-Muy bien.- dijo Voldemort con una escabrosa sonrisa en el rostro- Deben saber que no deben comentar sobre esto con nadie ¿entienden? Creo haber hablado lo bastante claro.
Draco, Narcisa y Bellatrix asintieron con la cabeza y salieron de aquella habitación sin hacer ruido, para luego quedar de pie en el pasadizo, donde Narcisa pudo expresar al fin lo que sentía.
-¿Por
qué aceptaste?- preguntó Narcisa, cogiendo fuertemente
de los hombros a Draco, con lágrimas en los ojos- ¡No
tienes ni idea en lo que te estás metiendo!
-Claro que la
tengo, madre- le respondió Draco, mirándola a los ojos-
Esto es algo que quiero hacer.
-¡Porque no sabes los riesgos
que corres! ¿Crees que asesinar a Dumbledore será algo
fácil? ¿En verdad lo crees?
-No, pero estoy seguro
de que lo haré. El Señor Oscuro confía en mí,
por lo que tengo la seguridad de lograrlo.
-No, Draco, no... ¡no
sabes lo que dices!
-Narcisa, deja al chico- interrumpió
Bellatrix, mirando aquella escena con sorna- Deberías estar
orgullosa que se le haya dado tal misión.
-Esto puede
costarle la vida- le respondió la rubia.
-Déjame,
madre; yo sé como haré esto- le dijo Draco con voz
cortante, separándose de ella y dirigiéndose hacia su
habitación, donde al fin pudo detenerse a pensar en lo que
acababa de pasar.
-Yo no dejaré que le suceda algo a mi
hijo- dijo apresuradamente Narcisa al cabo de unos segundos, y se
dirigió apresuradamente a un pasadizo diferente al que tomó
Draco. Bellatrix decidió seguirla, presintiendo algo dentro de
si.
Draco llegó a su habitación y se echó sobre la cama en silencio, observando el techo haciendo funcionar su cerebro a toda máquina. ¿En qué estaba pensando? ¿Él, asesinar a Dumbledore? "Fue una estupidez aceptar esto" pensó, pero sabía que no tenía otra opción ¿Qué hubiera pasado si se negaba? Ni siquiera quería imaginárselo.
Permaneció allí, pensando. Pasaron minutos, horas, pero Draco no sentía el tiempo pasar. Su mente seguía trabajando, intentando encontrar una ligera posibilidad de...
-Draco, levántate.
Bellatrix acababa de entrar a paso rápido en la habitación donde Draco se encontraba. Este se irguió para luego sentarse en el borde la cama, mirando a si tía que se había quedado frente a él. Al parecer tenía algo importante que decirle.
-¿Qué ocurre?-
preguntó el rubio, mirándola de mala manera. Lo menos
que quería en ese momento era que lo molestaran.
-Tú
madre ha cometido una estupidez- empezó la morena, con los
brazos cruzados- Parece que la desesperación la ha
segado.
-¿Qué es lo que ha hecho?- preguntó
Draco, empezando a preocuparse.
-¡Fue a buscar a Snape!-
exclamó Bellatrix, y Draco pudo notar su indignación-
¡A ese traidor! Escucha, Draco, Narcisa le ha pedido que te
ayude en la misión, pero no confíes en él.
Draco se encontraba tan indignado como Bellatrix ¿Su madre había corrido dónde Snape para que le ayude? ¿Acaso no confiaba en él? No estaba dispuesto a aceptar tal ayuda, su orgullo no se lo permitía.
-Creí que esto era un
secreto- dijo el rubio.
-Aparentemente él ya lo sabía,
el Señor Oscuro ya se lo había dicho- le explicó
la morena- Pero eso no es lo que importa, debes evitar que se
inmiscuya.
-¿Cómo puedo hacer eso?
-Yo te
ayudaré. Snape es un experto en Legeremancia por lo que
intentará leer tu mente siempre que pueda, así que te
daré clases de Oclumancia después de tus
entrenamientos.
Draco recibió aquella noticia y no pudo evitar sonreír. ¡Oclumancia! En ese momento no le importaba todo lo que le había hecho su tía, el hecho de aprender Oclumancia podría llegar a pagar aquello. Sabía que no sería algo fácil, ya que su tía no poseía de mucha paciencia, pero eso no le importaba, en aquel momento lo que deseaba era demostrarle a su madre que él no era alguien incapaz de cumplir algo; y, después de todo, la Oclumancia puede aprovecharse para otras cosas.
-Estoy de acuerdo con
ello- dijo el rubio, y notó la sonrisa que se formaba en el
rostro de su tía. Era una sonrisa que parecía de otra
persona, muy poco natural en ella, pero en aquel momento no le
importo.
-Perfecto, cariño- respondió Bellatrix.-
Ahora, como sabrás, lo más seguro es que regreses a la
mansión con tu madre dentro de algunos días, por lo que
necesitaré que vengas aquí cada noche. Podrás
hacerlo ¿verdad?
-Yo no quiero regresar- dijo Draco,
molesto de tocar ese tema nuevamente.
-Díselo a Narcisa-
respondió Bellatrix- No creerás que le pediré
que te quedes para enseñarte Oclumancia, porque lógicamente
esto es algo que ella desconoce. Está fuera de mis manos, ya
he dado varios motivos pero se niega a escuchar, por lo que cuando
finalices tus entrenamientos con los Carrows irás a la
mansión, pero regresarás aquí cada noche sin que
te vea.
-No puede obligarme- se quejó Draco- Mi madre a
veces es tan...
-Cuidado con lo que dices, Draco- le interrumpió
Bellatrix con un extraño brillo en los ojos que Draco notó-
No creo que logres algo, así que anda acostumbrándote.
¿Entendiste lo que te dije? ¿lo que tienes que
hacer?
-Sí, creo que no tengo otra opción.
-Crees
bien- respondió la morena, y dio media vuelta para salir de
allí. En la puerta, cuando estaba dispuesta a salir, giró
su cabeza hacia Draco, que aún se encontraba en el borde la
cama observándola- Si yo estuviera en tu lugar ya tendría
un plan para la misión que te han dado. Ahora que has aceptado
no tienes marcha atrás, cariño- agregó, y salió
de la habitación.
Draco permaneció observando el lugar por el que su tía había salido durante unos segundos antes de volver a echarse en la cama, observando el techo, pensando...
