Rompecabezas

Me estaba empezando a arrepentir de haber abierto mi álbum de fotos el día anterior. Desde entonces, Quinn no ha parado de meterse conmigo de todas las formas posibles; estoy conociendo una parte de Quinn un tanto pesada y cargante pero que a la vez me divierte.

-¿Y si te dejo mi puzzle?

-Quinn, ya hemos hablado de eso… Espera, ¿tienes un puzzle?- pregunté incrédula.

-Britt me trae muchas cosas que ella cree que son imprescindibles para matar el tiempo. Es de 5.000 piezas, pero nunca tengo la suficiente paciencia para esas cosas- se encogió de hombros con la fregona en la mano.

-¿Qué más cosas escondes en la celda?- miré curiosa.

-Muchas cosas… Si me enseñas las fotos, prometo contártelo- puso pucheros.

-No sigas por ahí. ¡Y no me pongas esa carita de puchero!- exclamé un tanto cansada por la insistencia. –Además, tenemos que terminar esto- señaló los baños.

-No te pongas así Rachel. Ya sé que es desagradable esta tarea, pero es lo que toca; ya verás cómo lo terminaremos enseguida.

-Creo que después de esta experiencia no voy a ser la misma.

-Si quieres probar experiencias nuevas, me avisas.

¿A qué ha venido eso? Me suelta eso, se da la vuelta y sigue limpiando. Creo que lo hace a posta para ponerme nerviosa; le gusta verme en ese estado, pero ésta es la última vez que me va a pillar así.

-¿Qué has querido decir?

-¿De qué hablas Rachel?- me sonrió.

-No, no me sonrías, sabes perfectamente a lo que me refiero- me enfadé.

-No te enfades, es sólo que me gusta picarte de vez en cuando. No es nada por lo que preocuparse.

Justo en el momento que me disponía a seguir atacándola, entró el agente Hudson a estropear el buen día que estaba llevando, a pesar de las pequeñas bromas de Quinn.

-¡Fabray! El agente Weston te está buscando- gritó mientras me miraba con cara de loco.

-Tengo que terminar la tarea- la vi tensarse agarrando el palo de la fregona con fuerza.

-¡Es una orden Fabray! Weston te espera en tu celda, no me hagas llevarte por las malas- sacó su porra.

Miré con ojos suplicantes a Quinn, pues no quería que saliera molida a golpes de nuevo y por mi culpa. Quinn pareció entender mi mensaje porque, aunque fue a regañadientes, dejó la fregona y salió fuera con el ceño fruncido.

El agente Hudson esperó a que la puerta se cerrase de golpe para volver a dirigir su mirada hacía mí. Con paso lento se fue acercando y juraría que no estaba teniendo un buen día; lo imaginé por la cara de cabreado con la que se acercaba a mí. Inconscientemente, fui dando pasos hacia atrás sin quitar la vista de Finn, hasta que choqué con la pared del fondo de los baños.

-Se te acabó la pared- exclamó aún más enfadado.

-¿Qué quieres?- pregunté con voz temblorosa.

Finn me agarró por los hombros fuertemente y acercó su cara muy cerca de la mía. Noté como los ojos se le iban a salir de la rabia que tenía contenida en ellos y empecé a notar cómo los huesos de la espalda se presionaban contra la pared debido a la fuerza que Finn ejercía, con sus manos, sobre mí.

-¡Ahora no te hagas la despistada!- gritó agitado.

-No sé de qué me hablas- respondí asustada.

-No soporto las insubordinaciones. Será mejor que Fabray y tú os portéis bien si no queréis vérselas con mi amiga- me dijo llevándose las manos a la porra que colgaba de su cinturón. –Nunca doy segundas oportunidades, pero contigo haré la excepción.

Noté cómo las manos del agente iban aflojando y su cara fue separándose de la mía lentamente, mientras seguía amenazándome con esos ojos y esa sonrisa de superioridad.

-¡No la toques agente Hudson!- gritó Marley desde la puerta.

-¿De qué estás hablando, agente Rose?- preguntó ya a una distancia considerada de mí.

-Yo… pensaba que…- agachó la cabeza avergonzada.

-¡Pues pensaste mal!- gritó enfadado. –Acusar a un compañero es una falta grave- dijo con aires de superioridad.

-Lo siento Hudson, no volverá a ocurrir.

-Más te vale si no quieres que te abran un expediente y salgas de patitas a la calle- soltó pasando por el lado de Marley para salir del baño.

¿Qué ha pasado aquí? ¿Por qué Marley ha salido en mi defensa? ¿Cómo sabía ella que yo estaba aquí? Cuando me vine a dar cuenta, Marley ya había salido por la puerta y no me apetecía permanecer más tiempo en esos baños que tan malos recuerdos me proporcionaban por segunda vez. Caminé con paso acelerado, dirección a mi celda, rezando para que Quinn estuviese bien.

No tuve que recorrer mucho trayecto para encontrarme, a lo lejos, con la agente Rose, que discutía con Quinn en la puerta de mi celda. Fui acercándome, poco a poco, con la intención de poder escuchar algo de aquella acalorada conversación que estaban manteniendo ambas.

-¡Escúchame bien Quinn!- gritó Marley.

-Por favor Marley, tranquilízate- intentó calmarla Quinn.

-¡No me pides que me calme! ¡Por tu culpa casi me abren un expediente y me echan a la puta calle!

-Lo siento, pensaba que iba a hacer algo malo y…

-¿Qué coño te pasa con Berry? ¿Tan importante es?- preguntó alterada.

-Ya te dije que…- se calló al verme venir.

-¡Vosotras dos!- nos señaló la agente. – ¡A vuestra celda! Os vais a quedar en la celda lo que queda de día; no quiero más problemas.

-No te pases Rose- escuché cómo le murmuraba Quinn.

-¿No entendéis una orden?

-Sí, agente, y gracias- tiré de Quinn para que dejase de desafiar a Marley.

No había dado dos pasos al interior de la celda cuando noté el cuerpo de Quinn abalanzarse sobre el mío. Al principio me asusté, pues no me esperaba esa reacción por parte de mi compañera.

-¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo?- preguntó atropelladamente.

-Sí, tranquila, estoy bien. No me ha hecho nada- me sorprendí por la reacción.

-Menos mal- suspiró aliviada.

-Sólo me amenazó sobre el incidente del otro día en la cocina.

-¿Qué más te dijo?- preguntó curiosa.

-Que él no suele dar segundas oportunidades, excepto conmigo.

-El muy cabrón va a ir a por ti- noté cómo Quinn apretaba la mandíbula.

-Tranquila Quinn, intentaré estar siempre rodeada de gente o contigo.

-¿Y si pasa lo mismo que antes? ¡No voy a poder protegerte!- soltó agobiada.

-No va a pasar nada. ¿Qué me puede hacer? Si yo no me meto con nadie…- pregunté.

-Tú no lo conoces. Desde que entré aquí he estado observando lo que les hace a las reclusas aquí dentro- comenzó a explicarme caminando de un lado a otro de la celda.

-¿Qué pasa con él?- pregunté curiosa por la historia.

-Las reclusas me cuentan que abusa de las chicas. Con eso de que tiene poder, las amenaza con matarlas para que no hablen.

-Vaya…

No se me ocurrió otra expresión más coherente que decir, pues el dato que me acababa de revelar Quinn sobre el agente Hudson me parecía algo sacado de una película de terror. Me imaginé lo cerca que había estado de mí ese sádico apenas unos minutos antes y tampoco podía imaginar lo que pudiese haber hecho si Marley no hubiese entrado en ese momento. Ahora que tenía la certeza de que se había obsesionado conmigo, no iba a tener escapatoria de él; tenía que encontrar una solución y muy rápido, si no quería acabar como muñeca de uso de ese pervertido.

-¿Qué te apetece hacer hasta la hora de cenar?- cambió de tema al verme la cara de pánico.

-No creo que se pueda hacer muchas cosas en estas cuatro paredes- contesté con la mente aún puesta en Finn.

-Me podrías ayudar con los puzles, si te apetece- dijo mientras sacaba unas cajas de detrás del escritorio.

-¿Qué tienes guardado ahí?- me llamó la atención.

-Cosas que me trae Brittany para pasar el tiempo, ya te lo dije antes. Elije: familia de gatos o el de hadas y unicornios con…- se quedó pensativa. –Con animales extraños- soltó con una sonrisa.

-El de la familia de gatos.

-El favorito de Britt- espetó guardando el otro en su sitio.

-Tu hermana te trae muchas cosas-.

-Sí, me trae puzles, cartas, dibujos hechos por ella, fotos… Incluso tengo su peluche de unicornio- sonrió recordando a su hermana.

-La quieres mucho, ¿verdad?- pregunté abriendo la caja para sacar las piezas.

-Se puede decir que es la única de mi familia que me apoya con todo esto- agachó la cabeza algo triste.

-¿Tus padres? Y… ¿Tú hermano?- pregunté sorprendida.

-A mi hermano supongo que no le sentó muy bien la noticia y quiso mantenerse al margen. Y mis padres…- enmudeció.

-No me cuentes de tus padres si no quieres- comenté al verla tan apurada.

-Gracias Rachel, la verdad es no me apetece hablar de ellos ahora- volvió su sonrisa, aunque algo más apagada.

Durante un buen rato, estuvimos intentando armar el puzle de la familia de los gatitos de Britt. Pude fijarme la poca paciencia que tenía mi compañera con este tipo de entretenimientos. Me quedé observando sus gestos cuando una de las piezas no lograba encajar en el hueco que ella creía el correcto; fruncía el ceño y miraba con mucha intensidad la pieza, como si por arte de magia fuese a encajar por mirarla de aquella manera.

-No creo que esto sea lo tuyo- dije conteniendo la risa.

-¿A qué te refieres?- preguntó con la pieza de puzle en la mano.

-A eso- señalé su mano.

-Ya te dije que no tengo mucha paciencia con los rompecabezas- lanzó la pieza al suelo donde estábamos armando el puzle.

-No te enfades tan pronto- intenté convencerla para que volviese conmigo.

-No se me dan muy bien estas cosas- se subió a la litera.

-¿Eres así con todo?- pregunté enfadada por la reacción de Quinn.

No sé si formular esa pregunta había sido buena idea. Sólo con acabar la frase, noté cómo Quinn saltaba de la litera con el ceño algo fruncido. Al principio, no le di importancia hasta que vi cómo se acercaba más seria de lo normal hacía a mí.

-¿Quieres saberlo?- me preguntó acercándose a mí.

-Yo.. yo.. no quería decir- tartamudeé debido a la cercanía de la rubia y a sus ojos penetrantes.

-Cuando quieras te demuestro de lo que soy capaz- me susurró al oído.

No sé si fue por la tensión del momento, por la intensidad de la mirada de Quinn o porque ya todo en ésta cárcel me afecta el doble, pero noté la voz de Quinn como la más sensual que había escuchado en mi vida. Cuando sentí que se separaba de mí, las piernas me temblaban y no podía quitarme el tono de voz de Quinn de mi cabeza. En mi mente resonaban sus palabras: "Cuando quieras te demuestro de lo que soy capaz".

-¿Cómo qué?- el subconsciente me jugó una mala pasada.

-No sé si estás preparada para eso- me guiñó el ojo antes de girarse.

-¿Y qué pasa si te digo que sí?- la boca me estaba perdiendo.

-No juegues, Rachel Berry, si no te quieres quemar- sonrío para volver a subirse a la litera.

Iba a volver a soltar otra lindeza por mi boca, pero consideré no quemarme, tal y como ella me había recomendado. No sé cómo ha llegado la conversación hasta este punto y, lo peor de todo, es que no sé cómo había llegado yo hasta este punto. Si Santana me viese ahora, estaría riéndose de mí hasta la saciedad. Nunca me he sentido así con una mujer; con San es diferente, es algo fraternal…

Decidí sentarme de nuevo para continuar con el puzle que habíamos empezado, pues nunca me ha gustado dejar las cosas a medias y, al menos, esta tarea me mantenía con la cabeza ocupada. Cuando me vine a dar cuenta, estaba colocando la última pieza del puzle de Britt.

-¡Vaya! Sí que eres buena con estas cosas- exclamó asomando la cabeza por la litera y sonriendo de esa manera especial que tanto me gusta.

-No me gusta empezar una cosa y dejarla sin haberla terminado- me levanté para mirar a Quinn.

-Es bueno saberlo.

Las cosas desagradables sobre Finn se fueron yendo de mi mente, aunque otra cosa, que empezaba a sentir en mí, estaba causándome un auténtico rompecabezas. Y éste rompecabezas me iba a costar más trabajo de solucionar que cualquier otro.