Primero que nada, pido una enorme disculpa al no actualizar... sí, lo sé, soy mala =( pero aquí les dejo éste capítulo nuevo.
ADVERTENCIAS:
*Assassin's Creed ni ninguna de sus secuelas me pertenece.
*CONTENIDO FUERTE (creo, o al menos a mi parecer sí lo es) Es por ello que es un "Rating: T"
*No sé Rumano, por lo tanto ni idea de si las palabras están bien escritas o si así se digan en dicho idioma.
¡DISFRUTEN!
ஜஜ
CARGANDO...
PASANDO A UNA MEMORIA MÁS RECIENTE...
— ¡Estamos de suerte! ¡Todo se guardo! —escuchaba decir antes de que se desvaneciera la voz de Marcos.
CARGANDO...
CARGANDO...
Venecia 1504
Las casas comenzaban a cobrar forma conforme la memoria estaba iniciando, lo mismo las calles, las personas, las palomas, los caballos y demás... Había un aroma penetrante como a alcohol, algunas hierbas... parecía que hacían té, pero a la vez ese té tenía mezclas de muchas hierbas, no lograba distinguirlas por la combinación de los olores, pero había un olor que más le llamaba la atención: vainilla, ese olor le recordaba algo, ¿Pero qué? No lo sabía, pero disfrutaba de ese olor embriagante. Sentía la necesidad de percibir ese aroma más cerca sintiendo unas sábanas sobre su cuerpo ¿Era un sueño? ¿A caso al despertar vería a su madre prepararle algo de desayunar? Pero... él ya no tenía madre... ¿A caso era su nonno? Se escuchaba una voz femenina refunfuñar, caminar dentro de la habitación y una puerta abrir y cerrar, llevándose consigo ese exquisito aroma que le embriagaba. Otros pasos se escuchaban y se acercaban sintiendo cómo le colocaban algo humedecido con el té de hierbas que expedía su olor por toda la habitación.
—Elena —balbuceaba Leandro sin abrir los ojos —Ele...
—Tranquilícese, joven Leandro —decía una voz femenina.
—Elena —gemía adolorido.
—Cuénteme de ella.
—¿De quién?
Leandro sentía que sus labios eran oprimidos por otros por un instante, instintivamente colocaba su adolorida mano izquierda en la nuca de quien le besaba alargando y profundizando un poco más el beso, pero el aroma de la vainilla no le llegaba. La puerta se escuchaba abrirse nuevamente y el aroma de la vainilla se volvía a hacer presente.
—Para eso te quería —se escuchaba otra voz femenina enojada.
—¡S-signorina! —la primer mujer parecía sorprenderse resultando ser quien había besado a Leandro, por tanto mentalmente él se daba un golpe en la cabeza y se dejaba tirar sobre la cama —¡Scussa! El joven...
—Fuera —decía en un tono de voz frívolo.
Unos pasos se alejaban rápidamente, mientras que otros se acercaban más lentamente a él expidiendo el aroma de la vainilla sintiéndose extasiado y con ganas de tener ese aroma pegado a su cuerpo, luego sentía que a un lado de él se sumía un poco la cama donde estaba reposando. Sin embargo sus ilusiones se apagaban al sentir un golpe sobre su mejilla, abriendo los ojos tontamente viendo una alucinación frente a sus ojos, sonreía y reía tontamente viendo a su alucinación y se reincorporaba notando que se encontraba desnudo y con un par de vendas que ignoraba y sonreía a su alucinación, para luego tomarla entre sus brazos dándole un beso apasionado y recostándola junto a él, a pesar de que su alucinación se resistía.
—Leandro... no —pedía esa voz.
—Elena —gemía Leandro recostado y abrazando a la alucinación de Elena.
—De hecho traigo noticias de ella como me pediste —decía la voz de Fabiola Fornari tratando de apartarse de él —. Atacaron la guarida de Rumania donde se encontraba —soltaba para ver si así la soltaba Leandro.
Como si le hubiesen vertido un balde de agua helada, Leandro se reincorporaba de golpe sin soltar a Fabiola, pero al darse cuenta que la traía abrazando la soltaba de inmediato rojo de la vergüenza que acababa de pasar. Miraba alrededor llevándose las manos a la cabeza por el fuerte dolor que comenzaba a punzarle. Fabiola, de inmediato, agarraba el pedazo de tela humedeciéndola con el té, recostaba a Leandro y le colocaba la tela encima de su frente.
—Aún no te recuperas, stolto —lo regañaba Fabiola.
—¿Por qué... me golpeaste... hace rato? —preguntaba él por el golpe a la mejilla.
—Tú mismo te diste una tunda —decía Fabiola tapándolo —. Tal vez al besar a esa cortesana creíste que Elena te golpearía y como ya lo esperabas te golpeaste al no recibir el golpe.
—¿Y... la vainilla?
—Bueno... en la guarida, Elena me regaló un poco de su loción.
—Tengo que ir por ella.
A pesar de lo débil que se sentía se reincorporaba tratando de ignorar el fuerte dolor de cabeza que tenía cerrando los ojos por la luz que le molestaba a pesar de estar casi en penumbra. Comenzaba a colocarse una ropa que parecía que le quedaba muy larga de las mangas.
—No, Leandro, aun no te recuperas de esa caída —volvía a regañarlo Fabiola —. Y ese es tu pantalón.
—Pero... Elena... —excusaba Leandro dejándose caer sobre la cama con el fuerte dolor de cabeza —¿Qué pasó?
—Bueno... logramos restablecer el lugar... pero perdimos a un par de hermanos —se lamentaba Fabiola soltando una lágrima y un suspiro —. Y en cuanto supimos de tu caída te trajimos.
—¡Cuéntame de Ele...! —pedía desesperado, pero lograba lastimarse más las heridas.
—Leandro, inútil —se escuchaba otra voz ajena a ellos un poco lejos como si saltara de algún lado.
—Hasta que llegas —reprimía Fabiola.
No se había escuchado la puerta abrirse, ni los pasos de alguien, Leandro estaba extrañado, pero mantenía los ojos fuertemente cerrados por el dolor que le causaban las heridas de la cabeza al chocar contra la esquina de una cornisa. Sentía cómo Fabiola se levantaba, pero nuevamente se sentaba al sentir que se volvía a sumir donde minutos antes estaba Fabiola. El agua del trapo que traía en la cabeza no dejaba de escurrirle, sentía cómo se lo retiraban escuchando que tiraban un poco del sobrante del té sobre el suelo y le colocaban nuevamente en la cabeza el trapo y unas manos suaves y delicadas le limpiaban los rastros de las gotas. Leandro abría los ojos de golpe al reconocer esa suavidad de manos, el penetrante aroma de la vainilla dulce, más dulce que el que traía puesto Fabiola.
Esos hermosos ojos verdes que tanto había soñado por fin estaban frente a él, esos labios rosados y carnosos, ese bello rostro que hacía que alucinara. Pero no sabía quién era, era hermosa la muchacha, de cabellos achocolatados, suaves y peinados. La muchacha tenía un poco el ceño fruncido. Ella se había materializado ante sus ojos, una muchacha guapa con la que había soñado mientras había permanecido inconsciente y que había alucinado al ver a Fabiola, pero veía que realmente estaba ante sus ojos... ¿O era otra alucinación?
—¿Quién eres tú? —preguntaba maravillado Leandro.
—Creo que se hizo más estúpido que antes —volteaba la muchacha a ver a Fabiola, ésta solo levantaba los hombros.
—El médico dijo que podría tener pérdidas de memoria —decía Fabiola —. Debo irme, Ezio nos espera para ir en búsqueda de su hermana.
—¡Ezio! ¡Debo ir a ayudar a mi mentor! —decía Leandro reincorporándose.
—¡Tú te quedas! —le ordenaba la muchacha guapa, vestía extrañamente un traje como de cortesana, haciendo que Leandro empezara a imaginar cosas —¡Deja de verme de ese modo y recuéstate! Fabiola, que tengan mucho cuidado y que la sabiduría los acompañe. Yo misma me encargaré de los cuidados de Leandro antes de marcharme de regreso a Milán —soltaba la muchacha.
Fabiola afirmaba con la cabeza y se retiraba agarrando fuertemente el mango de su espada aun en su funda. Leandro no dejaba de ver a la muchacha, ni siquiera se había dado cuenta cuando Fabiola se había marchado, estaba hipnotizado por la cortesana y se acercaba más a ella provocando que ella volteara a verlo enarcando una ceja extrañada por el comportamiento del muchacho.
—Eres hermosa —decía Leandro maravillado.
—Tú eres más feo de lo que recuerdo —bromeaba ella sonriendo desvergonzadamente.
—Te me haces familiar ¿Quién eres? ¿Te conozco de algún lado? Por cierto... ¿Qué hago aquí? Se suponía que estaba en Roma —preguntaba Leandro sin dejar de ver alrededor —Recuerdo esta habitación... pero no de a quién le pertenece... ¿Es "La Manzana de Adán"? ¿Estoy en Venecia?
—Estás en casa —lo interrumpía antes de que preguntara más —. Fabiola me mandó una paloma diciendo que el inútil de ti, trató de saltar más de lo que podías golpeándote directamente con una cornisa y caíste.
—¿Ah sí? Y me trajeron a casa porque...
—Porque tu abuelo estaba preocupado y quería que te atendiéramos aquí, así todos los servicios que se te ofrezcan se te cumplirán con más facilidad que allá.
—En ese caso...
Leandro tomaba a la muchacha colocándola debajo de él con una sonrisa sintiendo ligueras punzadas en la cabeza y teniendo vagos recuerdos, veía que la cortesana estaba nerviosa y no oponía resistencia. Leandro sonreía pícaramente acercando su nariz al cuello de ella haciendo que se estremeciera mientras respiraba el dulce aroma de ella y le iba dejando tiernos besos en el cuello. Ella suspiraba y a la vez trataba en vano de quitárselo de encima, no oponía mucha resistencia, era como si provocara a que él siguiera.
—Leandro, no sigas... vendrá Ivanov en cualquier momento —pedía ella gimiendo suavemente al sentir cómo Leandro rosaba su cuerpo provocándole escalofríos.
Leandro no le hacía caso y continuaba besándola en el cuello, lograba quitarle el corsé haciéndola sonrojar completamente, luego le quitaba la camisa que traía debajo quedando con el torso descubierto. Leandro sentía otra punzada en la cabeza, pero lo ignoraba y recorría con cada beso, cada parte del cuerpo de ella haciendo que ella se removiera un tanto incómoda por el pequeño pantalón que traía puesto, que gimiera placenteramente y que él se excitara aun más al verla sonrojada completamente. Sonreía satisfecho y le quitaba el pantalón tan cortito que traía ella y pegaba su cuerpo desnudo al de ella robándose varios suspiros uno al otro.
—Leandro... Ivanov vendrá... en cualquier momento —decía tratando de suprimir sus gemidos.
—¿Quién es Ivanov? —preguntaba más como reflejo al no prestar atención a lo que sucedía, mientras provocaba que los cuerpos de ambos se rosaran mientras él se movía.
—No...
Leandro volvía a ignorarla acariciando el cuerpo de ella, besando su cuerpo y sentía la necesidad de fundirse a ella, así que tanteaba sintiendo las caderas de ella y luego colocaba su gran erección por la parte de afuera de la entrada de ella haciendo que se asustara un poco, antes de que ella reclamara, él comenzaba a besarle los labios para tranquilizarla un poco y poder hacer lo que su instinto le pedía.
—¡Leandro, no!
De un solo jalón, Leandro entraba en ella por completo. Ambos gemían adoloridos y la muchacha se retorcía levemente por el dolor abrazándolo fuertemente. Ese era la primera vez de ambos muchachos. Leandro parecía despertar de un sueño viendo cómo ella lo soltaba y se tapaba el rostro con las manos, mientras que comenzaba a sangrar levemente de la entrepierna, donde Leandro aún no salía de ella. Salía por primera vez de ella viendo cómo volvía a retorcerse levemente del dolor y gemía soltaba un par de lágrimas. Leandro abría la boca por lo que acababa de hacer y se asustaba por completo.
—¿E-Elena? —la llamaba Leandro por fin recordándola —¡Elena! ¿Estás bien?
Ella no respondía, solo se cerraba de piernas volteando a un lado y tapándose la cara con la almohada, mientras Leandro veía la mancha de sangre que había en la cama entrando en pánico por lo que acababa de hacer.
—¡Elena! —insistía Leandro tratando de llamar su atención en vano.
—¡ELENA! —gritaba entraba dando un portazo un joven de unos veintitrés años, era alto, fornido, de ojos azul eléctrico y cabellos negros, usaba un uniforme de asesino de un rango muchísimo más superior que el de Leandro, casi llegaba a ser un maestro asesino.
El joven veía furioso a Leandro al verlo desnudo sentado encima de las piernas de Elena, quien yacía volteaba hacia la pared con una almohada tapándole el rostro, mientras parecía sollozar ligeramente. Luego regresaba su vista a Leandro, quien poseía un semblante completamente aterrado, no solo por Elena, sino al ver al joven entrar de esa manera.
—¡Nenorocitule(1)! —gritaba furioso el joven acercándose de manera severa a Leandro.
—¡No, Ivanov! —pedía Elena aun con el rastro de lágrimas, reincorporándose y viendo avergonzada al tal Ivanov.
—Elena, vă rog —pedía Ivanov enojado.
Entre Elena y el otro joven comenzaban a pelear en otro idioma que Leandro no entendía, lo que sí veía venír fue el golpe que recibía departe de Ivanov, haciendo que cayera de la cama aun más adolorido de la cabeza de lo que ya estaba. Elena gritaba deteniendo al otro joven mientras continuaban discutiendo en otro idioma. Ivanov pedía que se cambiara mientras vigilaba que Leandro permaneciera fuera del alcance de ella y no la espiara.
—Ivanov —lo llamaba ella con un tono de súplica.
—Imediat M-Am —pedía en un tono frívolo.
Elena, ya cambiada, salía de la habitación asustada. Ivanov se acercaba a Leandro enojado y lo amenazaba con una de las cuchillas que llevaba guardada.
—No vuelvas a acercarte a ella, Nenorocitule ¿Capicci? —lo amenazaba hablando italiano —Gracias a ti ahora todo mundo creerá que pueden tocarla. Ella es mi amante(2), y no volveré a permitir que te le acerques.
Leandro lo veía sorprendido de las palabras que le decía, pero a la vez celoso. Ivanov le proveía otro golpe en el abdomen dejándolo tirado, luego se marchaba azotando la puerta tras de sí. Leandro veía con los ojos abiertos el suelo de madera completamente en shock... sentía unas lágrimas desbordar, no por el golpe ni por la punzada que le regresaba, sino por el dolor que le había provocado a Elena. De inmediato entraba Franca ayudando a Leandro a subir a la cama, no sin antes cambiar las sábanas por la mancha de sangre sin pedir ni una explicación.
Tras pasar dos días recuperándose, Leandro se daba cuenta que Elena e Ivanov, el mismo día en que habían llegado, ese mismo día se habían ido a una misión a Milán. Leandro parecía deprimido, no solo porque Elena se había marchado lastimándola, había perdido la oportunidad de volver a verla, también por Claudia Auditore, había sido secuestrada por unos seguidores de los Borgia. Ezio y Maquiavelo, junto a unos aprendices habían ido a su rescate mientras él se había encontrado inconsciente por el fuerte golpe.
ஜஜ
(1) Es un joven Rumano, por tanto lo está diciendo en su idioma.
(2) La verdad desconozco si ellos se decían por novios o novias... pero era más común llamarse amantes.
Espero les haya... agradado, de verdad lamento muchisimo la demora, pero espero actualizar pronto.
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Ciao Ciao ;)
