Habrá gente que no se lo crea, pero sí, hay actualización del fic (¿Fiesta?)

Me dejo de disculpas, que seguro que están cansados de leerlas, y les dejo con lo que importa

PD: Detective Conan y Magic Kaito son de Gosho Aoyama, yo sólo les hago sufrir un poco más de lo que ya hace Aoyama jejeje


Capítulo 9: Y los que faltaban…

Los príncipes y sus nuevos amigos, aunque no deberían llamarlos así ya que sentían que se conocían desde siempre, salieron del restaurante cuando terminaron de comer. El sol se estaba poniendo, haciendo que la ciudad se colorease con tonos rojizos y anaranjados.

- ¡Qué bien que he comido! – Exclamó el moreno mientras se estiraba después de estar varias horas sentado. – Nunca había probado algo así antes.

- Hattori… - El aludido miró a sus acompañantes. Su enemiga le miraba con reproche, y los de Tokio extrañados. – Fuiste tú quien nos trajiste aquí la primera vez que vinimos a Osaka.

- Ci… - El príncipe había metido la pata, otra vez. – Cierto, pero como no venía desde hace tiempo, me ha parecido que era la primera vez que comía aquí.

Kudo lo miró fijamente, y Heiji no podía evitar pensar que sospechaba, sin equivocarse. – Bueno… - Miró el reloj. – Se está haciendo tarde. Ran, ¿te acompaño hasta el hotel?

- ¿No vas a dejar que te acompañe? – Se quejó la karateka.

- Es peligroso. – Dijo tajante su novio.

- ¡Qué va a ser peligroso Kid! Otra cosa es que no te caiga bien…

Al escuchar a Ran, los dos príncipes se miraron sorprendidos para luego mirar a su pareja de amigos. - ¿Kid? – Preguntó la ojiverde. – ¿Te refieres a…?

- Kaito Kid, por supuesto. – Afirmó Ran con una sonrisa. – Es un mago fabuloso. – Dijo risueña con las manos juntas.

- ¿Fabuloso? ¿Ese ladrón? – Si a Shinichi aún no le había explotado la vena de la frente, poco le faltaba.

- No te pongas así. – Le picó. – Sólo estás molesto porque en estos años no has conseguido atraparlo ni conocer su identidad. Es el único criminal que se te resiste.

- Si, pero Hattori, Hakuba y yo siempre le dejamos en jaque. – Atacó con una sonrisa orgullosa.

- Pero les falta el mate, ¿no? – Contraatacó su novia para molestarlo, consiguiendo el efecto deseado.

La sonrisa de Shinichi se tiñó en molestia. – Todo a su tiempo. – Miró al moreno, que no había dicho nada en ningún momento. - ¿Estás preparado para atrapar a ese ladrón?

Kid, el guardaespaldas de la princesa de Ishral y segundo de su ejército, en ese mundo era un ladrón. Y él era el encargado de capturarlo. Miró a su compañera de mundo y vio duda en su rostro, para luego ver que le miraba a él y, al verse descubierta, giró rápidamente el rostro con orgullo. Finalmente iba a contestar a su rival, pero algo le detuvo.

- Quiero ir a verlo. – Dijo tajante la chica de la coleta.

Todos se le quedaron mirando – Me niego. – Dijo también cabezota el detective del este.

- Vamos Kudo, ¿por qué no? – Sonrió. – Ran también quiere ir, además, a Heiji no le importa, ¿verdad Heiji?

Al escuchar eso le entró un temblor por toda la espina dorsal. Era lógico que Kazuha quisiese ir, después de todo, era su amigo en su mundo. Y la mirada que le echó, tan penetrante, le amedrentaba. Pero ya estaba cansado de ese juego de miradas de odio que tenía con la princesa, así que se armó con toda su fuerza de voluntad y guardó toda su culpa muy dentro de él.

Forzó la mirada, sin separarla de la ojiverde. – No sé… ¿Y si estorbáis?

Eso Kazuha no se lo esperaba, para nada. Sabía perfectamente que, por su culpabilidad, Heiji estaba indefenso ante ella. Pero ese cambio tan repentino la dejó fuera de juego. La mirada que le estaba echando, pronto iba a hacer que perdiese los papeles y que se sonrojase, y no sabía por qué iba a hacer que le ocurriese eso. – A… - La verdad, es que le había molestado bastante lo que había dicho entre líneas el moreno. - ¡Ahou! – Explotó. - ¿Me estás llamando estorbo?

No sabía por qué, pero una sonrisa socarrona apareció en sus labios. Algo dentro de él le decía que eso era bastante divertido, ver a la chica de la coleta molesta por esas tonterías. Y le estaba gustando. – Eres tú la que se quiere meter en medio de una captura de un ladrón. – Se cruzó de brazos.

No sabía por qué le seguía el juego al moreno, pero algo dentro de ella le decía que siguiese, y no iba a desobedecerlo. - ¡No voy a meterme en medio! Sólo voy a observar. O-B-S-E-R-V-A-R. ¿Comprendes? O quieres un diccionario para que veas su significado.

- ¡No necesito ningún diccionario, baka!

Los ojiazules los miraban con una sonrisa. – Parece que ya han vuelto a ser los que eran. – Comentó Ran.

Su novio asintió. – O al menos en parte. – Dijo con un deje de misterio que confundió a la chica.

En un mundo paralelo, una mujer se llevaba miradas asesinas por parte de los hombres y mujeres que se encontraba a su paso. Y no era para menos, era conocida como la guardaespaldas de la futura reina del país vecino, y como guinda del pastel, el país con el que estaban en guerra.

Algunos soldados caminaban amenazantes hacia ella con la mano apoyada en la espada, pero una mirada del ojiazul que la acompañaba les frenaba, confundiéndolos.

- Y bien, ¿dónde está tu tienda? – Preguntó la chica deteniéndose, ignorando las miradas de las mujeres guerreras del campamento.

- ¿No deberíamos conocernos mejor antes de entrar en materia? – Dijo con un tono sensual acercándose a su oído desde su espalda.

Aoko tembló ante la cercanía de su enemigo, y como reacción, se separó de él con la misma agilidad que un felino, elevando el brazo para mostrar la separación que debería haber entre ellos. – No vuelvas a hacer eso, Kid.

- ¿Por qué? – Se acercó a ella con una sonrisa de autosuficiencia, mientras que la guardaespaldas se hacía hacia atrás, viendo a su alrededor las miradas sorprendidas que les lanzaban sus enemigos.

- Tus subordinados te están mirando, ¿sabes?

- No, nos están mirando a los dos. – Aprisionó a la chica contra el palo que sujetaba a una tienda, dejando menos de un metro de separación.

"¿Por qué no podía contra él? Otra persona se hubiera ganado una tajada de su espada, ¿por qué contra él no tenía fuerzas?" – Entonces se le encendió la bombilla, mirándole enfurecida. – Deja de hacer eso.

- ¿Qué hago? – Siguió sonriendo mostrando sus dientes.

- Embrujarme.

Kaito dejó de sonreír para mostrar asombro en su faz. Después de compartir miradas y estudiarla, iba a hablar pero alguien se le adelantó.

- Kaito, deja tranquila a Nakamori. – El aludido se giró, viendo al capitán del ejército a pocos metros de ellos. - ¡Escuchadme todos y corred la voz! La guardaespaldas del príncipe de Ushala tiene permiso para estar en nuestro campamento. – La señaló y animó a que se acercase. Ella, dudando al principio, hizo lo que se le pidió. – Mientras tengamos un objetivo en común, cuanto más nos ayudemos mejor. La señorita Nakamori se encargará de que Kid descanse y coma. A Ushala tampoco le interesa que la búsqueda se paralice si el mago que se encarga de ello se enferma por agotamiento.

Los soldados murmuraban sorprendidos, aunque comenzaron a alejarse para hacer sus quehaceres. Pero Aoko no pudo evitar sentir que la atravesaban con la mirada.

Mirando hacia la dirección de donde venía ese sentimiento, vio a mujeres que la miraban con odio y resentimiento. – No se preocupe.

Miró hacia el capitán Kudo. – No estoy preocupada. – Dijo con orgullo. – Sé cuidarme las espaldas.

Shinichi sonrió. – No lo dudo. No creo que los Hattori la hayan elegido para proteger al príncipe heredero si no supiese cuidarse usted misma.

- Pero… - Volvió a mirar hacia las que la mataban con la mirada. – Sólo por casualidad… ¿Por qué debería preocuparme?

- Bueno… - Se cruzó de brazos, algo divertido por la situación. – Kid es un galán rompecorazones, y las mujeres del reino suspiran por él.

Aoko le miró con una mueca de disgusto. – Las mujeres de Ishral están chifladas.

Shinichi no dijo nada del comentario, pero si le pareció curioso. – Por ello, seguramente se están muriendo de envidia en estos momentos, ya que será la encargada de procurar que descanse. Lo que conlleva a estar a su lado más de cinco minutos. Lo que ellas no han conseguido hacer por mucho que se sobrepasen con él. – Terminó con una sonrisa graciosa.

Observó el rostro de la chica, quien se parecía mucho a Ran. - ¿Cree que lo soportará?

Aoko le miró, confusa. - ¿Soportar?

- Las miradas de odio, los cuchicheos, y estar junto a Kid. Por lo que he podido apreciar, no se lleva muy bien con él.

- No voy a echarme atrás, capitán. – Dijo con seguridad. – No me importan las miradas que matarían si pudiesen ni que me critiquen. Es algo con lo que puedo lidiar. He sido entrenada para eso. Pero no se confunda, mi trabajo es proteger a Ra… A la prometida del príncipe Hattori, no estaré siguiendo al mago todo el tiempo. Sólo procuraré que tenga la fuerza suficiente para traer de vuelta al heredero de Ushala.

Kudo asintió. – Lo entiendo, y no pretendo que deje de proteger a la dama por Kaito. Pero permítame recordarle que fue usted quien me pidió permiso para mangonear a mi teniente.

- Creo que a ningún bando le interese que el mago con mayor categoría de por aquí enferme, como bien le dijo a sus hombres, ¿verdad?

- ¿Con que soy el mago con mayor categoría? – Kaito apareció de repente detrás de Aoko, sorprendiéndola y haciendo que se girase para mirarlo. Una sonrisa de orgullo y superioridad estaba dibujada en su rostro. – Me halagas.

La guardaespaldas le miró furibunda. – No te lo creas tanto. Siempre puede haber alguien más poderoso que tú, y estoy deseando que llegue el día que te de una lección. Pero será mejor que te cuides las espaldas Kuroba, porque en cuanto no te necesite, no tendré piedad de ti y yo misma de mataré.

- Estaré esperándolo. Pero mientras, tendrás que portarte bien conmigo y cuidarme. – Se acercó tanto a ella que lo separaban pocos centímetros.

Aoko sentía que su espacio era invadido, y no era para menos. Pero no se podía alejar porque tras ella, a menos de un metro, se encontraba el capitán Kudo. Debía controlar la situación como fuese ante ese mago de mirada pervertida, pero sobre todo inteligente. – Si te sigues acercando más, no esperaré y sacaré mi espada ahora mismo.

- Si me matas, no podrás recuperar al príncipe.

- Hay otras maneras de usar una espada. – Dijo con picardía. - ¿Necesitas las piernas para hacer tus conjuros? – La sonrisa del mago no desapareció. – Será mejor que te muevas antes de que me desespere. – Comenzó a caminar. – No tengo mucha paciencia.

La sonrisa de Kaito desapareció y vio cómo se iba la chica ante las miradas asesinas de las soldados.

- Si no lo veo no lo creo.

El mago miró a su amigo, quien sonreía divertido. – Nakamori te da miedo.

- No seas ridículo. – Se cruzó de brazos seriamente. – No le tengo miedo a esa niña tonta.

- No es eso lo que dicen tus ojos. – Se acercó a su amigo. – Te conozco lo suficiente como para saber cuándo tu rostro no muestra lo que en verdad sientes.

Kaito se quedó unos segundos en silencio. – Será mejor que vaya antes de que las mujeres maten a Nakamori y Ushala se nos eche encima. – Dijo mientras se giraba e iba por donde se fue la chica de ojos azules.

Ya era de noche en el mundo donde los príncipes se encontraban atrapados, y sin ninguna pista de cómo volver a su mundo real.

Pero Kazuha no sentía que el día estuviese perdido. Había descargado parte de su ira en la discusión con Heiji y se sentía algo más liberada.

En esos momentos, se encontraba junto a Ran a las afueras de un edificio rodeado de gente. - ¿Y toda estas personas? – Cuestionó la princesa.

- Vamos Kazuha, sabes que son fans de Kid que quieren ver sus robos. Siempre es igual. – Contestó extrañada su amiga.

- Claro… Sólo me sorprendí de que hubiese tanta… - Siguió mirando a los alrededores. – "¿Tanta expectación causa Kaito?" – No pudo evitar soltar una risita divertida al recordarle.

FLASH BACK

Shinichi bajó de un salto del árbol y se colocó junto a su amiga. - ¿Qué hacías allí arriba? Imagino que en tus tonterías de siempre.

- ¡No son tonterías! – Dijo molesto el mago. – Yo pensaba en… Si existe algo más.

- ¿A qué te refieres? – Preguntó curiosa la chica.

- En que si estamos solos, si es nuestro mundo el único que existe.

- Ya estamos otra vez. – Dijo Shinichi masajeándose la sien. – Lo que dicen los escritos antiguos de personajitos verdes que vienen en objetos volantes es una patraña, no existe.

- Eso ya lo sé.

- ¿Entonces a qué te refieres? – Preguntó el guerrero mirando de nuevo a su amigo.

- En diferentes dimensiones. Gente como nosotros que viven mundos paralelos, con diferentes vidas que nosotros.

Princesa y guerrero miraron al chico como si estuviese loco. – Eso es más tonto que lo de los hombrecillos verdes. – Dijo Shinichi.

FLASH BACK ENDS

- Tendré que pedirle disculpas cuando vuelva a casa… Tenía razón y nos burlamos de él… Nos lo va a echar en cara toda la vida… - Terminó temerosa por lo que le esperaba.

- ¿Dijiste algo Kazuha? – Cuestionó Ran al escuchar el murmullo.

- No nada. – Se apresuró a decir. Pero a los pocos segundos, alguien se chocó contra ella. - ¡Ay!

- ¡Lo siento mucho! – Dijo una voz arrepentida. – No me fijaba por dónde iba… ¿Te he hecho daño?

La princesa se sobó la zona golpeada del brazo y sonrió para dirigirse a la persona. – No te preocupes. – La miró. – No fue… - Cuando la vio, no pudo evitar sorprenderse por lo que estaba ante ella. – Nada…

Dentro del edificio, los dos detectives se las habían apañado para que el inspector Nakamori no les echase a patadas. Y gran parte fue gracias a Heiji, que sabía cómo manejar al hombre. No por nada le conocía desde pequeño y le había educado en el arte de la guerra junto con su hija, Aoko. O al menos, en su mundo.

- Este mundo no para de sorprenderme… No para de aparecer gente que conozco…

- ¿Decías algo Hattori? – Preguntó Shinichi al escuchar el murmullo de su amigo.

- ¿Eh? – Se sorprendió. No se dio cuenta de que había hablado en voz alta. – No, nada. Sólo que ese ladrón no tiene nada que hacer con tanta seguridad.

- No te creas… - Suspiró cansado. – Siempre encuentra un método para robar, escapar y devolver la joya a las autoridades… ¡Es un maldito dolor de cabeza! – Se quejó.

- La pregunta es… ¿Por qué devolver la joya? – Se cuestionó más para sí mismo que para su amigo.

- Ya lo hemos hablado. – Suspiró cansado. – Parece que está buscando algo en particular que ni siquiera él sabe el qué. – Miró al moreno. - ¿Qué te ocurre Hattori?

El aludido le miró nervioso. - ¿A mí? Nada. – Intentó parecer convincente.

- Es como si… - Se quedó pensativo. – Fueses otro…

Heiji dejó de respirar por unos instantes. Si alguien descubría que no eran el Heiji y Kazuha de ese mundo, nunca podrían volver a su hogar. - ¿Cómo voy a ser otro? – Logró articular al fin. – No digas tonterías Kudo. – Rió.

- No eres tú mismo Hattori. – Reiteró sus creencias. – Y no me creo que estés así por tu pelea con Toyama. – Le observó detenidamente. – Incluso al nombrarla, tus ojos se oscurecen de culpa… Como si…

Pero no pudo continuar porque la luz del edificio se cortó. El inspector Nakamori gritaba por el walkie-talkie que nadie se moviese de su situación.

Pero Heiji sólo podía pensar en lo que le decía su compañero detective, y no sabía si darle las gracias al mago por la interrupción, o por el contrario quería que Kudo lo descubriese todo.

Unos sentimientos muy contradictorios, cierto, pero sentía la necesidad de hablar con alguien de lo que le sucedía. Y tenía la sensación de que el castaño era alguien en quien podía confiar, incluso su vida.

- ¡Hattori! – Escuchó a su compañero. - ¿Qué haces ahí pasmado? ¡Vamos a por él! – Dijo desde el dintel de la puerta. – Menos mal que aún funcionan las luces rojas de emergencia. – Comenzó a caminar, y el príncipe le siguió.

El ladrón, cómo no, había escapado, así que no había nada más que hacer allí.

Cuando llegaron donde habían quedado con las chicas, vieron que no estaban solas, pero el heredero al trono sabía perfectamente quiénes eran.

- ¡Ran! – Gritó Shinichi a pocos metros de las chicas.

La aludida se giró y sonrió. - ¿Qué tal ha ido?

Cuando llegó junto a ellas junto al moreno, se cruzó de brazos. – Creo que lo sabes perfectamente.

- Claro… Esa cara siempre la pones cuando se te ha escapado.

Los que acompañaban a las chicas se vieron con una sonrisa cómplice, la cual vio el moreno que no les había quitado la vista de encima.

- Por cierto Shinichi… ¿Tienes algún gemelo perdido y no me lo has dicho? – Cuestionó su chica para cambiar de tema.

El detective miró a sus nuevos acompañantes detenidamente. – Debería preguntarte lo mismo…

- ¿A que si? – Se entrometió Kazuha con una sonrisa divertida. – Podrían hacerse pasar por el otro sin problema.

- Bah, a ella se le notaría enseguida. – Dijo el chico que estaba con las jóvenes desde que llegaron los detectives. – No está tan bien desarrollada.

A la joven que estaba con él le salió una vena en la frente. Y sin que nadie lo viese venir, le dio un golpe en la barriga que le hizo tener que agacharse.

Sonrió ante sus acompañantes como si no hubiese ocurrido nada. – Olvídense de este idiota. Es un placer conocer a los mejores detectives del Este y del Oeste. Soy Aoko Nakamori.

- ¿Nakamori? – Cuestionó Shinichi. – Así que eres la hija del inspector Nakamori.

La aludida asintió. – La misma. Y este idiota de aquí. – Señaló al chico que aún se quejaba del golpe. – Es Kaito Kuroba.

- Y… - Comenzó Heiji, la princesa se puso a su lado para procurar que no lo fastidiase. - ¿Qué relación hay entre ustedes?

Kazuha rió ante la pregunta. – Te va a encantar… - Dijo en un susurro cantarín para que le escuchase el moreno.

- Somos amigos de la infancia. – Soltó en un suspiro resignado.

- ¿Por qué lo dices como si no hubiese más remedio? – Se quejó el mago.

- Porque aún no sé cómo te soporto. – Se encaró a él con los brazos sobre la cintura.

Mientras aquellos dos discutían, y Ran y Shinichi hablaban, los dos príncipes se miraron. - ¿Sorprendido?

- No debería… Pero es demasiada información para un día. Mis amigas de la infancia, son amigas de tus amigos de la infancia y viceversa. Y en nuestro mundo, Aoko se lleva a matar con Kid.

- Bueno… En este mundo no es que no se peleen de vez en cuando. – Rió.

Heiji rió junto a ella. – Estoy empezando a pensar que… - Pero se detuvo.

Su compañera le miró. - ¿El qué? No te lo calles ahora.

El muchacho se quedó pensativo. – No, no es nada. Déjalo.

CONTINUARÁ…