Capítulo 1: Introducción

¡Si! ¡Por fin viernes otra vez! Es tan agradable, sobre todo sabiendo que queda un fin de semana largo por delante —¡Gracias Belgrano! jaja—. Así que, la verdad es que ando un poquito atrasada con la escritura, pero este fin de semana anda un poco movidito, así que preferí dejarles un capítulo hoy, porque traerlo el martes me parecía muy injusto. Pero bueno, me dejo de tanto cotorrear.

Los dejo con el capítulo diez, que particularmente me gusta mucho:

oOoOoOoOoOoOo

Una medida excesivamente drástica.

By LadyCornamenta

Capítulo 10: De competencias y discusiones.

El murmullo del exterior llegó a sus oídos de forma difusa, casi como parte de un sueño. Abrió los ojos con dificultad y los primeros rayos del sol lo obligaron a volver a cerrarlos inmediatamente. En un segundo intento, logró focalizar su vista y lo primero que vio fue una cabellera castaña esparcida de forma irregular sobre su pecho y un brazo que rodeaba su cintura. Suspiró levemente, mientras alzaba el brazo de Sakura y, tomando suavemente su cabeza, la corría de su lado, dejándola apoyada con cuidado sobre la tibia arena. Se acercó a la orilla del inmenso mar, por donde se veía que el sol comenzaba a asomar, mientras sacaba su teléfono celular del bolsillo del pantalón. El reloj que el mismo incluía marcaba las seis de la mañana. Suspiró y recurrió otra vez a marcar un par de números.

Sakura, varios minutos después, abrió los ojos con lentitud, encontrándose solo con arena bajo su entumecido cuerpo. Entonces, luego de unos segundos con la mente en blanco, se sonrojó pensando en lo que había sucedido la noche anterior, en lo que había hecho la noche anterior. Solo había sido un roce de labios; luego se había acomodado en su pecho y supuso que se habían quedado dormidos…

Un pequeño detalle cruzó su mente, mientras se incorporaba con lentitud.

¿Dónde estaba Shaoran?

Mas la respuesta llegó rápido a ella, pues cuando se incorporó pudo ver a la única persona que se encontraba con ella en la playa caminando lentamente por la orilla. Se puso de pie y, luego de sacudirse un poco la arena de la ropa, comenzó a caminar hacia el frente. Llegó hasta la altura de Shaoran, cuyos cabellos se movían al compás de la tibia brisa matutina. El muchacho, cuando sintió dos ojos clavados sobre su persona, se volvió para mirar a la muchacha.

—Buenos días, Shaoran —saludo la joven algo avergonzada.

Después de todo ella había sido quien había acortado las distancias la noche anterior.

—Buenos días.

Shaoran había vuelto su vista al frente y tenía sus ojos clavados en el amplio mar. Sakura aprovechó ese pequeño intervalo para estudiar sus facciones. Parecía preocupado, pero la brisa le daba un aspecto de tranquilidad único. Vio que se llevaba una mano a la frente para apartarse el cabello de la cara mientras suspiraba.

—¿Qué hora es? —inquirió la muchacha súbitamente, y abriendo un poco los ojos.

—Las seis y media de la mañana —comentó Shaoran, luego de hurgar en su bolsillo para sacar el teléfono celular.

Sakura se llevó ambas manos a su boca, preocupada. El muchacho, sin embargo, antes de que ella pudiera decir nada, se le adelantó.

—Tranquila, ya le avisé a tu padre que salimos temprano —comentó y Sakura suspiró con tranquilidad.

Una sonrisa asomó en el rostro de la castaña.

—Gracias.

Shaoran comenzó a caminar y Sakura apuró el paso para poder seguirlo. Anduvieron bastante por la orilla del mar, sin decir una sola palabra, hasta que se detuvieron frente a lo que parecía una especie de cabaña, en otra playa apartada de la que habían pasado la noche. Sakura se acercó un poco más para leer un enorme letrero. Aquello no era una simple cabaña, era un restaurante. Siguió a Shaoran cuando este entró y lo miró interrogante.

—No se tú, pero yo tengo hambre —comentó simplemente él, siguiendo su camino.

La muchacha solo sonrió para sí, antes de seguirlo.

Ingresaron en el rústico lugar. No había allí más que tres personas detrás de la barra que atendían el restaurante. Habían distribuidas un par de mesas de madera—a esas horas de la mañana, vacías— y en las paredes del lugar colgaban algunas fotos antiguas, que parecían tomas de la misma cabaña en otras épocas, con gente que sonreía en sus mesas. Sakura se quedó mirando la última —ya la que parecía más actual— donde una familia sostenía el enorme cartel que antes había visto en la puerta.

—¿Qué quieres comer? —preguntó Shaoran casualmente, sacándola de sus pensamientos.

La muchacha sacudió su cabeza cuando vio que Shaoran le extendía un menú, con la vista fija en otro que reposaba sobre la mesa.

La castaña se decidió por comer una pequeña porción de pastel con un té. Ambos desayunaron en silencio, más de vez en cuando una furtiva mirada se cruzaba entre ambos. Sakura estaba comenzando a sentirse incómoda a tal punto que parecía más torpe de lo normal. Comprobó aquello cuando tiró parte de la taza que contenía té…

…sobre Shaoran.

—Perdón, perdón, perdón —pidió atolondradamente, poniéndose de pie al mismo tiempo que el chico lo hacía.

Después de todo, la infusión estaba caliente.

—No te preocupes —masculló el chico, separándose la camiseta del cuerpo para no quemarse.

Rápidamente el muchacho tomó unos billetes de su bolsillo y, luego de dejarlos sobre la mesa, se apresuró a salir del restaurante, no sin antes hacer que Sakura pasara delante de él. Una vez en el exterior, Shaoran comenzó a caminar y la castaña vio, de reojo, como su acompañante se sacaba la camiseta.

Aquello quizás fue lo que provocó que sus neuronas se nublaran y comenzara a hablar sin siquiera pensar en lo que decía.

—Shaoran —el aludido la miró—, yo quería decirte que lo de ayer…

—No tienes que explicar —cortó el muchacho mirándola intensamente. Luego desvió la mirada con desinterés— aunque te agradecería que no volvieras a hacerlo.

Sakura lo miró mal, pero él —que tenía su vista en el mar— no lo notó.

—Tranquilo, no volverá a ocurrir —murmuró Sakura.

Dejando en claro aquél punto, ambos comenzaron a caminar. El día —a diferencia del clima horrible que se había presentado la tarde anterior— lucía completamente despejado y el sol, comenzando a trepar por el cielo, hacía el mar una apetecible opción durante esa agotadora caminata por la arena. La muchacha vio los destellos sobre el agua y se quedó prendada a esa imagen, disminuyendo levemente la marcha. ¿Hacía cuanto tiempo que no se metía al mar? Una pequeña sonrisita apreció en sus labios, luego de dirigirle una furtiva mirada a su acompañante. Entonces, sacándose las sandalias y cambiando su rumbo, comenzó a correr con todas sus fuerzas en dirección al agua. Shaoran, cuando se vio caminando solo, se volvió para buscar a la muchacha. Sin embargo, a sus espaldas solo vio arena, arena y más arena. Sus ojos se dirigieron al mar y vio la figura de la muchacha acercándose a toda velocidad a la orilla.

—¿Qué demonios estás haciendo Kinomoto? —gritó el joven curioso.

—¡El agua debe estar hermosa! —exclamó la muchacha deteniéndose, cuando lo vio a unos metros.

—¡Estás loca! —Respondió el joven—. Te vas a pescar un resfriado.

—¡Hablas como viejo! —chilló ella divertida. Entonces una pequeña idea cruzó su infantil mentalidad—. ¿Acaso le temes al agua? ¡Pareces una niña!

Ouch. Doloroso golpe al orgullo para Shaoran Li.

Olvidándose de cualquier gripe o problema, e incluso que aquello era un completo delirio; el joven se quitó las zapatillas con gran velocidad y comenzó a correr en la misma dirección en la que momentos antes se encontraba andando la muchacha. Al pasar por su lado, le dirigió una pequeña mirada desafiante e irónica. Sakura comprendió, entonces, que aquello era la guerra. Siguiéndole la marcha comenzó a correr con todas sus fuerzas, tropezando varias veces en el camino, ya que ir con tanta velocidad sobre la arena llena de pozos no era algo fácil. Lo alcanzó y, cuando lo tuvo cerca, le sacó la lengua antes de comenzar a tomar la delantera. Pero no, Shaoran no toleraba aquellas cosas. No toleraba un golpe tan bajo a su orgullo.

Y menos por una chica.

Recurriendo a su último y más bajo recurso: se tiró hacia delante dando un salto y estirando los brazos. Rodeando con sus manos la cintura de la muchacha, logró tumbarla en el agua, impidiéndole que se moviera. No solo por sus manos sino porque, de hecho, toda su anatomía se encontraba sobre la pobre Sakura. La muchacha sacó la cabeza de abajo del agua —que debía llegarle, de pie, no más que unos cuantos centímetros arriba del tobillo— y se giró mientras hablaba:

—¡Eso fue trampa! —chilló mientras miraba frunciendo el ceño.

Más cuando terminó de girar, escuchó una carcajada y vio los dientes de Shaoran a través de su mueca. Tenía una sonrisa bonita. ¡Demonios, era muy bonita! Sakura se preguntaba por qué no la usaba más seguido, aún prendida a su gesto; mas después reaccionó, frente a lo que estaba ocurriendo.

Se estaba riendo de ella.

—¡Oye! ¿Qué es tan gracioso? —preguntó ella, aunque con una diminuta sonrisa en su rostro.

El chico intentó acallar sus carcajadas. ¿Cómo podía ser alguien tan infantil, despistada y, en cierto punto, inocente?

—Qué pareces el monstruo del pantano —comentó el chico.

La muchacha pensó que realmente debía tener cara de monstruo. Su hermano siempre solía llamarla así cuando eran más pequeños —de hecho aún en ese momento, cuando se veían, seguía haciéndolo— y ahora Shaoran repetía lo mismo. Una pequeña ola la obligó a alzar la cabeza y sintió que el cuerpo del muchacho se separaba un poco del suyo. Le extrañó el hecho de qué el no se hubiese alejado de ella con rapidez apenas había caído.

—¿Por qué dices que parezco un monstruo? —se quejó ella.

El muchacho no borró su sonrisa del rostro. Aquella chica era lo más despistado del mundo y le daba cierto encanto.

Claro que a él eso no le interesaba.

Cuidando de no aplastarla, alzó una mano y se la pasó a Sakura por la cara. La muchacha se sonrojó, mientras Shaoran le mostraba su mano llena de arena mojada. Entonces comprendió que la caída al mar con su rostro le había ocasionado acabar con una especie de máscara de barro. Avergonzada desvió la mirada, mientras Shaoran volvía a soltar una risotada.

Entonces lo miró a los ojos.

—¿Por qué no te ríes más seguido? —preguntó la muchacha, siempre curiosa—. Tienes una risa…muy bonita.

El joven sintió el calor en su rostro, aunque el agua del mar estaba bastante fría. Se encogió de hombros mientras se ponía de pie y ayudaba a la muchacha a hacer lo mismo. Entonces ambos se miraron entre sí: estaban empapados de pies a cabeza. Sin decir demasiadas palabras, acordaron que lo mejor sería volver a la casa y cambiarse, ya que —si bien el clima estaba se su lado— cabía la posibilidad de que pescaran un resfriado. Transitaron rápidamente las calles que los separaban del lugar donde se estaba quedando. Una vez que arribaron a su destino —con sus ropas húmedas, pero no mojadas— ingresaron a la casa utilizando una de las copias de llaves que les había entregado Juri. Evidentemente, al juzgar por la paz que reinaba en el ambiente, ya no había nadie en la casa.

—Me voy a bañar —anunció Sakura, mirando sus ropas.

El muchacho asintió y se dirigió en silencio al cuarto. Se quitó la camisa que había vuelto a ponerse por el camino —después de todo no le gustaba estar sin ella, y ya estaba completamente mojado, por lo que no tenía sentido llevarla en la mano— y se sentó en la cama para despojarse de sus zapatillas con un rápido movimiento. Luego se dejó caer de espaldas, acomodándose a sus anchas sobre la cama. Suspiró y se quedó allí, con los ojos cerrados. Unos cuantos minutos después estaba por quedarse dormido, cuando un ruido del pasillo lo alerto. Se incorporó para quedar con la vista fija en la puerta.

Entonces se sonrojó y abrió los ojos con sorpresa.

Sakura estaba de pie en la puerta, solo cubierta con una diminuta toalla. Su expresión no distaba demasiado de la del muchacho, solo que abría la boca y la cerraba sin emitir ningún sonido, con ambas manos aferradas al borde superior de la pieza de tela que cubría su cuerpo.

—Sh-sha-shaoran no s-sabía que est-estabas aquí —pronunció dificultosamente la joven castaña — pensé que…te estabas bañando.

El muchacho se puso de pie rápidamente.

—Eso iba a hacer —habló atolondradamente y. con rapidez, paso por al lado de Sakura y comenzó a transitar el pasillo, hasta que dio con el baño.

Cerró la puerta y luego se apoyó en ella. ¿Qué demonios le estaba sucediendo? El no era uno de esos tarados que andabas ruborizándose por una chica, por más escasa de prendas que estuviera. El no era de esos, no señor. Sacudió la cabeza, intentando auto convencerse. Pasó una mano por su cara, sabiendo que debía darse urgente una ducha a ver si se le iba aquél patético sonrojo de las mejillas.

Aunque quizás también necesitara un lavaje de cerebro para sacarse aquella imagen de Sakura de la cabeza.

oOoOoOoOoOoOo

Por la tarde, Shaoran y Sakura se evitaron más de lo normal. El joven chino se calzó sus auriculares y, casi como un autista, se paseaba por la casa tarareando e ignorando lo que sucedía a su alrededor. Sakura, por su parte, aprovechó que el joven se encontraba arriba, para estirarse a sus anchas en el sillón. Eran ya casi las seis de la tarde, cuando Shaoran volvió a dirigirle la palabra, después de unas cuantas horas callado.

—Sakura —la muchacha, que veía aún la televisión, lo miró sorprendida. El muchacho le extendía su teléfono celular, que sonaba estrepitosamente.

—¿Si? —la joven atendió, mientras Shaoran volvía a subir la escaleras rumbo a su habitación.

¡Sakurita! ¿Cómo estás? —la inconfundible voz de Tomoyo llegó a sus oídos. La muchacha sonrió.

—Muy bien Tomoyo, ¿Y tú? —inquirió la muchacha.

Bien…¡Te extraño! —Protestó infantilmente, haciendo que la castaña soltara una risita—. ¿Por allí, como van las cosas con Shaoran?

La muchacha se sonrojó levemente.

—Bien…Pero cuéntame tú como está todo por allá —cambió de tema la joven castaña.

Tomoyo, que conocía a la perfección a su amiga, había percibido la evasión del tema, pero decidió seguirle la corriente. Ya tendría tiempo para preguntarle que era lo que había sucedido.

Bueno, debo decirte que tengo una buena noticia y otra mala —comentó la muchacha de cabellos azabache.

—Empieza por la buena —pidió Sakura

Bueno, pues ayer estábamos con las chicas y nos cruzamos con el profesor Terada —comentó la muchacha. Sakura asintió con la cabeza vanamente, recordando a su profesor de educación física—. Nos comentó, entre otras cosas, que quedaste para todas las disciplinas para las que te anotaste en las competencias —contó emocionada.

Sakura sonrió sorprendida.

—¿De verdad? ¡Qué bien! —exclamó la muchacha, removiéndose con pequeños saltitos aún sentada en el sillón. Se quedó pensativa unos segundos, frunciendo el ceño—. ¿Cuál es la mala entonces?

Bueno, digamos que Shaoran deberá participar en unas cuantas disciplinas también —explicó la muchacha de ojos amatistas.

—¿Y?

Que la competencia será el próximo domingo —comentó Tomoyo. Sakura no le vio problema a ello— y según lo que me contó Eriol, los domingos Shaoran…

¡Claro! ¿Cómo se había olvidado de ese detalle?

—Ups, creo que tenemos problemas —comentó la joven Kinomoto, luego de unos segundos en silencio procesando la información.

Ni que lo digas —replicó Tomoyo— deberías comentárselo y buscar una solución entre ambos.

La muchacha se quedó en silencio unos instantes.

—Creo que esperaré a que estemos de vuelta en Tomoeda.

La charla no se extendió demasiado, y las jóvenes compartieron algunas risas y palabras de afecto antes de cortar la comunicación. La castaña subió a la habitación que compartía con Shaoran, aún algo preocupada por la noticia que le había dado su amiga, pero se sorprendió al no encontrarlo allí.

Pronto todos los inquilinos restantes de la casa regresaron. Cada uno se dedicó a sus actividades, hasta la hora de la cena. La misma transcurrió amenamente, mientras los dos hombres mayores le contaban a Sakura todo lo que habían hecho en el día. Sin embargo, Shaoran, muy lejos de aquella agradable comida, se encontraba en una pequeña cafetería del centro. Aún seguía con su propio cuerpo, por lo que debía huir de la casa. Sakura —a quién el muchacho había llamado luego de haberse escapado del hogar de los Makioto—había inventado alguna excusa diciéndole a su padre que en una hora se encontraría con Shiori en el centro, por lo que, luego de disculparse con la familia, se retiró de la mesa. Adentrándose en el cuarto que ocupaba desde el sábado, la muchacha comenzó a rebuscar en el armario algo para ponerse. Sacó prendas y prendas, sin convencerse. Ella nunca solía hacerse demasiados problemas a la hora de vestirse, pero en ese momento sentía que no quería estar como siempre.

Después de todo no se olvidaba de aquella pequeña promesa que había hecho. ¿Sería aquella una buena forma de comenzar? Después de todo, nunca había hecho algo tan atrevido como aquello de querer conquistar a alguien…

Una vez que se halló a gusto con una camisa verde claro con un pequeño —pero atractivo— escote y una falda de jean, junto con unas sandalias con algo de taco, salió de la casa con paso presuroso. Atravesó varias cuadras a gran velocidad, abrazándose a si misma, hasta que dio con el centro. Comenzó a mirar por los alrededores, buscando un rostro conocido. Pero la desordenada cabellera castaña se hizo identificar antes.

—Aquí estoy —comentó la muchacha a espaldas de Shaoran, sobresaltándolo.

El muchacho se quedó unos segundos viéndola, pensando que el verde le sentaba demasiado bien; hasta que, luego de sacudir levemente la cabeza y reprenderse mentalmente a si mismo por aquél pequeño desliz, le preguntó:

—¿A dónde quieres ir?

—Pues, no se —respondió ella—. ¿Qué tal a la playa? —propuso, con una diminuta sonrisa adornando su rostro.

El muchacho se encogió de hombros, aunque con una mueca pensativa.

—Debe hacer más frío allí.

—Es verdad —aceptó Sakura. Después de todo se había arreglado tanto que ni saco se había puesto, y posiblemente en la playa se congelaría. Se quedó unos segundos callada, volviendo su vista hacia la parte que daba al centro—. ¿Por qué no vamos al centro comercial?

El muchacho asintió, antes de comenzar a caminar rumbo a la zona más iluminada.

Finalmente, luego de andar un rato, decidieron ir al cine. Sin fijarse demasiado en la película que entraban a ver —sólo la habían elegido porque era la única que daban en ese horario—, compraron las entradas y se dirigieron al interior de la sala, ubicada dentro del centro comercial de la zona. Finalmente, resultó ser una película romántica con tintes dramáticos a lo largo de la historia. Como era de esperarse para Shaoran —que no dejaba de bufar desde que la película había comenzado—, Sakura había salido llorando a moco tendido después de que la protagonista le anunciara a su amado que tenía una enfermedad Terminal y que moriría en solo un mes o dos. Para él aquello no tenía el más mínimo sentido, ya que se la diagnosticaban repentinamente y justo cuando ambos se habían casado; pero a Sakura, sin embargo, le había parecido una historia completamente triste y conmovedora.

—¿Puedes dejar de llorar? —preguntó Shaoran sin mirarla, diez minutos después de haber salido del cine.

Ya estaban en las calles, caminando hacia el sector de la costa.

La muchacha castaña lo miró mal.

—Era una historia muy bonita.

—Por eso no tienes que llorar durante diez minutos.

—Era conmovedora.

Mientras el tono de voz de ambos iba en aumento, habían comenzado a caminar por un largo puente de madera, que separaba las calles de las playas. El camino, con pequeñas montañitas de arena acumuladas en algunos sectores, se encontraba solo iluminado por unos pequeños farolitos que iban sucediéndose uno tras otro, así como también por la tenue luz de la luna. Shaoran miró mal a la muchacha que caminaba a su lado. Después de tener que soportar una idiota película romántica —cuyas escenas melosas lo habían alterado y, a la vez, exasperado muchísimo— su humor era pésimo. Lo único que le faltaba era Sakura llorando.

Odiaba ver a las mujeres llorar.

—Bah, no seas llorona —se quejó Shaoran.

—¿No te cansas de ser tan frío y repelente? —preguntó molesta la castaña.

Sin sacarle los ojos de encima, Sakura miró a su acompañante de modo desafiante. ¿Es que acaso no tenía sentimientos? ¿Dónde estaba el Shaoran del día anterior que había derramado —aunque con mucho orgullo y altanería— aquellas lágrimas? ¿Había sido acaso solo una ilusión? Así parecía, pues ese tono frío y despectivo se le hacía mucho más familiar que el que había usado la noche anterior, el cual dificultosamente recordaba.

—No me gustaría llorar como niñita —replicó él.

El tono de la conversación comenzaba a subir.

—¿Dónde quedó el muchacho sentimental de ayer? —preguntó la muchacha furibunda.

—Aquello es algo que nunca más verás —aseguró él, fríamente, sintiéndose algo avergonzado—. Ya te dije que no me gusta llorar como niñita.

—¡Prefiero llorar como niñita a ser un témpano de hielo que no tiene sentimientos! —aseguró la muchacha, ya deteniéndose en su lugar para gritarle. Algo en su estomago comenzaba a crecer, como una pequeña llama; el problema es que aquella brasa empezaba a aumentar, peligrosamente, su intensidad—. ¡Seguro que nunca has estado con una chica! —gritó impulsivamente, perdiendo el poco autocontrol que le quedaba—. ¡No debes saber nada de amor, de besos, de cariño; porque eres un insensible que no s…!

Lo que le decía realmente había logrado tocar algo en él; había movido algo en su interior que nunca antes había sentido. Se sintió impotente y dolido. Hastiado de sentir aquello que había provocado el discurso de Sakura y realmente molesto por sus palabras, tomó a la muchacha bruscamente de la nuca y la atrajo contra sí a la fuerza, para besarla. El contacto de los labios fue brusco, casi hambriento. Pocos segundos después, Shaoran obligó a la joven a profundizar el beso, de una forma que distaba mucho de ser suave y cariñosa. Sakura, que aún no salía de su sorpresa, se vio rápidamente apoyada de espaldas sobre las barandas de madera del amplio camino, incapaz de mover un solo músculo. La lengua de Shaoran exploraba su boca sin reparos, de una forma violenta; las manos del muchacho se enredaban en su pelo, presionando el contacto y evitando que se separaran. Entonces, luego de unos segundos más, Shaoran se detuvo repentinamente.

—Espero que eso aclare tus dudas —habló el castaño, de manera fría, ocultando su propia sorpresa por su impulsiva forma de actuar.

Luego de aquellas palabras, el muchacho comenzó a caminar de dirección contraria; dejando a Sakura en su lugar, estática y con el corazón a punto de escaparse de su pecho.

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Ajá. Me imagino que todos aquellos que pedían un poquito mas de acción deben haber quedado, por lo menos, un poco más conformes ¿No? A mi particularmente me gusta que se vea un poco el Shaoran impulsivo, aunque ya veremos después como comienza a sentirse por ello. Por otro lado, pobre Sakura —puedo dejarlos tranquilos, no va a darle un infarto, pero creo que quedó en un estado bastante cercano a ello—. En fin, espero que haya sido de su agrado. Como siempre espero los comentarios al respecto, porque ya saben, es difícil escribir y es lindo que las personas comenten sobre lo que opinan —ya que para eso lo estoy subiendo acá.

Agradezco muchísimo a todos aquellos que dejan comentarios y palabras de apoyo. Gracias, de verdad. Les pido una sincera disculpa, pero ya mismo me voy a dormir una triste siesta de una hora —dormí solo cuatro ayer— y después tengo un curso de animación, por lo que dudo mucho que tenga tiempo para responder los reviews. Si puedo, respondo algunos a la noche o mañana, veré. ¡Mil disculpas en serio! Cualquier duda directa —por si no puedo responderlos—, saben que mi mail está en mi profile. En fin, espero que sepan entender.

¡Saludos para todos! ¡Qué tengan un buen fin de semana!

¡Nos leemos!

LadyCornamenta.