CHICAS UNA DISCULPA GRANDE POR NO PUBLICAR ANTES..OJALÁ VALGA LA PENA LA ESPERA...GRACIAS POR LEER ^.^

CAPÍTULO 10

¿Te puedo hacer una pregunta? —dijo Letty, mirando el plato de huevos revueltos con tostadas que Dom había preparado.

Oyó que Dom dejaba el cuchillo y el tenedor en el plato, y reunió fuerzas para levantar la mirada. Se lo encontró mirándola. Intentó no sentirse intimidada. Había procurado esperar para ver si se le pasaba la curiosidad, pero no había sido así.

Claro —contestó Dom—. ¿Qué quieres saber?

A pesar de que lo había dicho con aparente tranquilidad, Letty percibió cierta tensión en su tono de voz. Aquello hizo que la pregunta se le atragantara en la garganta.

¿Esta casa es tuya? Dom enarcó las cejas. —Es que… No te va —le explicó Letty, sintiéndose como una tonta cuando Dom frunció el ceño.

¿Eso es lo que querías saber? ¿De verdad? —se rio Dom.

Pues sí —contestó Letty más tranquila—. ¿Qué te creías que te iba a preguntar?

Dom se dejó caer hacia atrás en la silla, estiró las piernas hacia delante, y comenzó a tamborilear con los dedos de una mano sobre la mesa. La mirada que le dedicó a continuación hizo que Letty se sonrojara levemente. Se sentía como una amena mirada al microscopio.

Creía que me ibas a preguntar lo que me pregunta todo el mundo.

¿Es decir?

¿Cómo me quedé cojo?

Letty se quedó helada, pero consiguió recuperar la compostura rápidamente.

¿No te interesa saber qué me ha pasado en la pierna? —insistió Dom, apoyando los codos en la mesa.

No mucho, la verdad. Me da la sensación de que no es un asunto agradable para ti.

Dom se rio.

Es una buena manera de decirlo. —Mejor voy fregando los platos, ¿de acuerdo?

Letty hizo intento de ponerse en pie.

Siéntate —le ordenó Dom con amabilidad—. No me importa hablar de ello…

Letty se volvió a sentar y suspiró, mientras Dom entrelazaba sus dedos con los de ella encima de la mesa.

A veces hablo sin pensar —reflexionó Letty—. Steve lo odiaba.

¿Quién es Steve? — quiso saber Dom besándole los nudillos.

Mi ex —contestó Letty apartando la mano, porque le había dado un vuelco el corazón cuando Dom se la había besado.

¿Tu ex, el que no sabe hacerte gozar en la cama? —sonrió Dom.

Letty sintió que se sonrojaba de pies a cabeza al recordar el comentario que había hecho en el baño, y cómo Dom había puesto remedio al problema.

Eh… Sí… Ése es Steve.

Letty se puso en pie, recogió los platos y oyó que Dom se reía con ganas.

Bueno, me tengo que ir. Mañana tengo turno por la mañana.

A Letty se le había pasado la frescura y las ganas de aventuras, había recuperado la cordura y había decidido que ya iba siendo hora de irse a casa. Después de todo lo que le había pasado aquel día, iba a ser un milagro si conseguía dormirse.

¿A qué hora entras como socorrista? —le pregunto Dom, mientras Letty dejaba los platos en el fregadero.

Ya ha terminado la temporada. Mañana es mi último día como socorrista, pero eso es por la tarde.

Entonces, ¿de qué turno estás hablando?

Letty abrió el grifo del agua caliente, sorprendida por las ganas de conversación de Dom.

Del turno matutino que hago en el café de la playa.

¿Trabajas en el café de Wildwater Bay?

Letty se giró y lo miro. Dom parecía muy sorprendido.

Sí —le dijo.

Dom se puso en pie y fue hacia ella.

¿Y cuántas veces ha intentado Phil ligar contigo?

¿Conoces a Phil? —le preguntó Letty extrañada, porque nunca lo había visto por el café.

Sí, claro que lo conozco y sé que es un ligón. ¿Ya se te ha intentado colar en la cama?

A Letty le pareció detectar algo en el tono de voz de Dom, pero se dijo que eran tonterías suyas.

¿Qué le iba a importar a él lo que pudiera haber entre Phil y ella?

No —contestó Letty sonrojándose, y decidiendo que aquel tipo no tenía ningún derecho a hacerle preguntas tan personales—. Phil es mi jefe, y jamás me acostaría con él, pero en todo caso, no es asunto tuyo —le espetó.

¡Eh, no te enfades! Ha sido una pregunta como otra cualquiera —le dijo Dom tomándola del brazo.

De eso, nada —contestó Letty , apartando el brazo enfadada.

¿Por qué se había expuesto de aquella manera?

Phil es de los que saben cómo conseguir lo que quieren, y yo sé perfectamente cómo lo hace —insistió Dom —. Y tú seguro que le gustas —añadió, mirándola de arriba abajo.

Esto no tiene nada que ver con Phil, señor Toretto—contestó Letty—.Me tengo que ir.

No empieces otra vez con lo de señor Torreto , que me sienta fatal —se quejó Dom.

¿De verdad? — contestó Letty.

Dicho aquello, fue muy ufana hacia la puerta.

¿No se te olvida algo, Letty? —le dijo Dom.

Letty abrió la puerta y vio su bicicleta pinchada. «¡Maldición!», pensó elevando la mirada al cielo estrellado. Letty se dio la vuelta con la espalda muy recta. Dom estaba apoyado en la pared con los brazos cruzados y la miraba divertido.

¿Te importa llevarme a casa? —le preguntó Letty contrariada.

Claro que no —contestó Dom yendo hacia ella.

Tardaron diez minutos en meter la enorme bicicleta de Letty en el diminuto maletero del coche deportivo de Dom , y veinte más en hacer el trayecto en completo silencio hasta la casa de campo de su abuela, situada al otro lado de la bahía. Letty estaba muy enfadada y permaneció todo el rato con la mirada fija en la carretera. Esperaba que Dom le pidiera perdón, pero no lo hizo. Para cuando Dom paró el coche frente a su casa, su enfado se había tornado furia. Acostarse con un hombre al que no conocía de nada había sido una temeridad, pero creía haberlo hecho sabiendo lo que hacía, pero por lo visto, no había sido así. Lo que se suponía que iba a ser una aventura liberadora se había convertido en todo lo contrario, pues aquel hombre la había hecho sentirse como una cualquiera. Y lo que más le molestaba, era que le importaba lo que aquel tipo pensara de ella. ¿Y por qué? No era su amigo, solo era un tipo con el que

había pasado una noche. Lo que se suponía que iba a ser una aventura anónima, no estaba resultando tan anónima.

Gracias por traerme —le dijo, apoyando la mano en el tirador de la puerta.

«Y por el orgasmo múltiple…», le hubiera gustado añadir consarcasmo, pero no lo hizo por temor a que el enorme ego de Dom lo tomara como un cumplido. Dom le pasó un brazo por delante para impedir que abriera la puerta.

Tranquilízate.

Estoy muy tranquila —ladró Letty , volviéndose hacia él.

Ya se nota… —contestó Dom —. Te quiero hacer una pregunta antes de que te vayas.

Te advierto que si es sobre mi vida sexual, no te voy a contestar —contestó Letty con decisión.

¿Por qué no te quieres acostar con tu jefe? ¿Ha hecho Phil algo que no debería haber hecho?

La pregunta la tomó tan por sorpresa, que Letty contestó sin pensar.

Por supuesto que no. Phil y yo somos amigos. Me refería a que nunca me acostaría con la persona para la que trabajo.

¿Por qué no?

Porque no me parece ético y… Es muy asqueroso.

Letty era consciente de que sonaba remilgada diciendo aquello, pero no estaba dispuesta a explicarle su infancia, y los detalles de por qué la posibilidad de mantener relaciones sexuales en el trabajo le daba náuseas. Aquella conversación se estaba poniendo demasiado personal.

¿Me puedo ir ya? —preguntó enfadada.

Claro —contestó Dom soltando el tirador.

Letty salió del vehículo con la firme determinación de no mirar atrás.

Adiós, Letty , y gracias por una noche estupenda.

Había sonado sincero y como si no se fueran a ver más, lo que hizo que Letty se diera la vuelta a su pesar. Dom le dijo adiós con la mano de manera casual. ¿Lo había dicho con ironía? Mientras el coche se perdía en la oscuridad, Letty sintió un brutal deseo entre las piernas y una pequeña pena en el corazón. Ninguna de las dos cosas le hicieron ninguna gracia, así que decidida a apartar aquella melancolía de sí, sacó la llave de casa de debajo de la maceta donde solía dejarla y entró en su hogar, pero una vez dentro, con la puerta cerrada y apoyada en ella, se dio cuenta de que el lugar donde solía dejar su bicicleta estaba vacío.

¡Maldición!

Iba a tener que volver a ver a Dominic Toretto quisiera o no.

Dom frenó en el cruce y maldijo en voz alta. Se les había olvidado sacar la bicicleta de Letty del maletero. Dom metió marcha atrás y se dispuso a volver, pero se lo pensó dos veces. No podía hacerlo. Todavía no. Las cosas estaban demasiado a flor de piel. Se había comportado como un auténtico imbécil. No sabía qué le había pasado. Cuando Letty había mencionado primero a su ex novio, y luego a Phil, había sentido algo en el estómago que no sabía explicar. De repente, había sentido la imperiosa necesidad de saber si Letty se había acostado con su amigo, pero había llevado la situación muy mal. Ahora se daba cuenta de que la había acusado. Su intención había sido solo preguntar, pero lo había hecho en actitud recriminatoria. ¿Y por qué tenía tanto interés en saberlo? Dom se masajeó el muslo que le dolía, metió primera y aceleró.Probablemente, era locura transitoria mezclada con estrés agudo. Llevar a Letty al orgasmo y verla disfrutar había sido delicioso, pero volver a descubrir las maravillas de una mujer había tenido sus efectos secundarios sobre él. Se había pasado toda la tarde y buena parte de la noche tan excitado que le dolía, y sospechaba que aquella noche no iba apegar ojo, pues su cama todavía olería a ella. El deseo de introducirse en su cuerpo había sido casi insoportable y significaba la recuperación de su libido. Cuando se había vuelto a incorporar a la vida social de Londres después del accidente, se dio cuenta de que la gente murmuraba a sus espaldas cuando entraba en un sitio, y de que le miraban la pierna con pena. Las mujeres sobretodo, intentaban pasar de puntillas sobre aquel tema, y procuraban no hablar nunca de él para no hacerle sentir mal. Por eso había supuesto que Letty haría lo mismo, y se había sorprendido porque Letty se había olvidado de su pierna. ¡No había sido que no hubiera querido hablar del tema, había sido que se había olvidado por completo! Se había quedado atónita ante su acusación, y eso lo había hecho reflexionar. Llevaba seis meses recreándose en su desgracia. A lo mejor había llegado el momento de dejar atrás lo que ya estaba perdido, y concentrarse en lo que aún tenía. Y lo cierto era que desde que Leticia Ortiz había aparecido en su vida, tenía la sensación de tener mucho más que antes. A Dom nunca le habían interesado las relaciones serias ni duraderas. Y con Letty , tampoco le interesaba tener eso. Odiaba la sensación de claustrofobia que se derivaba de cualquier cosa que oliera a compromiso.

Desde el accidente, habían cambiado muchas cosas, pero ésa, no. Seguía necesitando ser libre. Eso no iba a cambiar. ¿Pero cómo le preguntaba uno a una mujer que apenas conoce, si quiere mantener una relación puramente sexual? Eso era precisamente lo que estaba dilucidando, cuando la imagen de Letty y Phil trabajando codo con codo lo había sacado de sus casillas. No era que le importara con quién hubiera estado Letty antes porque él no era celoso. Tampoco era posesivo, aunque sí contaba con que la mujer con la que estuviera, aunque fuera poco tiempo, le fuera fiel. Y también era muy cuidadoso. Siempre utilizaba preservativos para no correr riesgos.

Dom enfiló el camino de entrada de Trewan Manor y al llegar a casa tiró del freno de mano, apagó el contacto y se quedó mirando el infinito. Sentía necesidad de saber lo que había habido entre Phil y Letty . Su autoestima y su orgullo habían sufrido mucho en los últimos seis meses, y eso no se recuperaba en una sola se masajeó el muslo con el pulgar para aplacar el dolor, y con la otra mano marcó el teléfono del café de su amigo. Lo primero era lo primero. Antes de poder concentrarse en cómo iba a conseguir volver a ver a Letty y convencerla para que se volviera a meter en su cama, tenía que solucionar otro problema más acuciante. Phil contestó enseguida.

Phil, soy Dom.

¿Qué tal? ¿Cómo estás? —le dijo su amigo—. ¿Sigues ahí escondido en tu madriguera?

Sí, claro —contestó Dom—. Me quiero pasar mañana por ahí —prosiguió—. ¿A qué hora abres? — preguntó, para saber a qué hora estaría allí Letty .

A las nueve empezamos con los desayunos —contestó Phil.

Estupendo, pues nos vemos mañana…

Un momento… —le dijo su amigo con recelo—. ¿A qué viene tanto interés de repente?

Tengo la bicicleta de una de tus camareras y quiero devolvérsela.