Disclaimer: nada me pertenece. ¡Los personajes pertenecen a Marvel y la historia a Cassy 27! (Esta es una traducción).
Día 597
Ocho días habían transcurrido desde la última vez que se le había permitido salir de su celda. Ocho días desde que Thor lo había forzado a estar con él, pero Loki todavía podía recordar cada detalle de aquel desagradable evento. No le importaba el que no se le permitiera salir de su celda, ya que nunca sabía qué era lo que podía pasar arriba, sin embargo ahora también odiaba los momentos que Thor pasaba allí abajo. El hombre siempre estaba calmado, hablando sobre su día, mientras Loki apenas se atrevía a moverse. Todavía no lo había perdonado por violarlo y apenas podía soportar verlo.
Cada vez que su mirada se encontraba con la de Thor —incluso aunque solo durara dos segundos— se sentía enfermo. Sus pensamientos siempre estaban dirigidos al cuchillo que había escondido bajo el colchón, y no pasaba ni un momento en el que no pensara en atacar a su captor, pero simplemente no se atrevía a hacerlo. Tenía... miedo. Era tan simple como eso. Temía que si fracasaba en su cometido, Thor no solo lo castigara a él, sino también a su familia.
Esto le dejaba otra opción, y con el transcurrir de los días, se sentía más seguro respecto a ella. No podía continuar viviendo en aquel infierno. Era una tortura y ya no podía aguantarlo más. La noche pasada, había estado sentado con el cuchillo en sus manos, pensando que estaba listo, pero al final no había sido capaz de hacerlo.
Era un pensamiento aterrador después de todo. ¿Qué sucedería exactamente? Podría desangrarse hasta morir, pero, ¿y si hacía algo mal? ¿Y si únicamente se lastimaba y Thor lo descubría en la mañana? ¡Ni siquiera quería imaginar la reacción de Thor!
¿Cuán extraño era que le tuviera más miedo a Thor que a la misma muerte?
Fue arrancado de sus pensamientos por el sonido de las cerraduras girando. Instantáneamente supo que algo andaba mal. Las cerraduras giraron demasiado rápido —casi con desesperación— y la pesada puerta de metal se abrió como si no pesara nada. Loki se tensó y tragó pesadamente antes de enderezar su espalda, viendo a Thor precipitándose en su celda, un vicioso ceño fruncido adornaba su rostro.
Había visto a Thor enojado múltiples veces, pero hoy parecía absolutamente frenético. Hoy parecía como si hubiera perdido completamente la cordura. Sus azules ojos estaban oscuros, mostrando los dientes. Sus músculos estaban tensos y por primera vez, una vena que corría por su cuello y desaparecía bajo su camisa negra era visible.
—Levántate —siseó Thor, apretando los puños.
Loki ni siquiera consideró desobedecerle. Se puso de pie, pero permaneció cerca del colchón. Su mente se aceleró tratando de descubrir qué demonios estaba ocurriendo, pero no podía pensar en nada.
—Thor —dijo agitado—. ¿Qué sucede?
—Hazte a un lado —rugió Thor.
Cuando Loki no se movió lo suficientemente rápido, Thor lo empujó brutalmente a un lado.
Ya que nunca había tenido mucha fuerza o equilibrio durante aquellos últimos meses, Loki cayó a un lado, su hombro golpeó la pared mientras caía de rodillas. Con miedo en sus ojos, observó mientras Thor arrancaba la sábana del colchón. Prosiguió tirando a un lado la almohada y finalmente levantó el mismísimo colchón.
Loki contuvo el aliento.
Ahí estaba el cuchillo expuesto de manera casi obscena.
Durante tres largos segundos, nada ocurrió. No hubo sonido o movimiento. Loki no era tan ingenuo como para pensar que Thor simplemente agarraría el cuchillo y se marcharía con él. ¡No, el hombre estaba más que listo para un asalto!
Trató de —al menos mentalmente— prepararse para lo que se venía, pero el problema era que no sabía qué esperar. Eso le asustó más que nada.
Lentamente, Thor se dio vuelta para mirarlo, sus ojos casi estaban completamente negros mientras miraba a Loki, sombras ocultaban la mayoría de sus facciones.
—Sabía que me faltaba un cuchillo. ¡Lo sabía! ¿Qué planeabas? —preguntó con frialdad—. ¿Ibas a atacarme en cuanto te diera la espalda por suficiente tiempo?
Loki ni siquiera sabía porque se molestaba en explicarle.
—No, nada de—
—¡Mentira! —Thor irrumpió hacia delante y arrastró a Loki. Lo presionó contra la pared de la celda, sus dedos se clavaban dolorosamente en sus hombros—. ¡Ibas a matarme! ¡Después de todo lo que he hecho por ti, ibas a matarme!
Loki sollozó y trató de liberarse de las garras de Thor, pero todos sus intentos fueron en vano. Thor simplemente apretó su agarre y Loki gimió. Odió estar tan cerca de Thor. Odió sentir su aliento en su rostro.
Pero de alguna manera, su miedo dio paso a la ira.
—¡No!—gritó. Podía sonar valiente, pero no se sentía así. Solo sabía que no iba a aceptar su destino. No dejaría a Thor hacer lo que se le viniera en gana. Seguiría siendo rebelde, hasta el final—. Sé que no puedo matarte —siseó—. ¡Pero esa no es la única forma de liberarme de ti!
El comportamiento de Thor cambió instantáneamente. Su furia seguía siendo visible, pero a ella se unió el horror. Dejó escapar un jadeo de sorpresa, pero nunca liberó a Loki de su agarre.
—¿Qué? —preguntó, frunciendo el ceño ligeramente. Siempre era intimidante ver con qué rapidez el ánimo de Thor podía cambiar. Era siempre impredecible—. ¿Ibas a suicidarte?
Loki tragó pesadamente incluso aunque su garganta y boca estaban dolorosamente secas.
—Cualquier cosa para salir de aquí —respondió con un tono agudo—. ¿Cuándo vas a entender que yo odio este lugar? ¿Que te odio? Estoy atrapado en esta celda mientras soy nada más que tu juguete. ¡Es humillante!
—Sabes que eso no es cierto —respondió Thor airadamente—. ¿Cómo puedes seguir pensando eso? —Sacudió a Loki por los hombros empujándolo brutalmente contra la pared una y otra vez. Parecía que estaba tratando de, literalmente, meter un poco de razón en la cabeza de Loki—. Te amo, Loki Laufeyson, y siempre estaremos juntos. Siempre.
—¡Estás mal! —gritó Loki—. ¡Estás loco!
Thor estalló de ira y violencia. Gritó, pero sus palabras eran incomprensibles. Loki solo sintió su espalda conectarse con la pared tres veces. Estaba seguro de que tendría enormes moretones en la mañana.
Trató de luchar, pero fue imposible. Thor había perdido la razón mientras seguía gritando y agrediéndolo.
Su visión se tornó negra.
—Detente —rogó Loki desesperadamente—. Por favor, detente.
Thor no lo escuchó. Empujó a Loki lejos de él, contra la pared, la fuerza hizo que la cabeza de Loki cayera hacia atrás. Se conectó brutalmente con las blancas piedras detrás de él y envió un fuerte dolor por su cráneo y su nuca. Jadeó por aire, pero apenas tuvo tiempo para comprender lo que estaba ocurriendo antes de que la oscuridad lo reclamara.
Lo último que vio y sintió, fue a Thor atrapando su cuerpo desfalleciendo.
Día 599
De lo primero que fue consciente fue de la suavidad de su manta. Por un brevísimo momento se sintió dichoso, porque por un segundo se imaginó acostado en su propia cama, en casa; pero después los recuerdos regresaron. Repentinamente recordó dónde se encontraba y definitivamente recordó lo sucedido. Como si fuera una señal, sintió un dolor punzante en la parte de atrás de su cabeza. Se movió para sentarse sin molestarse en abrir los ojos, pero rápidamente detuvo sus movimientos. Aquello únicamente le hizo sentir como si su cabeza fuera a partirse en dos.
Con su mano derecha, palpó la parte de atrás de su cabeza. La piel se sentía terriblemente magullada y desgarrada, pero al menos no sintió sangre. Comprendió que Thor había limpiado y desinfectado la herida. Era lo menos que podía hacer después de golpearlo tan fuerte contra la pared. ¡Maldito bastardo!
—¿Loki?
Sus ojos se abrieron instantáneamente y su mirada aterrizó en la imponente figura de Thor, sentado en el otro extremo de la pequeña habitación. Su captor parecía preocupado, una intensa arruga cubría su frente mientras sus azules ojos brillaban y sus hombros cargaban solo tensión.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Thor en un susurro.
Loki se sentó muy lentamente, tratando de mantener el golpeteo en su cabeza a un nivel soportable, y se recostó contra la pared, inhalando profundamente. Se sentía nauseabundo y cansado a pesar de que debía haber dormido durante horas. ¿O días? ¿Cuánto tiempo había estado inconsciente? Fue sacado de sus pensamientos cuando Thor se puso en pie y se dirigió hacia él.
Sin importar cuántas veces jurara no tener más miedo de Thor, simplemente no podía evitarlo. Se sintió apartarse mientras contenía el aliento. ¿Y acaso era de extrañar? La última vez que Thor lo había tocado, lo había dejado inconsciente. Y antes de aquello, lo había violado. Thor afirmaba amarlo, pero sucesos como aquellos solo invalidaban aquella afirmación. Eran la prueba de que Thor no era más que un hombre demente e inestable.
—No voy a lastimarte —dijo Thor, al notar el asustadizo comportamiento de Loki. Se arrodilló ante su prisionero y extendió una mano. Una pequeña píldora yacía en su palma—. Es solo una aspirina. Imaginé que tendrías un terrible dolor de cabeza.
Con renuencia, Loki cogió la pequeña píldora. Odió admitirlo, pero se sentía terrible debido a su dolorida cabeza y aquella pequeña píldora únicamente podría traerle un poco de alivio. Observó a Thor agarrar una botella de agua que de igual forma le entregó.
Solo entonces se dio cuenta de lo sediento que se encontraba. Quiso ocultar desesperadamente su sed pero en cuanto sintió las primeras gotas de agua tocar sus labios, no pudo controlarse más. Bebió la botella de un trago.
Por un segundo, contempló si debía o no dar las gracias a Thor por la aspirina y el agua, pero rápidamente decidió no hacerlo. Se negó a mostrar gratitud después de haber sido maltratado de aquella forma. Miró a Thor y se sintió aliviado al ver que no temía observar aquellos azules ojos. Logró mirarlos directamente sin sentirse enfermo.
Thor abrió la boca para hablar, pero ningún sonido escapó de ella.
Obstinadamente, Loki le sostuvo la mirada. Sabía que sus verdes ojos solo mostraban furia y odio en este momento y quería que Thor lo viera.
—Lo... —comenzó Thor, tartamudeando—. Lo siento, Loki.
Loki no dijo nada en respuesta.
—Por favor, di algo —continuó Thor. Por primera vez, era él quien sonaba desesperado. Estaba jugueteando con el dobladillo de su camisa, sus ojos nunca se posaban en Loki por más de cinco segundos. Era casi ridículo ver que ese hombre lo había mantenido cautivo durante veinte meses—. Me he disculpado. Perdóname.
—¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? —preguntó finalmente Loki con una voz fuerte, confiada.
—Dos días —respondió Thor. Sus ojos rebozaban remordimiento—. Algunas veces no conozco mi propia fuerza. No fue mi intención herirte de esa forma, Loki, pero estaba tan enojado cuando encontré ese cuchillo. No entendía por qué querías suicidarte. La idea de perderte fue insoportable.
—Así que en cambio casi me matas —dijo Loki moderadamente, sabiendo que estaba jugando un juego peligroso—. Lo que haces no tiene sentido.
Thor asintió. Loki no pudo evitar pensar que parecía un niño pequeño que había sido atrapado con la mano en el tarro de las galletas. Ya no parecía imponente. No infundía miedo.
—Cuando me enojo —dijo Thor—, soy irracional.
—Eso es obvio.
—Perdóname, Loki.
—No.
Los ojos de Thor se ensancharon. Claramente no esperaba aquella respuesta. Loki, por su parte, simplemente no podía creer que el hombre hubiese esperado su perdón. Ya era hora de que obligara a su captor a enfrentar la realidad. Ya era hora de que su pequeño mundo de fantasía se hiciera añicos de una vez por todas. Sabía que las consecuencias podrían ser graves, pero no le importó. Había sido violado en dos ocasiones. Había sido golpeado, pateado, cortado y privado de alimento. Había sido noqueado hacía apenas dos días. ¿Qué más podría pasar?
—Nunca te perdonaré —dijo con fiereza y amargura—. Me arrebataste mi vida. Me encerraste en esta maldita celda. Me has golpeado y violado. ¡Me mataste, hiciste creer a mi familia que estoy muerto! ¿Cómo puedes siquiera pensar que podría llegar a perdonarte, Thor? —Sintió lágrimas invadiendo sus ojos. Podía sentirlas corriendo por sus mejillas, pero no le importó. La ira en su voz nunca disminuyó—. En este momento el odio que siento por ti es lo único que me mantiene con vida.
Thor estaba visiblemente conmocionado.
—¿De verdad me odias?
—Oh, no tienes idea —respondió Loki. Y rio, sabiendo muy bien cuán loco sonaba. Empezaba a creer que Thor ya no era la única persona desquiciada en aquella habitación. ¿Era esto a lo que había sido reducido? ¿A un hombre que había perdido la razón? ¿Alguien roto? ¿Era así como encontraría su final?
Continuó riendo.
—Basta —dijo Thor airadamente—. ¡Basta!
—¿Por qué? —preguntó Loki valientemente, su risa nunca se detuvo—. ¿No puedes soportar verme así? ¿No puedes soportar verme roto? ¡Todo esto es culpa tuya, Thor! ¡Esto es lo que han hecho tus manos! Me rompiste y desgarraste en mil pedazos. ¡No es de extrañar que haya perdido la razón!
La respiración de Thor se tornó errática.
—Si estás roto —dijo—. Entonces yo te arreglaré
Eso le silenció.
Ni siquiera quería imaginar a qué se refería Thor por «arreglarlo». Solo podía observar en silencio mientras Thor se le acercaba por segunda vez. Se arrodilló ante él y tomó sus manos entre las suyas. Loki quiso apartarlas, pero Thor ya tenía un firme agarre sobre ellas. Su corazón empezó a acelerarse en su pecho y su boca instantáneamente se tornó seca incluso aunque acababa de beber una botella de agua entera.
—Todavía nada se ha perdido —dijo Thor, mirando directamente a sus ojos verde esmeralda—. Siempre y cuando permanezcamos juntos.
Loki sacudió la cabeza.
—Dilo, Thor —habló en susurros—. Dime quién soy realmente para ti
Thor frunció el ceño, momentáneamente confundido.
—Eres Loki —respondió dubitativamente—. El hombre que amo y—
—No —le interrumpió Loki.
Se quedó mirando profundamente a los ojos azules de Thor, los cuales revelaban inseguridad, desconcierto, soledad y decepción. Era la primera vez que era capaz de leer sus sentimientos tan claramente y comprendió que era porque Thor se sentía vulnerable. Comprendió que detrás del monstruo que le había mantenido cautivo por tanto tiempo, se escondía un niño pequeño que no tenía ni la menor idea de lo que estaba haciendo.
Únicamente le odió más por ello.
—¿Quién soy realmente? —preguntó.
Thor observó las manos de Loki que aún tenía entre las suyas, permaneciendo en silencio. El único sonido a su alrededor era el ventilador soplando aire fresco en la pequeña celda.
—Soy tu prisionero —respondió Loki en su lugar, su voz era suave pero con un tono acusador—. Tu esclavo. Afirmas amarme, pero ambos sabemos que eso es mentira. Tu amor por mí es falso. Haces lo que quieres conmigo y no hay nada que pueda hacer para detenerte. Honestamente, ¿puedes llamar a eso amor? —Hizo una pausa un momento cuando sintió el agarre de Thor en sus manos robustecerse—. Cada día que me retienes aquí es un día más cercano a la desesperanza.
—Detente —suspiró Thor, aún sin observar a Loki a los ojos—. Solo detente.
—No puedes arreglarme —continuó Loki con determinación—. Y ya nada puede salvarse. Nos has arruinado, nos arruinaste el día en que me secuestraste.
Thor negó con la cabeza.
—Podemos ser felices juntos —dijo tercamente—. Si solo aceptaras tu destino.
—El día que acepte mi destino, será el día de mi muerte.
—¡No digas eso! —Su ira regresó. La rabia se hizo visible en sus ojos azules cuando finalmente observó la mirada vacía de Loki una vez más—. ¡Mantén la boca cerrada! No morirás. Esto funcionará. Lo haremos funcionar. ¡Recuerda mis palabras, Loki Laufeyson, seremos felices juntos!
Thor se levantó y salió de la celda, dejando a Loki solo.
Loki se preguntó si lo dejaría solo en esta celda por tres días más. Se preguntó si la oscuridad sería su única compañía en los próximos días. Esperó, pero la luz se mantuvo encendida. Suspiró y se acostó, solo sus pensamientos lo mantenían ocupado. Había sobrevivido por casi dos años. ¡Dos años! Pero sabía que no podría sobrevivir por mucho tiempo más.
El final estaba cerca, pero nunca podría ser uno feliz.
