TRES WINCHESTERS Y EL FOSO DEL INFIERNO

Cap. 10: El despertar de Medusa

John

Bobby le miraba mientras le dejaba las armas que pudiera necesitar y metía el resto en la bolsa. El mensaje de su hijo mayor en el contestador le había puesto frenético. Dean jamás le llamaría por algo sin importancia y mucho menos usaría a su hermano como excusa.

- A ver, ¿qué te ha dicho el chico? – preguntó cuándo pareció que John estaba un poco más calmado.

- Nada, no me coge el móvil – murmuró – pero ya le conoces, tiene que estar desangrándose literalmente para pedir ayuda.

- El mensaje, digo el mensaje.

- Sólo que Sam está en problemas y que necesita ayuda – cogió la llave y fue al coche

- Puedo acompañarte John, dos cazadores son mejor que uno.

- No vamos a dejar el trabajo los dos, es nuestra responsabilidad ¿no? Si la cosa está mal te llamaré.

-Son treinta horas John, podríamos turnarnos, sólo digo eso – el Winchester no había pensado en el tiempo que tardaría en llegar, sólo en el problema que podrían tener sus hijos para que Dean le llamara, vaciló pensando en aceptar la oferta de su amigo – intenta llamarlo otra vez

Cogió el Motorola y volvió a marcar el número del muchacho. Iba a detenerlo después del cuarto tono antes de que saltara el contestador, pero esta vez sí le respondió.

- ¡Dean! ¿qué ocurre? – preguntó ansioso

- ¿Papá? – no era el mayor, era la voz sorprendida de Sam

- ¿Qué ha ocurrido Sammy? – preguntó aún más preocupado - ¿Y tu hermano? ¿Por qué no estás en clase?

- Dean está enfermo, ha cogido una gripe estomacal, no me ha parecido bien dejarle solo hoy, ¿por qué llamas?

- Dale el teléfono a tu hermano – ordenó, si Sam no había respondido otra cosa era porque Dean no le había dicho al chico que había llamado.

- Papá, ha estado con fiebre toda la noche, y vomitando, está destrozado, incluso deliraba.

- Sólo está enfermo Bobby, puedo encargarme yo solo – suspiró aliviado – no hace falta que lo despiertes Sam, voy para allá

- Ven si quieres, pero lo peor ha pasado. Estuvo delirando y me asustó un poco, estuve a punto de llevarle al hospital pero una amiga mía trajo a su padre, que es médico y ahora parece mejor, sólo que hecho polvo – contestó nerviosamente el muchacho, John pensó que debía haberse preocupado mucho cuando parecía tan alterado – ayer estaba desvariando sobre que la cabaña estaba llena de espíritus que querían cogerme, decía que tenía que llamarte... Espera, ¿te llamó? Papá, no lo hizo a posta, fue la fiebre…

- Entonces ¿no pasa nada?

- No, está mejor, en cuanto despierte le digo que te llame

- No Sam, ya llamo yo más tarde, entonces dices que está bien, no tiene que ver con su herida ni nada…

- El doctor se sorprendió un poco al verla, pero Dean se inventó una buena excusa

- OK, entonces me quedaré con Bobby a terminar el trabajo, solo serán un par de días más, espero – suspiró – eh Sammy, cuida de tu hermano

- Sip, tranquilo – la voz del chico sonó confiada - tened cuidado.

John respiró profundamente al colgar, y murmuró un aliviado "necesito una copa".

Sam

La cola de la farmacia era eterna. En dos días ya había venido dos veces. El padre de Rachel tenía razón, el brote de gripe había colapsado las urgencias y las farmacias. Estaba agradecido de que el hombre hubiera examinado a Dean después de salir del hospital, con lo cansado que debía estar. Quería volver a la cabaña lo antes posible, no por Dean, él estaba bien atendido. Rachel le acompañaba pero no podía pedirle a la muchacha que faltase a clase tanto tiempo.

Cuando llegó a la cabaña Dean seguía acostado, le echó el sobre de antibiótico en un vaso con un poco de agua y se preparó para avergonzarse ajenamente delante de Rachel. Su hermano mayor era una criatura cuando se trataba de tomar medicinas.

- Ey, ¿cómo estás? – preguntó compasivo, no estaba acostumbrado a que pareciera tan indefenso.

- Bien, no necesito eso – murmuró sentándose trabajosamente en la cama

- Tómatelo, todo – ordenó dándole el vaso y sentándose a su lado, iba a insistir pero Dean se lo bebió sin dudar ni un segundo

- Papá ha llamado – dijo el enfermo en voz baja

- ¿ha dicho algo? ¿va a venir? – preguntó

- Lo de siempre, le quedan un par de días – dijo acostándose de nuevo – no necesito a nadie que cuide de mi Sam, en cuanto me tome un par de porquerías más de esas y duerma veinticuatro horas estaré bien, ve a hacer lo que tengas que hacer, ve a clase.

- No parece que estés bien…

- Tengo un gripazo Sam, necesito descanso y que tú no la pilles también, lávate las manos y lárgate – gruñó

Le hizo caso, la señora Minner le había convencido de que fuera a almorzar después de clase que iba a preparar sopa para que se la trajera a Dean. No sabía cómo agradecer a los padres de Rachel que fueran tan atentos con su hermano.

- Sammy, llévate el móvil por si llama papá, yo no me voy a mover de aquí

- Vale

Se marchó a regañadientes, pero no podía hacerles el feo a los padres de su novia. La noche anterior Dean había tenido tanta fiebre que tuvo que llamar al señor Minner que le hizo meterlo en una bañera con agua fría con ropa y todo. Había pasado tanto miedo, pero Dean reaccionó y dejó de tener espasmos cuando la fiebre bajó de los 39 grados.

- Yo le he visto mejor – dijo Rachel alegremente enganchada de su brazo

- Anoche ya no sabía qué hacer, si no es por tu padre…

- En el hospital no le hubieran hecho otra cosa, y con la cantidad de gente que hay enferma hubieran tardado mucho más en atenderle, pero está mucho mejor, no ha vomitado más, yo le he visto mejor cara esta mañana.

- Vaya novio que te hace cuidar de su hermano mayor – se rió el chico

- No me importa, se nota que te quiere a pesar de ser un idiota

- Oye, no te habrá dicho ninguna tontería sobre mí ¿verdad? – preguntó, a Dean le encantaba burlarse de él avergonzándolo con historias de cuando era pequeño

- No, que va, ha estado dormido todo el tiempo, ha despertado un par de minutos antes de que llegaras – Sam suspiró aliviado, la última chica con la que salió estuvo riéndose horas cuando su hermano le contó cómo con seis años cogió la placa de policía de su padre e intentó detener a un ranchero de Texas por pegarle a un perro, y eso que no le dijo que sabía que la placa era falsa - pero, por la cara de susto que has puesto, estoy deseando que me cuente algo

- No, si no hay nada que contar…

Dean

En cuanto el chico salió por la puerta se levantó y reunió todas las armas de que disponía, no eran muchas: su navaja de plata que no iba a servir para nada, su revólver… Y encima le había dicho que se llevara el móvil. Tendría que salir y buscar al padre Jim, era al único que podía recurrir ahora.

Empezó a temblar de impotencia. Esa cría, la clase de monstruo que fuera, le había hecho esto. Cuando su padre llamó y la escuchó hablar con él como si fuera Sam, mientras lo mantenía inmóvil y mudo en la cama con un gesto… Dean sacudió la cabeza y trató de controlarse. Todo volvía a dar vueltas a su alrededor. Odiaba sentirse tan inútil, tan impotente.

Así no conseguiría ayuda, necesitaba que papá viniera, él era el mejor cazando monstruos, sabría qué hacer. Pero al enfermarle, Rachel había ganado casi una semana y cualquiera sabía lo que tenía planeado para Sam en esa semana.

Era culpa suya, debió llamar a John en cuanto Don le contó lo que sabía sobre Rachel, debió afrontar el hecho de que había tomado drogas, debió decir a su padre y a su hermano que ese último fantasma hizo algo más que obligarle a intentar matarse y no lo hizo. Se calló y ahora esa pequeña bruja o lo que fuera le tenía dónde quería.

¿Qué podía hacer? Era prácticamente un prisionero, y cuando se recobrara de esa gripe sobrenatural quizás fuera demasiado tarde.

- Tengo que salir de aquí.

Pero lo que fuera que le hubiera hecho esa bruja no le permitía salir de la cabaña. Con solo intentarlo sentía su cuerpo arder y perder toda la fuerza, incluso la necesaria para mantenerse en pie.

Se arrastró hacia el sofá temblando y se acostó en él, quitándose las lágrimas de impotencia que no había podido contener. ¿Cómo podía ser tan inútil? ¿Cómo había permitido que esto pasara?

El fantasma tenía razón, siempre la había tenido, sólo era el tercero en discordia, el relleno, el débil del equipo, el que lo ponía en peligro. Debió haberse volado la cabeza en lugar del brazo. Debía liberar a su familia de la carga que era.

- No, ¡no! ¡Arreglaré esto! – gritó para acallar la voz del fantasma, su propia voz – puedo hacerlo, puedo hacerlo ¡puedo hacerlo!

La mañana se le hizo una tortura eterna. Cuando Sam volvió, aunque seguía acompañado de Rachel casi lo besa del alivio que sintió. La muchacha se sentó junto a él en el sofá mientras Sam iba a la cocina a calentar la sopa que le había traído

- Sigue portándote bien y no tendrás ningún problema conmigo – la miró con odio y ella sonrió – no debes temer por Sam, él no corre ningún peligro, te dije que mi misión es protegerlo.

- No, esa es mi misión – volvió a sentirse inmovilizado

Siques vivo precisamente por eso – Dean no comprendía cómo no podía apartarla, darle un empujón, lo que fuera, mientras la chica parecía saber exactamente cuánto tiempo más tardaría Sam en calentar la sopa.

- ¿Qué infiernos eres tú? – masculló pensando en pensaría Sammy si volvía con la cena y la veía sentada sobre sus piernas.

- Caliente, caliente, hombrecito – se rió ella volviendo a besarle a la fuerza

_ Continuará