Capítulo 9: Aioros
Ese día se cumpliría su quinto mes en el Santuario. A pesar de que había llegado relativamente hacía poco, sus habilidades habían aumentado casi al doble. Ya era incluso reconocido como un aspirante a una Armadura de Oro. Leía mucho más rápido (no tanto por gusto, si no por necesidad) y ya había terminado varios libros en inglés. Aún así, su soltura en el idioma sajón era casi nula y encima tenía su reciente inicio en el latín. A pesar de que su fuerza y sus conocimientos aumentaban, el entrenamiento y los estudios no disminuían. Muy al contrario, Saga se encontraba cada día más exigente. Afortunadamente, su maestro no siempre estaba presente para obligarlo a hacer sus aburridos ejercicios debido a la frecuencia con la que salía del Santuario. Saga era un hombre con responsabilidades, por lo que no siempre podía cumplirlas en su totalidad. A pesar de las faltas de su maestro, Milo no descansó de su entrenamiento ni un solo día; y no precisamente por su entusiasmo o por las órdenes de Saga.
Aquella lejana noche, Milo reconoció el rostro de su maestro en otra persona. Desconocía su nombre o sus razones de permanecer en el anonimato pero después de haberlo visto varias veces, finalmente aceptó que aquél hombre era alguien diferente a su maestro. Guardó el secreto. No sabía si el gemelo sabía que había sido reconocido pero tampoco le importaba. Aquel hombre le ofrecía varias clases cada que Saga salía del Santuario por lo que decidió tomarle provecho.
Con el paso de los meses, Milo pudo ver la gran diferencia entre ambos hermanos. Saga estaba obsesionado con la perfección, el otro con el poder. Mientras Saga le enseñaba el nombre y localización de las constelaciones, el otro le enseñaba técnicas para detener al enemigo con solo un dedo de la mano. Era con Saga que escuchaba sobre la nobleza del Patriarca y la fortaleza de Atena. De su hermano escuchaba disconformidades ante los mismos. Tal vez si algo tenían en común aparte del rostro era su poder. Los dos eran sumamente fuertes y tenían ataques similares. Milo pronto tuvo que reconocer en ambos buenos maestros, aunque el anónimo era, hasta cierto punto, su favorito. Simplemente le parecía el más humano.
El aprendiz mostraba una serie de movimientos a Saga quien lo observaba con detenimiento. Sabía que al terminar le soltaría una enorme lista con los errores realizados y de consejos para mejorar lo que no estaba lo suficientemente bien. A Milo no le molestaban los regaños, sino la obsesión que tenía su maestro con ellos. El más mínimo detalle era fatal para él. No lo culpaba: apenas en su primer mes en el Santuario pudo ver como un aprendiz de Bronce moría debido a uno de ellos. Aún así, le incomodaba sentir aquellos ojos azules clavados en todo su cuerpo, como esperando a que cometiera el más mínimo error. Bastaba tener un solo centímetro fuera de lugar para tener que volver a empezar desde el principio y repetir el movimiento hasta el cansancio.
Milo cometió su primer error de la tarde al perderse en sus pensamientos. Este error no fue un golpe dado demasiado bajo o una baja a la defensa. Se trató de un movimiento que, él bien sabía, no debía de realizar ante Saga.
-"Alto."- Milo se dio cuenta de su error demasiado tarde. Tenía que pensar en algo y pronto. -"¿En dónde aprendiste eso?"
El niño puso la mejor cara de consternación que se sabía y tardó un poco en contestar.
-"¿Qué señor?"
-"El último movimiento. No recuerdo haber visto que lo hicieras antes. A ti o a cualquiera de en el Santuario."
-"¿No?"- Se sintió algo aliviado ante las palabras de Saga. Si él podía mentir, entonces no se sentiría tan culpable de hacerlo también. -"Tal vez de usted, maestro. No recuerdo dónde lo vi. Según yo lo había inventado."
-"Tal vez lo hiciste."- Saga estaba molesto. Pudo reconocer inmediatamente ese movimiento, pues era uno de los favoritos de Kanon. Odió ver en su alumno rastros de aquel hombre del que había aprendido a desconfiar. Estaba casi seguro de haberle mostrado a Milo esa maniobra en algún punto de sus entrenamientos sin siquiera haberlo notado. Era común que la gente que entrenaba junta adquiriera patrones de pelea. Seguramente había heredado aquél patrón en una de sus muchas 'discusiones' fraternales y ahora se la había contagiado a Milo.
-"Tal vez."- Aunque tardara toda la vida, le quitaría a Milo ese patrón. No quería volverlo a ver en su aprendiz.
El entrenamiento fue interrumpido por dos cosmos ya bien reconocidos por ambos. Saga vio con molestia al Santo de Acuario y su aprendiz interrumpiendo sus clases. Aparentemente, Antoine aún no había decidido afeitarse después de tantos meses.
-"¿Sigues aquí, Saga?"- Una feliz sonrisa se escapaba de entre su barba.
-"¿En dónde más debería de estar?"
-"¡Felicitando a Aioros, por supuesto! ¡El nuevo Santo de Sagitario! ¿O es que no lo sabías?"
-"Claro que lo sabía. Su maldito cosmo explotó en la mañana como si fuera el fin del mundo."
-"La prueba de su maestro fue dura. Pero la superó y con honores. Se nota que será un gran guerrero."
-"Estoy seguro de que lo será."
-"¿Entonces por qué no vienes a rendirle respetos al guardián de la Novena Casa?"
-"No me apetece."
-"No sabía que fueras tan mal perdedor."- Antoine hablaba pocas veces con seriedad. Esta era una de esas pocas ocasiones. La rivalidad que existía entre el Santo de Géminis y el ex-aprendiz de Sagitario no era un gran secreto. Antes era casi seguro que Saga se convertiría en el sucesor del Patriarca. Ahora, con Aioros siendo dueño del Ropaje Dorado, todo había cambiado. Ambos eran fuertes candidatos y Saga lo sabía. Un par de años pensando que tendría libre el camino hacia el Recinto del Patriarca hicieron que se volviera orgulloso. Antoine sabía que el gemelo no veía la intromisión de Aioros con buenos ojos.
-"Dime, Antoine. ¿Por qué he de rendirle honores a alguien que es igual a mí?"
-"Entonces no lo hagas para rendirle honor. Hazlo por cortesía. Estoy seguro de que te lo agradecerá."
-"Aioros quiere verme tanto como yo a él."
-"Saga..."- El Santo de Acuario respetaba enormemente a Aioros a pesar de la corta edad del último. Ante sus ojos, Aioros era un hombre completamente puro, fuerte y amable. Si había alguien digno de reemplazar a Shion era él. -"Independientemente de quién sea elegido por su Santidad, es necesario que al menos se toleren entre ustedes. Deberías dejarle las rabietas a alguien que no porte una Armadura."
Saga lo consideró por varios segundos. Sabía que si no aceptaba la 'invitación' de Antoine, no se lo quitaría de encima por días. Lo mejor sería seguirlo. Después de todo, no tomaría demasiado tiempo.
-"De acuerdo. Pero no esperes que le dé un abrazo."
-"No te pediría algo así. Tal vez solo un besito."
-"Idiota."- Miró a su aprendiz. -"Quédate aquí, Milo."
-"Sí."- Milo no se sorprendió mucho de la discusión anterior. La 'molestamente inservible' existencia de Aioros era un tema de conversación común a sus dos maestros. Poco conocía a este hombre y tenía todavía menos interés de hacerlo. Ya era suficiente con tener que aguantar la presencia de Aioria que, desde hacía tiempo, no solo le cansaba sino que también le molestaba. Miró a Camus que le correspondía la mirada. -"Señor Antoine. ¿Camus puede quedarse?"- El Santo asintió y miró a su discípulo.
-"Cuando me sientas de vuelta en Acuario regresa a las 12 Casas."- No esperó una respuesta de Camus y caminó hacia el Primer Templo. -"Vamos, Saga. Quiero llegar allá antes de que se oculte el Sol."
Milo se sintió aliviado al verse lejos de los dos Santos Dorados y se sentó en el pisó.
-"Tu maestro quiere mucho a Aioros."
-"Es un bueno y noble. Eso es lo que él dice."
-"¿Viste su prueba?"
-"Aio-"- Camus se interrumpió a sí mismo. -"El señor Aioros peleó muy bien. Es muy fuerte. Casi tanto como el señor Saga."- Vio el puchero que hizo Milo. Sabía que le molestaba pensar que Saga no era el más fuerte del Santuario y era todavía peor si lo comparaba con alguien que había sido enseñado a rechazar.
-"Pude sentirlo."- Milo iba a agregar que no le había parecido gran cosa, pero si algo había aprendido de Camus durante esos meses era que no era bueno comenzar una discusión con él. Cada que lo hacía acababa frustrado debido a la estúpida manía de su compañero de tener siempre la última palabra (por más discordante que fuera). Se recostó en el piso como ya se había acostumbrado a hacerlo. Miró el cielo y encontró a la primera estrella de la noche.
-"Lobo."- Repitió para sí el nombre de la constelación que había estudiado esa mañana. -"Lobo está apareciendo."
-"Esa cosa ni siquiera está en el hemisferio norte."
-"No."- Sonrió. -"Pero si viviéramos en Argentina la podríamos ver."
-"Claro que no."- Vio a su amigo levantar la mirada. -"Allá es de día."
-"Claro."- Se burló en su cabeza de la necedad de Camus y después cerró los ojos. Seguramente Saga regresaría de mal humor de su visita al Noveno Templo.
-"Aioros de Sagitario."- Antoine entró a la Casa de Aioros con los brazos abiertos, extendiéndolos para recibir al nuevo Santo Dorado en un fraternal abrazo. Saga caminó detrás de él y con mucho menos entusiasmo. En lugar de ver a Aioros, miraba a Aioria que estaba de pie a solo unos cuantos centímetros de su hermano. Odió la cara de orgullo que tenía encima.
-"Es un honor recibir las felicitaciones de un Santo como tú, Antoine."- Aioros estaba verdaderamente feliz en esos momentos. Finalmente había alcanzado la meta por la que había estado luchado desde hacía tantos años.
-"Lo sé. Pero es que soy así de amable."- Despeinó los cabellos de Sagitario con su mano derecha mientras reía.
El feliz momento fue interrumpido una vez que Aioros reconoció en su Casa al guardián de la Tercera. Él nunca había confiado completamente en Saga. Había algo en su mirada que simplemente no le convencía. Podía ser solo su paranoia, pero entre más lejos estuviera de él, más seguro se sentiría.
-"¿Qué trae a Saga de Géminis al Templo de Sagitario?"
-"¿Tú qué crees, Aioros? He venido a felicitarte. Después de todo lo conseguiste."
-"¿Acaso lo dudabas?"- Usualmente evitaba los conflictos, pero la hipocresía de Saga hizo que contenerse le fuera imposible. Además, ahora que portaba aquella Armadura se sentía lo suficiente como para enfrentarse al famoso Saga de Géminis.
-"Ni por un momento."- Saga hablaba en serio, pero Aioros vio en sus palabras un insultante sarcasmo.
-"¿Por qué lo trajiste, Antoine?"
-"Ambos son Caballeros ahora. ¿No creen que es tiempo de que solucionen sus diferencias?"
-"No me interesa. Pelearé a su lado si es necesario pero nada me obliga a ser uno más de sus lame botas."
-"Tienes agallas para decir eso... y poca inteligencia."
-"Ahora yo también tengo una Armadura Dorada. No es como si tuviera que considerarte mi superior."
-"La Armadura no hace al Caballero, Aioros."
-"Tampoco lo hace la popularidad."
-"Saga, Aioros... es suficiente."- Las palabras de Antoine no fueron escuchadas. Tal vez no fue una muy buena idea la de invitar a Saga después de todo.
-"Eres un insulto."- La voz de Saga sonó aún más áspera de lo que era usualmente. Su cosmo había comenzado a elevarse y ahora se acercaba amenazadoramente a Aioros. -"Atena debe de estar desesperada para aceptar a mocosos insolentes como tú entre su elite de Caballeros."
-"¡Tú lo eres!"- Una voz chillona detuvo el camino de Saga hacia Aioros. Tuvo que mirar hacia abajo para encontrarse al aspirante de Leo que se interponía entre él y Sagitario. -"Tú eres el insulto."
-"Y veo que lo insolente se hereda."
-"No te metas en esto, Aioria."- El hermano mayor sabía que en el estado actual de Saga, éste no dudaría en hacerle daño al niño. -"Mejor ve a estudiar."
-"Sí, hermano."- Una fuerte risa acompañada de su eco fueron escuchados en la Novena Casa.
-"¿Tú serás el maestro de ese niño?"- Ahora que el antiguo Santo de Sagitario se había retirado, Aioria no tenía un maestro. Era obvio adivinar que sería su hermano el que lo instruyera de ahora en adelante sin mencionar que, de por sí, Aioros era ya técnicamente el maestro del niño. Su predecesor tenía poco interés en entrenar a un Caballero que no luchara por su misma constelación. -"Nunca podrá ganar una Armadura si es su hermano el que le enseña. Ni siquiera una de Bronce."
-"Antoine... por favor llévate a Aioria al interior de la Casa."
-"Aioros... no hagas una estupidez. Lo mismo va para ti, Saga."- El Santo de Acuario empujó a Aioria para obligarlo a irse del pasillo principal. Hubiera preferido quedarse a vigilarlos pero ya había ocasionado suficientes problemas. Lo mejor era que ellos se las arreglaran solos. Mientras una batalla de 1000 días no comenzara no habría mayor problema. Pronto él y Aioros se perdieron de vista entre los muchos pasillos con los que contaba la Novena Casa.
-"¿Estás cuestionando mi capacidad como maestro?"- Aioros habló una vez que se sintió a solas con Saga. Trataba de mantenerse en calma aunque sus puños ya estaban preparados para atestarle un fuerte golpe a la mejilla del visitante no deseado.
-"Eres tan solo un niño. No tienes la experiencia ni los conocimientos para ser el maestro de Aioria."
-"Tengo entendido que tú no esperaste demasiado para conseguirte un aprendiz ¿no es así Saga? ¿Qué te hace pensar que tú tuviste la habilidad de ser maestro y yo no?"
-"No estoy hablando de habilidad. Estoy hablando de nepotismo. Nunca podrás exigirle a Aioria lo que yo le exijo a Milo."
-"Y aún así, Aioria no tendría problema en vencerlo."
-"Eso solo lo dices porque no lo has visto pelear."
-"¿Para qué? Sé que no es tan fuerte. Si lo fuera entonces Ewan te lo hubiera quitado desde hace mucho tiempo."
-"No hables de cosas que no sabes. Milo no llegó en su mejor forma pero incluso ahora sé que no tendría problemas en vencer a tu hermanito."- Saga estaba hablando de más y lo sabía. En esos momentos, Milo era tan fuerte como Aioria pero tenía mucha menos experiencia. Era muy posible que en una batalla Aioria resultara el vencedor. Sin embargo, el enojo había cegado su mente una vez más. No permitiría que Aioros lo dejara en ridículo. Eso era algo que nunca le permitiría.
-"Pruébalo."- Aquella palabra que Saga esperaba fue pronunciada. Ahora no había vuelta atrás. Tendría que poner toda su fe en Milo.
-"Mañana al amanecer en el Coliseo. Veremos quién es el mejor maestro de los dos."
-"Es un reto."- Aioros se sentía mal por haber metido a Aioria en una batalla que no era suya, pero tenía la confianza de que ganaría la pelea de mañana. No le daría el gusto a Saga de vencerlo.
-"Milo."- Cuando Saga regresó a donde había dejado a su aprendiz, los encontró a él y a su compañero viendo las pocas estrellas que apenas estaban saliendo en el cielo. Vio a Camus levantarse rápidamente.
-"Nos vemos mañana. Con permiso, señor Saga."- Sin verlo a los ojos, el muchacho salió casi corriendo del lugar. Saga estaba molesto y lo menos que quería ver era cómo se desquitaba con Milo.
-"Levántate."- Sin decir palabra, el niño se puso de pie y se colocó frente a él esperando alguna nueva orden loca. -"Mañana en la mañana te enfrentarás contra Aioria."
-"Sí señor."- Bueno... eso era un poco más loco de lo que esperaba. Planeaba retar al lengua suelta dentro de unas semanas, pero eso era demasiado pronto. Aún no sabía si podría vencerlo.
-"No pierdas. Si quieres muere, pero no pierdas ¿de acuerdo?"
-"No lo haré, señor."
Por primera vez en su vida, Milo sintió miedo.
Esa noche le sería muy difícil dormir.
Comentario de la Autora: Este capie no me gustó tanto. En realidad no sabía si dejarlo... ni mucho menos el siguiente, pero al final como que de hecho me servirá de algo todo esto. ¿Por qué Saga no se lleva bien con Aioros? Creo que ya se ha leído. Originalmente, creo que Saga era MUCHO más diplomático, pero pues... eso no hubiera sido divertido ¿verdad? Aioros no parecía confiar de Saga así que tampoco es como si se me hubiera complicado el asunto.
¿Por qué Kanon está tomando el lugar de Saga? pues al menos puede hacerlo en uno de los aspectos de su vida ¿ne?
.. Que mas... que mas... creo que eso es todo. Ya me he tardado demasiado en esta actualización así que los dejo. ¡Domo arigatou!
