Una Hermione somnolienta y bostezando salió de Historia de la Magia

Disclaimer: los personajes no son míos, Hogwarts no es mío, los encantamientos tampoco, pero sí! Los enredos amorosos son de mi autoría. Para todo lo demás existe…J.K Rowling!

"En las cocinas"

Ginny la tomó de la mano y se escabulleron por uno de los atajos hacia las cocinas. Llegaron al cuadro con el frutero y luego de hacerle cosquillas a una de las peras, entraron.

Los elfos domésticos se hallaban en pleno movimiento ya que era la hora del desayuno. Las cuatro mesas se hallaban a rebosar de avena, leche, panceta y las típicas delicias que los alumnos degustaban un piso más arriba, donde las cosas parecían funcionar a la normalidad.

-Señoritas, -las saludó la aguda vocecita de Dobby -¿Qué hacen aquí a estas horas? ¿No deberían estar desayunando? –preguntó con los ojos como platos.

-Hola Dobby –saludaron las chicas.

–Lo que pasa es que Hermione está con unas ansias tremendas de comer uno de esos deliciosos bizcochos de chocolate que me diste el otro día ¿te acuerdas?

-Oh si, si –chilló el elfo dando saltitos. –Si señorita, con gusto les traeré enseguida.

Se dio la vuelta con rapidez y sus pequeños piececitos se movieron diligentes a lo largo de la cocina en busca del encargo.

-Te lo dije, Dobby nos proveerá de una buena cantidad de azúcar para que se nos olviden todos nuestros problemas –aseguró la pelirroja.

-Hablas como si fuese una píldora milagrosa –se rió la castaña a su lado.

-Nada mejor que comer chocolate en esta situación, ¿no crees? –preguntó la pelirroja mientras observaba anonadada las mesas que antes estaban rebosantes de comida convertidas en una posadero de platos vacíos. –Parece que hoy el alumnado en general está hambriento. –comentó risueña.

Ambas vieron aproximarse una bandeja entre medio del tumulto, llena con deliciosos bizcochos y pastelitos. Ginny sonrió extasiada, si había algo que la hacía sonreír de inmediato eran esos pequeños acontecimientos en la vida, en que te encuentras una bandeja llena de tu comida preferida.

-Aquí está señoritas –anunció el elfo dejando con cuidado la bandeja en una mesita. -¿Hay algo más que Dobby pueda hacer por ustedes?

-No Dobby, muchas gracias, de verdad lo apreciamos mucho –aseguró Hermione al tiempo que tomaba un pastelito cubierto con una abundante capa de chocolate blanco. Sintió como el sabor la inundaba a medida que se derretía el chocolate en su boca.

Dobby se quedó un momento observando a las chicas.

-Dobby se ha dado cuenta de que hay una epidemia –les dijo de repente el elfo, sobresaltando a las chicas. Ginny casi se atraganta con un bizcocho especialmente grande.

-¿Por qué lo dices Dobby? –preguntó interesada la castaña.

-Oh Dobby ha visto que en esta semana han venido muchos estudiantes a buscar chocolate –dijo el elfo agitando su cabeza de arriba abajo con fuerza.

-¿Así?

-Si señorita, el amo Malf…, es decir, el antiguo amo de Dobby por ejemplo, ha venido aquí toda la semana –aseguró.

Ahora era el turno de Hermione de atragantarse con un bocadillo. ¿Había dicho Malfoy? ¿Mi Malfoy? ¡Pero que estaba diciendo! Mi Malfoy…porfavor…

–Viene todos los días a medianoche. Dobby cree que es algún tipo de enfermedad, nadie puede comer tanto chocolate. Espero que las señoritas se encuentren bien y no estén afectadas con esto también.

-¿Dices que Malfoy ha venido aquí toda la semana? –preguntó Ginny sorprendida. -¿Y buscando chocolate?

-Si, si –chilló el elfo. – El antiguo amo de Dobby se ve cada día más deprimido. Llega cada día arrastrando los pies y con los ojos cansados, Dobby sospecha que no pega un ojo en toda la noche. Pobre joven Malfoy, - se lamentó -, después de todo no es tan malo como el señor Malfoy padre. Viene aquí y conversa conmigo. Creo que no tiene a nadie con quien hacerlo. –decía mientras movía la cabeza de un lado a otro con reprobación.

-Le pasará por cabrón –se le escapó a la pelirroja, rápidamente se disculpó al ver la cara que ponía el elfo. –Lo siento Dobby se que era tu amo pero de verdad se comporta como un enajenado.

Hermione escuchaba silenciosamente la conversación ¿De verdad Malfoy estaría deprimido como estaba diciendo Dobby? ¿Deprimido por qué?

-Dobby sabe que el joven Malfoy ha sido malo, pero últimamente está cambiado –aseguró y luego chillando de repente de emoción agregó: ¡De hecho a Dobby le dio un regalo!.

Ok… ¡¿Qué?! Dobby de verdad debe estar confundiendo a su antiguo amo pues esto no podía estar sucediendo. Rayaba en lo paranormal que Malfoy le estuviese dando un regalo a una "criatura inferior" como sabían que les decía a todo aquél que no fuese humano, o un Malfoy. De hecho lo del regalo a otro ser humano se mostraba sospechoso.

-Dobby, ¿estás seguro que no te golpeaste la cabeza y confundiste a Malfoy con otra persona? –preguntó la pelirroja tan anonadada como Hermione.

-No señorita, Dobby se encuentra bien, el joven Malfoy le dio un regalo a Dobby, y Dobby está muy contento porque no recibía un regalo desde que Harry Potter le hizo uno a Dobby! –chillaba el elfo dando saltitos de emoción.

Ni Hermione ni Ginny hallaban palabras para describir lo chocante de la revelación de Dobby. El elfo debió notarlo pues de inmediato agregó: Dobby puede mostrarles a las señoritas.

Antes de que ninguna de las dos reaccionara, el elfo se dio la vuelta y se escabulló entre los cientos de elfos.

-Que Malfoy le dio un regalo? –preguntó la castaña recuperando la voz.

-Estoy tan choqueada como tú –aseguró la pelirroja. –Debe ser una de esas cámaras escondidas donde te dicen luego que todo era una broma.

-Si, puede ser…-asintió la castaña. La cabeza de Hermione daba vueltas y vueltas, no sabía que era lo más inverosímil de la historia de Dobby, si el hecho de que viniera a las cocinas personalmente o el hecho de que viniera a comer chocolate mientras le contaba sus asuntos personales a Dobby, o lisa y llanamente lo del supuesto regalo al elfo. La imagen no pegaba para nada.

¡El mundo definitivamente se había vuelto loco!

La pequeña figura del elfo apareció entre los demás cargando en las manos un paquete envuelto en papel esmeralda.

-El regalo del joven Malfoy es todo lo que a Dobby más le gusta –chillaba con excitación. -Sospecho que Harry Potter debe haberle dicho acerca de mi gusto por los calcetines.

Bien, ahora hasta lo del regalo resultaba más creíble comparado con el último comentario. Hermione sonrió al imaginarse a un imaginario Malfoy y a un Harry charlando animados sobre los gustos de Dobby en ropa interior.

El elfo desenvolvió el paquete y les mostró decenas de pequeños calcetines, todos de diferentes colores y con dibujos en cada uno de ellos.

-Están… -la pelirroja al parecer se había quedado sin palabras.

-Están muy bonitos, Dobby –aportó la castaña. –Que gentil gesto el de Malfoy al dártelos –dijo la castaña componiendo una de sus sonrisas más amplias.

El sólo nombrarlo le provocaba una sensación extraña en el estómago. Y que Dobby les contara todo eso, el saber que en alguna parte del insensible Malfoy había una persona que hasta podía resultar agradable, la descomponía aún más. ¿Por qué no podía ser así con ella? ¿Por qué si a veces se comportaba tan gentil y generoso, otras se comportaba como un verdadero patán?

-Gracias señorita –agradeció el elfo con una sonrisa.

-Ginny –dijo la castaña. -¿Vamos? Tengo Historia de la Magia y no quiero llegar tarde

Ginny captó de inmediato el tono de voz de la castaña pero no hizo ningún comentario. Asintió, les dieron las gracias a Dobby y una vez más lo felicitaron por sus nuevos calcetines.

-Sólo espero que el joven Malfoy se encuentre bien –dijo el elfo apesumbrado. –El amor a veces nos juega una mala pasada, sobretodo si es un amor prohibido…

Tomó la bandeja ya vacía, les hizo una reverencia y se alejó. Hermione y Ginny se lo quedaron mirando mientras se alejaba, procesando lentamente lo último que les había dicho el elfo. Ginny observó de reojo a su amiga y la apremió para que salieran, pero ésta no daba señales de haberla escuchado.

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Todo se había vuelto complejo. De repente Malfoy era un ser humano hecho y derecho, comía chocolate a medianoche como un vil mortal, conversaba con un elfo doméstico sobre sus asuntos personales, y para rematar confesaba que estaba enamorado! O eso era lo que había dado a entender Dobby.

La castaña no sabía que pensar, que no pensar ni que decir ante tantas revelaciones.

Ginny y sus chocolates milagrosos…

Historia de la Magia se demoró un siglo en acabar. Ya sea porque prestó atención a un cuarto de lo que decía el profesor o porque de verdad estaba muy ocupada pensando en todo lo que había escuchado pero no había escrito una sola línea en toda la hora.

A su lado Ron tenía los ojos tan pequeños que parecía que estuviese durmiendo mientras caminaba, y Harry se refregaba los ojos tan fuerte que parecía se los quería sacar de sus cuencas.

Salieron al frío aire del exterior hacia su clase de Botánica. El glacial viento que les azotaba las mejillas intentaba despertarlos mientras bajaban por la explanada.

-¿Supiste lo que le pasó a ese chico de Ravenclaw, Stuart? –le preguntó Parvati mientras iban camino a los invernaderos.

-No, ¿Qué le pasó? –preguntó Hermione.

-Lo encontraron anoche en la sala de trofeos todo amoratado y con la camisa hecha jirones, parecía que una manada de hipogrifos había pasado por allí –contó Parvati en susurros mientras entraban al invernadero.

-No lo puedo creer, ¿Cómo lo sabes? –preguntó la chica consternada

-Nick casi Decapitado nos contó a mí y a Hannah Abbot mientras íbamos juntas a la clase de Encantamientos. –McGonagall está furiosa, la oí discutiendo con unos prefectos sobre la seguridad del castillo…

-Pero si los prefectos no tienen la culpa de que un matón sobrepasado en hormonas haya maltratado de esa manera a Stuart… -replicó indignada Hermione

-Pero aún así… -empezó a decir Parvati.

-Si no les molesta allá atrás ¿Comenzamos con la clase? –preguntó la profesora Sprout dirigiéndose a las chicas. Ambas se callaron de inmediato. –Bien, hoy veremos cuan importante es que aprendan a distinguir las distintas clases de especies de Palmarias, comenzaremos con…

La mente de Hermione comenzó a funcionar rápidamente sobre lo que acababa de contarle Parvati ¿Qué tipo de cavernícola le habrá hecho eso al pobre Stu? Alguna pelea de niños de seguro –pensó con enojo la chica. – ¿Es que los chicos no podían estar un día sin tratar de golpear a alguien?

-Herm, ¿tienes un pañuelo? Esta maldita planta me mordió un dedo –se quejó Harry a su lado.

-Es que no debes tomarla así –explicó la chica dejando a un lado sus pensamientos. –Mira, debes hacerlo así.

Tomó con delicadeza la planta y le dio unos golpecitos en la parte del tallo. De inmediato la planta se abrió. Rápidamente Hermione metió la mano y sacó un bulbo color violáceo que desprendía por los lados una secreción amarillenta muy asquerosa.

-Que asco, ojala no tengamos que hacer esto en el examen práctico –exclamó esperanzado Ron, tapándose la nariz con una mano mientras con la otra recibía el bulbo que le pasaba Hermione para que lo exprimiera.

Dos horas mas tarde con los pies embarrados hasta las rodillas y oliendo a una mezcla de huevos podridos con ajenjo abandonaron la clase para dirigirse al Gran Salón. Mientras Ron despotricaba contra el sistema, las MHB y los "estúpidos profesores y sus estúpidas asignaturas", Hermione pensaba en Malfoy, cuando de repente lo vio acercarse. El rubio le sostuvo la mirada, le dedicó una encantadora sonrisa y se fue por el lado opuesto inundando a Hermione con su aroma.

La muralla de hielo se estaba derritiendo de a poco, no podía evitar sentirse como una boba cada vez que lo veía, cada vez que lo tenía cerca… Pero no, el se comportaba como un imbécil cada vez que estaba con ella, la manipulaba y además estaba con alguien más, o quizás con miles, no lo sabía, pero ella no quería formar parte de algo superficial, ya se había dado cuenta de que estaba enamorada de él, y al parecer él también estaba enamorado… quizás esa chica de cabello negro es tan cautivante que acaparó su atención y terminó enamorándose. Lo mejor sería olvidar…era lo mejor, él estaba con alguien más, amaba a alguien más… ella no tenía nada que tocar allí.

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-Bien, hice lo que me pediste y le di una buena paliza al imbécil ese de Ravenclaw –dijo Zabini. -¿Puedo confiar en que cumplirás tu palabra?

- Hiciste lo que te pedí y con eso basta por ahora, –respondió el rubio a su lado.

Zabini se dio la media vuelta y salió de la habitación. Malfoy se quedó sentado en el alfeizar de su ventana, observando el jardín y los alrededores muchos metros por debajo.

Ver a la castaña hoy había sido ciertamente lo mejor de su día. Esa misma mañana había recibido una carta de su padre en la que no muy amablemente le ordenaba que vigilara más de cerca a Potter. Apenas tuvo oportunidad la botó al tacho de la basura. ¿Y a él que le importaba que hacía Potter en sus "importantísimos" días? ¿quería saber hasta cuando se masturbaba el muy imbécil?

A veces se preguntaba como reaccionaría su padre al descubrir que estaba justamente "enamorado" –que palabra mas cursi para describirlo- de Granger. Seguramente lo desheredaría, lo injuriaría y luego le lanzaría, si estaba de buenas, un cruciatus, sino de seguro un avada. Rió ante la macabra expectativa.

Dirigió su vista hacia el lago, cristalino y brillante. Se acercaba el atardecer. Se bajó de un salto y fue en busca de su capa. La idea de salir a buscar a la castaña se había apoderado de él. Pero tenía que hacerlo bien, no podía dejar que se le escapará de las manos, ella tenía que saber que no quería herirla al besarse con otra. Tenía que planear una manera de hacérselo saber sin tener que expresarlo en palabras, su orgullo se lo impedía a toda costa.

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Hermione, con la cabeza apoyada en la pared y los pies apoyados en la hierba, miraba las sombras que se formaban a medida que se escondía el sol. Había dejado a los chicos y a Ginny en la sala común para poder disfrutar de un rato a solas. Trataba de no pensar en nada más que en el atardecer, las copas de los árboles meciéndose y el sonido de los últimos pájaros que revoloteaban por ellos, pero como siempre le resultaba imposible. Esos ojos grises la perseguían a donde fuera que fuese. Cerró los ojos cansada mientras los rayos de sol le acariciaban en rostro con su calor. Respiró profundamente antes de abrirlos nuevamente y encontrarse de frente con los verdaderos ojos grises y con su dueño. Pegó un salto al verlo allí arrodillado cerca suyo.

-¿Qué haces aquí? –preguntó disgustada.

-Vengo a verte –dijo él observándola. Se veía tan…bonita. ¡Merlín que alguien me saque la cursilería de encima!

-¿Para qué? Tu y yo no tenemos nada más de que hablar –aseguró la castaña mientras se levantaba. El rubio hizo lo mismo.

-Escucha, sólo quería… -empezó a decir, pero de repente no sabía como terminar la frase.

-¿Y bien? Si quieres herirme más, adelante –le apremió la chica. -…creo que puedo soportarlo.

Golpe bajo. La conversación no estaba resultando como hubiese querido.

-No es eso lo que pretendo –dijo el rubio seriamente.

-¿Y entonces? –preguntó la chica con desgano. –Sinceramente no tengo ganas de escucharte.

-Hermione –dijo el chico en un susurro.

Era la primera vez que la llamaba por su nombre, y el hacerlo le provocó cierto embarazo, era como nombrar a otra persona, pero no, era ella, siempre había sido ella.

Su nombre…había dicho su nombre…no era Granger ni la sangresucia, era Hermione. Escuchar su nombre en labios de él lejos superaba toda buena sensación que antes había sentido. Estaba allí, mirándola con esos ojos…llamándola por su nombre. De repente mariposas llenaron su estómago.

-Tienes que entender –continuó el chico. -, mi familia…me mataría, te mataría…pero, quiero que entiendas, no quise herirte, tú…tú no sabes.

Hermione se había quedado momentáneamente sin palabras ¿Estaba soñando o Malfoy se estaba disculpando de verdad? Seguro se había quedado dormida momentos antes…

-Sé que estás muy enojada –decía el rubio. –pero la chica con la que… con la que me viste el otro día, no significa nada para mí, era solo un juego.

A medida que hablaba se ponía cada vez más nervioso. Tenía que controlarse si iba a hacer lo que iba a hacer.

-Hermione –la llamó. –Dime algo, lo que sea.

-¿Eso es todo? –preguntó la chica.

Su expresión no dejaba lugar para la interpretación. Malfoy se la quedó mirando un momento, de lejos no era la respuesta, o más bien pregunta, que le hubiese gustado escuchar.

-No

-¿Y entonces? –preguntó la castaña tratando por todos los medios el no salir corriendo.

-¿Qué no ves que estoy tratando de decirte algo? –le dijo enojado.

-Pues dilo, que llevo prisa

El rubio tomó aire con fuerza, tratando de no gritarle. La miró con firmeza.

-Me estoy disculpando por lo del otro día –dijo finalmente. No lo podía creer, se estaba disculpando, y no había sido tan complicado después de todo.

-Está bien, tu puedes hacer con tu vida amorosa lo que te dé la gana –respondió la chica con desgano. Se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia el castillo.

-¿Porqué demonios te vas? Aún no he terminado de hablar contigo –le gritó el chico enojado. Estaba perdiendo el control. Dio unos cuantos pasos largos hasta alcanzarla. La tomó de los hombros con fuerza. –¿Que no te das cuenta de que es complicado para mí decirte esto? –le gritó como un enajenado.

-Pues, ¡A mí tampoco me ha ido genial precisamente! –le gritó también enfadada. –No intentes tratar de enmendarte con palabras ajenas, sé muy bien que no sientes para nada…

-Tu no sabes nada –le dijo mientras la aprisionaba más fuerte.

-Suéltame –le ordenó ella.

-No hasta que me escuches

-No tengo nada que escuchar –replicó la chica tratando de zafarse.

-Por una maldita vez cállate y déjame explicarte… -dijo el rubio elevando cada vez mas el tono de la voz. Su paciencia se iba acabando.

-¡No necesito escuchar tus estupideces! –gritó la chica.

-Maldita sea ¡¡Qué no entiendes que te amo?! –le gritó mas enfadado que nunca.

La última palabra se coló en la cabeza de Hermione pero no estuvo segura de entenderla hasta que vio en sus ojos la verdad. Brillantes y titilantes decían a gritos te amo. Y no lo podía creer pero iban dirigidas hacia ella.

Todos los peros se fueron a un lugar mejor. En un segundo calló la distancia que los separaba. Lo besó tan tiernamente como jamás lo había hecho, abrazándolo con ansias, esperando con anhelo que jamás se fuera, esperando que jamás dejaran de estar así, entrelazados en un beso tan íntimo, tan lleno de esa cosa que llaman amor. Y el también lo sintió, con cada fibra de su ser.

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Hola mis bellas!

¿Actualicé muy tarde?

No me maten…bueno?

Les cuento que ya entré a la U otra vez así que estoy tapada hasta el cogote con tanto ensayo y tantas pruebas por hacer, pero igual me hice un tiempito para poder ponerlas al tanto de las cosas!!

Bueno, verán no se si me ha quedado como yo esperaba pero…espero que sí y les haya gustado. Les cuento que el prox capítulo es muy lindi y espero les guste, pero…chan chan! Lleva una especificación musical pues es un cap muy especial.

Espero estén todas muy bien y les esté yendo genial en todo. Yo por mi parte hoy estoy un poco desanimada, y les cuento… me gusta un chico de mi universidad y es tan bello, y parece que yo tb le gusto : ) pero soy tan tonta que parezco Ron cuando quiere expresar sus sentimientos…

Pero bueno, cosas que pasan … en fin, no las aburro con mi pequeña vida amorosa. Espero que les haya gustado, si no es mucho aunque sea un poquito.

Un besotote

Sophie

P.D: Súbanle el ánimo a la autora mandando un review : ) asi actualiza más pronto si, sii, si!

Capítulo especialmente dedicado a la Verito: " Aunque el Amor no sea palpable, existe y es hermoso. ¿Sino para que tanta canción y cursilería? ¿Sino cual es el fin de este fic y de tantos más? Vero!! Vuelve a creer…! "

Promesa; aunque sea lo último que haga en esta vida, te haré entender cabeza dura...ya lo verás, y lo encontrarás, eso seguro.