Hola, ¿Qué tal? Pues nada, aquí yo violando el acuerdo de descanso y subiendo una nueva actualización, espero que les guste.

*La historia pertenece a Pmrising, yo solo la traduzco (Claro, con su permiso.)*


You Are - Capítulo 10


Elsa siempre tenía esta rara obsesión de hacer proyectos en los días más extraños. Ella me despertaba a las tres de la mañana para ver cierta estrella con ella, o tal vez yo le abriría la puerta para verla con un gato en sus manos, diciendo que necesita un hogar. Siempre era un deporte, una actividad, una especie de juego con ella. Le gustaba hacer cosas, mientras yo prefería sentarme fuera en una banca y fumar.

Mientras ella fuese quien crease la aventura, yo la seguiría ciegamente, fumando mi cigarrillo, con mis botas sonando tras ella, y con nuestras manos tomadas como si fuésemos una.

Un día ella llegó como una tormenta. Usando un overol, guantes, un gorro que dejaba su trenza libre, sus ojos llenos de determinación y una sonrisa de oreja a oreja, así estaba Elsa, con dos cubos de pintura en sus manos.

Me reí desde el instante en el que la vi. Lucía como una profesional. Con un gruñido cansado ella dejó caer los cubos de pintura en el piso del pasillo y se encogió en sí misma. "Pesado..." Ella murmuró, dejando escapar una débil respiración.

Jugué con su sombrero. "¿Dónde encontraste todas estas ropas?"

Entonces Elsa alzó la vista y sonrió. "Las compré."

"¿Compraste ropas solo para pintar un pequeño rincón de mi cuarto?"

Se sintió avergonzada y se agachó junto a los dos cubos. "¿Compré mucha pintura?"

"¿Siquiera compraste las brochas?"

Ella mordió su labio. "Oh, eso es lo que se me olvidó."

Nos reímos y nos metimos en mi apartamento. Todo lo que realmente tenía que pintar era una pequeña sección de mi pared. Un azul claro para combinar con el tono gris. Elsa y yo habíamos planeado pintar mi pared cuatro semanas antes, pero nunca llegamos a hacerlo hasta este día. No me lo esperaba de ella, por supuesto. Ella siempre parecía hacer eso, aparecer aleatoriamente con las ideas más raras en mente.

Así que nos pusimos a trabajar, puse algunas toallas, algo de agua—No sabíamos lo que estábamos haciendo.— Bueno, yo no lo sabía. Elsa había investigado en libros para este proyecto, hizo un maldito álbum de recortes para la actividad, ella había identificado la técnica de pintura adecuada y las habilidades apropiadas para hacer un trabajo perfecto. Todo lo que ella hacía era elegante. Todo lo que hacía estaba planeado. Organizado. Con cuidado.

Pensé que sería adorable salpicar pintura azul en la primera pared blanca que que encontrase. Yo ya estaba cubierta de azul incluso antes de comenzar.

Elsa me vio garabatear con la brocha, y entonces me regañó. "Lo estás haciendo mal." Nuestras manos se estaban tocando, en realidad eso era en lo único que podía pensar. Mi mente estaba bloqueada. Ella me arrebató la brocha.

Le di un vistazo a ella y después miré mis dedos. "Me manchaste con pintura."

Elsa me ignoró y comenzó a divagar sobre los gestos de las pinturas, y de cómo la pintura fue creada en la época de los dinosaurios—Ni siquiera la estaba escuchando, solo la estaba mirando, con mis ojos bien abiertos y con una gran sonrisa. Podría oír a Elsa hablar por horas, incluso si es sobre las cosas más inútiles. Ella era inteligente. Esa es la razón por que cual adoraba a Elsa. Aún incluso cuando su belleza es un agregado, Elsa era increíblemente avezada. Avezada en la calle y avezada con los libros. Podía decirme cualquier cosa que necesitase saber. Levantaba la vista hacia ella. Ella era mi modelo a seguir. Mi todo.

Sin un pensamiento en mi mente, como es usual, extendí una línea de pintura azul por su mejilla justo cuando estaba a la mitad de su charla.

Ella cerró la boca con fuerza, y me observó con una mirada en su rostro de absoluta... Determinación. Chillé mientras ella pasaba la brocha por mi nariz, y salté hacia atrás, mi bota quedó atrapada en una toalla y yo me encontraba a su merced—

"¡Elsa!" Me reí "¡Elsa, no!" Grité entre risas, mientras ella se montaba sobre mí y hacía de las suyas con mi rostro.

Con algo de pensamiento rápido, metí la mano en el cubo de pintura y con suavidad le di una húmeda y firme bofetada en la cara. Ella gritó, y cayó hacia un costado quedándose inmóvil; mi rostro prácticamente cubierto de azul y el suyo a penas goteando de un solo lado. Nos levantamos en un instante, lanzándonos pintura la una a la otra, luchando y dando vueltas.

Lo único similar que teníamos Elsa y yo era nuestra competitividad.

Cuando finalmente me posicioné sobre ella, y nos reímos por lo divertido de todo esto, intenté limpiar la pintura en mi cara con mi manga y luego me sonrojé brillantemente cuando me di cuenta de que me había quedado mirando sus labios por un tiempo. Ella estaba en silencio, mirándome con fascinación, mientras yo trataba de contener mi tartamudeo y mi revuelto ser.

Entonces Elsa rió, y tiró de mí para acercarme, y nos abrazamos con pintura en nuestros cuerpos. Rodeadas de cosas. Éramos azules. Repentinamente, me enamoré de Elsa. Siempre había pensado que la amaba a través de la puerta, pero el estar con ella solo me hizo que la adoración fuera más fuerte. Mi corazón se hinchó y cerré mis ojos con fuerza. No quería que este momento acabara jamás.

Quería expresarlo con mi voz. Decirlo tan claro como una campana. Te amo. Te amo. Te amo.

Solo que eso nunca pasó.


Estábamos todos borrachos. Era como en los viejos tiempos. Las cervezas desparramadas, sombras en las paredes, risas estallando desde el apartamento de arriba—Fue un viaje al pasado.

Aunque nuestras motivaciones para intoxicarnos eran diferentes, siempre mantuvimos ese frenesí alcohólico sin falta.

Mientras mi motivo para intoxicarme era por la única razón de llenar este gran agujero en mi corazón y el constante dolor abrasador que he estado sintiendo desde ayer en mi cerebro, los motivos de Kristoff y Hans eran solo por diversión. Yo no me estaba divirtiendo, observaba a los chicos bailar a su alrededor, tropezando y cayendo, tratando de hacer aros de humo con sus pipas de agua.

Elsa odiaba las pipas de agua. Ella odiaba los cigarrillos. Ella odiaba emborracharse. La extraño tanto, aún cuando la vi solo ayer.

Esta era la fiesta de despedida de Kristoff. Este era el momento de celebrar mi nueva amistad con los dos imbéciles más grandes que alguna vez tuve el placer de conocer. Aún así, se siente tan incorrecto. Elsa podría estar estar a mi lado en el sofá, bebiendo su cerveza con cuidado, riendo de los chicos y hombres a su alrededor. Yo debería estar de pie junto a ellos, cantando con la música, saltando cerca de Hans como un cachorro.

Todo era más fácil hace dos meses atrás. Todo ha cambiado. Me pone enferma.

Ayer por la noche finalmente dejé mi mente en blanco, dormí en el piso una vez más. Ni siquiera los pensamientos sobre Elsa circulando en mi mente podían molestarme, mucho menos dormir en el mismo lugar que ella ocupó entre mis cobijas. Cada vez que me recuesto en su lugar, sueño con ella, y huele a ella. Son muchos recuerdos a la vez. Es demasiado tiempo en mis manos.

Así que en vez de eso, tuve un sueño con Nicholas. Él estaba saludable, feliz, sano y salvo. Ese fue el primer y último sueño que tuve de él. Sé que es un hecho ahora. Lo supe especialmente cuando Hans recibió una llamada del hospital y comenzó a llorar.

Eso nos despertó de nuestra borrachera rápidamente. De pronto, estábamos en la puerta, conteniendo el aliento, con ojos expectantes, dientes apretados y Hans—

Nunca antes lo había visto llorar.

Lucía como un niño. Absolutamente. Sus ojos hinchados, su boca y ceño tallados a semejanza, mejillas ahuecadas, ojos oscuros y cerrados con fuerza. Nunca antes le había visto lucir tan inútil. Tan pobre. Tenía casi decidido consolarlo, pero una parte de mí solo pensaba en observarlo con absoluto asombro. Hans escondía muy bien sus emociones—Él tenía esta maldita muralla manipuladora— era un completo misterio la mayor parte del tiempo. Un día me estaba ayudando, y al otro me estaba odiando.

Cuando estábamos esperando a Hans fuera de la habitación de Nicholas, Kristoff se volteó hacia mi y susurró con voz ronca. "Hans ha llorado solo dos veces en su vida entera."

Asiento, pidiéndole que continúe.

"Una por sí mismo" Él se gira hacia la puerta. "Y ahora por Nicholas."

No entendí a lo que se refería con 'si mismo'. ¿Por qué estaría Hans llorando por sí mismo? ¿Se odiaba? ¿Se compadecía de sí mismo? ¿De qué se compadecería? No sigo cuestionando más cuando Hans sale de la habitación, débil, tembloroso, se dejó caer en la silla y apoyó su cabeza en sus dedos, como una estatua.

Ahora le vemos sin vida, temeroso, inclinado en esa silla como si fuese un niño que acaba de ser regañado, mientras abrazaba a su osito de felpa con sus rígidos y temblorosos dedos. Finalmente, Kristoff es el siguiente en entrar en la habitación.

"Él está muriendo." Me murmura. "Está muriendo."

Asiento. "Lo lamen—"

"No lo hagas." Hans rebusca en su bolsillo, saca sus cigarrillos, acomoda uno entre sus labios y me pide un encendedor con un movimiento de su cabeza. Se lo ofrezco, le da una calada y expulsa el humo sobre el pasillo.

Una enfermera se acerca para gritarnos, y Hans la ignora, la ignora sutilmente, mientras se acomoda en la silla inclinándose hacia atrás, con sus brazos colgando delante de él, con sus ojos cerrados, la cabeza inclinada hacia atrás y con lágrimas asomándose por sus ojos. Yo aún no he llorado. Pero ver a Hans perder el control es duro, así que sollozo y limpio mis lágrimas de manera tímida.

¿Por qué Elsa no estaba aquí?

"¿Por qué Elsa no está aquí?"

Miro a Hans, sorprendida de que él haya mencionado su nombre. "¿Qué?"

Él se voltea hacia mi, pasa su mano por mi cabello y sonríe débilmente. "Tú eres la siguiente, lo sabes."

"Sé que soy la siguiente, después de Kristof—"

"No." Hans ríe con amargura. "Cielo Santo—" Vuelve a darle una calada a su cigarro. "Elsa ya me quitó algo—" Solloza, su sonrisa es temblorosa, él me observa como si fuese la única cosa en el mundo. Como si yo pudiese cambiarlo todo. Como una diosa. "Ahora me está quitando otra."

No lo comprendo, pero Kristoff sale de la habitación, llorando y se lanza sobre los brazos de Hans, se apoyan mutuamente de manera feroz. Y yo los observo en silencio, nunca antes había visto a dos chicos llorar, nunca antes había visto que se abrazaran y lloraran con tanta fuerza y emoción, con tanta sinceridad.

Una vez que contemplas algo como eso, cambia algo dentro de ti. Algo florece y hace eclosión. De pronto, te das cuenta de que los chicos no son tan fuertes como parece. Todos tenemos una armadura, pero pueden haber imperfecciones en ella. Siempre habrán pequeñas grietas y cuerdas sueltas, cosas que nos harán caer, ciertas cosas que pueden doblar y retorcer incluso nuestras hazañas más fuertes.

Trato con fuerzas ignorar el llanto de Kristoff mientras entro a la habitación de Nicholas en silencio.

Él está en su cama usando ropas de color blanco. Luce extrañamente hermoso para alguien que se ve tan dolorosamente consciente de su propia enfermedad. Pero nunca había visto a Nicholas tan frágil y débil, sus dedos son incapaces de agarrar la manta sobre él, ojos vagos y hundidos. Su cabello está completamente blanco ahora.

"No llores." Él me dice, sonriendo.

"No estoy llorando." Le respondo, secando bajo mis ojos. Me quedo viéndolo. "Luces como un ángel."

Se hunde tímidamente, y luego alza la vista. "Tú también."

"Nicholas, lo siento—"

"Yo también." Él sacude su cabeza con suavidad, "Fue mi culpa, yo solo— Yo estaba muy enojado y—"

"Lo sé."

Nos estamos mirando el uno al otro, dispuestos a dar el paso, pero demasiado temerosos como para hacerlo. Quiero correr y abrazar a Nicholas. Quiero besar su cabello y decirle que todo estará bien. Pero no soy lo suficientemente fuerte. No tengo la confianza suficiente. Todos estamos un poco rotos, y Nicholas es el que está peor.

"¿Vas a morir?" Sale tan rápido, y puedo oír el miedo en mi voz. Puedo ver la ansiedad en sus ojos. Ni siquiera sé por qué pregunté. Ya sé cuál es la respuesta. Pero necesito oírla de sus labios agrietados. Necesito ver las arrugas en sus ojos. Necesito asegurarme de que ese monitor en su cama jamás dejará de sonar.

Él no responde, pero me mira con suavidad.

Entonces el dolor de cabeza empieza otra vez, pero este es el más fuerte. Agarré mi cabeza, y cerré mis ojos con fuerza. Respiré profundo, pero nada funciona. La siento. A Elsa. De pronto, a mi lado, dentro de mi, mi cuero cabelludo está en llamas, y se siente como algo afilado, como si un trozo de vidrio quisiera traspasar mi cráneo. Me quejo de dolor y Nicholas continúa hablando como si fuese la cosa más natural del mundo.

"Comienza con dolores de cabeza." Él murmura. "Después, sigue la tos…"

"¿Qué?" Murmuro, tratando de alejar el dolor. "¿De qué estás hablando?"

De repente, él también se toma la cabeza. "Dios, es fuerte."

De alguna manera me las arreglé para cargar mi peso en una mesa cercana, mis piernas temblaban un poco, y ahí está ese sonido en mi oído, y puedo oler a Elsa. Puedo escucharla. Ella está justo a mi lado, susurrando en mi oído. "Nick, ¿Qué nos está pasando?"

"Es como si ella estuviese del otro lado de la puerta." Dice con voz ronca, dando un rápido vistazo a la puerta con cierto recelo.

Y entonces todo encaja en mi cabeza.

El dolor de cabeza se detiene repentinamente. Elsa se ha ido y—

"Nicholas" Trago saliva con dificultad, peinando frenéticamente mi cabello. "¿Voy a morir?"

Nunca sospeché que la muerte a tan temprana edad sería una posible manera de irme. Ahora la muerte es una opción, y de pronto, me encuentro mirándola a la cara. Me puede llevar cuando ella quiera. Mi propio asesinato es una posibilidad.

Esta toma de conciencia repentina hace que mi respiración sea más difícil, mis ojos se ensancharon, ya sé cuál es la respuesta, otra vez. Solo sigo preguntando porque quiero que alguien me mienta. Que me diga que todo estará bien. Pero nadie es lo suficientemente fuerte como para eso.

Miro a Nicholas en su cama, y me quedo viendo su figura inválida, y me doy cuenta de que moriré pronto. Y no hay nada que pueda hacer.

"Ella nos hizo esto." Él murmura. "Elsa." Juega con su cabello, y tiene una sonrisa débil en sus labios.

Yo igualo sus movimientos. Pero estoy muy agotada incluso para hablar.

La habitación es una caja blanca. Todo está preparado para la vida futura. Nada es negro, porque el negro simboliza la muerte, oscuridad. Me parece gracioso que todos sepamos que Nicholas morirá pronto, así que, ¿Por qué no agregar una gran cantidad de colores, en vez de usar solo blanco?

"¿Fuiste el primero?" Le pregunto.

Él sacude su cabeza. "Elsa tuvo un novio antes de todo esto." Él entrelaza sus dedos. "Antes de llegar a la ciudad."

"¿Ella no nació aquí?"

Nicholas está observando sus dedos, temblorosos e inútiles. "No." Él lame sus labios. "Ella nació en el Oeste, pero— Bueno, ella tenía un novio cuando era más joven y—"

"Él murió."

Nicholas asiente.

"¿Por esta... enfermedad que nos dio?" Le pregunto, pensando en mi mechón de cabello blanco como una línea de vida.

Él asiente una vez más. Llevo una de mis manos a mis labios, y miro por la ventana. Necesito algo para distraerme,

"Amar a Elsa me va a matar." Murmuro. No suena hermoso. Suena miserable y repugnante. Me volteo para ver a Nicholas dando golpecitos en su cama, lugar donde me acomodo y lo abrazo.

"¿Tienes miedo?" Le pregunto con suavidad.

"No." Se ríe, lo que le hace toser. "No— Valió la pena. Elsa era mi todo."

Asiento y hago un leve sonido.

"Ella te hace feliz, ¿No es cierto?" Puedo ver la remembranza en sus ojos. Los momentos que pasó con ella. Los momentos que no. ¿Cuántas veces habrá pensado Nicholas en Elsa estando en esta cama de hospital, solo? "Ella te hace ser una mejor persona."

Río con suavidad, y juego con las uñas de Nicholas, las cuales estás libres de pintura.

"De alguna manera es como si quisieras ser mejor con ella a tu alrededor." Él traga saliva. "Lo mejor que puedas ser."

Asiento, lo recuerdo. Yo siempre era mejor cuando Elsa estaba a mi alrededor. Nunca hice decisiones estúpidas. Nunca besé a alguien al azar. No era esta pequeña niña obsesionada. He cambiado sin Elsa, me transformé completamente en algo tan feo.

"Ella me hace vivir." Es todo lo que puedo decir.

Y entonces Nicholas enrosca sus manos alrededor de mis temblorosos, huesudos y delgados brazos. Sus ojos están perdiendo su color, y escucho el pitido constante del monitor para asegurarme de que él está bien. A penas puedo sentir su aliento en mi rostro cuando él me murmura con suavidad. "Entonces vive."

Reviso sus ojos, su tez pálida. "¿Qué estás diciendo?"

"Sé que tú puedes amarla mucho más, Anna—" Él está sonriendo, y está sudando un poco. "Sé que puedes—"

"Nicholas—" Tartamudeo un poco, me acerco para abrazarlo más, quiero sentir su calidez, pero su cuerpo se está enfriando, se está congelando. "Nich—"

"La hiciste cruzar la puerta, Anna." Él ríe, tose. "Eso debe significar algo. Ella de alguna manera debe confiar en ti."

"Pero tú—"

"¿A quién le importo?" Él sonríe, está calmado. "Quiero que de una vez por todas Elsa sea feliz. Y tú puedes hacerlo."

Y yo no lloro, llorar gastaría el tiempo que me queda con él. Ya gasté mucho tiempo, tiempo que ahora se está cumpliendo en un par de minutos de desesperación. Repito su nombre, su calidez se aleja. Sus ojos están descoloridos y confusos. Luce tan tranquilo, pero aún así tan vivo. Y es extraño el cómo pronto estaré recostada en una cama con un hombre muerto. No lo quiero ver morir antes que yo.

Yo misma no quiero morir.

Sin embargo, Nicholas está aquí para Elsa. Para morir por Elsa. Como una especie de héroe moderno y—

"No tengo miedo de Elsa." Le digo.

Él asiente.

"Y la amo mucho, y—" Tartamudeo. "La saqué de su habitación, siendo persistente, ya sabes. Siendo molesta y latosa."

Él sonríe, con los ojos cerrados. "Eres terca."

"Ella puede arreglar esto, sé que ella puede. Tengo fe en ella. Ella está perdida ahora, pero puedo encontrarla y ya estoy harta de todas esas puertas cerradas Nicholas, de verdad estoy harta."

Me acerco más, acomodo mi nariz tan profundo en su cuello que estoy segura de que él se está ahogando. Pero no me importa, Dios, no me importa, solo quiero sentir su aroma, quiero mantenerlo un poco más. Quiero recordar cómo se siente su piel. Cómo suena su respiración.

Nicholas

Nicholas

Nicholas

El chico de los cigarrillos, las botas y el carisma.

"Solo los mejores pueden caer por lo mejor." Susurra él y yo sonrío y asiento, y seco mis lágrimas en su hermosa tenida blanca mientras escucho su corazón. Y oigo débilmente el monitor en el fondo.

"La encontraré." Lo prometo. Lo prometo con toda mi alma, mi ser, tomo su rostro en intento mantenerlo despierto. Él se está quedando dormido. Está tan cansado. "La encontraré y la traeré a casa, ¿Está bien?"

Él asiente débilmente, con sus ojos cerrados, y con una sonrisa a penas notoria. "Ámala por mi."

Ruego a Dios. Ruego a Elsa. Pido a mis padres que viven tan lejos por ayuda y guía. ¿Puede alguien ayudar? ¿Alguien puede hacer algo? Cierro mis ojos con fuerza, puedo sentir a Nicholas. Puedo sentirlo. Él está radiando hermosamente con esto. Con una paz absoluta. Atención absoluta. Comprensión absoluta. Como si supiera las respuestas a todo en estos momentos finales de letargo. Como si dijera que todo estará bien.

Puedo ver a Hans entrando violentamente a la habitación, los chicos están en todas partes, pero yo ya estoy dormida. Estoy tan cerca del letargo. Y entonces me doy cuenta.

Estoy fuera.

Estoy dormida cuando Nicholas muere.

Así que me despierto en una cama que no es la del hospital. Hans está a mi lado, estamos acurrucados y está oscuro afuera. Sus ventanas están cerradas, las persianas cerradas, las cortinas levantadas—Está completamente oscuro. Y los únicos sonidos que puedo oír son la respiración constante de Hans y las sirenas de allí fuera.

"¿Nick está bien?" Le pregunto con suavidad.

Sé la respuesta de esa pregunta. Sé que Hans está dormido. Ni si quiera sé por qué lo intenté.

"¿Dónde está Elsa, Hans?"

Me levanto de la cama. Me encamino hacia afuera, usando una de las grandes chaquetas de Hans y las botas viejas de Nicholas. Camino pesadamente hasta el restaurante chino y la nieve que cae lo hace extrañamente lenta y distante. Está prácticamente suspendida en el aire.

Creo que Elsa está de luto. Aún ni siquiera he llorado. Solo me quedo mirando la acera y sintiendo el aroma de la comida china cocinándose detrás de mí.

Hay una mujer fumando en la acera, así que le pido una calada.

Una vez que me hace el favor, me doy cuenta de que estamos en el mismo lugar en el que yo y Nicholas fumamos la última vez. No lloro. Pero por alguna horrible razón, me río. Es una memoria distante, tal vez me despertaré de este sueño para descubrir que Nicholas está bien. Él estará pintando en el apartamento de arriba. O tapando el fregadero con colores. O tiñendo todo con marcas de su genialidad. Entonces lloro. Lloro porque alguien que amó tanto los colores, tuvo que morir en una habitación blanca. Murió sin un solo color en su cabeza, salvo el blanco.

Dejo salir el humo desde mis labios hasta la noche. "Esto me recuerda a alguien." Digo. Escucho las sirenas. Escucho a la gente. Observo el cigarrillo en mi mano, y una vez que lo devuelvo, susurro débilmente. "Ahora está muerto."