POV Severus

Mi confusión creció hasta límites insospechados, los años lejos del colegio, los sentimientos tan fuertes que despertaba en mí, lo del collar, además de que me enteré de cómo había logrado tranquilizar al hipogrifo que estuvo a punto de atacar a Draco y ahora una elfina con la que, al parecer, mantiene una extraña relación, todo lo que rodeaba a Beatriz era misterioso y a mí me encantan los misterios.

Su mirada seguía fija en mí, no era insistente ni molesta, era más bien como si pudiera leerme por completo, como si supiera mucho más de mí que yo mismo, era enigmática pero benévola, me recordaba mucho a alguien pero no sabía a quién. Dijo que la elfina quería que yo la conociera y que ella pudiera confiar en mí pero ¿estaba de acuerdo, mi ángel me daría semejante oportunidad? Su voz, serena y suave me sacó de mi letargo.

¿A usted le interesa? Quiero decir, ¿le gustaría conocerme?-

Esa simple pero, al mismo tiempo, compleja pregunta me dejó contra las cuerdas, podía decir que no, hacerle ver que para mí sólo era una alumna más y que su vida y sus problemas no me despertaban ni la menor curiosidad, que si estábamos ahí era sólo debido al irascible director que me había obligado pero, la cuestión era que todo dentro de mí gritaba "sí", yo deseaba conocerla, saber todo, absolutamente todo de ella, hasta lo más insignificante representaba toda una maravilla por descubrir, tal vez fuera incorrecto, tal vez resultara ser un error al final pero estaba harto de ponerme en segundo lugar, por primera vez, haría algo que realmente anhelaba, ya lidiaría después con las consecuencias.

Sí pero ¿usted confiaría en mí?-

Ya lo hago, no me ha dado ningún motivo para lo contrario. Sólo pregunte, prometo ser totalmente sincera con usted.-

Lo hacía, confiaba en mí, entonces no me veía como el murciélago grasiento ni como el odiado profesor de pociones, no me odiaba pero, si ninguna de esas ideas era la que tenía de mi persona, ¿qué era lo que en verdad pensaba de mí?, podría preguntárselo pero temía que la respuesta acabara conmigo, si le desagradaba por lo menos un poco y me lo decía, me sentiría destrozado pero ¿y si sus sentimientos eran otros, si se parecían a los míos? No, eso no era posible, mejor comenzar por otro tema. Me acerqué a la mesilla y me dispuse a tomar una taza de lo que, al parecer, era chocolate caliente pero Beatriz fue más rápida y cogió ambas tazas y les puso algunos malvaviscos, luego colocó una en mis manos y la otra frente a ella en la mesa, también cortó 2 rebanadas de pie y las puso una frente a cada uno de nosotros también en la mesa. Me sonrió y supe que podíamos iniciar con las preguntas.

¿Minnie?-

Fue todo lo que le dije pero sabía que entendería la pregunta, probé el chocolate con malvaviscos y aunque un poco dulce me resultó absolutamente delicioso, mi gesto debió delatarme porque mi bello ángel me sonrió con complicidad y asintió antes de contestar a la pregunta antes formulada.

Es mi mejor amiga.-

Siempre me he caracterizado por mi inexpresividad, por mi gran capacidad para disimular emociones pero esta vez ninguna de esas cualidades me sirvió, mi quijada casi se disloca de lo enorme que abrí la boca, ¿una elfina amiga de una bruja? No, espera, ¿la mejor amiga de una bruja? Jamás había escuchado algo semejante. Recobré la postura y Beatriz continuó con su explicación.-

Cuando ingresé al colegio todo me pareció asombroso, nunca imaginé que un mundo como este pudiese existir, ni siquiera en mis más alocados sueños barajeé la posibilidad de que la magia existiera y ver todo lo que hay aquí wow de verdad impresiona. En las otras escuelas en las que estuve, muggle obviamente, siempre fui la rara, sola, apartada del resto, cosas extrañas pasaban siempre que yo estaba cerca, por eso no tenía amigos ni nada que se le parezca, me tenían miedo.-

Mientras hablaba en mi mente se iban formando imágenes, una niña hermosa, pequeña y frágil sentada en el rincón mientras todos jugaban, la misma niña llorando encerrada en un baño preguntándose ¿qué tenía de malo? El corazón se me rompió.

Al enterarme que era una bruja todo cobró sentido en mi mente, yo no era rara, era especial. Creí que en este lugar encontraría personas como yo, que ya no estaría sola nunca más pero cuando el sombrero me mandó a Slytherin, apenas al sentarme en la mesa junto a mis compañeros, descubrí que no sería así.-

Su mirada se perdió en algún lugar entre mi despacho y el infinito, estaba reviviendo cada momento en su mente, estaba seguro.

No fui para nada bien recibida entre las serpientes, no me consideran digna de portar el verde y plata en mi uniforme, una hija de muggles no es bienvenida entre sangre pura, me lo dejaron claro desde el primer instante. En un momento de mi primer semana en el castillo, en el que me di cuenta que era mejor sola que mal acompañada, encontré a Minnie o, mejor dicho, ella me encontró, con unas cuantas palabras pudimos ver que estábamos igual de solitarias, desde ese día somos las mejores amigas, ella siempre me ha apoyado y ayudado, más que mi amiga, es familia, la hermana que siempre quise.-

Por la calidez de su mirar supe que, efectivamente, esa pequeña criatura tenía un lugar permanente y exclusivo en el corazón de Beatriz, no pude evitar sentir una pequeña punzada de celos, yo también quería ser su amigo, su familia y mucho más.

Y ¿lo de hace unos momentos?-

Bueno, desde el día que nos conocimos, todas y cada una de las noches, cenamos juntas, la verdad es que en la mesa de Slytherin no me quieren y en las de las otras casas tampoco, tal vez ahora podría sentarme con los Gryffindor pero sigo prefiriendo a Minnie. –

Ahora entendía porque no la había visto durante las comidas, creía que se iba antes de que llegara yo pero nunca imaginé que los idiotas de los otros alumnos la trataran tan mal como para que no se atreviera a ir al Gran Comedor. Tendría una seria charla con los demás miembros de mi casa, no toleraría una ofensa más contra mi ángel.

Hoy, durante la cena, le conté a Minnie todo lo que había ocurrido con mi collar, la manera en la que me puse y cómo usted me había ayudado a tranquilizarme.-

Advertí la manera en la que sus mejillas se tiñeron de un rojo tenue y encantador, intuía que le había dicho algo más a la elfina sobre mí, de no ser así no se habría ruborizado y la elfina no hubiera actuado de la forma en la que lo hizo. En este momento vería qué tan sincera estaría dispuesta a ser.

¿Le dijo algo más?-

Mi pregunta la sorprendió, se mordió el labio en un gesto de nerviosismo y cerró los ojos un momento, cuando los abrió la noté segura pero temerosa, lo que sea que iba a decir era importante.

Sí, le hablé de lo que siento por usted.-

El silencio invadió la sala, me quedé atónito, no era capaz de procesar lo que acababa de escuchar. En verdad sentía algo por mí, ¿cómo reacciono ante esto? Pasaron un par de minutos, mi cabeza seguía girando, no atinaba a responder nada coherente, me atreví a ver en su dirección, esperaba encontrarla con la mirada perdida o con un gesto de arrepentimiento o incluso mirándome fijamente pero no fue así, estaba de lo más tranquila comiendo su trozo de pie y disfrutando de su bebida.

¿En serio? ¿Bebes y comes como si nada hubiera sucedido justo después de haberme dicho lo que has dicho?-

Quizá no fue la pregunta que más deseaba hacerle pero es que no lo podía creer.

Pues sí, parecías muy afectado por mis palabras, supe que tardarías un rato en decidir cómo actuar a continuación. No iba a apresurarte a hablar, tengo tiempo de sobra y el comerme este exquisito pedazo de pie no cambiará nuestros sentimientos, de hecho, si decidías correrme iba a perder la oportunidad de comerlo así que ¿por qué no?-

Me vi obligado a ignorar mi desconcierto por los recientes descubrimientos, mi enfado por su falta de tacto, incluso el hecho de que no hubiéramos tuteado porque la risa que se me escapó provocó una gran sonrisa en Beatriz que también terminó riéndose, nuestras carcajadas duraron hasta que no podíamos más por el dolor en el abdomen y las lágrimas en nuestros rostros.

No recuerdo la última vez que lloré de risa, esta situación es la más ridícula en la que he estado. Llevo días torturándome mentalmente por sentir algo por una de mis alumnas y esa alumna viene y con toda la tranquilidad del mundo me dice que también siente algo por mí. Mientras asimiló la situación ella decide que ponerse a comer es la opción más lógica porque podría, Merlín no lo quiera, quedarse sin haber probado el pie.-

La sonrisa que había en mi rostro era la más estúpida que nunca hubiera tenido, era verdad, la situación era absurda pero me sentía tan inmensamente feliz, ella sentía algo por mí y no parecía afectarle de mala manera. Beatriz asimiló mis palabras y continuó sonriendo pero bajó la mirada, mi último comentario la hizo sentir un poco avergonzada. Decidí que era momento de demostrar valentía, me levanté y me dirigí al sofá donde se encontraba mi ángel, tomé asiento a su lado y, como en la mañana, tome su rostro entre mis manos para obligarla a mirarme. A diferencia de la primera vez, su rostro estaba sonrosado y radiante, con una gran sonrisa y yo no pude callar más la pregunta que me rondaba la cabeza.

¿Qué es lo que sientes por mí?-