Se refugiaba entre las sombras. Sus pensamientos corrían a una velocidad que le provocaba una migraña.
Se suponen que son héroes, y lo único que hacen es arruinar su felicidad. No tan diferentes al resto de los villanos.
Una expresión fría y sin corazón reinaba en su rostro gracias a la escena que transcurría ante sus ojos. No era momento para mostrar sus sentimientos.
No, era el momento indicado para remontar.
Porque él lo vio todo.
Observó, oculto en la cafetería, como la "heroína" del pueblo borraba los recuerdos de todos en Storybrooke.
Observó como Regina era arrebatada de sus brazos otra vez más.
Observó como uno de los supuestos amigos de su amor la apuñalaba por la espalda, y la separaba de él.
Observó a Regina, quién llevaba una sonrisa bendecidamente ignorante en el rostro. Hablaba con el resto de la cafetería sobre sus planes, mientras los demás intentaban convencerla de no quedarse más tiempo. Y lo lograron.
Y simplemente no era justo.
No era justo que el cuento se repita, y que otra vez debía alejarse de su morena.
Pero también sabía que no sería justo para Regina, ir e imponerse a ella, borrar su realidad, decirle que lo que cree es falso.
Ya no había más oportunidades para él, no allí.
Esperen... Un movimiento captó su atención.
Por la puerta de Granny's, acababa de salir la única e inigualable Emma Swan.
Hizo una nota mental de agregarla a su lista de venganza, justo debajo de Rumplestilskin.
Con los ojos entrecerrados, inspeccionó cada acción de la rubia, cada giro sospechoso saliendo de ella. Y sólo por la mirada inquieta de la mujer, supo que, tal vez, habría una oportunidad.
La siguió, hasta que llegó al bosque y vio el colgante de su amada en las manos de esa mujer. El portal abierto frente a ella.
Debía ser tan estúpida que no notó que llevaba a exactamente el mismo reino en el que su querido Henry estaba. El mismo reino al que Regina volvería y tendría posibilidades de encontrar el objeto.
Le echó un vistazo al monstruo en su bolsillo. No había mucho tiempo para pensar.
Arrojó la "migaja" hacia la Salvadora.
a
Oops, error de cálculo.
No cayó en Emma, se pasó de largo, hasta el portal.
Maldita sea. La peor parte de todo es que pasó el portal justo al mismo tiempo que el collar.
Seguramente él debía encontrarse muy emocional para cometer tal error. Siempre era calculador y frío para esa clase de cosas.
No, eso era malo, muy malo. Ahora, en el Bosque Encantado, en el hogar de Regina, había un monstruo gigante con un colgante en el estómago. El colgante que significaba todo para Regina y el amor que hubo una vez entre ellos.
¿Cómo arreglaría eso ahora? Pues, él siempre tenía un plan, una estrategia... Un juego, como la morena lo llamaba usualmente.
Eso le dió una gran idea.
Volvió hasta la cafetería, para asegurarse de presenciar el exacto momento en el que Regina saliera. Y, por lo tanto, el exacto momento en el que pasaría el portal al Bosque Encantado.
Tan hermosa, como de costumbre. No dejaba los tacones ni aunque tuviera que correr de un incendio. Tan grácil, incluso para algo tan ordinario como maldecir. Y no olvidemos ese descaro, ese sarcasmo, mamita querida...
Caminaba así por la calle principal, rodeada de héroes. Y no de cualquier tipo de héroes, sino de sus más viejos enemigos.
Tal vez sí se había ablandado un poco después de todo.
No podían lanzar el portal en medio del pueblo, dónde todos pasaban, eso lo sabía. Era peligroso, cualquiera podría cruzarse y terminar en un reino totalmente desconocido para ellos.
Así que su teoría era que se alejarían del centro todo lo posible.
Terminaron en la calle Mifflin, donde, si no se equivocaba, se encontraba la mansión de Regina. Era bastante pequeña a comparación de su castillo, pero tampoco estaba nada mal.
Entonces la vio despedirse de todos.
Repartió abrazos entre Snow, Zelena, Robyn y Neal.
La curiosidad lo picó un segundo. Si Emma era una de sus más buenas amigas, ¿por qué no la abrazó como a la otra idiota?
Qué raro.
Hasta desde la distancia pudo notar la extraña mirada que intercambiaron, la tensión.
Se encogió de hombros, decidiendo ignorarlo.
Zelena al fin abrió el portal con la varita y la morena no perdió más tiempo, apurando el paso hasta la otra tierra.
Instantáneamente, la pelirroja lo cerró justo después de que su hermana desapareció.
Por fortura, él poseía un poco de magia. O bastante.
Estaba acostumbrado a viajar entre reinos, así que le costaría poco y nada seguir a Regina.
La encontraría. Tenía que hacerlo. Aunque no recuerde el progreso que hicieron en Storybrooke, debían tener otra oportunidad.
Porque aunque el poder, el mal, los planes de venganza estén entre ellos, su relación siempre perduraba.
No echaría eso a perder.
Debía ir a ese reino en el que Regina habitaba ahora, y en el que él estuvo los últimos meses.
Debía hacerle una visita a su queridísima amiga en común, Tiana.
Esa sería la manera más rápida de acercarse.
Y ya le había advertido a Regina que se encontrarían allí, a pesar de su falta de memoria.
Pero de una forma u otra, se volverían a ver.
Fin.
