Por fin está terminado.
Miles de gracias a Altariel de Valinor por sus comentarios, correcciones y ayuda.
Gracias por leer.
Capítulo 10
Eran las siete y media de la mañana cuando Lestrade tuvo, por fin, es sus manos, la orden de juez que le permitía registrar las propiedades que se encontrasen a nombre de cualquiera de los componentes del matrimonio Wilson. Reunió un grupo de agentes y forenses para dirigirse a la casa en primer lugar, cuando se le presentó el "problema Holmes": Plantado ante la puerta del NSY, un Sherlock desmañado y claramente en un estado de excitación poco natural, arremetió contra él con una cascada de razones por las que debería ser él uno de los que lo acompañara al registro y no su grupo de incompetentes.
A las ocho y veinte minutos, Sherlock Holmes fue nuevamente arrojado a uno de los calabozos, mientras prometía con voz temblorosa que no serían capaces de encontrar prueba alguna contra los Wilson sin él.
A las once de la mañana, el matrimonio Wilson fue hallado muerto en su domicilio, un suicidio conjunto según la confesión que encontraron en el portátil del señor Wilson, junto a una relación detallada de las personas que ambos, a los largo de los últimos veinte meses, habían asesinado. Se detallaba por cada víctima, la forma en que habían contactado con ellas a lo largo de los años, cómo habían gestado los asesinatos, y como los habían llevado a cabo. Las razonas que daban, eran las de hacer la justicia que el sistema les había negado, ya que, no sólo habían enviado a un chico de diecisiete años al hospital, sino que sus actos habían matado a una familia al completo, agravado con el sufrimiento de años de incertidumbre.
- Tenía usted razón, señor – Sally Donovan, junto a Lestrade, observaba, con los ojos algo desencajados, cómo era examinado el cadáver de Ana Wilson por los forenses. No era el primer cuerpo que veía, pero sí era la primera vez que sentía que, de haber actuado de forma diferente en días anteriores, podrían haber evitado dos muertes.
- La tenía Sherlock, lo vio antes de que fuésemos capaces de unir los puntos.
- ¿Quién es ese chico? – Ella lo miró con genuina curiosidad-, no parece ser más que un jonky demasiado entrometido, pero usted… lo trata como algo más…
La mirada de Lestrade la estudió con cuidado, era consciente de todo lo que se había hablado en los últimos días de su comportamiento con Sherlock, de su protección hacia él y de la indulgencia que mostraba con las trasgresiones de quién debía de ser sólo un detenido más. Sally era inteligente y podría llegar a ver lo mismo que él veía en Sherlock si le daba la oportunidad de apartar los prejuicios que, desde el primer momento, tenía contra él.
- Es algo así como un agente caído en desgracia – mintió –. No es de la policía, pero sus contactos y su inteligencia lo han llevado a trabajar con gente importante en el campo de la vigilancia. Ha tenido malas experiencias y no ha sabido sobrellevarlas… - decidió que una adulterada versión de la verdad que Mycroft le había confiado, era la mejor opción para intentar limar la desconfianza de la agente Donovan -. Me gustaría darle una oportunidad, aunque sé que tendrá que cumplir ciertas normas antes de eso.
- ¿Va a recomendarlo para que entre en el cuerpo?
- ¡Dios no! No obligaría a nadie a tener que meter normas en esa cabeza, sería imposible. Quiero que lo haga por sí mismo. Si apenas lúcido ha sido capaz de descifrar esto –dijo, señalando a los Wilson - me gustaría saber qué puede hacer estando en pleno rendimiento.
Sally Donovan arrugó la nariz, apartando la mirada una vez más. No iba a admitir que Lestrade tenía razón; tal como había dicho el malogrado Davis, había algo que andaba mal en esa confianza que había nacido ente el D.I. y el jonky. El tiempo le daría la razón, si Lestrade insistía en apadrinarlo poniendo en juego su carrera, llegaría un momento en que se estrellaría, y aunque no era una idea que le agradara, ella estaría allí para evitar que Sherlock arrastrase a todo el equipo del que ahora formaba parte.
- ¿Lleva mucho así?
Lestrade observaba desde la ventana del calabozo la figura de Sherlock, encogido en una bola imposible en la superficie que hacía de cama enfrentado la pared, el abrigo apretado alrededor del cuerpo y las manos bajo las axilas.
- Unas siete horas – contestó Darren -, cuando lo metimos aquí, gritó y amenazó más de una hora, pero pareció cansarse, se tumbó ahí y no se ha movido por muchas veces que lo haya llamado. Sigue respirando, lo he comprobado un par de veces…
- Bien – Lestrade apretó los dientes, iba a ser un poco más difícil de lo que esperaba su entrevista con Sherlock –. Quiero hablar con él. ¿Sería posible traer una silla?
Con algo de reticencia por parte de Darren por el incumplimiento de las normas, Lestrade consiguió estar en el calabozo, sentado en una silla observando cómo se hinchaba la espalda de Sherlock. El papeleo del Caso Wilson no había hecho más que empezar, pero Lestrade se iba a marchar a casa, aunque antes quería dejar a Sherlock fuera del NSY con objetivos claros. Se mantuvo en silencio más de cinco minutos antes de que alargase la mano y la apoyase sobre el hombro del muchacho.
- Sherlock, sé que me escuchas, así que, siéntate para que podamos hablar – hubo silencio, aunque un cambio en el ritmo de la respiración, hizo a Lestrade sonreír a medias-. Tenías razón con el autor de las muertes, autores, eran los dos. Al parecer, Anna Simmons acumuló una gran cantidad de odio contra las personas que desgraciaron la vida de su hermano. El infarto de su madre, el cáncer del padre de Toby… los culpó a todos ellos, y esperó el momento para cobrarse una venganza que creía justa. Su marido tampoco había tenido una vida fácil, así que asumió con ella ese rencor.
Sherlock comenzó a moverse, con movimientos torpes, hasta que fue capaz de bajar las piernas y mirar a Lestrade a través del cabello sucio y enredado. Los ojos enrojecidos y una expresión que podría ser dolor, tensaban el rostro cuando miró al Detective Inspector.
- ¿Y Sinwel? - la voz apenas era más que un rasguño en el aire.
- ¿Tu camello? Supongo que, simplemente, los Wilson eran clientes suyos, en su acercamiento a las victimas habrán compartido el comprador – Lestrade lo observó, buscando en Sherlock la brillantez de la que había visto pinceladas en los últimos días. El que tenía delante en ese momento era un hombre completamente derrotado, sin energías y que necesitaba desesperadamente descanso, alimento y medicamentos - ¿Por qué te haces esto, Sherlock? – Dijo, con suavidad - Eres brillante, ojalá yo pudiera tener una mínima parte de ese ingenio tuyo, de esa capacidad de ver y observar…
- No es tan mal detective.
- Comparado con el que tú podrías llegar a ser…
- ¿Me va a dar la charla en nombre de Mycroft? – El tono suave del mismo Sherlock destiló un filo de desprecio -, creía que usted no se dejaría manipular, Inspector.
- Tu hermano puede no estar tan acertado en las formas en las que quiere ayudarte, pero no soy su recadero, así que no voy a darte mensajes de su parte o advertencias de lo que ocurrirá si sigues así, pero me gustaría hacer un trato contigo.
- Ah, ahora viene el chantaje…
- Soy el hermano mayor de tres cabezotas más testarudos que tú, chantajear y negociar con ellos ha sido asignatura obligatoria – la sombra de una sonrisa se paseó por los labios de Sherlock, dando ánimos a Lestrade, que no había estado muy convencido de lograr algún avance -. En seis meses puedes conseguir una licencia de investigador privado que me permitiría consultar contigo, de vez en cuando, en casos poco comunes, eres muy bueno conectando datos que aparentemente no tienen importancia, además de seguir pistas casi inexistentes.
- ¿Investigador…?
- Detective privado. Aunque habrá un par de condiciones – se hizo el silencio entre los dos hombres hasta que Lestrade cogió aire y puso sus cartas boca arriba -. Quiero un informe de que has recibido rehabilitación y estás limpio, me da lo mismo que sea una de las clínicas que pague tu hermano o una en la que yo pueda ayudarte a entrar si no quieres acudir a él. Después me harás llegar un análisis cada tres meses de que sigues manteniéndote lejos de cualquier sustancia… recreativa. Cuando dejes de facilitarme los análisis dejaré de contar contigo, si das positivo en algún análisis, dejaré de contar contigo…. No me arriesgaré a que un criminal pueda poner en entredicho el trabajo de la policía porque uno de sus colaboradores externos que haya participado en una investigación es un drogadicto.
- Tiene en muy alta estima la tentación del trabajo de investigación, Detective Inspector.
- Te has divertido estos días – aventuró Lestrade, animado por el ligero interés de Sherlock -. Si puedes trabajar desde un verdadero despacho y no un calabozo, creo que serías un buen detective, Sherlock. Piénsatelo – Lestrade le tendió una tarjeta que sacó del bolsillo de su chaqueta, donde figuraba su teléfono y nombre "G. Lestrade" -. Si estás interesado llámame.
- ¿Qué significa la "G"?
- Averígualo –Lestrade se puso en pie, esperanzado, quería creer que William Sherlock Scott Holmes no era un caso perdido -. Darren te dará tus efectos personales, llama a tu hermano y que te recoja con uno de esos coches que él que tiene y que cree discretos, y si decides que merece la pena, no lo dudes y llámame.
El Detective Inspector Lestrade recibió una mención por el caso Wilson, tan firmemente atado y pulcramente detallado. Las tres potenciales víctimas que sobrevivieron a la venganza del matrimonio, agradecieron la dedicación de la policía que los había librado de un peligro que no sabían que existía. La agente Sally Donovan se integró como una más en el equipo de Lestrade, ganándose la confianza de éste con facilidad por la dedicación y la buena disposición que mostraba.
Del muchacho que había estado durante días siendo la sombra de Lestrade y protagonizando altercados en los calabozos del NSY por su incontinencia verbal, no se supo nada en los meses siguientes. Pasados unos días se fueron olvidando de él, excepto Lestrade, que miraba su móvil de cuando en cuando con la esperanza de recibir una llamada o un mensaje donde Sherlock accediese a seguir su consejo. Con cierta tristeza, no dejaba de recordar la mente brillante que ya daba por perdida, y aunque había veces en las que se sentía tentado de enviar un mensaje a Mycroft para saber cómo se encontraba, se contenía, ya que creía firmemente que la intervención de Mycroft no facilitaría las cosas. Con el paso de las semanas perdía la poca esperanza que tenía que acudiese a él, y comenzaba a temer que un día lo encontraría víctima de sus malas decisiones.
No fue hasta cuatro meses después que, una mañana, Sally Donovan llegó a su oficina con la cara algo pálida.
- Señor, lo buscan – Lestrade levantó la cabeza del informe que estaba leyendo.
- ¿Quién?
- No se lo va a creer.
Alarmado, se levantó para seguirla, viendo al final del departamento una figura alta, delgada, envuelta en un abrigo oscuro con el cuello levantado que desde esa distancia decía "caro". A medida que se acercaba, distinguió el cabello oscuro, rizado y malditamente limpio, Bajo el brazo del individuo, varios sobres se mantenían firmes mientras él miraba a su alrededor con la barbilla en alto.
- ¿Sherlock? – preguntó Lestrade, sin apenas creerlo. Aquel hombre había dejado en algún lugar al muchacho de meses atrás. Seguía siendo delgado, pero la piel brillaba pálida en un rostro lleno de ángulos, y los ojos tenían una seguridad que lo hizo sonreír abiertamente. Adelantó la mano, ofreciéndosela, siendo estrechaba por una mano firme enguanta en piel. A pesar de la expresión sería y ligeramente despectiva, Lestrade hubiese jurado que vio cierta alegría en los ojos y los labios de Sherlock al verlo -. Creí que no te vería otra vez por aquí…
- Me pidió ciertos requisitos la última vez que hablamos, Inspector – le extendió los sobres que Lestrade recogió sin dejar de mirarlo -. Aquí tiene lo que solicitó, así como la acreditación de Investigador Privado, la conseguí en tres meses a pesar de lo tediosa que ha resultado. Puede comprobarlo.
- ¿Te has…? Bueno, ¿estás en condiciones?
- ¿Quiere saber si me he rehabilitado? Sí, no he vuelto a consumir nada más fuerte que la nicotina desde el día que me marché de aquí ¿No era una de sus condiciones, Gavin?
- ¿Gavin?
- Gavin Lestrade.
- ¡Noooo! Es Greg
- Imposible, no tiene cara de Greg, de todos los posibles nombres que he barajado Greg no es una opción….
- ¡Sherlock!
- No pierda el tiempo, Inspector; lea, revise o archive esos informes que me ha pedido, tengo entendido que hay un caso de asesinato en el que puede necesitar mi ayuda, lleva dos días sin encontrar ninguna pista, y ya que estoy mejor vestido y más presentable que cualquiera de sus ineptos, espero que me permita acompañarlo.
La alegría que había comenzado a sentir un momento antes se fue disipando en la mirada de Lestrade, se estaba dando cuenta de que había creado una bestia con la que tendría que lidiar.
- Dios – susurró a nadie en especial -, me voy a arrepentir de esto…
FIN
