Capitulo 10
Dean se despertó luego de un tiempo indefinido y se incorporó un poco adolorido. Lo último que recordaba fue estar con Caín y atravesarlo con su espada pero también Abaddon se encontraba ahí pero consiguió quitársela de encima con la ayuda de…
-Lucifer…- murmuró para sí mismo.
-Dean.
En ese momento, repara en la presencia del ángel que se encontraba en un rincón del cuarto. Otro recuerdo viene a su cabeza, el grito del moreno que parece una advertencia. Los pasos se acercan a él y el mayor se sienta al borde de la cama.
-¿Cómo te sientes?
-Algo cansado… ¿Qué haces aquí? ¿Cómo regresamos?
-¿Qué es lo último que recuerdas?
-No respondas a mis preguntas con otras, Cas-lo miró unos segundos- Fui a Mississippi para… matar a Caín.
-¿Por qué no me lo dijiste? Sobre la marca- aclaró serio.
-No es nada especial, Cas… además, la necesitaba, la espada funciona con ella y solo así podemos matar a Abaddon.
-Crowley te dijo eso ¿Verdad?
-Sí, y Caín lo confirmó, ¿Por qué me miras de esa manera?
-Te lo dije Dean, Crowley siempre puede hacer algo.
-Dime que sucede.
-Sí, esto será un poco difícil…- el ángel suspiró- ¿Recuerdas que les dije que Lucifer estaba aquí?
-Sí, me encontré con él… de hecho… estoy seguro que fue él quien me ayudó deteniendo a Abaddon.
-Y no lo hizo de buena gente- aseguró el moreno- La marca de Caín, se la dio Lucifer.
-Lo sé.
-Pero no fue solo una manera de cerrar el trato que hizo con él, sino más bien, símbolo una pertenencia.
-¿Eh?
-Esa marca, es como sometió a Caín para que convirtiera en su caballero y al matarlo, has tomado su lugar, Dean.
-No entiendo- soltó el rubio algo pálido- Sé claro, Cas.
-Eres demasiado lento, yo lo haré- dijo el ángel caído apareciendo en el cuarto- La cosa es simple, ahora que has matado a Caín, te convertiste en mi nuevo caballero, bienvenido al grupo.
-¿Qué…?
-Eres, oficialmente, mi perra, Dean.
El cazador no reaccionó por varios segundos mientras su mente intentaba hilar todo lo que sucedía. Se supone que la marca era para que pudiera usar la primera espada y matar a Abaddon pero ahora Castiel dijo que era un símbolo de pertenencia, así que como asesinó a Caín, tomó su lugar y eso implicaba convertirse en el nuevo caballero al servicio de Lucifer. "Con la marca viene una enorme carga, algunos lo llamarían un precio alto", ahora entendía a que se estaba refiriendo el mayor con esas palabras.
-Yo…
-Sí- dijo el ángel caído- Ahora levántate, tenemos trabajo que hacer y quiero probar mi nueva adquisición: tú.
-No… ¡Ni de broma estaría a tu servicio!- gritó levantándose muy enojado-Ese hijo de perra… ese maldito de Crowley me engañó- apretó los puños muy molesto.
-Típico de él- respondió Lucifer- Vamos mascotita.
-¡No me des ordenes!
-No puedes desobedecerme, Dean, soy tu nuevo amo y me perteneces, ahora levántate.
El cazador iba a golpearlo pero la marca comenzó a dolerle hasta el punto en que cayó de rodillas y se cubrió el antebrazo con una mano mientras gruñía bajito. Castiel le ayudó a levantarse.
-No puedes, Dean, ahora… eres caballero de Lucifer, no puedes dañarlo- lo miró fijamente- No puedes herir a tu amo.
-¡Cállate! ¡Yo no tengo amo! ¡Voy a matarte, hijo de puta!
Sacó una pistola del cajón del velador pero cuando apuntó al ángel caído, sintió algo extraño y por más que quería, se vio incapaz de disparar.
-Parece que aún no lo entiendes- dijo Lucifer caminando hacia él para tomarlo por el cuello sin delicadeza- Estás bajo mis órdenes y harás lo que diga. No tienes ninguna oportunidad para lastimarme y mucho menos matarme, un perro no debe morder la mano que le da de comer, ahora, vas a cortar tus berrinches y te quiero en silencio, no me gustan los perros que ladran.
Dean jadeó un poco cuando esa mano soltó su cuello y observó al ángel menor, quien se mantenía en silencio. Lucifer le dirigió una sonrisa de satisfacción para ir a la puerta.
-Toma tus cosas y vamos, tienes trabajo que hacer- el mayor desapareció de la habitación.
-¿Hay alguna manera… de revertir esto?
-Lo siento Dean- respondió el moreno.
-Así que ahora soy la perra del diablo- le dio la espalda- Suena a un muy mal chiste… ¿Sam… lo sabe?
-Sí…
-Me tengo que ir… ¿Te vas a…?
-Voy con ustedes.
-Cas.
-No te preocupes, Sam estará bien aquí… tú eres quien me necesita más ahora.
-Cas…
El rubio guardó la pistola en la parte trasera de su pantalón y fue a la sala común, seguido de Castiel. El ángel caído lo observó con una sonrisa de satisfacción.
-¿Y tus cosas?
-En el impala.
-Mmm, da lo mismo, solo necesitaras esto- hizo aparecer el cuchillo mata-demonios y se lo pasó.
El mayor chasqueó los dedos y los hizo aparecer frente a una casa. Bastó con la mirada fija que le dirigió para que entendiera lo que debía hacer: limpieza. Entró sosteniendo el cuchillo y no se equivocó con sus suposiciones. Se cargó a todos los demonios sin mayores problemas y regresó con el par de ángeles.
-Ya está listo, ¿Algo más?- preguntó enfadado.
-Bien hecho, mascotita.
-¿Quiénes eran tus amiguitos?- agregó Dean ignorando su comentario.
-Eso no te incumbe, mascotita, ahora vamos, aún tienes trabajo que hacer.
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Sam se pasó una mano por el rostro para dejar de llorar. Lo que menos quería en ese momento era pensar en sus problemas con Dean. Apartó esa mano que seguía irradiando calidez en su cabeza y se apartó un poco.
-No quiero que vuelvas a hacer eso.
-¿Sammy?
-No quiero que tú ni nadie se meta en mis asuntos.
-Pero.
-¡Pero nada!- lo miró amenazante- ¿Y qué haces aquí? Se supone que Lucifer te mató.
-Pues me ha vuelto a traer de regreso.
-¿Eh?
-Al parecer pensó, que tengo tiempo libre para hacer de tu niñera pero bueno, yo ya cumplí con mi parte y si no quieres aceptar los hechos, eso ya es tu problema- el cazador apretó la mandíbula- ¿Te parece que bebamos algo? Los demás tardaran en regresar.
-¿Regresar?
-Ahora que Dean se ha convertido en la nueva mascotita de Lucifer, éste se lo llevó para aprobar sus habilidades, un caballero demoniaco no puede ser débil- hizo una pequeña pausa- Así que tardaran en volver.
-¿A dónde fueron?
-Mmm, deben estar en Maryland a esta hora, Lucifer se está cargando a algunos traidores, ¿Quieres la cerveza?- el castaño pasó de él- Supongo que no.
Sam apretó los puños y se apresuró en ir por sus cosas para dirigirse al lugar donde estaba su hermano. Aún no lo perdonaba, aún se encontraba enojado por lo sucedido pero ninguno de esos sentimientos, se comparaba a la enorme preocupación que lo embargaba ahora y al hecho de que estaba dispuesto a cargarse al ángel caído si se atrevía a lastimar a Dean.
-¿Quieres que te lleve?- preguntó el bromista apareciendo a su lado mientras comía otro dulce- A diferencia de los demás, yo no he perdido mis alas.
-Gabriel… gracias.
-Dejemos los sentimentalismos de lado- sonrió un poco- ¿Ves Sammy? Tú tampoco puedes dejar a tu hermano, por más idiota que sea, lo quieres así- el cazador se quedó en silencio unos segundos.
-Llévame a Maryland…
