¡Hola! Aquí traigo la primera parte del capítulo 9. ¿Será un KimimaroxSakura? ¿Habrá un ItachixTemari? ¿Un triángulo ItaTemaGaa? ¿Qué pasará con Pein? Bueno, espero que les guste el episodio, y muchas gracias a todos los que se suscriben, dejan comentarios, favoritos y que simplemente leen.
Éxitos.
CAPÍTULO 9: LA PRUEBA DEL VALOR
"quería jugarse todo, encontrar una forma de escapar... para poder ir con ella"
Norte del País del Fuego.
Itachi detuvo su carrera, plantándose firmemente sobre la rama de un árbol, levemente inclinado hacia delante para poder cargar mejor a su hermano, el cual permanecía atrapado en su propio Tsukiyomi desde la pelea con Temari. El mayor hizo un movimiento para acomodarlo sobre su espalda, con los brazos alrededor de su cuello, y sosteniéndolo por las piernas. Había agradecido que Sasuke se desmayara para poder acabar con Kisame, pero luego de cargarlo por cuatro días, ya no pensaba lo mismo. Suspiró cansino, dispuesto a continuar la marcha, pero de pronto, un ninja apareció caminando por el suelo, sin siquiera percatarse de su prescencia.
El shinobi caminaba presuroso escondiéndose y observando para todos lados como si estuviera escapándose de algo, y esa actitud no pasó desapercibida para el Uchiha, que decidió permanecer escondido y observar a ese extraño. Sin embargo, de pronto otro ninja apareció entre las sombras encontrándose con el primero, que parecía decidirse a hablar, ante las preguntas que el recién llegado hacía en voz baja. Ambos observaron hacia atrás y los lados para cerciorarse que nadie los seguía, y el primero comenzó a hablar entre jadeos, inclinándose hacia delante y llevando sus manos a las rodillas, para descansar.
- Debemos advertir a Pein-sama -murmuró- Hay un traidor en Akatsuki…
- ¿Seguro? ¿Cómo estás tan seguro? -preguntó el otro.
- Lo ví, yo… lo ví… -respiró profundo, y recobrando la postura, continuó hablando- Lo vi hablando con una kunoichi de los rebeldes, y parecían muy cercanos.
En ese momento, el Uchiha supo que estaba en problemas. Si Pein o cualquiera de Akatsuki se enteraba, no sólo que lo matarían a él y a su hermano, sino que seguramente irían contra la Resistencia inmediatamente; además, si llegaban a comentarle a esos ninjas de que el traidor había hablado con Temari, ella también estaría en problemas, porque nadie salvo ella y Kakashi, conocían de su pacto. Se mordió los labios pensando qué era lo que podía hacer, aunque en realidad no tenía demasiadas opciones: debía impedir que esos ninjas llegaran a la guarida, y dispersaran la información. Mentalmente agradeció que su hermano siguiera desmayado, e inclinándose silenciosamente, lo dejó sobre la rama del árbol, cubierto por las hojas.
Sin esperar un segundo más, saltó inmediatamente hacia el suelo, cayendo cerca de los shinobis, que lo vieron agachado con las rodillas flexionadas mientras recobraba la postura poniéndose de pie. Ambos ninjas retrocedieron un par de pasos mirando con terror esos ojos rojos que refulgían como la sangre carmesí, e intentando sacar alguna de sus armas, se sorprendieron cuando el Uchiha sacó una kunai debajo de su capa, para tomarla en la diestra. Se movió con agilidad apuñalando a uno en el estómago y arrastrando el arma dentro de su cuerpo hasta el hombro, para después cortarle el cuello de lado a lado; el ninja cayó de espaldas en el suelo con los ojos completamente blancos y la boca abierta, mientras la sangre comenzaba a esparcirse por el césped. El otro shinobi abrió sus ojos observando con pánico la escena, pero Itachi estiró su siniestra tomándolo por la boca y reuniendo chakra en su brazo y mano, lo alzó por encima de su cabeza, para después acuchillarlo en el pecho y en el estómago; finalmente, clavó la kunai una vez más en el cuello del joven, y moviéndola lado a lado separó su cabeza del cuerpo, que cayó inerte al suelo, mientras él arrojaba los restos que tenía en la mano. Sacudió el arma para quitarle la sangre, y volvió a guardarla bajo su capa, cuando sintió otra presencia.
Inmediatamente giró hacia donde provenía el chakra, quedando de pie frente a los restos mutilados de los dos ninjas. Sin embargo, jamás pensó ver a quien apareció frente a él. El joven era un poco más bajo que Itachi, de largos cabellos blancos peinados con una línea zigzagueante, que llevaba dos puntitos violeta marcados en su frente, y los ojos delineados en color rojo por el párpado inferior, aumentando la fuerza de su esmeraldina mirada. Iba vestido con una casaca cruzada en color gris, que dejaba ver el sello triple en su pecho, y pantalones ninja de color oscuro. El Uchiha se odió a sí mismo por dos segundos, al reconocer antes a Kaguya Kimimaro, pero mantuvo la calma, mostrándose desentendido, y preparado para atacar al recién llegado, que lo miraba fijamente.
Aún así, el albino no comprendía por qué Itachi había acabado con los ninjas que lo venían persiguiendo a él, y no al Uchiha. Motivos para eso, razonó, había sólo dos… y si era el que Kimimaro creía, debía arriesgarse.
- ¿Debo agradecerte por acabar con mis perseguidores, Uchiha? -inquirió el Kaguya, finalmente- Para lo que hiciste, sólo hay dos motivos: o los acabaste para poder matarme silenciosamente… o porque te encuentras en la misma situación que yo…
El morocho tragó en seco. Por lo que acababa de escuchar, Kimimaro seguramente se había encontrado con alguna kunoichi de la Resistencia, y esos ninjas los habían visto; luego, lo perseguían al albino. Qué gran error había cometido. Si lo asesinaba, tendría que poner una excelente excusa para regresar anunciando la muerte de Kisame, la de Kimimaro, y cargando a su hermano desmayado; no, era demasiado peligroso. Lo único que podía hacer, era intentar socavarle información, mostrando alguna de sus cartas.
- ¿Y qué pasaría si fuera la segunda opción? -siseó el Uchiha, observando una sonrisa de Kimimaro.
- Dudo que sea la misma. Yo no pienso volver a la Guarida de Akatsuki –respondió- Pero parece que tú sí.
- ¿Puedo tener el placer de saber tus motivos?
- Mi motivo para luchar y vivir, no es ni Orochimaru ni Akatsuki… -respondió, y observó la mueca que hizo Itachi con su boca- Puedes resumir, que caí bajo la mirada de una kunoichi de Konoha… Se me hace difícil creer que te ha pasado algo similar.
Itachi sonrió irónicamente, y comenzó a caminar hacia donde estaba Kimimaro, mirándolo a los ojos en todo momento, sin perderse ninguno de sus movimientos. De reojo, observó a Sasuke percatándose que seguía desmayado, y se detuvo cuando estuvo a un paso del peliblanco, que sostenía su mirada elevando un poco su rostro, por ser unos centímetros más bajo que el Uchiha.
- Te diré algo, y si me entero que abres la boca, acabarás como esos dos… -susurró el morocho- Tengo contacto con una ninja de la Resistencia, y soy su informante.
Ante cualquier reacción negativa o dudosa del Kaguya, Itachi estaba dispuesto a matarlo con su Magenkyo, pero sus pensamientos cambiaron completamente al escuchar la respuesta.
- Entonces -fue lo que dijo- creo que tenemos una meta en común.
Guarida de Akatsuki.
La habitación se encontraba completamente vacía y a oscuras, pero los pasos del ninja retumbaban en el vacío, chocando contra las paredes y aumentando su sonido. Se detuvo frente a la única ventana que dejaba entrar la luz moribunda del atardecer, fijando sus ojos del rinnengan en la luz anaranjada y oxidada, tan similar al color de sus cabellos. Los piercings de su rostro brillaban con los restos de luz, y sintiéndose molesto por este hecho, volteó para darle la espalda a la ventana; en ese mismo momento, cientos de papeles blancos y pequeños aparecieron en la habitación, girando como un torbellino y reuniéndose en un lugar específico, para modelar la figura de una mujer de cabellos azules y ojos celestes, que también llevaba un zarcillo plateado debajo de un labio inferior.
- Itachi ha regresado de su misión, sólo y cargando a Sasuke -fueron las palabras de la fría voz femenina, que rompió la monotonía del silencio- Además, parece que Kimimaro también ha llegado.
Pein bajó la mirada desviándola de su compañera Konan, y se acercó hacia la mesa que hacía de escritorio, observando los mapas de los países del Fuego y del Viento que habían dejado encima. Meditó por unos segundos, y luego le pidió a Konan que los llamara por separado sin que pudieran hablarse antes de reunirse con él; primero debía ingresar Kimimaro, y luego el mayor de los Uchiha, mientras el menor debía ser encerrado en las habitaciones subterráneas. Haciendo una reverencia, la chica asintió y salió del lugar utilizando otro jutsu, que creó un nuevo torbellino y deshizo su figura en pequeños papeles.
El pelirrojo líder de Akatsuki volvió a su posición frente a la ventana, que ahora daba paso a la luz de la luna, que brillaba platinada en el oscuro firmamento. Pasaron cerca de quince minutos de silencio absoluto, hasta que la puerta se abrió dejando pasar a Kimimaro, que permaneció de pie, sin hacer reverencia alguna, y recordando mentalmente lo que debía decir. Pein-Yahiko volteó hasta quedar de perfil y sus ojos crueles se fijaron en el albino, que permaneció inmutable observando joven frente a él, esperando la orden para hablar.
- Reporta… -dijo el líder por primera vez, rompiendo el silencio- ¿Dónde están los otros cuatro imbéciles?
- Como se nos ordenó, nos desplazamos hacia el territorio norte del antiguo País del Fuego, y nos encontramos a dos rebeldes Inuzuka Kiba y Haruno Sakura, que habían plantado trampas en toda la zona -explicó el albino, recordando el plan y hablando con total seguridad- Ukon, Tayuya, Jirobo y Kidomaro fueron atrapados y asesinados. Inuzuka quedó herido gravemente.
- Supongo que habrás recordado intentar interrogarlos sobre sus motivos…
Kimimaro mantuvo su postura a pesar de la voz cargada de sarcasmo, y como si no hubiera sentido deseos de matar a Pein, le respondió.
- Lo único que me dijeron era que estaban ahí para encontrar la guarida de Akatsuki, y acabar con Pein -concluyó, manteniendo su voz lo más firme que podía.
El poseedor del rinnengan fijó sus ojos en el seguidor de Orochimaru, estudiándolo por unos segundos. Su piel estaba blanca como siempre y no presentaba rasgos de nerviosismo alguno, su respiración era estudiada y su ropa tenía algunas rasgaduras y manchas de sangre ajena, producto del combate. Aún así, Pein tenía algunas dudas. Alzó levemente su mano derecha moviéndola hacia fuera, indicándole que su presencia ya no era deseada o requerida, para después voltear hacia la ventana nuevamente. Kimimaro movió levemente su cabeza, asintiendo, y salió caminando con la misma tranquilidad con la que había llegado, siendo escoltado por Konan hacia su habitación, donde quedó bajo la guardia de dos ninjas rebeldes.
Minutos después de eso, la puerta de la habitación volvió a golpearse, y esa vez fue Uchiha Itachi quien entró, vistiendo solamente su traje ninja y el anillo de Akatsuki, sin la típica capa negra. Permaneció en silencio con su inexpresividad habitual hasta que Pein volteó caminando unos pasos hacia él, deteniéndose a unos metros de distancia. La mueca de fastidio en el rostro del líder demostraba que claramente no se encontraba con el mejor humor, e Itachi supo que debía mantener la compostura si quería que sus palabras y actitudes fueran creíbles.
- Más vale que tengas una buena explicación para lo que pasó, Uchiha, o tu hermano pagará las consecuencias de tu ineptitud -amenazó Pein, pero el aludido permaneció imperturbable, como siempre.
- Patrullábamos el territorio sureste del continente, cuando dos ninjas de la resistencia atacaron. Sasuke me siguió en secreto hasta ese momento, y al intentar pelear contra Temari del Desierto, quedó atrapado en un genjutsu -pausó un segundo, y continuó- Kisame fue asesinado en el combate.
Pein-Yahiko guardó silencio por unos momentos, y desvió su mirada hacia las manos de Itachi, encontrando en el dedo anular el anillo que lo caracterizaba como miembro de Akatsuki, resaltado por las uñas esmaltadas en color negro.
- ¿Y qué pasó con el anillo y la espada Samehada de Kisame?
- Quedaron en el lugar de combate -fue la seca respuesta.
- ¿Sólo la hermana del Kazekage los atacó? -volvió a preguntar.
Esta vez, el morocho dudó sobre qué responderle. Sabía que ella había estado acompañada, pero si le decía que se habían encontrado solos, era casi como decirle la verdad. Sin embargo, tenía que considerar que Sasuke sólo vio a la rubia, y por eso Itachi ya no podía mentir con soltura.
- Temari del Desierto nos enfrentó, cubriendo a Hyūga Neji -dijo al fin- No pude averiguar hacia dónde iba el Hyūga.
Pein apretó sus manos convirtiéndolas en puños sin quitar sus rinnengans de los sharingans del Uchiha, hasta que consideró innecesario continuar de esa forma. Volteó hasta quedar de espaldas al morocho, y agitando su mano nuevamente, dispuso de su presencia en ese lugar. Itachi hizo una pequeña reverencia con su cabeza, y salió del lugar cerrando la puerta tras de sí; del otro lado, Konan lo esperaba de pie en su típica postura erguida con las manos entrelazadas delante del cuerpo. Intercambiaron unas miradas inexpresivas, y después ella indicó con la diestra que lo dejaba pasar, y lo acompañó hasta sus habitaciones, donde dejó a unos ninjas de guardia, al igual que frente a las puertas de Kimimaro.
Cuando el morocho se fue, Pein quedó sólo nuevamente en su despacho, analizando lo que había escuchado. Caminó hacia el sillón, lo corrió con la zurda, y se sentó recargando la espalda en el respaldar, con las piernas estiradas y cruzadas, y las manos entrelazadas sobre la falda. Echó la cabeza levemente hacia atrás fijando la vista en el aburrido techo, y se dedicó a pensar… había algo en esos dos relatos que se le hacía muy extraño.
Por un lado, era factible la veracidad acerca de las trampas que les habían puesto al albino y compañía, ya que -según él sabía- el grupo de los cinco ya había luchado una vez contra el Inuzuka, así que era probable que él y su compañera hubieran planeado trampas para atraparlos, sabiendo que primero enviarían a los seguidores de Orochimaru, y no a los Akatsuki. A su vez, Pein sabía que Sasuke se había escapado siguiendo a su hermano, y que la única persona capaz de hacer que un Uchiha se encerrara en su propia ilusión era Temari del Desierto, la hermana del Kazekage y directora del ANBU de Suna. Cerró los ojos: eso indicaba una conexión entre esa kunoichi y el mayor de los Uchiha… no, era poco probable: Itachi no era de los que hacían esos movimientos ¿o sí? Igualmente, tenía que tomar medidas inmediatamente.
Por otro lado, la presencia de Haruno e Inuzuka en el norte del País del Fuego era muy extraña ¿por qué enviarían en una misión tan inútil y arriesgada, a la única kunoichi médica de toda la Resistencia? Para eso había dos respuestas: o querían enviarla directamente a su muerte, o querían que al usar sus jutsus médicos pudieran permanecer más tiempo en el frente. Conociendo la mentalidad del Hokage, era más probable la segunda opción. Volvió a abrir los ojos, y estudió el blanco techo, mientras llevaba la diestra al cabello, despeinándolo; definitivamente era la segunda opción… ¿por qué?
Pein estiró las piernas y las volvió a cruzar, mientras una sola idea rondaba su mente: si habían enviado al médico al frente de combate para que pudieran resistir más, eso quería decir que sólo eran un señuelo, y que el verdadero problema habían sido Temari y Neji. Si él no hubiera ordenado que Kisame e Itachi fueran al sur a preparar todo para el ataque al Refugio, entonces jamás hubieran podido darse cuenta de eso. Pero en realidad… ¿qué hacían los únicos dos ANBU que les quedaban a los Kages, explorando el sureste del continente? Seguramente, buscaban algo demasiado importante y que requería miembros de élite. Y eso podía ser…
La ira se apoderó del líder cuando descubrió en sus propios pensamientos, que lo único que podían estar buscando, era a los bijuus. Azotó el puño de la siniestra contra la mesa y se mordió el labio hasta que unas pequeñas gotas carmesí mancharon sus perlados dientes, y frunciendo el seño, relamió esa sangre mientras volvía a calmarse. Seguramente, habían encontrado al Shukaku, y posiblemente a alguno de los que ellos no tenían rastro alguno: el Kyuubi o el Nibi. Estaba a punto de volver a golpear el escritorio, cuando recordó una historia que Sasori le había mencionado una vez, y su cuerpo se distendió mientras él sonreía.
En eso, las puertas del despacho se abrieron nuevamente y Konan entró encendiendo las luces, para quedarse de pie frente al joven que observaba el techo sumido en sus más profundos pensamientos.
- ¿Te preocupa algo, Nagato? –preguntó ella, y sus ojos se encontraron.
- Llama a todos a una reunión: a los de Akatsuki y sólo a Orochimaru -fue la respuesta- Inmediatamente.
Konan torció la cabeza observándolo, y algunos de los azulados mechones de su cabello cubrieron su rostro, pero rápidamente invocó uno de sus jutsus de transportación, y su cuerpo se desmaterializó en cientos de papeles de colores que la sacaron de esa habitación. Media hora después, los miembros de Akatsuki –incluyendo a Itachi- y Orochimaru, se encontraban reunidos en esa sala, ubicados en un círculo donde todos esperaban que Pein rompiera el silencio. Sin embargo, cuando lo hizo, lo único que comenzó a decir fueron insultos para todos, reprimendas y amenazas de los más variados calibres, hasta que finalmente se calmó guardando silencio, y observando con odio la forma en que Orochimaru sacaba su larga lengua para relamerse la cara en un gesto sobrador que ya le estaba molestado.
- Vamos a cambiar los planes -dijo finalmente- y deberemos posponer el ataque al Refugio de esos insectos que habíamos planeado, gracias a la inutilidad de todos ustedes, y a que Kisame está muerto.
El silencio se mantuvo estable, mientras nadie -ni siquiera Orochimaru- se animaba a decir algo: todos sabían que el malhumor de Pein podía llegar a ser un verdadero dolor. Los rinnengans estudiaron a cada uno de los presentes, hasta que finalmente sonrió, clavando su mirada en Hidan y en Kakuzu.
- ¡Ustedes dos! -les dijo- Van a salir a una nueva misión, donde…
- ¡¡Al fin!! Ya me estaba aburriendo de estar aquí, y necesito alguien para sacrificarle a Jashin-sama -interrumpió Hidan, olvidando a su líder.
- Sí… -secundó Kakuzu, de pie a su lado- Quizás encontremos algo que vender a un excelente precio en el mercado negro.
- Seguramente lo encontrarán, pero deben traer todo de regreso, o serán ustedes los que no contarán la historia -volvió a hablar Pein, dejándolos callados al escuchar la amenaza- Primero, deben ir al sureste del continente a buscar la Samehada de Kisame y su anillo, que Itachi dejó tirados por tener que cargar con el estúpido de Sasuke. Después, deberán viajar hacia el desierto de Suna a buscar la Tumba de los Elementos, que se haya en un lugar escondido.
- ¿La Tumba… de los Elementos? -preguntó Hidan, mientras pensaba que ahí no encontraría a nadie para sacrificar.
- Se llama así, pero en realidad es un monumento donde se guarda el poder para absorber chakra de un determinado tipo -explicó Sasori, con su habitual tono de voz monótono e inflexivo, observando inexpresivo al seguidor de Jashin- Sunagakure siempre tuvo fascinación por esas cosas y siguiendo una leyenda cuando recién se fundó, encontraron un monolito estacado por cinco dagas que representaban los elementos de tierra, agua, viento, rayo y fuego. Se dice que si se clava una de esas armas en un jinchuriki, ésta absorbe todo el chakra del bijuu, dejando inconsciente al portador, y sin matar a la bestia.
- ¿Y por qué no usamos eso antes, al intentar robar los bijuus? -la voz de Hidan volvió a sonar, cargada de ironía, mientras se rascaba las orejas en un gesto despreciativo.
- Como sabrás -replicó Sasori, inmutable- los viejos del consejo de Suna eran de los peores, y sólo ellos sabían la localización exacta del lugar… Lo único que se sabe, es que está en una parte infranqueable del desierto, rodeada por una tormenta de arena que se extiende por kilómetros haciendo imposible su paso. Sólo alguien que posea el control sobre la arena, puede cruzarlo… pero a decir verdad, tampoco se conoce la localización exacta de esa zona.
- Entonces ¿cómo se supone que encontremos eso, Pein? -inquirió Kakuzu, volteando su mirada hacia la del líder.
- Pues caminando por el desierto y revisando cada centímetro -fue la corta respuesta- La inmortalidad de los dos resulta muy útil para esa misión. El resto permanecerá aquí, mientras Sasori y Deidara patrullarán los alrededores de nuestra localización, y Zetsu el bosque cercano. ¿Entendido?
Todos asintieron y comenzaron a marcharse para cumplir sus órdenes o dirigirse hacia sus habitaciones. Sin embargo, en una fracción de segundo, el par de ambarinos rinnengans se cruzó con los dos rubíes de los sharingans, dejando que ambas partes fingieran total normalidad, mientras sabían que las sospechas estaban plantadas y que muy pronto la verdad saldría a la luz.
