Disclaimer: Los personajes de esta historia, pertenecen a mi queridísima Stephanie Meyer—a excepción de unos cuantos personajillos que salieron de mi cabecita—pero los uso para satisfacer mis necesidades de escritura macabra. Eso sí, la trama es totalmente mía y les pido de favor que no la utilicen como propia.
"Destinada a Nunca Morir"
a fanfic by:
Ale-Alejandra
CAPITULO 7
Miércoles
Era muy temprano. Parecía que había dormido por años pero a la vez seguía un poco cansada. Como todos los días, tenía enredadas las sabanas entre mis piernas y mis almohadas estaban abrazadas a mi cuerpo. El olor a mañana era irresistible, casi olvido que era miércoles.
Odiaba el miércoles, incluso más que el lunes. Era justo la mitad de la semana, de una un poco rara y desgastante en todos los aspectos. Pensé realmente si había sido productiva en estos días, si había hecho algo muy interesante.
La respuesta era no.
Aunque claro que si contaba el accidente, mis extraños cambios de apariencia y el hecho de que Edward Cullen por lo menos ya me hablaba, la situación era diferente. Pero era obvio que esa clase de cosas maravillosas no pasarían ni siempre ni tan seguido.
Tendida en mi cama, despeinada como en Día de Brujas, nuevamente me propuse tener la misma actitud del día anterior, pero obviamente sin la estúpida ilusión a flor de piel. Me levanté de la cama pisando descalza el suelo frío, sin darme cuenta pase al lado de mi mecedora y me di un fuerte golpe en los dedos del pie. Me dolió hasta el alma y todo por esa maldita silla fantasma. Todos los días amanecía en un lugar diferente, pensaba seriamente en atarla a la ventana para que no se moviera de su lugar.
Adolorida, entré al baño a darme mi ducha matutina. El agua caliente relajaba mis músculos de una forma milagrosa, y mi shampoo de fresas era un buen comienzo para el día. Mientras tallaba mi cuerpo, efectivamente me daba cuenta de que estaba un poco cambiado, parecía que estaba un poco más rellenita. Terminé de ducharme y me sequé dentro del baño.
Con la toalla en el cabello, mientras me cepillaba los dientes, pude ver nuevamente la lozanía en mi rostro. Incluso creo que las pecas de las que me hablaba Emmett habían desaparecido. Los ojos nuevamente parecían más vividos y su color chocolate se había hecho un poco más turbio. Me recordaron a los ojos de Edward cuando lo vi la primera vez. Mi cara parecía más angulosa de lo normal y mis labios más rellenos, tenían un rosa delicado cubriéndolos como si fuera lápiz labial.
Por supuesto me dije a mi misma. Era eso de los que tanto me hablaba Maddie, el florecimiento de toda mujer. Según ella eso pasaba cuando tu cuerpo cambia, tus hormonas estallan y todos te voltean a ver. Nunca le creí porque según yo eso pasa a temprana edad, es decir, ¿era mi cuerpo retrasado o porqué hasta ahora me pasaba esto? Si como no me repetí incrédula mientras salía del baño.
En el cuarto, las luces de la mañana se escapaban para entrar y chocar contra mi cama. Esta vez, decidí no escoger mi ropa, simplemente tomé lo primero que mis manos tocaran. Mientras me ponía la blusa, sentí un pequeño inconveniente: la blusa me quedaba chica, esto definitivamente si estaba raro. Me probé otra que me quedaba ligeramente entallada pero no me importó. Me metí dentro de los jeans, y baje corriendo a desayunar aún con la toalla en el cabello.
Charlie me dio los buenos días cuando entré a la cocina. Había preparado café así que tomé una taza con galletas que Maddie había llevado hacía algunos días. Me senté al lado de Charlie en silencio a disfrutar de mi café, luego él con la boca llena de galletas me hizo una pregunta que no sabía cómo contestar.
—Haz comenzado a maquillarte, ¿verdad? Si necesitas dinero para comprarlo sólo pídemelo—
Charlie se mostró incómodo ante su propio comentario, yo simplemente asentí aunque no fuera verdad lo del maquillaje. Ni siquiera sabía usar la máscara para pestañas. Mi padre terminó su café, estaba a punto de irse cuando se me ocurrió pedirle permiso para ir a La Push más tarde a visitar a Jacob. Él por supuesto aceptó y salió de la casa para el trabajo.
Tomé mi mochila, dinero, mis llaves y salí directo a la camioneta. Arranqué el motor con un rugido horrible y ya estaba en marcha a la escuela. No había notado que no llovía ni nevaba ni nada. No había sol, solamente estaba un poco fresco y eso era todo. Ese clima era perfecto para mí y me ponía de buen humor.
Seguramente nada podía arruinar ese día.
Llegué al estacionamiento temprano, sólo algunos carros estaban estacionados, entre ellos estaba el enorme jeep de Emmett Cullen. Busqué por todo el estacionamiento y me pareció extraño que no estuviera el Volvo de Edward pero me prohibí pensar en él. Saqué la mochila y me dirigí a la escuela, recordé que teníamos clase de español así que debía darme prisa.
En el pasillo central pude ver que mi casillero ya no tenía la "herida de muerte" que Emmett le había hecho. Recordé el suceso con una sonrisa en mi rostro y avance. Fue en eso cuando alguien me sorprendió por detrás.
—¡Bella, buenos días!—gritó Alice Cullen en mi oído con un chillido infantil
—Buenos días también para ti, ¿cómo estás?—contesté.
—Genial como siempre—
—¡Qué bien!—estaba nerviosa, jamás le había hablado bien a Alice—Debo apurarme o la Srita, Torres llegará antes que yo…—
—Uhm, no lo creo, el trafico en Forks es terrible a estas horas, presiento que llegara dentro de unos…veinte minutos—dijo mientras cerraba los ojos—Mientras la esperas podemos hacer planes para la tarde, ¿no crees.—
Entramos al salón donde aún no había nadie. Alice tomó una silla como si fuera una pluma, la colocó a mi lado y comenzó a hablar rápidamente y sin parar acerca de los planes que ya había hecho.
Creo que yo era la última en enterarme.
—Estaba pensando que podríamos ir a tomar a un café y luego al cine, o no, ¡ya sé! Podemos ir a Port Ángeles a buscar el vestido que usaremos para ir al baile y de paso ir a la mercería para decorarlos nosotras mismas—su entusiasmo era contagioso, me hizo reír— ¿Te parece si me disfrazo de Campanita? con mis alitas. ¡Tú podrías ser La Bella Durmiente con tu vestido azul y todo!—
Me sentí mal de interrumpirla. El salón comenzaba a llenarse de alumnos y todos se quedaban maravillados al ver que estaba hablando con Alice, una Cullen. Cuando digo todos también incluyo a Ángela. Nos veía con ojos raros.
—La verdad Alice, es que no pienso ir al baile, simplemente no es lo mío—solté rápido—Me encantaría acompañarte de compras hoy pero ya tengo planes, ¿te parece si vamos otro día?—
Un puchero triste se dibujó en su cara. Obviamente había herido sus sentimientos cuando arruiné su día con mis propias cosas.
—Ya veo, bueno no importa. Supongo que podemos ir otro día y posponer todo esto—
—Podemos ir mañana y hacer todas esas cosas que dijiste, incluso si quieres te puedo ayudar a hacer tu disfraz— le dije sin pensarlo, ni idea tenía idea de cómo adornar un maldito disfraz de Campanita.
—Entonces ya quedamos: ¡mañana será día de chicas! Prepararé todo para que estés contenta y Esme por fin te conocerá, ¡estará feliz!—hizo una pausa mientras me tomaba de la mano emocionada — Yo lo sabía, veras que todas seremos las mejores amigas—
Mientras decía eso, eche un vistazo a Ángela, parecía que no lo podía creer. En eso Alice se levantó de la silla y miró a mi amiga, luego la invitó amablemente para pasar también la tarde.
—Soy solamente yo o Alice Cullen nos acaba de invitar a ir con ella de compras —dijo Ángela sorprendida una vez que Alice se había ido.
Me mostré igual de sorprendida que ella.
Efectivamente, veinte minutos después, la Srita. Torres cruzaba el umbral de la puerta del salón de clases alegando que había estado atascada en el tráfico de la Calle Principal de Forks. Quedé estupefacta por la habilidad de Alice por predecir ciertos sucesos con una exactitud increíble, pero supuse que era simple sentido común.
La clase se fue como agua, en realidad, creo que mi mente ni siquiera estaba en el salón. Pensaba en qué me había metido al decirle a Alice que iría a su casa y que le ayudaría a decorar su traje. Debía pensar en una excusa para decirle y posponer nuevamente nuestros planes, pero se me hacia algo cruel. Sus ojos color de la miel no podían ocultar que estaba feliz de que saliera con ella. Aunque aún no sabía cuál era la razón por la que ella deseaba incluirme en su vida diaria.
Pérdida aún en mis pensamientos, Ángela me dio un codazo para avisarme que la clase había terminado. Guardamos los libros y salimos del saló por el pasillo recordé que tendría la clase de Matemáticas, el día anterior me había escapado de la escuela, así que hoy si tendría que sufrir con los números.
Fui a mi casillero a sacar mi libreta y la calculadora para la clase. Me sorprendí al ver que estaba como nuevo, todos los libros y cosas dentro de él estaban ordenados de una manera impecable, además de que emanaba un vaho perfumado. Emmett era más ordenado de lo que pensaba.
En la siguiente hora casi muero del aburrimiento al pasarme toda la clase tratando de hacer ecuaciones de quién sabe qué grado. Odiaba las matemáticas por el simple hecho de que no sabía para qué servían. Aunque seguramente algún día, la parábola y el coseno, servirían para salvarme milagrosamente la vida. Uno nunca sabe me dije en voz bajita en forma de burla mientras metía la libreta y la calculadora a la mochila.
Caminé hacia la cafetería, era hora del almuerzo y extrañamente aún no tenía hambre.
Al entrar a la cafetería, vi que los alumnos se amontonaban en la barra de comida como todos los días. En nuestra mesa, aún no llegaba nadie. Justo cuando pensaba eso, Mike llegó con Jessica a la mesa. Mike dejó sus cosas sin saludar y se fue a formar a la fila de comida, mientras que Jessica se quedó conmigo.
Estaba feliz.
—¿Adivina qué?—me preguntó, pero no esperó una respuesta de mi parte—Mike me pidió que fuera al baile con él—
—Me alegro mucho por ti, seguramente se la pasará bomba contigo—dije con una incredulidad que pude ocultar.
Mientras Jessica me contaba los detalles de la propuesta de Mike, volteé a ver la mesa de los Cullen. En ella se encontraba almorzando Rosalíe y Emmett, también Jasper Hale y Alice a su lado. Esta, agitó su pequeña manita para saludarme desde el otro extremo de la cafetería. Contesté su saludo de igual forma pero obviamente sin el dejo de elegancia que tenía el saludo de Alice.
Extrañamente Edward no se encontraba con ellos, de hecho no había olido su perfume de vainilla en todo el día. Pensaba en las razones por las cuales Edward no había ido a la escuela, cuando Ángela me dejo un vaso con yogurt frente a mí.
Me obligó toda l ahora del almuerzo a comerlo, pero me salvé cuando el timbre sonó para ir a la clase de Deportes.
Llegué sola al gimnasio, estaba angustiada porque sabía que Mike no me ayudaría después de haberle rechazado la invitación. Así que resignada escuché las instrucciones del profesor cuando nos ordenaba armar equipos para jugar voleibol otra vez. Como lo tenía previsto, Mike se las había arreglado para estar en el equipo opuesto al mío. Despechado me repetía cada que lo miraba.
Al momento de comenzar a jugar era obvio que mis compañeros no confiaban en mí, aunque eso tuvo que cambiar cuando Mike me lanzaba la pelota a mí a propósito. Milagrosamente, logré golpear cada una sin saber cómo y cada uno de mis golpes habían hecho puntos. De repente era ágil en los deportes y todos estaban realmente sorprendidos, incluyendo a Mike que prefirió no meterse conmigo. Creo que el participar activamente en el partido hizo que la clase me pareciera muy corta porque justo cuando sumaba mi punto número 15 la campana sonó.
Por fin casi llegaba la hora para salir de la escuela y me di cuenta de que aun no hablaba con Jacob para avisarle que iría a visitarlo. Tal vez estaría en clase así que sólo le mandé un mensaje de texto para decirle que iría a la reserva un poco después de la escuela. Cuando estaba en el taller en mi nueva clase de Artes, recibí un mensaje de Jacob confirmándome la visita. Me esperaba a las cuatro en la reserva.
Estaba muy contenta por ver a Jacob, ya que la otra noche no tuve tiempo de platicar mucho con él y el tiempo que estuvimos juntos me la pasé interrogándolo acerca de Edward y su familia. Así que esta vez enmendaría mi error y trataría de pasármela bien con él.
En la clase, el profesor McCartney, un hippie sin remedio, nos habló durante casi dos horas de la historia del arte y no me aburrí para nada con sus extrañas pláticas sobre la pintura o la escultura. Sabía que a pesar de no ser muy hábil con las manos, me gustaba hacer ese tipo de cosas y esta clase sería como vacaciones para mí. Decidí que tal vez haría una escultura de Edward porque prácticamente él ya lo era en vida. Estúpida idea Bella me repetí en la mente.
El timbre final por fin sonó dando pasó a un día muy divertido al lado de Jacob, aunque debía admitir que había sido un poco sombrío el hecho de no sentir mi corazón agitarse o mis mejillas del color de la granada a causa de una de las sonrisas de Edward Cullen. Era una sensación bastante extraña el no sentir esos espasmos de vergüenza en mi cuerpo.
Parecía que el tiempo volvía atrás y mi vida era como antes de que aparecieran los Cullen. Debía admitir que era muy aburrida a pesar de todo lo demás.
Pero no debía pensar en eso así que tomé mi mochila y me retiré al estacionamiento en donde mi viejo camión esperaba a que lo llevara a casa. Debía tener la misma prisa que yo ya que arrancó sin ningún ruido y a la primera. Nuevamente Alice batió su manita para despedirse de mí mientras abandonaba el estacionamiento.
Llegué a casa un poco apurada ya que aunque Charlie me no me lo había pedido, quería dejarle la cena. Entré a mi cuarto para cambiarme las botas por mis tenis Converse y bajé porque el agua de la pasta se había tirado.
Limpié el desastre de los espaguetis, los serví en un plato, escribí en una servilleta Caliéntame y la puse a un lado para que Charlie lo viera porque era capaz de comérselos fríos.
Tomé las llaves y al salir de la casa, me lleve una sorpresa muy agradable: era Jacob que me esperaba esperando en la acera, montado en su motocicleta.
—Señorita Swan, escuché que iría a la reserva y traje este caballo para usted—dijo imitando una voz de señorón señalando su moto negra y esbozando una sonrisa enorme—Hola Bells, vine por ti para ir a caminar a la playa—dejó de fingir la voz.
Yo corrí a mi encuentro con Jacob que sucedió con un gran abrazo de oso.
—Me encantaría ir a la playa a lanzar guijarros, con la condición de que no me mates en esta cosa—bromeé mientras Jacob me daba un casco extra
Nos trepamos en la moto y salimos a gran velocidad a la playa. Creo que si Charlie nos hubiera visto, habría tenido un paro cardiaco y me habría prohibido salir con Jacob durante un mes. Llegamos muy rápido a la playa, en dónde aún era Forks. Jacob dejó la moto cerca de la acera y bajamos a la playa.
Mientras caminábamos, tomamos muchos puños con piedritas y comenzamos a lanzarlas. Estuvimos un rato en silencio, sin decir nada más.
—¿Cómo has estado Jake? —
—He estado mejor que en mucho tiempo. En casa, las cosas han estado un poquito tristes con eso de que Rachel se fue a la universidad pero papá y yo sobreviviremos sin ella, después de todo no es la primera hermana que se va de casa—
—¿Y por eso estas contento? Si otra de mis hermanas se fuera, yo estaría muy triste aunque fuera mandona como Rachel—
—Lo sé, pero no es por eso que me siento feliz—
—¿Entonces?— le pregunté curiosa, deseaba que me digiera todos tus secretos.
— Te lo diré pero no te enojes, por favor—me tomó de la mano—Antes, yo sentía algo muy grande por ti, algo más grande de lo que siento ahora, pero debo admitir que no era un sentimiento de amistad, sino otra cosa distinta—
Me quedé callada escuchándole aunque aun no sabía a lo que se refería.
—Yo comencé a sentir nuestra relación distinta, incluso debo admitir que aún me gustas Bella pero creo que todo ha cambiado, claro, para el bien de nuestra amistad— me suelta — ¿Sabes?, estos días he estado charlando con Leah y pues me he dado cuenta de que me estoy enamorando de ella—
—Por eso la felicidad—lo abracé.
—Sí pero júrame que no estás enojada—
—Para nada Jake, de hecho debo confesar que alguna vez también me sentí de esa manera pero ya no más, cero incomodidad si me preguntas. Además creo que yo estoy comenzando a sentir lo mismo que tú por otra persona—
Sonreí estúpidamente al recordar a Edward. Además, comencé a barajar la posibilidad de estar enamorada de él.
—Sea quién sea tu enamorado, más vale que te trate bien y te haga feliz. Sino dile que se las verá con Jacob Black—lanzó una carcajada—Sabes que tu siempre serás mi Bella, mi única mejor amiga —
Le sonreí mientras le picaba el ombligo, en eso su estomago hizo un ruido terrible. Era igual que Charlie, terrible para los momentos emotivos
—Tengo un poco de hambre…es más se me antoja una hamburguesa enorme de la Cafetería de Sally. Vamos, yo invito—y me jaló del brazo camino hacia la moto.
Nuevamente íbamos rapidísimo por lo que fue cuestión de minutos para que llegáramos a la cafetería justo en el centro de Forks. Entramos y Jacob pidió una hamburguesa doble con todo y complementos. De hecho era muy comelón igual que yo, pero en esta ocasión, no tenía hambre. Solamente pedí unas papas para no desairarlo.
Mientras lo observaba comer, también le contaba lo del baile y él amablemente se ofreció a ir conmigo pero le dije que no iría, menos si eso significada destrozarle la nariz una vez más.
Reímos como tontos en nuestra mesa mientras recordábamos tantas tonterías que habíamos hecho a lo largo de los años. Aún seguíamos riendo cuando salimos de la cafetería con un escándalo enorme, pero la sonrisa se me acabó cuando vi un Volvo plateado estacionándose frente a la cafetería.
Era Edward que estaba con otra chica.
N/A: Y si, una vez más, una autora de FF utiliza a Tanya como objeto de su odio XD
