CAPÍTULO 8: ¡CORRE, MATSUI!

¿Somos amigas, verdad? Sí. Desde que... ¿Desde cuándo, exactamente? Viéndolo en retrospectiva, nuestro primer encuentro no fue precisamente lo que se puede definir como amigable. Entonces, ¿cómo fue que encontró los agujeros en mi corazón para colarse por éstos como la peste? Je, al fin una palabra que logra describirte que me deja satisfecha.

Peste. Así pensaré de ahora en adelante, porque por más que intento pensar en otra cosa, las benditas hojas que deberían tener requerimientos para el evento deportivo están plagadas de tu bubónico nombre. Maldita sea, Matsui. ¡Maldita seas, Matsui!

¿Acaso estaba tan desesperada por tener una amiga de verdad que la primera grosera que apareció fue la mejor opción?

-Una amiga de verdad... Pero si me gusta, entonces no puede ser mi amiga, tiene que ser mi novia o algo así...-

Ya pasaron varias semanas y no nos hemos visto desde aquella mañana en que apareció en la entrada de mi casa, con esa sonrisota hasta el tope de confianza. Dios, juro que verla así de pie es como tener al personaje de mis sueños de dos dimensiones rodeada de rosas y destellos. Pudo estar usando shorts playeros y crocs y aún así hubiera sido perfecta. Así no puedes trabajar, Rena. Eres un desastre por dentro y por fuera.

-Hora de un receso. Caminar siempre ayuda.

Al salir de mi guarida de ideas en papel, poco a poco sentí que iba despejando la mente. Se podía respirar el aroma del otoño con tintes invernales. La mayoría de los árboles estaban rígidos, perdiendo una a una sus hojas. Todo el verano fue una locura, con la suplente Shinoda, cuyo trabajo todavía no he visto en absoluto; lo del director Akimoto; mi extraña relación con Jurina...

-Genial, ni cinco minutos de paz.-

Estúpida Jurina, ¿cuándo podré dejar de pensar en ti? Es que sus labios, su aroma, sus ojos cuando ruega por algo, o cuando está atenta al montón de cosas que digo. Su cuerpo. Debí tocarla más ese día... ¡Ya! Concéntrate en la música.

-"¡Rena-chan, despierta ya!"-

Tomé el celular y me arranqué los audífonos de golpe, lanzando todo el paquete tras unos arbustos mientras soltaba un grito exasperado, frustrado, pero sobre todo cansado de pensarla y no poder verla. Su "ringtone" se coló en la lista de música. Justo lo que me faltaba.

Fue entonces que noté los susurros del viento acariciándome los oídos, qué desperdicio haber bloqueado algo como esto por el corto recorrido que llevaba. De todos modos, cuando la razón volvió a mi, corrí como loca por mi amado celular, rescatándolo de mi furia previa con apenas un pequeño raspón en la carcasa. El aparato entró a mi bolsillo y seguí caminando y escuchando al señor viento y sus mensajes en código. Podría jurar que eran pequeños sollozos... ¿del viento?

-¿Quién está ahí...?- Pregunté con una voz tan cobarde que me di asco, mientras mis ojos buscaban el origen de ese ruidito en particular. Tal vez sería un cachorrito perdido, de ser así, era mi obligación encontrarlo y buscar a su dueño de inmediato.

Pronto se borró la idea del cachorrito, porque para ellos es imposible soplarse la nariz.

-¿Hola? ¿Quién está ahí?- Soné mucho mejor que el primer intento. Quien fuera que estaba a escondidas notó mi presencia, porque dejé de escuchar sonido alguno. Entre tantos arbustos descuidados me era imposible ver a través de las ramas, sumándole a que estaba rodeada a diestra y siniestra por la negligencia del equipo de intendencia escolar. Más tarde haré un reporte de eso para la directora en turno.

Una ramita rompiéndose delató a quien estaba buscando. Vaya sorpresa, esa chica estaba en peores condiciones emocionales que yo. Por alguna razón se puso más pálida al verme, como si supiera que estaba en problemas, veía al suelo fijamente. Creo que nunca pensó toparse con la figura autoritaria de mi ser. Pensarlo así me causa risa, la verdad.

-¡Matsui-san! Perdón, me salté clases porque me dolía el estómago...-

Mi respuesta lógica debió ser algo como: ¿por qué no fuiste a la enfermería? Pero viéndola tan descompuesta eso debía ser una mentira. Era un debate entre hacer lo correcto como presidenta del consejo o hacer lo correcto como persona normal. Opté por la segunda para variar. Era lo que mi corazón decía, ya estaba cansada de pensar en trabajo y obligaciones. Fui hasta la persona de baja estatura dando pasos lentos, tratando de que el crujir de las hojas no fuera a molestarla.

-Me apena que sepas mi nombre y yo no sepa el tuyo, ¿cómo te llamas?- Casi la alcanzaba, pero de alguna forma ella había logrado colarse en una especie de guarida verde a la que alguien como yo tendría problemas de acceso por mi tamaño, así que le tendí la mano como invitación silenciosa a que saliera de ahí. Creo que lo hizo más por temor a que la reprendiera que por confianza en mi, pero logré que se acercara a mi. A menor distancia me pareció un poquito familiar.

-Kawaei Rina, de primer año...- Apenas y podía formular palabras entre su llanto. Después de todo, sí que me había encontrado con un cachorrito lastimado y asustado.

-Kawaei-san, ¿quieres que te acompañe por algo para tu estómago? Se ve que te duele mucho, y si es lo que creo que es, un par de pastillas harán su magia.- Ofrecí mi mejor sonrisa, esperando haber adivinado la causa de ese "dolor", pero a cambio recibí una negación con la cabeza y la misma mirada gacha desde que nos encontramos.

-Entonces, ¿hay algo que pueda hacer para ayudar?- Nunca había escogido tan bien las palabras, no quería sonar ni demandante ni entrometida.

-No... Bueno... No... Creo... Perdón...-

¿Perdón? ¿Me acaba de pedir perdón?

-Oye, si no me has hecho nada... - Las cosas se pusieron raras en un segundo, porque ahora me sentía avergonzada. No tenía idea de cómo consolar a alguien, sobre todo cuando todo indicaba que jamás le sacaría palabras de la boca. Tomé un pañuelito azul del bolsillo de mi blusa, y violando cualquier regla de espacio entre desconocidas, lo puse entre sus manitas, mismas que de inmediato sentí un poquito ásperas. Tenía marcas en varios dedos y en reverso de ellas.

Lo siguiente también fue un poco extraño. Me miraba con los ojos bien abiertos, creo que hice algo raro, ¿pero qué? La solté rápidamente pero ella seguía mirándome, la situación se tornó incómoda gracias a mi pésima decisión. Vida social - 0; idiota Matsui - 1. Al menos lo intenté y no me arrepiento. Entonces pasé de preocupación a estar confundida, porque la chica empezó a reír, o eso creo que hacía. Era un sonido agudo como los sollozos de antes, pero la podía ver sonriendo. Parecía buen momento para pedir ayuda. Tenía enfrente a una persona que reía y lloraba al mismo tiempo sin ningún problema, como si hiciera eso seguido.

-Gracias.- ¡Habló! Sí existen los dioses, ahora lo creo. Vi que dudó en usar el pañuelo, aunque su nariz se lo pedía y pronto lo puso ahí mismo para que nada más se saliera, sin soplarla, cabe resaltar.

Obvio todavía no sabía qué decirle, opté salir por la tangente para tratar de caerle bien, así lograba que dejara de reír, o de llorar. Cualquier cosa sería ganancia con tal de saber qué pasaba por su mente.

-Q-qué impresionante escondite tienes... ¿Tú lo hiciste?- Necesito una guía de conversación básica, urgente.

-¡Sí! Bueno, no, pero la encontré y la proclamé como mía y de mis amigas. Es el mejor lugar del mundo.-

No puedo creer que eso funcionara. Se notaba el esfuerzo que había puesto en mantener una forma redonda como de iglú ahí entre las ramas, ya estando agachada podía ver bien que la entrada era casi escondida, sólo quienes supieran de ese lugar iban a encontrarlo.

-Eso explica lo de tus manos, creo que deberías darle mantenimiento usando guantes o algo, si sigues así vas a lastimarte mucho más.-

De nuevo abrió los ojos, pero ya no estaba llorando. Creo que otra vez metí la pata aunque menos profundo.

-No fue por eso.- Y se quedó en silencio otra vez.

-Oh.- Y me quedé en silencio también.

¿Qué hacer ahora? Podía simplemente decir que tenía algo que hacer y alejarme, evitándome tan rara situación.

Dicen que los milagros existen, y justo en ese momento ocurrió uno. Un montón de gritos y pasos se escucharon viniendo a toda máquina a nuestra dirección, asustando tanto al wan-chan indefenso y a mi. En un segundo me vi rodeada de hojas medio secas, hecha bolita, dentro del refugio que recién descubrí. La chica me jaló con poca gracia y por un momento pensé que se había metido en problemas con alguna persona, o que le hacían bromas pesadas, yankees o cosas así, aunque según yo eso no existe dentro de nuestra universidad.

-¿Dónde cayó? Tienes que dejar de ser tan nena, es la cuarta pelota que perdemos por tu culpa. ¿Sí sabes que la posición de portero es para de-te-ner la pelota, verdad? No quedársele viendo cómo gira en el aire y entra a tu portería.-

Por estar tan escondidas no podíamos ver nada de la acción, pero sí que escuchábamos todo. Un manotazo resonó seguido de más voces.

-Te quiero ver a ti bloqueando un disparo de Jurina. Sabes que soy relleno en su juego de tomboys super estrellas, odio llevar el cabello recogido tanto tiempo.-

-Mira, ya sé que el futbol y tú se llevan mal, pero no querías otra posición en la cancha, así que por lo menos ponte de espaldas y así con suerte bloqueas algo con tu par de almohadas jumbo.-

Hubo un pequeño silencio, mi nueva amiga y yo seguíamos tan quietas como estatuas, sobre todo cuando los sonidos se acercaban a nosotras en su búsqueda de ese algo que habían perdido. Mis ojos, por otro lado, luchaban por desenmascarar a las personas que aparecieron de la nada.

-Aunque si me dejaba golpear en la cara hubiera sido un toque indirecto de esa tal Jurina... A la otra que me pegue, así la obligaría a ir juntas a la enfermería y podremos divertirnos un rato a solas.-

Sentí que me ardía la sangre. Hice todo lo posible por asomar la vista por entre las hojas, pero las siluetas al momento estaban de espaldas, ni forma de verles el rostro sin ser descubierta. Alguien hablaba de MI Jurina como si fuera SU Jurina. Estaba a punto de salir como cohete del escondite, pero esa manita rasposa me detuvo por el hombro. Ni ella sabía mi motivo para estar furiosa, ni yo sabía su motivo para estarse escondiendo. Tal vez tenía problemas con esas chicas, así que mejor respiré profundamente y dejé que esa cualquiera igualada siguiera con su discurso sin sentido.

-Yuki.- Dijo una voz un poquito más aguda. No estaba en mi banco de nombres conocidos aquella persona, debe ser una estudiante promedio. Seguimos escuchando ahora con más atención a lo que fuera a responderle "Yuki".

-¿Encontraste el balón?- Se notaba un tono despreocupado, altanero, de esos que se usan para denotar cierta indiferencia hacia alguna situación en especial. Después de eso todo fue viento y una que otra hoja arrastrada por una ráfaga. Miré a la chica a mi derecha, tenía los ojos doblemente abiertos que antes. En su lugar se podía ver un poco hacia el exterior, así que hice un movimiento y ahí estaban las dos siluetas, besándose contra uno de los árboles.

Estuve así unos segundos, suficientes para entender que el beso que tuve con mi Jurina fue una cosa de niñas. Lo que me enseñaron "Yuki" y una joven de cabello corto fue más gráfico de lo que hubiera imaginado.

Me volví al lugar de antes, opté por sacar el celular y ponerme los audífonos, no sin antes ofrecer uno a mi compañía, quien estaba con la mirada fija en el espectáculo impuro que tenía lugar en nuestros sagrados jardines. No sé por qué no me extrañó que rechazara mi ofrecimiento, con eso cualquiera olvidaría sus problemas aunque fuera por un tiempo.

Cerré los ojos, y para mi mala suerte fui atacada por imágenes de Jurina besándome de esa forma. La grabación que me dejó de recuerdo fue lo primero que escuché al reanudar el playlist... Lo hacía contra un árbol, contra la pared, contra la cama de mi habitación. Empezaba a sentirme agitada, deseando que Kawaei-san estuviera lejos de mi. Unos toques en la espalda me sacaron del trance acalorado en que me encontré sumergida.

-Ya se fueron.- Me dijo esa personita. De inmediato guardé los audífonos y solté un suspiro cansado, tirándome en el pasto mal cortado para estirarme toda.

-¿Te divertiste?- No sé por qué pregunté eso, fue un impulso al ver su sonrisa y mejillas rojas como nariz de reno.

-¡Senpai! S-se fueron hace mucho, alguien vino a buscarlas antes de que... pues eso, y yo no quise molestarla porque parecía disfrutar mucho su música... pero si me iba y la dejaba sola iba a creer que fui un fantasma o algo así...-

-Sí...- Tenía un buen punto, qué bueno que era una persona considerada a pesar de cómo fue que nos encontramos. Para mi sorpresa, la joven siguió hablando, haciéndome un gran favor.

-Me asusté cuando lanzó su celular, ¿vio un animal y lo quería espantar?

Ya se me había pasado el coraje de Jurina, enrojecí sin darme cuenta y me limité a mover la cabeza. Esta chica me había visto explotar y tenía mis dudas respecto a su silencio, aunque la verdad no parecía del tipo que gustara ir contando secretos de otras personas. Eso me daba cierta tranquilidad.

-No, algo me había hecho enojar, ya estoy bien, creo.

Agradecí enormemente su poco interés en mi, cualquier otra persona estaría hurgando por información. Después de eso, nos quedamos en silencio por enésima vez, era como si ni ella ni yo tuviéramos la menor intención de salir de ese pequeño mundo escondido. A pesar de que yo era prácticamente una intrusa, mi presencia parecía ya no incomodarla.

-¿Te sientes mejor? Por poco llegué a pensar que había un alma en pena por ahí. Más allá de mi deber como tu senpai, quisiera ayudarte de verdad, prometo guardar el secreto.-

Decían que hablar con un extraño a veces era más fácil que con tu persona más cercana, aunque de eso no tengo idea por tener tan pocas personas cercanas y lejanas. Un poco de persuasión debía funcionar según los libros de psicología y comunicación que leí en mis ratos de ocio.

-Es que no sé si sea buena idea, prometí que no le contaría a nadie, ni a mi reflejo.-

-Pero eso hará que te sientas peor con el paso del tiempo. ¿Ni a tu mejor amiga le puedes decir?-

A juzgar por la intensidad de sus ojos, deduje que peleaba consigo misma entre hablar o no al respecto. Antes de que pudiera hacer o decirle algo más, sus ojos empezaron a tornarse brillosos, rojos como antes. Y yo, pues quería darme de golpes con un tronco o que mágicamente volara otro balón de soccer directo a mi cara, pateado por Jurina, claro.

-Mi mejor amiga, Anna, algo pasó entre nosotras y su papá se molestó y me prohibió verla...-

-Así que discutieron.- Me pareció tierno que una pelea de amigas la pusiera tan triste, yo nunca he peleado con alguien como para llorar... Ah, sí. Sí ha pasado, pero eso es harina de otro costal. La chica siguió hablando ante mi mirada observadora. Me contó que su amiga era la mismísima Iriyama-san, cuyas notas se podían comparar con las mías (de hecho era un poquito mejor en deportes, odio admitirlo). Descubrí que ellas fueron las del escándalo que llamó a media fuerza policíaca de Japón en la noche de la fiesta. Vaya, incluso yo me molesté con la decisión del padre de Iriyama, pero bueno, así deben ser los ricos preocupados por su reputación más que por la felicidad de su familia.

-Tranquila, el castigo se levantará pronto, ¿no? Además, aunque esté evitándote por miedo a ser descubierta platicando contigo, estoy segura que también te extraña. Hace lo que hace porque le importas...-

Terminé de decir esas palabras y sentí algo curioso en mi cerebro, como si un engrane que estaba atorado comenzara a moverse lentamente. Me descubrí pensándolo e inmediatamente bloqueé todo eso, mi total concentración debía estar con la joven que tan amablemente me recibió en su guarida secreta.

-Sí, supongo que tiene razón. ¡Ya casi podré verla otra vez y las cosas serán como antes! Además tenemos una competencia juntas en atletismo para el día de mañana, así que ahí podré hablarle poquito.

-Eso es, y cuando lo hagas, recuerda que la distancia es temporal, cuando menos lo esperes van a... ¿Mañana? ¿Atletismo mañana?- La miré con ojos bien abiertos, creo que tuve un pequeño paro cardíaco.

-Mañana es el festival deportivo, senpai. El mejor día del año escolar, al menos para mi porque es lo único que me sale bien.-

¡Maldita sea! ¡Es mañana! ¿A dónde se me fueron los días? Debo terminar una torre de papeleo hoy mismo o el festival será un caos de desorganización por mi culpa. Momento, tengo mi carta bajo la manga... Yokoyama-san podrá salvarme, aunque tampoco la he visto mucho, es mejor que yo con las cosas metódicas.

-Eh, sí... Recordé que tengo que irme ya, suerte con eso y... ¡Pelea!- Levanté el pulgar en dirección a ella, viéndome tan tonta por poner una pose ridícula, pero qué se le va a hacer, al menos pude ser menos rara buena parte de nuestro encuentro. Kawaei-san simplemente sonrió con una mezcla de sorpresa y diversión, usando el pañuelo que le di en mano tratando de disimular que se soplaba la nariz. Agitó su mano y pronto la dejé atrás.

Hice una llamada mientras corría, la vicepresidenta y su gato gris rayado aparecieron en la pantalla durante la espera a que contestara. Cuando al fin atendió, escuché una voz que no era la de ella.

-¿Diga?-

-¿Yui? ¿Eres tú?-

-No, habla Shimazaki.-

-Shimazaki... ¿eres amiga de Yui? ¿Está ella por ahí?-

-Ehehehehe... Soy... Somos amigas, ¿quién habla?-

La voz de aquella amiga misteriosa pasó de amable a sonar defensiva, pero lo dejé pasar porque, Dios, necesitaba a Yui más que nunca y no estaba para distracciones de ningún tipo.

-Entiendo. Habla Matsui, presidenta del consejo y la buscaba porque necesito ayuda con unas cosas URGENTES... - Mi voz sufría los embates de correr y hablar al mismo tiempo, por suerte llegué a mi destino antes de ponerme en ridículo otra vez en menos de diez minutos.

-No tarda en regresar, fue a comprar algo de tomar a la cafetería. Le pasaré su mensaje cuando llegue. Adiós.-

-¡Oye, espera!-

Y colgó antes de que pudiera explicar qué eran exactamente esas cosas importantes.

Troné los dedos de mis manos y empecé con el trabajo, tarde o temprano llegaría Yui a ayudarme. A mal paso darle prisa. Mañana será un día que desearé olvidar, eso requerirá melon-pan... Iré a la tienda antes de regresar a casa.

A la mañana siguiente, en la Universidad Sakura48 se vivía un ambiente de fiesta. Era de las pocas ocasiones cuando las alumnas eran libres de gritar y correr por los pasillos, muchas hacían buen uso de ese permiso especial, era una bocanada de aire fresco para alejarse de aquel estilo refinado de todos los días.

Se llevaban a cabo algunas actividades simultáneamente, en los jardines, en el gimnasio, en la cancha abierta; toda la escuela estaba ocupada.

-¡Por la derecha viene cerrando fuerte el equipo K, Miichan! ¿Será que las estrellas deportistas lo volverán a hacer? ¡La combinación Yamamoto-Matsui están dejando a todas viendo el polvo, señoras y señoritas!-

-Ay, ya cállate. Odio tu voz de comentarista.- Minami colgó la cabeza hacia abajo en señal de fastidio.- Son imparables, incluso las animadoras rivales las están apoyando sin darse cuenta. Admito que son buenas...-

-¿Yyyy?-

-Y que están buenas.-

La cancha estaba a reventar, aunque la mitad de las asistentes iban con el propósito de observar a las dos estrellas del deporte femenino. Al momento había carrera de relevos, siendo el par mencionado quienes cerraban la competencia. Dejaban tras de si una estela deslumbrante de estilo y habilidad, eran prácticamente inalcanzables para el resto de las competidoras.

-Míralas, sudando sin siquiera mover un dedo. Apuesto a que están empapadas hasta el copete y más allá.- Dijo la chica de dientes frontales prominentes, bufando un poco entre el mar de hormonas descontroladas que las rodeaban.

-Son material para fantasías. No las culpo por querer sacarles la ropa y comérselas así como están, lo haría si pudiera, con que dejaran las sobras sería feliz.-

El comentario hizo gruñir a Minami, que resistió darle un buen zape a la otra, por habladora.

-Lástima que las cámaras de video estaban prohibidas hoy, imagina todas las cosas lindas que hubiera podido capturar...-

-Ya ni me digas, así no podemos trabajar. Un periódico que no tiene su herramienta de trabajo es una burla.- Rino maldecía entre dientes, sacudiéndose la tierra de la camisa y siguiendo a las ya ganadoras con la vista, quienes celebraban siendo cargadas en hombros por un grupo de oportunistas que les manoseaban las piernas como pretexto para que no fueran a caer. -¿Qué tiene de cool ser buena en deportes?

-Lo tiene todo. Míralas, las idolatran, les regalan cartas y chocolates a montón en San Valentín, hasta en días que no son San Valentín tienen regalos. Podrían chasquear los dedos y todas esas lambisconas se pondrían de rodillas de inmediato.-

-¡Otra victoria para nosotras! Te viste lenta, Yamamoto, de no ser por mi increíble velocidad, habríamos perdido contra las del B. ¡Las del B! Hubiera sido una vergüenza. Ahora dame agua y una toalla, esclava.-

Jurina saludaba a sus fans que gritaban cada vez que alzaba la vista. Oportunidad perfecta para que la joven de corta estatura le entregara un bote babeado y la toalla sudada que ya había usado para limpiarse. Fue satisfactorio para ella ver cómo su eterna amiga y rival usaba las cosas sin darse cuenta.

-Cierra el pico, que por estar de coqueta estuviste a nada de salirte de la pista, idiota.- Sayaka también tenía sus fans, a quienes sonreía sin ponerles más atención a diferencia de Jurina, eso debía alejarlas, pero al contrario, las hacía querer ver más.

-Qué apretada eres, diviértete un poco, ¿o le tienes miedo a tu novia?- Para rematar el acento fastidioso, Jurina metió la toalla usada en su camisa para simular un par de pechos grandes, mandando besitos a su amiga que cada vez se acercaban más a su rostro.

-¡Aléjate, apestas a perro sudado! Y Miyuki no tiene los pechos tan planos.-

-¿Qué dijiste? Estoy en crecimiento...- Sacó la toalla, le habían dado en su fibra más sensible.

-Ya, cállate y vámonos, siento las miradas hambrientas de tu club de fans no correspondidas.-

Había una ligera sensación de envidia por parte de las dos jóvenes periodistas, quienes decidieron mirar otra actividad que no involucrara al par de estrellas. En otro punto de la enorme cancha, encontraron a los grupos de segundo en una competencia un tanto extraña y misteriosamente popular dada la cantidad de personas que se reunieron a mirar a las competidoras. Eso llamó la atención de Rino, quien fue seguida en automático por su compañera.

La prueba consistía en mantener un naipe usando la fuerza de los pulmones para succionar el aire, evitando que la carta cayera. Así debían pasarla entre diez chicas de ida y vuelta, al parecer había un equipo favorito, porque el público movía unas banderitas en color azul en señal de apoyo a sus favoritas.

-Vaya, vaya. Faltan las margaritas para que ésto sea una de mis fiestas.-

Justo antes de comenzar, una chica del equipo azul se mantenía al margen de las risas y alegría que pudiera contagiársele por tener un día festivo. No parecía molesta, pero definitivamente no estaba feliz, se notaba en la expresión dura y forzada que tenía.

-No se te ocurra fallar a propósito. Puedo leer tu mente. Deja de pensarlo. ¡Basta!-

Una joven dio media vuelta en la línea, mirando a quien le había gritado-advertido con una sonrisa que casi dejaba escapar una risa maliciosa.

-¿Hacerlo a propósito? ¿Yooooo? Cómo eres de mal pensada, Mayu-chan.

Dicha joven regresó a su posición, justo a tiempo para escuchar el silbato que daba inicio a la prueba de destreza. Llevaban buen ritmo sus compañeras, pasando la carta entre una y otra hasta que se acercaba más al par del final. Mayu comenzó a sentirse nerviosa, tenía como amiga a una chica impulsiva, a quien le importaba muy poco lo que sucediera en sus alrededores.

Palideció al ver que la carta estaba en los labios de su "amiga", estaba segura que la carta iba a caer por accidente en alguna de las oportunidades que se presentaran. Por suerte su labor era fácil, solamente tenía que aspirar sobre la carta y de inmediato ponerla en el mismo lugar. Así lo hizo en velocidad record, ganando aplausos y un achique de ojos imperceptible para el resto de las personas ahí presentes, mas no para ella. De hecho también pudo notar cómo en uno de los pseudo besos compartidos, Aika empujó un poco más los labios en el relevo del naipe. Hasta se dio el lujo de inclinar la cabeza y apretar párpado con párpado, como si en verdad se fueran a besar. Ni siquiera pudo seguir la duración de la prueba en la mente a causa de eso, debía esperar a que el silbato sonara dando fin a la locura.

El saldo: ni un solo beso sorpresa. Su compañera festejaba con el resto de las participantes su buena labor de equipo, habían ganado por apenas diferencia de un punto con ayuda de Mayu y su velocida, quien desapareció rumbo al baño para hacer unos cuantos buches con agua, sentía demasiados gérmenes en sus labios.

-Es el precio a pagar, Watanabe.- Se dijo a si misma por ser de las pocas actividades que podía realizar, ella y el ejercicio no se llevaban demasiado bien, así que estaba inscrita en las actividades misceláneas, que requerían más inteligencia o destreza. Cuando salió del baño, buscó a su compañera, pero no había señales de ella. Mejor, así evitaba comentarios innecesarios. Caminó al stand montado por la enfermería, quería agua fría, tan fría como fuera posible. Estaba por tomar un bote, cuando fue interrumpida a medio camino por una mano que ofreció uno recién abierto, pero sin haber sido usado.

-¡Miyuki!- Sonrió luego de horas de no haberlo hecho. Su gemela de apellido, y buena amiga, cargaba una sonrisa igual de amable. -¿Estás en el comité de enfermería? De haber sabido te hubiera acompañado.- Tomó asiento en la única silla disponible, junto a aquella chica de voz suave, quien negó a la pregunta.

-Soy porrista, ahora mismo estamos en descanso, así que vine a la sombrita a tomar agua, el sol está fatal hoy.- Antes de que Mayu preguntara, abrió el zipper de la sudadera que usaba, revelando un atuendo similar al uniforme de siempre, pero con algunos detalles coloridos. -Me da pena andar por ahí vestida así, siento que se mira demasiado infantil, pero a las senpais les gustó la idea.-

-Con razón traes eso puesto, creí que habías enloquecido por el clima. Parece vestuario de idol, los he visto mucho en la tele últimamente. Se te ve bien, pero entiendo lo que dices.- Ninguna era del tipo que disfrutara de llamar tanto la atención con ese estilo de prendas. Mayu parecía mucho más relajada que antes, suficiente para seguir con la plática casual.

-¿Lograste aquello de la otra vez? Te di el mejor consejo que se me ocurrió...-

Miyuki sabía a lo que se refería su confidente. Secreteó, por aquello de las noticias que volaban como pólvora.

-Tuvimos una especie de cita, aunque casi todo el tiempo hablamos de cosas que ni me importaba, pero a ella sí. Por lo menos se disculpó por haberme gritado, y prometió llevarme a una segunda cita, o salida de amigas, como le dice ella.-

Mayu parecía complacida con los resultados, al menos era un avance en la relación entre Miyuki y Sayaka. El haberle ayudado en algo la hacía sentir bien. Seguía pensando en ello, cuando un grupo de chicas de primer año aparecieron, tomando un montón de botes con agua.

-Mira, son las niñas del rally, ¿vamos a verlas juntas?- Preguntó la porrista, poniéndose de pie. Su amiga la imitó siguiendo el camino que tomaron aquellas jóvenes cargadas de entusiasmo y energía.

-Vamos, ya no tengo pruebas hasta más tarde.- Menos mal que tendría alguien a quien acompañar, odiaba estar sola entre tantas personas.

Buscaron un buen lugar para el espectáculo, acordando que el mejor sitio era la parte más alta de las gradas, así evitaban gritos y carteles molestos.

Un poco más adelante se encontraba un trío de chicas, esperando su turno para ser llamadas a sus posiciones para la competencia. Una permanecía abrazando sus rodillas; otra miraba hacia un lado buscando formas en el polvo que levantaban las personas a su paso; la tercera simplemente hablaba y hablaba de su maravillosa senpai Yokoyama.

-Luego fuimos por un café, pastel y comimos hasta que alguien llamó para interrumpirnos. Les juro que fue tan amable, siempre me sonreía al estar escuchándome, a veces se quedaba seria, pero cuando le decía algo gracioso volvía a reír. No sé, me gusta tanto...-

Sus amigas sonrieron cuando al fin notaron que guardaba silencio por un momento, seguro adentrada en sus recuerdos que contaba a cada oportunidad que tenía. Al no poder hablarse con naturalidad entre las tres, generaba enormes baches que su amiga despistada adoraba llenar con anécdotas de ella y su senpai.

-Me alegro por ti, Ponkotsu-chan. No sé cómo lo haces, pero sigue así.- Nada como los ánimos desinteresados de su compañera para levantarle las esperanzas de llegar a algo más que pasteles y café. Rina agregó un par de palmadas en la cabeza del cachorrito enamorado, aprovechando el cambio de vista para centrarse en su propio problema. Anna se veía más cansada de lo normal durante esos días que habían estado separadas, lo pudo notar al instante, pues jamás había tenido ojeras, ni la piel tan pálida a pesar de la fina capa de maquillaje que usaba siempre.

Estaba por violar el trato que se fijó con la menor, pero una voz semi robótica las sacó de su pequeño trance.

Atención, en breve comenzará el rally correspondiente a las alumnas de primer año. Todos los grupos deberán presentarse a su respectiva zona de preparación.

-Somos nosotras, le pedí a senpai que viniera a verme correr, me pregunto si vendrá...- Haruka avanzó dando pequeños saltitos como calentamiento, llegando a donde debía esperar su turno para comenzar la carrera.

-¡Buena suerte para ti también, baka!- Gritó Rina, sacando el aire cuando se vio sola con la niña más adinerada de la escuela. Su mejor amiga, el más grande problema para su corazón. Recordó su último encuentro; cómo prometieron mantener distancia; ese pequeño pero significativo beso que se atrevió a dejarle antes de salir corriendo con ayuda de su abuelita postiza. Para su extraña suerte, tenía que competir hombro con hombro, literalmente, con Anna.

Una tercera persona apareció para entregarle a Rina una cinta color verde que debía amarrar en el tobillo de ambas. Carrera de tres piernas, le llamaban a su parte del rally. Notó que su amiga ya estaba lista en la línea de salida, así que se apresuró silenciosa a atarse a ella, dando un jalón fuerte a la tela para asegurar el amarre.

Los nervios se la comían viva en el día que se supone que más debía disfrutar. Todo el tiempo sufría por los exámenes, y cuando tenía la oportunidad de brillar en algo, el destino le hacía una jugada como esa. ¿Por qué no hablar como siempre lo hacía, al menos en ese momento? Aquel consejo de su senpai Matsui flotaba por su mente, debería de hacer lo que el corazón le dictaba.

-¡En sus marcas!-

Anna pasó su brazo por la espalda de su mayor de edad, mas no de estatura, justo antes de que se disparara la pistola de aire. Miró a su derecha para encontrar una joven sorprendida.

-¡Listas!-

Rina hizo lo propio, acercándose a su amiga, no sin antes regalarle una sonrisa y un par de palabras.

-Que gane la mejor.-

-Estamos en el mismo equipo, por si no te has dado cuenta.-

Había pasado tanto tiempo sin escuchar esa risita nasal de Anna que por poco salía disparada de la alegría que le generó algo tan simple como eso. Ambas inclinaron el cuerpo, listas para correr.

-¡Fuera!-

Sonó el disparo y los gritos de apoyo por parte del público, que al final eran tantos que resultaba difícil saber si en verdad eran porras u otra cosa. En fin, nada de eso le importaba al par de chicas, que corrían en sincronía perfecta a pesar de tener una diferencia de estaturas considerable.

Pasaron la primera curva sin problemas, no llevaban la delantera, pero tampoco iban tan mal. Resultaba ser una carrera divertida, tal como Rina esperaba que fuera, eso la contagió de energía haciendo que corriera un poco más rápido aunque significara exigir más de su pareja. Pronto supo que eso era mala idea, porque notó una respiración agitada de más, y sentía como si fuera cargando con peso extra en lugar de repartirlo entre ambas al ir abrazadas. Bajó la velocidad y en cuanto llegaron a su punto de encuentro con la siguiente compañera dejó que Anna se recargara en ella casi por completo, pues aún tenían que responder a una pregunta que les daba el derecho de seguir avanzando como equipo en la carrera.

-¡Nin! ¿Estás bien? ¿Nos retiramos?- Preguntó una pequeña cada vez más temerosa de que su amiga fuera a desmayarse por el esfuerzo, sus ojos no la engañaron cuando la notó más delgada y exhausta minutos antes de empezar.

-No, hay que seguir, ¿cuál es la pregunta...?-

Rina estaba para nada convencida, pero era cierto que debían seguir o las descalificarían, y con la cantidad de alumnas que odiaban a su amiga eso definitivamente no era una opción. Tomó una tarjeta de entre el montón que había en la mesa del checkpoint, leyendo en voz alta para que fuera escuchada.

-¿Cuánto es noventa y ocho mas nueve mas setenta y dos menos cuatro por cinco entre ocho?... ¡¿Quien escribió ésto?! Ningún humano puede responder algo así bajo pre...-

-Ciento nueve punto trescientos setenta y cinco.-

Rina y la chica que sostenía una hoja con las respuestas miraron a la genio con los ojos bien abiertos, al igual que el resto de las chicas que trataban de solucionar sus problemas matemáticos fallando terriblemente una y otra vez. Cuando la encargada reaccionó, movió la cabeza en un "sí" más que sorprendido y un tanto molesto. Sabía que la niña rica era inteligente, pero no qué tanto podía hacer funcionar su cabeza en situaciones de presión.

-Esa es la respuesta, ciento nueve punto trescientos setenta y cinco.- Repitió Anna para asegurarse de que hubiera sido escuchada por aquella otra persona que reconocía por ser del tipo que habla de asuntos que no le corresponden. A pesar de estar agotada, se mantuvo firme frente a ella con tal de evitarse miradas de lástima.

-Es correcto, pueden seguir...-

-Ya escuchaste, vamos, Ricchan.- Un último esfuerzo para llegar a donde Haruka las esperaba para recibir el bastón rojo tipo relevos. Cuando se lo entregaron, fue casi instantánea la manera en que Anna fue cayendo hacia el suelo, escurriéndose por el costado de su amiga hasta recostarse boca arriba en la tierra. Lo siguiente que notó fue que sus alrededores se volvieron blancos, las voces eran un escándalo borroso y el tacto de Rina desapareció, reemplazado por entumecimiento de las manos.

-¡Nin! ¡Nin! Oye, despierta... ¡Nin...!-

A pesar de ese suceso, la competencia siguió su curso, los golpes de calor eran comunes en chicas que preferían trabajar la mente y no el cuerpo, así que la joven desmayada no corría peligro siempre y cuando estuviera vigilada.

-¡Ganaré por ella, Ricchan, ya verás!- Dijo Haruka, quien miró lo sucedido y se llenó de coraje para intentar pasar su pequeña prueba, que consistía en una carrera de obstáculos saltados.

Uno tras otro, la ponkotsu los tiraba todos al tratar de saltarlos. Se volvió el alma de la competencia, era todo un espectáculo, porque antes de cada salto se detenía para tener una lucha visual con el objeto a superar.

-¡Qué linda! ¡Ánimo, Saki-san!- Gritó alguien del público para animarla, una de esas fangirls que se había ganado por sus acciones extrañamente tiernas y graciosas. Pronto se sumaron otras cuantas a apoyarla, incluso chicas que debían animar a otras competidoras, Haruka se las había ganado al fallar sus saltos.

Gracias a las preguntas increíblemente difíciles del primer checkpoint pudo llegar al segundo antes que todas las demás. Ahora no debía responder una pregunta, la condición para seguir avanzando era hacerse del zapato de alguna de las asistentes, ponerlo en su cabeza y dar un par de vueltas sin tirar dicho objeto.

Miró a su alrededor en busca de una voluntaria, cuando sintió una sonrisa llenarle la cara de lado a lado. Su senpai Yokoyama estaba cerca, ofreciendo su propio tenis a la distancia. Haruka corrió hasta ella, tomando aquello con ambas manos, como si fuera un ramo de las flores más hermosas del mundo. Estaba feliz de verla ahí, tal como le prometió.

-¿Está bien que lo use? Podría llenarse de suciedad si se me cae.-

Yui hacía equilibrio en un pie mientras la menor colocaba en su cabeza el sombrero falso.

-Por favor, sería un honor ayudarte.-

Sin más, Haruka giró en su lugar, riendo de esa manera especial al estar siendo observada por aquella persona quien le hacía ver mariposas por todos lados. Cinco vueltas y su prueba estaba terminada, bastaba regresar para dar salida a su otra compañera. Corrió a anunciar su éxito, ganándose una pequeña ronda de risas extras, haciendo que se preguntara qué pasaba girando la cabeza a todos lados por si algo gracioso había sucedido por ahí. Fue hasta que la encargada del juego le señaló las manos que notó que aun tenía la pertenencia de Yui entre los brazos, sosteniéndolo como si fuera un bebé recién nacido.

La chica de su equipo salió corriendo con lágrimas en los ojos, reía tan fuerte que por poco se tropezaba.

-¡Senpai!- La reina del despiste avanzó con la cabeza agachada de regreso hacia Yui, ofreciéndole su zapato de vuelta. Justo a tiempo, porque la mayor estaba dando pequeños saltos para evitar poner el pie en el suelo. -¡Perdón! Creo que me emocioné demasiado por verla...-

Yui le sonrió con todo el cariño del mundo.

-Está bien, fue divertido y lograste hacer que tu equipo avanzara. Pero más importante, ¿tu amiga está bien? La recuerdo de hace tiempo atrás, me ayudó a encontrarte una vez. Deberías ir a verla, creo yo.- Era ayudante en la enfermería, conseguir permiso iba a ser pan comido.

Haruka se negó, estaba tranquila por ese incidente.

-No, senpai... Desde hace días que no se hablan y creen que no me doy cuenta. Annin se comió parte del bento de Ricchan, cualquiera se enojaría por eso. Y son tan orgullosas que ni ella quiere pedir perdón ni Annin quiere aceptar la disculpa cuando llegue.-

Yui buscó una especie de pista que le indicara que eso era una broma, pero el tono de Haruka era bastante serio para las palabras dichas. Prefirió apartar el tema, ofreciendo una toalla limpia a la menor.

-¿Me acompañas a ver la carrera de cien metros? Una amiga va a participar y prometí ir a verla. O podemos ir a comer algo a los stands, como prefieras.-

-¡Sí quiero!- No especificó qué quería, y avanzó a donde fuera tomando a Yui del brazo, quien dio media vuelta para dirigirse a donde debían: por comida y luego a ver la carrera, que estaba por comenzar. Justo al girar, chocó con una persona que conocía bien.

Nunca antes se había visto a Rena tan seria como en ese momento. Tenía la vista fija al frente, como si deseara lograr ver más allá de sus limitantes humanos. Sus pies plantados como robles firmes a pesar de haber luchado contra mil tormentas internas. Lo cierto era que esas tormentas seguían dentro en su cabeza, bien clavadas por tiempo indefinido, pero sólo por un momento necesitaba alejarlas y concentrarse de verdad.

El año pasado se vio en una situación similar. La había tomado por sorpresa, pues el estar tan ensimismada en su trabajo, no pudo reaccionar cuando llegó el momento. Sin embargo, ahora era diferente, pues ya sabía a lo que se enfrentaba (aunque también estaba distraída por otras razones, despertó a tiempo para hacerse a la idea de que el día había llegado).

-Ah, Matsui-san, perdón...- Dijo Yui, quien no tuvo respuesta alguna hasta después de varios segundos intercambiando miradas con Haruka.

-¡Traidora!- Giró Rena, como si eso fuera a regresar el tiempo. La noche previa le había pasado la mitad de las formas del festival a Yui, bajo estrictas órdenes de aceptar todo sin revisarlo con tal de terminar a tiempo para su entrega a la mesa directiva de la escuela. Sí, a Shinoda, quien seguramente tendría un chimpancé como ayudante, pues no existió réplica hasta por las pruebas más extrañas que había visto durante el día.

Y se fue, como alma en pena, pálida a más no poder ante el destino que le esperaba. Ese año en especial odiaría correr, porque a su brillante clase se le ocurrió que la carrera fuera con los ojos vendados. Correr normalmente era una pesadilla; correr sin ver el camino iba a ser su perdición.

Varias alumnas le deseaban suerte, pero ella ignoraba todo, a todas y cada una de las personas que la bañaban con buenos deseos. La mayoría de primer año, que no tenían idea de la destreza de su senpai. De hecho encontraron esa seriedad más atractiva que sus respuestas amables de siempre, como si pudiera ganar en cada cosa que compitiera.

Nada estaba tan lejos de la realidad como eso.

Al llegar a la línea de salida, frotó la tierra con la suela de los tenis, subió su short blanco hasta la mitad de su cintura, como siempre hacía para mostrar total determinación y seguridad. La venda en sus ojos ocultaba parte del terror absoluto que quería salir por sus orbes. Atenta estaba a la voz que daría la señal de inicio. La primera sirvió para hacerla entrar en razón otra vez; la segunda llenó su corazón de algo parecido a resignación; la tercera, que fue un disparo al aire, indicó que debía correr usando toda la fuerza que años y años de darle la vuelta a una página le había dado.

-¡Todo es tu culpa, Jurina!- Dijo en su mente, convencida de que todas sus desgracias eran por culpa de aquella chica de odiosa sonrisa perfecta.

Corrió y corrió, vamos, eran apenas cien metros que la separaban del fin de su sufrimiento.

-Puedo hacerlo, yo puedo... No te caerás. No te vas a caer. Sigue derecho, imagina el plano y llegarás.-

-¡Por aquí, Rena-chan!-

Jurina miraba a nivel de cancha, junto a su pareja atlética Sayaka, moviendo una matraca escandalosa, casi tanto como su voz, que la presidenta reconoció de inmediato, haciendo que su cabeza girara en dirección a esa voz. Lamentablemente, ese pequeñísimo movimiento generó que perdiera la vertical, la horizontal, la esférica y toda clase de coordenada mental que se había creado para imaginar la pista. Corrió, sí, pero atravesando la zona que le correspondía, pasando de largo hasta chocar contra la cinta que delimitaba el espacio en el que debían correr, que al ser de papel terminó por romperse sin que la persona involucrada lo notara, haciendo que corriera hasta quién sabe dónde..

La matraca se detuvo en seco, aterrada estaba la causante de esa desconcentración tan grande. Varias personas no supieron si dar aviso o dejar que la presidenta corriera hasta donde le fuera posible.

-¿Debería esconderme para siempre?- Habló Jurina, previendo lo que sería calmar a una Rena posiblemente fúrica por su culpa.

-Tengo familiares que trabajan en las oficinas de cambio de nombre, te recomiendo que pases más tarde por ahí.-

Rena se perdió entre la gente, quienes se apartaban de su camino entre risas. Detuvo la carrera, extrañamente larga a su juicio, cuando un par de manos se posaron en sus hombros, deteniéndola casi de golpe.

-Felicidades, ganaste el primer lugar, Rena-chan. El reclamo de premios es por aquí, sígueme.-

-¡Eh! ¿Sasshi...?-

Rino había visto todo, y luego de reírse un buen rato prefirió terminar con el circo llamado Matsui Rena. Le quitó la cinta antifaz, revelando la entrada de la universidad a su alrededor. La competidora enrojeció al grado de volverse una bolita en el suelo, su sistema de defensa contra situaciones difíciles de sobrellevar.

-Hacía tanto que no me divertía como hoy, nuestra escuela está loca... Y tú, otro poco y terminabas atropellada.- Dejó unas palmadas en la espalda de Rena, entendía bien cómo se sentía en ese momento. Luego agregó.

-Si te sirve de consuelo, me toca jugar futbol contra tu novia, ve a verme para que te rías de la desgracia de otra persona, ¿sí?-

-No tengo novia, idiota... Pero iré...-

Aquel era el evento principal, la única actividad que se realizaría sin otras al mismo tiempo. Ir a ver el juego era casi obligación, así que con suerte olvidaba el oso que la perseguiría por unos buenos meses.

En algún lugar de Tokyo.

Un hombre de unos cuarenta y tantos años miraba a través del cristal reforzado de la sala de visitas en la prisión, se le notaba cansado o bien pudo estar aburrido de la situación en que se encontraba desde hace días. Su abogado era un reflejo de su agotamiento, pues no dejaba de sobarse la frente en un acto de frustración.

-Las cosas serán más fáciles si cooperas conmigo, te ruego que digas exactamente lo que hemos repasado cientos de veces, de lo contrario la condena puede subir a...- Aquel sujeto, un poco más joven que el acusado, empezaba a hacer crujir sus dientes en la sonrisa más fingida que le mundo había visto. Su cliente era acusado por un asunto tan delicado como acoso sexual, de una menor de edad, ni más ni menos. -Digamos que si dices algo fuera de lugar, moriré antes de poder saber cómo termina tu caso.-

Esa aseveración pareció hacerle nada al ex-director Akimoto, quien se limitó a reír subiendo y bajando los hombros.

-No entiendes cómo funcionan los negocios. Yo entro; ellos buscan; encuentran la punta del iceberg; adelanto mi salida con un pequeño incentivo; todo sigue como antes.-

-No, tú no entiendes. El abogado defensor que contrató Shinoda está metiendo la nariz en todos lados, sabemos que se está moviendo y rápido.-

Akimoto simplemente inclinó el cuerpo hacia adelante, dejando las manos tras su espalda al tenerlas inmóviles gracias a los metales plateados en sus muñecas. De nuevo liberó su risa, más baja que la anterior, para seguir hablando en un tono privado.

-Te repito que todo estará bien, el juicio es en dos días. Es imposible que encuentre lo que busca en tan poco tiempo. Simplemente no hay manera.-

La reunión había terminado igual que todas las anteriores, llegando a ningún acuerdo en específico. Ambos acordaron guardar silencio y negar cualquier acusación, la falta de pruebas era todo lo que necesitaban para salir sin una mancha de lodo extra en el historial.

-Haré lo que pueda, aunque digas que no sea necesario. Es mi trabajo y espero mi paga completa así salgas con veredicto culpable.- Dijo el hombre de entradas notorias en su cabeza, señal de años de trabajo estresante por tener clientes obstinados como Akimoto. Juntó sus papeles, acomodándolos con un par de golpes sobre la barra que servía como mesa. Bajó la cabeza para despedirse y salir de ese lugar tan deprimente. Tenía mucho trabajo por hacer y el tiempo no perdonaba.

A/N: AHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA.