-¿Nos bañamos juntos?
Solo fue una pregunta. Habían pasado la tarde del sábado juntos en el sofá, tapados con una manta y viendo la tele mientras fuera el tizón azotaba con fuerza la ciudad. Y Sion sólo había hecho una pregunta inocente. Nezumi no contestó enseguida, abrió la boca un par de veces, buscando algo ocurrente y sarcástico que decir, pero no encontró lo adecuado.
-Nezumi. -Llamó Sion, dándole un ligero golpe a la rata con su hombro.- ¿Me has escuchado?
-Ah, sí. -Asintió Nezumi, mirándole con cara de póker.
-¿Y bien? -Insistió Sion, alzando las cejas.
-Pues... No sé si deberíamos. -Murmuró la rata, cubriéndose más con la manta.
-¿Por qué no? -Preguntó desilusionado Sion, mirándole con los mofletes hinchados.
-Porque tenemos ya dieciséis años. -Contestó Nezumi, pensando que eso era una excusa estúpida.
-Pero eso no importa. Además, somos dos chicos.
-Eso también es un inconveniente. -Suspiró la rata, poniéndole una mano en la cara a Sion para que se callase.- No me apetece ducharme hoy de todos modos.
-¡Pues entonces no dormirás en mi cama! -Se quejó Sion, quitándose la mano de Nezumi de la cara.- ¡Ni en el sofá! Dormirás en el suelo.
-Sion... -Comenzó Nezumi, intentando hacerle entender la situación.- Somos dos chicos y ya tenemos dieciséis años, como ya te he dicho. Los chicos de dieciséis años normalmente no se bañan juntos. ¿Entiendes?
-Los chicos de dieciséis años tampoco se besan entre si. -Contestó Sion, cruzándose de brazos.
-... -El entrecejo de la rata se frunció mientras observaba de reojo al peliblanco.- Es exactamente por eso por lo que no deberíamos ducharnos juntos.
-¿Por qué? ¿Porque nos hemos besado? -La cabeza de Sion se ladeó un poco en gesto de confusión.
-Exactamente. -Nezumi buscó debajo de la manta el borde de la ancha camiseta que llevaba Sion y, cuando lo hubo encontrado, coló la mano bajo ella, acariciando suavemente el vientre del más bajo.- ¿Sabes lo que significa para mi una ducha contigo?
-Nezumi... -Los ojos de Sion brillaban, emocionados. Podía sentir ligeros escalofríos en el abdomen por las manos frías de la rata.- P-pues... la verdad es que no lo entiendo.
-Aaah... Lo suponía... -La rata suspiró y negó con la cabeza, dejando de acariciar al inocente albino y fijándose de nuevo en la televisión.- Entonces está bien si nos duchamos juntos, si tanto insistes.
Entonces, Sion comenzó a hablar y hablar, emocionado por poder bañarse con su amigo. Le explicó que nunca había tenido un amigo como él y que, como Safu es una chica, no podía ducharse con ella.
Se quedaron un rato más viendo la tele. Aunque en realidad no se fijaban demasiado en la programación, más bien la veían por ver. Durante toda la tarde habían adoptado una postura medio tumbada; Sion estaba cómodamente apoyado encima de Nezumi y, como este no se quejaba de su peso, así habían estado toda la tarde.
-¿Vamos ya? -Preguntó nervioso Sion.- ¿Quieres que te preste ropa? ¿Podré lavarte el pelo?
-¡Deja de hacer preguntas! -Contestó tan solo Nezumi, revolviendo el cabello blanco del chico.
-Está bien~... ¡Pero venga, vamos!
Sion cogió las manos de Nezumi y se puso de pie, tirando de él para intentar levantarlo, aunque no lo consiguió. En cambio, la rata pudo estirar de él y tirarlo encima suyo. Aunque el albino intentó resistirse del agarre de la rata entre quejas y risas, no pudo con ese chico de aspecto frágil. Se estuvieron peleando de broma durante unos minutos más hasta que Sion finalmente mordió la mano de Nezumi y este empezó a hacerle cosquillas para vengarse.
-¡Vale, vale, me rindo... ME RINDO! -Gritaba Sion, intentando apartar las traviesas manos de la rata de su cuerpo mientras se reía.- ¡Siento haberte mordido, de verdad!
-¡Eso no me vale como disculpa! -Dijo Nezumi, curvando sus labios en una sonrisa cruel.
Entonces, el albino cogió los mofletes de Nezumi y se incorporó lo suficiente como para poder darle un pequeño beso en los labios. Automáticamente, la rata dejó de torturar a Sion con sus hábiles manos.
-¿Te vale esa disculpa? -Preguntó Sion inocentemente, mirando a Nezumi con una pequeña sonrisa.
-Hm... De momento sí. -Contestó la rata, relamiéndose un poco.
-¿¡Cómo que de momento! -Rió Sion, dejándose caer de nuevo sobre el sofá, cansado.
La manta con la que estaban cubiertos hacía rato que había caído al suelo, pero ninguno de los dos se había dado cuenta de eso. Tampoco se habían dado cuenta de cuándo habían acabado uno encima del otro, jadeando y sudando por el ajetreado juego.
-Creo que ahora sí que tengo ganas de ducharme. -Nezumi se levantó, quitándose la camiseta y tirándola al suelo.- ¿Dónde está la ducha?
-Eh, no puedes simplemente tirar eso ahí. -Señaló Sion, refiriéndose a la camiseta de la rata.- Es una bañera y está arriba, la puerta a la derecha, justo al lado de mi habitación.
-Bien, voy arriba. -La rata empezó a subir la escalera mientras se desabrochaba los pantalones.
-¡Y yo! -Sion se levantó rápidamente del sofá y fue tras Nezumi.
A medida que los pies de Sion iban subiendo los escalones, los nervios se apoderaban más y más de su cuerpo. No entendía realmente porqué, pues Nezumi era un chico igual que él. Cuando finalmente llegó arriba y vio la luz del baño encendida, la sangre subió a su rostro, cubriendo sus mejillas de un bermejo suave.
Sion pudo oír como la ducha se encendía y eso le hizo reaccionar. Fue al lavabo lleno de decisión y se quitó la camiseta. La cortina de la bañera estaba corrida y no se podía ver a la rata.
Rápidamente, Sion se despojó de la ancha camiseta que había pertenecido a su padre y de la ropa interior y simplemente entró bañera. Nezumi le miró a los ojos, y sin apartar la vista de ellos, le mojó la cara con la alcachofa de la ducha.
-¡N-nezumi, no hagas eso! -Gritó Sion, intentando coger la muñeca de la rata mientras este se reía. Entonces, el albino consiguió por fin coger la mano de Nezumi que agarraba la manguera de la ducha. La rata se sobresaltó y dio un pequeño paso atrás, pegándose a la pared.- ¿Qué te pasa?
-Nada. -Contestó rápidamente Nezumi, con los ojos muy abiertos. Se podía ver claramente que estaba avergonzado y estaba intentando evitar el contacto del albino.- Pero no te acerques demasiado.
-Bien, pero déjame lavarte el pelo. -Dijo Sion mientras se sentaba en el suelo de la bañera y ponía el tapón para que se llenase. Después se puso a mirar los diferentes tipos de champú que había.- Siéntate y ponte de espaldas.
-No me lo laves... -Suspiró Nezumi, haciendo caso de las indicaciones de Sion aún así. Se sentó y encogió las piernas, abrazándolas después. Se mojó el pelo con la manguera de la ducha, notando como caía por debajo de sus hombros.
-¿Pero por qué no? -Sion miró por encima de su hombro al chico al que le estaba dando la espalda.
-Tal vez luego. -Contestó la rata, mirándole por encima de su hombro también.- Apaga ya el agua o al final se saldrá por los bordes.
Al final, Sion se resignó a no lavarle el pelo a Nezumi, pero realmente tenía ganas de hacerlo. Estuvieron un rato en silencio, disfrutando de la tranquilidad y del agua caliente mientras se podía escuchar el quejido del viento pasando entre los edificios y las gotas de lluvia azotar con fuerza los muros.
-Nezumi... -Llamó Sion, apoyando los brazos en el borde de la bañera para después poner su cabeza sobre ellos.
-¿Qué? -Murmuró la rata, sin mirarle.
-¿Cómo pueden tener sexo dos hombres? -Preguntó el albino tranquilamente mientras giraba un poco la cabeza, mirando a Nezumi.
-¿P-por qué quieres saberlo? -Los ojos plateados de la rata se encontraron con la atenta mirada de Sion cuando se abrieron.
-Por si alguna vez... bueno... da igual. -Sion se mordió un poco el labio inferior, nervioso, y desvió la mirada hacia otro lado. Nezumi sonrió pícaramente y se acercó a él.
-Si quieres te puedo enseñar. -Susurró Nezumi en su oreja, haciendo que se estremeciese y cerrase los ojos, avergonzado.
-Pero Nezumi... -Casi jadeó Sion, notando como la rata agarraba su cintura y lo acercaba hacia él.
-Tranquilo, solo te voy a enseñar cómo hacerlo. -Le dijo Nezumi, intentando calmarle.
-V-vale... -Sion respiró hondo, intentando tranquilizarse.- Entonces, ¿qué debería hacer?
-Uhm... A ti te pega más estar debajo. -Sonrió Nezumi mientras le ponía debajo suyo, boca arriba, procurando no meter el rostro de Sion bajo el agua de la bañera.
-¿Abajo? ¿Y qué hace el de abajo? -La curiosidad invadió a Sion, el cual entrelazó las manos en la nuca de la rata, evitando así resbalarse y sumergirse bajo el agua caliente.
-Disfrutar. -Susurró Nezumi, acercándose al cuello de Sion.
Sion no pudo reprimir un pequeño quejido al notar el mordisco de la rata. Pensó que era una venganza por la pequeña lucha de antes. Entonces, Nezumi abrió las piernas del albino, poniéndolas a los lados de su propia cintura. Instintivamente, Sion entrelazó las piernas alrededor de la cintura de la rata. Y justo cuando se iban a besar apasionadamente, el timbre sonó. Nezumi y Sion se miraron fijamente. La rata pensó en ignorar al estúpido que se había atrevido a salir de su casa aún con la tormenta que había.
-Voy a ver quién es. -Dijo Sion, intentando levantarse y quitarse a Nezumi de encima.
-... Mierda. -Murmuró Nezumi, viendo como el albino salía de la bañera y se ponía un albornoz para después salir del baño y bajar las escaleras.
Aunque Sion sabía que iba a ponerlo todo mojado con los pies, le dio igual. Cuando escuchó el timbre de su casa, pensó en Safu. Solo ella sería tan terca como para venir con esa tormenta hasta su casa, y así fue. Cuando Sion abrió la puerta, allí estaba Safu, empapada, tiritando y con una bolsa en las manos.
-¡Sa-safu! -Dijo Sion, sorprendido, mientras hacía entrar a su amiga en el vestíbulo.- ¿Por qué has venido con la que está cayendo?
-Es que quería verte. -Safu sonrió y Sion se avergonzó un poco. Mientras le ayudaba a quitarse el abrigo mojado, ella estornudó.- Parece que me he resfriado...
-Normal. -Dijo Sion, sonriendo un poco.- Te daré una toalla.
-Está bien.
Cuando Sion se giró para ir a buscar la toalla, vio que Nezumi estaba en el pasillo. Safu levantó la vista y también lo vio. Llevaba una pequeña toalla, pero la llevaba en la cabeza. Sion pudo jurar que nunca había escuchado gritar tan fuerte a su amiga.
-¿¡Pero por qué está este pervertido aquí! -Gritó Safu enfadada cuando Nezumi hubo subido de nuevo al piso de arriba.- ¿Y por qué estaba desnudo?
-Es que nos estábamos duchando y entonces has llamado al timbre y...
-¿En la ducha? ¿JUNTOS? -Exclamó escandalizada Safu, poniéndose una mano en el rostro y respirando hondo, intentanto tranquilizarse.
-¿Qué tiene de malo? -Dijo una voz con tranquilidad. Era Nezumi. Se había puesto los pantalones caídos que solía llevar y, como no llevaba camiseta, se le podía ver claramente la ropa interior. Safu le fulminó con la mirada.
-Sion... -Comenzó Safu, fijando su vista en las orbes rojas de su amigo.
-Safu, cálmate, por favor. -Le cortó Sion, cogiéndola por los hombros.- Yo solo quería bañarme con un amigo. Eso es todo.
-¿Entonces por qué no me lo pediste a mi? -Preguntó la chica, haciendo que Sion se sonrojara.
-Porque eres una chica. -Intervino la rata yendo hacia el comedor y tirándose en el sofá.
-¡Eso no tiene nada que ver! ¡Si él me lo hubiese pedido, lo hubiese hecho! -Gritó Safu, cogiendo la bolsa que había traído y siguiendo a Nezumi.- Haré todo lo que él me pida.
-¿Sí? ¡Pues yo también! -Le contestó Nezumi, como si fueran dos niños pequeños peleándose.
Sion suspiró y negó con la cabeza mientras se dirigía también al comedor. Pudo ver como Nezumi intentaba ignorar a Safu, la cual estaba enfrente suyo, gritándole todo tipo de cosas. El peliblanco subió a ponerse de nuevo la -sorprendentemente- cómoda camiseta de su padre de nuevo y, cuando bajó, sus amigos aún seguían peleando.
Nezumi estaba de pie gritándole también a Safu, gritando los dos a la vez. Sus voces se mezclaban y no se entendía nada de lo que decían. Sion se alarmó al ver la expresión amenazadora de la rata, creía que le iba a pegar a Safu. Fue rápidamente junto a ellos y cogió un brazo de Nezumi, intentando alejarlos.
-Ya vale, dejad de gritar. -Dijo serenamente Sion, calmando a las dos fieras casi al instante.- Gracias.
-Uhm... -Safu se cruzó de brazos y pareció incómoda cuando volvió a hablar.- He... he traído algo de cena.
-¿Sí? ¡Perfecto! -Sonrió Sion, apoyando la cabeza en el brazo de Nezumi, el cual aún tenía atrapado entre sus propios brazos.- ¿Tienes hambre?
-Sí. De hecho antes de que viniera ella iba a devorar-... -Sion tapó la boca de la rata con una mano antes de que dijese algo comprometido delante de su amiga.
-¡B-bueno! ¿Qué has traído, Safu? -Preguntó Sion, nervioso.
Ya en la cocina, Safu le contó a Sion que Karan había llamado a su casa y le había dicho que estaba solo y por eso vino, aunque hubiese un peligroso tifón fuera. "Eso es una gran prueba de amor" mumuró la rata, burlándose de la chica, aunque ella simplemente le ignoró.
Como Safu no pensaba ir sin nada a casa de Sion, había cogido las sobras de la comida y las había traído. También había traído una botella de vino, ya que pensaba que estarían solos. Pero no, tenían la compañía de una cruel rata callejera.
A Sion le costó que sus amigos no se pelearan por cualquier cosa mientras comían, ya que en todo encontraban alguna excusa para pelearse o insultarse. Al albino esa situación le sacaba de quicio, pero tenía tanta paciencia que no les dijo nada hasta que casi llegan a las manos.
Aunque Safu era una chica, no temía meterse en peleas si se metían con ella. De hecho, cuando Sion y Safu aún iban a primaria, la chica se peleó con unos chicos mayores por proteger a su amigo. Sion siempre se avergonzaba de eso. Por eso sabía que ella no tendría ningún problema en pelearse con la rata si estaba en juego su orgullo o él mismo.
-¿Me vais a decir ya por qué estabáis en la ducha juntos? -Preguntó Safu sentada en el sofá, dando el último a su quinto vaso de vino.- Es realmente raro.
-No lo es tanto. ¿A que no, Nezumi? -Se río Sion, apoyándose encima de Nezumi mientras movía el vino de su vaso.
-¿No decías que no ibas a volver a beber en tu vida? -Suspiró la rata, acariciando el pelo blanco de su amigo.
-¿Eh? ¿Quién ha dicho eso? -Sion parpadeó y miró a Nezumi, intentando enfocar bien la mirada.- Bésame, Nezumi...
-No bebas más, en serio. -Nezumi hizo caso a Sion y le dio un beso, pero en la frente. Cogió el vaso de alcohol del peliblanco y lo dejó sobre la mesa del comedor.- Safu, tú también deberías dejar de beber y...
-¡Cállate! ¡No voy a hacer caso a un pervertido como tú! -Gritó Safu, negando vigorosamente con la cabeza.
-... y cerrar tus piernas. -Finalizó Nezumi, arqueando una ceja. Podía ver perfectamente la ropa interior de la chica, la cual tenía las piernas demasiado abiertas como para llevar una falda.
-Safu, yo también te quiero. -Murmuró Sion, cerrando los ojos y abrazando el pecho de Nezumi.
-Yo no soy Safu. -Gruñó Nezumi, mirando a su amigo, que estaba medio ebrio.
-¿Ah? -Sion se sentó bien en el sofá y miró a ambos lados, viendo que la rata tenía razón. Entonces se lanzó sobre la chica y la abrazó.- Safu...
-Mira esto, Nezumi. ¡Me quiere! -Dijo Safu, mirando burlonamente a la molesta rata. Después cogió el rostro de Sion entre sus manos y se dispuso a besarle en los labios, pero el propio albino lo impidió.
-Te quiero mucho, Safu, pero como amiga. -Explicó el chico de ojos escarlata mientras volvía a apoyarse en la rata.- Siempre has estado conmigo y por eso quiero agradecértelo... Gracias.
-¿Eso es todo? -Los ojos de la chica se abrieron como platos, sin creerse lo que acababa de decir el peliblanco.- Bueno, por lo menos me quieres más que a Nezumi, ¿no?
La respuesta de Sion no llegó al instante. Mientras el albino miraba fijamente a Safu, se agarró al cuello de su amigo, el cual también esperaba la respuesta, ansioso, aunque eso no lo iba a admitir. Después de unos segundos, Safu empezó a impacientarse. Entonces Sion habló:
-No es como si lo quisiera más a él... -Comenzó Sion, frunciendo el ceño y cerrando los ojos, en gesto pensativo ya que no encontraba las palabras para expresarse.- Es que él me atrae de otra forma, no solo como un simple amigo.
-... ¿Qué tipo de respuesta es esa? ¿Acaso eres homosexual? -Dijo Safu, sin entender las palabras de Sion.
-¿Homo...sexual? -La cabeza de Sion se ladeó, intentando recordar el significado de esa palabra.- ¡Ah! No, no, yo siempre creí que me gustaban las chicas. Pero es que Nezumi... es diferente...
Las palabras del ebrio peliblanco cogieron desprevenida a la rata, la cual le miraba como si estuviese viendo algo realmente increíble. No podía creer lo que el alcohol le hacía decir a ese despistado peliblanco que tanto le llamaba la atención.
Nezumi sacudió ligeramente la cabeza y cogió a Sion en brazos con un hábil movimiento. Safu les miró sin decir nada, después cogió la manta que había sobre el sofá y se tapó, dispuesta a dormir allí mismo. Parecía derrotada e incluso triste.
Llevar a Sion a la cama en brazos no fue algo demasiado complicado, pues Nezumi tuvo que hacer exactamente lo mismo la noche anterior. Dejó a su amigo sobre la cama y le quitó la camiseta que llevaba.
-Nezumi... -Llamó Sion, entreabriendo los ojos y extendiendo su brazo, buscando a la rata.- Hazlo...
-¿Qué dices, Sion? -Suspiró Nezumi, cogiendo la mano de Sion y sentándose a su lado en la cama.
-Quiero... Quiero hacerlo, ahora. -Dijo finalmente el albino, sentándose también en la cama y abrazando a su amigo.
-No digas tonterías, Sion. Estás borracho. -El ceño de la rata se frunció, intentando tumbar de nuevo a Sion.
-No estoy borracho. -La voz de Sion pareció realmente sobria por un momento, pero su cara le delataba. Sus mejillas estaban sonrojadas por el alcohol.- Por favor, Nezumi, realmente quiero hacerlo ahora contigo.
-No. -Se negó la rata, en contra de su voluntad.- Duérmete. Si mañana me lo pides siendo consciente de ello, entonces lo haré.
-...¿Lo prometes? -Preguntó el albino, mirándole con desconfianza.
-Lo prometo, pesado. -Asintió la rata, dándole un pequeño beso en los labios y tumbándolo en la cama de nuevo para que así, se durmiese por fin.
