Capítulo 10

Dada la situación que hay en casa, decido pasar el resto del día en la oficina, alejada de Eric.

Mi secretaria me pasa una llamada, al parecer, dos hombres me buscan. Espo y Ryan aparecen por la puerta.

- ¡Kate!- me levanto para saludarlos, mi rodilla golpea la esquina de la mesa.- ¡Chicos! ¡¿Qué hacéis aquí?!

- Tenemos que hablar contigo sobre un tema algo...delicado.- responde Ryan, al fijarme en su cara caigo en la cuenta de que él estuvo en la boda con Jenny, ¿cómo no me di cuenta?

Es posible que mi mente estuviese en otra parte porque sé que le pregunté sus nombres. Debo de estar volviéndome loca.

- Por favor, tomad asiento.- mis amigos se sientan en las sillas que están situadas al otro lado de mi mesa.

- Vosotros trabajáis en homicidio, ¿ha muerto alguien?- Pregunto con voz temblorosa, la imagen de Rick permanece en mi cabeza.

- En primer lugar, Kate, ¿por qué llevas las gafas de sol en tu despacho?- Nadie sabe lo que ocurrió la noche de la boda cuando Eric me llevó a una habitación bastante apartada de las demás.

Hace dos noches...

- Tenemos que hablar.- me susurra Eric al oído, trago saliva al escuchar su tono de voz. Me arrastra hasta una habitación cerrando con llave.

- Eric, te lo puedo expli...- pero me impide terminar la frase propiciándome una fuerte bofetada en la mejilla. Me llevo la mano hasta la parte dolorida, reprimo las lágrimas.

- ¡Eres una asquerosa zorra! ¡Yo soy tu marido, no puedes besar a nadie más!

- Tan sólo ha sido un beso, no ha ocurrido nada más, te lo prometo.- pero Eric no cambia la expresión, sus ojos inyectados en sangre me asustan.

- Me prometiste que follaríamos a mi regreso, así que...- doy varios pasos hacia atrás, acabo acorralándome yo sola en una esquina de la habitación.

- Eric, por favor...- pero mi marido hace caso omiso de mis palabras, mete su lengua en mi boca mientras sus manos bajan la cremallera del vestido.

Volvemos a las oficinas...

Mis amigos insisten en que me quite las gafas y, sabiendo cómo son, no me queda más remedio que hacerlo. Suelto un suspiro antes de quitarme las gafas.

-¡Joder!- Espo y Ryan se quedan atónitos al ver mi ojo izquierdo negro y casi cerrado.- ¡¿Quién te ha hecho eso?!

- Me tropecé y me golpeé, no es nada grave.- pero es lógico que mis amigos no me crean.- ¡¿Ha sido Eric?! ¡¿Te ha pegado?!

- Chicos por favor, no quiero hablar del tema, ¿a qué habéis venido?

- Pues casualmente es sobre tu marido, hemos estado en la escena de un crimen y...le hemos visto entrar a un hotel con una mujer bastante más joven.- no doy crédito a lo que estoy escuchando, o sea, yo también le he sido infiel pero él no ha recibido su merecido.

- Chicos, ¿podríais hacerme un favor?

- Lo que sea Kate.- tras unos largos minutos hablando, mis amigos se marchan para seguir trabajando.

Después de esto necesito aire fresco, pero antes de irme busco una dirección; necesito hablar con una persona.

Camino por las calles de Nueva York, no me gusta el ambiente tan contaminado pero ahora mismo lo prefiero antes de estar con Eric.

Entro a un edificio algo antiguo, las paredes están algo desgastadas y cubiertas de moho. Con los nudillos toco la puerta, espero no haberme equivocado.

- ¿Si?- Una mujer de unos cincuenta y pocos años, pelirroja y ojos azules me sonríe.- ¿Puedo ayudarle en algo?

- ¿Es usted la madre de Richard Castle?- La mujer me mira confusa, sus ojos recorren mi cuerpo desde la cabeza a los pies y viceversa.

- ¡Ah, te refieres a Richard Rodgers! Se hace llamar Richard Castle fuera de casa. Es mi hijo, sí. Soy Martha Rodgers.

- Es un placer, soy Katherine Beckett, la jefa de Richard.

- ¿Ha hecho algo malo? Richard a veces puede ser un poco...desastre.

- No, tranquila. Tan sólo quiero hablar con él sobre un tema de trabajo.- Martha me invita a entrar, un pequeño apartamento aparece ante mí.

Una cocina diminuta, un pequeño salón, dos habitaciones y un cuarto de baño.

- Puedes esperarle aquí, voy a avisarle.- Martha también se extraña al ver que no me he quitado las gafas de sol.

Observo algunas fotos colocadas en las estanterías, mis manos cogen una una foto en la que aparece un joven sonriente y abrazando a su madre.

- Eso fue cuando terminé el instituto.- me sobresalto al escuchar la voz de Rick, el cual camina hacia mí.

- Parecéis muy felices.- respondo mientras me hago a un lado para dejarle sitio.- Lo somos.

Ambos permanecemos en silencio con tan sólo el sonido de tráfico de fondo y música que supongo que proviene de la habitación de Martha.

- Oye Rick yo...lo siento mucho. No supe reaccionar.- éste no me mira, mantiene la mirada fija en algún punto del diminuto salón.

- Kate, sabíamos que esto pasaría. Eric es tu marido y lo nuestro fue una aventura, nada más.- sus palabras se clavan en mi corazón, reprimo las lágrimas tras las gafas de sol.

- ¿De verdad piensas eso? ¿Para ti sólo fue una aventura?- Pregunto con la voz quebrada, me seco las lágrimas con los dedos. Es entonces cuando Rick me mira.

- ¿Por qué llevas las gafas de sol, Kate?
- ¿Qué más te da? Sólo he sido una aventura para ti.- respondo con tono desafiante pero Rick no reacciona.

- Kate, necesito mirarte a los ojos.- no muevo ni un músculo pero Rick no se da por vencido. Acorta las distancias y sus manos se dirigen a mi rostro, cogiendo las gafas.

La expresión de horror y miedo aparece en su rostro quedándose petrificado.

- ¿Qué cojones...? Kate, ¿por qué tienes el ojo inflamado?- No contesto, es más, giro la cara para evitar mirarle con el ojo bueno.

- ¡Kate, por el amor de Dios! ¡¿Quién te ha hecho eso?!

- ¡¿Y qué importa eso?! ¡Ni que estuviésemos juntos!- Rick se levanta furioso y comienza a caminar por el salón.

- Ha sido Eric, ¿verdad?- Esta vez me levanto yo y me coloco a un lado.- No es asunto tuyo Rick.

- ¡Claro que es asunto mío! ¡Ese hombre no puede ponerte la mano encima!

- ¡¿Y se puede saber por qué?! ¡Al fin y al cabo es mi marido!- Exclamo furiosa.- ¡Porque te quiero Kate, joder!
Debería sentir alivio al escuchar esas palabras pero, en vez de eso, un escalofrío recorre mi cuerpo. Las náuseas invaden mi estómago y las imágenes comienzan a difuminarse.

- Rick, yo...- pero las piernas comienzan a temblarme, Rick llega a tiempo para evitar que me haga más daño con la caída.

- ¡Kate, Kate!