Noah se levantó pronto aquella mañana. No podía dormir. Justo después de que Angela se fuera, comenzó a sentirse culpable. Pero era demasiado orgulloso como para llamarla por teléfono y decirle que se arrepentía, y que había actuado como un imbécil. Bueno, eso último ella ya lo sabía. Pero de cualquier manera dudaba que fuera a responder a su llamada. Angela no era de las que perdonara con facilidad.
Se acercó al espejo del baño y observó su rostro durante unos segundos.
¡Idiota! ¡Eres un idiota!- se decía así mismo, enfadado con su propio reflejo.- ¿Cómo pudiste dejarla ir de esa manera?- Aún la quieres, estúpido, y lo has estropeado todo reconoció, dándose la vuelta, ya que ahora sentía unas ganas irrefrenables de golpear el espejo, y eso sólo le causaría nuevos problemas.
Se metió en la ducha, y le dio al agua fría, para despejarse cuanto antes. Pronto se arrepintió, y giró el grifo del agua caliente.
Cuando terminó, salió del cuarto de baño sólo con una toalla, que le cubría la parte inferior del cuerpo.
Estaba a punto de entrar a su habitación para vestirse, cuando llamaron a la puerta. ¿Sería ella? No,- pensó- las mujeres son como los gatos. Las riñes una vez y ya no vuelven.
Se cambió la toalla por una bata negra, entró en el recibidor, y pegó un ojo a la mirilla de la puerta.
Mierda. Era su ex jefe, y no parecía de muy buen humor.
Noah Ross abrió la puerta, para que el hombre pudiera entrar, y se hizo a un lado.
Señor, ¿puedo saber qué le ha traído hasta aquí?
¿Dónde está?- Noah lo miró extrañado.
¿Dónde está, quién?
La antimaga, quién va a ser.
En su casa, supongo. ¿Por qué ha venido hasta aquí?- su ex jefe se giró y lo miró de arriba debajo de forma inquisitiva.
Tus nuevos compañeros me han dicho que entre los dos hay…ciertas muestras de afecto. Y como bien sabrás, aún sigo buscando a la persona que la ayudó a escapar. Que ahora ella esté en nuestras filas, no quiere decir que se deba perdonar todo así como así.
Pues se equivoca de hombre, señor. Yo no tuve nada que ver con eso. Y la información que ha recibido es falsa. Ella no está, ni ha estado aquí.
Eso lo decidiré yo. Ahora, señor Ross, me va a dar permiso para registrar su casa. Y si no, lo que tendré que registrar será su mente, y no creo que esa posibilidad le guste ¿estoy en lo cierto?- Noah apretó los dientes, pero al final respondió.
Haga lo que quiera. Ya le he dicho que ella y yo….no mantenemos ninguna relación, más allá del ámbito profesional.- ya no, por lo menos se dijo para sus adentros.
Ahora sólo le quedaba rezar por que Angela no se hubiera dejado nada importante en casa. No compró apenas cosas, ya que todo lo tenía en su casa….pero si su exjefe encontraba una sola cosa que delatara la existencia de un segundo inquilino, podría meterse en graves problemas.
Durante un segundo barajó la posibilidad de dejar inconsciente a aquél inoportuno visitante y sacarlo a rastras de su casa. Pero no era buena idea.
En cambio se le ocurrió otra cosa que podría resultar….
Señor, creo que sé quién la ayudó a escapar…- el aludido, al escuchar aquellas palabras, regresó al salón.
¿No me digas? ¿Y quién es el afortunado?
Dumbledore. Él fue quien le ofreció el trabajo a Angela. Y seguro que no le resultó difícil ayudarla a escapar….ya sabe que siempre se entera de todo.- su exjefe lo meditó un instante, y pareció convencerse de que aquella teoría tenía sentido.
Puede que tengas razón….siempre has sido un trabajor leal…lamento haberte molestado Ross. Ahora entiendo por qué guardabas silencio. Pero no te preocupes, lo comprendo perfectamente. Adiós.- y se desapareció, dejando a Noah solo en mitad del pasillo.
Bueno…-pensó-…no es que sea de lo más caballeresco echarle la culpa a Albus Dumbledore, pero es un hombre poderoso y cuenta con muchos apoyos. Yo, sin embargo estaba en una situación muy poco ventajosa Aún así, volvió a sentirse culpable.
Conciencia ¡muérete! – dijo, esta vez en voz alta. Y se dejó caer en el sofá. Vio la botella de ron y sin pensarlo dos veces se la llevó a los labios. Sólo quería olvidar….si es que eso era posible.
Angela estaba atónita. Por más que lo intentaba, no conseguía creer lo que aquél hombre le contaba. Y vaya si le había contado cosas.
Pero…no es posible. Me dijeron que era la única. ¿cómo es posible que no sepan de vuestra existencia?
Bueno…somos veinte antimagos muy silenciosos.- contestó Richard con esa sonrisa retorcida tan atractiva. Los demás rieron a carcajadas.
Veinte.- la sola palabra le sonaba a música celestial. No estaba sola. Ya no volvería a sentirse una paria.
Veintidós. – dijo una mujer morena, de pelo corto. Richard se giró, y preguntó, extrañado.
¿Veintidós? ¿Habéis encontrado a alguien más?
No, más bien lo hemos creado nosotros.- comentó ella, acariciándole la nuca a un antimago de origen japonés, que estaba sentado a su lado, con una amplia sonrisa.
¿Estás embarazada? Pensaba que teníais problemas para…- preguntó, sonriendo de nuevo.
¡Sí! ¡Pero lo hemos conseguido!- aquella mujer no cabía en sí de gozo. Instintivamente a Angela le cayó bien. Algo le decía que aquél grupo era como una familia. Claro que seguro que no todos se llevarían de perlas, pero había algo que los unía. Sabían que no quedaban muchos y debían cuidarse entre ellos. Nadie más lo haría. Y las rencillas personales no iban a cambiar aquello.
¡Pues entonces habrá que celebrarlo! ¿Qué os parece si reservamos mesa en el restaurante de mi hermana y bebemos a la salud de nuestros nuevos compañeros mañana por la tarde?
Todos aplaudieron la sugerencia. Sin duda Richard se había ganado su respeto y también su aprecio. Pero había algo que no terminaba de comprender. Estaba claro que él era el jefe, pero ¿Por qué? Que fuera descendiente de Reynard Obelyn no implicaba que ellos tuvieran que entregarle el liderazgo. Había tenido que ganárselos de alguna manera.
Cuando todos salieron de la nave con la intención de irse a dormir- se habían pasado la noche hablando-, ella decidió quedarse un rato más hablando con Richard. La nave era propiedad de los Obelyn, y era aquél lugar el que los antimagos utilizaban cuando querían reunirse para hablar sobre diversos temas. Había una mesa en el centro, y una docena de bancos dispuestos en círculo. Era un auditorio improvisado.
Señor Obelyn….- empezó ella, tratando de encontrar las palabras adecuadas.
Richard. Puedes llamarme Richard. Por mí, también podrías llamarme Ric, como hace mi hermana. Pero procura no usar ese nombre cuando estén los demás delante. Tengo una reputación que mantener…
Richard, entonces. No quiero causar más problemas.
Tú no causas problemas, Angela. Olvida todo lo que te hayan dicho esos magos y escúchame bien. Tú vales mucho ¿de acuerdo? Y no quiero que pienses ni por un instante que eres un monstruo.
¿Escuchaste mi conversación con Noah?
No pude evitarlo…vuestros gritos se oían al otro lado de la calle.- ella rió, ante aquella ocurrencia. Tenía razón.
Sí, es cierto. Pero no pude controlarme…
Lo entiendo. Yo le habría partido la cara.- Angela rió de nuevo. – todavía estamos a tiempo, si quieres vengarte.
No, no será necesario. Además, trabajamos en el mismo equipo, y allí no me van a perdonar ni una.
Angela, hay algo que me gustaría decirte. Y espero que me escuches bien, porque yo no soy un hombre que de segundas oportunidades.- la chica frunció el ceño. Sabía que todo había sido demasiado fácil. Ahora le pediría algo a cambio de haber depositado su confianza en ella.
Adelante, di lo que quieras.
Los nuestros no…simpatizan mucho con los magos, como habrás podido deducir.
Sí, lo sé.
Y no nos sentimos a gusto con gente que trabaja para ellos.
Entiendo… ¿quieres que deje el trabajo?
¡No, no! Eres libre de ganarte la vida como quieras. Pero quizá podamos añadir alguna cláusula más a tu contrato. Quiero que nos pases toda la información que puedas.
¿Qué? Pero… ¿para qué? Ellos no saben que vosotros existís. No os molestarán.
Eso es lo que te han contado. ¿Crees que le confiarían sus secretos de Estado a alguien como tú? Piensa Angela. Te han manipulado desde el principio.
Pero ¿Cómo lo sabes?- Angela estaba cada vez más sorprendida. Y ya empezaba a entender por qué Obelyn llevaba la voz cantante.
Tengo topos en el ministerio.
¿Qué? Pero…nosotros no podemos entrar ahí.
No todos mis topos son antimagos. También hay muggles. Aunque claro, los magos creen que son squibs. Nadie se atrevería a negarlo, si tenemos en cuenta el hecho de que les hemos contado todo lo que necesitaban saber sobre el mundo mágico. No han notado la diferencia.
¿Y cómo sabes que son de fiar?
Bueno, estamos emparentados, pero ellos no han heredado nuestras capacidades. Mi hermana Carol….por ejemplo, tampoco es una antimaga. Hay algo que debes saber. Sólo los primogénitos heredan las capacidades de sus antepasados. Las veinte personas que has visto, son todos los primeros hijos. Los segundos y los terceros, salvo excepciones, nunca son antimagos. Caprichos de la genética. Por eso nos reproducimos más lentamente. Y por eso nos ha costado tanto empezar a recuperarnos.
Eso es muy….poco alentador.
¡Y que lo digas! Pero bueno…. nuestros hermanos y hermanas nos están siendo muy útiles. – y su rostro se volvió serio de nuevo- pero volvamos a lo que nos ocupa. Necesito probar tu lealtad, y proteger a los míos.
¿No se trata de una paradoja? Traicionarles a ellos para que vosotros podáis confiar en mí. Yo no me fiaría de alguien así.- replicó.
En circunstancias normales, eso sería lo más lógico. Pero las cosas han cambiado. Ellos no confían en ti. ¿Por qué habrías de confiar tú en ellos? Además, lo harías por los tuyos. Porque ahora, Angela, lo quieras o no, nosotros somos tu familia. Ya no tienes a nadie más…y yo te estoy dando la oportunidad de rehacer tu vida. Con gente que te valore de verdad, y no te utilice como una simple arma. Piensa en los de nuestra especie…piensa en el niño que está a punto de nacer, y en los que vendrán. ¿Quieres que vivan pensando que en cualquier momento podrían encerrarlos en una jaula y tratarlos como a ratas de laboratorio? Porque eso fue lo que intentaron hacer contigo, si no me han informado mal. Íbamos a rescatarte, pero se nos adelantó tu amigo. ¡Cada vez que lo pienso, me pongo furioso! No fue suficiente con que asesinaran a tu madre, como para que encima te…
¿Qué?- aquello hizo que Angela se pusiera tensa.- ¿ellos…mataron a mi madre?
No quería decírtelo todavía con el día que has tenido….pero tarde o temprano tendrías que saberlo. Sí, fueron ellos. Me lo dijo uno de mis topos.
Mis… ¿mis compañeros lo sabían?
No creo. No sé quién fue el brazo ejecutor, pero sí quién está detrás de su muerte. El jefe del departamento de misterios envió a alguien para que la secuestrara, pero ella se defendió con uñas y dientes. Tu madre se cayó por las escaleras. Debió de tropezar mientras peleaba y se golpeó la cabeza. Los hombres que analizaron su cadáver me facilitaron toda la información. En el mundo muggle trabajo como detective privado. Lo siento, Angela.- dijo. Realmente parecía afectado.
Alargó un brazo y le acarició la mejilla a la antimaga, que aún seguía pensando en lo que le acababan de decir. Luego, como impulsada por una fuerza superior, miró a Richard, con los ojos llenos de ira contenida.
Tienes razón. Ellos no me dijeron quién había sido. Y podrían haberlo averiguado si hubieran querido. Gracias Richard.- y después de tragar saliva, añadió- Lo haré. Os pasaré información.- Él asintió, y luego la atrajo hacia sí, para darle un abrazo. Aquello la reconfortó de una manera extraña. Sin saber por qué, se acordó de Noah. ¿Qué pensaría él de aquello?- pero pronto se dio cuenta de que eso ya no importaba.
Bienvenida a casa Angela. Y no te preocupes. Nosotros cuidaremos de ti. No permitiré que vuelvan a hacerte daño. Nunca más.
