CAPÍTULO 10
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Cómo odiaba el papelerío. Steve lanzó un suspiro de aburrimiento, mientras daba vuelta la hoja y continuaba escribiendo. Era un día inusualmente pacífico en el HQ, ya que no había surgido ningún caso. Nadie para correr, nadie para interrogar. Claro que la tranquilidad significaba para todo el equipo la "oportunidad" para ponerse al día con las toneladas de informes que estaban pendientes de casos anteriores. Alzó la vista, para ver a Danny sentado del otro lado de su escritorio, con una expresión de hastío que reflejaba la propia.
-¿Puedo preguntar por qué estás aquí y no en tu oficina? Tienes una oficina propia, ¿sabes? – Al menos discutir con Danno rompería la monotonía por un rato.
-Estoy aburrido. ¿Y qué? ¿No puedo estar en tu oficina? ¿Crees que voy a dañarla? – Respondió su compañero, levantando la vista de los papeles.
-Bueno, de hecho… - Steve se preparaba para lanzar unos cuantos argumentos, cuando su teléfono comenzó a sonar. Miró el identificador de llamadas antes de contestar.
-Adelante, Kamekona, estás en alta voz.
-Howzit Haoles!
-Howzit Brah?
-Hey McGarrett, ¿quién demonios son esas mujeres en tu casa?
-¿Por qué? ¿Qué sucede? ¿Pasaste por mi casa?
-Si lo hice, porque me lo pediste ayer. Lo que no me dijiste, es que amenazarían con matarme.
-¿Qué hicieron qué?
-Una preciosura israelí amenazó con cortarme la garganta, Brah, y eso no es amable. No es amable pero para nada.
-¿Israelí? – Preguntó Danny, alzando una ceja – Ah, la nueva ninja llegó.
-Si Brah, y tiene un bueeen par de piernas, si entiendes lo que digo. – afirmó Kamekona riendo.
-¿Qué quieres decir, está buena?- Inquirió el detective, de pronto alerta.
-Ohu, si. Super buena, pero es mala, y quiero decir, mala. Lastimó mis sentimientos ¿sabes?
-¿Qué hiciste para enfadarla?- preguntó Steve con una sonrisa.
-Solo decir la verdad, Brah… ya sabes, la invité a salir.
Steve miró a Danny, mientras ambos negaban con la cabeza. -¿Y qué le dijiste?
-Pues… que me faltaba plantar bandera en Israel y que ella era la afortunada.
-Oh, mi Dios. ¿Eres estúpido o qué? – Saltó Danny – No puedes decirle a una mujer algo como eso. Simplemente no puedes. Eres increíble.
-Déjame decirte que esas mujeres son peligrosas cuando se enojan brah.
-Sí, lo sabemos. Hey Kame, ¿Te mostró Jules la foto del tipo que necesitamos identificar?
-Sí, y esa mujer luce muy bien en una bikini. Está super buena, pero no la invité a salir. Tenía que elegir a una, aunque ahora creo que tendría que haberlo hecho al revés.
Una vena en el cuello de Steve comenzó a hincharse.
-No la puedes invitar a salir. Está conmigo. Concéntrate de una vez, ¿lograste identificarlo?
-Ahhh, no te enfades. Es una agradable dama, me dio de comer… después de amenazarme con cortarme las pelotas. Y si, lo reconocí, pero no por ninguno de los nombres que me mostró. Ese sujeto juega pesado en la isla brah, no van a encontrarlo fácilmente. Ya les dije a ellas todo lo que sabía.
-Ok, gracias, te veremos después-
-De nada, pero tengan cuidado.
Cortó la comunicación y Steve quedó mirando a Danny, que no hacía intento de volver a agarrar ningún informe y tamborileaba los dedos en el escritorio.
-¿Sabes? Tengo hambre – dijo el detective, tras unos momentos de silencio.
-Sí, yo también-
Habían almorzado hacía media hora.
-Podríamos ir a echar un vistazo-
-Sí podríamos – asentía Steve.
Jules estaba en bikini.
-Es decir, sería rudo no pasar a decir "hola", ¿no crees?-
-Sí, sería descortés-
- Creo que deberíamos ir-
-Yo también-
Se levantaron al mismo tiempo, mientras Danny le tiraba a Steve las llaves de su auto.
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Entraron a su casa por la puerta delantera, dirigiéndose directamente hacia la cocina pues el living estaba vacío. Lo primero que visualizaron de ellas fueron dos pares de piernas torneadas que se apoyaban sobre la mesa del patio. Estaban sentadas de espaldas a ellos, de cara al mar.
Steve y Danny se miraron por un segundo, mientras el detective modulaba con los labios algo así como "demonios", haciendo con la mano un gesto de absoluta apreciación ante el paisaje que tenían frente a ellos.
-Te juro, Z – Iba diciendo su… ¿Su qué? Bueno… ella – Te juro que voy a vaciar una MIG en el próximo idiota que me diga que el destino no existe.
-¿Jules?- Mientras caminaban hacia ellas, él decidió que anunciarse sería una buena idea. Después de todo, asustar a dos agentes que estaban hablando de asesinar a alguien no era nada aconsejable.
Ella bajó los pies de la mesa y se giró para mirarlo.
-¡Ehy tú! No pensé que volvieran hasta entrada la noche.
-No había mucho que hacer hoy- Después de besarla brevemente, Steve dirigió su mirada hacia su izquierda, visualizando a quien suponía que debía de ser la agente del NCIS. Unos ojos oscuros le devolvieron la mirada, escrutándolo atentamente.
-Steve, Danny, esta es mi amiga Ziva David. – Introdujo Jules con una sonrisa – Z, te presento al teniente comandante Steven McGarrett y al detective Daniel Williams.
-Danny, por favor- solicitó el detective mientras se adelantaba a Steve y le tendía la mano a modo de saludo a la israelí– Un placer conocerla, señorita David.
Una lenta y calculada sonrisa se formó en el rostro de Ziva, mientras aceptaba la mano de él. – Hola Danny. Lo mismo digo. – Ella se volteó y miró a Steve de arriba abajo. – Hola comandante, siento haber invadido su casa.
-No hay problema. ¿Vas a quedarte aquí?
-No, no en realidad. Jules me alquiló un departamento a media cuadra de aquí, calle abajo. No quiero ser un estorbo.
Él levantó la vista para encontrar a Jules, quién le guiñó un ojo desde el otro lado de la mesa.
-No es ninguna molest…- comenzó a decir él educadamente cuando Ziva lo interrumpió.
-Además no quiero entrar en alguna habitación y encontrarlos teniendo sexo. Jules hace demasiado ruido. – Concluyó ella.
Danny se atragantó con el sándwich de pavo que había robado de la cocina, y comenzó a toser para intentar expulsarlo de sus pulmones, mientras la miraba con los ojos como platos.
- Ooook! ¿Alguien quiere una cerveza?- ofreció Jules rápidamente, mientras se ruborizaba furiosamente y miraba a su amiga con una expresión que decía "voy a liquidarte".
Steve permaneció con la boca abierta, incapaz de decir una palabra.
-Seguro- aceptó Danny, con la voz ronca y los ojos llorosos de tanto toser, intentando no reírse, pero fallando miserablemente.
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-Repíteme por qué razón no podemos ir con ustedes- Steve estaba enojándose ante la tozudez de aquellas mujeres.
Ellas acababan de bajar las escaleras, vestidas en plan "femme fatale". Jules tenía un vestido corto negro que se ajustaba a cada una de sus curvas, y tenía un escote del tamaño del cañón del colorado, dejando muy poco a la imaginación. Steve observó a sus larguísimas piernas terminar en los tacos más altos que había visto en su vida. En serio, ¿Cómo podían las mujeres caminar con eso? Haciendo el camino inverso, la recorrió nuevamente con una mirada ardiente, encontrándose finalmente con esos ojos de gata, que estaban enmarcados por unas espesas pestañas negras – no podían ser de ella, ¿verdad? – que le agregaban intensidad a su expresión.
Expresión que en ese momento le decía que lo creía un idiota.
-Porque jamás van a contratarnos si llevamos dos guardaespaldas, Steve – Explicó lentamente con un tono de paciencia que le hacía recordar a Danny cuando intentaba que Grace entendiera algo – Además de que ya casi todo el mundo los conoce en la isla. No es que sean muy disimulados, ¿no?-
Kamekona les había dicho que Dieter Müller, conocido en el mundillo criminal de la isla como "Michael Keevs", era un traficante de alta categoría, que incluía en el menú drogas, prostitución y apuestas ilegales. Pero era imposible llegar a él de manera directa. El único enlace conocido era un tipo llamado Robert Clayton, su mano derecha, que poseía un club nocturno. Supuestamente Clayton se encargaba de elegir mujeres en su club para las "fiestas privadas" de Müller. Y es allí donde Jules y Ziva se dirigían esta noche.
-No me gusta esto, no me gusta para nada. Tendríamos que ir con ustedes.- decía Danny. Steve lo miró, para comprobar que su compañero tenía los ojos fijos en la israelí, que había que admitirlo, estaba tan descampanante como Jules. Tenía un vestido rojo fuego (color muy acertado para el tono oscuro de su piel) que le llegaba a los pies, pero con un corte en uno de sus costados que enseñaba una pierna hasta prácticamente la cadera. Y prácticamente no poseía espalda alguna. Steve miró al vestido con desconfianza, pensando que sólo se mantenía en su lugar por pura fuerza de voluntad.
-Daniel- dijo Ziva bastante exasperada – Eso no funcionaría. Además van a estar viendo y escuchando todo, ¿recuerdas? – explicó, señalando su collar que poseía una cámara de alta resolución dentro – ¡Por favor! ¡Ya hemos hecho esto antes!
Danny miró a Steve, negando con la cabeza, en signo de exasperación. A ninguno de los dos les gustaba la situación. No estarían muy lejos de ellas, pues las seguirían con la furgoneta de vigilancia, pero algo siempre podía salir mal.
Ziva terminó de ponerse los tacos, que le aumentaron unos buenos centímetros de altura, y se paró frente a Jules con una mano extendida.
-¿Qué quieres?- Preguntó ésta.
-Llaves-
-No vas a manejar mi auto de nuevo Z ¡Quiero llegar de una pieza, muchas gracias!
-Yo conduzco, Delay.
-Tienes serios problemas.
Ziva levantó una ceja, señal de que no iba a rendirse. Finalmente Jules le cedió las llaves con resignación.
-¿Sabes? Esto me suena conocido – Le susurró Danny a Steve, mientras le cedía las llaves del Camaro y salían tras ellas.
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Tenían una cámara en cada una de ellas, además de micrófonos que les transmitían todo lo que ellas decían. Danny y Steve estaban sentados en la parte trasera de la furgoneta, viendo los monitores que captaban las imágenes de donde ellas iban pasando.
-Maldita sea, esta camioneta huele como el mismo infierno- se quejó su compañero – deberíamos estar ahí dentro.
Steve estaba de acuerdo.
Ziva y Jules se estaban moviendo entre el público, directo a la barra, donde pidieron dos copas de champagne.
-Jules odia el champagne. Prefiere mil veces tomar del pico de una botella de cerveza – comentó él, con un suspiro – Mi tipo de chica.
"Hey J, tengo ojos en Clayton, a las seis en punto"- escucharon la voz de David.
"Ok, míralo por dos segundos, quítale la vista de encima y sonríeme"- Indicó Jules.
"Hecho. Me vio.El anzuelo está amarrado."
"Genial. Vamos a hacer lo nuestro, cariño"
Las dos se dirigieron a la pista de baile, y comenzaron a moverse al ritmo de la música de manera que a Steve literalmente se le secó la boca. Miró fugazmente a Danny, que estaba a su lado, con la vista fija en los monitores. También tenía la expresión perdida.
-Las chicas están divirtiéndose- observó el detective – deberíamos estar ahí.
-Ya lo dijiste.
-Lo sé.
Los hombres comenzaban a rodearlas, como zánganos volando alrededor de dos reinas. La vena del cuello de Steve volvía a la vida con renovada energía.
-Si alguno la toca, voy a romperle el cuello- amenazó a nadie en particular.
-Wow, te tiene mal, ¿eh?
-No sé de qué estás hablando.- No le apetecía precisamente entrar en ESA conversación ahora.
-Sólo para que lo sepas, no voy a dejar que Grace se acerque a ninguno de sus hijos. Es decir, imagínatelo. Van a nacer en pequeñitos trajes negros de ninjas y van a jugar AK-47 en vez de sonajeros- Decía Danny con una expresión de terror fingida en sus ojos.
-No voy a tener hijos con ella, ¿de acuerdo? Ya cállate Danno. Cállate.
-Vaya, estás sensible hoy.
-No estoy sensible.
-Sí lo estás.
-¿Puedes concentrarte por una vez? ¡Por favor! Chin no haría tanto ruido. Debería haberlo traído a él.
-Pero me extrañarías.
-No, no lo haría.
"¿Está mirando?"- Preguntaba Ziva, con una sonrisa de placer, mientras contoneaba las caderas al ritmo de una salsa.
"¿Tú qué crees?"- Rió Jules -"¿Vamos a la barra de nuevo? No se va a acercar aquí"
"Déjalo desear un poco más"
"Ehy Z, ¿Recuerdas Río de Janeiro?"
"No, J, no voy a hacer eso"
"Vas a tener que hacerlo, sabes que yo no puedo"
"Te odio"
"Lo sé"
-¿Qué? ¿Qué quieren hacer?- Le preguntó Danny.
-No tengo ni la menor idea… pero apuesto mi cabeza que no es nada bueno.
-Gran apuesta entonces.
Ziva y Jules comenzaron a moverse entre la gente hasta la barra nuevamente, pidiendo dos Martinis esta vez.
"Vamos a hablar con el tipo de la banda"- Le decía Jules a Ziva.
"No quiero hacerlo. Me las vas a pagar"
"Ésta me la debes. ¿Cómo se te ocurre hacer ese comentario hoy? No hago mucho ruido cuando tengo sexo"
Steve carraspeó.
"¡Jah! Vivía contigo, ¿recuerdas?"
"No lo hago"- Negaba Jules categóricamente.
Se acercaron dificultosamente a los tres individuos que formaban la banda de música de turno, y estaban tan cerca de los parlantes que ni Steve ni Danny lograron entender lo que Jules hablaba con uno de ellos. El tipo afirmó con la cabeza, y le dio un micrófono a Ziva; seguido de lo cual las dos se subieron al pequeño escenario.
-¿Qué demonios están haciendo?- Exclamó Danny.
La respuesta le llegó al detective cuando toda la música paró de repente, y dos reflectores apuntaron al escenario.
Ziva comenzó a cantar acapella un tema que a Steve le sonaba familiar. Demonios, que voz tenía. La banda pronto comenzó a seguirla, de modo lento al principio, pero enérgico después. Jules se integró al espectáculo bailando al compás del ritmo. A Steve se le formó un nudo en el pecho provocado por la ansiedad de estar dentro de su cálido cuerpo, sintiendo esos movimientos sobre él.
-Mierda- fue todo lo que salió de la boca de Danny, y él estuvo de acuerdo, porque no era capaz de decir nada más inteligente que eso en estos momentos.
La canción era una mezcla de salsa y música gitana que tenía a todo el club ensimismado. Cuando terminaron, las dos sudorosas y con una sonrisa en el rostro, dieron las gracias al público con una pequeña reverencia y se bajaron del escenario.
"Eso fue perfecto, Z. Hacía tiempo que no lo hacíamos"
"Fue divertido. Más que en Río"
"No cantes victoria todavía, la noche no terminó aún. Todavía pueden dispararnos."
"Y todavía puedo tener que volver a pasar un mes cuidándote en terapia intensiva porque has puesto tu pecho de blanco"
Entre risas, y declinando las ofertas que se les cruzaban por el camino en forma de hombres babeantes – malditos Neanderthales- pensaba Steve, lograron abrirse camino hasta la barra nuevamente, donde se toparon de frente con Clayton.
Simulando que no lo conocían de antemano, ambas lo ignoraron mientras pedían nuevas bebidas.
"Disculpen damas"- escucharon que las enfrentaba su objetivo.
"¿Si?"- esa era Ziva, quién se giraba a mirarlo, seguida por Jules.
"¿Hacen este show a menudo?"
"Oh, no. Sólo estábamos divirtiéndonos"- contestó Jules con una gran sonrisa.
"Soy Robert Clayton, el dueño del club"
"Oh, disculpe si hicimos algo que no debíamos. No queríamos molestarlo"- Ziva definitivamente tenía la cara hecha de piedra.
"No, para nada señorita. En realidad disfruté bastante de esta… ¿Cómo llamarla? Improvisación. Fue adorable"
-¡¿Adorable? – Saltó Danno – ¡Lo que hicieron esas dos fue cualquier cosa menos adorable!
-¡Shhh!- Lo silenció Steve, que necesitaba seguir escuchando.
"Bueno, pues muchas gracias, señor Clayton. Fue muy divertido"
"Estaba preguntándome si no desearían ustedes repetir esto alguna vez. Les pagaría, por supuesto"
Jules le dirigió una mirada de confusión digna de un Oscar, como si no entendiera una jota de lo que decía el tipo.
"¿Quiere decir aquí, en el club?"
"No, no aquí. Para otro tipo de público, más exclusivo"
B-I-N-G-O
"Bueno, no sé… ¿tú qué piensas Mary?"- Le preguntó Jules a Ziva.
"Por mí bien, si tu quieres claro… ya sabes que adoro cantar"
Y las vacas volaban.
La noche estaba hecha. Clayton, luego de agradecerles, les pidió sus números de teléfono, quedando en contactarlas a la brevedad. Tras despedirse, ambas volvieron su atención a las bebidas, sin querer parecer muy apresuradas para salir de allí.
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Jules y Ziva se dirigieron de vuelta a la casa de Steve, donde ellos dos estaban esperándolas.
-Te juro Z, vas a conseguirte tu propio auto ¡Casi nos matas allí!
-Ahh, eres tan dramática.
Las dos entraron como un tornado por la puerta, tirando sus carteras sobre el sillón y sacándose los tacos apresuradamente, como si no los soportaran puestos por un segundo más.
Ziva cerró los ojos y lanzó un suspiro de alivio cuando estuvo descalza, mientras se apoyaba en una silla. Jules fue de repente consciente de la mirada que estaban recibiendo por parte de los dos hombres que tenían enfrente, que estaban con los brazos cruzados y mirándolas ceñudamente.
-Bueno, fue todo un éxito, ¿verdad?- lanzó con una sonrisa dubitativa, probando el terreno.
Ninguno de los dos le contestó. Ziva los miraba extrañada ahora también, preguntándose qué demonios les pasaba.
-Ehhm, ¿Z? Vamos a cambiarnos, ¿quieres?- preguntó/ordenó ella, mientras la tomaba de la mano y la arrastraba hacia el cuarto de arriba.
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15 minutos después bajaron las dos, vestidas normalmente, con jeans y remeras, pero ambas descalzas. Steve y Danny estaban en el patio trasero, dando cuenta de una cerveza cada uno. Jules y Ziva se sentaron junto a ellos, y cada una agarró una Heineken para ahogar el resto del sabor del champagne que habían tomado antes.
El silencio se prolongó. Y se prolongó.
Hasta que Steve decidió romperlo.
-¿Clayton les dijo cuándo iba a llamarlas?
-Sabes que no. Estabas escuchando todo.- contestó Jules secamente -¡¿Puedo saber cuál demonios es el problema, Steve?
-Ok, nosotros nos vamos – dijo Danny, mientras se paraba – Vamos Ziva, te llevo hasta tu casa.
-¿Estás seguro?- ella parecía insegura de dejar a Jules en esta situación, sin saber que carajos estaba pasando.
-Sip, es hora de irnos, créeme- respondió el detective mientras la tomaba de la mano para ayudarla a incorporarse.- Adiós chicos, nos vemos por la mañana – los saludó sin esperar respuesta – Si es que no se mataron para entonces – susurró.
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