Diabólicas Inspiraciones.
Capítulo 10.
Ya las cosas no eran lo mismo, desde aquella noche, no podía dejar de pensar en su contacto, había admitido que él me gustaba y si fuera poco; aun teníamos que seguir durmiendo juntos, la razón era que pasamos 10 días más esperando a que los abogados arreglaran los papeles de la herencia.
Claro, no fue tan complicado puesto que mi padre dejó el testamento, todo quedaba a mi nombre y cuando me refiero a todo, estoy hablando de todo, entre aquellas cosas estaban; sus autos, la finca, la casa del pueblo, los negocios que poseía y la casa estilo victoriana que se encontraba en Londres.
Tenía planeado volver a aquel lugar, mi tío la cuidaba, iba a revisarla y se cercioraba que todo estuviera en orden; lo agradecía, él en verdad se preocupaba por los recuerdos de mi padre. Admito que no volví a llorar desde aquella noche, ya estaba más calmada o eso aparentaba.
El ambiente en la finca también era tranquilo, y lo sería más si no fuera por un solo pequeño problema; mi mamá y Sebastián; ella no lo soportaba a él, pensé que al pasar más tiempo juntos se llevarían mejor; gran error, mi madre lo detestaba cada vez más. Sé que eran celos, aunque no lo admitiera, pero ella era así.
Con mi ex lo había sido y claro, al saber lo que él me hizo; se desató el infierno en la tierra. Y es que no es por exagerar, pero la mujer que me dio la vida tenía un carácter fuerte, carácter que ha sido moldeado al pasar los años, como si cada experiencia la ayudara más con ese carácter tan difícil.
–No me gusta– dijo mi madre una mañana en la cocina.
–¿Por qué no te agrada?– dije juntando los panes con mantequilla.
–Demasiado perfecto para mi gusto– dijo ella mirando a la salida. Bueno, en parte era verdad, era demasiado perfecto a veces, pero pensé que; siendo ella tan perfeccionista, eso le terminaría agradando.
–Solo son celos– susurré colocando los panes en el tostador.
–¿Qué dijiste?– preguntó ella con los ojos entre cerrados, claro que le dije un No es nada, pero en serio que no le encontraba el sentido a todo aquello, además no tenía tiempo ni ganas de hablar o pensar en él, pensar en lo que sentía, estar con él o cualquier cosa que tuviera que ver con su persona, me confundía – Solo digo que alguien tan perfecto no me convence, a parte que me ocultaste que vivías con él.
Ya volvía con lo mismo. Querida madre, si te oculté eso, lo siento, pero aunque te lo hubiera dicho el mismo día que los invoqué, sería la misma situación, además que no teníamos nada, eran demonios… era verdad, Sebastián era un demonio, en ese momento pensé en lo tonta que tal vez me veía confundida por un ente del mal.
Llegó Ciel saludándonos como buen niño que era frente de mi madre, mis pensamientos los tenía que dejar para después.
Mi madre lo adoraba, desde que él había explicado la razón del vivir con nosotros (Contó algo así como que sus padres habían muerto en un accidente y que su hermano era el único que había cuidado de él, que su hermano trabajó al mismo tiempo que estudiaba para sacarlo adelante).
Si, una historia muy conmovedora, me llegó a mi alma condenada, tanto que tomé a Ciel, lo abracé, le dije que más nunca estaría solo; espero que captaran el sarcasmo. Aquella historia fue tan cliché que no sé cómo mi madre la creyó.
Pero bueno, ella no sabe que es mentira y me seguía diciendo que lo único bueno de Sebastián era aquel niño.
En ese momento entró Sebastián quien me saludó con un beso en la mejilla, cosa sumamente incomoda dado que ahora sé que me gusta, así que todo contacto con él, me afecta mucho, tanto que intentaba siempre dormir antes que él llegara a la cama, aunque había notado que hay veces que no viene en toda la noche, mejor para mí; aunque es cuando vuelvo a pensar en su cuerpo suave sobre el mío, su peso y la sensación de seguridad que me daba.
Pero era mejor dejarlo así y pensar con la cabeza fría; ahora que lo noto, desde aquella noche, no se acercaba a mí de aquella manera tan común suya, seguía con sus toqueteos tontos, pero no ocurrían momentos que me quitaran el aliento, al parecer había entendido que quería estar sola, era lo mejor para mí, aun extrañaba a mi padre, a mi manera lo hacía y su presencia nublaba mi razón.
Habían veces que pedía dormir con mi madre, así recordaba mis épocas siendo una pequeña, que soñaba con castillos de algodón, así que tampoco es que pasara mucho tiempo a solas con él. Aquella mañana, ya se iban a cumplir 10 días, el día siguiente regresaría a casa; aquello me alegraba, volvería a mi vida.
Extrañaba a mi querido Pelusa, aunque sabía que estaba en buenas manos; hablaba con Evelyn por videollamadas, donde también copiaba las clases que me faltaban, cada vez que hablábamos me preguntaba por Sebastián; al parecer, una de las veces que yo me estaba bañando, sonó el celular y el demonio atendió la llamada.
Claro, ella se enojó mucho conmigo porque nunca le había dicho que tenía novio y ya como es costumbre mía, me disculpé; ya me resigné a que Sebastián diga que es mi novio.
Hasta mi tío, antes de tomar su avión, me pidió que algún día nos tomáramos unas vacaciones de pareja para Londres. Claro que iré a Londres pero no con ellos.
Aun así, no todo era malo con los demonios, por lo menos se propusieron en administrar mi ahora nuevo capital, para así no tener que perder tiempo escribiendo. Si, el pequeño tal vez estaba ansioso por comer mi alma, porque no entiendo que otra razón tendrán para ayudarme con mis nuevos adquiridos bienes.
Quedamos en que aquella finca la alquilaría, igual que a la casa del pueblo, era mejor así; eso sí, quería irla a ver, desde que había llegado, no había ido para aquel lugar, además; al parecer habían unas personas que pasarían en la tarde que estaban interesados en habitarla por unos meses.
Así que esa mañana, luego del desayuno, nos dirigimos al pueblo. Al llegar, los recuerdos invadieron mi mente, estaba frente a la casa de mi infancia, con su pequeño jardín ya marchito y con aquella fachada vieja. Pasé gran parte de mi vida ahí, aun lo recordaba con claridad.
Mi madre también estaba feliz de estar en ese lugar, entramos y notamos que la casa se veía bien, solo le faltaba un poco de limpieza, pero no era tanto. Íbamos a limpiarla; eso sí, mi madre nos digo que mientras tanto; iría a comprar unas cosas para su viaje de regreso, al parecer se le había pasado por alto hasta ese momento, por su parte, Ciel decidió acompañarla puesto que no quería quedarse a limpiar, esa era una de las veces que escapaba de sus obligaciones.
–Con que tendremos que hacer todo nosotros– le dije al demonio quien miraba como Ciel salía de la casa. No quería quedarme con él pero no tenía opción, lo miré un rato más, seguía viendo a la puerta, pensativo, lo miré en aquel momento, era raro verlo así, hasta llegaba a preocuparme a veces. Seguí detallando sus facciones perdidas hasta que me dirigió la palabra, aun así, sabía que sus pensamientos estaban en otro lugar.
Propuse que nos ayudaríamos mutuamente, a pesar que él protestó, no me importó. Ya debería estar acostumbrado que para esas cosas yo era terca, quería ayudarlo y él aceptó resignado. Una victoria para mí, le gané al demonio.
Cosa que me arrepentí cuando supe que fue una terrible idea, comenzó con su toqueteo, aquello me ponía nerviosa y sé que era apropósito, a pesar que alegaba que eran por accidente. Quería estar sola, así que tomé mis cosas y subí a la segunda planta; se sentía una paz increíble. Caminé por el pasillo y entré sin pensarlo a mi antiguo cuarto, claro, la habitación era muy diferente a como yo la recordaba; ahora las paredes eran todas blancas, había una cama individual, dos espejos, uno en la peinadora y otro más pequeño, en la pared; eso sí, el pequeño balcón que daba al jardín, aún estaba, era hermoso, con su barandal negro, un mueble de jardín esperaba afuera y me senté ahí.
Recordé las veces en que leía un libro mientras el día era soleado como aquel, extrañaba el olor a flores silvestres pero por lo menos los pájaros cantaban entre los árboles, siempre me gustó esa sensación de tranquilidad, podía estar así por horas, leyendo y comiendo galletitas recién hechas que mi madre me preparaba.
Luego sonreí amargamente al pensar en mi progenitora, odiaba mentirle, odiaba hacerle creer que mi vida era una cuando en verdad era otra, yo no hacía un buen papel de hija. Nunca le había mentido a mi madre y ahora lo hacía; lo peor es que sabía que ella, estaría mejor sin saber la cruda verdad de lo que deparaba mi destino.
Volví a entrar, ya había sido demasiado aire fresco por ese día, iría a limpiar el cuarto, Sebastián no estaba, era mejor para mí. No quería pensar más en mi madre y tampoco en el Mayordomo, su sola presencia me abrumaba, aunque no evitaba pensar en él, simplemente no podía, volvía una y otra vez a mi mente.
En realidad, no dejaba de pensar en muchas cosas en mi cabeza, tan sumergida en mi mente estaba que no noté cuando se cayó el pequeño espejo al suelo y en acto seguido, me corté como una tonta por querer recoger los fragmentos con las manos, maldije por lo bajo cuando noté la sangre saliendo de la palma de mi mano derecha.
– ¿Está bien, Señorita?–, en un abrir y cerrar de ojos, él ya estaba detrás de mí, sonaba preocupado al verme sangrar y me pidió que me sentara en la cama, limpió rápidamente el suelo y yo; con un pañuelo que él me había entregado, presionaba con fuerza la herida, solo rogaba que no me tuvieran que tomar puntos, con toda esa sangre, podía jurar que era muy profunda.
–Déjeme ve– pidió tomando mi muñeca cuando ya había terminado y vio la herida, yo gruñía de dolor, estaba aún preocupada.
– ¿Todo bien?– pregunté notando que él la miraba fijamente, al mismo tiempo que mojaba sus labios con la lengua, no sabía si era jugando o no, hasta que; acercó su cara a mi mano y lamió mi herida.
Yo no sabía cómo actuar, nunca me había pasado una experiencia de ese tipo, y es que, ¡Por favor, no es normal que alguien actué de esa manera!, no sabía si era un vampiro o un demonio, nunca me imaginé que Sebastián se descontrolaría por mi sangre, tanto que lamiera mi mano, de una manera tan lenta, con su lengua húmeda acariciando mi pálida y adolorida mano; aquel contacto tibio hacía que un escalofrío naciera de mi nuca y mirara con terror a Sebastián, el cual limpiaba mi herida con los ojos cerrados.
Tenía que hacer algo, temía por mi vida, por lo que podía pasar después, él tomaba de mi sangre como si fuera un líquido vital, así que le quité bruscamente mi mano de su boca. Gran error, nunca le quiten la comida a una fiera porque luego los atacara.
De un momento a otro, él me tumbó en la cama y apretó mis muñecas con fuerza, habíamos quedado como lo habíamos hecho hace unas noches atrás, aquella vez que discutimos, pero esta vez era muy diferente, él me miraba con sus ojos inhumanos llenos de hambre y algo más, tal vez perdería mi alma en esos momentos.
Mi corazón latía con fuerza, ya la herida no me causaba dolor, no podía pensar en aquello cuando miraba su sonrisa vampírica y aquella mirada, se acercaba, su pecho tocaba el mío, mientras que yo cerraba los ojos al sentir su aliento gélido por mi nuca y rostro.
No sabía cómo sentirme, pensándolo de otra manera, ésta pudiera ser la narración de una escena erótica, tal vez lo era, tal vez era el comienzo de algo más comprometedor, pero en ese momento no lo pensé, mi miedo opacaba la excitación que pudiera sentir y es que; el sentir los colmillos de un demonio por tu mejilla, era algo un tanto alarmante.
Yo no lo miraba, pero sabía que él lo hacía. Su mirada me traspasaba y me hacía sentir insegura, era estar a merced de una fiera salvaje, esperando a que dejara de jugar contigo y que te quitara la vida; duramos así un rato, sintiendo su respiración por mi piel, hasta que rompió la tensión con un beso brusco, labio contra labio, sus colmillos me rompían con su beso agresivo.
Su contacto tibio hizo que mi piel se erizara, estaba fuera de mí, no me reconocía. Él me estaba besando, no como las veces anteriores, esa vez era el beso de un demonio, toda su esencia pura. En un descuido entró a mi boca, la confusión me azotaba.
No era lo correcto, eso lo sabía, ¿Pero por qué se sentía tan bien el corresponderle?, ¿Por qué me gustaba acercarlo a mis ropas cuando él me había soltado de su agarre?, me gustaba pero tal vez la idea de tener algo entre nosotros dos no era lo adecuado, tal vez no se llegaría a nada, pero yo no podía parar y él tampoco, él mordía y rompía mi labios para luego lamerlos.
Buscaba mis curvas sobre mi ropa, como una manera desesperada de tenerme más cerca de su cuerpo. Poco a poco, la necesidad del oxígeno me pedía a gritos que respirara un poco, pero no quería. Sabía que aquello era incorrecto pero me sentía tan bien estando bajo el deseo de la bestia.
Hola chicas, Espero que estén bien y que no me odien por durar tanto en actualizar, lo que pasa es que, si, la universidad, es malvada, no me deja ni escribir ni leer fanfics. Ahora bien ¿Cómo están? yo estoy bien, muy cansada, pero no me quejo.
Mihaela-Taka, me encanta que te guste como van las cosas, lo siento por no seguir leyendo tu historia, ahorita voy a hacer, me hace sentir muy feliz que aun sigas ahí y espero que este capitulo te haya gustado igual. Nos leemos pronto y cuídate.
Veronica, hola, gracias por seguir aquí, creo que deberías abrirte una cuenta, así te pudiera responder por mensaje privado. Si, Kath por un momento se arrepintió, pero al final lo ha aceptado bien. Cuídate mucho y espero seguir leyéndonos pronto.
Acabo de subir en esta misma página, el relato llamado El Príncipe Hindú, que tiene que ver con el capítulo anterior de la historia. Lo pueden buscar por mi perfil.
Esta vez no subí capítulo nuevo de La Vida De Un Demonio En El Siglo XXI por Sebastián Michaelis, solo he colocado el segundo, el tercero tal vez lo suba junto con el capítulo que viene de esta historia.
Perdón por dejarlas con este capitulo tan corto, pero el otro tendrá nuevas sorpresas.
