Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


Capítulo 9

Di un respingo en la cocina cuando unos brazos me rodearon y alguien me estampó un sonoro beso en la mejilla.

-¡Hola, hola, Ali! –canturreó Rosalie sin separarse de mí. Estaba pletórica, y yo me alegré de que pareciera tan feliz.

-Hola –musité, más como una muerta que como una chica viva. No podía dejar de pensar en lo que había estado a punto de pasar entre Jasper y yo hacía pocos minutos.

-Uy, menudos ánimos que tienes –Rosalie se separó de mí y se apoyó en la encimera, a mi lado.

-Es que me duele la cabeza.

-¿No te encuentras bien?

-¡Hola familia! –el grito de Emmett me hizo cerrar los ojos, ya que me retumbó en todos los rincones de la cabeza, e incluso hizo rebotar mi cerebro. Me di la vuelta lentamente, justo cuando el marido de mi mejor amiga me rodeó con sus brazos y me apretujó entre ellos. – ¿Qué tal estás? –me preguntó cuando me soltó. Aquello parecía más un circo que un piso.

-No se encuentra demasiado bien –le contestó Rosalie por mí, cosa que agradecí.

-Eso es la resaca –levanté la mirada lentamente para ver a Jasper en la puerta de la cocina, llevando a Scott en brazos. Estuve segura de que cuando mis amigos se fueran, lo mataría. ¿No podíamos olvidar el dichoso tema de mi borrachera? Por lo visto, no.

-¿Resaca? –preguntó Emmett con diversión, observándome detenidamente.

-Da igual. Voy a preparar la comida –farfullé, sin ningún tipo de ganas de hablar de aquel tema.

-Sí, te ayudaré. Y vosotros dos, id a molestar a otro lado –les ordenó Rosalie tanto a su hermano como a su marido, que nos observaron con una sonrisa en los labios. –Pero no corrompáis a mi hijo, que él no tiene la culpa de que vosotros seáis un par de cretinos –alzó la voz cuando se marcharon de la cocina, dejándonos solas. Respiré hondo cuando se hizo el silencio, aunque no duró mucho. – ¿Qué te pasa, Ali? –volvió a preguntar, observándome preocupada mientras me veía sacar comida de la nevera.

-Nada, ya te he dicho que me duele la cabeza.

-¿Por la resaca?

Dejé las cosas en la encimera de malas maneras, para enfatizar así mi desagrado.

-Sí, es por la maldita resaca –me resigné finalmente a contestar.

-Pero… ¿resaca de qué? ¿Es que acaso te emborrachaste?

Me mantuve en silencio, cortando zanahorias, tomates y diversos tipos de hortalizas para preparar una ensalada. Rosalie aceptó mi mutismo, y ella comenzó a preparar pasta, algo no demasiado pesado. Se podía decir que mi estómago estaba algo revuelto. Entre el malestar de la noche anterior que aún me duraba, y el casi beso con Jasper, me había quedado agotada. Lo mío comenzaba a ser preocupante.

-Escucha, a mí puedes contármelo.

-¿Qué quieres que te cuente? ¿Que salí con tu hermano? ¿Que me emborraché? ¿Que tuvo que traerme en brazos porque ni siquiera me mantenía en pie? ¿O que hoy me encuentro fatal por culpa de la resaca? –estallé.

-No creo que tengas que ponerte así, Alice, todos nos hemos emborrachado alguna vez y hemos hecho estupideces. Pero… ¿saliste con mi hermano? –preguntó, sorprendida.

Bueno, ya estábamos con el temita. Ahora sí que no iba a dejarme en paz.

-Sí, pero no como tú crees. Se suponía que íbamos a tomar una copa y ya está, pero la cosa se me fue de las manos y bebí más de la cuenta. Se acabó –finalicé mi relato cruzándome de brazos. La mirada intensa de mi mejor amiga me incomodó, por lo que tuve que salir de la cocina para tener espacio. Me sentía ahogada en aquel sitio tan reducido. Mi cocina era bastante pequeña, en realidad.

Supe que no tenía que haberlo hecho cuando me encontré a Jasper y a Emmett en el sofá, hablando de algo de lo que, al parecer, yo no podía enterarme, pues se callaron nada más verme. Sacudí levemente la cabeza y dirigí mi mirada hacia Scott, que estaba sentado en la alfombra, jugando con una pelota de goma y con un oso de trapo. Caminé hasta él y me agaché a su lado, queriendo jugar con él. Seguro que me trataría mejor que los demás.

-Hola, precioso, ¿cómo estás? –pregunté, cogiéndole de la manita y agitándosela suavemente. Sabía que no iba a contestarme, pero me daba igual. Me observó con sus grandes ojos grises y me dedicó una sonrisa mellada. Ya tenía varios dientes de leche, aunque todavía le faltaban muchos más, pero aún así, era un niño adorable. Me tendió el osito de trapo, sacudiéndolo en el aire y comenzando a reír sin motivo alguno. Pensé que me encantaría volver a ser así de pequeña. No tendría nada de lo que preocuparme, y sería feliz con cualquier cosa.

-Así que resaca, ¿eh, Alice? –la voz de Emmett me devolvió a la realidad, y consiguió ponerme de peor humor.

Bufé, molesta, y cogí a Scott en brazos cuando me percaté de que había dejado sus juguetes sobre la alfombra y de que me miraba con los brazos levantados, pidiéndome que lo alzara.

-Déjame en paz –le solté, enfadada, dedicándole a Jasper una mirada acusadora. ¿Por qué tenía que comportarse siempre como un imbécil cuando parecía que nuestra relación empezaba a mejorar?

-Pero si no pasa nada. Si quieres, te explico la de veces que me he emborrachado yo. Aunque claro, a mí nunca han tenido que llevarme en brazos… –se tapó la boca con las manos cuando le asaltaron las carcajadas, y yo me sentí sonrojar violentamente. Maldito Jasper. Había resultado ser un bocazas.

-Déjala ya, Emmett –me defendió Rosalie, colocando los platos ya preparados en la mesa que ya estaba puesta. Y yo ni siquiera me había dado cuenta de ello.

Caminé en silencio hasta el lado de mi amiga, y le di a Scott para que lo sentara con ella. Me senté a su lado, y me dieron ganas de abofetear a Jasper cuando se colocó delante de mí. Rosalie nos sirvió un poco de todo a cada uno, y después se sirvió ella misma.

-Bueno, ¿y qué tal la convivencia? –preguntó para sacar un tema, aunque, al parecer, se dio cuenta de que no había sido muy buena idea cuando rodé los ojos.

-No está mal –le contestó Jasper, llevándose grandes bocados de comida a la boca. –De momento, nos llevamos bien, ¿no? –me miró a mí, como esperando una respuesta, y lo único que pude hacer fue arrearle una patada en la espinilla por debajo de la mesa. Y bien merecida que la tenía. – ¡Ay!

Scott se rió, aplaudió ante la queja de su tío, y yo sonreí.

-Sí, no va mal. Aunque podría ir mejor –apunté, removiendo mi ensalada excesivamente.

-¿Por qué? ¿El sexo no va tan bien como habíais esperado? –preguntó Emmett, totalmente serio. Incluso parecía que estábamos hablando de negocios.

Me sonrojé y no me atreví a levantar la mirada de mi plato.

-¡Por Dios, Emmett! Estamos comiendo, y tu hijo está delante –Rosalie le tapó las orejas a Scott, y le dedicó una mirada fulminante a su marido.

-¿Y? No sabe lo que es el sexo. Aunque no tardará en saberlo –sonrió de oreja a oreja, orgulloso de ser él el que tuviera que enseñarle tal cosa a su hijo, y yo resoplé. –Bueno, ¿cuál es el problema? –volvió a preguntar.

-No hay ningún problema. Sólo tenemos que conocernos un poco más –respondió Jasper con tranquilidad. Estúpido.

-¿Es por eso que el sexo no funciona?

-Y dale… –intervine yo, cansada de aquella conversación tan absurda. –No nos hemos acostado, y tampoco lo vamos a hacer, ¿entendido? –me harté, dándole un golpe seco al plato con mi tenedor.

Todos me observaron con los ojos abiertos de par en par, excepto Scott, que volvió a reír mientras daba golpecitos en la mesa con sus manos. Qué suerte que él no se enterara de nada de lo que ocurría.

-Da igual, dejemos el tema –intentó calmarme Rosalie. – ¿Cómo está Edward? Hace tiempo que no sé nada de él –agradecí enormemente el cambio en la conversación.

-Está bien. Por lo que me dijo mi madre, hace una semana se fue con Bella a Brasil, y ahí se van a quedar durante dos semanas más, por lo menos.

-Caray, qué envidia. Ojalá yo pudiera irme aunque fuese una semana por ahí, pero con Scott es imposible –se lamentó. –Aunque, cuando crezca un poco más, haremos un viaje los tres juntos –me aseguró, y yo sonreí, o al menos, lo intenté.

Jasper no volvió a abrir la boca durante toda la comida, y Emmett intervino, aunque hablando en serio, sin hacer bromas como las de antes que tanto me habían sacado de mis casillas. Si es que cuando se lo proponía, podía ser una persona normal. Después, cuando terminamos de comer, Rosalie les ordenó a los dos hombres que fregaran los platos, alegando que nosotras habíamos hecho la comida y que nos tocaba descansar un poco. Me sorprendió a más no poder cuando ni siquiera protestaron. Al parecer, Rosalie sabía controlar a ese par de cretinos, como ella misma los había llamado antes.

Me dejé caer en el sofá, respirando profundamente. Necesitaba una buena siesta, pero no podía hacerla. Sentí unos golpecitos en la pierna, y me di cuenta de que Scott se había agarrado a ella y se había puesto en pie. Su madre sonrió y lo cogió en brazos, sentándolo en el sofá, entre nosotras.

-¿Todavía no camina? –pregunté, acariciándole la mejilla y el cabello suavemente.

-Lo intenta a menudo, aunque siempre termina con el trasero en el suelo. Pero no tardará mucho en comenzar a caminar –aseguró, y yo asentí lentamente. Scott me cogió el dedo y empezó a agitar mi mano alegremente, como si fuese un juguete, mientras hacía soniditos ininteligibles con la boca. – ¿Seguro que no hay nada sobre lo que quieras hablar? –insistió Rosalie.

-No.

-Creo que hoy no deberíamos haber venido. Presentarnos así, tan de repente, no ha sido buena idea.

-No, no es culpa vuestra. Además, sabes que me encanta que vengáis –le dije, antes de que se culpara, cogiendo a Scott y sentándolo sobre mi regazo. –Es sólo que entre la puñetera resaca y todo lo demás, no me encuentro muy bien. Pero no me molestáis en absoluto.

Rosalie asintió, ladeó la cabeza y se aseguró de que los chicos aún no hubieran terminado de fregar para preguntar:

-¿Y qué es todo lo demás? –preguntó, pero no me dio la opción de responder: –Es por mi hermano, ¿verdad? No te gusta que esté aquí.

Fruncí el ceño. No sabía qué contestarle.

-No es eso. Dicho así, suena fatal –aclaré. –A ver, no es que no me guste que esté aquí, pero… cuando estamos solos parece otra persona. No sé cómo explicártelo. No parece un… capullo.

En ese momento fue Rosalie la que frunció el ceño.

-No te entiendo. Mi hermano siempre ha sido así. Me refiero a que yo nunca he notado que fuese de otra forma.

Me encogí de hombros. Tal vez había sido mi imaginación y mis ganas de que pareciera un hombre normal, agradable y sincero.

-No importa, serán cosas mías –quise que olvidara nuestra anterior conversación.

-Sabes que él es quien lleva tu caso, ¿verdad? –asentí, lentamente. –Están buscando a la persona que entró en la tienda.

Eso no lo sabía.

-¿De veras?

-Sí, eso me dijo. Él cree que no fue un simple atraco. Está seguro de que ese cerdo que a punto estuvo de cometer una atrocidad volverá para terminar el trabajo –me estremecí ante sus palabras. –Pero tranquila, Jasper es muy bueno en su trabajo, aunque la mayoría de las veces no se lo reconozcan, y no va a dejar que te pase nada. Él cuidará de ti.

Me quedé callada, sin saber qué responderle a eso. No estaba segura de querer que fuera Jasper la persona que cuidara de mí.


Pues ya tenemos de vuelta al Jasper imbécil... ¿pero qué vamos a hacerle? Si es que todo no puede ir bien siempre, si no, sería un aburrimiento ;P

Espero que os haya gustado el capi de hoy y que me lo digáis con muchos reviews :)

¡Nos leemos el miércoles!

XoXo