VALERIE

Bajé las escaleras en silencio, con la única maleta que llevaría. La coloqué sobre el sofá y saqué otro frasquito de mi riñonera, este contenía un líquido color anaranjado. Vertí una gotita sobre la maleta y esta redujo su tamaño al de un teléfono móvil. Por un momento me pregunté por qué no lo había hecho antes de bajar del segundo piso, pero no le hice mucho caso. Guardé el frasco y metí la maleta en miniatura en mi bolsillo. Cuando me volví, vi tres maletas en la puerta. Me invadió una sensación enorme de alegría al pensar que habían decidido acompañarme.

-¡Una ayudita, por favor!-pidió una voz desde lo alto de las escaleras.

Me volví en redondo y vi a Gisela bajando con una maleta en cada mano. Me acerqué rápidamente a ella y tomé una de las maletas.

-Nunca sueles llevar tanto equipaje-le recordé.

-No, si no es mío. Son las maletas de Mónica. La mía está allá abajo.

-Espera un momento. Si esas son las de Mónica, una de las tres es tuya...

-Una es de Tony y la otra de Greg.

-Y Derek...

-No sabemos de él. Cuando tú subiste, él se marchó sin decir nada salvo: "Elegidla a ella otra vez, siempre lo habéis hecho"

-Eso no es cierto-susurré.

-Y lo sabe, pero no quiere admitirlo. Prefiere hacerse al víctima ya que no puede ser dominante.

-¿Por qué todos los hombres tienen que ser así?

-¿Así, cómo?

Cuando nos giramos nos encontramos a Tony bajando las escaleras con un abrigo en el hombro.

-Que si no tenéis controladas las cosas no estáis tranquilos-contesté.

-Bueno, eso no es exactamente así-replicó-Queremos que todo esté en orden, pero no controlarlo siempre.

Gisela sofocó una risotada.

-Y lo dice el que no puede ver un plato fuera de su sitio.

-Me gusta el orden-repuso esbozando una sonrisa torcida-Y al parecer con vosotros no es el mismo caso.

-No, en absoluto-contesté con sarcasmo-Nos encanta llenarlo todo de barro cuando volvemos de cazar.

Mónica apareció con una última bolsa diminuta de color rosa chillón que usaba como bolsa de aseo.

-Greg está metiendo mis últimas cosas-anunció mientras dejaba la bolsa de aseo encima del sofá.

-Mónica-la reprimió Gisela-No vamos a un desfile de moda.

-Pero nos vamos a quedar allí, ¿a que sí? Pues no quiero dejar nada.

-Podríais habérmelo dicho antes, habría reducido el tamaño de las maletas, como he hecho con la mía-dije sacando el diminuto objeto del bolsillo.

Me acerqué con el frasco de poción y fui rociando las mochilas con ella. Greg bajó con una última maleta de color negro metalizado. La dejó en el suelo y yo hice que la gota cayera encima. Al instante se encogió. Mónica no quiso que disminuyera su bolso, ya que era allí donde metería las cuatro maletas. Usé el hechizo de teletransporte y llevé a Forks primero a Gisela, luego a Mónica, después a Greg y por último a Tony. Solo faltaba yo. Las chispas empezaron a brotar de mi mano entonces noté algo tocándome el hombro.

-¿Pensabais iros sin mí?-dijo una voz conocida.

Detuve el hechizo y me giré de golpe: Derek estaba frente a mí, con una maleta junto a él y una sonrisa recorriéndole el rostro. No pude evitar lanzarme a sus brazos.

-¡Has decidido venir!-exclamé.

Derek me separó para mirarme a los ojos.

-Valerie, tenías razón. No solo tú, también Gisela, Mónica, Tony y Greg. Te debo mucho y lo menos que puedo hacer es acompañarte en busca de ese Jacob.

-Gracias, muchísimas gracias.

-Ahora transpórtame que los demás ya estarán preocupados por tu tardanza.

Yo esbocé una sonrisa pícara y le teletransporté junto a los demás. Yo era la última. Le eché un vistazo al salón de la casa en la que llevábamos dos siglos viviendo. No sabía si volvería, pero echaría de menos los buenos momentos que había pasado en ella. Lo último que pensé antes de reunirme con los demás fue en la primera vez que había visto a Jake, en su forma de lobo, corriendo por los bosques que rodeaban nuestra casa, y ahora sería yo la que empezaría a corretear como una loba por el que rodeaba la suya.