Toda la historia peretenece a la increíble Jennifer L. Armentrout. Nombres de los personajes a la maravillosa Sthepenie Meyer.

Capítulo 10

Edward PDV

Hubo momentos en mi vida cuando en verdad no podía creer que las cosas podrían volverse más jodidas de lo que ya eran, especialmente con Alice corriendo a unirse al maldito circo Luxen.

Pero cada vez, me demostraba, de nuevo, lo equivocado que era creer eso.

Victoria nos miraba con ojos oscuros, su cara desprovista de cualquier emoción, una pizarra en blanco total.

Emmett maldijo y comenzó a cambiar, pero Victoria habló antes de que él pudiera hacer algo que podría terminar con una gran cantidad de explosiones y caos general.

—Si quieren vivir —dijo con voz cortante—, entrarán en este maldito helicóptero. Ahora.

Realmente no teníamos muchas opciones. O bien dar pelea y que nos vencieran con una de sus armas, o entrar en el helicóptero. ¿Entonces qué? Salíamos de la sartén y justo caíamos en medio del fuego. Pero una opción más probable implicaba morir ahora, mientras que la otra era morir probablemente después. Después nos daba un poco de tiempo para encontrar una salida de este último desastre.

Envié a Emmett una mirada que decía: cálmate, y por un momento, pensé que él diría al diablo con eso, pero sus hombros se cuadraron, y luego subió al helicóptero.

Girándome hacia Bella, encontré sus ojos, y el recelo en su mirada, el agotamiento y el dolor, se hallaban teñidos de miedo. Me hirió profundamente ver eso y saber que no había nada que pudiera hacer en este momento para cambiarlo.

Incliné la cabeza y rocé mis labios con los suyos.

—Estará bien.

Bella asintió.

—Qué dulce —dijo Victoria.

Mi labio se curvó cuando volví mi mirada hacia ella.

—¿Recuerdas cómo terminó la última vez que pensaste que nos tenías bajo control?

Un destello de ira se arrastró por su rostro que de otra manera era estoico.

—Confía en mí. No es algo que he olvidado.

—Bien —gruñí, levantando a Bella a donde justamente Emmett esperaba dentro. La jaló contra él mientras yo saltaba para entrar, presionando a Victoria. La mujer retrocedió, cayendo sobre un banco mientras se encontraba con mi mirada—. Pero esta vez terminará diferente.

—¿Lo hará?

Me enfoqué completamente en su rostro y bajé la voz para que sólo ella pudiera escuchar mientras las hélices de helicóptero bloqueaban mis palabras a los demás.

—Sí, porque esta vez, me aseguraré de que estés muerta.

Victoria se puso rígida cuando retrocedí y alcancé a Bella. Mi hermano me la entregó, y Victoria no dijo nada. En cambio, echó su cabeza hacia atrás y cerró los ojos. La mujer tenía las bolas más grandes que yo, considerando todas las cosas.

Coloqué a Bella contra mí mientras Emmett se encontraba sentado a su otro costado. Dos de los soldados subieron, tomando los asientos al lado de Victoria. Uno se inclinó hacia atrás, haciendo un gesto con el brazo al piloto para que nos elevara.

Al instante en que el pájaro dejó tierra, Bella cerró los ojos con fuerza.

Un estremecimiento la sacudió mientras apretaba su puño en mi camisa.

Su corazón le latía demasiado rápido. Ella no era una gran fan de volar, así que encontrarse en un helicóptero, probablemente la tenía a un paso del modo enloquecer por completo.

Manteniendo mis ojos fijos en Victoria y sus pequeños secuaces, levanté a Bella y la senté en mi regazo. Envolví mis brazos a su alrededor, curvando una mano contra su nuca, colocándola de manera que su corazón descansaba contra el mío.

Uno de los soldados apoyó su pistola entre sus piernas y levantó los brazos para quitarse el casco. Pasó una mano por su cabello marrón arena, torció el cuello y abrió sus ojos.

Amatista.

Maldito Origen.

Obviamente uno de los exitosos productos de Victoria, como Jasper y Seth. No pude sentir ni una mierda del chico, pero tampoco sentí algo de Jasper antes de que revelara lo que era. Lo mismo con Seth. Siempre supe que había algo raro sobre el chico, pero nunca pude investigarlo. Y Tanya se sintió como un Luxen para mí.

Otro talento Origen, supuse, mezclarse perfectamente en algo que no son. Había una gran cantidad de ellos que no conocía, y justo ahora, no me importaba una mierda.

Bajando la cabeza, me mantuve observando a los tres frente a mí mientras hablaba al oído de Bella. Hablé de cosas absolutamente sin sentido. El último programa de Ghost Hunt ers que vi y que quería comprobar el asilo abandonado algún día. Le hablé de la vez que convencí a Eathan de que vi al Hombre Polilla una noche cuando estuve fuera explorando por los Arum. Entonces, le recordé que con Halloween a tan sólo un mes o algo, teníamos que encontrarnos los disfraces de Gizmo y gremlin. Hablé con ella sobre cualquier cosa, tratando de mantener su mente fuera del hecho de que volábamos por el aire, en dirección a Dios sabe dónde. Funcionó hasta cierto punto. Su frecuencia cardíaca se redujo un poco y perdió algo de fuerza su agarre de muerte.

Nadie habló durante el viaje, excepto por lo que le decía a Bella. No era como si realmente pudieras oír nada, a menos que estuvieras justo al lado de alguien. El zumbido del helicóptero viajaba a través de nuestros cuerpos, haciendo que se sintiera como si nos encontráramos en un tambor de acero.

No tenía ni idea de cuánto tiempo permanecimos en el aire. Tal vez más o menos una hora antes de que el helicóptero comenzara a inclinarse hacia un lado, y me encontraba casi seguro de que Bella comenzó a rezar en voz baja. En cualquier otro momento me habría reído, pero la cautela se instaló en cada célula.

¿Qué estábamos a punto de enfrentar ahora? ¿Ser encerrados?

Mientras miraba a Victoria abrir sus ojos y pasar las manos por sus pantalones negros, dudé de que ella quisiera mantenernos con vida. Su obsesión con la crianza entre Luxen e híbridos para crear la raza perfecta sólo podía ir demasiado lejos. Tenía grandes motivos para estar enojada con nosotros. Después de todo, irrumpimos, venciendo a muchos soldados; tuvimos que ver en la destrucción de toda una ciudad; y expusimos lo que éramos antes de que los Luxen llegaran.

Diablos, lo que hicimos tal vez tuvo algo que ver con el por qué los otros eligieron este momento para llegar.

Por otra parte, si ella nos quería muertos, hubiera sido una tarea fácil de realizar en la calle, fuera de Coeur d'Alene, así que no tenía idea de lo que hacía.

El helicóptero aterrizó, y las puertas se abrieron inmediatamente.

Cuando Bella se apartó, obtuve mi primera visión del exterior. Todo lo que vi fue una cerca alta de alambre, y más allá de eso, una montaña gris en la distancia. ¿Tal vez las Rocosas?

Un soldado se bajó, haciéndonos señas. Emmett bajó y luego Bella. La mantuvimos entre nosotros, y en el momento en que mis pies tocaron el suelo, tomé su mano. Al conseguir una mejor visión de todo, no me gustó lo que vi.

Era obvio que nos hallábamos en una base militar, una enorme que se extendía hasta donde podía ver. Fila tras fila de bunkers, aviones, tanques y otros inconvenientes importantes a la hora de formular un plan de escape. Más adelante, se encontraba un edificio ancho y alto en forma de U.

Y toda una completa carga de jodidos soldados.

Algunos vestidos con traje de camuflaje. Otros vestidos de negro como los soldados en la carretera. Tuve el presentimiento de que ellos eran extra especiales.

—Bienvenidos a la Base de la Fuerza Aérea de Malmstrom —dijo Victoria, observándonos al pasar junto a nosotros. Mientras pasábamos las filas de soldados, esperaba que saludaran a Victoria. No lo hicieron—. Toda la base está bloqueada. Nadie entra ni sale, incluyendo a los Luxen.

Mis ojos se estrecharon en su espalda.

Dios, esa mujer tenía un tiro al blanco en su cabeza. No sólo por lo que le hizo a Bella, sino también a mi hermano, a Rose, y por cada otra vida que sus manos retorcidas tocaron.

No soy de la idea de terminar con la vida de alguien, incluso de alguien como ella. Pero, maldita sea, si no miraba con interés el momento en que le hiciera pagar por todo.

—¿Por qué nos trajiste aquí? —demandó Emmett.

Victoria siguió caminando a paso rápido.

—Descubrirán que la base está preparada para lidiar con su clase.

Significaba que había armas con ónix, diamantes y una tonelada de otras pequeñas cosas deliciosas que Daedalus fabricó a lo largo de los años.

—Eso no responde a mi pregunta —replicó Emmett.

Victoria se detuvo frente a unas puertas dobles de acero. Nosotros obviamente no ingresaríamos por la entrada principal. Se giró hacia un lado, mirando hacia atrás, a nosotros, y por primera vez desde que conocí a la mujer, vi algo en sus ojos oscuros que nunca vi antes.

Vi miedo.

¿Qué dem...?

Las puertas de acero se abrieron, el metal rechinó mientras se abrían, revelando el túnel muy iluminado y una persona de pie en el centro. Sus manos dentro de los bolsillos de sus vaqueros rasgados y desteñidos.

Bella retrocedió sorprendida, topándose conmigo.

—Ya era hora de que llegaran aquí chicos. Me estaba aburriendo mucho. —Seth se balanceó sobre los talones de sus botas, sonriendo ampliamente—. Pero creo que perdiste uno, Victoria.

Victoria se puso rígida mientras tomaba una respiración profunda por su nariz.

—Alice se fue con los Luxen. Se encuentra bajo su control.

La sonrisa se desvaneció del rostro de Seth.

—Bueno, eso apesta.

"Apesta" no comenzaba a cubrirlo, pero no tenía ni idea de qué hacer con todo esto. Negué con la cabeza mientras lo miraba fijamente.

—¿Qué diablos está pasando, Seth?

Arqueó una ceja.

—¿Qué tal un agradecimiento primero? ¿Quizás? Quiero decir, conseguí tener sus traseros fuera de problemas, ¿no? Realmente me gustaría un gracias. ¿Tal vez un abrazo? Me siento un poco necesitado.

—¿Dónde está Rose? —Emmett dio un paso adelante, pareciendo olvidar que Victoria se encontraba just o ahí. No es que a él pareciera importarle—. Por favor, dime que no…

—Cálmate —contestó Seth, sacando las manos de los bolsillos—. Lo está haciendo bien. Ella en realidad está aquí. Estoy seguro de que una de estas útiles... personas —hizo un gesto hacia los soldados con uniforme de camuflaje fuera de las puertas—, que no sé cuál demonios es su trabajo, te puede llevar a donde se encuentra.

Emmett comenzó a girar cuando uno de los soldados caminó. Me lancé hacia delante, agarrando su hombro.

—Espera un minuto. —Lo detuve antes que mi hermano pudiera salir corriendo a ciegas—. ¿Qué demonios estás haciendo aquí con ella, Seth?

La sonrisa de Seth regresó.

—Está bien, rebien, requetebien, Edward. No hay necesidad de sacar tu Hulk a nadie. Estás a salvo aquí. Victoria no será un problema. ¿O lo serás? —preguntó a la mujer de labios-apretados.

Parecía que ella tenía algo muy incómodo dentro de un lugar muy vergonzoso.

Su falta de respuesta no me calmó, pero incluso si hubiera dicho que no, no habría estado convencido. No me moví. Tampoco Bella, pero Emmett se hallaba listo para salir como un correcaminos sobre nosotros.

Seth suspiró mientras alzaba sus manos.

—Mira, esto no es una trampa, una prueba, o un entrenamiento. Jasper está aquí también. Nos está esperando, en realidad, y estoy más que dispuesto a explicarles todo a ustedes, pero no lo haré aquí de pie. No cuando me encontré un paquete de almuerzo tan sólo unos minutos antes de que ustedes se presentaran, y estoy listo para hacerme un delicioso buffet de jamón y queso sobre galletas.

Me quedé mirándolo.

—¿Qué? Es el paquete que tiene galletas Oreo incluidos –respondió—. Esa mierda está de moda.

—Dios, tenías tanto potencial —murmuró Victoria.

Seth se giró para mirarla con sus ojos violeta y habló con una voz apenas audible para los que nos rodeaban.

—Y tú estás colmándome la paciencia. No creo que quieras eso, ¿verdad?

Santa mierda si esa mujer no se volvió blanca como una hoja de papel de alta calidad. Miré hacia atrás a Bella, viendo si lo notó, y sus grandes ojos me dijeron que lo hizo.

Todavía dudaba.

—El paquete de almuerzo también viene con un jugo —añadió Seth—. Ponche de frutas. Esos paquetes de almuerzo asombrosos no son broma.

Hombre, sin importar lo que hiciera o decidiera de ahora en adelante, había un riesgo, y no sabía en donde me encontraba con Seth.

Creo que nadie lo sabía. El hecho era que realmente no teníamos mucha opción.

Mi mirada se posó en Seth.

—Si nos estás jodiendo, te juro por…

—Dios, Jesús y el Espíritu Santo que me matarás o lo que sea —interrumpió—. Lo entiendo. Y aunque no aparente apropiadamente que me siento amenazado, lo estoy. Así que, chicos, ¿podemos mover este grupo a otro lado?

Dejando salir un suspiro, solté el hombro de Emmett. El soldado esperó hasta que Emmett se unió a él. Victoria se hizo a un lado, permitiéndoles a ambos pasar. No me gustaba, pero él tenía un objetivo —Rosalie. No miró hacia atrás, ni una vez.

Al igual que Alice no miró atrás.

Pensar en mi hermana cayó pesadamente sobre mis hombros, y solté otro suspiro mientras alcanzaba la mano de Bella. Ella ya estaba ahí, entrelazando sus dedos con los míos.

—Está bien —dije—. Haremos esto.

Seth aplaudió una vez mientras giraba sobre sus talones. Nos dirigimos hacia el túnel, virando a la derecha, a pesar de que Emmett fue hacia la otra dirección. El lugar me recordó al Área 51. Pasillos anchos. Muchas puertas cerradas. Extraño olor a antiséptico.

En cierta forma, era mejor que estar con los otros Luxen. Por lo menos este era el enemigo que conocíamos y toda esa mierda.

Seth dio un rodillazo a unas puertas dobles para abrirlas y atrapó un lado con su mano. Victoria lo siguió adentro, y como había dicho, a un lado de una larga mesa había un paquete de almuerzo. Jasper se hallaba sentado al otro lado, con las piernas levantadas y los brazos cruzados detrás del cuello.

Cuando la puerta se cerró detrás de nosotros y sólo Victoria entró, sabía que algo muy extraño pasaba. Antes, la mujer viajaba con un séquito.

—¿Estás bien? —dijo Bella exhalando mientras se liberaba y cojeó por el lado de la mesa—. He estado muy preocupada.

Jasper bajó sus largas piernas de la mesa y se levantó. Un segundo después, envolvió a Bella en un abrazo.

—Te dije que te quedaras donde estabas. Pero oh no, no escuchaste. —Él miró sobre su cabeza hacia mí—.Totalmente le dije que se quedara.

Seth frunció el ceño.

—¿Por qué no obtuve un abrazo?

Fue ignorado.

—Lo siento. —La voz de Bella sonó apagada—. Tuve que hacerlo, ¿lo sabes?

—Lo entiendo. Pero, maldición chica, tal vez no habría funcionado tan bien —respondió Jasper—. Podría haberse ido todo a la mierda, y entonces ¿quién me llevaría a Olive Garden y así poder probar los palitos de pan sin fin?

Bella rio, pero el sonido era espeso y ahogado.

Me quedé donde estaba, diciéndome a mí mismo que el feo calor que invadía mis venas era indigestión y no celos. Totalmente no era eso, porque no tenía nada que envidiarle a Jasper.

¿Pero necesitaba abrazarla tanto tiempo? ¿Y así de fuerte? Vamos maldición.

La mirada purpura de Jasper se encontró con la mía por encima del hombro de Bella. «Sí. Sí, como que lo necesito.»

Mis ojos se estrecharon. «Aún no me agradas.»

Sonriendo, retrocedió, renunciando a su abrazo, y luego alcanzó una silla.

—Te ves como si fueras a caer en cualquier momento. ¿Por qué no te sientas?

Bella se veía agotada mientras se acomodaba en una de las sillas plegables de metal.

—¿Qué sucede, chicos? ¿Por qué están todos aquí y con ella?

Jasper me miró de nuevo mientras se sentaba.

—¿Dónde está Alice?

La presión se incrementó cuando fui al asiento junto a Bella. Cuando me senté, la tensión se mostró en el rostro de Jasper, reuniéndose alrededor de sus ojos.

—Ella... —Negué con la cabeza, sin saber la forma de explicar lo que pasaba con ella.

Sus manos se apretaron juntas encima de la mesa.

—Ella no está... ella no está muerta, ¿verdad?

—No. —Bella tomó la palabra—. Ella no es la misma. Como que batea para el otro equipo en este momento.

Jasper abrió la boca, pero cuando se recostó contra el respaldo, la cerró de golpe. No estaba seguro de cuánto sabían acerca de todo, pero no podía meterme en esas cosas hasta que supiera qué demonios pasaba aquí.

Me volví hacia Seth, arqueando una ceja mientras lo miraba apilar rebanadas de queso y jamón en una galleta.

—¿Qué está sucediendo?

—Victoria va a ser agradable —dijo, empujando el queso en el centro.

Ella se sentó junto a Seth y parecía que quería empezar a romper cosas. Su mirada se encontró con la mía.

—Confía en mí, si tuviera que elegir ahora mismo, todos ustedes estarían muertos.

Seth chasqueó la lengua suavemente.

—Justo eso, no es muy agradable.

No entendí. Cuando Seth mordió su bocadillo, me incliné hacia delante.

—¿Qué te impide matarnos?

—Digamos que todo el mundo tiene un talón de Aquiles, y encontré el de ella. —Seth se puso a hacer otra galleta—. No es bonito. No es algo a lo que incluso yo quería rebajarme. Pero ¡oh rayos! Eso no nos lo dijo el informante.

Bella se acercó más.

—¿Cómo terminaron juntos todos ustedes?

—Regresé a la cabaña. Y después que le dije a Seth lo que pasó en la tienda, consideramos irnos —explicó Jasper—. Pero no tuvimos la oportunidad antes de que Daedalus apareciera.

Los labios de Victoria formaron una línea apretada.

—Ella pensó que nos tenía. —Seth dejó caer una mini Oreo en la parte superior de su galleta de jamón y queso, y bueno, eso era raro—. Pero…

—Dijiste que trabajabas en eso —dijo Bella, mirando a una silenciosa Victoria—. ¿Una manera de lidiar con Daedalus? ¿Encontraste algo?

—Soy una persona con muy buenas conexiones —dijo Seth con la boca llena de basura—. Cuando derribaron nuestra puerta y Victoria entró como si fuera la cosa más grande y malvada de este lado del país, le demostré lo bien conectado que estoy.

—¿Cómo? —Vi a Victoria.

—Como he dicho, todo el mundo tiene un talón de Aquiles. Victoria es bastante obvia. —Seth clavó una pajilla a través de su jugo—. Hay sólo una cosa de la que ella se preocupa en el mundo entero, por la que tiraría a su familia delante de un tanque —si acaso tiene familia, porque estoy bastante seguro de que salió de un huevo— y son esos Orígenes bebé.

—¿Orígenes bebé? —repetí.

—¿Nahuel? ¿Esos? —preguntó Bella.

Seth asintió. —Sí.

—El dato curioso es que la mayoría de los híbridos y los Orígenes mayores, los que se fueron con ella para recuperarlos a ustedes, no están realmente encantados con el trato de Daedalus. —Jasper sonrió, pero sin humor—. Los que eran leales, bueno...

—Bastardos —siseo Victoria—. ¿Sabes cuánto tiempo llevó cultivar algo que fuera tan leal y tan experimentado…?

—¿Algo? —Bella alzó la voz—. Ves, eso es por lo que estás tan dañada. Los híbridos y los Orígenes, no son algo. Son personas que viven y respiran.

—Tú no entiendes. —Victoria dirigió una mirada oscura hacia Bella—.Nunca has creado nada.

—¿Y tú lo has hecho? Solo porque has forzado a dos personas a tener hijos y luego arrancárselos, no significa que hayas creado algo. —Bella apretó los labios con ira—. Tú no eres su madre. No eres nada más que un monstruo para ellos.

Algo parecido al dolor se dibujó en el rostro de Victoria.

—De cualquier manera, ellos significan mucho para ella, y sé dónde los mantienen —explicó Seth, terminando su última galleta—. Diles lo que querían los peces gordos, Elegante Vicky.

Ella agarró el borde de la mesa.

—Después de la llegada de los Luxen, me dijeron que desmantelara el proyecto Daedalus.

—¿Desmantelar? —susurró Bella, y yo ya sabía lo que quería decir.

Creo que Bella también lo sabía, pero no quería creerlo.

—Me dijeron que limpiara el programa, que borrara todo —explicó Victoria.

—Oh Dios mío —murmuró Bella.

Cerré los ojos. Desmantelar. Borrar todo. En otras palabras, alguien más arriba que ella en la cadena alimenticia, le dio la orden para eliminar cualquier prueba del programa.

—¿Querían que los mataras?

Ella exhaló ruidosamente mientras asentía.

—Negación creíble, dijeron. Que el público no podía saber que no sólo fuimos conscientes de las formas de vida alienígenas, sino que estuvimos trabajando con ellos por décadas.

—Jesús. —Pasé una mano por mi frente—. No sólo a los niños, ¿cierto? ¿Cada Luxen que se encontraba ahí por su propia voluntad? ¿Los que permitieron que ustedes hicieran pruebas? ¿E incluso los que no estuvieron de acuerdo con sus normas?

—Sí —respondió ella.

—Por supuesto, ella no tuvo ningún problema limpiando. Ellos eran prescindibles después de todo, al menos de acuerdo con ella. ¿Pero esos Orígenes? —Seth sacudió la cabeza lentamente—. No pudo hacerlo.

Mis cejas se elevaron. ¿La mujer tenía un corazón en algún lugar de su pecho?

Seth se rio mientras recogía mis pensamientos.

—No, Edward, ella no tiene corazón. No en la forma en que una persona normal crecería unida a un aula llena de pequeños fenómenos, y sin embargo extrañamente adorables niños. No quería que todo su trabajo se perdiera, por lo que los sacó del Área 51, y pensó que los tenía ocultos.

—¿Pero no era así? —Bella se colocó el cabello detrás de la oreja.

Él negó.

—Como he dicho, estoy muy bien conectado. Sé dónde están y sé lo mucho que Victoria quiere regresar a ellos cuando todo esto termine, dado que algunos de nosotros todavía estamos vivos, y cultivar a los pequeños fenómenos en grandes fenómenos.

—¿Al igual que hice con ustedes? —preguntó Victoria.

Seth la calló.

—Victoria, sabes que si dañas un cabello de cualquiera de nuestros cuerpos, si incluso nos miras de una manera que me resulte molesto...

La indiferencia casual que él siempre mostraba, se desvaneció de su rostro como una máscara cayendo. Se inclinó hacia adelante, con sus ojos brillando como diamantes de color púrpura, mientras Victoria se giró hacia él.

En ese momento, veía al Seth que causaba que hombres adultos se mearan encima, al Seth al que no quería tener en el lado equivocado, y ese Seth era francamente inquietante cuando sus características se agudizaban.

—Ella sabe que los tendré a todos y cada uno de ellos muertos en segundos —dijo, en voz baja—. Y si mi gente no oye de mí, incluso si no puedo hacer una llamada a tiempo, todos ellos morirán. Y entonces Victoria se queda sin nada.

Buen Dios.

Bella se quedó mirando al chico como si nunca lo hubiera visto antes.

No había duda en mi mente de que Seth era capaz de hacer algo así. Tan dañado y malo como era, lo haría, pero tampoco creía que dejaría que los niños volvieran a caer en manos de Victoria.

Y me pregunté si ella realmente creía eso. Entonces, de nuevo, ¿qué otra opción tenía?

—¿Por qué simplemente no la matas? —pregunté.

—Como que la necesitamos —explicó Jasper—. Por lo menos, necesitamos al gobierno, un lugar seguro hasta que... bueno, esperemos que no haya un "hasta" y sí un para siempre. También necesitábamos conseguirlos a todos ustedes y…

—Tan increíblemente impresionante como somos —soltó Seth, volviendo a su mafioso Origen nada-me-molesta. Jasper le envió una mirada suave. —Ir en contra de muchos Luxen resultaría difícil. En este momento, ella es un mal necesario.

—Y chico, queremos decir mal. —Sonrió Seth.

Inclinándome hacia atrás, metí mi mano por mi cabello. Parecía como que Seth tenía a Victoria con una correa. Muchas cosas pasaban por mi cabeza.

—¿Y ahora qué? —preguntó Bella, encontrando mi mirada—.Tenemos que alejar a Alice de ellos.

Eso hizo que me dieran ganas de tatuarme su nombre en mi maldita frente.

››Y tenemos que encontrar una manera de detener lo que está sucediendo, lo que…

Y eso hizo que me dieran ganas de encerrarla en un armario o algo.

—Lo que necesitas es descansar y probablemente comer algo —dijo Jasper mirándome—. Ambos. Esa es la prioridad.

—Hay cosas que están empeorando. Cosas que estoy seguro, Victoria estará encantada de compartir con ustedes, pero eso es para otro día. —Seth se acercó, acariciando la mano de Victoria como si fuera una niña pequeña—. Pero hay algo más que ella necesita decirte.

La mandíbula de Victoria sobresalió.

Sonreí.

—Dudo que haya algo que pueda decirme que me importe una mierda.

—En realidad —Seth tomó la palabra—, creo que a Bella y a ti les importa esto.

Bella se tensó. —¿Y ahora qué?

—Díselos —instó, y cuando Victoria no habló, con voz dura dijo—: Diles la verdad.

Oh, mierda. Mi estómago hizo un descenso rápido.

—¿La verdad sobre qué?

Los labios de Victoria se fruncieron.

Jasper se puso de pie, cruzando los brazos como si estuviera a punto de ser el matón en la habitación, y realmente no me gustaba nada a donde se dirigía esto.

—¿Qué demonios? Sólo escúpelo. —Mi paciencia se acababa.

Victoria respiró hondo y luego enderezó los hombros.

—Como saben, Daedalus trabajó en muchos sueros antes de que tuviéramos algún signo de éxito, y en algunos casos... —Hizo una pausa, mirando fijamente a Seth, quien sonrió alegremente—. Los éxitos resultaron ser fracasos al final. Existía el suero Daedalus, el cual fue dado a Rose, Benjamin y así sucesivamente.

Bella tomó una respiración profunda ante el nombre del bastardo que esperaba se pudriera en una esquina especial del infierno. Odiaba la sola mención de él en su presencia. Bella lo mató, defendiéndose, pero sabía que lo que tuvo que hacer aún la afectaba.

—Luego, por supuesto, estaba el suero Prometheus —dijo, con los ojos iluminados como una niña encontrando los huevos escondidos del Conejo de Pascua—. El suero que se les dio a los hombres que mutaste.

—¿Querrás decir a los hombres que forzaste a ser mutados? —desafié.

—Los voluntarios que mutaste recibieron el suero Prometheus, al igual que los híbridos a partir de los cuales fue creado el último lote de Orígenes—explicó, sorprendiéndome.

—Espera —intervino Bella—, justo probabas ese suero cuando estuvimos ahí.

Seth meneó la cabeza.

—Lo que quiere decir es que los seres humanos que fueron mutados accidentalmente por intervalos a lo largo de los años, se les dio el suero Prometheus en lotes de prueba. No como a los que Edward mutó, si no a personas como Rose, tú y alguien más por ahí que fue sanado por un Luxen.

Confusión se vertió en mí. —¿Así que probaron el suero Prometheus, por primera vez en las mutaciones forzadas?

—Como he dicho, eran voluntarios —corrigió ella.

Me encontraba a punto de ser voluntario para alzar mi pie y golpear la cabeza de alguien.

—Bueno. Esta es una gran información, pero básicamente inútil para mí.

Una sonrisa adornó los labios de Victoria, por primera vez desde nuestra amorosa reunión.

—El suero Prometheus es diferente del suero Daedalus. Se asegura de que el humano mutado, que el híbrido, no se conecte al Luxen.

Mi cabeza inclinada hacia un lado.

—¿Bien?

—Cuando sanaste a Bella, y el Doctor Jenks nos alertó de cuando ella enfermó, no usamos el suero Daedalus.

Bella se puso rígida.

—¿Qué? Él dijo…

—¿Crees que él realmente sabía lo que le entregamos? —Su oscura mirada fijada en Bella—. Creyó lo que le dije y eso fue todo. Se le dio el suero Prometheus, el cual es el que se te dio. —Su atención se movió de nuevo a mí—. Fue lo mismo dado a aquellos que también mutaste, Edward.

—No. —Me incliné hacia delante—. Eso no tiene ningún sentido. Cuando Bella recibió un disparo…

—Te enfermaste. ¿Pensaste que morías? Oh, sálvanos de los dramáticos. —Sus ojos rodaron—. Es porque realmente te vinculaste con ella en un nivel emocional. La amas. —Escupió la palabra con A como si fuera una enfermedad de transmisión sexual—. Sí, nos hemos dado cuenta de eso. Toda esa mierda de querer y necesitar verdadero.

—Bueno, ¡hurra! por ti, pero me estaba muriendo.

Negó.

—Te encontrabas debilitado y enfermo, pero si ella hubiera muerto, habrías sobrevivido. Habrías mejorado. La vida hubiera seguido. Tú simplemente no llegarías a ese punto porque, obviamente, alguien más la sanó.

Bella se quedó sin aliento.

Me puse de pie. El suelo bajo mis pies parecía cambiar. Afiancé mis rodillas. Me sacudió hasta la médula, casi incapaz de creerle.

Victoria respiró hondo.

—Sus vidas no están unidas como piensan que lo están. Si uno de los dos muere, el otro va a sentirlo; sentirlo todo, hasta el último aliento, el último latido del corazón; pero el otro tomará otro aliento y su corazón latirá de nuevo.

¿A que no se esperaban algo así? Ahora, de aquí en adelante todo puede pasar. Nos seguimos leyendo !