Disclaimer | ©"Shingeki no Kyojin/進撃の巨人" y sus personajes pertenecen a Hajime Isayama, esta obra es realizada sin fines de lucro, únicamente recreativos. Por MagiAllie a la plataforma de FanFiction. Cualquier modificación o re-subida a un sitio diferente sin autorización será reportada en Support de Google. Todos los derechos reservados.

Notas | Una muy honorable mención a mi queridisima Charly, mi hermosa beta que sacrificó un horror de tiempo modificando este capítulo para mejorarlo y traerlo ante ustedes, ya que lo que yo le había dado no era ni por asomo lo que me entregó. ¡Querida hasta yo me sorprendí en la parte final! te quiero mucho, gracias por ayudarme y ahora en adelante creo que te dejaré hacerlo para siempre. jajaja.

Notas | Anteriormente hice alusión a la acción de una 'Despedida' dentro de la cultura, quiero que quede claro que despedir o recibir a una persona en la cultura árabe es algo que sólo debe hacerse por, madre, esposa o prometida. Sin embargo, no lo aclaré y aunque antes Levi invitó a Eren a despedirlo no era tan formal como hacerlo 'personalmente' y esta vez si es así. Espero que eso haya quedado claro y si hay alguna duda ponedlo en la caja de reviews.

Que quede claro que es algo súper personal y muy, muy íntimo.


ARABIAN NIGHTS


CAPÍTULO 10

"Dios de los cielos, tengo esperanza en ti. En tus ojos veo la vida. Vengo hacia ti desde este universo. Por favor, mi Dios, responde mi deseo."

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[Ojos así — Shakira]

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HISTORIA DE LA PRUEBA DE LAS PUERTAS

(Parte VI)

Petra había tenido que mantenerse un poco ocupada por la noche, debido a que no quería parecer ansiosa en ir a buscar al cuentacuentos, después supo que el sultán y el castaño habían pasado todo el día juntos y que no había riesgo alguno de que el cuentacuentos estuviera en peligro de muerte. Eso la relajó, pero de cualquier manera ansiaba rápidamente poder hablar con el joven, pues desde que había tenido las reuniones con la reina, ella no había podido interferir apropiadamente y se había limitado a quedar al margen, a pesar de estar en una situación tan delicada. Por eso a la mañana siguiente, cuando logró darse cuenta de que el sultán y el cuentacuentos no habían pasado la noche juntos, fue a verle más relajada y con una linda charola de oro llena de un delicioso y sustancioso desayuno.

Alimentos que el chico seguramente se terminaría por completo, porque al menos era una persona de muy buen comer, sin importar la cantidad o que era lo que le proporcionaban. No como las concubinas del harem del sultán, todo el tiempo preocupándose por lo que ingerían y por su figura, el castaño no parecía preocuparse de eso, además de que después de haber recibido entrenamiento por una semana por fin podía comenzar a explotar todo su potencial. Toda esa sensualidad que escondía bajo el velo.

La puerta de la habitación estaba abierta y las cortinas de muselina volaban libremente con la entrada de aire de las puertas del balcón, era temprano así que se sorprendió cuando entró y se dio cuenta de que el ojiverde no estaba en la cama, que en realidad lo único que estaba acostado sobre la gran cantidad de cojines era una enorme pantera negra que dormía plácidamente y apenas se había percatado de la entrada de la sirvienta. Con un poco de terror Petra entró cada vez más.

La pantera la escuchó.

— Oh dios, no es feroz… no es salvaje — pero lo era, es decir era un gran felino enorme y poco amaestrado que apenas era nuevo en el castillo. A ella no la reconocería, seguramente la atacaría.

Por un segundo en su mente se adentraron pensamientos como ¿Y si se comió al mozuelo? tal vez por eso está ahí acostada ¿El sultán le dejó dormir con ella? ¿Acaso el joven también puede domar a las bestias así? Es decir… él casi, casi tiene domado al sultán. Aunque…

El animal se irguió viéndola con sus ojos amarillos, bajó de la cama lista para atacar.

— Karabulut — dijo el castaño levantando la mano —. Aléjate de Petra, ella es amiga.

La pantera reconoció la voz y se detuvo en el acto, miró al castaño y luego volvió a subir a la cama para acostarse como si le perteneciera. El castaño traía encima un hermoso velo de gasa azul marino transparente con un lindo bordado de estrellas doradas en la orilla, una falda larga de vuelo y capas color verde claro y un top de manga corta del mismo tono, con unos lindos cinturones de tela lila que colgaban desde su hombro hasta su cadera, la joyería nada sutil de su cuello asemejaba en colores a un pavorreal y Petra no tardó en darse cuenta que todo su atuendo lo hacía.

— Hola Petra — saludó el joven acomodándose los aretes —. ¿Ese es mi desayuno?

— ¿El sultán te dejó dormir con el animal? — preguntó Petra acomodando toda la comida sobre un mueble y dejando que el castaño se acercara a tomar sus alimentos con una sola mano.

— En realidad Karabulut es agradable y le gusta estar cerca de mí, así que Levi la dejó y dormimos juntos, además de que voy a cuidarla mientras el sultán está fuera, me obedece y parece que es poco agresiva.

— ¿Levi? Quisieras referirte a él como sultán ¿por favor? ¿Y tu propia mascota? ¿A dónde va a ir el sultán?

Petra pensó en que parecía que se había perdido de un montón de información importante sobre lo que acontecía en la vida del sultán y aunque sólo había pasado poco más de un día, ella no estaba enterada de muchas cosas. El castaño suspiró y comenzó a comer, después se sentó en la cama y miró a la aya con unos ojos complacidos.

— Sí, no sé si pueda seguirlo llamando sultán sólo así, tal vez solo a la cara. Mi loris está aquí, en la habitación, lo he dejado libre para que vuele todo lo posible, sólo tiene un pequeño hilo para que no huya demasiado lejos y además Karabulut no muestra interés en él, aunque no quiero arriesgarme ya que aún no lo he llevado a comer… el sultán va a ir a una reunión con los jeques para determinar el nuevo líder de las tierras y proclamarlo dueño de más territorio. Se va en un par de horas.

— ¿Por eso estás tan contento? —preguntó Petra levantándose de hombros —. Por eso te has arreglado así…

— ¿Qué? No, no estoy contento porque el sultán se vaya — aseguró de inmediato.

— No me refería a eso, me refería a que lo vas a despedir ¿verdad? ¿Te lo ha pedido de nuevo verdad? Seguro que esta vez lo hará formalmente…. Los dos han perdido la cabeza.

— Petra intenta calmarte — dijo Eren acariciando la piel negra de la pantera como si se tratara de cualquier gatito —. El sultán no me ha pedido que lo despida, ya sabes en ese plan formal… en realidad su salida no es formal por eso no hay evento ni nada, sólo una caravana y se acabó. En realidad, lo que me ha pedido es que lo espere…

Petra levantó una ceja con curiosidad mientras el joven estaba recargado tomando agua y comiendo su desayuno, sonreía a la pantera que lo miraba con sus amarillos ojos y tarareaba un lindo ritmo de "Tiaaararara, tiarataraaa" se veía más feliz de lo que estaba acostumbrada y además estaba cantando, aunque ella estuviera parada ahí a un lado de él. Se veía realmente contento, sólo Alah sabía lo que pasaba por su mente o por la del sultán y esa extraña actitud…

— Te ves incluso más feliz que la primera vez que te llamó meo Habib — susurró Petra alejando la comida del regazo del castaño.

— Es que el sultán ya me lo ha dicho muchas veces más…

— Escúchame bien, no lo diré otra vez — susurró Petra con enfado —. No te hagas el listillo, sabes muy bien en qué posición estás y me alegro mucho de verte feliz con el sultán, pero eso no quita que no debes bajar la guardia ¿De acuerdo?

El ojiverde abrió la boca planeando responder con amabilidad que estaba muy consciente de todo ese asunto y que prefería no distraerse demasiado pero que a veces terminaba por complicársele, pero no pudo seguir hablando, un destello en el marco de la puerta que levantaba las cortinas transparentes le llamó la atención y el sonido de los nudillos golpeteando la pared lo distrajo.

— ¿Interrumpo algo? — dijo Levi tranquilamente mientras se colaba a la habitación.

El mozuelo le sonrió inmediatamente, el sultán si bien tenía poco tiempo antes de irse había tenido la delicadeza de venir a visitarlo por la mañana, ya vestido y arreglado para partir por los siguientes días. Se levantó de la cama de un brinco y a diferencia de Petra no hizo la reverencia que probablemente debía dedicarle, pero el sultán ni siquiera lo tomó en cuenta.

— No su majestad — dijo Petra con suavidad—. En realidad ya me iba, sólo pase a dejar el desayuno. Me encontrare contigo en la puerta de la sala de trono — soltó dirigiéndose al castaño.

— Te veré ahí — concedió el castaño sonriéndole a la chica de pelo naranja.

Después la vio partir con sus ropas cafés chocolate y la bandeja medio vacía en las manos, el sultán se quedó esperando a que ambos se encontraran solos para entrar a la habitación completamente, dedicarle una sonrisa cálida al joven y llamarlo con la mano. Estaba vestido con un bonito traje blanco, con un saco blanco y un Saree de color rojo y bordado dorado con pequeñas tiritas naranjas. Un muy bonito collar de oro en medio de su pecho con un sol y otro que caía justo por debajo de lindas monedas de oro. No pudo más que suspirar admirado…

— ¿Qué tal tu noche? — ronroneó el sultán acercándosele y acariciándole la mejilla.

— Solitaria — admitió con tristeza y picardía el ojiverde —. ¿Qué le parece?

El castaño no tenía reglas, o al menos se las sabía todas, pero no las utilizaba demasiado cuando estaba con el sultán con quien de alguna manera mantenía un actitud seductiva y permisiva, se alejó una zancada del pelinegro y mostrándole sus bellas ropas en tonos de pavorreal que iban desde el morado hasta el verde tornasol se dio una linda vuelta para enseñarle todo y justo al final le propinó un codazo al pelinegro.

El pelinegro jadeó intrigado al ver la falda de colores volar y al sentir el codo del joven provocándole no tuvo más que tomarlo de la muñeca y pegarlo con una actitud brava y sumisa hasta su cuerpo. El castaño sonrió y enredó sus brazos en el cuello del sultán. Se miraron fijamente por unos incontables segundos, mientras las manos de Levi danzaban sobre la espalda del joven y acariciaban la suave tela multicolor que traía encima, suspiró suavemente y se dejó llevar por el precioso aroma que destilaba el joven y ya quería lanzarse de nuevo contra sus labios.

— No contestaste.

— Ah, sí — dijo el sultán alejándose —. Creo que te ves más maravilloso que nunca.

— ¿Te lo parece así? — contestó halagado abrazándose al sultán.

— Jamás te mentiría, ahora tengo que llevarme a esta fiera antes de que termine por comerte a ti y eso no se lo perdonaría, ahora me la llevaré para que coma, me alegra que hayas decidido cuidar de ella durante mi viaje ¿Estás bien con eso?

— Perfectamente— asintió el joven soltándose del cuello del sultán y mirando a la pantera y a su pajarito comer fruta sobre la cama como dos amigos.

— Espero verte en la sala de trono antes de irme — le dijo con dulzura, más de la que solía emplear nunca.

— ¿De verdad está bien que yo me quedé ahí? — dijo el castaño bajando la mirada un poco confundido —. Petra dijo que tal vez no era muy bueno, le dije que no era una despedida formal ni nada, pero no quiero ocasionarle problemas.

— No ocasionas problemas nunca, al menos a mí no — le contestó frunciendo el entrecejo —. Es verdad que ha habido muchos roses con todos hasta ahora, pero mírate estas aquí a mi lado y creo que seguirás contándome el cuento por mucho más y eso me hace feliz y a ti también así que no importa que vayas a la sala de trono hoy o mañana o que te pasees por todos lados, tienes mi permiso para todo ¿Estás de acuerdo?

El castaño de nuevo se sentía abrumado, feliz, increíblemente tentado a lanzarse en los brazos del sultán, sentía que hasta ahora su fuerza y resistencia se debilitaban enormemente cuando el sultán decía cosas de ese estilo, haciendo que su corazón se aceleraba y deseara darle todo, 'TODO' y con mayúsculas, por primera vez estaba nervioso de seguir contando el cuento y deseaba que el tiempo se detuviera en ese preciso instante y que pudieran quedarse ahí los dos oliendo el delicioso perfume de orquídeas que los dos juntos destilaban sin si quiera darse cuenta.

— Completamente de acuerdo, meo Habib — el ojiverde le susurró esto al sultán en el oído, casi gimiendo.

El pelinegro cerró los ojos cuando escuchó tan dulces palabras de los labios de su acompañante y no pudo resistir ni un poco más, terminó por halarlo hasta él y plantarle un fuerte beso en los labios, un jadeante y necesitado beso, no quería escuchar ni ver nada, sólo sentir su hermosa boca contra sus labios una vez más, primero cerrada y luego abriéndose, luego juntando las lenguas con la saliva que los uniría y con su creciente necesidad, lo apretó tan fuerte contra él que el castaño soltó todo el aire de golpe.

— ¿Soy… tu amado? — le mordió el labio al ojiverde.

El castaño abrió los ojos de golpe tras darse cuenta de la gravedad de sus palabras y se alejó con un brinquito amistoso, tapándose la boca y sacando una sonrisa extrañada, su cara estaba cubierta de un sutil sonrojo y el sultán tenía la boca aún abierta cuando lo vio acusadoramente. El castaño no pudo más que reírse suavemente y evitarse un problema más grave.

— ¿No es ya muy tarde?

El sultán lo miró extrañado más de la cuenta y finalmente suspiró, asintió suavemente y llamó a la pantera con un chasquido de dedos, la cual le obedeció fielmente bajándose de la cama y caminando con gracia hasta su dueño. Eren jadeó y bajó las manos por fin, esperaba no haber enfurecido al sultán. Supo que no era así cuando los ojos grises se clavaron de nuevo contra los suyos y el sultán se sonrojó notablemente.

— Nos vemos en la sala de trono en dos horas.

El ojiverde sonrió tímidamente y asintió, lo vio girarse y desaparecer por entre las cortinas.

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"Dios de los cielos, tengo esperanza en ti. En tus ojos veo la vida. Vengo hacia ti desde este universo. Por favor, mi Dios, responde mi deseo."

[Ojos así — Shakira]

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Mientras aquel mozuelo se sentía en un pedacito de cielo, en un rincón oscuro, sucio y húmedo una castaña estaba en el infierno. En aquel momento Carla Jäger se sentía como carnero de mercado. Colgando de una viga por los brazos. Sus pies apenas rozaban el suelo. Había dos guardias a sus espaldas. Ambos con látigos de cuero crudo. Y nuevamente estaba ahí aquella arpía. La reina Kuchel.

Observando su tortura que había iniciado desde hace más de un día.

En algún punto de todo aquel martirio, Carla había incluso dejado de hacer cualquier sonido. Simplemente recibía todo sin emitir un quejido. Pero cuando aquella mujer de aspecto hermoso, pero que se enorgullecía de tener un corazón frío como el hielo llegaba, ella levantaba la mirada, clavando sus ojos en los ojos de ella. Muy cierto que le había dicho que hablaría y diría todo por salvar a su hijo, pero entre más horas pasará en aquel lugar siendo humillada hasta los limites, más su corazón desconfiaba, más una extraña sensación empezaba a invadirle.

Determinación. Ira. Repulsión.

¿Quién le aseguraba que todo no fuera una farsa, una vil mentira para que la muerte de su hijo y la suya fuera peor? ¿Qué tal si en verdad incluso el sultán cuando se supiera la verdad, no sentiría ninguna clase de piedad y sin importar la promesa de la reina, ahí mismo los hacía decapitar?

La desconfianza seguía creciendo.

Calló.

Más latigazos cayeron sobre su espalda.

Entre tanto los pensamientos de Kuchel Ackerman se llenaban de más y más de oscuridad. Todo por un amor 'maternal' perverso e interesado. Tal vez aquello las unía. Ambas amaban a sus hijos. Pero excesivamente de manera diferente. Pero ambas estaban dispuestas a todo por ellos.

La reina veía aquella desgraciada mujer, resistiendo, resistiendo todo igual que su hijo, y su sed de venganza se elevaba, había llegado unas tres veces a aquel apestoso lugar, sólo para contemplar aquel cuerpo destrozado, pero jamás se imaginó que entre más golpes, más los ojos de la mujer brillaban en determinación, en reto hacia ella.

Empezaba a dudar que ella realmente al final obedeciera sus órdenes. Sonrió con maldad. Pero no le importaba, en la otra celda ya tenía un as, algo que sabía le sería de más utilidad.

La desesperación y la ingenuidad son un arma peligrosa en las batallas silenciosas.

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"Dios de los cielos, tengo esperanza en ti. En tus ojos veo la vida. Vengo hacia ti desde este universo. Por favor, mi Dios, responde mi deseo."

[Ojos así — Shakira]

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Alimentaba al ave en la palma de su mano, con todo su entusiasmo se había trasladado desde su habitación con el ave en la jaula hasta el jardín de enredaderas, un hermoso lugar que había visto varias veces entre pasillos, pero no se había podido quedar, era uno de los lugares que le parecía más místico de todas las hermosas habitaciones dentro del palacio. La arquitectura del palacio era perfecta, y ese jardín de enredaderas estaba diseñado perfectamente para que el sol del atardecer pegara directamente en el agua del estanque rodeado de pasto y mármol que se tornaba violeta y naranja con los destellos luminosos. Era un estanque con nenúfares, grullas y algunos peces y un lindo arco rodeando la vista, adornado con dos bancas y enredaderas sobre este. Sentarse ahí era despedirse del mundo por un momento.

Por eso las dos horas siguientes se le pasaron rápidamente.

No sabe cómo en su demencia se le ocurrió bajar al ave cargando él solo la jaula de oro y ponerse a juguetear con su mascota, probablemente no era lo más listo y necesitaba la ayuda de un sirviente, pero cuando intento llamar a uno solo, este le dio la espalda y lo ignoró, así que sólo suspiró y siguió con su jaula y su mascota hasta llegar a ese pequeño rincón personal. Aunque en realidad no era suyo ni le pertenecía ni mucho menos, pero ahora estaba solo aquí y ahora.

— Es realmente un lugar pacifico — sonrió Eren dándole girasol al ave —. No crees que sería hermoso que el sultán me invitara a… despedirlo.

El ave lo miró sin entender nada así que el joven sólo medio sonrió y le atiborró la boca al pájaro con más de las semillas que le gustaban.

Fue en ese momento que mientras estaba sentado sobre la banca mirando hacia el agua violeta, vio a un grupo de sirvientes pasar corriendo por enfrente de sus ojos, era un grupo de mujeres conocidas para él, que pasaron sin prestarle atención. Sintió que su corazón se detenía cuando las vio corriendo, era el grupo de concubinas con las que él había convivido por estos días. Por esta semana. Estaban corriendo vestidas de un hermoso color rojo y plateado. Hermosos y largos velos adornando sus cabellos y por supuesto las lindas charolas con velas diminutas y pétalos de flores, Mina, Hitch, Hanna y Nifa.

Desde que había visto al sultán no se había cruzado con ellas y sinceramente no tenía ganas, pues a pesar de que no habían sido desagradables con él, se había dado cuenta que definitivamente no pertenecía a su lado, que, aunque no lo habían maltratado del todo era bastante listo como para saber que no le agradaban y que cuando le decían "Podemos cortar tus uñas" en realidad querían eliminar sus dedos enteros, tragó saliva y luego cayó en cuenta. ¡Si estaban corriendo debía ser por una buena razón!

— ¡Ya es hora!— gritó levantándose y tomando al ave —. ¡Deséame suerte!

La guardó en la jaula de nuevo y cerró la puertecita para dejarla ahí, ya después regresaría por ella, no creía que nadie fuera a robarse esa gran jaula en medio de la nada, además puede que la despedida del sultán no tardara mucho, pero si seguía retrasándose sería un problema, se sujetó las faldas y salió corriendo sin dejar de mirar a su pájaro que lo veía alejarse, probablemente ya desarrollando un cálido sentimiento de afecto por aquel que le daba de comer. Cruzó los dedos exigiéndole a Alah suerte y corrió por los pasillos del castillo en búsqueda de la entrada lateral de la sala de trono, donde se supone que Petra estaría esperándolo en ese momento. Por suerte no quedaba muy lejos y desde unos metros alcanzó a ver a Petra buscándolo con la mirada frente a las grandes puertas cerradas.

— Llegue tarde — se disculpó jadeando, pero Petra lo tomó de la muñeca con rapidez.

— No hay tiempo de disculpas— lo miró de frente y le arregló el velo y el cabello. El ojiverde se cubrió la boca disculpándose por su desalineada apariencia y aceptó de buena gana la bandeja de velitas que le daba Petra en la mano.

Petra lo miró asintiendo y le acomodó el Saree, ambos asintieron y la aya abrió la puerta de la sala de trono. El ojiverde se quedó sorprendido pues estaba convencido de que sólo sería una despedida pequeña y aunque era mucho menos ostentosa que el recibimiento o cualquier cosa, toda la corte y el parlamento estaban ahí, había una gran cantidad de sirvientas rodeando la sala. El sultán estaba sobre la alfombra principal, sonriéndoles a hombres sin gracia y con un conjunto de soldados a un par de metros. Ese pequeño escuadrón de no más de quince personas que se disponían a salir.

El castaño se paró de puntitas y miró a la puerta principal del palacio, afuera ya estaban los caballos esperando. Se agitó un poco y comenzó a meterse por entre la gente que, aunque rodeaba el espacio si se mantenía alejada del sultán. Se acomodó las ropas de nuevo y se aseguró de que las velas de su charola no se apagaran mientras se metía entre la gente que se apartaba cuando se daban cuenta de su presencia, no quiso preguntar nada ni fijarse mucho en esos pequeños detalles pues había alcanzado a deducir que mientras más atención el sultán le ponía, la gente más se sorprendía con él. Se quedó estático cuando llegó al frente y vio al sultán hablando con otros hombres, no hizo más movimiento y se quedó esperando a que notara su presencia. Tras unos segundos Petra llegó a su lado y poco después notó que las concubinas de Levi lo miraban fijamente al otro lado del tumulto.

Antes de que pudiera agachar la mirada y dejar de prestar atención a las concubinas que sin duda lo veían con un '¿Qué haces aquí?' Plantado en la cara, sintió unas cálidas manos sujetar sus muñecas y sacarlo lentamente procurando que la bandeja no cayera. Adentrándolo en medio de la alfombra, justo donde el sultán estaba, en medio de las miradas de todos. El sultán Levi estaba sujetando sus manos y jalándolo hasta el centro.

— Pensé que no vendrías — murmuró con el ceño fruncido.

— Se me hizo tarde — admitió con una sonrisa pequeña.

— Me alegra ver tu rostro antes de tener que irme — ronroneó soltando sus manos y acariciando sus desnudos hombros —. Así podre recordarlo durante el viaje, y recordar tu voz contando cuentos, tus ojos mirándome.

— No necesita extrañarme — mintió el ojiverde —. Volverá antes de que se dé cuenta y lo compensare enserio, con cuentos… muchos cuentos hasta el final.

— ¿Lo prometes?

— Sólo si prometes seguir una regla simple — el ojiverde levantó un dedo —. Mantén la rienda del caballo en el bolsillo.

Levi se rió en voz alta.

— ¿Te refieres a que mantenga mi arma cerca?

El ojiverde sonrió ampliamente.

— No vaya a pasarle nada…

El sultán sonrió y bajó las manos de los hombros. Luego se percató de la bandeja con velas encendidas y las flores y por más que Levi quiso no exigirlo, su corazón voló emocionado, imaginando el simple hecho de que fuera el castaño quien lo despidiera, no podía… pero iba a hacerlo, él era el sultán, él podía exigirle que lo despidiera, el mozuelo aceptaría sin rechistar, sí que podía, pero era algo tan, tan intimo, sería ponerlo a él en la más alta estima de entre todas las personas, aquí frente a todos.

— ¿Vas a despedirme? — susurró.

El ojiverde se quedó quieto, su corazón dejó de latir. Era como una fantasía, tomar ese papel tan importante, tragó saliva con dificultad y asintió con suavidad, no podía ni siquiera negarse ¿Y si se negaba y ofendía al sultán? Aunque la verdad es que no quería negarse, y quería que todos observaran, quería que las concubinas vieran que él era el que daría la despedida oficial, no Kuchel Ackerman, él. Un simple cuentacuentos. Jadeó y levantó la charola.

Como era costumbre arrojó el humo de la vela hacia el rostro del sultán con la palma y luego movió la bandeja rodeando la cara del sultán. De pronto la sala de trono se sumió en un silencio profundo, mientras todos observaban como el joven era el encargado del honor de despedir al sultán. Tomó un puñado de pequeños pétalos y los arrojó al rostro del sultán, su cara quedó plagada de pétalos rojos que poco a poco fueron cayendo, pero los ojos grises y salvajes del pelinegro seguían perforando los suyos y muriéndose de ansiedad y de ganas por esos labios, de tomar su rostro y plantar un beso más en esa jugosa boca.

El ritual de despedida estaba por terminar, sólo faltaba dejar la charola en el piso e inclinarse para poder tocar los pies del sultán, lo hizo sin dejar de mirar al pelinegro, sintiendo las miradas estupefactas de todos los presentes y los profundos ojos del sultán. Dejando sus rodillas en el piso y su ropa en colores de pavorreal regada por el piso, se agachó. Levantó las manos temblorosas y estiró los dedos para tocar los zapatos lujosos del sultán, soltó el aire de golpe y antes de terminar con el ritual y decir las frases de finalización cerró los ojos.

Una voz interrumpió todo.

— Querido hijo, lamento llegar tarde. Pero no recibí ninguna invitación a tu despedida — la reina Kuchel se deslizó por el salón, siendo seguido por las concubinas que se acercaron a ella. Las puertas se cerraron —. Pero aquí me tienes, presente para ti.

— ¿A qué has venido aquí? — dijo Levi con el entrecejo fruncido y una pose amenazadora.

Los ojos de Levi viajaron hacia su madre luego por rededor de todo el salón. Toda la gente se había alejado por lo menos tres largas zancadas del espacio central, en el preciso instante en que la reina había alcanzado el centro, ahora el lugar se había convertido en un espacio silencioso, expectante, donde un ojiverde estaba arrodillado en el piso a sus pies, con un semblante confundido y su madre estaba al lado del chico mirándolo con una sonrisa pacífica.

— Venía a despedirte, pero veo que has confiado tal honor a tu cuentacuentos, pero no importa —soltó la reina madre dando un paso enfrente mientras su ropa negra escurría por la alfombra—. De todos modos yo te tengo un regalo, algo especial para que tengas presente lo que es capaz mi amor de hacer por ti…

— No me interesa, y de verdad que no te quería aquí por si no te quedó claro, madre — advirtió Levi en tono firme y dando un paso hacia atrás, en busca del castaño para darle protección.

Su madre se interpuso y cerró el paso entre ellos.

— No me ofenden tus palabras — contestó la reina —. Pero no me dejes en ridículo al rechazar mi presente.

— Te dije que no me interesa — volvió a espetar el sultán apretando los puños —. Quédate en algún lugar y sigue aparentando que eres buena madre y no arruines todo— agregó en voz más baja.

— Luego hijo, luego, primero recibe mi regalo — le sonrió en voz baja y luego alzó el rostro para comenzar con su discurso —. Hago esto con buena voluntad — soltó mientras su boca se curvaba en una sonrisa sardónica —. Recíbelo que también es de parte de tu hermoso mozuelo — la reina tronó los dedos y en ese momento las puertas laterales se abrieron y la gente se apartó asombrada, un par de guardias, Reiner y Berthold, custodiaban a una mujer con las manos en los hombros. Aquella mujer estaba sucia, magullada y agotada. Tenía el pelo enmarañado alrededor de los brazos y en la cintura. Llevaba una ropa casi hecha harapos, con manchas carmesí en varios puntos y no levantaba la mirada del suelo, posiblemente por temor.

El castaño quedó completamente asombrado al ver esto y sus ojos se empañaron de lágrimas, se arrastró de rodillas intentando llegar hasta aquella mujer.

— ¡Mamá!— gritó angustiado el cuentacuentos.

— ¿Qué es esto? — preguntó el sultán, impactado y con voz baja, sin dejar de admirar a la destruida mujer.

— Tú regalo por supuesto. La verdad, querido hijo, tu regalo es la verdad — sus ojos chispeaban de satisfacción. Y con un ligero movimiento de asentimiento dio su orden muda.

Los guardias soltaron a la mujer que estaba tan débil que cayó al suelo en cuanto las manos abandonaron sus brazos. La castaña gimió de dolor al estampar las rodillas en el suelo y tuvo que apoyar las manos para no caer aún más. Al hacerlo, quedaron a la vista las muñecas y las marcas rojas que evidenciaban que la habían tenido encadenada.

— Levi — suplicó el ojiverde al sultán que veía todo con desconcierto.

La reina se movió hasta donde estaba la castaña mujer y la haló de los brazos para arrastrarla unos pasos, luego la lanzó para que quedará de rodillas frente al sultán.

— Detén esto, inmediatamente— ordenó el sultán señalando a su madre con el índice.

— No lo haré, tú y todo el mundo debe saber la verdad — explicó la mujer ignorando la advertencia —. Traigo ante ustedes la prueba que estaba buscando. La prueba que mi hijo ha sido hechizado y por eso se ha descarriado de su camino. Esta mujer que tienen enfrente — comenzó la reina —. Como han podido escuchar de los labios de ese demonio, es su madre, y es una hechicera de las tierras del este, ella misma me lo ha contado todo. La hemos capturado en el palacio e interrogado para que contara todos sus secretos, finalmente los días exhaustos dieron prueba y la bruja por fin revelo sus crímenes.

— Levi, no — suplicó el mozuelo levantándose, sus mejillas estaban bañadas por las lagrimas y su corazón estaba rompiéndose en cachitos —. ¡Pare, por favor! ¡Mamá! ¿Por qué?

— No sé de qué me hablas — contestó el sultán desorientado —. No sé de qué es de lo que estás hablando…

— Sabes que te amo Levi, y sólo busco lo mejor para ti, y por eso desde el principio he intentado varias veces hacerte ver, que este joven y sus cuentos son pura magia que te pudrían el cerebro para seguramente escalar a una alta posición y llevar a este reino a la muerte, pero veo que su magia es poderosa y te ha cegado así que te traje la verdad para que puedas liberarte del hechizo — Kuchel se agachó un poco para tomar a la mujer de los cabellos y descubrir su rostro —. ¡Anda! Habla y dile la verdad a mi hijo, dile la verdad sobre el cuento…

La mujer calló, sus ojos amarillos determinados le retaron hasta el infinito. La reina, la vio con odio y fastidiada de un empujón la envió al suelo, produciendo un sonido lastimero de parte de la mujer maltratada.

— Hechicera repugnante, parece que no aprendes, pero está bien, sabía que al final no confesarías tu pecado así que tomé mis medidas. Tráiganlo — ordenó y el anterior par de guardias asintió, salieron un momento y luego entraron con un hombre que traía la cabeza cubierta por una capucha. Los fornidos hombres lanzaron al hombre al lado de la magullada castaña, que a penas y se movía — Hitch, querida, me harías el favor — dijo con dulzura la mujer, y la concubina le hizo una reverencia y se acercó, e inclinándose le sacó la capucha al hombre que parpadeó confundido.

El hombre estaba impactado, ver a su esposa en el suelo, sangrante, desfalleciente era un gran golpe. Estaba asustado, dos guardias la noche anterior habían llegado a su pequeña casa y lo habían arrastrado hasta el palacio, luego lo habían dejado encerrando en el calabozo y hace apenas unas horas lo habían sacado con la cabeza cubierta por esa cosa que casi lo asfixiaba. La voz de su hijo lo sacó de sus pensamientos tristes al ver tan herida a su amada.

— ¡Padre!

Los ojos del hombre se elevaron y contemplaron el rostro lloroso de su hijo. Ahí estaba él, vestido como la más fina concubina y con la expresión más desolada que alguna vez hubiese contemplado. Su corazón terminó de romperse mientras su mente buscaba respuestas a todo lo que sucedía.

— Suficiente, madre — el sultán elevó su voz.

— No — gritó Kuchel.

Grisha Jäger estaba tan desconcertado, sus manos trataron de alcanzar a su esposa que desde el suelo le vía con dolor, en sus ojos había una disculpa, una súplica.

— Sus majestades — la voz del hombre salía entrecortada —. ¿Qué hemos hecho? ¿Por qué nos han traído así? ¿Por qué habéis lastimado así a mi esposa? Decidme cual es nuestro pecado.

— Lo sabéis bien, ustedes son unos hechiceros, demonios que han atentado contra el sultán y este reino.

— No, su majestad, nosotros no….— sus ojos se clavaron en su hijo. Su hijo lo sabía. Pero qué era eso tan malo que había hecho, aparte de… — ¿Qué has hecho? ¡¿Qué has hecho Eren?! — lo ultimo lo gritó con dolor, con toda la devastación por eso que estaban viviendo.

Bingo.

La reina sonrió más ampliamente al ver como el rostro de su hijo se descomponía. Su plan había funcionado.

« El pez por su boca muere »

— ¿E…ren? — soltó Levi como si el mundo se le hubiera derrumbado, como si el aire hubiera abandonado sus pulmones y su corazón hubiera dejado de latir —. ¿Tú eres… tú eres Eren?

Los ojos de Carla Jäger se abrieron impactados, temblando trató de erguirse, buscando a su esposo y a su hijo, las lagrimas empezaron a emanar, producto del miedo, pero no de escuchar el error tan garrafal que había cometido su esposo si no de que al encontrar a su hijo lo vio con el rostro descompuesto y se dio cuenta en ese instante que probablemente todo estaba perdido, todo lo que había construido. Luchó con todas sus fuerzas para levantarse, pero las heridas se lo impidieron y sólo pudo soltar un quejido con el nombre de su esposo imprimido en el.

— ¿Qué has hecho? Nos has condenado.

En la mente de Levi todo daba vuelta y sus ojos sólo podían ver a Eren, buscando una explicación, unas palabras de su parte que le dijeran que aquello no era verdad.

— Todo este tiempo…. me mentiste.

— No, Levi — suplicó Eren con el ceño fruncido —. No te mentí. Te lo juro, puedo explicarlo…

— Así que Eren — la reina soltó una risilla —. ¿No era ese el nombre de la doncella del cuento que te ha hechizado? Lo ves hijo, ahí lo tienes, es ahí donde empieza la magia de ese demonio. Te mintió, te engatusó, te ha usado.

Levi sentía el sudor recorrer su cuerpo, sus manos temblar, el dolor carcomiéndolo desde las entrañas, naciendo en el estómago y estirándose por todo su cuerpo, jadeando bajó la mirada, estaba evitando llorar, su mente era un manojo de confusiones ¿Él era Eren? ¿El mismo nombre que la doncella del cuento? ¿Por qué? No podía pensar en otra cosa que no fuera una explicación para eso ¿Por qué? ¿Por qué tenían el mismo nombre? ¿Qué mierda estaba pasando?

— ¿Es verdad? — preguntó Levi en un susurro —. ¿Es verdad que es magia esto?

Esas eran sus palabras, luego se giró a ver al castaño que lo miraba con dolor, con una mueca de disculpa y con lágrimas cayendo de sus pupilas hasta sus mejillas, que sus labios temblaban y llevó sus orbes de él hasta su madre y luego mordiéndose el labio inferior terminó por asentir bajando la cabeza, cerrando los ojos y apretando las manos.

— Es verdad…

Levi no pudo escuchar una palabra más y se tapó la boca, no podía ser cierto… su madre tenía razón, lo había estado engañando, quería vomitar. Quería llorar y quería matar algunos miles de personas, pero sólo se dio media vuelta intentando huir de todas las cosas, intentando alejarse de esos ojos verdes que lo habían estado engañando, tan rápido como le dio la espalda sintió más nauseas al escuchar el llanto del joven. Comenzó a caminar a zancadas acabando con todo y abandonando todo el drama, rápidamente sus guardias y el escuadrón que lo iba a acompañar lo siguieron.

— Levi, no… Levi te lo puedo explicar te lo suplico, Levi te lo juro — lloraba el ojiverde postrado en el piso.

Pero nada pudo hacer para que el pelinegro se detuviera, las puertas del palacio se abrieron y los caballos relincharon y antes de que Levi se subiera en Shabdiz le dijo algo a uno de los soldados que lo acompañaba que se quedó parado y se giró a verlos lentamente, todos se quedaron esperando a que el soldado hablara.

— Encárguese por favor — pidió el soldado, dirigiéndose a la reina madre.

Se dio la vuelta y salió junto con el escuadrón de Levi, mientras que la sala de trono volvía a quedarse abandonada, en silencio y sólo con los sollozos del castaño como melodía principal. La reina sonrió abiertamente, y aunque el soldado no hubiera dicho nada, ella tenía la obligación de encargarse, porque cuando el sultán no estaba en el palacio todas las decisiones recaían en ella, y ahora, estaba completamente a cargo del joven de ojos verdes, de su madre y de su padre y si no había logrado hacerlo miserable suficiente con esto, no se daría por vencida hasta que el castaño estuviera muerto.

— Por supuesto que lo haré.

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"Dios de los cielos, tengo esperanza en ti. En tus ojos veo la vida. Vengo hacia ti desde este universo. Por favor, mi Dios, responde mi deseo."

[Ojos así — Shakira]

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Después de todo lo que sucedió, lo único que Eren podía ver con sus ojos empañados por las lágrimas, era a su madre y a su padre encadenados, siendo humillados públicamente dentro de la sala de trono—en la que anteriormente había despedido al sultán—, y a la pantera del sultán defenderlo cuando vio como los guardias se le iban encima y el cómo aun siendo un animal salvaje y tan potente fue atado de las patas y sujetado del cuello para llevárselo de ahí y tal vez encerrarlo hasta que se encargaran de deshacerse de él.

La sala estaba sumida en gritos, gritos de odio y abucheos hacia él y a toda su familia, acusaciones falsas y odio en las miradas. Un profundo resentimiento y falsas lágrimas de las concubinas del sultán, ese grupo de cuatro mujeres que se hacían las ofendidas. Y habían decido jalarle de los cabellos y arrancarle toda la joyería que traía encima. Pero, sin duda lo más extraño de toda la situación era el hecho de ver a la reina madre sentada en el trono.

Sentada desde arriba mirando a todos, con una sonrisa cínica en la cara y con un escriba justo a su lado, que había mandado a llamar desde hacía unos minutos mientras se dedicaban a encadenar al castaño, grilletes de hierro en las muñecas de sus manos con cadenas de argollas grandes y largas, y otro par en los tobillos ajustadas y calientes, pero no lo suficiente como para dejarle una marca. Lo mantenían de rodillas en el piso.

— Redacta esto — ordenó la reina levantando la mano y el escriba sacó papel y una pluma —"Se acusa a Eren Jäger de brujería, robo, herejía y de haber comprometido la integridad de nuestro sultán y nuestro reino. La pena por estos crímenes es la muerte. Se acusa a Carla Jäger de hereje, bruja, y protección de un culpable, la culpa de estos crímenes es la lapidación. Se acusa a Grisha Jäger de cómplice y culpable en crímenes de su familia, su castigo será colgarlo"— el escriba dejó la pluma, pero la reina alzó nuevamente la mano — "Este documento es válido, legal e imposible de anular, más que por mi propia firma, ya que yo soy la encargada de estos criminales"

El escriba miró un momento el documento y lo pasó a las manos de la reina, junto con una pluma nueva. La cual ella miró sin interés y firmó sin dejar de verlo a los ojos.

— El acta está hecha — aseguró la reina mientras el escriba enrollaba el pergamino y se alejaba —. Eres culpable de estos crímenes, tú mismo lo afirmaste, no hay necesidad alguna de juicio ni posibilidad de redención.

— Son mentiras — gritó el castaño —. Modificaste la información para tu beneficio.

— No es verdad — aseguró levantándose y bajando los escalones del trono hasta llegar al castaño —. Sólo intentas convencerte de eso, cuando tu madre misma afirmó que era magia.

— No es así— gruñó con el ceño fruncido —. Eres una manipuladora, puede que haya dicho eso, pero era porque seguramente mi madre estaba siendo obligada y amenazada de muerte, esa declaración es más falsa que su corona.

La reina se sintió ofendida ante este comentario y gruñó con fuerza, pero después decidió que no se rebajaría, suspiró y le sonrió de nuevo, luego lo sujetó del mentón y acercó su sonrisa peligrosa hasta él.

— Tu desgracia es querer a un hombre que jamás te pertenecerá por completo — suspiró y señaló a una de las concubinas —.Una de ellas será la esposa del sultán y tú te pudrirás con los gusanos, por hereje.

El castaño apartó su rostro del contacto con las manos de la ponzoñosa mujer.

— Tu presencia en este palacio me ha causado más que un profundo dolor, como un puñal clavado en el pecho — le dijo la mujer con una cara acomplejada y con la derecha pegada al pecho del lado del corazón.

— Me culpas a mí— le aseguró el ojiverde levantando las cejas —. Pero sólo soy una pobre alma enamorada.

Esto desató la cólera de la reina, que había estado controlando su ira lo mejor posible, pero fue la gota que derramó el vaso, sobre todo ver al castaño en tan desfavorable posición y aun así pararse como un gallo con las plumas bien alzadas. Levantó la derecha y la estampó contra su mejilla rápidamente, el comentario le ofendía en lo más profundo de su alma.

— Jamás, jamás…vuelvas a decir eso — le advirtió señalándolo con el dedo índice —. Parándote como un pavo real tan jocoso aun con todas esas cadenas en el cuerpo, te voy a enseñar por las malas que las ratas como tú no tienen derecho a sentir amor. No tienen derecho a decir esa clase de cosas porque pueden salir muy humillados.

— Puedes golpearme lo más fuerte que puedas — le retó el joven ojiverde —. Pero, eso no cambiara mis sentimientos.

— Él ya no confía en ti.

— Aun así, no cambiare — advirtió nuevamente.

La reina se enfureció y le dio la espalda, vio a los padres del joven, amordazados, completamente expuestos ante sus órdenes, en ese caso porque el castaño aún se comportaba como si llevara las de ganar, pero no, no podía seguir tolerando sus imprudencias. De una vez por todas le demostraría a esta basura que ella era quien mandaba, que cuando menos se diera cuenta habría sido degollado y su hijo pasaría a casarse con una de las mujeres que le correspondía, las de su clase.

— Bien, aun en tu comprometedora posición quieres seguir con tus jueguitos — dijo la pelinegra en voz alta y luego alzando los brazos se dirigió a todos los presentes —. ¡Hagamos una hermosa ceremonia para demostrar a este brujo quienes somos los que mandamos! Aquí llegaste siendo un vil entretenimiento y como un vil entretenimiento es que te irás. Esta vez en lugar de pasar la última noche de tu vida acompañando al sultán, la pasaras arreglándote para entretenernos, mañana será una linda ejecución.

Se dio la vuelta dejando al castaño encadenado y con el semblante fuerte, con el pensamiento de que no podía dejarse vencer, no ahora. Aún tenía oportunidad de seguir luchando, de salvar a sus padres, a quien fuera, de no dejar que lo humillaran como al principio en su estadía en el palacio lo habían hecho.

— Mírate, aquí viene él resplandeciendo como Jadiya, el inocente amante de nuestro amor — le dijo Mina, con una sonrisa que no se veía amable en lo absoluto. Tomándolo de la barbilla y acariciando su frente.

— Te dignaste a aparecer en nuestra puerta como una luna llena — complemento Hitch —. Arrebatándonos la posibilidad de contraer nupcias, de celebrar el sagrado voto del matrimonio.

— Arruinando el que nuestros corazones bailaran al unísono con el del sultán— agregó Hanna levantándolo del piso.

— Ahora tú vas a ver — sentenció Nifa jalando de sus cadenas con una sonrisa imperceptible, burlona y cruel.

"Ahora tú vas a ver" la amenaza tangible de una tormentosa noche en Arabia, de un juicio futuro, de la partida de Levi, de sus padres encerrados como animales y una nobleza que lo veía como a una basura sucia. Si quería rendirse, este era el momento.

Si el sultán lo había abandonado, este era el momento de rendirse.

— Su futuro esposo, también puede ser el mío— masculló muy por lo bajo, asegurándose de que nadie lo escuchara y suplicando que esa afirmación se volviera cierta.


N/A: Jadiya es la primera esposa de Mahoma. Una especie de virgen María tal vez.

Por si no quedo claro lo de la despedida entonces enserio pregúntenme, y lean cuidadosamente el capítulo, les dije que se venían las angustias fuertes.

Encuesta, ¿Creen que Levi abandonó a Eren? ¿Qué fue lo que Levi le dijo realmente al soldado? ¿Dejo a Eren en manos de su madre?

Ya saben que si tiene cualquier duda o quieren ver la información adicional que subo de los capítulos, pueden consultar mi perfil de Facebook Magi Allie, he conocido muchísima gente nueva últimamente y estoy súper feliz. ¡Gracias por todo su enorme apoyo!

Por último, quiero decir una noticia que me parece un poco tonta, pero me alegra, este es el primer fic en el que tengo 100 follows, es decir más de tres cifras y eso me llena de alegría, más que el confesionario, crestomatía o algunos otros. Me seguiré esforzando por ustedes, gracias por leer y por dejar su huellita en este fic.

Les mando un beso enorme a todas.

-review-

Nia: Hola, guau no sé cómo describir la mar de sensaciones que me dejo tu review, en primer lugar, porque las críticas constructivas siempre aportan algo, y la tuya sí que me movió el tapete de pies a cabeza, en primer lugar, muchas gracias por leer y por seguir mis historias, sé que no son las mejores y conozco mis defectos, pero supongo que es cuestión de práctica.

Bueno quería retomar varios puntos de tu review, tienes mucha razón con los personajes secundarios me di cuenta de que debía de darles más forma y personalidad, sin embargo, no puedo meter personas como Armin y Jean ya que son completamente secundarios, Petra. Kuchel y Carla fueron renovadas en este capítulo para darles más molde y en cuanto a las concubinas, se trata de meros personajes secundarios… no quiero meter sus vidas porque el fic no trata de Eren contra las concubinas de Levi, pero dentro de su papel tienen la importancia que se merecen. En cuanto a la educación de Eren, yo no quise hondar en ella a propósito, porque era irme con rodeos y de nuevo no era el objetivo del fic. No se trataba de ver como Eren mejora en su educación, no puedo meterlo porque yo aún no sé cómo es la educación dentro de los harems y seria enredarme con cosas que no se, y estoy evitando hacerme más líos.

Bueno sobre la historia creo que aparte de la explicación de Carla, que solo era ára despejar dudas, con el desarrollo del fic se llegara al objetivo del cuento. Aunque creo que se me va de las manos un poco, y creo que tienes completa razón con respecto a Carla en verdad, uando leí el review me percate de lo mucho que había dejado de lado factores muy importantes, supongo que gracias a tu opinión intentare dar más molde en los próximos capítulos, pero con respecto a lo que ya paso, no puedo hacer mucho, aunque lo lamente.

Ya para finalizar de nuevo gracias por leer y por aportar tu muy respetable y necesaria opinión sobre el rumbo de la historia, yo puedo hacer promesas de que mejorare y todo eso, pero solo diré que en todo lo que me aportaste lo rescatare y espero poder consolidarlo dentro de la historia, aunque claramente no creo que pueda cambiar todo, porque algunas cosas se han desarrollado de forma diferente, pero gracias por todo y por tu sabio y constructivo review.

Por otra parte, de verdad me gustaría saber si notaste algún cambio en este capítulo ya que mi beta y yo nos esforzamos un poco más de lo normal en los personajes de Kuchel y Carla para darles otra imagen menos ñoña, y aunque puede que ya no vuelvas a dejar rv, con un pm conociendo tu opinión me conformo.

Gracias y un abrazo.