N.A. Hola a todos. Mil disculpas por abandonarlos tanto sin actualizar, fue una temporada personal muy difícil y apenas había escrito una linea en las últimas semanas. Pero ya esta aquí la continuación. Y espero la disfruten.
Va para Lica y Sam, muchas gracias por su apoyo en esta temporada. Lo menos que les debo una historia personal por el apoyo y preocupación. Mil abrazos.
10- Pasajeros en conexión
Hotch estaba nervioso, no un poco nervioso, sino genuinamente nervioso, no sabía ni como iba a decir lo que debía, porque no había forma de que eso saliera bien. Había sido la primera oportunidad de su equipo de perfiladores de probar sus conocimientos fuera de Londres, en un área fuera de su control, un par de días en Liverpoool, y luego la valoración de Scotland Yark. Esos días habían sido una locura… y para colmo la semana anterior Emily había estado en Edimburgo, llevaban diez días sin verse. Y él sabía que no iba a ser la mejor noche.
Era noche cerrada cuando llegó al departamento de Emily. Hacía frío y él sólo anhelaba abrazarla. No pudo hacerlo. Emily abrió la puerta mientras hablaba por teléfono, le dio un fugaz beso que apenas alcanzó la comisura de sus labios y siguió con su llamada. Hotch entró tras ella. Inmediatamente supo que algo iba mal, los pequeños detalles llamarón su atención: los zapatos de Emily junto a la puerta, como si los hubiera tirado fastidiada apenas hubo entrado; el bote de helado casi vacío sobre la mesa de la sala; el suspiro que Emily soltó al colgar el teléfono… El modo en que después se dejó caer en el sillón.
-¿Estas bien?- preguntó Hotch tras un largo silencio
-Jamás le preguntes a una mujer como esta si la ves comiendo directo del bote de helado- regañó Emily a modo de respuesta
Hotch se sentó junto a ella, intentó tomar una cucharada de helado, pero Emily no se lo permitió, así que él fue directo a sus labios, saboreando el chocolate y la galleta y ese sabor a Emily que no se parecía a ninguna otra cosa. Y Emily también saboreó el beso, pero algo iba mal.
-¿Qué sucede?- preguntó Hotch tras el beso
-Tuve un mal día- dijo ella al fin
-¿Es por esa llamada?-
-Sí y no- contestó Emily tomando otra cucharada de helado- era Clyde… dos de nuestros agentes encubiertos desaparecieron, dieron reporte por última vez hace cosa de semana y media, nadie los ha vuelto a ver y con nadie se han comunicado, sucedió mientras yo estaba en Edimburgo- otra cucharada de helado- y ni siquiera puedo participar en la búsqueda, porque debo estar en la oficina, en la semana tengo siete juntas, una evaluación y una visita de supervisión…-
-Demasiado trabajo de oficina- resumió Hotch- y eso no es para ti-
-Paso de mi escritorio a una sala de juntas y de ahí a otra, a veces a un avión, para estar en una sala de juntas en otro lugar… esto cada vez es más política y odio la política- se quejó ella y apresuró otra cucharada de helado
-¿Y qué más sucede?- preguntó él, la conocía, esos meses juntos lo habían hecho conocerla, eso no podía ser lo único
-Mandy se va- casi lloriqueó Emily- me aviso hoy que presentará su renuncia oficial-
-¿Por qué?- hasta Hotch se sentía mal por eso
-Su novio es chef, un muy buen chef en realidad, y le ofrecieron un trabajo en un restaurante importante, con estrella Michelin y todo eso, algo grande, se va en unas semanas… y Mandy se va con él-
-Oh, Em…-
-No es justo, no quiero estar sin mi persona favorita de Londres-
-Ey… pensé que yo era tu persona favorita de Londres- reclamó él en un intento de hacerla sonreír aunque fuera un poco
-Tú eres mi persona favorita en el mundo, Aaron, pero Mandy es mi persona especifica de Londres- confesó ella sin sonreír, a él se le hizo un nudo en el corazón
Emily se dejó caer y enterró el rostro entre las manos, en un intento de no dejarse llevar por sus sentimientos; Hotch quería consolarla, pero no sabía cómo, además debía decirle algo que sabía no iba a ayudar.
-¿Qué hago por ti, Emily?- preguntó preocupado
-Ve a la cocina y tráeme otro bote de helado- contestó ella y lo miró larga y profundamente- porque me parece que tú también me traes malas noticias-
Hotch quiso contestar, pero sentía la boca seca, no podía ni pasar saliva, así que sólo se levantó y fue a la cocina. El congelador de Emily tenía, entre otras cosas, cuatro botes de helado que en algún momento ella había comenzado a comer, eso lo sorprendió un poco, si Emily recurría a eso cuando estaba teniendo un mal día, entonces sacaba en claro de que esos pasaban más a menudo de lo que parecía, pesé a que llevaban "juntos" tres meses, se sorprendió de lo poco que conocía a Emily, al menos en esos aspectos, nunca le había parecido especialmente triste o deprimida, cuando más exhausta. Suspiró. Había estado memorizando los gustos de Emily, sus nuevas pasiones, sus gestos, lo que le causaba placer, la molestaba, los secretos de su alma y piel… pero no sus tristezas, eso resultaba nuevo. Miró los botes de helado, necesitaba el sabor correcto, ella iba a necesitar eso. Y se sentía culpable por estar seguro de eso.
Un minuto después estaba con ella.
-Chocolate con cereza, excelente elección Hotchner- declaró ella
-Las cerezas me hacen pensar en ti- confesó él y ella lo miró con sorpresa- ya sabes, las cerezas oscuras, las que son acidas y dulces a la vez, las que van bien con el chocolate, las que nunca pierden ese color tan intenso, son como… intensas, apasionantes, sorpresivas… como tú-
Emily se acercó a él y lo besó intensamente, nunca dejaba de sorprenderle las cosas que aquel hombre podía decirle, el modo en que le llegaba al corazón. Lo besó intensamente y acarició su rostro. Luego volvió a mirarlo fijamente a los ojos. Hotch sentía que ella lo estaba leyendo por dentro.
-¿Es tan malo lo que vas a decir?- preguntó Emily con tristeza
-La evaluación del equipo que entrené salió excelente- declaro él y no pudo evitar el pesar en su voz, pese a que era algo bueno
-Eso significa… ¿qué?- tanteó Emily terreno, aunque se antemano esperaba lo peor
-Que puedo volver a Quantico-
Emily se quedó un minuto pasmada, aún con el bote de helado en las manos, aún con la mirada clavada en Hotch, durante un momento se negó a reaccionar. Y luego soltó un hondo suspiro. Casi le dolió el aire que respiraba.
-¿Te iras?- preguntó al fin
-No es lo que esperaba, Em…-
-No, por supuesto que no, yo tampoco…- se levantó del sofá sin saber que más hacer
-Emily…- pero él tampoco estaba seguro de que decir- sabíamos que esto pasaría-
-Claro, pero en unos meses- dijo Emily y de pronto estaba enojada- tendríamos seis meses, no tres… se suponía…- pero se le cortó la voz
-No debía ser así, yo lo sé, pero no sé qué más hacer, el trabajo está hecho, la unidad entrenada… fue más rápido de lo esperado-
-Pues claro, eres excelente en tu trabajo- dijo ella, pero no era un cumplido, pues lo decía con amargura en la voz
-Emily…-
-¿Cuándo?-
-Dijeron que en un par de semanas puedo estar de vuelta para reintegrarme en el trabajo- él no sabía que más decirle
-No es justo…-
-No es lo que quería-
-No mientas- cortó ella acercándose a la ventana, para no mirarlo de frente a él- sé que extrañas ir a casa, al equipo, el trabajo… a Jack, en especial a Jack-
-Es verdad- contestó él y se acercó a ella- pero no así, no dejándote a ti… no me gusta extrañar mi vida, pero no quiero irme y extrañarte a ti-
Intentó darle la mano, pero Emily se alejó nuevamente. Parecía como si no se sintiera a gusto cerca de él, o en ese espacio. Parecía que quería soltarse a llorar… Finalmente volvió al sillón y se sentó abatida.
-Encontraremos un modo, Emily- intentó prometer él
Ella sólo negó suavemente con la cabeza. Dos semanas le parecía nada… Esos tres meses juntos habían sido increíbles, pero veloces, quería más, pensaba que tenía más tiempo. Y se sentía engañada. Quería soltarse a llorar, pero se negaba a hacerlo.
-¿Te importaría no quedarte a dormir aquí hoy?- preguntó ella
Y obviamente a él si le importaba, de hecho, se sintió un poco herido, porque básicamente ella estaba pidiéndole que se fuera. Pero, aunque quería quedarse con ella, aceptó. Si Emily necesitaba su espacio, bien podía dárselo.
-Te llamó mañana- dijo él al fin, resignado a irse.
La besó para despedirse, pero ella apenas correspondió. Estaba molesta… y herida, que era más peligroso aún. Cuando Hotch abría la puerta la escuchó reclamar con tristeza
-Te dije que no quería enamorarme de ti, Aaron Hotchner-
Pero él no podía decir nada.
Emily se quedó un rato quieta en el sofá, conteniendo las emociones que amenazaban con explotar dentro de ella. Había sido un día muy malo. Si no quería imaginarse Londres sin su asistente y amiga, menos se lo quería imaginar sin Hotch. Suspiró. Abrió el bote de helado, pero el sabor a cereza y chocolate, lejos de calmarla, sólo la hacían pensar en las palabras de Hotch. No quería acabar así el día. Tomó su teléfono. Y llamó
-Hola, Emily hermosa- la voz sorprendida de Penélope García le llegó cantarina desde el otro lado del mundo
-Hola, García- contestó ella sin estar segura de cómo empezar
-¿Qué sucede, tesoro mío?- la analista había reconocido el tono de voz de Emily y sonaba preocupada
Emily quiso decir cosas sensatas… Pero no podía. Ya no podía.
-Te necesito, Penélope- soltó al fin
Y el nudo en su interior finalmente se deshizo…
