Hola a todos mi fans (?) Bueno este es el final de la historia, espero que la hayan disfrutado tanto como yo al escribirla, gracias por sus miles de comentarios positivos, en especial a Lenore18, ver tus comentarios me hacia sonreír, gracias por seguir mi historia.
La decisión más difícil
Te detienes frente a la puerta de la casa que creíste sería tu nuevo hogar, detrás de ti van en un hermoso carruaje tus invitadas, esperas a que bajen del carruaje para entrar todos juntos, ya casi amanece, adentro ya debían estar cocinando el desayuno, de hecho el olor que emanaba era muy agradable, pero no tenías apetito y sospechabas que no lo tendrías nunca más.
Tus invitadas llegan a tu lado sonriendo, abres la puerta y te encuentras con la estancia, una chica camina de un lado a otro muy preocupada, cuando te mira entrar te dedica una mirada dura, está enojada, pronto no lo estará, pronto ni siquiera estará.
"¿Dónde estabas? Estaba preo…" – interrumpe su monologo al ver entrar a justo detrás de ti a tus invitadas – "¿Margaery?"
"¡Oh Sansa!" – exclama la joven reina al tiempo que corre a abrazarla, Lady Oleanna mira la escena con una sonrisa en la boca.
Justo después de dejar a Aldir desaparecer en el bosque, subiste a tu montura con una sola idea, terminar la misión que te habían encomendado. Partiste de Desembarco del rey como escudero en una misión casi imposible, a lo largo del camino perdiste a tus compañeros, perdiste a tu señor, perdiste la fe en ti, pero te convertiste en caballero, la encontraste, a la que creíste nunca encontrar y ahora solo estabas a unas cuantas horas de completar tu misión, ya había acabado todo.
El camino a Alto Jardín fue rápido, forzaste a tu caballo hasta que simplemente no pudo más, de hecho hiciste el resto de camino desde la entrada de la ciudad hasta el castillo a pie. El castillo tenia guardias apostados a cada entrada, no te dejaron a pesar de que los amenazaste con que sufrirían un gran castigo cuando Lady Margaery se enterara. Te dijeron que nadie tendría una audiencia con la reina, los tiempos que corrían eran difíciles y la reina estaba en peligro con tantos fanáticos religiosos como enemigos.
Si no te dejaban ver a Margaery, encontrarías tu misma una manera. Las murallas del castillo no se ven muy altas, no lo dudas, es la única manera. Escalar no es tu fuerte como lo descubriste en Valle de de Arryn, pero sin el peso de Sansa en tus hombros es más sencillo avanzar cuesta arriba, no hay centinelas que te puedan ver, a nadie se le ocurriría subir la muralla por el punto más difícil, sólo a ti. Una vez pasada la muralla, los jardines interiores eran enormes, parecía un laberinto y no era porque el castillo estuviera construido de esa manera, simplemente habían plantado demasiadas flores que ahora constituían una barrera natural contra los intrusos. Andar por aquel laberinto te hizo sentir tan agobiada que pensaste en sacar tu espada y abrirte camino tú misma, pero si hacías eso serías detectada por algún guardia y no era lo que buscabas.
Seguiste por el laberinto por dos horas más, en silencio, ocultándote en las sobras cuando algún centinela pasaba por ahí, siempre manteniendo tu rumbo hacia el castillo, volviendo sobre tus pasos al encontrar los callejones sin salida. Por fin llegaste al final del laberinto, había un guardia ahí, te detuviste justo detrás de él y lo golpeaste en la nuca, no derramarías sangre aquella noche, no querías que la reina se enfadara contigo. Dejaste al guardia oculto entre las sombras, seguiste subiendo colina arriba para encontrarte con las enormes puertas del palacio, había guardias ahí, muchos más de los que te imaginabas, recordaste la fortaleza Waynwood y el incendio, ahora no tendrías tanta suerte. Sin embargo si te movías cerca de la pared del castillo, ahí donde no había mucha luz, lejos de las miradas de los vigías, lograrías rodear la puerta principal y llegar hasta la puerta trasera por donde entraban los coperos y pajes, la servidumbre vaya.
Pero al llegar a dicha puerta en realidad no existía tal, era una trampilla sobre el suelo que conducía a las cocinas que eran subterráneas al parecer. La trampilla estaba asegurada con cadenas y candados, y resguardada por dos guardias. Los atacaste por sorpresa, no se pudieron defender en lo absoluto, ni pudieron sacar la espada, habías roto tu promesa de cero sangre. El metal de las cadenas no era rival para tu espada de acerodragón, guardajuramentos corto el metal tan fácil como hubiera cortado la garganta de una persona.
Entraste por la trampilla con sigilo, ahora estabas dentro del castillo, tenias que tener mayor cuidado. Las cocinas se hallaban a oscuras, apenas y distinguiste que de verdad se trataba de las cocinas y no de otra habitación. La única luz que se notaba ahí era la de la menguante luna que se apreciaba por las ventanas, caminaste medio insegura por la estancia, tenias tres puertas frente a ti y una escalera que se veía aun más oscura, pero optaste por subir de todos modos. A medida que ascendías, la oscuridad se iba haciendo menos intensa hasta que llegaste a los últimos peldaños donde alcanzaste a ver candelabros de la siguiente habitación. La nueva habitación iluminada parecía ser la sala de audiencias, aunque se hallaba vacía por supuesto, la distinguiste, se parecía a la sala que había en Roca Casterly, parecías recordar.
Escuchaste pasos a tu espalda, soldados subían por las mismas escaleras que habías usado, corriste a la única puerta que viste, estaba cerrada, intentaste derribarla con el hombro, pero era demasiado pesada, miraste en rededor, había otra pequeña puerta detrás de lo que parecía un pequeño trono ornamentado con rosas doradas, corriste a esa puerta, la abriste y del otro lado te encontraste con más soldados, estabas atrapada. Retrocediste hasta la sala de nuevo, si morías aquella noche que así fuera, pero con espada en mano. Te rodearon unos 20 soldados, les dijiste que querías una audiencia con la reina y ni cuenta te diste que eso sonaba ridículo ya. Llevabas el yelmo puesto, te veías más amenazadora de lo que eras o eso pensaste, porque nadie se atrevía a darte el primer golpe, así que fuiste tú quien inició con la batalla.
Te lanzaste sobre ellos como si no hubiera mañana, patadas aquí, golpes por allá, lamentaste no tener escudo. Guardajuramentos bailaba a un ritmo desenfrenado, ningún soldado llevaba armadura y tu espada atravesaba la cota de malla como papel. Mataste a diez soldados sin recibir daño alguno, te sentías poderosa, tu maestro de armas te decía que tenías que practicar cada día, que fueras mujer no significaba que esperara menos de ti, al contrario, tenías que compensar las debilidades de tu genero con disciplina. Hasta ahora, incluso viviendo de campesina, jamás dejaste el entrenamiento y nunca lo dejarías, porque naciste para eso, cuando blandías la espada te sentías completa y en eso te parecías tanto a Ser Jaime, por eso lo admirabas tanto.
"¡Basta!" – gritó alguien que salía de la primera puerta, lo reconociste de inmediato, era Ser Garlan Tyrell. Los soldados que quedaban y los que arribaron después, se alejaron de ti cautelosamente, con miedo – "Mi hermano Loras estaría encantado de medirse contigo caballero, no me canso de decirlo."
"Mi señor, he venido para…" – no te dejo terminar.
"Este no es lugar, ven, sígueme."
Volvieron a salir por la pequeña puerta que Ser Garlan había salido, lo seguiste por el pasillo iluminado por antorchas, subieron un par de escaleras y pasaron por más cuartos, jamás habías estado más extasiada por un castillo, pero el de los Tyrell era un verdadero palacio, incluso te parecía superior a la Fortaleza Roja, aunque claro, nunca habías estado tan dentro de la Fortaleza Roja como ahora lo estabas en este castillo. Al fin llegaron a lo que parecían ser las habitaciones principales, unas enormes puertas con el blasón de los Tyrell se levantaban frente a ti, ahí también había guardias y estos si llevaban armaduras. Ser Garlan abrió las puertas y te dejó pasar, te pide que te quites el casco, lo haces con un poco de reticencia, ahí no te sientes segura, se te olvida que ahora tus ojos, cabello y piel son de otro color. De todos modos él no pone mucha atención en ti, se dirige a otra habitación y te pide que esperes ahí.
Pasados unos diez minutos se unen a ti Lady Oleanna y… la reina. Aquella mujer que te había arrebatado el amor de Sansa, aquella mujer te había enviado a un viaje imposible y ahora vuelves triunfante, aunque derrotada y triste, más que nunca. En cuanto ponen un pie en la habitación te arrodillas e inclinas la cabeza.
"Su alteza, la he encontrado" – dices con voz llana, tal como hablaría cualquier sirviente.
"¿Dónde está? ¿La has traído aquí?" – pregunta de inmediato la joven reina mirando a todos lados.
"No su majestad, la he dejado muy cerca de aquí en una granja" – Lady Olenna te pide que te levantes, en cuanto te pones de pie, la vieja se lleva una mano a la boca. Margaery no te presta atención, está dando órdenes a sus sirvientes para que preparen un carruaje, quiere salir enseguida.
"¿Cómo te llamas joven?" – pregunta Lady Olenna al tiempo que toca tu rostro como si no fueras real.
"Marion" – dices muy segura, ese ha sido tu nombre por 16 años, podía seguir siéndolo por algún tiempo más.
No te dice nada más, te pones el yelmo, no quieres tener la mirada de la anciana todo el tiempo sobre tu rostro. Tan solo un momento después, todo está listo. Parten en medio de la madrugada hacia la granja, tu caballo te espera donde lo dejaste y lideras la marcha de al menos cincuenta soldados que custodian el carruaje de la reina. Al ver como Lady Margaery se emocionaba por ver a Sansa de nuevo, te diste cuenta de que no podía haber nadie mejor para ella, lo tendría todo tal como había querido siempre, casada con Willas Tyrell se convertiría en señora del Dominio y con el ejército de Mace Tyrell podría recuperar Invernalia y reclamar el titulo de señora del Norte por igual, sus hijos serian grandes señores también, con suerte criaría a un rey si es que los Tyrell mantenían la tradición Targaryen de mantener la sangre pura.
Llegaron a la granja cerca del amanecer. Viste como Sansa y Margaery se saludaban entre abrazos y besos castos, claro, estaban frente a todos los demás, ahí no podían profesar su amor. ¡Oh Sansa! Yo hubiera matado por demostrarle al mundo cuanto te amaba, no lo hubiera ocultado con matrimonios arreglados pensaste amargamente. Ser Garlan por su lado te dijo que esperaba la revancha, mientras Lady Oleanna dijo que le encantaría tomarte como guardia personal, Margaery te ofreció por su parte un puesto en la guardia de la ciudad, te negaste amablemente a todo mientras veías como ellas se tomaban de la mano inocentemente.
"Es una lástima que no puedas acompañarnos de vuelta a Alto Jardín" – dijo la reina con pena fingida. Te entregó una bolsa con dragones de oro – "Esto por todo lo que has hecho por mi Sansa y por tu silencio espero."
"No será necesario" – dijiste entre dientes.
"¿Rechazas la ofrenda de una reina?" – te reprendió en tono ofendido.
"No mi señora… su alteza, es un honor aceptar su pago" – dijiste hincando la rodilla para recibir la bolsa que pesaba bastante por cierto.
"Excelente, bueno… nos vamos" – la reina te dio su mano para que la besaras, dejaste el saco de monedas a tu lado, te quistaste el yelmo y lo hiciste a regañadientes. Luego levantaste la mirada para encontrarte con la de Sansa, no distinguiste su expresión.
"Gracias caballero, nunca terminare de agradecer lo que ha hecho por mí" – te dijo con un tono de voz que bien podría decir que estaba mintiendo, la Sansa que conociste en la corte de Desembarco del Rey había vuelto.
"S… solo… hice un juramento" – contestaste fríamente. Tomaste su mano a la fuerza y la besaste más del tiempo debido, solo hasta que te la arrebato te separaste de ella.
Te pusiste en pie hasta que el último soldado hubo salido de la estancia de tu granja, miras por la ventana, ya han subido al carruaje, ahora Ser Garlan lidera la marcha, los miras partir hasta que la columna desaparece por la inclinación de la colina donde te hallas. Luego das media vuelta, les dices a los granjeros, que son los únicos que quedan ahí, que prefieres descansar un poco.
Subes a tu cuarto, el cuarto que compartías con ella, no hay nada de que sentirse mal, habías hecho lo correcto, con Margaery estaría mejor, tú no le podía ofrecer ni la mitad de lo que Lady Margaery le ofrecía, ni aunque fueras una Targaryen, eso no cambiaba que fueras una bastarda. Ir a Dorne a buscar a la reina dragón ya no te parecía tan buena idea como la noche anterior, sin Sansa te sentías como un cascaron vacío. Te quitas la armadura y te pones simple ropa de algodón, un pantalón y un camisón largo, tal vez si cerrabas los ojos y te concentrabas lo suficiente podrías morir durmiendo, quien sabe que se puede conseguir con la meditación. Aldir se equivocó, no estabas lista.
Fuego, era fuego, el calor abrasador con el que despertaste en medio de lo que parecía el día hecho noche debido al fuego que consumía toda la granja y ocultaba la luz del sol con el humo, miraste por la ventana, el establo estaba en llamas y se escuchaban los gritos de agonía de los animales, más allá los campos también ardían, la casa donde estabas también ardía, aunque las llamas aun no habían entrado a tu cuarto. Te acercas a la puerta para intentar escapar de ese infierno, pero está cerrada, atrancada con algo del otro lado, te desesperas y vuelves a la ventana, miras abajo, estas a unos 10 metros del suelo, si saltas te mueres igual porque abajo todo arde también.
Las llamas alcanzan tu cuarto, el suelo de madera comienza a quemarse, puedes ver los pisos inferiores por el agujero que las llamas han hecho en la madera, caerás de una forma u otra, sientes el fuego más cerca, ni siquiera piensas en quién te ha puesto esa trampa, no buscas culpables, en ese momento piensas en las llamas que empiezan a incendiar el pantalón de algodón que llevas puesto. Te sacudes de las llamas como puedes e intentas alejarte de él lo más posible, pero todo se acabo, no hay rincón que no sea abrasado por aquel mar de fuego.
Una hermosa joven de cabello plateado y ojos violetas a lomos de un enorme dragón negro, vuelan hacía ti, los ves pasar por encima de tu cabeza, de nuevo el dragón de tus sueños se aparece frente a ti, un dragón de escamas verde y bronce, te mira y miras en sus ojos tu reflejo, estas en llamas. Tu padre esta a tu lado con la armadura rota, tu madre también está contigo, ella tiene el vientre desgarrado, lobos guargo con ojos muy azules los rodean. En los ojos del dragón también ves cómo un chico de cabello negro y ojos azules es apuñalado varias veces hasta que su sangre tiñe de rojo la nieve, también ves a un viejo en el trono de espadas fundidas ser asesinado por un caballero de capa blanca.
Cuando abres los ojos y miras alrededor, no hay dragones, ni están tus padres; hay ceniza y escombros por doquier, hay llamas que aun arden entre la madera carbonizada, la lluvia que sientes sobre tu cuerpo desnudo se ha encargado de apagar la mayor parte. Miras tus manos, no hay heridas, como si el fuego no te hubiera dañada en lo más mínimo, tocas todo tu cuerpo y crees que sigues soñando, no te ha pasado nada, estas viva e ilesa, aunque tu cabello a ardido puedes verlo en el reflejo de la hoja de tu espada, guardajuramentos está más brillante que nunca. Dejas que la lluvia te limpie, has sobrevivido a la prueba de fuego, literalmente, ahora nadie podía decir que no eras una verdadera Targaryen.
Dorne, aguarda.
Hasta pronto (/odestafaberry)
:)
