CRONICA 8.
La fuerza de los sentimientos. Promesas eternas.
Zoe tomó la mano de la princesa y la usó como apoyo para levantarse. Sólo ella y la princesa se movieron, el resto seguía en sus posiciones. Hyoga y Shun estaban todavía en el suelo. Cuando el peliverde dejó atrás la ola de furia, sólo le quedó el terrible dolor de la herida, provocado por el golpe. Bajó la cabeza y se llevó la mano al hombro, apretándolo para que cesara el latido, pero nada mitigaba el dolor. Sintió la camisa húmeda y notó la sangre en la palma enrojecida. Hyoga se levantó y le tendió la mano; cuando Shun la tomó, el rubio se percató del leve goteo de sangre en el suelo blanco. El peliverde estaba pálido, poseído por el dolor, pero su rostro no expresaba la más mínima emoción. Al rubio no le agradó en lo absoluto el hermetismo de Shun.
-Cuentas con todo nuestro apoyo, Zoe- dijo Misha- No estamos aquí para destruir al loto negro, pero sí para defender y proteger a cualquiera que logremos sacar de sus garras. Acérquense todos, por favor.
Los Ángeles obedecieron inmediatamente, reuniéndose alrededor de las chicas.
-Debemos preparar todo para el ingreso de Zoe a los Ángeles, quiero que sea lo más pronto posible. Esmeralda, habla con la modista, que tenga listo el uniforme de Zoe, para mañana en la noche, tengo entendido que ya le han tomado las medidas ¿Cierto?
-Sí-afirmó Esmeralda.
-Bien. Ariel, que preparen el salón para mañana.
Shun extendió la mano hacia Gabriel para que le devolviera la guadaña, pero utilizó el brazo equivocado y la herida volvió provocarle una terrible punzada de dolor que se reflejó completamente en su rostro. Volvió a caer con la rodilla sobre el suelo, alertando al grupo que se giró inmediatamente.
El equipo médico corrió, mientras que Zoe, sintiendo una extraña punzada en el corazón, se abrió camino entre los Ángeles para llegar hasta el peliverde. Se agachó junto a Hyoga, vio a Shun jadeando y con la mano sobre su corazón y recordó haber soñado que lo veía de la misma manera, la noche anterior.
Misha trató de unirse al par, pero Selene la tomó del brazo, deteniéndola.
-Necesito hablar contigo de algo muy importante-dijo Selene en voz baja- He visto cosas de las que debes estar enterada.
Misha miró detenidamente a Selene. Pocas veces la peliplata expresaba alguna emoción en su rostro, y ésta era una de esas ocasiones. De pronto, un alboroto llamó la atención de ambas: el grupo se apartó a pedido del equipo médico cuando Shun se gimió de dolor. Le pusieron el respirador para ayudarlo y trataron de levantarlo, sin embargo el médico no pudo moverlo ni un milímetro. Buscó con la mirada el apoyo de Hyoga, pero él sólo negó con la cabeza. Si Shun no quería moverse, el rubio no se impondría.
-Estas sangrando- dijo Zoe.
Shun no la escuchaba. Había pasado todo el santo día viviendo experiencias demasiado estresantes y ya estaba cansado, no tenía la menor intención de responderle a nadie, ni de intentar siquiera hacer algún miserable gesto que los tranquilizara. Odiaba sentir las miradas clavadas sobre él, sabía cómo se verían. Excluyendo a Hyoga y a Gabriel, se veían demasiado ridículos y para él resultaban insoportables. No levantó el rostro, sólo se enfocó en tomar de nuevo el control de su respiración para que su corazón no estallara, cómo parecía querer hacer. Aunque a veces se preguntaba por qué diablos no dejaba de latir de una buena vez y así dejar en paz a Hyoga y a él mismo.
Hyoga: esa era la razón.
Hyoga era lo único que lo mantenía con vida. Volvió a reunir fuerzas, por centésima vez, creía él, y logró controlar su respiración. Pocos segundos después su pecho dejó de doler.
- Otra oportunidad que dejas ir- pensó con amargura.
De pronto, sintió dos suaves manos, delicadas y un poco frías. Luego, algo dentro de él rechazaba completamente el contacto, pero aquella brisa fresca que lo aliviaba era demasiado atrayente como para apartar las manos de sus mejillas. Manos que suavemente lo obligaron a levantar el rostro, a lo que él cedió sin oponer resistencia. Los ojos verdes, esta vez tristes y opacos, se encontraron de frente con los dorados de Zoe. Ella sentía un profundo pesar en su corazón y un deseo enorme por aliviar el dolor dentro de él. No sabía cómo era que podía sentir aquello o por qué, ahora que se concentraba, veía perfectamente la silueta brillante de Shun rasgada, rota.
-¿Puede dejar el equipo médico aquí?- preguntó Zoe al médico-Yo me encargaré de él. ¿Te parece bien, Hyoga?- continuó, mirando al aludido.
Hyoga la miró fijamente. La anterior timidez e inseguridad se borraron completamente de la mirada de la chica, ahora reemplazadas por una firmeza y decisión inquebrantables.
-Esto no es un juego, es muy serio. Algo que salga mal y te haré responsable-dijo Hyoga, frunciendo el ceño y fulminándola con la mirada.
Zoe asintió, sintiendo de nuevo el enorme peso del poder del rubio. Él, por su parte, se levantó y dejó a Shun, por primera vez, en manos de otra persona.
-¿Tienes alguna otra instrucción que dar?-preguntó Hyoga.
-No- respondió Misha.
-Bien. Entonces muévanse todos a sus puestos, no hay nada más que hacer aquí- ordenó el rubio.
Gabriel le entregó la guadaña a Hyoga y se fue con el resto del grupo. Selene y Misha se quedaron con él, Shun y Zoe.
-Princesa, me gustaría hablar con usted, después, si es posible-dijo Zoe.
-Con gusto, pero tutéame, por favor- dijo ella, sonriendo.
-Bien. Te buscaré después- dijo Zoe.
Luego, Hyoga dejó la guadaña de Shun en el suelo y los tres se retiraron, dejándolos solos. Al salir del salón de entrenamiento, se detuvieron para hablar en privado.
-¿Qué sucede, Selene?- preguntó Misha.
-Vi a Caronte.
El rostro de la rubia perdió el color, Hyoga temió que se desmayara.
-¿Cómo está? ¿Por qué la viste?-preguntó la princesa.
-En el mismo estado. Hubo un momento en el que Zoe estuvo frente a ella, en un cuarto blanco. Un sujeto moreno, de ojos verdes ordenó a un cegador de mentes que borrara la memoria de Zoe; por eso no recordaba nada. Estuvo en una prisión toda su vida, sus recuerdos no fueron nada acogedores. Lo peor de todo es que vimos a su hermano morir frente a ella. Esa la razón de que Shun reaccionara de esa forma.
-Entiendo-dijo Hyoga
-Otro aspecto de sus recuerdos que me llamó la atención es que el sujeto dijo que despertarían "al guardián", después de borrar los recuerdos de Zoe. No sé a qué se referían con eso.
-Creo que yo sí lo sé, pero prefiero no hablar de eso hasta estar totalmente segura-dijo Misha.
-Será como tú decidas. Lo último que considero digno de mencionar es que ese sujeto se propasó con Zoe. No llegó a abusar sexualmente de ella, al menos no vimos nada de eso, pero tocó donde no debía. Tal vez debamos tratar eso con más delicadeza.
-¿Shun lo vio?
-Sí.
-¿Cuál es el problema con que lo viera?- preguntó Misha.
-Ninguno, que yo sepa al menos, no se preocupen-dijo el rubio, pensativo.
-Bueno, mañana antes del ritual, nos reuniremos con ellos dos y hablaremos el asunto. Quiero que Zoe reciba toda la ayuda posible.
-Está bien. No tengo nada más que decir, así que me retiro-dijo Selene.
La peliplata se fue después de despedirse dejando solos a Hyoga y a Misha. Ella se giró hacia él y lo vio perdido en sus pensamientos, mirando hacia la puerta del salón.
-Estás celoso- dijo ella, sonriendo tímidamente.
-¿Disculpa?
-Estás celoso. Shun se dejó tocar por ella, dos veces en un mismo día. Ella pidió cuidarlo y él no le respondió con ninguna grosería. Aunado a eso, levantó el rostro cuando ella se lo pidió. Demasiados roces en un día, te estás ahogando en los celos-dijo la rubia, sonriendo con dulzura.
-No sé por qué dices eso- dijo él, cruzándose de brazos y mirando hacia otro lado, sintiendo como sus mejillas se calentaban ligeramente.
-Eso es porque te observo mucho. No te importa que Hannabi se le guinde del cuello a cada rato, elevándose a 30 centímetros del suelo, porque Shun la repele después de unos escasos minutos. Tampoco te enojas cuando Gabriel llama su atención, pero a ella no le hecho ningún desplante en todo el día, ¿O me equivoco?
Un bufido fue la única respuesta que obtuvo del rubio. Ella sonrió y puso las manos sobre los brazos de Hyoga, hizo un pequeño esfuerzo de que los bajara y él respondió inmediatamente.
-Vamos, Capitán, acompáñeme a cenar, si es tan amable-dijo ella, tomándolo de la mano.
-Será un honor- dijo Hyoga, sonriéndole con una mezcla arrogancia y picardía.
Mientras tanto en el salón, Zoe sacó lo necesario del kit medico y tomó la mano de Shun para guiarlo hasta la mesa que estaba cerca de la pared, a varios metros de distancia. Temía que él no quisiera moverse, parecía demasiado sumido en sus pensamientos como para notar algo a su alrededor, pero le sorprendió ver que no tuvo que hacer ningún esfuerzo para que el chico obedeciera, al contrario, él usó su mano para apoyarse y levantarse. Ella, astronómicamente lejos de igualar la fuerza del peliverde, salió despedida hacia adelante, alertándolo al instante. Cayó en sus brazos y él aterrizó en el suelo, soportando el peso de la chica. Al usar las manos como apoyo la herida volvió a latir y enviarle una descarga de electricidad en todo el cuerpo haciendo que inmediatamente quitara el apoyo y se golpeara la cabeza contra el suelo. Suspiró de cansancio, mientras Zoe lo miraba con los ojos abiertos como platos.
-Hoy me levanté con el pie izquierdo, definitivamente.-dijo Shun, más para sí mismo que para la chica.
Ella se levantó y quedó sentada sobre el bajo vientre de Shun, quien levantó el rostro inmediatamente.
-¿Estás bien, Shun?
-¿Podrías…quitarte de ahí?-dijo Shun, levantando el torso.
-¿Estás seguro que estas bien?-preguntó ella, evidentemente preocupada.
Shun sentía como la sangre comenzaba a acumularse en sus mejillas y trató de quitarse suavemente a la chica de encima.
-¿Tienes fiebre, será que la herida se infectó?-preguntó, levantándole un poco la camisa.
-Espera…
-¡Estas hirviendo!
De pronto, la puerta de salón se abrió. Un grupo de chicos se asomó, todos vestidos con uniforme de deporte, dispuestos a entrenar, cuando vieron la escena: Shun sentado en el suelo, con la chica sobre él y levantándole la camisa. Los chicos levantaron las manos, mostrándoles las palmas y lentamente volvieron a cerrar la puerta, temerosos de haber interrumpido lo que para ellos era evidente.
-Lo que me faltaba-dijo Shun, poniendo los ojos en blanco.
-¿Shun, estas bien?- preguntó ella, tomando su rostros entre sus manos- Realmente estoy preocupada por ti.
-…Estoy bien, pero si no te quitas voy a empezar a sentirme "demasiado" bien-dijo él, con un suave tono de dulzura, tomando a la chica por la cintura y apartándola suavemente.
-Déjame revisar la herida- dijo ella.
El peliverde no estaba muy convencido de querer más contacto físico, lo único que quería ya era largarse a su habitación, pero como era un caballero no pudo negarse a la petición de la joven. Ambos se levantaron del suelo, Shun se recargó en el borde de la mesa y se quitó la camisa, no sin antes gemir levemente de dolor. Luego, ella puso las manos alrededor de la cortadura y se acercó lo suficiente para examinarla detalladamente. Él por su parte, se sintió incómodo y posó la mirada en el suelo, en el pequeño charco de sangre. No le hacía ninguna gracia encontrarse con aquellos ojos dorados que ahora compartían un dolor parecido al suyo.
-Se abrieron un poco los puntos- dijo ella, tomando el kit y buscando los implementos para limpiar la herida.
Shun seguía vagando en sus pensamientos, por lo que no respondió.
-Ella debe ser muy fuerte, para estar aquí preocupándose por un perfecto extraño y no lanzándose al piso a llorar su perdida. ¿Cómo lidié yo con…"eso"? ¿Cómo fueron los primeros meses? Hum…no lo recuerdas ¿Verdad, Shun?-pensó el peliverde.
Era cierto, no recordaba absolutamente nada.
-¿Shun?
-…"Tsubaki". Es un bonito nombre- dijo él, pensativo.
Al no escuchar respuesta de la chica, levantó la mirada, encontrándose con los ojos llorosos de la pelinegra. Quiso reconfortarla, pero no supo qué decirle.
-Nosotros…no teníamos nombres- dijo ella, secándose las lágrimas- Sólo nos llamaban por números. Él me dijo que leyó en alguna parte que Tsubaki significa una flor que no ha florecido, o algo así. Así me llamaba él.
-… Me gusta más que "Zoe".
-Ese me lo dio la princesa, provisionalmente.
-Usarás el otro, supongo.
-No-respondió ella, con la misma convicción que antes-Todavía no.
-Hum…entiendo.
Zoe miró a Shun, pero éste yacía perdido en sus pensamientos de nuevo. Terminó de vendar la herida y se detuvo a contemplar el pecho desnudo del Ángel. Sólo en algunas ocasiones había visto el cuerpo de un hombre y siempre había sido el de su hermano; sus otros dos compañeros la respetaron demasiado. Aún así, Shun no se parecía en nada al pelinegro o a cualquier otro que ella hubiese visto en la prisión.
Su altura, 1.85, lo hacía bastante más grande que ella, que medía un escaso 1.60. Cada uno de los músculos de sus brazos y su pecho era duros como una piedra, perfectamente delineado, sin llegar a verse exagerados y su piel era suave y muy blanca. Notó algunas cicatrices en el abdomen duro y los brazos del peliverde y dejándose llevar por la curiosidad pasó los dedos por los abdominales suavemente.
-¿Por qué tendrá estas cicatrices?
Un carraspeo incómodo hizo saber a Zoe que Shun ya estaba alerta y levantó la mirada, pero no consiguió la suya. Él sólo se apartó suavemente de ella y buscó su camisa, la cual se guindó al hombro mientras iba en busca de su guadaña que estaba en el suelo. Ella lo siguió con la mirada mientras él se agachaba y levantaba el arma con el brazo sano; luego se giró hacia ella y le sostuvo la mirada, afilada y desconfiada de nuevo. Ella arrugó el semblante. No le gustaba ver que él no confiaba en ella todavía y esa arma definitivamente la asustaba. Más cuando Shun la tenía entre sus manos; Zoe sentía como si el arma se cargara de vida y poder cuando la tomaba y eso la hacía temblar ligeramente de miedo.
-¿Tienes hambre?- preguntó Shun.
-…No.
-Te llevaré a tu habitación entonces- dijo él, poniéndose la camisa y tomando la chaqueta del suelo-Vamos.
Luego, la guadaña desapareció y regresó al tatuaje del brazo. Ella respiró de alivio y se reunió con Shun, quien ya estaba en la puerta, esperándola.
Ya frente a la habitación, Shun esperó que Zoe entrara, pero ella sólo volteó a mirarlo.
-Esta no es mi habitación, no conozco todo este sitio, pero no es aquí donde…
-Lo es ahora. Mi habitación es la continua a ésta. Tengo que protegerte, así que estarás lo más cerca de mí que sea posible. A menos que quieras dormir conmigo, esta es la mejor opción-dijo Shun, sonriendo con picardía y en un intento por hacerla sonrojar. Evidentemente no tenía idea de que el sonrojado seria él.
-No veo el problema en dormir contigo, creo que sería placentero, pero entiendo. Buenas noches- dijo Zoe, resuelta.
-Bue-buenas… noches-balbuceó.
Esperó a que ella entrara en su habitación y luego entró en la suya, se quitó toda la ropa, quedando sólo en ropa interior y se acostó en la cama a mirar el techo. Había sido un día demasiado realmente agotador.
Estaba hasta el techo de emociones intensas y dolorosas. Recuerdos suyos sacados a flote y recuerdos ajenos se revolvían en su cabeza una y otra vez. Cerró los ojos, como tratando de evitar el verlos, pero estos se agolpaban en su mente y lo hacían flaquear de nuevo. Agarró la almohada y se la puso en la cara con el brazo lastimado, haciendo que la herida volviera a latirle, pero no le importó, al contrario, el dolor lo alejaba de los recuerdos, obligaba a su cuerpo a producir la anestesia natural, relajándolo.
Luego, pensó en las extrañas sensaciones que tenía cuando estaba cerca de Zoe.
Con la sacrosanta excepción de Hyoga, y en menor medida, de Gabriel y Hannabi, Shun odiaba que la gente lo tocara; no lo soportaba y ciertamente le incomodaba mucho la cercanía de la pelinegra, pero no llegaba a detestarlo completamente. Algo muy extraño había pasado en la cafetería, estaba seguro de que no eran ideas suyas, que algo dentro de él rechazaba el contacto, mientras el otro lado lo anhelaba.
Su mente regresó a los recuerdos de la chica, volviendo a golpearlo con escenas dolorosas, demasiado familiares. Esta vez, Shun buscó otro recuerdo, uno que no provocaba dolor, sino rabia. Frunció el ceño y apretó los puños, invadido de nuevo por la ira causada por esa escena. Estaba decidido a mantener fresco en su mente el rostro moreno y la mirada lasciva.
-Voy a tener que darte una lección de buenos modales-pensó Shun
Mientras tanto en Canadá…
Fallen estaba parado en mitad de la calle, de brazos cruzados y frente a cuatro personas cuyo rostro estaba cubierto por una capucha negra.
-Ya saben cuál es su misión. Váyanse ahora y no se les ocurra fallar o me veré en la penosa obligación de castigarlas-dijo Fallen, sonriendo con malicia.
-Sí, señor-respondieron al unísono las desconocidas.
-Bien. Lárguense- dijo Fallen.
Las cuatro mujeres se dieron vuelta y desaparecieron entre las estructuras abandonadas de la ciudad. Fallen las siguió con la vista y luego sonrió de nuevo, pasándose esta vez la lengua por los labios.
Al día siguiente en Mithrandir…
El sueño lo dominaba, las sabanas suaves, esponjosas y frías alrededor de su cuerpo se le antojaban demasiado embriagantes como para abandonarlas. Afuera, detrás del ventanal de su habitación, la lluvia arreciaba. Él lo sabía por el sonido de las gotas golpeando contra el vidrio, no porque hubiese abierto los ojos. Había aprendido a amar a la lluvia, por lo que la combinación del acondicionador de aire, las sabanas y el clima eran la perfecta culpable de que aún estuviese mas dormido que despierto y tuviera toda la intención de permanecer así.
Aún tenía los ojos cerrados y la claridad de la luz entrando por la ventana golpeaba su rostro blanco. De pronto, sintió la palma de una mano acariciando su mejilla, invitándolo a despertar, pero él hundió más el rostro en la almohada. Sabía a quién le pertenecía la mano y la actitud por demás cariñosa.
-Despierta, dormilón…
Su corazón pegó un brinco hasta casi salirse de su pecho. Abrió los ojos inmediatamente, reconociendo por un segundo esa voz fuerte y ronca…esa voz que hacía años no escuchaba.
Levantó la mirada, pero no vio al dueño de esa voz. En lugar de un rostro moreno estaba el níveo de Hyoga, quien lo miraba ahora con preocupación.
Su mente le había jugado una broma demasiado pesada.
-¿Estás bien?, me preocupé al ver que no bajabas a desayunar. Toqué, pero al ver que respondías decidí entrar-dijo Hyoga.
-¿Tú…me tocaste hace un minuto?-preguntó Shun, sentándose. ¿…Dijiste algo, hace un minuto?
-Sí, ¿por qué? ¿Estás bien, Shun?, te veo un poco pálido-dijo Hyoga, sentándose en la cama frente a Shun.
-…Sí, estoy bien. ¡¿Son las once de la mañana?!-preguntó, tomando repentinamente el despertador.
-Sí. Gabriel me dijo que también tocó a tu puerta, pero nadie respondió. Nunca has tenido el sueño tan pesado, ¿Estás seguro de que estas bien?, no quiero saber que me estás mintiendo, Shun-dijo Hyoga, en tono severo.
Él no le respondió, sólo miraba sus manos sobre su regazo, apretando la sabana hasta que sus nudillos perdieron el color. Estaba absolutamente seguro de haber escuchado su voz, casi atesoraba el momento como si se tratara de oro puro, aunque su mente y su corazón luchaban por alejarlo del recuerdo. Las manos de Hyoga volvieron a hacer contacto con su piel, obligándolo a levantar el rostro y encontrándose con los ojos celestes del rubio. Por un segundo pensó en guardar dentro de su memoria cada momento que pasara con Hyoga, sólo por si algo…
Se obligó a bloquear sus pensamientos, no quería ni siquiera imaginar lo que podría pasarle a Hyoga y lo que sería de él si un día despertaba creyendo haber escuchado la voz ronca del rubio, para que luego se desvaneciera como la neblina. El terror se anidó en su corazón y siguiendo sus propios impulsos lo abrazó fuertemente. Hyoga, reaccionando casi por instinto enredó los brazos alrededor del peliverde.
Por un momento dejó de ver al hombre de 21 años, herido pero vivo y vio al niño de 16. Vio el mismo rostro lleno de dolor y miedo de hace cinco años atrás. Respondió al abrazo, en un intento por aliviar la tristeza del otro, y probablemente la suya propia. Dejaron pasar los minutos en la misma posición, Shun apoyó la mejilla en el hombro derecho de Hyoga y cerró los ojos. Temió volver a quedarse dormido así que soltó el agarre que tenia sobre el mayor. De nuevo, la expresión en el rostro de Shun era hermetismo absoluto. Hyoga arrugó el semblante, no le gustaba para nada aquello. Él podía ser así con el resto del mundo, pero al rubio jamás le había dedicado aquella expresión vacía y cerrada.
-No te irás ¿Verdad? No te irás de mi lado también, como has hecho con el resto del planeta. No lo harás… ¿Verdad?-Preguntó Hyoga.
Shun levantó la mirada, sorprendido por el tono casi suplicante del rubio. Sólo una vez lo había escuchado hablar así, perder toda su férrea seguridad y quebrarse. Lo recordaba perfectamente. Lo recordaba porque fue la súplica que lo hizo regresar del limbo en el que se encontraba. Sintió cómo su corazón se llenaba de nuevo de unas pequeñas ganas de vivir, justo como en aquella ocasión.
-Te lo prometo-Dijo Shun-mientras me quieras a tu lado, aquí estaré siempre.
Hyoga sonrió levemente y asintió.
-Entonces yo renovaré una promesa que te hice hace mucho tiempo y que creo que no recuerdas. Te prometo, que pase lo que pase, siempre estaré contigo, aunque tú no lo quieras- dijo Hyoga, sonriendo con picardía.
Shun sonrió de nuevo, contagiado por el buen ánimo del rubio. Incluso llegó a sentir hambre y su estómago rugió protestando por la falta de comida. Hyoga se echó a reír y se levantó.
-Te vas a bañar, supongo.
-Sí, pero…
-¿Qué pasa?
-Quédate. Saldré rápido-dijo Shun, levantándose rápidamente de la cama.
-Está bien, te esperaré-dijo Hyoga, sonriendo divertido al verlo buscando la ropa y volando hacia el baño.
Hyoga buscó el control del televisor, el cual encontró en el suelo debajo de la cama. Se agachó y cuando apoyó la mano en el borde del colchón sus sentidos se alertaron inmediatamente. Donde había colocado la mano sintió la presencia de un cosmos familiar. No era el suyo o el de Shun, evidentemente.
-Parece que tú también has prometido quedarte.- pensó Hyoga, sonriendo.
Luego de comer, Hyoga y Shun se reunieron con Gabriel, Ariel y Zoe. Esta última estaba a punto de presentar la evaluación médica que Misha había pedido, tomando en cuenta la información que recibió de Selene. Ella temía que 19 años de prisión y los toques groseros de aquel sujeto hubiesen hecho mella en la estabilidad mental de la joven y de ser así no podría ser compañera de Shun. Suficiente tenía el peliverde con sus propios demonios internos para tener que lidiar con los de una desconocida que además él no terminaba de aceptar, pensaba Misha. La noche anterior, durante la cena lo había discutido con Hyoga y él aprobó la decisión de la rubia, por lo que ahora, a Zoe le tocaba enfrentar otro tipo de prueba.
Hyoga, Ariel, Gabriel y Shun esperaron afuera que Zoe saliera de la evaluación. El rubio estaba sentado, de brazos cruzados, mientras que Ariel estaba parada a su lado. Gabriel, por su parte, estaba sentado con los brazos detrás de su cabeza y ésta apoyada en la pared. Shun estaba al lado de Hyoga, apoyando la mejilla en el hombro del rubio y prácticamente quedándose dormido de nuevo.
Casi dos horas después…
… seguían exactamente en la misma posición.
De pronto, la puerta de la oficina se abrió, sacándolos a todos de golpe del letargo en el que cayeron esperando. Zoe salió sonriendo y bromeando con el médico, Santos, senescal del distrito cinco.
-Ah, no sabía que seguían aquí. Zoe, quédate con Gabriel y Ariel mientras hablo con ellos dos.
-De acuerdo.
Zoe miró a Shun un segundo antes de bajar la mirada y reunirse con los otros dos Ángeles.
-Bueno, está perfectamente bien-dijo Santos.
-¿En serio?- preguntó Hyoga- ¡Eso es genial!
-Aquí está el reporte, pero no hay mucho de lo que preocuparse. Sabe leer y escribir perfectamente, se expresa muy bien, es sumamente inteligente y lista. Lo único que cabe destacar es que no tiene sentido de la vergüenza, no sabe lo que es un tabú o la privacidad. Me sorprende que estando rodeada de hombres haya conservado esa inocencia casi infantil. Supongo que si no recuerda nada del ataque aparte de lo que vieron ustedes, entonces debemos suponer que no pasó a mayores.
-Pasó, es más que suficiente-dijo Shun, mirando a Zoe, quien hablaba con Gabriel.
-Tienes toda la razón, Shun. Por cierto, ¿Cómo estás tú?
-¿Terminamos?, no recuerdo tener una cita contigo, Santos.
-No la tenemos, pero ya se la pediré a tu capitán que es menos grosero que tú-dijo Santos, sonriendo y rascándose la nuca.
-Como sea. Me voy entonces, tengo demasiadas cosas que hacer-dijo Shun, antes de retirarse.
-Hyoga, ¿Cómo va todo?
-Creo que bien, Santos pero apenas voy empezando. Cualquier cosa que pase, te avisaré
-Está bien, Hyoga, sabes que cuentas con mi ayuda.
El rubio asintió y se reunió con los otros cuatro que lo esperaban en la salida de la sala de espera. En las puertas del pequeño edificio los esperaban esas extrañas maquinas de colores que Zoe había visto en las calles y que no reconocía. El clima seguía húmedo y con llovizna.
-Oye, Shun, Esmeralda me pidió que te dijera que el traje de Zoe está listo, está en tu oficina. Me voy, chicos, nos vemos más tarde, Zoe-Se despidió Gabriel.
-Nosotros también nos vamos, ¿Te llevas a Zoe?-preguntó Hyoga.
-Como ella quiera, puede quedarse con Ariel si quiere-dijo Shun, mirando a la pelinegra.
-¿Puedo…quedarme contigo?-preguntó Zoe, sintiéndose de nuevo nerviosa.
-Claro-dijo Shun, encogiéndose de hombros-pero te aburrirás.
-No lo creo- respondió ella, sonriendo.
-Hyoga y Ariel se miraron por un instante. Shun optó por ponerse los lentes de sol, aún cuando estaba nublado y les dio la espalda, en un intento por ocultar el leve enrojecimiento de sus mejillas. Cosa que no pasó desapercibida por el rubio.
-Vamos, Zoe-dijo Shun.
La pelinegra lo siguió y lo vio sonar un aparato para luego abrir lo que ella identificó como una puerta. El peliverde volteó hacia ella y le indicó que entrara, pero al percibir la expresión de confusión en los ojos dorados, Shun intuyó que Zoe no había estado en esa situación antes.
-Me va a tocar leer el fulano reporte ese-dijo Shun, rascándose la nuca-Esto es un auto, Zoe, no está vivo y no va a morderte, así que entra y siéntate.
Zoe asintió y sonrió, obedeciendo al peliverde. Éste arrancó a toda velocidad y ella asomó la cara por la ventana, sintiendo el viento fresco acariciar sus mejillas.
Media hora después estaban entrando en el segundo distrito, controlado por Shun. Zoe vio, sorprendida, como la gente lo saludaba en la calle. Todo el mundo salía a su encuentro, los niños más pequeños se abrazaban a sus piernas, haciendo que sus madres se acercaran nerviosas a apartarlos del peliverde. Éste no era muy efusivo, pero tampoco alejaba a los pequeños de él, sólo les pellizcaba levemente la mejilla a las niñas y revolvía los cabellos de los chicos. Vio que algunas chicas lo miraban nerviosas, sus rostro enrojecían de pronto. Incluso algunos chicos tenían la misma reacción.
Entraron en la oficina y Shun le cedió el paso a la pelinegra.
-Curioso-dijo ella.
-¿Qué?
-Para ser tan grosero eres muy querido por la gente. ¿Cómo lo logras?-preguntó Zoe, con franca curiosidad.
-Pregúntales a ellos, no he hecho nada para ganarme el cariño-dijo Shun, encogiéndose de hombros.
-Lo haré.
Pasaron el resto de la tarde juntos, Shun mostrándole cómo funcionaba la administración del distrito y cuántos grupos estaban a su cargo. El segundo distrito era el de las fuerzas especiales, todos entrenados por Shun, quien aprovechaba sus habilidades ya adquiridas, pues todos eran militares o policías, para asegurar la protección de todo Mithrandir.
A Zoe le parecía fascinante y entendía todo con sólo explicárselo una vez, mientras que a Shun le aburría al punto de la locura. Luego, llegó el momento de que Zoe se pusiera el uniforme porque pronto vendría el ritual para incluirla oficialmente dentro de los Ángeles.
Entró en la habitación donde la esperaban dos chicas a las que Shun pidió que la ayudasen. Él revisaba unos últimos documentos, cuando la pelinegra salió vestida con el uniforme de las chicas, sólo que este variaba en la parte superior. El traje constaba de un par de botas negras, una falda con los bordes plateados y arriba un corsé con los detalles en el mismo color de la falda; lo completaba una chaqueta manga corta que sólo le llegaba hasta la mitad de la espalda y los guantes negros. Shun perdió el hilo de sus pensamientos al ver tanta piel blanca y suave descubierta. Su largo cabello negro enmarcaba su rostro, sus mejillas un tanto sonrojadas y sus ojos dorados brillantes.
Se detuvo especialmente en los ojos dorados. Ella volvió a sentirse atrapada por la mirada penetrante de Shun, incapaz de moverse o apartar la vista de los brillantes ojos verdes.
-Ejem…
Ambos voltearon en dirección de la voz que los sacó de su mundo y vieron a Hyoga, de brazos cruzados y apoyando la espalda en el marco de la puerta. Shun notó una ínfima sonrisa pícara en el rostro del rubio, pero lo distrajo el rostro sonriente de Hannabi que se asomó detrás de Hyoga.
-¡Hola, Hola!-gritó Hannabi- Oye, Zoe, ¡te ves preciosa!
-Gracias-dijo la pelinegra, sonriendo.
-Hemos venido a buscarlos, ya es hora de empezar el ritual-dijo Hyoga.
Zoe tragó grueso, sintiéndose de nuevo nerviosa por no saber a qué se enfrentaría. Shun se levantó y fue a su lado.
-Tranquila, no te dolerá mucho-dijo Shun.
De nuevo, el inocente peliverde falló en su intento de reconfortar a la chica. Ella caminó hacia la puerta siendo casi arrastrada por una efusiva Hannabi. Shun llegó hasta Hyoga y éste le pasó el brazo por el cuello.
-Parece que estoy destinado a ver todos tus momentos vergonzosos-le susurró al oído, riéndose.
-Cállate-masculló Shun.
Una hora después, Hyoga, Shun y Zoe estaban en la sala de la mesa redonda, donde se reunieron con Misha y Selene. Gabriel y Hannabi los esperaban con el resto de los Ángeles en la sala del ritual. La rubia y la peli plata estaban paradas al lado de la mesa y el trío se les unió pronto.
-Zoe, antes del ritual, quiero hablar contigo sobre algo que Selene vio.
-Sí, yo también, quiero hablar contigo, pero en privado. No tiene que ser ahora, puede ser después.
-Perfecto. Como habrás visto todos ellos tienen un tatuaje que los certifica como Ángeles, de ahí viene la fuente de poder de la mayoría de ellos. Unas vez que te lo pongan no podrás quitártelo jamás. Significa que aunque te vayas de aquí y dejes de cumplir con tu misión, siempre serás un Ángel. ¿Estás de acuerdo con eso?
-Sí.
-Bien. Los Ángeles vienen de una fuente de poder pura y netamente bondadosa, por lo que ellos están aquí para proteger a seres inocentes. Tu causa está fuera de eso, tú tendrás la misma misión que ellos, pero en el momento en el que elijas cobrar tu venganza por tus amigos caídos, será decisión de ellos si te siguen o no. Yo no puedo ordenarles nada. ¿Estás consciente de eso?, ¿Que probablemente estés sola en ese momento?
-Sí.
-Ella no estará sola.
Los cuatro voltearon a ver a Shun, quien estaba apoyado en la pared, con los brazos cruzados. Él sólo miraba a Zoe. La pelinegra vio la convicción en la mirada de Shun y el mismo deseo de venganza que ella sentía.
-¿A qué te refieres?
-Hagamos primero el ritual y después te diré lo que significa.
Hyoga arrugó el semblante, pero se mantuvo en silencio. Misha asintió.
-Muy bien, vamos entonces.
El grupo completo se movilizó a la sala del ritual. Shun caminaba más por inercia que por voluntad propia; estaba demasiado sumido en sus pensamientos. Recordó cada segundo de aquella escena, lo grababa con hierro en su mente, mientras el fuego y la determinación bullían en su interior. Sólo necesitaba saber si ella se sentía igual y estaba por descubrirlo.
Ficha técnica:
Hannabi:
Compañera de Aron, es el séptimo Angel
Edad: 15 años.
Altura: 1.60 mts.
País de origen: Japón.
Trabajo anterior: Era el arma secreta de su familia, un clan de ninjas y samuráis cuyo árbol genealógico se remontaba a la época de Tokugawa.
Descripción: Pequeña, blanca, de cabello castaño, recogido en dos moños a cada lado de su cabeza, tiene ojos oscuros. Es muy animada y consentida por el grupo, está llena de vida y es una excelente luchadora, la mejor entre las mujeres. Es la pareja de Aron y quiere muchísimo a Shun, siendo la única que jamás le tuvo miedo o recelo.
Selene:
Compañera de Alain, es el octavo Ángel
Edad: Desconocida.
Altura: 1.70 mts.
País de origen: desconocido.
Trabajo anterior: Se desconoce absolutamente todo lo relacionado con el pasado de Selene, ni siquiera Hyoga lo sabe, sólo Misha y los Senescales.
Descripción: Alta y esbelta, blanca, tiene el cabello largo, en bucles y de un color plateado muy llamativo, al igual que sus ojos que son del mismo color, sin pupila. Es muy callada, como su compañero Alain, se muestra fría y distante la gran mayoría de las veces, posee escasas habilidades para entender el humor por lo que muchos no la consideran humana.
