DISCLAIMER: Todo es de JKR y… todo lo demás que ya nos sabemos de memoria…

Chapter 10: Indiferencia.

Severus se encontraba sentado en el sillón de su despacho, frente a la chimenea, con el seño fruncido y un puño apretado sobre un reposabrazos, mientras que su otra mano rodeaba con demasiada fuerza un vaso relleno de whiskey de fuego, el hombre se bebió el contenido mientras miraba el crepitar de las llamas, el vaso se lleno nuevamente y una vez mas él lo desocupó.

Era inútil era casi la madrugada, era más que obvio que Granger no vendría, a fin de cuentas ¿Por qué iba a hacerlo, después de ver lo que él realmente era?

Severus lanzó el vaso contra la chimenea y el cristal estalló en pedazos contra la pared de piedra, las llamas se tornaron azules un instante a causa del alcohol. Cuando el fuego retornó a su color original un segundo después, el pocionista entró por la puerta que daba a sus habitaciones, azotándola a sus espaldas al pasar.

Ya completaban una semana desde que le había mostrado sus recuerdos y ella no era siquiera capaz de verlo a la cara.

Había decidido que no importaba, total no era la primera persona, ni mucho menos la primera mujer que lo despreciaba, aun así le era imposible negar, que le dolía, porque lo hacía y más de lo que hubiera creído posible.

Había decidido que haría como si nada, como si ella nunca se hubiera tropezado con él en Hogsmeade, como si él nunca le hubiera mostrado su casa, o la hubiera llevado en la moto, ni le hubiera enseñado a conducirla; iba a hacer de cuenta que la insoportable sabelotodo jamás se había cruzado en su camino, iba a olvidar todo lo que habían pasado y ella se convertiría en la impertinente jovencita sabionda de su clase y nada más.

El problema es que no podía borrarla de su mente, no podía olvidar el olor de su cabello, o la forma en que se mordía el labio cuando pensaba, mucho menos los beso que se habían dado y ¿cómo podría olvidarla? Cuando el libro que reposaba junto a su cama era el mismo que él le había regalado a ella y cuando los guantes que ella había bordado para él se encontraban justo sobre ese mismo libro, y estaban allí junto a su cabecera, recordándosela cada noche, de igual manera no era capaz de deshacerse de ellos ¿Cómo podría sin siquiera saber porque lo hacía? Sabía que ella lo despreciaba, pero entre más tiempo pasaba tratando de olvidarla, mas se daba cuenta de que necesitaba saber la razón exacta de porque lo hacía, necesitaba saber lo que pensaba de él, para así al fin tal vez olvidarla.

Su determinación se derrumbaba, con rapidez cuando la veía esconderse tras su libro de texto o enterrarse tras su caldero en clase, o cuando la veía venir por un pasillo y ella viraba repentinamente para no toparse con él ¿es que le era tan insoportable pisar el mismo suelo que él?

Severus arrugó un pergamino que acababa de embarrar con tinta, a causa de la fuerza que había estado haciendo sobre la pluma.

Entonces levantó la vista y la miró, pensó que sus ojos lo habían engañado, porque juraba que acababa de descubrir a la castaña mirándolo, pero todo había sido tan rápido que apenas parecía un reflejo de sus ojos cansados, de las noches que llevaba en vela y ahora la chica volvía a estar escondida tras su libro de pociones, agregando ingredientes en el caldero.

Sin duda lo había estado mirando o eso le parecía a él, sus ojos jamás lo habían engañado ¿Por qué lo harían ahora?, ¿cansancio? Esos era imposible, nunca había dormido bien ¿Qué haría la diferencia con sus otras noches de insomnio?, estaba seguro de que lo había estado espiando, pero… ¿Por qué razón?, fue en ese momento en que su determinación se vino abajo y su decisión de ignorarla desapareció, tenía que hablar con ella, tenía que entender.

Hermione tomó todas sus cosas y se dispuso a salir del salón, como últimamente acostumbraba, dejando el frasco con la poción que acababa de preparar sobre el escritorio de su profesor, sin siquiera voltear a verlo y dirigiéndose a la puerta lo más rápido que pudiera.

−Granger tengo que hablar con usted, siéntese− la detuvo el hombre antes incluso que dejara el frasco sobre la madera.

−Lo siento profesor, pero tengo que llegar a mi siguiente clase− la chica dejo el frasco y se disponía a seguir su camino a la salida.

− ¡Señorita! – la voz del hombre sonó peligrosamente enfadada− no le estoy pidiendo un favor, ¡es una orden!− Snape dejo de mirarla y vio como los amiguitos de la castaña l miraban de mala gana por haberla gritado.

− ¿T e esperamos Herms? − preguntó Harry sin dejar de mirar a Snape.

−No se preocupen chicos, solo háganme el favor de decirle a la profesora que me tardaré un poco.

−Está bien− concedió Harry.

−Suerte− dijo Ron y la chica fue a sentarse en una de las mesas de adelante con la vista fija en el piso.

El aula se desocupó con rapidez y la castaña se vio sola con el hombre que lleva ignorando toda una semana.

− ¿Acaso hay algo tan interesante en el piso, como para que no me mire señorita? O ¿será que me desprecia tanto como para que le resulte insoportable de ver? – preguntó el hombre un minuto después apoyando las manos sobre la mesa en que se encontraba la castaña.

−Yo no… yo…−las palabras se atragantaron en boca.

−Ya lo entiendo lo que pasa es que su mundo se centra en usted misma, "la perfecta y siempre acertada prefecta de Gryffindor" – el hombre soltó con rabia− es que ¿acaso le es imposible asimilar que esta vez se equivocó? ¿Qué esa parte de mi vida, que tanto ansiaba conocer no era tan perfecta como imaginaba? Y ahora se cree con derecho a despreciarme porque no soy la persona que esperaba− eso ultimo definitivamente no había sido un pregunta.

Hermione levanto la vista por primera vez y se encontró con el rostro descompuesto de su profesor.

−Severus…− comenzó pero el hombre se dio media vuelta y caminó hacía su escritorio, ella lo siguió y cuando llego a donde él se encontraba lo cogió por un brazo para que él se diera la vuelta, Severus se giró con tanta fuerza que la obligó a soltarlo− yo no…

−Es tiempo de que se enteré Granger, que no todos tienen la vida perfecta que usted si, que en este asqueroso planeta ha desdichados como yo, que no tienen, ni nunca tuvieron nada que valiera la pena− él la interrumpió antes de que pudiera decir nada.

−Escúchame Severus…− comenzó la castaña, pero él sabía que aunque esa era la única manera que tenía pera olvidarla, no sería capaz de escucharlo de sus propios labios.

−Lo siento Señorita el tiempo se terminó, tengo otra clase, que le vaya bien− el pocionista se dio la vuelta nuevamente y se sentó en la silla tras su escritorio, la castaña lo miró por un momento y luego salió del salón.

Tres simples golpes resonaron en la puerta, el hombre dejo el vaso a medio beber que tenía en la mano sobre el escritorio y se dirigió hacia ella de mala manera.

−¡Oh! eres… es usted− se corrigió y simplemente le dio la espalda y entró en el despacho dejando la puerta abierta tras de sí.

La castaña entró abrazada de una especie de cuaderno, caminando lentamente tras los pasos de su profesor.

− ¿A que ha venido? – la chica abrió la boca pero no era capaz de decir palabra, ellas simplemente no le salían a causa del enorme nudo que tenía atravesado en la garganta− no espere, no me diga, ya lo sé, decidió de repente dejar de ignorarme y venir a encararme, pero ahora simplemente es incapaz de encontrar las palabras que describan l suficientemente bien lo mucho que me aborrece y desprecia, pero no se preocupe ya lo sé, no tiene que decir nada, solo lárguese de una buena vez.

− Es que no lo entiendes…− logró decir la joven.

− Lo entiendo mejor de lo que cree, ahora solo váyase por favor− la chica no se movió − ¿que no lo ha entendido Granger? ¡Quiero que se largue de aquí de una desgraciada vez! ¡No la quiero ver!

Pero ella no se fue.

−A veces eres un maldito bastardo ¿sabes? – Hermione apoyó ambas manos y el libro que tenía en ellas sobre el escritorio dando una fuerte palmada en la madera, el cristal del vaso resonó y el licor en su interior se removió casi saliéndose de él, la chica se fijo en eso y luego posó la vista en la botella de whiskey de fuego casi vacía que había en el escaparate del fondo del despacho.

− Ya lo se− respondió él amargamente− dígame algo señorita ¿ese es suficiente insulto o tiene más? – el hombre lucia impasible – aunque ya que ha venido a eso, adelante aquí me tiene− Severus abrió ambos brazos tan largos como le era posible.

−No yo no quería decir eso, es solo que… ¿Cómo puedes siquiera pensar que yo te desprecio?

− ¿Y no lo haces? – Severus rió con ironía.

− ¡Pues no! – casi gritó ella− si quieres saber la razón por la que te ignoraba, es porque sentía vergüenza− Severus sonrió amargamente.

−Si tanta vergüenza le doy, no entiendo qué demonios hace aquí− −Severus giró su silla dándole la espalda al escritorio.

− ¡Por dios, Severus! Mírame por favor− el hombre ni se movió, entonces ella rodeó el escritorio y apoyó las manos a ambos lados de su silla, quedando con el rostro a solo unas palmas del suyo− yo siento vergüenza sí, pero no es de ti, ¿Cómo puedes pensarlo? Yo siento vergüenza por la manera en que te obligue a mostrarme esa parte de tu vida, a pesar de que claramente no querías hacerlo, yo… yo fui tan estúpida, lo siento− la voz de la chica se quebró –jamás, escúchame bien, ¡jamás! Vuelvas a pensar que yo me avergüenzo de ti, porque tienes que saber, que no hay nada que me haga más feliz o me enorgullezca mas, que haber vivido todo lo que hemos vivido juntos, no sabes lo afortunada que me siento de ser yo con quien decidieras vivir eso y mucho menos te atrevas a creer, que yo te desprecio o peor que te aborrezco, cuando yo… te quiero tanto− el hombre se tensó en su lugar y ella se inclinó un poco para rozar sus labios con los suyos− no lo olvides− fue lo último que dijo antes de salir del lugar, dejando olvidado el cuaderno que traía al llegar, sobre el escritorio de su profesor.

Él quiso detenerla, claro que sí, tomarla por la muñeca e impedir que se fuera, simplemente no lo había conseguido, su mente parecía trabajar a mil pero su cuerpo no respondía, su corazón latía con rapidez pero contenía el aliento de manera involuntaria, como si así contuviera el momento… sus palabras.

Caminó por el despacho pensativo, con las puntas de los dedos rosando sus labios, hasta que lo notó, el libro que la castaña traía en las manos al llegar, estaba sobre su escritorio, lo había dejado olvidado.

El hombre tomó el libro y lo examinó, la caratula de cuero vino tinto no poseía inscripción o letra alguna en ella, solo unos extraños símbolos sobre el lomo, ahora sabía lo que era.

Severus lo puso de nuevo sobre la mesa con rapidez, no pensaba hacerlo, sería incapaz.

"Tienes mi permiso, ahora es tuyo S" fueron las palabras que aparecieron sobre la pasta, marcadas con tinta permanentemente. Pero él las ignoró, guardó el libro en un cajón de su escritorio y se dirigió a su habitación. No podía hacerlo.


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BCB :)