¡Casi me da un infarto! Tuve que pasar por el quinto nivel del miedo cuando quise subirles este cap, el nivel: Contraseña incorrecta... *Risamalvadadebrujadecuento* Ahora, decidi que FINALMENTE les iba aclarar lo de la relacion Sasorania (Sasori e Irania, por las dudas) por que nunca falta el review donde insinuan que entre ellos hay algo. *SoraUchiha: Yummi, flan~ *¬* Lamento ser yo quien te lo diga pero si, estas loca. ¡Yo tambien asi que no importa! Tobi no odia Irania por querer salvarlos por que, tobi NO SABE que eso es lo que trata de hacer y si Irania se lo dice igual acabarian en lo mismo por que no hay forma de que le vaya a hacer caso.

Disfruten~

Capítulo 9. Porque sería como cualquier otro día.

El silencio tenso que rodeaba el comedor ahora repleto de Akatsuki no era para menos.

Con pocas excepciones arrojaban miradas de venenosa desconfianza a su desayuno, jugaban nerviosamente con los cubiertos o sus manos mientras se miraban fugazmente entre ellos queriendo convencer al contrario de decir o hacer algo. Otros, como Itachi, permanecían con toda la gracia y elegancia de la que disponían sentados con los ojos cerrados y la espalda muy recta esperando que alguien fuese el valiente que se sacrificaría por ellos y se atrevería a dar el primer bocado. ¡Por que Jesús que ese idiota no sería él!

Deidara picaba con los palillos su porción, con su cuerpo prácticamente desparramado sobre el asiento y la cabeza ladeada con todo el peso de esta sobre su mano izquierda terminando de resentirlo su codo recargado sobre la mesa, permitiendo a su cabello caer como una cascada dorada por todos lados y cubriendo por esta vez más de la mitad de su cara. Agregándole al conjunto sus nublados y lejanos ojos azules todos pensarían que estaba mortalmente aburrido o incluso algo decaído (¿Por qué decaído? Nadie sabía y en realidad no les importaba, tan buena gente eran ellos.), la verdad era que estaba pensativo sobre varias situaciones ocurridas en un pasado no muy lejano y lo que ocurriría al respecto en el futuro, y que ni siquiera él estaba seguro sobre confiar en la comida que había ayudado a preparar.

Irania murmuraba miles de cosas muy rápido y tan bajo que aunque podían oírla nadie le entendía. Llegaron a concluir que era algún tipo de rezo, si es que sus palmas juntas frente a su rostro y este mismo ligeramente fruncido en concentración eran algo seguro de tomar en cuenta. Falta no hace decir que unos pocos no pudieron evitar pensar con cierta decepción: '¡Genial! Otro religioso.'

Al mismo tiempo que agradecía los alimentos en su mente corrían varias dudas, ya ni ella estaba segura de comer. ¡Y que nadie podría culparla! Simplemente no podía dejar tirado el que TOBI se ofreciera a llevar la comida a la mesa y lo hubiese hecho antes de que pudiese replicarle algo… pero bueno, a mal paso darle prisa. ¿No?

Sin más tomo sus palillos junto a un poco del arroz aderezado con la salsa de frutas y empezó a comer recordándose internamente que había consumido suficiente arcilla como para neutralizar a una rana flecha dorada* y que aún si eso no era suficiente, Sasori era un experto en venenos y antídotos que la amaba y jamás la dejaría morir. Extrañamente eso no logro tranquilizarla tanto como debería, pero se tragó el miedo como tantas otras veces y siguió comiendo.

Viendo esto el resto también empezó ante el distintivo coro de 'Itadakimasu', pronto el aire se inundó de exclamaciones al comprobar que no tenía tan mal sabor después de todo. Tobi cantaba de alegría al comer (sin quitarse la máscara, he de decir) y daba saltos en su lugar de la emoción. NO, de la desesperación estaba mejor dicho. Y es que no podía ser que no hubiese previsto ese hecho que ahora arruinaba su más reciente plan de deshacerse de esa plaga, y ahora incluso se había volteado en su contra. ¡Estaba en riesgo de perder a un valioso miembro! ¿Y todo por qué? ¡POR IDIOTA! Mentalmente insulto al imbécil que se había sentado en el lugar equivocado.

- ¿Si…?- Soltó Irania fingiendo atender a su conversación con Hidan, que por ser quien era no se dio cuenta y siguió hablando animadamente. Mientras muy, muy discretamente miraba de reojo a Tobi quien no se decidía por sentirse o molesto o enojado o furioso, lo que decidiera al final seguro que iba a terminar lanzándolo en su dirección. ¿Qué rayos le había hecho ella? De acuerdo, mala pregunta… ¡Pero eso no le respondía el qué lo había el hecho enfadar en ese instante! Pero algo le decía que estaba ligado con ella, ¿Con qué más si no?- ¡No tenía idea!- Se dio una cachetada mental al responder sin pensar, pero pronto resulto ser una respuesta correcta al anterior: ¿Te lo imaginas? De Hidan, estaba quejándose de Kakuzu… Otra vez.

- ¡Si! ¡Y luego el bastardo….!- Viendo un largo despotricar venir paso ahora su mirada al más joven de la organización. El más joven tapándola a ella con un pulgar.

Siempre supo que tratar con personas volátiles y aun así reservadas no era fácil, ya había tenido el placer de comprobarlo más veces de las que quisiera. ¡Mucho menos lo sería con estas personas, obviamente! Pero tenía un mal presentimiento, uno que sólo había tenido en tres ocasiones sin contar la actual:

° La primera fue cuando toda la familia (inclúyase primos, tíos, amigos extranjeros y otros) había ido a parar en un restaurante campestre de birria de cordero a media montaña, sintiendo aquella emoción inexplicable, sorprendentemente, se abstuvo de probar bocado… ¡Y menos mal! A la mañana siguiente fue la única capaz de salir al pueblo a buscar un médico, o salir de la cama incluso.

° La segunda fue menos agradable. En la parte más alta de un cerro ella y sus compañeras esperaban en el reciente sendero de tierra junto a su sargento y su comandante, vigilando todas a las más pequeñas, a que un par compañeras temporalmente al mando volvieran de hacer expedición para hallar un camino válido para bajar…. Minutos más tarde sólo una de ellas volvió, asustada. ¡No! No murió por suerte, pero en verdad que había sido difícil bajar al barranco para subirla y luego seguir buscando un camino para volver, todo teniendo que cargar a la herida (que no era sencillo en ese terreno) que lloraba sin consuelo y calmar a las pequeñas a las cuales sólo asustaba más y más sus lloriqueos. ¡Qué sólo eran unos raspones, hombre!

La tercera era aún demasiado dura para traer a la memoria, y mientras prefirió tratar de entender lo que le ocurría al muchacho.

Decaído, confundido, esperanzado, horrorizado, preocupado, optimista y luego decaído de nuevo. Esas eran sus emociones principales en ese instante, que se repetían una y otra vez con muy pocas variaciones en el orden con el que surgían mientras Deidara seguía pensando. ¡Y ella no estaba sacando provecho alguno! ¡Perfecto! Podría ser cualquier cosa, cualquiera, la que pasara por su mente… No tenía ninguna pista ni mucho menos estaba en orden ir y preguntarle directamente.

En algún momento Deidara notó la presencia de su mirada y desvió la propia para encontrarse con la de ella, sonrió amplia y amigablemente, pero en vez de que le sonriera de vuelta como había pasado hasta entonces se decidió por fruncir el ceño desdeñoso e invertir su posición para darle la espalda al volver a comer sin ánimos y con la cadena de emociones repitiéndose esta vez más rápido.

Apretando con fuerza desmedida los palillos de madera, que crujieron en reclamo por ello justo antes de que los rompiera con un 'clack'. La expresión de Irania de descompuso con el tic nervioso no solo en su parpado inferior, sino en todo su ojo derecho. Volviendo su sonrisa y faceta amistosa en una forzada mueca torpe y graciosa. ¿Solamente qué MIERDA había sido eso?

- Hijo de la…- Gruño bajo enterándose de su desliz apenas a tiempo de detener el insulto.

- ¡Lo sé!- Exclamó Hidan a su lado.- El maldito avaro es un puto cabrón.- Agradeciendo de nuevo por la presencia del distraído Hidan a su lado, se dedicó ahora sí enteramente a la conversación mandando a la coña todo lo demás. ¡Podrían esos dos arreglárselas sin ella por un día! Ya lo habían hecho por toda su vida.

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Tenía calor, calor y nauseas. Ya sabía el que era demasiado bueno para ser verdad, ahora la comida le había caído mal al estómago… Con un gruñido de molestia apuro el paso a su habitación a donde una vez llego azoto la puerta queriendo estar solo y se recostó bocarriba sobre el fresco futón, corrió sus manos por su cara y suspiró al sumársele ahora a sus malestares un dolor de cabeza que anunciaba feliz y sin pena que no se iría pronto… Ya tenía suficiente con sus dilemas y problemas personales como para que ahora esto se le viniera encima.

Giro lentamente antes de decidirse a dormir esperando encontrarse recuperado una vez despertara.

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Se recostó en la hierba mirando el cielo y siguiendo el lento movimiento de las nubes, respiró profundo el aire casi puro al cerrar los ojos y entregarse a la sensación de vida a su alrededor. El viento soplaba suavemente acariciando las flores, los árboles, la hierba, la superficie de las rocas y a ella, un saltamontes no muy lejano canto alegre cuando la brisa meció el grueso tallo al que iba aferrado, con la misma alegría dio un salto temerario pero nunca cayó a tierra firme…

- No hagas eso. No se juega con pelotas en la casa.- Reprimió sin siquiera levantar la mirada de su grueso libro, a un niño que iba pasando corriendo junto a ella.

- Lo sé.- Respondió este, dejo caer el balón que boto un par de veces antes de rodar hasta sus pies y desvanecerse antes de siquiera tocarla, mientras tanto el pequeño se había ido a donde estaban otros y empezó a golpearse la cabeza con un bate.

Corría sobre la arenisca grisácea queriendo darse prisa y teniendo que ser muy cuidadosa de que sus pies no se hundieran o tropezaran con ella, especialmente ahora que el camino era tan inclinado, dando saltos y bailando para librar las irregularidades aparte del terreno. Bufando cada vez que tenía que acomodarse la gorra del uniforme para que la visera no le tapara la vista.

Alguien la llamó y mencionó también algo más que no alcanzó a escuchar, frenó en seco y giró su torso para mirar a los dos muchachos tras ella, aunque la visera había caído de nuevo con el movimiento sin permitirle ver más allá de los hombros a su acompañantes, esta vez no se molestó en devolverla a su lugar.

- ¿Qué cosa?

Los chicos dijeron algo de nuevo indescifrable y sin saber por qué asintió casi mecánicamente antes de darse la vuelta empezando de nuevo a correr, con ambos jóvenes caminando tras ella que a pesar de la diferencia de velocidades no se quedaban atrás pero tampoco se acercaban. Corrió más a prisa cuando visualizó las rejas de la entrada y tropezó…

Se sentó como resorte cuando sintió algo rozar su mano derecha.

- Hmmm… ¿Qué ocurre chico?- Murmuró tallándose un ojo para espantar el sueño y enterándose con el otro que ya atardecía, se había quedado dormida.- ¿Ya quieres volver?- Karin se deslizó hasta meterse entero dentro de un bolsillo de su chamarra.- Igual ya va siendo hora.- Se las arregló para ponerse en pie, descolgó la toalla ya seca de una rama baja y emprendió el camino de vuelta a la guarida.

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No se supone que hubiese ocurrido así, no se supone que hubiese habido problemas…

Era ya el atardecer y dado que todos se habían ido para cuando había terminado su siesta, se encontraba mortalmente aburrido. ¡Entonces se le ocurrió la excelente idea! Iría a molestar al chiquillo ese.

- ¡Oye chico!- Aporreó la puerta de su habitación esperando ser recibido con gritos y amenazas, pasó largo rato pero nadie abrió.

Sólo llegaría y lo fastidiaría hasta el hartazgo como todos los días, sólo eso iba a ser…

- ¿Chico estas ahí?- Canturreó al abrir lentamente la puerta, aunque estaba desconcertado más que emocionado al momento. Asomo finalmente la cabeza al interior, sus pequeños ojos se abrieron de manera que debería doler al encontrarse con la imagen interior.

Sólo quería que fuese un día normal y como otro cualquiera…

- ¡Ayuda! ¡Itachi-san!

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Al momento mismo de entrar supo que algo andaba mal, eran el silencio y la calma del lugar lo que se lo indicó, era sencillo notar esa sensación de soledad. Sus ojos viajaron con velocidad por todo el recinto avispados a cualquier señal de vida.

Sin confiar en lo absoluto dio su primer paso fuera de la gruta, sólo la punta de su pie derecho era observado tras salir de la oscuridad. Lentamente deslizo el resto de su cuerpo en una posición por demás curiosa, los brazos cayendo relajados con naturalidad a los lados preparados para cualquier cosa, el peso de su cuerpo era totalmente soportado por las puntas de sus pies sobre las que se movía, los tobillos y rodillas flexionados. Miraba hacia los lados lentamente y afilando el oído, preparada para todo, al seguir avanzando agazapada, lenta, pero segura por la estancia.

- ¿Qué estás haciendo?

- ¡Ghyohuaaaa!- Con ese alarido de guerra no fue muy consiente de cuando (o como) había terminado subiendo de un salto al respaldo de un sillón del que se sujetaba solo con las puntas de los pies y encarando al intruso al que amenazo de inmediato con gruñidos.

- ¡Diablos! No, ahora sí ¿Qué rayos estás haciendo?- Se enteró entonces que no era otro que Tobi, recargado contra la pared. Dejo de gruñirle y mostrarle los dientes de inmediato, sintiéndose de paso una com-ple-ta idiota.

- Oh, sólo eres tú.- Bufó recargándose por completo en sus ancas, doblando su rodillas y tobillos al máximo. Sin intención alguna de bajar de donde estaba.- Es tú culpa, me asustaste. ¿Dónde están los demás?

- Eso mismo venía a decirte.- Calmadamente se separó de la pared y avanzó un par de pasos.- Pain y Konan fueron a la aldea a atender unos asuntos políticos, Zetsu está en una misión de espionaje…- Mientras continuaba hablando bajó al suelo de un salto y se acercó también un poco abandonando lentamente su posición, caminando normalmente de nuevo.- Kakuzu y Hidan fueron enviados a un pueblo lejano a traer víveres.

- Ya era hora.- Él ignoró su comentario y siguió.

- Sasori decidió unírseles, para reponer ingredientes si es que me quedo claro. Sólo estamos aquí Itachi, Kisame, Deidara…- Avanzó con cada nombre hasta que no hubiese más de un metro de separación entre ellos.- Y tú y yo…- Apenas un paso de separación. Su pupila carmesí brillaba a través del oscuro agujero de su máscara, mirándola.

- Bien, gracias por decírmelo. ¿Hay algo más que deba de saber?- El negó lentamente.- En ese caso y en vista de que esto aún no acaba, ¿Qué es lo que quieres saber tú?

Hubo un silencio en el que Obito contempló las posibilidades y ordeno sus ideas, mientras Irania sólo esperaba al siguiente golpe.

- En el desierto.- Empezó. Irania alzó una ceja al arrojarle una mirada de desconfianza.- Estabas muerta…- El único signo de su tensión fueron las uñas de su mano derecha incrustarse en su palma, el gesto no fue notado por el Uchiha que buscaba rastros de emoción en su rostro.- Y entonces, estabas de vuelta. ¡Así como así! En el transcurso de un parpadeo. ¿Cómo fue exactamente que…?

- ¡Ayuda! ¡Itachi-san!

No se movieron, se observaron aún unos segundos con el eco de aquel llamado flotando en el espacio antes de que Irania se decidiera a romper el contacto para salir corriendo al laberinto de pasillos a buscar la fuente de los gritos.

- ¡Itachi-san! ¡Tienes que venir a ver esto! ¡Ayuda… alguien!

Si los gritos histéricos de Kisame, un guerrero forjado, un soldado en toda regla, un asesino desalmado que siempre disfrutaba de una buena pelea ya eran por si solos alarmantes, se preocupó un poco más cuando realizó que el sonido de estos la guiaban a la habitación de Deidara. Sólo podía pensar en que esperaba que alguna de sus discusiones no hubiese terminado llegando a una pelea mayor.

- ¿Qué hacemos?- Gritaba Kisame al fondo del pasillo, tomó por los hombros a Itachi y lo sacudió con un tanto cómica desesperación.- ¡Tú eres el genio! ¡Haz algo!- Todo justo fuera de la habitación del artista.

- ¡Kisame-san! ¡Itachi-san! ¿Qué ocurre?- Exigió saber patinando para frenar su carrera.

- ¡Es Deidara! Él, él…- Y mientras Kisame intentaba encontrar la forma de destrabar su lengua, decidió entrar a averiguar cuál era el problema ella misma.

Sí, algo estaba mal, Deidara estaba muy mal.

Sólo necesitaba verlo sobre su futón cubierto de sudor, temblando y con una mueca de dolor grabada a impresora láser en el rostro, con los ojos apretados e igual sus labios, para saberlo. Extra el sentimiento de miedo e impotencia que emanaba en todas direcciones, como tratándose del hedor de un cadáver putrefacto, solo por si no le había quedado bien claro.

Se abalanzó sobre él para iniciar una inspección, de nada le servía sucumbir al pánico como Kisame quien iba de un lado al otro del pasillo halándose los cabellos y hablando consigo mismo.

- Está convulsionando.- Habló Itachi entrando al lugar dejando a su compañero atrás.- ¿Le sujeto la… las lenguas?

- ¡Oh! ¡Tobi lo hace, Tobi lo hace!- El enmascarado se agitaba hincado tras ella dándole el suficiente espacio personal. No había que preguntar nada, la había seguido hasta ahí.

- Háganlo si es que quieren perder un dedo o dos. No los detendré.- Contestó ligeramente ausente al continuar su revisión.

- Je, je…- Rio nervioso el enmascarado rascando su nuca.- Pero por otro lado… ¡Estoy seguro de que sempai es muy valiente!- Cruzó los brazos y asintió un par de veces.

- No esta convulsionando, está en shock.- Anunció tras un momento, empezando una nueva revisión para hallar la causa.- Pupilas dilatas, los músculos están tensos.- Tras revisar los ojos fue palpando diferentes partes de su cuerpo. (¡NO! Sólo es una revisión médica, no se emocionen todavía)- Deidara, ¿Puedes entenderme?- El ligero temblor en sus ojos y el débil gruñido fueron las respuestas que necesitaba.- Trata de seguir mi dedo con tus ojos.- Lentamente movió el índice de un lado al otro, lo que obtuvo fue ver su iris azul agitarse como loco de forma tétrica al empeñarse en la tarea pero fue 'en su lugar', no podía hacerlo. Un jadeo ahogado de cansancio se las arregló para escapar a los apretados labios del rubio.- Bien, ahora…- Tomo sus manos con suavidad.- Trata de cerrar tus dedos sobre los míos.- Casi de inmediato pudo sentir los espasmos irregulares y débiles de sus músculos.

Lo intentó, se esforzó en serio lo hizo… ¡Pero no podía hacerlo! Ni siquiera se atrevía a asegurar que sus dedos seguían ahí, o sus manos. Asustado emitió un quejido tan bajo que apenas él se escuchó y se sintió todavía más impotente.

- Está bien, está bien. Tranquilo.- Susurró tratando de calmarlo. Su miedo estaba empezando a afectarle también, y no era lo que uno llamaría una sensación agradable.- Las funciones motoras no responden correctamente.- Concluyó. Acarició su frente y cuello.- La temperatura corporal es muy elevada.- Le abrió, no sin un poco de esfuerzo, la boca.- Nada especial aquí. La lengua parece un poco hinchada.- Se agacho sobre él para casi pegar su cara a la suya escuchando su respiración, repitió el proceso sobre su cuello.- Respiración costosa, posible inflamación de la tráquea y los bronquios.

Siguió indicando tanto a los otros como para ella, repitiéndolo en voz alta con temor de olvidar cualquiera de los síntomas que encontraba. Kisame finalmente se había asomado a la habitación deteniendo su andar nervioso (aunque sus dedos tamborileaban insistentemente contra el marco de la puerta) incluso Tobi se había quedado quieto y en silencio, tratando de entender todo lo que decía. Itachi sólo esperaba a un diagnostico final.

Retiro su mano izquierda del pecho del muchacho y soltó su muñeca, que era sostenida por la derecha.

- Deidara, escucha. Te voy a hacer unas preguntas, si la respuesta es 'si' necesito que te quejes como lo hiciste hace un rato, si es 'no', no digas nada. ¿Entendiste?

- Ugh…

- Bien. ¿Te sientes mareado o con nauseas?

- Huh…

- ¿Te duele el estómago o te sientes con problemas de indigestión?

- Gah…

- De acuerdo.- Tomo las manos del rubio una vez más y les dio un apretón firme pero suave.- Tranquilo, ¿Si? Todo va a estar bien.

- ¿Qué es lo que le ocurre?- Interrumpió Itachi al empezar a impacientarse. Se arrepintió cuando Irania clavó sus ojos en los suyos con una expresión limpia de cualquier sentimiento. Tenía que admitirlo, mirarla a los ojos era una sensación extraña.

- Intoxicación por ingesta.- Su voz era tan neutral como su expresión. Aun así apretó un poco más las manos de Deidara entre las suyas, consciente de lo que podría ocurrir al terminar su enunciado.- Y es grave.

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- ¡Tobi ya basta!- Explotó Irania.

Desde hace momentos que el enmascarado no paraba de correr por la estancia con las manos al cielo gritando y lloriqueando, lamentándose de la desgracia de su sempai y asegurando que el mismo no lo lograría e irremediablemente moriría.

- ¡Escúchame!- Lo agarró con fuerza desmedida de los laterales de su cabeza y lo hizo agacharse hasta que quedara a su altura.- Responde. ¿Quieres, en verdad quieres ayudar a tu sempai?- El chico asintió ansiosamente.- Entonces escucha. Ve al bosque a buscar unas flores azules con espinas rojas, crecen en enredaderas. Encuéntralas y traes todas las que puedas, ¿Está bien?- Esta vez asintió con más fuerza.- ¡Ve! ¡Vamos! ¡Ve y date prisa!- Lo apuró con los brazos.

- ¡Si, si, si! ¡Tobi salvará a sempai~!- Su chillido se perdió a la distancia cuando salió disparado a la salida de la guarida.

- Bien, ahora que ya nos deshicimos de él… ¡Kisame-san!- El hombre todavía tan nervioso (que si te fijabas bien, podías compararlo con una maraca) se tensó un instante cuando escuchó su nombre. '¿Si…?'- ¿Puede traer a Deidara-san aquí? ¿Y recostarlo en el sillón grande?- Su mano señalo el lugar al momento en que la cabeza del tiburón se agitaba en afirmación.- Hágalo por favor. Itachi-san, ayúdeme en la cocina.- Ambos se dirigieron en la dirección con Kisame ya fuera de vista.

- ¡Aquí lo traigo!- Kisame había vuelto con el sufriente en brazos justo cuando los otros dos aparecían de vuelta cargando toallas, leche e Itachi un recipiente con agua fría.

- En el sillón, en el sillón.- La mano de Irania volvía a señalar el lugar cuando capto que el hombre solo se había quedado ahí parado sin saber qué hacer. ¿Cómo se le había olvidado lo que le menciono hace no menos de un minuto?

- ¿Y ahora qué?- Cuestionó Itachi, cuando los tres observaban a Deidara temblar más fuerte.

- La parte fea, creo…- Ambos hombres la miraron con un toque de desconfianza.- Hay que desvestirlo.

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- Esta es una de las peores tormentas que he visto en el área.- Fue el tosco anunció de Kakuzu sentado en lo profundo de una caverna dándole la espalda a la entrada de esta, su rostro era aterradoramente iluminado por la pequeña fogata que habían logrado encender.- Nos retrasará varios días.

- ¿¡Eh!? ¡No me jodas Kakuzu!- Renegó Hidan. Después paso a murmurar molesto.

- ¿Estarás bien Akasuna?- Sus ojos verdes se deslizaron a la figura del pelirrojo cuando decidió ignorar a su compañero.

Sasori recostado contra la pared de piedra miraba con ojos brillantes de furia al cielo en el exterior.

- ¿Por qué no lo estaría?- Masculló. El tesorero alzó los hombros despreocupadamente.

- ¿Quién sabe? Por cierto, puedes fusilarlo con la mirada tanto como quieras. Nada va a cambiar.- Sasori apretó los puños con fuerza pero no dijo nada.- Además, ¿No hay alguien esperando por ti en la guarida?

- El mocoso ese puede estar sin mí un buen rato.

- No hablo de Deidara.- Si Sasori estaba confundido lo ocultaba muy bien.

Su rostro volvió a mostrarse como la mayor parte del tiempo al girar para fijar su vista en Kakuzu.

- ¿De qué estás hablando?

- Esa chiquilla, ese… cargo extra. Estará esperando por ti, me imagino.- Un aullido de Hidan atrajo la atención a sí mismo, una sonrisa pícara pintada en todo lo que se llamaba cara.

- Oh, ya entendí. ¡Ya entendí!- Exclamó incluyéndose en la charla.

- Pues explícame. Que yo todavía no entiendo nada.

- Eh~ Vamos. ¡No te hagas el desentendido!- Hidan ensancho su sonrisa y alzó las cejas un par de veces.- Irania y tú…- Decidió terminar con una serie de gestos sugestivos, de acuerdo, algunos fueron tan sugestivos que llegaron a lo vulgar.

Hidan se detuvo en seco al percibir el aura oscura que rodeo al pelirrojo y trago duro cuando vio su rostro enojado.

-Hidan-san, te voy a hacer una pregunta que espero y resuelva tus dudas. ¿Tú te acostarías con tu hermanita?

Dejo que el albino sonriera nervioso al comprender mientras se alejaba a lo más profundo de la cueva. Una pequeña sonrisa burlona apareció en los labios del tesorero cuando Hidan suspiro después de que el pelirrojo se perdiera. Si bien, nadie lo notó.

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-Se ve mejor.- Comentó Itachi tras mirar rápidamente a su compañero.

En ropa interior, todo su largo cabello (junto al mechón que solía cubrir la mitad de su rostro) había sido tomado en una coleta alta y con la mirilla telescópica retirada dormía, aunque en su lugar ahora se encontraba un parche quirúrgico. La explicación por parte de Irania había sido que, como no estaba acostumbrado a no usarlo, si en algún momento le dada por abrir ese ojo se marearía y podría terminar vomitando, algo que no sólo ella prefería evitar.

El sudor perlaba en abundancia su cuerpo tembloroso. El silencio ya no era más un problema gracias a los silbidos roncos y por demás desagradables que emitía si su pecho se elevaba y si bajaba también, añadido el rugido lejano de una fina y tranquila lluvia.

-Se ve mejor, porque está mejor.- Habló Irania desde su posición sentada en el suelo con la espalda alta recargada en el sillón y su cabeza echada hacia atrás reposando en el siento junto a la del rubio. Sus ojos estaban cerrados. Claro, la palabra dormir ya no formaba parte de su vocabulario por el momento.- Pero continua en riesgo.- Admitió.

Vacilante, se sentó igual en el suelo junto a ella. Dejando algo de espacio entre ellos. Le extendió una taza de té humeante que ella recibió con un quedo y cansado 'Gracias', para darle un sorbo antes de mandarla al olvido junto a ella en el suelo, mirando distraída en mueble del otro lado de la sala. Tallo sus sucias manos de tierra de igual forma, había ido hasta a su habitación para buscar su propia ración de arcilla, la cual le obligo a Deidara que tragara junto a la leche. Con suerte y aun estarían a tiempo para neutralizar algo del veneno, toxina… ¡O lo que fuera!

-Sasori volverá pronto. Él podrá sanarlo.- Le aseguró. Un monosílabo resignado fue toda su respuesta.

Pasaron hasta cuatro minutos para que al, aún reluctante, Uchiha se le ocurriera como iniciar una conversación que con suerte y duraría un poco más.

-No sabía que fueras del tipo médico.- Comentó en tono casual.- Quiero decir, tu apariencia grita de todo menos 'doctora'. Yo mismo llegué a pensar más de una cosa de ti.- Tras su confesión, no quiso intentar explicarse siquiera. Captó con el rabillo del ojo que ella se encogía de hombros.

-No todo es lo que parece. Las apariencias engañan.- De nuevo hubo silencio, al menos entre ellos. La pesada y silbante respiración de Deidara llenaba ese espacio.- Por cierto, tendrá que ponerse a pensar de nuevo Itachi-san. Porque médico…- Tomo de nuevo la taza de té que le fue ofrecida dispuesta a vaciarla en cuanto acabase de hablar.- No lo soy.

PERDON, PERDON, PERDON, pero no pedo pasar mucho tiempo sin poner a alguien en riesgo de muerte.

* Rana flecha dorada: MENTIRA TOTAL. Nada, lean bien NADA puede contra el veneno de la rana flecha dorada. La arcilla se usa desde tiempos antiguos para neutralizar venenos, como sea yo NO recomiendo que salgan fuera de su casa y se coman un puñado de tierra del jardin de enfrente, lo que si les recomiendo serian unos buenos grillos asados (no atacan venenos pero son SABROSOS)

Feliz año nuevo! XD y plis, plis, plis, plis, plis, plis~ DEJEN REVIEW, hay un boton aqui abajo ¿saben?

Nos vemos luego, bye~