¿Poderosa?

No

¿Una sensualidad arrolladora?

Tampoco

¿Guapa hasta decir basta?

En absoluto.

Sakura Haruno carecía de todas las características que el valoraba en una mujer. Ella era débil, torpe y tanto su rostro aniñado, como su cuerpo con pocas curvas, le hacían pensar en ella como una niña más que como una mujer.

Pero tenía algo.

Itachi no sabía lo que era, pero lo notaba, cuando la lujuria lo embargaba con tan solo recordar su voz.

Con solo mirarla.

La deseaba. Mucho.

Pero eso era algo que el mayor de los Uchiha no tenía intenciones de admitir.

Al igual que no quería admitir, que cada vez que la veía, tenía que controlarse para no abrazarla muy fuerte, y besarla hasta quedarse sin aire, una y mil veces.

Itachi odiaba pensar que alguien como Sakura, rondaba por su mente y sueños, ocupando más de la mitad de sus pensamientos. Pensamientos que no siempre estaban inspirados en como seria hacerla suya…

También deseaba abrazarla durante una noche entera, y dedicarse a memorizar cada uno de los rasgos de su pálido rostro.

Eso carecía de sentido…y él lo sabía.

¿Frágil?

Si

¿Sentimental?

También.

¿Risueña?

Hasta decir basta

Itachi masculló un juramento, que habría escandalizado a un marinero.

Él odiaba todo eso en una mujer, pero en esa kunoichi, le parecían unos rasgos adorables y una maldición al mismo tiempo.

¿Por qué?

Porque la fragilidad de Sakura, le hacía desear estar siempre junto a ella, protegiéndola…aunque sabía bien que él era el principal peligro que la acechaba.

Porque su facilidad para llorar, le parecían un excelente motivo para matar de la forma más cruel al miserable que había provocado sus lágrimas…para después secar dichas lágrimas a besos.

Porque su eterna expresión risueña, había logrado cautivarlo…hasta llegar al punto de que una sonrisa suya, lograban que él olvidara su pasado y deseara sonreír también.

Con su forma de ser y su exótica y particular belleza, ella era su alma gemela, su complemento.

Sakura era la única luz que iluminaba la eterna oscuridad que llenaba su corazón. Y él, no podía evitar odiar a su delicada flor de cerezo, porque era incapaz de dejar de quererla… a pesar de que sabía que era inalcanzable.


¡Hola!

Bueno, aqui otro drabble. Se lo dedico a mi hermana, que tiene la mania de indicarme mis defectos como si fueran lo más maravilloso del mundo. ¡Te quiero Vero! También se lo quiero dedicar a las personas que lo leeis.

Agradecimientos a: Anita-Asakura, Hikari Mitsuki, Mikane, Yamako-chan, Corsaria y -X-KathO-Chan-X-, y a muchas otras personas que habeis demostrado de una forma u otra que os gusta el fic.

¡Gracias por leer!