La primera cita.

Ayano estaba muy nerviosa, o mejor dicho estaba llena de nervios, daba la impresión de que se enfrentaba al infierno, pero no se enfrentaba al infierno, más bien se enfrentaba a su peor pesadilla, Ayano no tenía problema vestirse como una "señorita" o mejor dicho como "una belleza japonesa".

En fin, para jorobar a Kazuma se vistió, sí damas y caballeros, de dama japonesa.

Era una verdadera dama japonesa, esa estatura perfecta, esa piel blanca que resplandecía al sol, esos labios rosados suaves, esos ojos amarillos cafés que parecían completamente dorados, todos gracias no solamente al tratamiento de cuidado y belleza que se daba todos los días, y por supuesto no olvidemos el esmero no por decir todo el esmero que puso en arreglarse, sino también su traje.

El kimono rosa claro, con mariposas, tan perfecto que parecía de seda, con sus medias blancas y sus sandalias, en su pelo recogido en un moño en el que puso un adorno de flor amarilla.

-¡Ah! Kazuma-san, buenas tardes- saludó ella que había estado esperando en la banca de la plaza durante una hora, con un libro. Táctica, ningún hombre se había ido de esa plaza sin observarla durante diez minutos.

-Ayano ¿Esperaste mucho? – preguntó Kazuma tratando de ser sarcástico.

- La verdad es que la espera resultó más divertido de lo esperado y además me sentí observada, muy observada, eso me mantuvo ocupada -repuso ella dándole una sonrisa muy tierna, cosa que molestó a Kazuma.

-Me alegra saber que le proporcioné una sensación muy placentera Ayano- murmuró en sarcasmo Kazuma.

-No tienes idea de lo agradecida que estoy- replicó ella sonriendo de manera complaciente y haciendo una reverencia.

-¿Nos vamos?-preguntó aún más molesto.

Por toda respuesta, Ayano le cogió el brazo y siguió sonriendo apoyando su cabeza sobre él.

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"Maldito sea Kazuma" pensó Ayano con amargura, "Da gracias que Ayumi siente lo que siente por vos, si no ya te hubiese asesinado" en ese entonces se dio cuenta de algo muy importante,…

¡Ayumi no estaba despierta! ¿Estaba durmiendo? ¡Por qué tenía que dormirse en el momento más importante de su vida! Podía estar disfrutando de esta cita con Kazuma! Ya le daría su sermón más tarde…

-¿Sucede algo Ayano?-preguntó suavemente Kazuma

- En lo absoluto, no sucede nada- dijo algo distraía Ayano mirando por pasar un parque donde habían niños y sin darse cuenta paró.

- ¿Ayano?- preguntó Kazuma mirándola, y viendo su mirada se dirigió al parque.

Lo comprendió al instante.

Cuando eran pequeños, Ayano solía jugar mucho en el parque, porque a Ayumi le gustaba jugar en los parques antes de que se enfermara de manera grave…

Ayano volteó la cabeza, no iba a pensar en eso, podía despertar a Ayumi y no quería despertarla con tales horribles pensamientos.

-¿Ayano?- la voz de Kazuma le llegó y se dio cuenta.

-¿Sí Kazuma?- le preguntó Ayano completamente desinteresada, moviendo su rostro hacia él.

En mal momento que lo hizo, porque Kazuma tomó su rostro y le besó.

Ayano se quedó rígida y se quedó completamente paralizada cuando él introdujo su lengua en ella, Ayano trató de resistir de la manera más amable que podía hacerse en ese momento, pero a él le dio igual.

La hizo retroceder hacia uno de los árboles que había ahí, para poderlo hacer más cómodamente, mientras profundizaba más ese beso, que a Ayano le parecía que la mataban, y no podía darle un sopapo sin que todos pensaran que estaban mal.

Puso sus manos en sus hombros, para empujarlo con toda su fuerza, pero no consiguió moverlo ni un centímetro, más aún pareció excitarlo, ya que él la penetró con su lengua aún más fuerte y profunda en su boca.

Ayano sintió que se derretía, y de repente tuvo que agarrase de él para evitar caerse.

Kazuma se separó de ella, y quiso observar el rostro de Ayano.

Para su desilusión, no lo logró, porque Ayano se tapo la cara con la manga del kimono.

-¿En qué estás pensando?-le preguntó, logrando que no le temblase la voz.

-Estoy practicando –fue su respuesta, y miró su rostro.

Lo logró, Ayano se dio la vuelta de inmediato y él pudo ver que su bello rostro torneado, estaba rojo.

-¡Kazuma, baka!- le gritó muy enojada a Ayano, tapándose la boca con la manga del kimono, y trotando hacia el parque.

- …Ne, Ayumi-dice Kazuma cuando Ayano está en el parque-¿Me perdonarías por ser incapaz de cumplir mi promesa?