Ni Digimon ni sus personajes me pertenecen, la historia debajo sí.
Ese sábado iba a ser algo enteramente diferente para la castaña de ojos miel que daba los últimos ajustes a su coleta alta. Se había estado preparando mentalmente los días restantes de la semana y tras muchas pláticas consigo misma había tomado una decisión y no había nada en la existencia que la hiciera cambiar de parecer. Así que salió de su habitación aquel sábado a las 5:30 de la mañana, la actividad en la escuela era casi nula sin embargo las llamas de la decisión ardían en sus ojos.
Tocó dos veces la puerta. No había señales de vida al otro lado. De pronto se preguntó si en realidad no había nadie, así que pegó la oreja a la madera y esperó, esperó… y esperó hasta que escuchó una claro ronquido proveniente desde adentro. La castaña sonrió para si misma y con completa insistencia tocó y tocó y volvió a tocar la puerta hasta que se abrió.
—Dios mío, ¿qué rayos haces aquí? —Un peliazul más dormido que despierto abrió.
—¿Está Taichi? —preguntó Mimi abriendo sus ojos bien grande. El peliazul le sonrió, aún adormilado y después sacudió la cabeza.
—Sí pero, no creo que quieras entrar ahí… él… —la ojimiel no lo había dejado terminar de hablar cuando ya se encontraba en la habitación. El cuarto estaba casi completamente sumido en la oscuridad y en la litera de abajo estaba Taichi Yagami con el cuerpo desparramado en el colchón. Mimi pasó su mirada a la cama individual y se encontró a Yamato, dormido plácidamente… desvió la mirada de regreso hacia Taichi.
La muchacha se puso de rodillas quedando a buena altura del moreno, comenzó a agitarlo suavemente pero parecía no causarle nada.
—Tendrás que hacer mucho más si tu intención es despertarlo —Henry decía entre risas. —O puedes tentarlo, tiene una debilidad hacia las mujeres que lo complacen.
Mimi le lanzó una mirada asesina y Henry salió de la habitación, aún en pijama. Mimi pensó que eventualmente volvería por su ropa así que debía darse prisa. Volvió a agitarlo pero en realidad apenas y reaccionaba.
—¡Taichi por favor! —Mimi estaba desesperada, si no lo despertaba ahora perdería el día, así que en medidas desesperadas se subió sobre Tai y comenzó a agitarlo tanto como pudo, el moreno se despertó después de un momento y aventó sin querer a Mimi, ésta quedó en el suelo.
—Ay… ¿Quién está ahí? —Taichi hablaba adormilado, Mimi se sobaba el trasero en el suelo.
—¡Eres un grosero, Yagami! —Taichi abrió los ojos y de inmediato se tumbó al lado de Mimi, sentándose sobre sus piernas y casi tomándola en brazos.
—¿Estás bien, princesa? —Su tono realmente era de preocupación. Mimi soltó una risita y Taichi se permitió respirar de nuevo.
—Sí, intenté despertarte pero nada parece funcionar… —Mimi bajó la mirada.— Vine a pedirte algo.
—¿Sí? Dime Mimi, lo que sea… Después de como te traté, básicamente… ahora soy tuyo —El moreno le sonreía ampliamente. Mimi notó entonces lo coqueto que su amigo se había vuelto, quizá lo hacia inconscientemente, pensó para si.
—¿Podrías entrenarme? —Abrió los ojos bien grandes, justo como cuando hizo con Henry. Si le había funcionado una vez, ¿por qué no una segunda?
—¿Entrenarte? —el moreno parecía confundido.
—¡Sí! ¡Te prometo que aprenderé rápido y haré todo lo que me digas! Eres un gran peleador y…
—¡Mimi! ¿Por qué quieres entrenar? —el moreno al comprender la situación no pudo evitar reír.
—¡Pues cómo que por qué! —El moreno entonces se puso serio, posó su mano delicadamente en la mejilla de la castaña y la miró.
—Yo jamás dejaré que te lastimen, Mimi. Siempre que tu nombre salga sorteado voy a ofrecerme yo. No dejaré que pelees. —Mimi abrió un poco los labios. De verdad, no sabía si era algo inconsciente pero el efecto que tenía sobre ella era alarmante. Se recordó que probablemente hacía eso con cada chica que se le cruzaba y volvió a la realidad.
—Bueno, pero, ¿y qué si alguna vez salimos ambos?
—Mimi, ¡eso es lo más improbable del mundo! —El more sonreía cálidamente. ¿De verdad Mimi estaba ahí pidiéndole ayuda?
—¡Eso no lo hace imposible! —Mimi entonces colocó sus manos en sus hombros y se acercó a él, agachándose un poco para verlo hacia arriba, hacía pucheros con sus labios. —Por fa… En realidad quiero aprender. Necesito saber como defenderme… ¿Chi?
Algo dentro de Taichi se revolcaba una y otra vez, la muchacha que tenía enfrente estaba volviéndolo absolutamente loco en la mejor de las maneras. Ella lo necesitaba y eso lo hacía sentir importante. No podía dejar de posar sus ojos sobre la muchacha, contemplarla era una delicia en general. Mordió su labio. No tenía escapatoria. Era la excusa perfecta para pasar tiempo con ella.
—Está bien. —Dijo el moreno y la ojimiel se le lanzó de alegría. Quedó tumbada sobre él en el piso de la habitación. Taichi estaba sonrojado, y ella lo miraba con una alegría difícil de describir. Taichi posó sus manos en la cintura de la muchacha y ahora ella también estaba sonrojada.
—¿Vamos? —dijo ella y se incorporaron lentamente, casi sin querer romper el contacto. Salieron de la habitación dejando la puerta abierta.
Ambos muchachos no repararon en que el rubio de la cama matrimonial había visto y escuchado todo, ni siquiera le prestaron atención cuando decidieron salir. Yamato sentía un vuelco en el estómago y por alguna razón se sentía molesto. Molesto con Tai. Molesto con Mimi. Pero, sobretodo, molesto consigo mismo.
Henry entró unos 15 minutos después, se encontró a Yamato recargado sobre su cabecera con los brazos cruzados y mirando a la nada. —¿Qué tanto pasó aquí? —El peliazul sonrió divertido.
—Por alguna estúpida razón Mimi quiere aprender a pelear. ¿Que acaso cree que servirá de algo?. —Su tono era de evidente molestia.
—¿Y vino a pedirle a Tai que la entrene? —Preguntó Henry, curioso. Yamato solo asintió. —Es una lástima.
Yamato no entendió aquello último, así que lo miró confundido. Henry sonrió ampliamente mientras recogía sus cosas. —Yo pienso que eres mejor luchador que Tai, sería más conveniente que tú la entrenes, ¿no crees?
Henry salió de la habitación con su ropa en brazos, él no se duchaba en el cuarto de los muchachos por alguna razón. Yamato entonces analizó la situación y estaba decidido: ¡Voy a sabotear el entrenamiento de Taichi con Mimi!
El día apenas estaba comenzando y la actividad en el instituto era casi inexistente, lo cual tenía sentido pues eran las 6:30 am. Los sábados en el instituto eran bastante tranquilos, tenías la opción de unirte a algún club y trabajar con un equipo pero si no lo hacías el día era utilizado para convivir en las salas designadas de entretenimiento, jugar algún partido o nadar en la piscina. La mayoría de los estudiantes utilizaban el día para formar parte de un club y hacer la tarea de la semana, pero no Taichi y Mimi quienes se encontraban en la pista de carreras, cerca de las canchas.
—Bien, lo primero que haremos es calentar esos músculos y después correr un poco. Esto ayudará a aumentar tu condición física y serás más resistente —Taichi guiñó el ojo.
—Bien. —dijo y se colocó un audífono solamente y puso play a la música en su teléfono, que guardaba en su brazo derecho en alguna especie de bolsa especial para eso.
Yamato se escondía en los arbustos espiando a los dos muchachos mientras hacían estiramientos. En cuanto Henry había salido de la habitación se había enjuagado el cuerpo para estar bien despierto y se había puesto su ropa deportiva que consistía en una playera blanca y un pants holgados.
La castaña se tocaba la punta de los pies con las manos casi sin ningún problema, Tachi soltaba quejidos cada vez que lo intentaba y tenía que incorporarse constantemente.
—¿Qué pasa Taichi? —reía Mimi aún encorvada.—¿Y tu flexibilidad?
—¡Mi fuerte son los golpes y las patadas, princesa! —Decía mientras se incorporaba, casi dándose por vencido. Entonces notó que la castaña llevaba una falda y se escandalizó. Puso de inmediato las manos en los bolsillos y dio gracias a Dios que llevara unos shorts holgados que disimulaban la situación. —Mimi… ¿Por qué rayos traes una falda?
—¿Eh? —la castaña se incorporó confundida, de pronto miró su outfit y no pudo evitar reírse. —Ay, tonto. —Levantó su falda despreocupada, Taichi miró a otro lado de inmediato y le dio la espalda. Ni las manos en sus bolsillos podrían disimular lo que sucedía con su cuerpo.
—¿Qué haces, Mimi? —apenas le salía la voz.
—¡Trae short abajo Taichi Yagami! —La ojimiel se reía sin poder contenerse. El castaño miró de reojo solo para comprobar que lo que decía era cierto y soltó un suspiro.
—Creo que deberíamos comenzar a correr… —Dijo Taichi respirando lento. —Empieza y luego te alcanzo, ¿va?
—¡Va! ¿Cuántas vueltas?
—Tres. —Dijo el moreno y Mimi emprendió su camino. Le tomó unos minutos más a Taichi recobrar la compostura pero cuando lo logró trotó tras ella.
Era el momento perfecto para actuar, Yamato rápidamente colocó un hilo rojo (que se confundía con el color de la pista) en el suelo atando un extremo a un tubo y el otro lo sostenía él con las manos. Espero a que Mimi pasara, pues llevaba ventaja por haber salido antes y cuando fue el turno de Tai tensó el hilo provocando que el moreno perdiera el equilibrio. Yamato sonreía con amplia satisfacción hasta que vio la reacción de Mimi, quien de inmediato corrió hacia el para levantarlo y continuaron corriendo juntos. Yamato rodó los ojos y esperó al siguiente entrenamiento.
Los dos muchachos caminaron hacia unas barras que se encontraban en un espacio un poco más abierto. Yamato había anticipado su movimiento y había puesto mantequilla en el tubo de la barra más alta, pues Taichi iría por esa. Dicho y hecho, en cuanto llegaron a las barras Mimi las miraba confundida.
—¿Y aquí qué o qué?
—Vamos a potenciar e incrementar tu fuerza, tendrás pronto unos brazotes como los míos —Sonrió mientras se remangaba la camisa y mostraba sus músculos. Mimi rodó los ojos.
—¡Ya deja de presumir y muéstrame como hacerlo! Se nos va a ir el día y apenas habré corrido y ya!
—Bien, bien, tranquila… —Taichi se sujetó de la barra más alta y cuando intentó alzar su cuerpo sus manos resbalaron haciéndolo caer. Ésta vez Mimi no pudo contener la risa y Yamato, de nuevo detrás de los arbustos, sonrió.
—¿Qué pasó, señor musculoso? —Taichi se sobaba el trasero. Miró la barra y después negó con la cabeza.
—Creo que será mejor hacerlas en el piso —Después de reír ambos se ponen en posición de plancha y hacen varias lagartijas. Yamato suelta un bufido detrás de los arbustos.
Yamato comenzaba a desesperarse, a pesar de sus intentos Mimi seguía entrenando con Taichi. Justo ahora estaban practicando algunos golpes básicos y él seguía detrás de un arbusto mirándolos. —Aún si Mimi decidiera dejar de entrenar con Tai, ¿por qué habría de entrenar conmigo? Después de todo fui un cabrón con ella. Creo que hasta preferiría entrenar con Koji que conmigo. —Pensó para si, así volvió a las canchas y se sentó en las gradas.
—¡Matt! —A lo lejos vio una figura que corría hacia él, le costaba distinguirla pues para ese momento el sol estaba bien puesto y calaba en los ojos. Cuando volvió a llamarlo una segunda vez supo de quién se trataba.
—Sora, ¿Qué haces aquí? —dijo con tono frío, salía ya automáticamente y tal parecía que la muchacha ya se había acostumbrado a él, pues se sentó a su lado y le sonrió como siempre hacía.
—Fui a tu dormitorio y no te encontré, Henry me dijo que probablemente estarías entrenando así que pensé en darme una vuelta. —La pelirroja se encogió de hombros, hace muchísimo que el rubio no la veía con ropa deportiva.
—Bueno, ¿así que vienes a entrenar conmigo? —La miró de arriba a abajo. Henry en realidad creía que a este punto él estaría entrenando con Mimi así que, ideó un plan para que eventualmente eso sucediera.
—Uh… entiendo si no quieres… —Sora había agachado la cabeza sonrojada. Abrió mucho los ojos cuando el rubio le tocó el hombro y le dedicó una efímera y corta sonrisa.
—Andando entonces.
La pelirroja se paró de inmediato y ambos se dirigieron a la pista. Hicieron sus respectivos estiramientos y comenzaron a correr. Taichi y Mimi se dirigían a las canchas para seguir entrenando pero ambas figuras corriendo robaron su atención.
—¡Eh Matt! ¡Sora! —Gritó Taichi en la distancia. Ambos muchachos corrieron hacia ellos quedando frente a frente. —¡Qué raro! ¿También están entrenando?
—Así es Tai —Sora sonreía orgullosa.
—Pensé que ya no te interesaba el deporte, Sora —Taichi la miraba arqueando una ceja. La pelirroja abrió la boca para decir que fue idea de Matt pero éste la tomó por la cintura, callándola. Las mejillas de la muchacha se colorearon de rosa y sonreía bobamente.
Mimi no pasó desapercibido el gesto. Miraba a Matt sin poder contenerse. —Creo que deberíamos irnos, Tai.
—Si quieres… —comenzó a hablar Yamato pero se vio interrumpido por Sora.
—¡Sí! Nosotros también deberíamos irnos… ¡Vamos Matti! —Decía Sora mientras entrelazaba sus dedos con los de ella.
Matt y Mimi se miraban fijamente. Por alguna razón que era distante a Yamato, Mimi se veía con ojos tristes… como si en cualquier momento rompería a llorar. Él no quería irse, pero cuando Tai tomó a Mimi de la cintura no pudo y abrazó a la pelirroja, casi recargándose sobre ella.
—Dime que es todo por hoy… —Decía la castaña sobre la espalda de Tai, lo abrazaba con las piernas para sujetarse mejor.
—Sí, sí. No hay más por hoy, ¿cómo te sientes? —El moreno caminaba sin dificultad, se dirigían hacia una de las estancias para descansar.
—¡Estoy muerta! ¿de verdad esto ayuda? porque siento que si me enfrento a alguien mañana perdería por el dolor que mi cuerpo probablemente sufrirá. —Tai no pudo evitar reír ante las ocurrencias de su amiga. Cuando llegaron a la estancia la dejó caer en un sillón y él se tumbó a su lado.
—Es que tienes que ser constante, Mimi… Después te acostumbras y aprendes a manejar el dolor. Hasta duele rico. —Mimi lo miraba atenta, ambos estaban sudados completamente. Eran casi las 4 de la tarde y solo habían tomado descanso para comer y reposar los alimentos.
—Pero solo tenemos los sábados y domingos libres, ¡no es justo!
—Si quieres… —Mimi hacía un puchero. —Podemos salir a correr todas las mañanas, eso ayudará con tu condición.
—¿De verdad? —Mimi se lanzó hacia él como aquella mañana, se separó de inmediato. —Ay… disculpa, estoy muy sudada…
El moreno no pudo contener la risa y ahora fue él quien se aventó hacia la muchacha, quedando acostado sobre ella.
—¿Y tu crees que me molesta algo de sudor? —Mimi rodeó su cuello con los brazos, acercándolo más.
—Entonces, ¿todos los días? —La sonrisa de Taichi se había transformado pasando de ser alegre a pícara.
—Todos, todos. —El moreno estaba cada vez más cerca de sus labios, de pronto la ojimiel rompió el contacto y se incorporó.
—¿Y qué pasa con tus "citas" matutinas? —Ella arqueaba una ceja mirándolo curiosa, sonreía de lado, tentándolo.
—Bueno, tendrán que pasarse a la noche —dijo burlón, la muchacha se reía y rodaba los ojos al tiempo.
—¿Cuándo es la siguiente pelea? —dijo optando un matiz más serio.
—En un mes, pero es probable que nos citen antes.
—¿Por?
—No se eligió un líder. Es claro que está entre Matt y yo pero hay que definirlo. —Mimi escuchaba atenta las palabras del moreno. —La última vez lo cedí a Matt pero… Creo que quiero ser yo este mes.
—Ya veo… Deberías discutirlo con Yamato de todas maneras, no me gustaría verlos pelear… —Taichi depositó un beso en la frente de Mimi.
—Está bien, lo prometo.
Yamato estaba sentado al borde de su cama con la guitarra en mano, tocaba unos cuantos acordes mientras tarareaba. Hacía ya buen rato que estaba en la habitación y se había duchado quitándose el sudor y el perfume tan potente que Sora utilizaba.
—Hey, hermano —Decía Taichi quien cruzaba la puerta con una gran sonrisa. Fue directo hacia su cajón y comenzó a sacar ropa, la olía y después de hacer una mueca volvía a dejarla en su lugar. Continuó hasta que se encontró una camisa decente. —Oye…
—¿Buen día de entrenamiento? —Dijo Yamato con tono serio, no despegaba la vista de su guitarra.
—Eh, sí, de hecho solo le dimos hasta las 4. Mimi se cansa muy rápido aún y…
—Ya veo.
—También vi que saliste, creí que eras más de entrenar en las noches "Matti" —Lo llamaba como Sora lo hizo horas antes. El rubio tensó sus hombros.
—Podría decir lo mismo, cabrón.
—¿Perdón?… ¿Todo bien? ¿Es Sora?
—¿Qué tiene que ver Sora? —Yamato le dirigió una rápida mirada solo para devolverla a su guitarra de inmediato.
—Pues, no lo sé… quizás estén teniendo problemas…
—Si los tenemos no te incumbe. Ve y dúchate, hueles asqueroso.
Taichi iba a contestarle pero se quedó callado. De pronto recordó la imagen de Mimi pidiéndole que hablara sobre el tema con Yamato pero se dijo que no valía la pena, lo haría mañana o pasado cuando su amigo estuviera de mejor humor. Atravesó la habitación y se metió al cuarto de baño.
N/A: ¡HOLA! Y lo siento por no actualizar en tanto tiempo es que la Universidad y mi cumpleaños me consumieron de manera inesperada... Como sea, les traigo la actualización de este fic que espero que disfruten porque OH DIOS MIO me divertí mucho escribiéndolo jajaja.
Traté de traerles un capítulo con un poquito más de comedia para aligerar los aires que llevábamos cargando capis anteriores, si les gustaría que siguiera metiendo esporádicamente este tipo de capítulos déjenmelo saber, si no, ¡no más intento de comedia fallida!
Como pudieron darse cuenta ahora sí que está bien enfocado en los 3 personajes principales (y Sora jajaja) espero tampoco les moleste ese detalle, me limité en incluir lo necesario. El siguiente se viene BIEN BUENO OH SI.
Sin más que agregar, ¡les deseo lo mejor de la existencia!
-Besos, Alex.
