Por Atta651
VUELTA A LA NORMALIDAD
Capítulo Nueve: Jaque.
Sin dudas era un cambio de los eventos que no se esperaban, y uno que podría bien darles por fin una forma de terminar con todo lo que estaban pasando. Una vida normal nunca iba a estar en las posibilidades de la STN-J pero algo que se acercara más a la rutina, era suficiente.
"¿Qué tanto se tarda?" preguntó Yamazaki con un hilo de voz.
Michael no entendió a que se refería, per Karasuma al parecer sí. Tomó el sobre de manos del muchacho y lo revisó cuidadosamente, negando con la cabeza.
"No tengo idea de dónde son." Respondió ella. "¿Michael?"
Entonces cayó en cuenta. Kali quería saber cuanto tiempo atrás había sido enviada la carta, para saber si podía avivar sus esperanzas. Ya le habían explicado antes que el sobre no contaba con remitente, de forma que la Cazadora se había vuelto hasta la próxima fuente de información; las estampillas.
"Tampoco las reconozco" admitió. "pero no sería ningún problema buscarla por la red. De hecho, con suficiente información…"
Se detuvo. Yamazaki lo 'veía' fijamente, con una suerte de esperanza difícil de pasar desapercibida. Luego, negó con la cabeza.
"Akira es muy cuidadosa, no dejaría pistas así como así para que pudieran encontrarla."
"No pierdes nada con probar." Trató de consolarla Karasuma. "Quizá si quiera ser encontrada, sólo que por la persona adecuada."
Bueno, Miho siempre había tenido un don para tratar con las personas. A lo mejor, el ser capaz de leer las emociones de otros la hace ser lo suficientemente empática como para saber como consolar a los que lo necesitan.
"See… no puede darse por vencida sin intentarlo, Yamazaki–san." Intervino Michael. "Si le parece, puede darme un transcripción y le ayudo a buscar."
Había sido un ofrecimiento sincero, pero como le indicó el no-tan-sutil codazo que recibió de la Cazadora que les acompañaba, no del todo acertado,
"Después que la lea." Se apresuró a añadir.
Dicho esto, ambos la dejaron sola. Michael se acercó a su terminal para recibir el reporte de Sakaki y decirle que podía regresar. Amon ya había emprendido el camino de regreso, sin importar que el hacker no hubiera respondido a sus intentos por comunicarse con él. Aunque, aquí entre nos, tampoco es que le hubiera puesto demasiado empeño. El muchacho miró en dirección a Yamazaki por el rabillo del ojo. La mujer tenía el rostro al frente y la mirada perdida en la lejanía; concentrada únicamente en sentir los pequeños puntos, realizados con un alfiler. Absorbiendo al máximo la pequeña pieza que su hermana le había dejado. Esperaba que realmente hubiera forma de localizarla, no sólo por la paz mental de los de la STN-J, sino por la de Kali.
Karasuma, por su parte, bajó al Harry's, la idea de un trago de pronto demasiado tentadora como para obviarla. Por mucho que el hecho de que las barreras de Yamazaki se hayan fracturado le hubiera afectado, el recibir una carta de su hermana era definitivamente una buena señal ¿verdad? Todo se reducía al contenido de la misiva y si Michael era capaz de dar con la localización de la esquiva muchacha.
"¿Karasuma-san?" preguntó una voz a su espalda.
La mujer se volteó, aunque no tuvo tiempo de hacer o decir nada, porque ya Sakaki había tomado asiento a su lado, mirando la copa que descansaba sobre el mostrador con reproche. Miho lo ignoró y más bien tomó un largo sorbo, tal cual como si quisiera probar un punto. Karasuma era recién la edad legal para beber pero eso no la había detenido antes. El Master era bastante flexible en esas cosas, después de todo, los muchachos de la STN-J habían visto cosas peores que lo que pudiera aparecer por unas cuantas copas a un menor.
Pero para Karasuma, había llegado un paso más allá y, aunque no lo demostraran, sus compañeros estaban preocupados por ella. ¡Si no fuera por la maldita costumbre de la chica de guardarse todo en el interior! Y como si eso no fuera suficiente, se tomaba como meta personal mantener los ánimos de todos, como una hermana o madre preocupada. Al ser el novato, Sakaki había experimentado de primera mano lo mucho que Miho se esforzaba para que encajara y se sintiera parte del equipo. Por eso le dolía tanto verla ahogar sus problemas en alcohol, sola, sin confiar en nadie más.
"Karasuma-san." Repitió el muchacho, suavemente, tratando de alcanzar su mano.
El teléfono sonó y Miho lo tomó sin mucha parsimonia.
"Aquí Karasuma."
"Karasuma-san, tenemos algo." Al otro lado de la línea, llegó la voz del especialista en computadoras.
Arriba, en el piso cinco del edificio, Michael terminaba de explicar a Yamazaki lo que había descubierto. La mujer estaba bastante asombrada y, si bien presentaba la misma expresión de siempre, había algo en sus movimientos que ocultaba una gran sonrisa.
"¿Puedes saber todo eso solo con la transcripción de la carta?" preguntó al chico, que afirmó levemente.
"Aún tenemos un problema. Las cartas por correo normal toman algo de tiempo." Comentó seriamente. "Hay una forma de traerla, pero hay que saber que sigue allí."
Yamazaki se colocó una mano en la barbilla, pensando en algo, pero nada se le venía a la mente. 'Releyó' la carta y sopesó lo que le había dicho el hacker. Finalmente suspiró.
"Aki-chan, ¿Cómo cono le hiciste para llegar al Reino Unido?" exclamó al aire. "Al menos está en un sitio seguro. Ella misma dice que no le permiten el uso de aparatos electrónico y la tecnología que usan es limitada. De esa forma Oosugi no puede tocarla."
"Pero nosotros tampoco." Replicó Michael, de brazos cruzados y doblado hacia atrás para verla. "Si no tiene la confirmación, Amon no te dejará movilizar nada."
Yamazaki se cruzó de brazos y tomó asiento, frustrada. Por mucho que lograra salirse con la suya antes, incluso Amon tenía sus límites (algunos dirían que más cortos que la mayoría) y sólo podía presionarlo hasta cierto punto.
En ese momento entraron Karasuma y Sakaki, a quienes habían llamado a una reunión. La última en llegar, a regañadientes, fue Doujima, cargada con un montón de bolsas. Lo bueno del asunto fue que consiguió escaparse del sermón del jefe Kosaka. Pero su llegada significaba que Michael también debía retirarse. Aparentemente había un asunto de gran importancia con respecto a una de las Cazas recientes.
Si no eran referentes a Oosugi y su grupo, Yamazaki no tenía permitido acercarse al salón de reuniones. No que a ella le importara demasiado. Sabía que era parte de su deber, y no solo la necesidad lo que la obligaba a aliarse a ellos. Pero eso no significaba que le gustara. Todo estaba bien mientras que no se mencionara el trabajo directamente, la mayoría eran buenos chicos, si bien procuraba mantener distancias. Después de todo, personas como ella solían figurar en la lista de presas.
Robin pasó de largo hasta su terminal, donde era probable que había dejado algo olvidado. ¿Era verdad lo que le había confiado Methuselah? ¿Realmente esa chica era la clave para la supervivencia de los Brujos? Apenas y era unos meses mayor que Akira, a quien no importaba el tiempo que pasara, seguiría considerando como una niña pequeña. Si ponía un poco de su parte, ¿Podría Robin crear un mundo dónde Akira estuviera realmente a salvo?
Pero… aún estaban las intenciones de SOLOMON. El que la organización se entrometiera podía tan fácilmente resultar un éxito como un absoluto fracaso.
Robin desapareció tras las puertas del ascensor y Yamazaki negó enérgicamente con la cabeza.
"Una cosa a la vez." Se dijo a sí misma. "Primero Akira, luego mi madre y después veré si tengo tiempo para los dilemas morales."
La mujer se rió entre dientes. Estaba hablando sola y eso nunca era una buena señal.
"Creo que ya caí bastante bajo. Creo que te estoy dando una razón perfecta para molestarme..."
¡Eso era la respuesta! Podía darle a Amon su confirmación, sólo necesitaba a la persona correcta y ella la conocía. Tranquilamente, tomó su abrigo y se dirigió al ascensor.
Cuando la STN-J terminó la reunión y sus miembros subieron al quinto piso, no encontraron ni rastro de Yamazaki Kali.
Continuará
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…
Atte.:
Atta651
