La historia sigue desarrollándose y por primera vez, Atreus tiene algo que recordar. Su encuentro con esa persona le hará visitar el infierno y padecer el mal que nunca deseó… ¡pero la luz del cosmos le guiará!

Bueno, como venía diciendo, no todo ha de ser irreal, ¿no? Aunque no sea del estilo de Saint Seiya, espero que os guste este extraño capítulo. Espero sinceras críticas, ¿vale…? (También de los que no dejáis reviews).

¡Y por cierto! Hay un error en el capítulo nueve del que, por no ser gracias a Shadir, no me hubiera dado cuenta. Ya casi al final del capítulo, cuando el alcalde invita a esa ronda de cervezas, son Atreus y Lyone los que no acostumbran a beber, no como había escrito, Cecil y Lyone.

¡Muchas gracias a todos!

PD: ¡Gracias al Tiempo de las Cerezas (de Enrique Bunbury y Nacho Vegas) por la idea de la historia de Atreus!

Capítulo X: La sonrisa del pintor

De la forma más estúpida posible, el curioso muchacho cayó por la ventana golpeándose en plena barbilla. Había tenido la enorme suerte de sólo haberse herido un poco el mentón, pues a pesar de haber caído desde la altura de un piso, pudo evitar la catástrofe que habría supuesto caer de cráneo. ¿Cómo había podido pensar apoyarse en las tejas si no había?

La noche era muy cerrada y Atreus no sabía por dónde emprender su paseo de explorador. Limpiando el hilo de sangre que le resbalaba, rió haciendo apología a su error de cálculo.

La calle era estrecha y sólo había dos posibles caminos. O a la derecha o a la izquierda. Él quería llegar a los Alyscamps, ¿pero por qué no curiosear un poco antes de ir a ellos?

No se oían más que sus pasos en la empedrada calzada. Era tan solitario el lugar que el frío parecía ensañarse con el único viandante que se atrevía a pasear por la villa a aquellas tardías horas. Con las vistas tan bonitas que había aquella clara noche, le sorprendía el hecho de que nadie saliese a contemplarlas. Alzando la vista, el joven vio de forma clara la bonita luna, cuasi llena.

-Siempre te veo llena, ¿eh? Muchas casualidades últimamente…- dijo aludiendo al astro.

Sin dejar de andar, llegó a una avenida muy larga, con árboles a los lados y una especie de cajas pétreas alargadas a sus pies: los Alyscamps. Para una vez que Atreus no había sido impulsivo, llegó a su objetivo en pocos minutos.

La extensa avenida parecía perderse en el horizonte. Bañada por una escasa luz, la frondosidad del lugar era tal que parecía un mar de hojas en cuyo centro, decenas y decenas de tumbas de piedra reposaban.

-Se supone que estos bancos son viejas tumbas…

Lo cierto era que la calle estaba tan solitaria que el viento parecía llevar una gelidez mortuoria. El susurro de las hojas evocaba paz, pero a la vez un terror atractivo. El curioso joven, maravillado, se deleitó con la melodía que posiblemente era obra de su imaginación.

-¡¿Esto es el romance para piano de Mozart?!- exclamó asustado. Su corazón comenzó a palpitar desbocadamente. La música era tan real como que él estaba en mitad de la necrópolis.

A cada paso de Atreus, los instrumentos se hacían más y más fuertes, llegando a inundar el propio cielo. El aire enmudeció.

Atreus corrió por los Alyscamps, pero no encontró nada. Ni tan siquiera una mínima pista que le guiara a los emisores de aquella dulce melodía. Sin embargo, entre zancadas, le pareció pasar ante un hombre que miraba el cielo.

-¿Cómo?- se preguntó. -¿Acaso él la oye también?

-Joven… no temas.- susurró una voz.

-Usted… ¿oye lo mismo que yo?

-¿No es preciosa?- dijo aquella persona que estaba sentada sobre una de las tumbas. Su aspecto hablaba bastante de él. Oscilaría los cuarenta años, con el cabello rojizo y corto, al más puro estilo clásico. Un pequeño detalle llamó la atención de Atreus antes de responderle: Le faltaba el lóbulo de una de sus orejas.

-Lo es… ¿pero de dónde viene?

-¿Te preocupa eso ahora estando en mitad de una necrópolis? ¿Cómo te llamas, muchacho?- preguntó el adulto.

-Atreus Maragos. Estaba dando un paseo… y me encontré con esto.

-El umbral de la realidad es tan susceptible que no sé si tú saldrás cuerdo de esta noche. ¡Yo ya perdí mi cordura!

-¿Pero quién es usted? ¿De dónde sale la música?

-¿Y qué importa? ¿Acaso no es bella?- dijo el hombre profiriendo una sonrisa. –Si no estás preparado, será mejor que vuelvas a casa.

-¡¿Cómo?!

-Yo advertí a los demás, pero no escucharon y perdieron la cabeza. Como resultado, murieron víctimas de su terror. Escucha…

La melodía se desvaneció dando paso a una tanda de estridentes gritos, abrumadoras súplicas de terror innegable. ¿Podían ser esas las personas desaparecidas que se citaban en la carta de la misión?

-Y pensar que yo sólo quiero una persona con la que hablar. ¡Ya han muerto tantos…!

-¿Eres un demonio o algo semejante?- preguntó Atreus aferrando su pecho con firmeza.

-Yo sólo soy la sombra de alguien que vivió y murió, como toda la gente que yace aquí.

Mirando con atención, el aprendiz corroboró lo escuchado. Alrededor de aquel hombre, una sarta de lucilos multicolor parecía elevarse al cielo.

-Y es que quien sucumbe al miedo no merece la vida que tiene. ¿Sucumbirás tú también?

Encuentro en los Alyscamps

El espíritu que hablaba a Atreus reía y reía. A pesar de todo, no emitía maldad. El cosmos del hombre era imperceptible, y sus vibraciones no eran suyas, sino del entorno que le rodeaba. A pesar de todo, el aprendiz de caballero no dejaba de tener miedo.

-¿Por qué temes? ¿Acaso tú también piensas que yo soy malvado? ¡Sólo deseo que alguien me escuche!

Durante un segundo, sólo un segundo, el lamento del ente envolvió toda la vía de la necrópolis. ¡Qué cantidad tan grande de sufrimientos! ¡Qué vida tan mísera! Sólo podía ser una persona. En aquel lugar, con aquel aspecto y aquella vida tan desgraciada.

-¡Van Gogh!- exclamó Atreus horrorizado. -¡Eres su espíritu…!

-¿Quién aprecia tanto este lugar como yo? Sin embargo, nadie puede ayudarme…

-¿Tú has provocado tanto daño en la ciudad?

-No.

La imagen del pintor se desvaneció, y toda la calle perdió la tonalidad de colores vivos que había tenido desde que el chico entró en ella. El gris nocturno, con su viento y sombras, reinó de nuevo.

-¿Qué sucede? ¡Ahora sí siento una cosmoenergía horrible! ¡No puede ser que Van Gogh haya aparecido para pedir ayuda! ¡¡Es surrealista!!

-La línea entre la vida y la muerte es así de frágil. El afecto de ese hombre por este pueblo, ciudad, o como quieras llamarlo, es demasiado grande como para entregármela sin más.

-¿¡Y tú!? ¿Por qué demonios no me quedé durmiendo?

-¿Y quién te dice que no estás dormido?- replicó la extraña presencia tras la orden de Atreus. -¿O quién te dice que pronto no estarás muerto?

-¡Este lugar es el infiero! ¡Está plagado de demonios!

De la sombra de los árboles apareció un hombre cuya imagen era idéntica a la de Van Gogh. Sus ojos eran completamente negros, su rastro era tan oscuro que a cada paso que daba, las hojas de los árboles caían. A través de su cuerpo podía verse el resto de los Alyscamps.

-¡Tú! ¿Qué sucede?

-¡Sólo quiero… hablar!- el cosmos del espíritu se desbocó, demostrando que incluso un ser inerte podía poseer esa energía interna. Atreus se sintió superado, intimidado… por eso, corrió con lágrimas en los ojos. Temía por su vida, y estaba actuando como un cobarde. Al fin y al cabo era sólo un niño cuya curiosidad le había llevado a aquella trampa mortal.

Un empujón tiró al joven al suelo de boca. Tenía todas las piedras del suelo rozando su piel. A causa del terrible impacto, notó como si su ropa humedeciera.

-¿No me digas que tendré que vérmelas con esto?

-¿Qué esconde tu corazón?- inquirió el espectro del mal, arrastrándose hacia Atreus. Extendiendo sus brazos, abrió una de sus manos enfocándola a donde el joven estaba. -¿Sufrimiento? ¿Tú? ¡Tu alma será mejor que la de los que devoré antes de ti!

La amenaza de la que se habían quejado los lugareños de Arlés era aquella, tan extraña que en la vida podría un caballero haber imaginado que podría enfrentarse a un espíritu.

-¿Así que ella bebía para olvidarlo todo?

-¿¡Cómo!?- Atreus levantó con las pupilas dilatadas. Su corazón empezó a dolerle más y más a cada segundo.

-Sólo le quedaba Dios. La soledad la hizo enloquecer. Qué poca lucidez hay en este mundo. ¡Gracias a ella podré tomar tu alma, muchacho!

-¡¿No estarás hablando de mis recuerdos?!- gritó Atreus mientras levantaba del suelo impregnado en lágrimas y barro. -¡Sal de ahí! ¡No remuevas mis recuerdos!

Con toda la furia de que disponía, Atreus hizo temblar el aire expulsando su imperfecta técnica de combate. El Impulso Celeste del viento sólo abrió las heridas que ya tenía de su anterior pelea. Ningún efecto surtieron sobre el espíritu que se jactó de la estupidez aparente de su adversario. Ahora el aprendiz también estaba manchado por su propia sangre.

-¡Es hora de capturar tu alma!

Las tumbas de los Alyscamps se abrieron, y de su interior, las sombras de decenas de muertos caminaron como condenados al cuerpo del joven. Incluso por debajo de sus pies, varias de ellas apresaron sus extremidades.

-¡Suéltame!- gritó. -¡Suéltame! ¡Impulso Celeste!

El empuje del viento arrojó con suma violencia a Atreus contra un tronco cercano. El golpe fue terrible, pero el joven levantó trastornado, con sangre en su frente. Al menos se había deshecho de la Atadura De Los Espectros.

-Resistente, pero insuficiente. ¡Tu poder no es mayor que el mío! ¡Ningún ser cuyo corazón sea más oscuro que el mío podría derrotarme! Ningún humano puede tener peores recuerdos que los míos, porque de ser así, estaría tan loco que no sería consciente ni de su existencia… ¿Tú has sufrido tanto, chico?

El alarido de Atreus sonó por todo Arlés como aquellos que eran narrados en la carta de Sydonie. Aquel ectoplasma era tan fuerte que al joven le resultaba increíble que les hubieran mandado a ellos para cumplir el encargo del Santuario. ¡Estaba perdido!

Por segunda vez, la atadura de los espectros le encadenó a la tierra y después le alzó al cielo como sustentado por columnas de negro. Un negro semejante al que vio con sus ojos.

De repente, el tiempo retrocedió algunos años por arte de magia. Atreus estaba sentado junto a una mujer que lloraba. Sólo bebía y lloraba junto a él. El dolor de su corazón era enorme, y como consecuencia, el joven no sabía si el escozor era por las imágenes o por la agresión de los espectros. Fuera como fuese, sólo recordaba una frase.

-¿Ésta desilusión? Podría fingir que no pasó nada, pero por favor, te ruego que no me preguntes más. No me hagas hablar, ni quieras saber de mi vida, pues si bebo es para olvidar…

¡Era el olvido a lo que Atreus temía! La muerte de aquella mujer le condujo al Santuario, y apenas la recordó más. Ahora que la recordaba como si todo hubiera sucedido ayer, abrió los ojos con llamas en ellos. Una explosión le liberó de las ataduras de las sombras. El joven estaba de pie, llorando, con su cosmos encendido.

-¡Nunca te perdonaré que intentases quedarte con mis recuerdos!- gritó.

-Esos recuerdos te han hecho muy fuerte… Ahora ¡muere!

Del cuerpo del espectro del pintor apareció una lanza de sombras, que fue arrojada contra el cuerpo de Atreus. Sin embargo, fue detenida con sólo el deseo de su corazón. La lanza fue desviada contra uno de los árboles de la avenida.

-¡Impulso Celeste!- El agotado Atreus controló el viento sin herirse por primera vez. Las ráfagas envolvían más allá de su brazo, que, al extenderlo, limpió toda la zona de sombras negras dejando sólo al espíritu de Van Gogh. Aunque el ataque fue dirigido contra él, no surtió efecto más que en sus títeres.

-Ya te advertí, niño, de que sólo alguien con un alma más negra y poderosa que la mía podría derrotarme. ¡Ese es el poder de los muertos! ¡Que la lanza de las tinieblas te hunda!

De nuevo, el triángulo sombrío del muerto corrió la distancia entre los contendientes, empujando a Atreus contra una de las tumbas. Tras el golpe, quedó como anonadado, comenzando a sentir los efectos de su anterior choque contra el árbol. El aprendiz se quedaba sin fuerzas y apenas había entablado combate con su enemigo.

-Supongo que sólo soy un humano… y no puedo contra esto.

-Ya lo comprendes. ¡Levanta!

Como si fuera una marioneta, una energía manipuló el cuerpo de Atreus haciendo que se pusiera en pie contra su voluntad. Aquella era la sensación de estar poseído por algo. Con el resto de su cosmos, brilló un poco. Seguidamente, un impulso mucho más poderoso que los suyos, le liberó.

La explosión generada por el Resplandor Azul de Cecil fue indescriptible. Un buen trozo de los Alyscamps quedó destrozado, entre escombros de tumbas y trozos de árbol.

Allí estaba el caballero de Orión, con su alumno en brazos. Lo revuelto de su cabello revelaba que acababa de levantar no hace demasiado. Por el contrario, Lyone, también presente, estaba más despabilada de lo que estaría un recién levantado. La mirada de la chica asustó al espectro, que la observó detenidamente.

-¿Y vosotros? ¿También queréis que me quede con vuestra alma?

-¡¿El Santuario nos ha mandado a luchar contra un espíritu?!- Cecil estaba impresionado por el extraño evento. –Bien, debemos debilitarle y luego purificar su energía… Lo cierto es que Vladimir me pidió que salvaras tú la situación, pero creo que no podrás, Lyone.

Un temblor sacudió el cuerpo de la citada, haciendo que liberase su cosmos. Aunque éste no era demasiado amenazante, el espectro desapareció sin dejar rastro. Por aquel momento, el combate había terminado.

-¡Vaya! ¿Qué ha pasado? ¿Le asustaste, Lyone?- preguntó Cecil algo adormilado todavía.

La joven no respondió sino con una sonrisa algo malévola. Sin saber cómo, había hecho que el peligro desapareciese por aquella noche.

El pobre Atreus debía haberlo pasado mal, pues juzgando por las facciones de su rostro y sus heridas, la batalla había sido ardua. Afortunadamente, algún minuto después de su marcha, la joven chica avisó al poderoso guerrero de Plata que, sin duda, partió en busca de su alumno temiendo lo peor. Por una vez, había acertado en su drástica suposición.

-¿Imaginabas que la amenaza pudiera tratarse de un espectro, Lyone?- indagó el caballero.

-No. Era lo último que se me habría ocurrido. ¿Desde cuándo los caballeros de Atenea sois Exorcistas?- respondió ella algo exaltada. –Reconozco que nunca he creído en fantasmas.- Sin embargo, tras lo que acababa de ver, la joven pensó que probablemente necesitaría recurrir a aquellas ideas perdidas en el libro de sus recuerdos; aquellas que a modo de curiosidad, leyó para divertirse en sus ratos de ocio.

-Lyone, no te preocupes. ¡Acabaremos con esto tan pronto como nos sea posible!

El optimismo del caballero de Orión hizo que una mueca agradable surgiera de los labios de la joven.

Después de suspirar, el grupo de jóvenes regresó al hotel en que se hospedaban. Lyone seguía divagando por sus indescriptibles pensamientos, Atreus se había quedado dormido en los brazos de su maestro, y éste, que todavía estaba algo afectado por los efectos de la cerveza, suponía que como era habitual, el embrollo de la misión sería para él.

-¿Por qué siempre yo…?- se preguntó el incrédulo caballero.

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