, aún más que con el mió, era otro videojuego… uno tan nuevo, que yo ni siquiera le sabía el nombre. A ella su regalo pareció fascinarle, y le quedaría mucho mejor con los pendientes que le obsequió Sai; mientras que a Naruto le regaló algo que no vi, pero lo dejó sonriendo por buen rato.
-¿Qué es? –mi curiosidad era más fuerte, y al tenerlo cerca me sostuve de él cuando la habitación comenzó a girar lentamente.
-un libro –me respondió, con una mueca de gracia en su perfecto rostro.
-¿De qué? –volví a curiosear, sin entender del todo el misterio que se traían entre manos.
-cosas de hombres –me dijo al oído, mientras ponía entre mis manos un pequeño paquete.
Fue difícil fijar la vista en el estuche negro que sostenían mis manos temblorosas; tal vez era mi vista la que no se quedaba quieta, pero estaba segura de que algo se estaba moviendo.
Abrí el estuche torpemente, dejando de sentir el terciopelo de su exterior para deleitar a las yemas de mis dedos con algo aún más suave; seda tal vez. Y noté, con esfuerzo, algo que brillaba dentro… tenia suficiente alcohol en las venas como para captar el sentido de aquel regalo a la primera; lo único que supe hacer, presa de la común alegría de los borrachines, fue abrazarlo y besarlo con extrema felicidad.
-lee la inscripción –me pidió, notablemente emocionado por mi reacción.
-si fuera tan fácil –farfullé, haciendo un horroroso esfuerzo por enfocar mi vista.
"Sakura & Sai" y al lado tenía una seguidilla de números y guiones que no identifiqué.
Le sonreí tiernamente ante el gesto, y el correspondió mientras me colocaba el anillo en el dedo.
-¿Te gustaron mis regalos? –inquirí, deseosa de verlo feliz.
-Creo que me entretendré mucho con los libros, y las camisas me sentaran bien… como todo –se burló con un brillo animado en los ojos. -¿Y a ti? –me interrogó, levantando mi mano hasta dejar el anillo a la vista.
-me queda bien… como todo –le copié sonriendo. El alcohol hizo que todo se moviera otra vez, y me sostuvo en el momento justo.
-me alegra que te haya gustado, cuando vi el muestrario de anillos de compromiso creí que tardaría años en encontrar alguno que…
Y mi cerebro, atrofiado por la borrachera y las continuas sesiones de dolor que le propinaban los recuerdos de Sasuke, por fin entendió que aquel anillo era más que un juego de adolescentes.
Me separé de Sai como si el contacto me hubiese quemado, y lo miré atónita; ¿Compromiso? ¿Qué no era esa la palabra que antecedía a Matrimonio ?
Se acercó nuevamente, un poco extrañado, y acaricio mi mejilla con cariño. Me quise alejar, pero me vi obligada a caer entre sus brazos cuando perdí el equilibrio… todo se volvió borroso desde ese momento; me mostré feliz sin estarlo realmente, cuando el alcohol de las bebidas se asentó por completo perdí el control y hasta mi propia voluntad.
No era la primera vez que llegaba a ese extremo, con todos los dolorosos sucesos que me habían ocurrido, era conciente de que me había ganado un grave problema con las bebidas… pero si era esta, la primera vez que emborracharme parecía tan peligroso.
Bien, ahora están a la par de dA... la siguiente actualización será cuando la escriba. No la esperen demaciado pronto, porque tengo que seguir El precio de una geisha, luego En la oscuridad de un calabozo (los dos capitulos finales); luego sigue Provocandote y gozando las consecuencias (el final), y despues sí, El objeto del deseo nuevamente.
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Gracias por leer, y tener paciencia ante mis tediosos retrasos con las continuaciones.
Atte. Sakuryo
