Adaptación de "Secreto Conyugal" de Arnette Lamb.
Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.
Nota: En estos momentos hago adaptaciones porque me gusta leer historias con sasusaku aplicándolos a las distintas épocas y modo de escritura de cada autor.
Lecho Conyugal~
Capítulo 9
Sólo su padre le había echado un rapapolvo así, pensó Sasuke.
-Haz que lo haga tu administrador.
-Yo soy mi administrador.
-¿Tú? -se asombró él.
Sonó una campana.
-Son las cuatro -dijo ella-. Kyoske habrá terminado sus clases. Prometisteis enseñarle vuestro elefante.
Confío en que no le decepcionéis. Cenamos a las ocho.
Dicho esto, se dio la vuelta y empezó a subir las escaleras de la torre. Sasuke la miró alejarse, la espalda rígida y balanceando las caderas.
-Te olvidas de algo -gritó.
Ella se volvió con expresión de cólera; porque parecía una mujer defendiendo su hogar.
-Según la historia del cerero -dijo él-, cuando iba a pelear contra Madara I siempre recompensabas mi caballerosidad con un beso de despedida. Creo que volver de la muerte merece una demostración de afecto similar.
Ella se dirigió hacia él que, sintiéndose el galán de todas las historias que había escuchado, se preparó para recibir sus favores. Luego la rechazaría, o quizá no.
Pero en lugar de ofrecerle el beso que esperaba, ella cogió la cesta.
-¡Idos con viento fresco!
Cuando reanudó el ascenso con pasos más rápidos y decididos, Sasuke siguió admirándola. Se había equivocado al sacar conclusiones, pero desde luego había conseguido hacerle sentir como un adorno inútil en su propio hogar. También había hecho surgir el chico juguetón que había en él, porque súbitamente deseó correr escaleras arriba y pellizcarle su bonito trasero.
Con ese pensamiento tentador, disfrutó con la perspectiva de la noche que le esperaba.
Sakura acababa de cerrar con lacre una carta a la hermana Kurenaien la que le informaba de la vuelta de Sasuke, cuando entró Jiraiya Senju.
Con la gorra en la mano y un ceño de preocupación en la frente, se reclinó contra la puerta. Llevaba una abultada túnica ceñida a las caderas y unas calzas que había remendado él mismo.
-Debería haber estado allí para advertiros de su llegada.
Satisfecha por su lealtad, ella intentó restarle importancia a la situación.
-Entonces ¿quién pesca?
Hombre amante de pasarlo bien, con debilidad por las truchas gordas y afición a la caza, el viudo era una presencia constante en la vida de Sakura. Como siempre, asumió el papel de consejero.
-¿Habéis pensado qué hacer?
-Casi no he pensado en otra cosa. Al parecer, tendré que aprender a ser una esposa para él.
-Tenten dice que insistió en ocupar vuestro lugar en la mesa esta noche.
Ella se encogió de hombros.
-Siempre pensé que era mero ceremonial.
-Y cuando le dé por vagar por las almenas durante la noche agitará una zanahoria ante Kyoske.
La ternura invadió a Sakura. No podría querer más a Kyoske, aunque le hubiera llevado en su propio vientre. Cuando los problemas de la maternidad la asaltaban, Jiraiya siempre estaba ahí para ayudar.
-Dudo que nos acose con esa amenaza. Un elefante es algo más emocionante.
-¿Cómo consiguió lord Sasuke esa criatura?
-No lo sé, pero me proporcionará un tema de conversación con él.
-¿Cómo es para vos, lady Amiga? -El cariñoso apelativo se había acuñado la noche en que su esposa murió. Jiraiya estaba apesadumbrado y solo. Sakura le había animado a hablar.
El triste acontecimiento había sellado su amistad.
-Confuso, Jiraiya. Me siento vulnerable, como si estuviera a punto de estropearlo todo.
-Imagino que os quedaríais estupefacta al verle.
-Ni la mitad que cuando le llamasteis por su nombre. Le había tomado por un impostor.
Jiraiya rió, pero cuando ella no se unió a sus risas, se puso serio.
-Perdonad, pero sospecho que estaba tan trastornado como vos.
Sakura se sintió aliviada.
-No había pensado en eso.
-Es natural que no lo hicierais.
Sus antiguos errores bailaron ante ella como demonios alrededor de una fogata.
-Debería haber hecho averiguaciones sobre él, al menos una vez en todos estos años.
-¿Por qué? No llamaban al viejo Madara el martillo de los escoceses porque se viera a sí mismo como un carpintero. Odiaba a los montañeses más que a los galeses.
Nadie hubiera esperado que le perdonara la vida al caudillo, y cuanto menos se comunicara Hana Uchiha con ese Clasye, mejor. Si hubierais escrito en su favor, podríais haber atraído la atención sobre vuestro hijo.
Jiraiya conocía el romance de Hana con Madara II, y tenía razón en lo que se refería al peligro de llamar la atención. Según Sasuke, el real amante de Hana no la había olvidado.
Sakura tenía un problema mayor ahora.
-Sasuke está convencido de que soy la amante del nuevo rey.
-¿Por qué tendría que creer eso?
-Parece que Madara se lo dijo.
-Pues que el cielo nos ayude, porque incluso el más bondadoso de los hombres dice que
Madara será un rey terrible. Yo le recuerdo como un príncipe inútil.
En circunstancias normales, ella se hubiera irritado ante estas predicciones pesimistas acerca del gobierno del nuevo rey. Pero ahora tenía sus propios problemas.
-Contadme lo que recordéis de Sasuke.
-No estaba muy unido a él, ¿sabéis? Y tenía una caterva de hermanos menores y parientes en esa fortaleza de las tierras altas. Dedicaban todo el tiempo a pelear y batallar. Pero él sobresalía entre la muchedumbre, orgulloso como un hombre recién nombrado caballero, la primera vez que le vi. Su padre decía que estaba destinado a algo grande.
-¿Y Sasuke lo creía?
-Si lo recuerdo correctamente, reía y juraba que era a causa de haber nacido en domingo de Pentecostés.
-¿Era popular?
-Sí, pero era el primogénito, con todas las bendiciones de su padre. Era un demonio con una espada en la mano derecha y un puñal en la izquierda.
Necesitando algo para compensar el pecado de Hana, Sakura dijo:
-Tendría amantes, supongo.
-No sé nada de eso -dijo Jiraiya, con demasiada rapidez y a la defensiva.
-Podemos estar seguros, por supuesto, de que ahora se ha enmendado.
-Al menos no trajo ninguna mujer con él. Sólo le acompaña un galés embustero de nombre Suigetsu Taka.
-¿Le alojaremos en la torre?
Sin rencor, Jiraiya dijo:
-No; es un ocupante de establos. -Inclinó la cabeza hacia el arcón-. Veo que Yoshike no ha subido aún el equipaje de lord Sasuke.
«¿A qué habitación?», se preguntó ella por enésima vez. Y se enfrentó de nuevo a la triste realidad de que no sabía qué hacer con Sasuke Uchiha.
-Todavía no le he ordenado que lo haga.
-Podríais poner a Kyoske conmigo y quedaros con su habitación para vos.
Fairhope Tower no tenía habitación de huéspedes. Cuando Red Douglas o el alguacil Hay les visitaban, Sakura seguía la costumbre y dejaba su habitación a los huéspedes importantes. Pero Jiraiya acababa de darle una solución provisional al problema del alojamiento.
-Haced que Tenten lleve las cosas de Kyoske a vuestro cuarto y las mías al suyo, antes de que ponga la mesa, y decidle que cierre el pico o la enviaré de vuelta con su familia.
-Lo haré, pero hablando con lord Sasuke hace unos instantes parecía una paloma arrulladora. Antes o después le dirá lo que él quiere saber. Y si no lo hace, el joven Kyoske lo hará.
Era cierto, y Sakura debía preparar respuestas para todas las preguntas de Sasuke. Pero primero tenía que saber más de él.
-¿Creéis que quería a Hana?
Jiraiya elevó los ojos al techo.
-Nunca se lo dijo, aunque ella lo preguntaba con frecuencia. Eran jóvenes cuando se casaron, él veintitrés, y ella casi trece. La trató bastante bien, pero nunca renunció a coquetear con otras mujeres.
Una de ellas le dio dos hijos. Los pobrecillos murieron antes de empezar a gatear, al menos eso dicen los rumores que corren.
Sakura pensó que si su marido tomara una amante y le diera hijos, se sentiría traicionada y dudaría de su propia valía. Pobre Hana. Esa desgracia podía ocurrirle a cualquiera. Decidió acelerar aún más la partida de Sasuke a las tierras altas y al seno de su clan.
-Dudo que se quede -dijo.
-Dudo que se vaya -repuso Jiraiya.
