Flourish y Blotts… de nuevo.
Impotencia, esa es la palabra para describir lo que siento en este momento.
Aquí estamos los dos, tomados fuertemente de las manos, esperando que lo nombren para que tome su turno en el traslador que lo llevará a Canadá. No podemos hacer más que evitar mirarnos a los ojos, pues sabemos que si lo hacemos la separación será más insoportable.
Una maleta negra descansa a su lado, y en este momento me dan ganas de quemarla, en un desesperado intento por que la persona que más amo no se vaya sin mí.
Sin embargo, no me parece justo, pues él debe hacer su vida y ser feliz, aunque yo no entre en esa felicidad.
Ya no sé cómo reaccionar, ni qué pensar. Está aquí junto a mí, y una parte de mía quiere salir corriendo sin mirar atrás y la otra quiere abrazarlo tan fuerte que nuestros cuerpos se fusionen y se queden así por el resto de la eternidad.
Una espesa niebla atraviesa por mi mente, por el terror que le tengo a lo desconocido, al ya no verlo nunca más, pero me reprocho a mí misma, porque debo confiar en que cumplirá su promesa de volver.
El hombrecillo que tiene los trasladores, menciona su nombre, y le dice que tiene cinco minutos.
Se incorpora lentamente seguido de mí, y empiezo a sentir como se forma un nudo en mi estómago, y como la cabeza me da vueltas.
Nos tomamos ambas manos, y esta vez lo miro, sabiendo que será la última vez hasta que vuelva.
Sus ojos grises me traspasan, sabiendo lo que estoy sintiendo. Toma mi rostro entre sus manos y me acaricia las mejillas, como aquella vez que le dije que me gustaba. Tan tierno… temiendo romperme.
Acaricio sus musculosos brazos, cubiertos por su chamarra negra.
Y me abraza fuertemente, dándome suaves besos en la coronilla y las mejillas; escondo el rostro en el hueco de su cuello, aspirando su colonia por última vez, dejando que me llene.
-Tengo que irme- dice con voz ahogada, mientras besa mi cuello.
"No te vayas" son las palabras que se quedan atoradas en mi garganta, porque las lágrimas que se agolpan en mis ojos no las dejan salir.
-Recuerda que te amo- me dice en susurros.
-Y yo a ti- contestó.
Nos separamos suavemente, queriendo alargar el comento; pero finalmente desaparece en la oscuridad…
La imagen cambia, y ahora sólo veo una tumba que lleva la inscripción de su nombre, y las lágrimas salen a borbotones de mis ojos…
-¡Rose!... ¡Rose!- exclamó Scorpius preocupado.
La chica daba vueltas y vueltas en la cama, con lágrimas cayendo por sus mejillas. Tenía el rostro desencajado de dolor. Finalmente, abrió los ojos, y lo primero que hizo fue abrazarse a él.
Lo tomó fuertemente por la playera, atrayéndolo más a ella innecesariamente, porque él ya la ceñía fuertemente.
El sueño fue exactamente como aquella vez… tanta impotencia junta, las palabras que nunca le dijo, pero que ahora decidían salir…
-No te vayas- dijo Rose entre sollozos.
-Aquí estoy- dijo Scorpius una y otra vez hasta que el amanecer llegó hasta su ventana, iluminándolos con la luz de un nuevo día.
Estaban ya a finales de julio, pero Rose Weasley aún no podía creer que estuvieran viviendo con el ser más romántico, apasionante que hubiera conocido nunca.
No cualquiera te da flores en días que aparentemente no son especiales, o te despierta con un beso en la mejilla, o te visita felizmente en tu oficina cuando ambos están a reventar de trabajo.
-¡Feliz cumpleaños, Harry!- eran los gritos de felicitaciones hacia en pelinegro. Como ya era costumbre, toda la familia (que cada vez era más numerosa), se reunía en casa de los Potter para celebrar el cumpleaños de El elegido.
Scorpius miró a su alrededor, recordando la primera vez que estuvo en una celebración parecida, justamente cuando se enamoró de aquél pastel de manzana que Rose había cocinado, claro que en ese momento no sabía lo que significaba.
Luego de lo que había pasado esa mañana, sentía la imperiosa necesidad de estar cerca de ella más que nunca, pero no por eso había tomado la decisión más importante de su vida a la ligera, sino como algo planeado hace meses.
Estaba en el patio con Albus y James, pero ninguno hablaba, pues sin querer se habían quedado embelesados viendo cada quien a su chica; ellas estaban al otro lado de ellos, hablando en voz baja y riendo de vez en cuando.
-Yo pienso que se lo pedirá pronto- dijo Annie directamente.
-Sí, yo también- corroboró Helen-, basta con ver lo nervioso que se pone.
-No es verdad- dijo Rose ruborizada, haciendo reír a sus amigas.
-Vamos, pelirroja, estoy completamente segura de que Scorpius…
Pero alguien interrumpió a Annie cuando estaba en plena frase, poniéndole las manos en la cintura.
Era James, que reclamaba algo de atención de su novia. Últimamente las cosas no les habían ido de perlas, pero habían salido adelante por el intenso amor que ambos sentían.
-¿Me disculpan?- dijo Annie sonriendo pícaramente mientras se iba con su chico dentro de la casa.
Las dos pelirrojas observaron a la pareja de enamorados irse, ambas con sonrisas estampadas en el rostro.
-Hay que ver lo afortunada que es mi prima- dijo Helen riendo.
-Sí, pero se lo merece con creces- dijo Rose recordando todo lo que la castaña había hecho por ella.
Eran cerca de las once de la noche, y la gente estaba ya dispersándose, pues no todos tenían el día libre al día siguiente, como era el caso de los que trabajaban en San Mungo.
-¿Te importaría si nos vamos ahora?- dijo Scorpius tímidamente a Rose, que había estado hablando con Victorie.
Al ver el nerviosismo del rubio, decidió hacerle caso, pues hace mucho que no lo veía así, y ese hecho le causaba gracia.
Luego de despedirse, salieron al patio de enfrente y caminaron por un solitario callejón donde solían aparecerse.
-¿Vamos a casa?- preguntó Rose, pues la expresión de Scorpius era muy ambigua.
El rubio negó con la cabeza, en un gesto entre divertido y nervioso.
-Primero te tengo una sorpresa, pero necesito que cubras tus ojos.
Rose lo miró alzando una ceja seductora, para luego sentir como su novio le ponía una mascada (que reconoció como suya) que le negó la vista.
-Voy a aparecernos, ¿de acuerdo?- dijo Scorpius, cuando vio que la pelirroja asintió, la tomó de la mano y giró sobre sí mismo.
Aunque Rose no lo sabía, ambos caminaban por el casi desierto callejón Diagon. Caminaba a tientas aferrando el brazo del rubio para no caerse.
-Esto parece un intento de homicidio- dijo Rose sin saber si estaba divertida o irritada, lo cual fue captado por Scorpius.
-Casi llegamos- dijo nervioso y tratando de no tropezar con sus propios pies.
Caminaron unos cuantos metros más y se detuvieron. Sin dejar de tomar la mano de Rose, Scorpius tomó una llave plateada y la introdujo por una igualmente plateada cerradura. Y no es que estuviera haciendo actos delictivos, sino que ser amigo del dueño del lugar tenía sus ventajas.
Rose no supo lo que sucedía hasta que olió el familiar aroma a libros de su tienda favorita. Si los sentidos no le fallaban, estaban en Flourish y Blotts. Con una sonrisa, siguió caminando siguiendo las instrucciones del rubio.
Entraron, y Scorpius la dirigió hasta un estante que le traía un recuerdo en particular. Prendió con su varita un par de velas que los rodeaban, en el intento de crear algo más romántico (por lo menos la luz de luna que se colaba por una ventana ayudaba). Sólo entonces le quitó el pañuelo y se colocó ante ella, que abrió los ojos con sorpresa.
Lo primero que vio fue a Scorpius, que iba tan guapo como siempre con esa camisa blanca que la volvía loca, pero luego se percató del ambiente a su alrededor.
-Scor… ¿Qué…?
-Sé que parece loco- dijo el rubio alborozado. Con su nerviosismo, hizo un ademán en la mano que tiró varios libros. Rose sonrió con ternura y le tomó una mano para alentarlo a continuar.
-Hoy hace exactamente diez años que chocamos aquí, en este mismo lugar. Fue cuando yo te comencé a gustar y me di cuenta de que te quería más de lo que quería aceptar…
Rose lo miró, sin asimilar que el chico pudiera recordar tantos detalles.
-Así que espero ser tan afortunado en este lugar como lo fui aquél día.
Rose abrió grandes los ojos cuando vio que Scorpius se hincaba frente a ella y sacaba una cajita de su saco. La abrió, dejando ver un anillo con un solo diamante en el centro.
-¿Te casas conmigo?- la pregunta quedó en el aire, mientras Rose se quedaba sin palabras. Nunca imaginó que ese momento, que tanto había esperado, fuera tan perfecto.
-Sí…- dijo temblorosa sin poder decir nada más.
El rubio sonrió como nunca antes, con esa chispa en la mirada que le recordó cuando eran novios en la adolescencia. Y sin más, la besó. Y así sellaron el inicio de un nuevo comienzo.
Hola!
No recuerdo cuando fue la última vez que actualicé :s pero no he tenido mucho tiempo de escribir, porque entre tareas y exámenes apenas queda tiempo para vivir! Además me dio gripa :s (no se preocupen, no fue influenza).
Espero que les haya gustado este intento de cap, pero la inspiración me abandonó.
Gracias a quienes dejaron review! Y a los que no, gracias por leer!
Espero actualizar pronto, pero no prometo nada.
Espero que a ustedes les esté yendo mejor que a mí
Nos leemos!
