Mientras la familia dormía y las estrellas brillaban con intensa luz esforzándose en dejar de ser opacadas por la luz artificial de la ciudad de Londres, Asakura, el niño proveniente de Japón, recostado sobre su lecho pensaba en un peculiar niño, caprichoso y mimado que solo le acarreó problemas desde su llegada a esa casa; pero esa noche, el recuerdo y el tipo de mirada en sus pensamientos era distinta; Lyserg, en ese aspecto frágil y delicado como si se tratara de una nena, irradió la expresión de una simpática sonrisa de la que ante sus ojos, le había sido bastante atractiva. Se negó a creer en lo patético que se volvieron sus acciones habiendo agravado su propia estima por un episodio estúpidode un recuerdo, pues en medio de la confusión, logró adentrarse en otra alcoba como si creyera que podría remediar tanta amargura acumulada, consintiendo que un niño —y no una niña— pudiera intranquilizar sus emociones. A pesar de los días que acontecieron después, no pudo olvidar la caricia de su mano con su piel desnuda que vibraba por sentirla al recordarlo, sin saber cómo interpretar lo que aconteció, pues para Lyserg, él jamás estuvo ahí, pareciéndole lo más inverosímil.

.

Bajo el manto nocturno sonrió, la noche parecía recaer en el mismo suceso al despertar con semejante sueño, donde él miraba el diáfano cielo azul y escuchaba el melodioso canto de las olas que eran adornadas por nubes justo en el alba… y luego, esa voz, la misma que preguntaba quién era cada vez que soñaba, y mientras la noche se alejaba y los pensamientos vagaban por su mente, evocaba la dulce sensación con la que despertó.

—Será otra noche sin dormir —le confesó a su almohada.

.

.

.

.

.

.-.O.-.O.-.O.-.

.

.

.

.

CAPITULO X.

"Pretender"

Cerca de las 7:20 de la mañana, Lyserg se alejó de la alcoba seguro de encontrar a su mamá en la planta baja en la cocina. Todo en relación a ese día lo hacía ser el más especial en el año y por ello se esforzaba en desatenderse de la compañía del nuevo huésped de la familia pues Hao le aseguraba un año diferente en comparación a otro, la prueba se reflejaba al echar de ver que debía compartir sus gustos; la mochila que llevaría a clases fue elegida idéntica a la del niño japonés; el uniforme, del que debería estrenar ciento dos atavíos colegiales antes de concluir el año escolar, lo vería puesto en su compañerito recordándole su instancia en la misma escuela día tras día; y los útiles, los que siempre le traían la novedad, los diferenciaría con los suyos por los colores que tampoco eligió. Sin embargo, era consciente que conforme los días transcurrían poco a poco parecía acostumbrarse a la nueva presencia, y por ende, más tolerante al niño extranjero.

El pequeño británico encontró a su madre en la sala que había previsto, ingresó a la cocina saludando jubiloso, hablándole con emoción de sus deseos. Lys quería llegar al colegio antes de la hora acostumbrada, quería disfrutar de su nuevo salón mientras charlaba con sus amigos, conocer a sus nuevos compañeros y entretenerse de las noticias que le traerían sus maestros...

—Si así lo prefieres, tendrás que informarle a tu padre —le interrumpió la señora Jean.

—Pero mami, sabes que no me hará caso, él siempre dice: "Ni antes, ni después" —imitó la voz con molestia.

—Entonces tesoro, tendrás que conformarte con la hora en que se te deje —le infligió en conformidad.

El niño arrugó el seño e hizo un berrinche golpeando el piso con el pie no viendo el día en que su pequeño deseo se hiciera realidad, mas avergonzado, miró un par de ojos negros que sorprendiéndolo, encontró que Hao lo había evidenciado tan penosamente en un acto muy infantil.

—Bue… buenos días —saludó nervioso; una mirada alabadora por parte del castaño le bastó para incomodarse.

—¡Oh! Buenos días, Hao —habló la mujer cuando se percató de su presencia—. ¡Acércate! —invitó—, hay pan, mantequilla y de lo que he preparado esta mañana.

El joven, quien se mantuvo al margen de la breve conversación, se encaminó obediente en un paso sosegado.

—Buenos días —correspondió al saludo de la señora Diethel deteniendo sus andar justo a lado del inglés con una sonrisa autosuficiente adornando su rostro moreno—: ¡Buenos días, Lyserg!.

Sorprendido y con la mirada atónita correspondió al saludo el niño de gran Bretaña, ¿Quién iba a decir que Hao finalmente recordaría su nombre?.

Admirado, el pequeño Diethel siguió contemplando el rostro de un japonés distinguido: aire de grandeza que bien conocía y que le parecía odioso sabiendo que el castaño muchacho esperaba un gesto de su reacción. "Una" que ante toda ventura posible, muy a pesar de las posturas que mantenían, Lyserg respondió regalando la sonrisa que no escatimó de nada, quizás por amabilidad, quizás por la trivialidad que le implicó este hecho, mas por un momento, tan solo en el instante en que eran presos de sus vistazos, los ojos almendrados también le hablaron de su única expresión visible y sincera dejando que el inglés se preguntara por lo que pudo originarlo. A contrario de lo que creía, Hao sonreía como si no fuera cierto que era un presumido y orgulloso, como si entre ellos existiera una buena amistad, y si fuera poco, en la entrega de una mirada, él mismo: el pequeño anglosajón ensanchaba más el gesto al ser contagiado de la hermosa sonrisa de Asakura.

—Niños, no tienen toda la mañana —insistió la dama, interrumpiendo el encanto visual entre los dos jóvenes.

El huésped fue el primero en sentarse en la mesa, Lyserg le secundó, mas para el segundo de ellos, le era inevitable que su atención se situara nuevamente en el invitado; había sido bastante extraño mirarlo sonreír tan buena manera, cuestionándose el suceso porque no esperó que Hao sonriera como lo había hecho, y le había agradado, deseando incidir en el misterioso momento mientras se debatía lo que él mismo sentía al estar junto al joven de Asia.

Lyserg trataba de entender cómo fue que un santiamén la gran distancia que les separaba había desaparecido mientras sus miradas se encontraron —, mientras se sonreían para el otro—, sonrojándose. Por primera vez, había encontrado interés por conocer aquél chico tan extraño, pues desde su punto de vista, Hao era un extranjero que provenía de una cultura rara y diferente, y se preguntó si él también pensaría igual con respecto a la suya.

El joven de verde mirar acallaría sus pensamientos cuando percibió que el moreno muchacho no había probado bocado. El Asakura miraba a su madre, ella sonrió:

—Esto que preparo será su almuerzo más tarde. En el receso que les den, lo comerán —. El pequeño oriental no dijo nada, limitándose en observar los movimientos de la mujer momentáneamente.

Ella volvió a sonreír:

—No te preocupes, cada mañana dispongo de hacer el preparativo y es claro que también podrás comprar cuanto desees en el colegio, pero te advierto —su voz adquirió un grado de seriedad—: No me gusta que solo lo lleven a pasear —, y le sonrió al niño.

En un gesto amable, Hao agradeció finalmente pensando en lo disímiles que eran en comparación a su familia. A diferencia, en casa siempre bastaría con una buena mesada por lo que el gesto era una consideración de la que no estaba acostumbrado. Pero Lyserg, intrigado del extraño comportamiento del otro niño, preguntó curioso:

—¿A caso no has llevado refrigerio a la escuela?-

—No—le dijo hosco y hasta huraño, llevándose un tostado a la boca al dar comienzo con el desayuno.

—¿Porqué? —indagó el de verde mirar—: ¿tú mamá no te preparaba?.

En ese instante se mostró una mirada petulante a través de los obscuros ojos de Asakura, pero luego, supo bien simular una intensión vanagloriosa en sus palabras.

—Mi madre no siempre se quedó en casa, Lyserg. Olvidas que no todos gozan de las mismas posibilidades —, y luego agregó—: Siéntete… Afortunado —invitó al sonreír altivamente mientras bebía de su jugo de naranja, mirándole fijo.

El nombrado se consternó al oírle hablar. No cabía duda que Hao solo existía para glorificarse aún cuando podría sentir lástima por él. Lyserg había pasado por alto lo poco que conocía sobre "casa" en el país oriental, era un incidente del que no podría imaginarse, pero dentro de lo que conocía sabía que, los padres del asiático no se encontraban a su lado como los de él la mayor parte del tiempo, y ante tal forma en explicárselo, el venido de Japón solo le incitaba al odio y al enojo, pues también se burlaba ante tales muestras de afecto que a diferencia suya, él sí gozaba. El niño Diethel posó su vista sobre la mesa con la expresión molesta mientras sentía inmensos deseos de no haberle preguntado algo tan poco relevante pues bien supo cómo quitarle la amabilidad al de largos cabellos castaños, regresando al mismo Hao de siempre…. Suspiró fastidiado e inició con el desayuno mientras su madre se aproximaba a la mesa.

La joven señora de Diethel con toda la serenidad ante disputas infantiles sirvió en una taza de cerámica el té de sabor fuerte que acostumbraba beber y se sentó junto a su hijo a quien miró tan solo unos instantes para luego observar a Hao haciendo acto de presencia como para que ambos terminaran el alimento matutino. Mas el silencio les golpeó en la conversación, un mutismo que se prolongó durante el desayuno permitiendo que cada quien se sumergiera en sus propios pensamientos.

Al transcurrir el tiempo, el primogénito de la familia inglesa juzgó extraño la pequeña reunión familiar creyendo la callada una exageración de todos mientras daba una ojeada de vez en cuando a su madre, era como si deseara que nadie abandonara la atención en los bocadillos y mientras tanto, resolvía que las ideas que le llegaban a la mente eran las culpables en mantenerlo a él mismo en silencio. Y en una oportunidad, inquieto, preguntó:

—Mami, ¿sabes si continuaré con mis clases de la tarde?.

—¿No le preguntaste a tu padre?.

Lyserg negó con la cabeza lo que su madre reflejó contrariedad en su mirada, cayéndole en cuenta al pequeño, razones de haber permaneciendo en silencio.

—Será hoy que comiencen las clases —le dijo.

Jean le miró momentáneamente como a la espera de algo más, lo que angustiaba al niño. Ella bajó su taza de té sobre la mesa y luego dijo—: Tendrás el tiempo necesario para tratarlo con tu padre cuando se te lleve a la escuela.

El británico palideció.

—¿Crees que papá se moleste por no recordarle? —preguntó con intranquilidad.

—Tesoro, no debiste esperar hasta última hora.

—Pero…

—Nada de peros. Ahora come —ordenó al dar un sorbo al té sin ocuparse en nada más.

Para el joven niño era atemorizante pensar en hablarlo con su padre; difícilmente perdonaría descuidos como estos, implicándole una gran duda de querer asistir al colegio ese día… ¿y si fingía sentirse enfermo?. Lyserg, nervioso ante toda búsqueda de soluciones, le pareció inexistente la razón que justifique la corrección que conseguiría, y entre tanta tortura mental, terminó en ocuparse en observar al joven a lado suyo que a diferencia, actuaba con suma tranquilidad. Por un minuto no hizo más que mirar, profundizando en la manera tan peculiar de tomar los cubiertos del otro, era realmente extraño el chico, pues la manera tan delicada en proceder tal acto le parecía que recurría a un ceremonial al llevar cada bocado a su boca, y al mismo tiempo, conservaba una actitud indiferente hacia los demás…

Fue entonces que encontró lo que tanto había pensado.

—Mami—volvió a intervenir el británico con la atención puesta en la señora Diethel—, ¿sabes si papá seguirá llevando a Hao a su despacho?.

Ante tal cuestión el implicado se inmovilizó mostrando una terrible mirada furtiva hacia el inglés dejando a medio el pan que había comido. El joven de verde mirar no pudo evitar cuestionar sus razones de intervenir así y con mayor interés fijó su vista en su madre en espera de una respuesta, observando por el rabillo del ojo, a Hao mirar a su mamá.

—No tesoro —respondió ella— ¿porqué lo preguntas?.

Antes de ocuparse en responder, el niño de Inglaterra indagó en la contemplación visual del extranjero que tranquilamente continuó con su bocado luego de escuchar a Jean, por lo que Lyserg frunció el ceño consciente de que en aquellos ojos había visto—por breve que haya sido—, la perturbación, y aunque por ahora le parecía una fugaz suposición, creyó fielmente en que el chico a lado suyo estaba ansioso por algo, y como cosa involuntaria, gozó de aquello. No podría entender lo que había en la mente del asiático, y por ello, tan solo miró a su madre y dijo:

—¿No te parece que Hao debería estar en casa y no en el despacho de papá?. Él dice que le ayuda, ¿pero porqué Hao no puede quedarse aquí y jugar conmigo?, Mamá, ¿no se supone que él y yo deberíamos tratarnos un poco más?.

—Lyserg —habló ella—, entiendo perfectamente que quieras convivir con Hao, pero tesoro, sabes bien que no es conmigo con quien debes tratar este asunto.

El niño arrugó el entrecejo.

—¿Porqué mamá?, ¿porqué cada vez que te pregunto algo lo debo tratar con papá?.

Ella dejó su tasa sobre la mesa mostrándole al pequeño toda su atención.

—Así no es como funcionan las cosas bebe, debes entender que tu padre y yo acordamos que—, e hizo una pausa mirando al Asakura quien bebía de su jugo de naranja y la miraba cuidadosamente—: Liam es el encargado de Hao, y seguirá yendo con tu padre mientras así esté decidido.

Lyserg no pudo sentir más preocupación. De reojo miró al moreno, el que ya no le pareció tan amigable, ni tan agradable, recordando la razón por la que lo odiaba tanto.

—¿Así lo quiso mi papá? —cuestionó en un reproche.

—Lys, hijo, no quiero quejas.

—Pero mamá, ¿porqué él..?

—Lyserg —amonestó su madre—. Bastante problemas hemos tenido con este mismo asunto. ¡Deja de quejarte!.

—Pero mami —imploró con un berrinche.

—Hao, Lyserg, si ya terminaron dejen sus platos. Liam no tarda en bajar, vayan a sus habitaciones, cepillen sus dientes y….

—Suben al auto —interrumpió el esposo. La mujer se levantó recogiendo los platos que en seguida llevaría al fregador mientras los niños salieron de la cocina.

.

.

.

.

.

.-.O.-.O.-.O.-.

.

.

.

.

Hacía una fresca mañana helada en el jardín, como caricias, pequeñas gotas de agua caían sobre el moreno rostro mientras pensaba en el dilema que le acompañaba cada amanecer. Hao estaba listo, pareciendo mostrar impaciencia por la espera de su tutor aguardando a iniciar la nueva ventura, la oportunidad que lucía Londres pero…, aquella era una ciudad que no ambicionaba y en la que mayor parte del tiempo parecía teorizar. Naturalmente, estaba cansado, harto de tantas especulaciones que creaba, sabiendo que su estadía en Gran Bretaña era importante y que debía ser así.

Mirándose frente al reflejo sobre el agua confusa en la fuente permitió conservar distancia comedida entre los individuos que conformaban la familia Diethel, siendo Lyserg y la señora Jean los miembros que se hallaban detrás a él parados frente al lujoso auto, y que no obstante, no impidió que la expresión del asiático, fija sobre el agua turbia, se tornara a la triste expresión que le trajo el recuerdo de su hermano. Por primera vez, Hao deseó que el tiempo corriera con prisa disponiendo que un año pasara sin que lo advirtiera, para él era difícil aceptar lo que ahora sobrevenía repitiéndose de manera mental que, una cosa era lo que deseaba, y otra, muy diferente, lo que existía. Nada valían sus añoranzas, el deseo de volver a ver aquellos ojos llenándose de dulzura, o la sonrisa patética de su hermano, meditando habitualmente en el si hubiera o en el tal vez…, y que por un segundo, mientras pensaba en esto, una extraña sensación le parecía abrumarlo velándola tras la sonrisa arrogantemente que dejó.

La voz que escuchó interrumpió todo pensamiento logrando que el par de ojos azabaches se concentraran en el otro niño….

Esa misma mañana había visto a Lyserg prepararse con gran regocijo para acudir a la escuela siendo obvio suponer que para joven británico el primer día era el más emotivo. Tampoco era para extrañarse, ciertamente era algo de lo que en otra ocasión habrían compartido comúnmente de no ser que Hao no asumía la intensión de ser parte de ese mundo inglés, permitiéndose colocar cada vez más en tela de juicio, si había tomado la decisión correcta.

La señora de Diethel obligó a su hijo a salir del auto para abrigarlo encargándose de que llevara su protector y paraguas por la lluvia que se aproximaba.

Para Hao era curiosa su preocupación hallando inevitable traer a cuento a la familia. Prácticamente los padres se esforzaban porque Lyserg tuviera lo mejor—, que al pensar en esto, Asakura sonrió de manera cálida—. Indisputablemente era saber que, el pequeño británico tenía unos padres que lo daban todo, tal vez no la familia perfecta, pero sí la atención y el cariño que él carecía. Debía admitir que por pequeño o grande que fuera el sentimiento surgía cierta envidia en su esencia, pero esta solo lograba desaparecer para soltar una sonrisa cálida en su rostro moreno mientras especulaba lo especial que en algún punto los Diethel le parecían.

En aquel momento recordó a su familia, primero a su hermano y luego sus abuelos, riendo un poco al admitir lo mucho que le divertía mirar sus rostros enfadados… su madre, que aunque no se ocupara de él como la señora Jean, era consciente que lo amaba, sin negar si quiera, lo mucho que él la quería… muy a pesar de todas las ocasiones en que la hizo llorar, sin mencionar que con su repentina visita a Inglaterra, robó sus lágrimas….—Hao suspira en un desahogo de su corazón, comprimido su propio daño—. Luego, estaba él… su padre, quien le dejó un frío hueco en el estómago al evocarlo con la memoria. Un hombre que, a pesar de lo poco o mucho que le haya dado, de lo desesperanzador que era anhelar su cariño, y lo desconsolante que era su abandono, Hao, en el trasfondo sabía, que a pesar de los recuerdos más tristes de la infancia, amaba a su padre, y… difícilmente admitiría el gran respeto que le tenía. A pesar de lo mucho que se negaba a creerlo, estaba ahí, en Inglaterra, dándose cuenta que todo el asunto que concernía a su familia se quedaba en Japón mientras observaba cada día lo diferente que son entre ellas.

El viento resopló fuerte recordándole al niño con más fuerza en qué parte del mundo se hallaba; la fuerte brisa sacudió las copas más altas de los arboles estremeciéndolo mientras apreciaba la rociada fragancia de la tierra que llevaba consigo, golpeándolo con prisa gotas de agua al caer.

Escuchó entonces la voz femenina decir:

—Hao, por favor, sube al auto —ordenándole.

El nombrado respondió algo molesto por obligarle acatar la petición destinando sus pasos hacia con ellos frente al automovil en el que acudirían a la escuela. Sin embargo, la extrañeza se reflejó en el rostro moreno al apreciar cómo Lyserg ocupó el asiento de atrás tan pronto como le fue posible, decretando a través de su acto, encontrar el suyo en el asiento delantero.

—Imbécil —mencionó en un murmullo agitado mientras divisaba la silueta del inglés a través la ventanilla polarizada—. ¿Es posible... que no lo intuyas? —preguntó mentalmente, sintiendo una fingida pena por él—. Error —, susurró esta vez, sonriendo un poco, momento en el que Liam salía de la mansión aproximándose al auto con prontitud. Asakura volvió sonreír, pero esta vez por lo bajo, creyendo que al niño le gustaba su papel de víctima.

—Por favor —pidió educadamente el tutor desde el lado contrario indicando en un gesto amable el lugar de adelante en petición antes de entrar al coche.

Por breve que haya sido la visión, Hao observó la mirada imperturbable del señor Diethel consiguiendo que sus ojos almendrados se fijaran sobre la mujer que, manteniendo la misma aura que Liam, se alejó hacia el interior de la casona. Respiró profundo con desgana antes de abrir la puerta del vehículo. Adentro, el joven de Asia aguardó silencio e intranquilizado por mirar al europeo, giró el rostro enjuiciándolo tras la inspección, dejando que luego su vista se perdiera inmediatamente en el paisaje exterior al coche. Lyserg arrugó el gesto al presenciar de qué forma le había mirado ese niño chino mas decidió no dar importancia a tal acto, acostumbrado ya a sus bizarras miradas.

El auto comenzó andar trayecto rumbo a la escuela. El ambiente fue ciertamente tenso; Hao por lo menos se limitaba en perderse en las sensaciones que ofrecía una ciudad como Londres pero, le era inevitable que de vez en cuando su atención se enfocara en la familia Diethel. No era nada agradable saber que Liam estaba disgustado con algo, y ese algo, era Lyserg.

Desde la perspectiva del joven asiático, le era obvio, un poco normal que los sucesos hayan acontecido de tal forma que ahora se encontraran frente a un panorama en que difícilmente descartaría o pasaría por alto el mayor de los tres pues Lyserg en sí, era odioso, caprichoso, y…, el niño quería hacer lo que se le pegara en gana. Luego pensó en lo distinto que sería el que Lyserg tuviera un padre como el suyo, seguro en que sus caprichos le serían totalmente negados… pero finalmente concluiría en que la familia de él era desemejante a la suya puesto que, el padre de Lyserg era Liam, que bien sabía cómo consentir, y también, ¿porqué no admitirlo?, sabía cómo mantener el orden y la rigidez en casa; era estricto en cuanto a su educación, algo de lo que quizás hasta él… miedo tendría, puesto que, el amor trae consigo culpas, y las culpas son algo de la que no quisiera lidiar, y Lyserg, era un niño lleno de culpas.

Quizás, comenzaba a sentir un poco de lástima hacia el menor….

—Papá, olvidé decirte que hoy inicia el nuevo curso —interrumpió el silencio el pequeño inglés.

—¿Y qué puedo hacer por ti? —respondió su padre en una voz irónica.

Lyserg se mostró incómodo fijando la vista en cierto castaño que acompañaba a su padre en el asiento al frente quien parecía no importarle la charla entre los dos, así que con libertad continuó:

—Todavía no me he inscrito —. Sus palabras parecieron perturbar a Liam pero no mencionó palabra alguna—. Sé que estás molesto—infirió el joven—, no debí dejarlo para el último momento.

—Así es. No debiste —concluyó su padre.

El silencio volvió. Lyserg exponía incomodidad en cada aspecto corporal, todavía más al pensar en el hecho de que era Hao quien los escuchaba, y le preocupaba, porque Liam no tardaría en discutirle o regañarle por su cometido.

—Antes quisiera hablarte de otro asunto que me tiene decepcionado —finalmente habló su progenitor—. Y es que es una pena, Lyserg, que no hayas querido compartir un tiempo conmigo; el que haya sido Hao quien me acompañara y no tú, que eres mi hijo.

Ante tales palabras el joven británico le miró confuso—: ¿Qué…? —preguntó—. ¿De qué se trata?.

Liam le miró desde el retrovisor prudentemente volviendo luego su vista a la avenida para decir—: Sabes muy bien, que hace unos días te pedí que me acompañaras a un evento importante de parte de mi trabajo; si lo trato ahora es porque no habíamos tenido la oportunidad de hablarlo, lo que es lamentable, porque hijo, tenías la oportunidad de convivir y conocer personas con las que me relaciono, tratándose de un convivio familiar, no creí que te negarías—. Lyserg se mostró contrariado sintiendo una gran preocupación cuando su padre añadió—: Espero que lo que hayas tenido qué hacer esa noche, te haya sido provechoso.

—N-no salí, si-si a eso te refieres —respondió inmediatamente mirando hacia sus pies por la desagradable situación que pasaba.

Por un momento, su padre reflejó sorpresa en su verde mirar para luego manifestarse un hecho burlón en su semblante—: Peor aún —dijo al especular—. No sé cómo te sientas al respecto —se burló.

Lyserg no contestó, ¿cómo debería sentirse?, esa noche no quiso asistir, punto, ¿por qué tendría que sentir algún remordimiento?.

Escuchó entonces ante su mutismo cómo su padre retomaba la conversación:

—Asistió el señor Darsie, esperaba como siempre conocerte, pero era de suponer que no asistirías, que te daría flojera o que no te interesaría como a tu madre.

—Lo siento —dijo a regañadientes—, prometo asistir la próxima vez.

—No habrá próxima vez—, rebatió el hombre, dejando que su hijo le mirara desconcertado—. No hay razón de que te sientas obligado, lo menos que espero de ti, es un sacrificio de tu parte.

—Pero…

—No, Lyserg —interfirió con voz demandante acallando el menor. Liam se esforzaría por moderar esta vez la voz—: Por más que me he esforzado por inculcarte en que mantengas una buena relación con las personas, el que sepas manejarte apropiadamente, sobre todo que convivas con personas acorde a tu edad —, Liam negó con la cabeza dejando el asunto aún lado—. Qué daría yo por verte superar cada día un reto, ¡por pequeño que sea Lyserg!, pero ver esas ganas, ese deseo en ti, que logres desenvolverte y expresarte de forma natural, ver que para ti es tan normal como cualquier otro niño de tu edad, ¡vé a Hao!, ¿en verdad crees que no siente el mismo miedo que tú?, la diferencia es que lo supera, está ahí, pero se enfrenta al miedo, pero en cambio, a ti todo te da pena, a ti todo le tienes pavor y crees que protegiéndote detrás de tu madre, te haces un bien, lo que es verdaderamente lamentable. Lo peor es que crees es correcto esta forma de vivir...

—¿Entonces qué puedo hacer? —expuso su hijo a fin de reparar su error.

—Nada —respondió—. Ponte a llorar por tu desgracia.

Sentirse ridículo, ultrajado y avergonzado era el único remedio que le quedaba, ¿llorar? tal vez, a fin de cuentas, expresaba mejor sus emociones… pero a cambio, Lyserg sobrellevó toda degradación a su persona como pudo, porque no quería soportar más humillación frente a Hao…

—Lamento no haberte acompañado —dijo lo mejor posible sin que sus palabras se quebrantaran. Liam suspiró.

—Olvida ese evento, fue una oportunidad que se dio y se acabó. El show fue para ustedes, para la familia, ¿a mí de qué me sirve estar acompañado de la misma gente con la que cada día me relaciono?. Mira Lyserg, era más fácil invitarlos al cine, a cenar, inclusive tuve la opción de quedarme a descansar siendo que el día siguiente estaba colmado de trabajo; pero son de las pocas veces en que puedes convivir conmigo y creo que me equivoqué, el que te considere y que haya considerado a tu madre —rió con ironía—, Nunca voy a complacerles con nada.

—¿Entonces, por qué noto que estas tan molesto?, si dices que no era que te importara, y sabes que no quisimos ir, ¿Por qué estás enojado? —. Liam no respondió, y tratando de remediar sus circunstancias, el niño dijo—: Yo no fui no porque tuviera miedo… sino porque estaba cansado.

—Solo no te me vayas a desmayar aquí, luego ¿qué hago contigo? —rió.

Ante esto el niño renegó haciendo un berrinche por sus palabras burlescas —Papá, ¡yaaa! —dijo— ¿qué es lo que te molesta?.

—No es el hecho lo que me molesta, sino la forma en que manejan las cosas, y tú, principalmente, por tal de no salir del hoyo en el que estás, prefieras que Hao sea quien me acompañe.

—No entiendo.

—Ni vas a entender—respondió.

—Por favor dime —pidió desconsolado, que al ver cómo su padre callaba, insistió—: Por favor ¡dime!. ¿Por qué dices que te molesta la forma en que se te manejan las cosas?, ¿lo dices por mamá?.

—Principalmente lo digo por ti —le dijo relajado.

—Entonces, ¡Dime! —exigió.

Liam le mira largamente a través del retrovisor volviendo su vista a la avenida, repitiendo la misma acción un par de veces:

—No tengo por qué decirte o darte explicaciones Lyserg, pero, te lo diré—. El señor Diethel suspira largamente y luego continuó—: Lo que me molesta, es que tú no hayas querido a acompañarme, digo, por tu madre todo puedo esperar, pero tú Lyserg preferiste que haya sido Hao quien ocupara tu lugar. Hijo, no estoy enojado en cuanto a tu comportamiento, que sí fue caprichosa, infantil y tu madre y yo tuvimos una discusión al respecto, tú estabas ahí escuchando, ese asunto no tengo porqué discutirlo contigo. Y claro, también te he de recordar, que fue tu madre quien propuso que Hao me acompañara a la cena puesto que mi hijo no quiso ir, esa noche se emberrinchó y se fue a dormir temprano a su cuarto, mientras que Hao y yo, salimos —. Liam volvió a mirarlo a través del retrovisor y sabiendo que el pequeño no hablaría, continuó—: Déjame decirte que fue Hao a quien conoció primero el señor Darsie, antes que mi propio hijo, ¿no es esto lo más absurdo?, la noche fue entretenida debido que de igual forma, él trajo consigo a su hijo que resultó ser acorde a tu edad.

Lyserg entonces se mostró molesto—:¡Bien! ¡Pues si se la pasaron muy bien! —anunció celoso. Pero luego reparó al gimotear—: ¿Por qué entonces me regañas?.

—No te estoy regañando —anunció su padre—: simplemente, te hablo de cómo sucedieron las cosas, no quiero malos entendidos, eres muy bueno para decir "que se te hace a un lado", "que nadie te quiere", "que a Hao lo tratamos mejor que a ti" —y rió—. Eres listo, bueno para chantajear Lyserg, pero no eres consciente de lo que tú mismo propicias. Nada mas no quiero que el día de mañana te enojes con Hao porque —y dramatiza en voz—"va y me acompaña a sitios", "que le encargo a él cosas y a ti no". Yo por supuesto, debo de retribuir todas sus atenciones.

—¿Retribuir?, pero sabes que lo que le pidas lo hará por obligación, a él le conviene querer quedar bien contigo —alegó el joven envidioso.

—¡Por las razones que quieras!—le regañó—, pero lo hará.

—¿Y por eso, vas a recompensarlo? —renegó.

—Mira hijo, el que me haya acompañado por ejemplo, no era su deber, tampoco su obligación. Eso para mí es algo que debo retribuirle. Yo estoy muy agradecido con Hao el que haya aceptado en acompañarme esa noche porque bien me vería haber ido solo. Yo tendría que haber cancelado a última hora, lo que implicaría a su vez, otros problemas que, gracias a que fue —respira decepcionado—: tristemente ocupando tú lugar…, que realmente, ¿para qué mencionarlo? —reparó—. En realidad nadie ocupó nada, simplemente lo que aconteció es que, mi hijo no asistió y él siendo mi huésped, terminé acompañado y presentando a Hao al señor Darsie—. Liam hace una pausa con un respiro profundo—. En sí, Lyserg, Hao tiene el lugar que tiene, porque se lo ha ganado —. En ese momento, Liam mira al joven de cabellos castaño antes de manifestarle a su sucesor—: Ahora veo, que lo pones aquí adelante, creí que tú te vendrías al lugar del copiloto, ¡no lo hiciste y ni espero que lo hagas! —aclaró, para luego continuar—: Si es correcto lo que digo, me estás dando a entender, y perdona que te lo diga de esta forma, no hay otra explicación: que no te importa, ni te incomoda que Hao se acerque a mí; está bien, es tu decisión y la acepto, pero ten mucho cuidado que en unos cuantos meses o semanas, tú truenes y me digas, que estas muy enojado, muy disgustado porque Hao es el preferido, que tu madre le hace más caso que a ti, porque estoy cansado que siempre ocurre lo mismo contigo, que te encierras, te enojas, te encaprichas, y qué se te puede sacar de ahí, de hecho, creo que comienzas a parecerte a tu madre…

A este punto el joven británico arrugó el seño mas no dijo nada.

Liam miró nuevamente a Hao, esta vez con discreción, observando como desinteresadamente miraba hacia la ventana.

—Espero que finalmente, tú y yo nos hayamos entendido—le dijo a su hijo.

—Pero yo no le veo problema, si hasta se la pasaron bien los dos, ¿o no?.

— Creo… que no tengo un hijo estúpido—. Lyserg mantuvo silencio, él continuó—: Sabes perfectamente lo que te estoy diciendo.

—¡Bien! —dijo Lyserg enojado —: Ahora, ¿cuál es el problema en que haya querido irme aquí a tras?, ¡Siempre me voy a tras!. ¿Cuál es el problema con que no haya querido ir contigo ese día?.

El señor Diethel finalmente respira decepcionado de la poca racionalidad de su hijo, sin embargo expresó con abatimiento:

—Creo yo, que bastante he hecho con enseñarte, durante todos estos años, a darte cuenta de las consecuencias de tus actos. Te he dicho miles de veces que cada acción le corresponde una reacción, que hay consecuencias que te perjudican y otras, que traen su beneficio. Y debes ser consiente la magnitud que implica lo que estas comenzado. El que te excluyas no va a traerte soluciones Lyserg; si estas creyendo que, Hao está ocupando un lugar que no le corresponde, te digo desde ahorita que tu así lo has provocando, lo has ido propiciando y te diré que estás haciendo un magnifico esfuerzo para que Hao se convierta en TU reemplazo.

—¡Pero es que yo no estoy creyendo nada! —le alegó.

—Si es así, ¡qué bueno!, pero desgraciadamente te conozco, y quiero que tengas claro, que aquí, nadie remplaza a nadie—y luego agregó—: De todas formas, te felicito por tu empeño.

—¿de mi empeño? —dudó el joven.

—De tu deseo que tienes por separarte de mí, alejarte de mí y poner a Hao. Yo creo que, para ti, Hao ha de ser como,... como el "pretexto", como el regalo caído del cielo para que yo me desatienda de mis deberes como padre y estás muy equivocado, lamento desilusionarte hijo, y escucha atentamente, conozco perfectamente cuáles son mis obligaciones contigo. Tú, vas a seguir cometiendo tus errores, tú todavía tienes tus obligaciones y tienes que seguir haciendo lo de siempre, y Hao, por esto, no va hacer que seas menos, ¡el que va hacerse menos a sí mismo, eres tú Lyserg!. Y ¡Excluyete!. Ahora son dos en esta casa, son dos personas que ocupan la atención, y aunque Hao, ahora mismo me diga, que él no es parte de nuestra familia, les digo —a este punto, Hao volteó entrando a la conversación—: En el momento que él entró a esta casa, en el que se aceptó, él es parte de la familia, por lo menos durante un año, no importa, si durante ese periodo, ese tiempo que yo puedo dedicarme a ti hijo, se lo quieres regalar a Hao, está bien, ¡regálaselo!. Si tú quieres que me la lleve mejor con Hao que con mi propio hijo, está bien quizás esto es lo que has estado buscando en toda tu vida y sea yo el que no haya querido entender…, pero aún así, es mi deber decirte, que debes ser consciente de lo que haces.

—¡Pero yo no estoy haciendo nada! Y ¡No!, no he buscado alejarte…

—¡Por favor!—dijo molesto—. Quise invitar a mi hijo y ¿qué logro?, ¿qué gano?: "mi hijo no quiere ir", "mi hijo está enojado", "mi hijo le, aburre lo que le invite hacer". Te quiero invitar a mi trabajo…; haber, ¿Cuánto tiempo te he tratado de convencer a que vayas a mi trabajo y conozcas lo que hago?, ¡un día!hijo, ¡un día no te perjudica en nada en todo el año!, y esto no es un regaño —le dice—. Quiero invitarte, quiero que estés conmigo un rato, quiero involucrarte, y no lo he podido conseguir —. Hace una pequeña pausa escuchándose luego su voz decaída—. Hao de alguna manera, en el tiempo que ha estado aquí, que son unos cuantos días, ha hecho más, que tú…—Liam mirara a través del retrovisor y continuó—: No quiero imaginar, que de aquí a unos cuatro, cinco o seis meses tu comportamiento; puedo visualizar a este ritmo que Hao se va hacer la persona con la que mayor comunicación tenga y tú te la vas a pasar aislado, reprimido, enojado y ¡no, no, hijo!, esos sentimientos te los estás ganando tú, con tus actitudes y tus acciones. Sí eso es lo que quieres, ¡Adelante!...

"…Yo te invito a que hagas lo quieres hacer —y reparó—: No lo que yo quiero que hagas, no cómo quiero que actúes; simplemente, haz lo que tengas qué hacer, sigue haciendo las cosas como las hacías, ¡pero no te excluyas!, el que tú te excluyas no te va a beneficiar, no te va a traer nada positivo en tu vida. Eres mi hijo y por lo tanto ocupas un lugar importante en esta famila, más que Hao y no es por hacerlo sentir mal, pero tú tienes un lugar más importante que él. Quiero que seas tú el que esté, el que se preocupe, el que quiera estar conmigo…"

"…Lamentablemente tu madre, perdóname que te lo diga, no quiere, digamos…, dedicar o sacrificar su tiempo a Hao, esto ya lo he platicado con él—mencionó dando alusión de quien hablaba al realizar un movimiento breve de tocar el muslo de Hao adquiriendo la atención del joven momentáneamente—: Ella sólo se quiere dedicar a ti—continuó diciendo—, es tu madre y le agradezco que tenga la atención de cumplir sus funciones como madre, y todo lo que hace por Hao, también se lo agradezco. Estoy consciente que esto nos está cambiando la vida, esto implica un acomodo que, nosotros no teníamos; antes éramos tres personas, ahora con la llegada de esta muchacho, de este jovencito —toca de nuevo al chico logrando que esta vez Lyserg mirara al castaño con odio—, las cosas cambian, y a mí me gusta verlo por el lado positivo, tú querías un hermanito, bueno, —el joven Diethel mira a su padre extrañado—: esto mismo sucedería si en verdad lo tuvieras, es más, sería peor todavía. Si fuera un bebé, se requeriría de toda la atención de sus padres, básicamente la atención te sería arrebatada, un bebe necesita de muchos cuidados que hasta tú en un momento dado, tendrías que dedicarle tiempo. Así que hijo mío, creo que estás siendo un poco injusto, no con él, no con Hao, sino contigo mismo, en cómo estas tomando las cosas... Tu madre de alguna manera, es tu madre, y yo quiero lo mejor para ti. Ella le da a Hao el tiempo que cree conveniente; y le agradezco sinceramente que él tenga la atención de ayudarle en las mañanas a mi mujer, de preparar el desayuno. Sé que platican, ella me lo ha comentado, llevan hasta hora una buena comunicación, eso también lo admiro y lo agradezco, pero hijo, tu madre se va a dedicar a ti. Es por esto mi preocupación contigo, sabes que yo trabajo y regreso hasta en la noche, y si pasa que al regresar encuentro que no quieres hablar, no te lo voy a reprochar, pero te recuerdo que yo sí tengo la obligación de dedicar mis atenciones a Hao. Si Hao las necesita, con gusto lo voy a atender, si no lo necesita, mejor, tengo más tiempo para mí."

—Hubo un reposo entre ellos antes de que Liam hablara nuevamente—:

"Pude haber evitado toda esta charla contigo, sin decirte nada de lo que estoy sintiendo, decidir simplemente dedicarme a mi mujer dejándolos a ustedes tranquilos, pero no sería lo correcto, lo correcto es que nuestra familia esté unida, no haya malos entendidos entre nosotros, que no haya resentimientos, y bueno, hijo, adelante, tu sabes lo que quieres hacer, tu sabes lo que haces."

—Te juro que no me he propuesto que prefieras a Hao en vez de a mí—dijo finalmente acongojado.

—Pues Hijo, te vuelvo a repetir, lo estás haciendo muy bien —reafirmó—. Si no te has dado cuenta, con esto creo que por enterado ya estas. Y si aun así no quieres reaccionar, te harás un infierno en esta casa y no Hao, que no tienes porqué involucrar. Desgraciadamente, él hará lo que tú le impulses hacer y aún si no le gusta, se va a tener que aguantar, ¿qué más?. Habrá momentos que inevitablemente él no va a poder cambiar.

El joven de Gran Bretaña se mostró reflexivo ante sus palabras, ¿Qué Hao hará lo que yo le impulse hacer?. Mas Liam continuó:

—En las semanas pasadas estás consiente que Hao me ha acompañando al trabajo. Tú tienes tus cosas qué hacer en las mañanas o al menos tenías hasta que decidiste no inscribirte…

—No es que —trató en decir, Liam le cayó logrando que Lyserg asintiera.

—Para tu madre es muy pesado cuidarlos a los dos—continuó—, ¿porqué? Porque tiene una responsabilidad mayor con Hao, simplemente porque él no conoce la ciudad, está encargado con nosotros, entonces, nosotros tenemos la obligación de cuidarlo, ¿me entiendes hijo?, entonces Jean no puede con esto sola, así que es normal que me pida que también coopere, que sea responsable con esto que está sucediendo. —El joven asiente de nuevo—: Lyserg, nada más te invito, a que cooperes, cooperes y en vez de sentirte frustrado y enojado, empieces a disfrutar de esta situación que, será única en tu vida, no va a volver a repetirse— lo que en la mente del niño, dijo: Ojalá, mientras que Liam continuaba—: y, es un año hijo, no creo que él te haya hecho mala cara o que te haya ofendido, si es así, dímelo para arreglar esta situación, si no, entonces, en él puedes encontrar un buen amigo, alguien con quien apoyarte cuando lo necesites, va estar viviendo en tu casa, no es tu hermano pero es como si lo fuera, básicamente, es como un hermano prestado durante ese periodo que se quedará con nosotros. ¡Velo como quieras!, al final, es tu vida.

En ese instante la mirada que le mostró Hao a Liam fue una mirada con agobio quien en ese momento su vista se mantenía en la calle por estar conduciendo, y por el rabillo del ojo observó a Lyserg. La conversación había sido un tanto extraña, una conversación familiar de la que Asakura no estaba acostumbrado puesto que en casa, las cosas simplemente se hacían por autoridad de acuerdo a lo que dictaba su padre, y en este caso, era algo, diferente. Le daba curiosidad y un poco de risa porque, Liam realmente se preocupaba por ser buen padre para el inglés y el niño era un ingrato, aunque sabía que, de ser su situación la de Lyserg, un castigo hubiese recibido tiempo atrás concluyendo esa charla desde antes. Entendía bien, que Lyserg estaba un poco confundido, y con una mirada aburrida volvió a mirar hacia la ventana aún más ante el disgusto que sintió ser "expuesto" de esa manera o que le tocaran.

Hao comprendía que esta situación se estaba volviendo crítica y complicada, de alguna manera lograba hacerlo sentir incómodo. A diferencia de Lyserg, él no se sentía responsable de las condiciones de su entorno, la familia había decidió que él estuviera ahí y pensaba que tal vez, fue él el desafortunado de conocer a los Diethel. Estaba cansado porque cada vez que pensaba en la familia inglesa, llegaba a las mismas conclusiones y no respecto a ellos, sino respecto a sí mismo.

Hao era una marioneta.

La conclusión era deducida por el lugar que ocupaba en esa familia, Liam Diethel no pudo haberlo explicado mejor, refirmando sus deducciones. Inconscientemente se había convertido en un títere en el momento que llegó a esa casa, no porque no estuviera acostumbrado a obedecer pero en Japón las cosas eran diferentes; él no tenía por qué quedar bien, no tenía por qué esforzarse en hacer las cosas que se le pidieran, es más, ¡ni si quiera pensaba en ello!. Tal vez daba lo mejor de sí porque le gustaba el reconocimiento, pero de ahí, a mantener toda una imagen, lo hacía lucir patético. Sin embargo, sabía que no había llegado hasta Londres para perturbar la paz de una familia —, aunque ésta ya tenga sus propias complicaciones—, como tampoco estaba ahí para encariñarse con ellos aún cuando amablemente le ofrecían un hogar, alimento y vestidura. Hao agradecía sus cuidados, cada atención hacia con él, y en ese modo de agradecer, lo demostraba accediendo en ciertas ocasiones. Tenía razón Liam. De él dependía decidir si aceptar o negar algún tipo de invitación, como también sabía que habrá momentos en el que no podrá negarse a lo que la señora o señor Diethel decidían, y en ese aspecto correspondía que él tuviera que pasar incluso tiempo en el trabajo de Liam. No era algo que realmente le gustara, pero era mejor que quedarse en casa sin hacer nada.

En cuanto Lyserg, bueno, en su pensar el pequeño estaba un poquito loco, era un incrédulo al creer que Hao tenía el poder de ocupar el lugar de un hijo en la familia, lejos de su realidad, lo que realmente era ofensivo. Simplemente, él es un extraño en esa casa sin intensiones de arrebatar nada. Y Lyserg lo juzgaba ignorantemente, y al verlo así, le divertía, pues bien, el pequeño solo le daba herramientas con qué divertirse. Además, no podía despreciar que el joven también sabía defenderse, obligando a él a cambiar sus estrategias, irremediablemente a sus padres. Quizás por esta razón el pequeño odiaba y sacaba conclusiones nefastas con respecto a su persona, porque él no coincidía, ni acataba esas condiciones que le imponía para manipular precisamente porque sus condiciones simplemente, no son las mismas que Hao conocía, por lo que habría qué tener más destreza para logar su cometido, tal vez llegar a vivir con su familia para que atreves de ellos pudiera conocer sus debilidades, de lo contrario, quedaba esperar a saber hasta dónde Lyserg podía llegar a conocerle. Pero en su juego lo tenía fácil, desde siempre Lyserg ha tenido una gran ventaja sobre él, una que sin duda, no podía ver cegado bajo la envidia y el enojo.

Por otro lado, la señora Diethel, que bien estaba ausente en este momento, había encontrado en Hao la manera en el que Liam ocupe sus exigencias con él, y no con su hijo Lyserg. Lo que era despreciable, pues controvertidamente le estaban dando el lugar de su hermano mayor que no podía ir contra de esto. Jean era muy celosa, de eso estaba seguro; muy celosa y no de su marido, sino de su pequeño hijo, y por lo tanto, era una mujer sobreprotectora en la cual tenía qué tener cuidado si es que quería cometer alguna travesura con el pequeño, y Lyserg erróneamente sigue el juego de la mujer quien le hace creer que él era quien tiene el control, aunque su madre lo sabía manipular muy bien.

Liam, no obstante, lo mantenía intrigado con su simple presencia, aquel hombre cuya mirada era más obscura que la de Lyserg —, con el mismo color verde—, era un mundo totalmente diferente para él, un mar de aguas desconocidas de la que nunca creyó, muy diferente a su padre; y debía admitir que cada vez que sus labios pronunciaban su nombre, surgía una especie de estremecimiento como si supiera algo que no quería ver y esto lo hacía sentirse intranquilo, y admitía que Liam en su trato, al menos en la mayoría, era de un padre a un hijo, algo irónico cuando era él quien una vez se pasó de listo comenzando un juego de palabras nada saludable en la mente de un niño, y en su manera de ser, le confundía. Perfectamente sabía que no podía permitir algún tipo de juego con el señor. Liam sabía lo que hacía, tal vez lo "calaba" averiguando hasta donde podía entender… Lo que era seguro, es que estando con la familia sentía estar dentro de un remolino en el que parecía cada vez ser parte de él.

—De todos modos a Hao no le importa lo que siento —dijo el pequeño Diethel hundiéndose en su asiento al cruzarse de brazos.

Su padre le mira de manera perturbada y preguntó—: ¿Cómo aseguras algo de lo que no sabes?.

—¿Por qué no le preguntas? —lo dijo como si fuera lo más obvio.

En ese preciso momento habían llegado a la escuela, estacionándose justo en frente del edificio.

Lyserg salió del auto dejándolos a los dos cociente de haber dicho una gran verdad, a Hao no le importaban sus sentimientos o eso hasta ahora, es lo que sentía. Sabía que podría ocasionarle algún problema al joven de Japón pero era preferible que su padre comenzara a ver que entre ellos no mantenían una buena reciprocidad. Hao era una persona realmente mala, muy mala, que sabía bien cómo engañar a sus padres…

El señor Diethel suspiró; su hijo al parecer no cambiaría su actitud tan pronto como creía. Sin más se despidió de Hao pero este antes de salir del auto sonrió por lo que de inmediato Liam dejó de sobar sobre la cien de su frente y con voz seria preguntó —: ¿Te diviertes? —, el moreno asintió con la cabeza indiscutiblemente, a Liam pareció divertirle también el acto.

Luego, finalmente preguntó—: ¿cómo te sientes con esto que le he dicho a Lyserg?.

Esta vez Hao mostró seriedad, tal vez un poco de tristeza:

—Fue muy claro su mensaje, espero que Lyserg lo comprenda pronto. Además… no me gustaría ocupar un lugar que no me corresponde, entiendo que el mío es solo ser un huésped de esa casa, aunque… para usted, más que huésped… sigo siendo un invitado—suspiró—. No sabía que, su hijo, no lo acompañaba a su trabajo.

—Descuida—sonrió—. Sé que te lo he pedido varias veces pero, trata de llevarte bien con Lyserg. Al menos no se peleen—, el castaño solo asiente con la cabeza, listo para marcharse—. ¡Ah!, otra cosa más. Antes de que te vayas es necesario mencionarte que por ahora te quedarás en casa con mi hijo, ya no me acompañarás por lo que puedes disfrutar de tus tardes. Han empezado tus clases y quiero que te dediques a la escuela, así como se lo dije a él, te lo digo a ti, no quiero saber que descuidas tus estudios, soy responsable por ahora de tí y aunque sé que es muy diferente, ten presente que puedes contar con nosotros; esperemos que salgas adelante que eso has venido, ¿no?, a estudiar, aprender, adquirir una nueva experiencia, ojalá así lo hagas Hao. Por mi hijo, voy a trabajar con él esperando que puedan llevarse bien, sé que no será fácil pero hay que buscar la forma de mantener la fiesta en paz. Así como le digo a él, si llegara un momento en que Lyserg te causara un daño, te ofende, o cualquier otra situación nada grata, no dudes en decírmelo que hablaré con él. El hecho de que estés en esta casa no significa que mi hijo pueda hacer contigo lo que él quiera y sabes a qué me refiero con esto. Hasta ahora las cosas van tranquilas y así hay que mantenerlas. Bueno, ¡Adelante! —hizo un ademán invitándole acudir a la escuela—Que tengas excelente día.

Hao se despidió saliendo del auto para llegar al portón e ingresar al gran edificio frente a ellos. Por su cabeza mientras tanto pensaba en el lió que se había metido, renegando porqué no fue él el primero en salir corriendo del auto como lo había hecho el inglés. Saludó al vigilante que al pie del portón se mantenía, y al entrar, sus problemas crecieron: No conocía en qué salón le tocaba porque estúpidamente olvidó preguntarlo. Sabía que el salón era letra B del quinto grado, igual que ese duende verde con un año en diferencia; pero mientas pensaba en esto y en otras cosas, sintió cómo una mano lo atrapó sobre sus ropas y lo desviaron perturbadoramente hacia un pasillo apartado de la multitud.

Era Lyserg que ante la rabia que padecía, se lanzó confrontándolo cara a cara incitando a la pelea insolentemente.

—Te lo advierto, Hao. No por lo que ha dicho mi padre significa que seremos amigos.

—¿A caso he dicho algo? —rió burlesco con la mirada altiva.

—¡Cállate! —y lo empujó fuertemente contra la pared, aprisionándolo.

—¿Crees tener agallas?

—¡Sólo cállate! —dijo fastidiado, consciente de que no podría golpearlo, no era esa clase de niño y estando en el colegio no buscaría un problema mayor con sus padres.

—Me repugna tu debilidad…—dijo desviando la mirada.

Lyserg no obstante, contuvo todo enojo lo mejor posible ocultando su rostro bajo aquel cabello…

—No voy a discutirte más, así que escucha —ordenó sin mirarle.

Hao conservó su pequeña y retorcida sonrisa, esperando apacible sus palabras.

—No quiero que me busques, no somos amigos así quenointentes dirigirme la palabra, ¿escuchaste?.

Y de la manera más falsa le dice—: ¿Debo sentirme mal?.

—¡Solo haz lo que te digo! —le exigió.

Hao soltó una leve sonrisa sínica, mirándole soberbiamente.

—¿Y qué gano yo con ignorarte? —preguntó con fiereza.

—Hao, no empieces —pidió con enojo, escuchándolo emitir su sonrisa despreciable.

—Piénsalo —sugirió el chico—, solo así lograrás convencerme.

Lyserg le mira con adusto ceño tomándole medio minuto meditarlo.

—Ganarías lo mismo que yo al ignorarte.

Esta vez se burló—. Eres malo negociando, ¿lo sabías?.

Al instante se avergonzó de su involuntaria reflexión observando cómo Hao lo miraba engreído casi de forma intimidante. Sin embargo, sorpresivamente escuchó.

—Tu valentía me ha conmovido. Será a tu gusto —soltó tranquilo.

—¿Lo dices en serio? —preguntó en una mirada sorpresiva.

—¿A caso no confías? —comunicó arrogantemente.

El niño de gran Bretaña negó con la cabeza en señal de su equivocación.

—Hay algo más —mencionó inquietándose un poco—. Si mis padres lo preguntan, fingiremos conocemos en la escuela, pero diremos "bien" en cualquier situación.

—Mmmh—lo meditó el de larga cabellera—. Me gusta —expresó con agrado —luego su voz se vuelve seria—: Pero en el instante que andes de chismoso o que hables de más que un simple "bien" yo…—

—¡Entonces tenemos un trato! —Interrumpió Lyserg—. ¡No voy a lidiar contigo hasta en la escuela!.

—Como digas —dijo Hao, y mirando hacia el cuello de su camisa—: ¿Me sueltas?.

Al momento el joven de Inglaterra asintió sin poder mirar directo a sus ojos negros adornando su rostro un aire a nostalgia—: Por favor… vete.

.

.

.

.

.

.


Una disculpa por actualizar hasta el día de hoy. He aquí el 10mo capítulo. Después de tanto tiempo sin volver surge miedo en esta publicación, ojalá y no haya perdido el toque =(.

Sé que no es lo prometido, … Pero, ¿les gustó?.

.

.

.